Nada, nada, nada es mío, todo pertenece a Hajime Isayama.

Capítulo 2:

Besos desenfrenados se extendieron por todo su cuello hasta su clavícula. Un gemido escapó de sus labios sin poder detenerlo y unas manos recorrieron cada milímetro de su piel expuesta. Jadeó. Un roce de labios en el lóbulo de su oreja y unos dedos abrazando delicadamente sus pezones la hicieron soltar una exclamación aturdidora. Sus piernas abiertas, preparadas para recibirlo en su interior, hicieron que su acompañante le sonriera. Miró sus ojos y lentamente él se fue adentrando en su zona más íntima con movimientos suaves, delicados, cariñosos, demostrativos. Ambos gimieron y ella lo abrazó por la espalda con firmeza, atrayéndolo mas a su cuerpo en un claro gesto de querer adelantar el ritmo. Petición concedida.

El vaivén de caderas era tan veloz como su placer, tan enloquecedor como sus sentimientos, tan profundos como sus miradas. Se besaron en los labios como solían hacerlo cada vez que tenían la oportunidad, hablándose a través de ellos, expresando todo lo que no pueden decirse frente a los demás. Las manos fuertes y masculinas se posaron delicadamente en sus mejillas, acariciándolas con mimo y haciéndola estremecer ante el suave contacto. Su piel estaba sensible y sudorosa, ardiente, y ante el mínimo roce proporcionado por aquel hombre la hacía alterarse. Se separaron en busca de aire y ella cerró sus ojos, entregada a la pasión.

Su cama rechinó en la profundidad de la oscuridad. Hicieron oídos sordos. En ese momento eran ajenos a todo lo que los rodeaba, a la posición en la que se encontraban actualmente, al sufrimiento que los acompañaría al despedirse, a los problemas que pudieran frecuentarlos diariamente. Ya nada importaba, nunca lo hacía cuando tenían la oportunidad de reencontrarse.

Las suaves manos de Mikasa recorrieron cada parte del cuerpo de Eren al que tuvo alcance, haciendo que él soltara su nombre a través de gemidos placenteros. Lo sujetó por las caderas y giró en la cama para quedar a horcajadas sobre él. Lo miró con las mejillas sonrosadas y se inclinó hacia sus labios para besarlos con entrega. Su aliento con sabor a caramelos de café la hicieron sentirse en casa, cómoda con él, con su adicción a lo dulce, con sus gustos deliciosos para la comida, con su infantilismo ante cualquier situación. Era en esos momentos en los que podía sentirse llena y momentáneamente feliz. Era en esos momentos en los que se permitía olvidar quien era y que es lo que hacía con su vida. Era en esos momentos que dejaba de lado el perseguidor fantasma del pasado que no la dejaba tranquila. Era en esos momentos que se entregaba por completo a su amor, a su sentir, a los pedidos de desahogo que reclamaba su mente y su cuerpo. Solo con él y para él.

Las embestidas se hicieron cada vez mas exigentes, mas veloces, mas desenfrenadas. Sus cuerpos clamaban liberarse, sus jadeos eran indetenibles, sus besos cada vez mas desesperados. El punto culminante estaba cerca, mas que saberlo, lo sentían. Eren posó su mano en la nuca de Mikasa y la atrajo a su cuello para que reposara su frente sobre el mismo, su mandíbula se tensó y soltó una palabrota que normalmente solía utilizar. Mikasa le mordió el cuello de forma inocente, juguetona y luego besó el lugar en el que segundos antes habían estado sus dientes. Lo amaba. Lo amaba tanto. Sintió como cada músculo de su vientre se tensaba y eso le informó que estaba a punto de explotar. Tomó las manos de Eren entre las suyas y las apretó con fuerza para luego mirarlo a los ojos. Esos ojos, tan verdes como un par de brillantes esmeraldas, invadidos por la pasión y el deseo -claramente visible por sus pupilas increíblemente dilatadas- que la dejaban sin respiración. Para ella, no había cosa mas maravillosa en el mundo que los ojos de Eren.

-Mikasa... bésame -pidió en un jadeo mientras la miraba de vuelta. Su voz entrecortada y disfrazada, manipulada por el deseo, por la situación, por el momento en el que se encontraban la hicieron temblar. Aquel tono ronco y devastador era su debilidad-.

Volvió a acercar su rostro al de su amor y concedió su petición. Acarició sus labios con sutileza, entrelazó su lengua con la de él con movimientos simples, inocentes, y se fundió en su dulce aliento mientras acariciaba sus facciones masculinas. Sintió el calor producido por las embestidas imparables quemándole las entrañas como si se tratase de un incendio, y luego, segundos después, un increíble torrente cargado de su esencia bajó por su vagina y lo dejó correr deliciosamente sobre el miembro de Eren. Tembló, convulsionó, gritó y se apretó mas contra él, abrazándolo, no queriéndolo dejar ir nunca.

Un clímax maravilloso, lleno de sentimientos, alucinante para su amante, fue el resultado. Eren la giró de nuevo en la cama y la embistió cinco veces mas, cuando el orgasmos se apoderó de él y lo liberó, lo llevó al mismísimo cielo, ese al que solo podía entrar cuando estaba con Mikasa. Lentamente salió de su interior y se acostó a su lado, jadeando, reponiendo su acelerada y desigual respiración mientras mantenía los ojos cerrados con cansancio. Mikasa se acercó a él y recostó su cabeza sobre su pecho y rodeó su cintura con su brazo derecho. Eren la abrazó por la cintura y acarició su espalda con movimientos suaves de sus dedos que le provocaron cosquillas.

Y de nuevo el silencio, ese que los rodeaba cuando todo acababa, el que los hacía sentirse cómodos y a la vez tristes por la imparable separación que lo secundaba. Mikasa trató de no pensar en ello, dolía si lo hacía, así que solo se concentró en los cada vez mas normales latidos del corazón de Eren con los ojos cerrados. Las caricias de su amante no se detuvieron y el agarre en su cintura se mantuvo firme. Cuanto dolía separarse de él.

Pasaron los minutos y la noche era visible a través de la ventana de la habitación perteneciente a la mujer. Se hacía tarde. Eren soltó un suspiro desganado y trató de levantarse de la cama, pero Mikasa lo tomó de la mano y lo miró con la cabeza gacha. El apuesto hombre sintió como se quebraba poco a poco. No le gustaba dejarla sola después de hacer el amor con ella, parecía que la trataba como a una puta al que no le tenía que pagar por sus servicios, y eso era imperdonable para él.

-¿No puedes quedarte? Sólo será por hoy -le preguntó en voz baja, aún sin levantar su mirada-.

Eren se sorprendió ante aquella petición. Normalmente Mikasa no le decía cosas como esas, todo lo contrario, siempre era ella la que le pedía que se fuera para no levantar sospechas que los pusieran en riesgo a ambos. ¿A qué se debía ese cambio de actitud tan repentino? Miró la hora en su teléfono -que reposaba en la mesita de noche- y sus ojos se desviaron a la fecha. Abrió los ojos desmesuradamente y agradeció que Mikasa no lo estuviera mirando. Según había oído, ese día todos les llevarían flores a las lápidas de Ethan y Luci, por eso ella se encontraba en aquel estado cuando la vio esa mañana.

La decisión que tomó fue inmediata. No podía dejarla sola, no cuando estaba pasando por un momento como ese, porque, a pesar de haber pasado siete años desde que ellos murieron, a Mikasa no le agradaba ese tipo de reuniones y solía deprimirse con facilidad. Sabía que se estaba arriesgando, pero sus sentimientos vencieron a cualquier pensamiento lógico que pudiera surcar su mente en ese instante. Ahora lo mas importante era el bienestar de Mikasa, ya después se excusaría con su madre.

Como respuesta a su pregunta, Eren se volvió a acostar a su lado y los cubrió a ambos con una sábana, censurando así su desnudez, la besó en la frente y acarició su cabello.

-Gracias -le susurró mientras se acomodaba en su pecho para descansar un poco-.

-No es nada, tonta.

Sintió como el cuerpo de Mikasa se iba relajando poco a poco y su respiración se volvió cada vez mas lenta hasta que cayó presa en los brazos de Morfeo. Su rostro lucía perfecto, sus labios hinchados, producto de tantos besos, sus párpados cerrados con suavidad y la clara expresión de relajo en su preciosa cara lo emocionó. Eran pocas las veces que se permitía dormir al lado de aquella hermosa mujer, y cuando lo hacía, aprovechaba al máximo para grabarse aquella imagen en lo mas profundo de su memoria.

Mikasa lo tenía loco, poseído, como ninguna otra mujer pudo hacerlo con él. Ella sacaba a flote su lado mas irracional y hacía que mandara todo al infierno con tal de verla sonreír. Mikasa se había convertido en su mas grande debilidad y en su clara perdición, ya no le importaba su trabajo ni el rol que debía asumir para con el, ahora le sabía a mierda las órdenes de Erwin, algo que hace unos años vio como un imposible. Ella y su madre siempre estarían en el primer lugar de su lista, siempre las cuidaría y las protegería.

Sabía también que nunca iba a ser capaz de entregarla con la policía, a pesar de que ahora se convirtiera en su cómplice. Mikasa había destruido cada una de sus defensas y ahora había arrojado por la ventana la poca cordura que le quedaba. Estaba perdido, pero eso era algo que ya sabía desde el mismo momento en el que probó sus labios por primera vez, ya no había vuelta atrás.

Colocó un mechón de cabello rebelde detrás de su oreja y besó su frente de nuevo para luego cerrar sus ojos. Él también debía descansar.

-O-

Abrió sus ojos grises pesadamente. Los rayos del sol quemaban su espalda y supo que era tarde por el calor que había en su habitación. Miró al lugar que había junto a ella en la cama y lo halló vacío, como siempre. Soltó un suspiro desganado y se puso de pie, sin importarle en lo mas mínimo su desnudez, y se dirigió al cuarto de baño. Llenó la tina con agua fría y agregó jabón líquido y algunas fragancias conocidas que solía usar normalmente, para luego sumergirse en ella y cerrar los ojos en busca de algún método efectivo de relajamiento.

De nuevo lo mismo de siempre; otra vez sola en la inmensidad de su cuarto de hotel; de nuevo encontrándose con la nada en su cama en vez de él. Ya se estaba cansando de todo aquello, del vacío que quedaba en su estómago al no hallarlo a su lado, al no verlo despertar, al no poder hacer algo tan simple como un desayuno para dos, pero no encontró solución a su problema; no se veía capaz de cortar aquello que mantenía con Eren, no tenía el valor para hacerlo, así como tampoco se sentía en las condiciones físicas y mentales para afrontar una nueva ruptura en su vida, y mucho menos una tan intensa como aquella.

¿Por qué todo tenía que ser difícil en su vida? ¿Por qué no podía encontrar alguna simplicidad en ella que pudiera tomar y realizar en su día a día? Cuando se trataba de su vida, lo único reinante en ella era o complicado, o doloroso, ni más ni menos. Nunca había una situación simple a la cual podía recurrir, no habían acciones pequeñamente importante que pudiera hacer. Todo era siempre difícil, inalcanzable e imposible para ella, y Eren no era la excepción.

Ese hombre -con aquellos ojos que la idiotizaban- la ayudaba a salir de su miseria poco a poco, trataba de consolarla en sus momentos oscuros y sacarla a la luz del día, hacía que con cada uno de sus actos pudiera valorar un poco más el don de la vida; pero no quería seguir viéndolo a escondidas, no quería seguir ocultándose detrás de unas gafas de sol y una peluca para poder verlo, no quería solo tener que llamar a su teléfono para saber como estaba Carla; odiaba de sobremanera no poder salir a dar un paseo por la calle, tomada de su mano y darse un beso en público. Era obstinante, desesperante, desilusionador. ¡Todo era siempre tan jodidamente difícil!

Soltó un suspiro frustrado y se restregó los ojos con sus dedos. No podía seguir así, en la luna, pensando idioteces. Ahora debía salir de la tina, vestirse, desayunar, lavarse los dientes y cumplir con su deber como hija, y así lo hizo.

No tenía ánimos para prepararse un desayuno de reyes, así que se conformó con un par de panes tostados con mermelada y un vaso de agua, que fue lo primero que vio. Su vestimenta fue relajada, algo normal para un día caluroso de verano; despeinó un poco su cabello para que no fuera tan notorio su alisado natural y se colocó unas gafas de sol. No era que iba a pasar totalmente desapercibida, pero era eso o nada. Salió del edificio en el que se hospedaba y se despidió de un guardia que le caía bastante bien, se dirigió a su auto Fiat y cerró la puerta luego de montar en él, lo encendió y lo puso en marcha con dirección al cuartel.

Antes de salir completamente de la cuidad para internarse en el campo, compró cuatro grandes ramos de rosas blancas en la tienda -a la que solía ir cada año- y las dejó en el asiento trasero del auto. El interior de su Fiat quedó inundado por el aroma dulzón de las flores, y eso hizo que de alguna manera se relajara. Siempre le gustó el aroma de las rosas, le parecía tan puro, sincero e inocente, algo angelical y de otro mundo. La misma sensación causaban los lirios, con su fragancia inagotable y su simple belleza.

Lentamente el pasaje urbano fue quedando atrás, en las lejanías, para ser sustituido por un entorno rural bastante familiar. Observó de reojo unas pocas personas vestidas con los típicos pantalones y camisas holgados y sombreros de paja que representaban a la comunidad trabajadora proveniente de los campos, y se recordó a sí misma con el mismo estilo de ropa, pero en vez de usar pantalones, usaba faldas largas. De nuevo se hizo presente aquella sensación tan conocida que la embargaba cada vez que iba hacia allá. Como deseaba seguir trabajando en sus campos de arroz en vez de estar manejando armas y katanas.

Siguió conduciendo por una hora mas cuando divisó el desolado y abandonado campo que pertenecía al cuartel oculto de los Ackerman. Detuvo su auto en medio de la nada y tomó los cuatro ramos antes de salir de el. Caminó por media hora más y pasó algunos árboles, entre ellos la entrada al cuartel, hasta que pudo distinguir a lo lejos dos únicas lápidas. Suspiró y se acercó a ellas con paso determinado. Cuando estuvo frente a ellas, se sintió complacida al ver un sinnúmero de ramos de diversas flores sobre el bulto de tierra que destacaba entre el terreno. Todos habían cumplido con su parte de no olvidar aquel día. Dejó dos ramos en la tumba de Ethan y los otros dos en la de Luci, se sentó en el suelo y deseó tener un par de cigarrillos en su poder. Maldito Kenny que no le permitía fumar. Su mirada se posó en la nada, tratando de no sentirse triste, desganada y sensible ante el recuerdo inevitable de sus trágicas muertes. Se prometió ser fuerte por ellos.

-¿Qué tal, Ethan? ¿Estás bien, Luci? Espero que sí -habló con toda la normalidad que pudo. No solía hablar mucho desde que ambos murieron, pero cuando los visitaba, lo hacía como solía hacerlo anteriormente-. Lamento haber llegado tarde, supongo que me quedé dormida.

Parpadeó y una suave brisa refrescó su rostro sudoroso. Tomó sus manos y miró el suelo.

-Las cosas van bien, dentro de lo que cabe, todos están igual que siempre y todavía tengo contacto con Eren. No vallan a recriminarme por ello, no estoy de ánimos para sermones. La policía ha estado a punto de atraparnos mas veces de las que me gustaría, pero es natural hablando de Erwin Smith. Eren trata de desviarlos lo mas posible de nosotros, a pesar de no saber donde queda el cuartel exactamente. Mis prácticas con las pistolas han mejorado mucho, estarías orgulloso de mi si me vieras, Ethan, y también aprendí a hacer un excelente Strudel, justo como tú lo hacías Luci, aunque los muchachos me dicen que mi sazón es un poco superior al tuyo, espero que no te moleste.

Con respecto a mi estado de salud, he estado un poco enferma, no puedo deshacerme de una maldita gripe que me invadió hace poco, algo raro ya que estamos en verano, pero tampoco le doy mucha importancia, es algo que se me pasará. Hemos tenido algunos enfrentamientos con los Reiss y los hombres de Robert nos han apoyado mucho, eso hizo que pudiéramos acabar con mas de la mitad de los perros de esos maldi... Fuuu, lo siento Luci, no volveré a maldecir frente a ti... intuyo que dentro de poco podremos acabar definitivamente con su "ejército" y exterminar al cerdo mayor y a su hija, aunque pienso que Historia es demasiado inocente para tener su misma sangre y me da algo de pena matarla. Ya veré que hago con ella.

Siguió conversando con las lápidas un rato mas, hasta que aceptó que debía irse ya al cuartel. Lanzó una última mirada a su espalda y lanzó un beso al aire antes de continuar con su caminata.

Cuando llegó frente al famoso árbol que ocultaba la entrada al cuartel, dio una rápida mirada por los alrededores en busca de algún posible fisgón, y cuando notó todo vacío, sin un alma en el campo, presionó la corteza del árbol y escribió una contraseña; la puerta se abrió y ante ella quedó el tobogán que tanto le gustaba de niña, dio un paso al frente y cerró de nuevo la puerta para luego dejarse caer al vacío. Cuando sintió de nuevo el suelo bajo sus pies, se incorporó y sacudió sus ropas del sucio que se había impregnado en ellas, luego comenzó a caminar con dirección a las salas de investigación, donde sabía estaban Kenny y Levi.

Ese cubículo era mas frío que el resto del cuartel y en él solo habían computadoras enormes y agentes con el rostro serio, lo que hacía que el lugar adoptará una frialdad especial. Kenny y Levi estaban sentados en unas sillas frente a una pantalla plana, admirando la imagen de Mathew en el.

-... Smith está muy cerca de descubrir las coordenadas del cuartel. Es un hombre muy listo y aunque Eren y yo hemos tratado de desviarlo varias veces, él se mantiene firme en su decisión de investigar el campo -habló Mathew con su atrayente voz grave-.

Kenny resopló y Levi no apartó sus ojos filosos de la pantalla.

-Aunque quieran venir a inspeccionar el campo, no podrán hallar nada. Fuimos muy precavidos a la hora de construir este lugar, no hay manera de que sepan en donde estamos exactamente. Solo podrán ver un árbol delgado y sin gracia -contestó el mayor con sus manos metidas en los bolsillos de su pantalón vaquero-.

-Aunque digas eso, viejo bastardo, no podemos confiarnos. Mathew tiene razón, el maldito Cejotas es inteligente y no podemos llegar a subestimarlo -alegó Levi con seriedad, luego miró a Mathew con especial atención y agregó-. Será mejor que no interfieran con los planes de la policía, déjalos que investiguen todo lo que quieran, ya que si siguen interponiéndose en los planes de Smith podrán acusarlos a Jaeger y a ti de cómplices, y eso es lo menos que podemos permitirnos ahora que prácticamente hemos acabado con la fuerza de Rod.

Mathew asintió, de acuerdo con Levi, Kenny se pasó una mano por su barba, pensante. Mikasa salió de las sombras y se dejó ver por los que estaban allí, se quitó las gafas de sol y se cruzó de brazos para dirigir su vista a la pantalla.

-Aún tengo un pinchazo de dudas con respecto a Smith -mencionó, atrayendo la atención de los tres hombres-. ¿No se han preguntado por qué razón tiene tanta insistencia en querer encontrarnos a nosotros primeros en vez de los Reiss? Admito que él también está buscando el cuartel de Rod, pero siento que tiene mas ahínco por encontrar el nuestro que el de él.

Kenny asintió en su dirección y los ojos de Levi brillaron.

-Justamente estaba pensando en lo mismo que la mocosa -dijo Kenny-. ¿Por qué de pronto, cuando cae Keith, la policía pone especial atención en los Ackerman, dejando a los Reiss en un segundo plano?. Ese maldito cejón nunca me dio buena espina.

Mikasa miró a Kenny y luego a Mathew.

-Sabes lo que piensa Eren al respecto, ¿verdad Matt? Yo comparto sus ideales, pero no podemos adelantarnos sin tener pruebas suficientes de que sea cierto lo que sospechamos. Primero investigaremos, y si las cosas que tememos son ciertas, entonces actuaremos. Antes de eso sería como intentar un suicidio.

-Estoy de acuerdo contigo, Mikasa. Hablaré con Eren y entre ambos investigaremos a Smith... ahora debo cortar la comunicación, sino sospecharan sobre mi ausencia.

-Está bien, vete ya -acordó Kenny-.

La comunicación se cortó casi de inmediato y los tres se quedaron sumergidos en un silencio cómodo y necesario, cada quien metido en sus propios pensamientos, sacando sus propias conclusiones al respecto. Era fácil determinar la situación en la que se encontraban, podría existir la posibilidad de que Erwin estaba aliado con los Reiss y por eso estaba tan empeñado en encontrarlos primero, o podía ser que tenía algo en contra de ellos, lo cual no era muy lógico.

Ya Mikasa no sabía que pensar. Soltó una exhalación y se refregó los ojos con las yemas de sus dedos. Estaba cansada, tanto física como mentalmente. Por un momento deseó un gran y largo crucero por todo el Caribe, seguramente así se desaparecería el estrés que la tenía sometida casi a diario.

Salieron del cubículo y se dirigieron a lo que ellos consideraban la "sala de estar", un lugar frío y silencio, contrario a cualquier sala que pudiera haber en las casas de la superficie normalmente cálidas y alegres, pero ese lugar en específico tenía su parte positiva, y era que podían pensar sin ser interrumpidos. Se sentaron en un sofá y se quedaron viendo a la nada, de nuevo invadidos por el silencio. Pocos minutos después, Kenny se levantó y se fue de allí, posiblemente cansado de no hacer nada. Levi lo miró hasta que se fue y luego desvió sus ojos hacia el rostro imperturbable de Mikasa. La chica tenía unas ojeras increíbles, tan visibles como las suyas propias, estaba pálida y su cabello parecía preparado para saltar y atacarlo en cualquier momento, también la notó más delgada de lo que ya era antes de toda esa situación. Frunció el ceño levemente y extendió una mano hacia su brazo, dándole un empujón que casi la hizo darse de bruces contra el suelo. Mikasa se espabiló y lo miró con una chispa de molestia en sus ojos.

-¿Qué pasa? -preguntó con esa voz estoica e inanimada que tanto odiaba-.

-¿Todavía sigues con esa maldita mirada de mierda en la cara? ¡Y yo que siempre pensé que una rutina de buen sexo quitaría esa expresión de mocosa sufrida que tienes ahora! Pero al parecer Jaeger no es bueno complaciendo los pedidos de una mujer -exclamó con diversión y un deje de malicia en su voz, tratando de picarla un poco-.

-Tsk, no sé como puedes hacer tus estúpidos comentarios en una situación así, enano -contestó con las mejillas sonrojadas-.

Levi sonrió y le alborotó el cabello con un deje de violencia.

-Bueno, es que nunca es tarde ni mal momento para el sex...

-¡Ya cállate! -le gritó y le dio un manotazo. Levi se carcajeó y Mikasa volvió a su postura seria-. Ey Levi -lo llamó con voz baja y él la miró con repentina seriedad-... ¿Tú también crees que ya no falta mucho para que todo esto acabe, cierto? Yo... yo no quiero pensar en esto pero... tengo la sensación de que alguien terminará cayendo, uno de nosotros.

Levi la miró de reojo y chasqueó la lengua con molestia.

-Deja de decir idioteces, mocosa. Ninguno de los tres morirá, ¿Crees que yo quiero irme al infierno tan rápido? ¡Claro que no! Y el viejo Kenny tampoco está muy dispuesto a hacerlo, no cuando ya estamos tan cerca de acabar con Rod.

-Si, pero...

-Escucha -la interrumpió-, solo morirás si tienes pensamientos tan pesimistas como estos, si no confías en ti misma ni en tus habilidades, nunca podrás ganar. Debes aprender a ser mas positiva, así la vida te de mil razones para querer mandarlo todo a la mierda... siempre debes tener frente a tus ojos lo que quieres hacer, es la única forma de que consigas lo que quieras.

Mikasa lo miró sin decir ni una palabra y Levi presionó el puente de su nariz con los dedos índice y pulgar. Esa mocosa solo lo hacía decir cursilerías de maricas.

-De acuerdo -susurró levemente-. Gracias, enano.

-Tsk, cállate.

Mikasa soltó una pequeña sonrisa y cuando iba a agregar algo más a la conversación, una fuerte explosión se escuchó por todo el cuartel. Ambos se miraron y de inmediato se pusieron de pie, corrieron hacia los pasillos que conducían a los cubículos y sintieron que el mundo se le vino a los pies al mirar como el cuartel era destruido por ataques exteriores. Rápidamente los guardias tomaron sus armas y corrieron a defender lo poco que quedaba de la construcción, mientras que de lejos podía distinguirse a Kenny corriendo hacia ellos con una palidez increíble en su rostro.

-¡Kenny! -gritó Mikasa, comenzando a correr hacia el y siendo seguida de cerca por Levi-.

Cuando estuvieron frente al mayor de los tres Ackerman, recibieron del mismo un par de armas y les ordenó con voz potente, a pesar de la notable confusión y desespero del momento:

-¡Tomen esto y vállanse! ¡Los Reiss nos están atacando! ¡Levi, no dejes que encuentren a Mikasa, oculténse bien, yo los alcanzaré después!.

Levi asintió y miró a Mikasa, quien no despegaba sus ojos de Kenny.

-Pero... Kenny...

-No es momento para cursilerías mocosa, vete ya.

-¡No voy a dejarte, Kenny, ven con nosotros!.

-¡Levi, llévatela de aquí!.

Levi asintió y luego de lanzarle una última mirada, tomó a Mikasa en brazos y salió corriendo de allí. Kenny los miró hasta que ambos desaparecieron entre la gente y los escombros y luego sonrió con tristeza.

Hubiera deseado poder decirles adiós de una manera distinta.

Una nueva explosión se oyó y todo lo que vio fue oscuridad.