Hola~ de nuevo ._. me tardé en publicar por unos problemas que tuve con mi compu, casi muero al pensar que perdí todos mis archivos. Pero no se preocupen D fue una falsa alarma.
Disfruten la lectura~
Game Over: Luchando por Sobrevivir
Capitulo 3
Emma me despertó con su "¡Hoy es un día muy, muy, muy importante!" tras la puerta del camarote del tren. Al ver que dormí con la ropa puesta y que el rodete de mi mamá se negaba a salirse de lugar –lo cual era un alivio, no tenía ganas de peinarme hoy –solo me lavé la cara e hice lo posible para alisar mi ropa. Llegué a tropezones al desayuno, y prácticamente se repitió la escena de la cena, solo que sin mis meteduras de pata. Tal y como predijo Emma, llegamos a una estación de tren al lado del Edificio de Juegos. Gilbert y Emma nos bajaron del tren, y fuimos rodeados por policías en el corto trayecto del tren al edificio. La planta baja estaba desierta, cosa que consideré bizarra. Los cuatro nos dirigimos al elevador y Emma se encargó de llevarnos al último piso, donde estaban las habitaciones destinadas para el distrito doce. Desde el elevador podías ver la Capital de Hetalia, y conforme subía, la vista se hacía más interesante. Varios edificios blancos decoraban el paisaje, pero había cierto toque extravagante característico de los capitalinos. Cuando llegamos a nuestro respectivo piso, la grandeza y el decorado encontrados en el tren fueron magnificados en el piso. Había varias puertas que supuse que eran habitaciones y baños para los elegidos y sus mentores.
-Este es el plan de hoy, hay que prepararse para la entrada de los elegidos esta tarde. Sus maquillistas van a estar aquí en quince minutos, así que usen esos quince minutos sabiamente –Nos avisó Emma antes de desaparecer por una de las puertas. Gilbert sacó una botella de licor de quien sabe dónde y se volteó a vernos.
-Maquillistas- fue lo único que dijo, alzando su dedo índice- Nada de peros, nada de quejas, nada de problemas. La imagen de ustedes depende de ellos. Un error y terminarás desfigurado –nos amenazó, sus ojos rojos fijos en nosotros. Más lo amenazador se le quitó mientras bebía de la botella haciendo una mueca por no quitarnos de vista.- Ahora, lo que van a hacer toda esta semana. Hoy es el desfile inaugural, desde mañana hasta el sábado van a entrenar, teniendo el sábado el entrenamiento privado. Ahí nos darán sus calificaciones para que la gente apueste y escoja favoritos.
Ludwig y yo lo escuchamos con atención, de vez en cuando asentíamos
-Sábado en la tarde, entrevista frente a las cámaras, nuestra mejor oportunidad de conseguir patrocinadores, hic, y finalmente… Domingo al mediodía… entran al estadio. –Y al terminar reemplazó su mirada seria con una gran sonrisa socarrona- Mein Gott, no se asusten, los maquillistas no son tan malos.
Ante el último comentario supuse que nuestras caras eran todo un poema. Gilbert nos dijo cuales eran nuestros cuartos, donde quedaba el comedor y que los Servus que nos acompañaron en el tren estarán aquí durante la semana. Sobra decir que sentí aquella pedrada sobre la Servus. Yo me disculpé y me dirigí a mi cuarto. Creo que la lista de cosas por hacer me hizo caer en cuenta de que esto no era un viaje de descanso, donde llegaba a comer lo que quisiera hasta que me doliera la panza y podía descansar a deshoras sin que nadie me dijera nada en lo absoluto. Solo era una pieza más en esto. Un chivo expiatorio que iba a ir a su muerte sin más para el entretenimiento de pocos y el sufrimiento de muchos. Todos los que conocía en el Distrito doce pasaron por mi mente: Luciano y su familia, los comerciantes de la Alhóndiga, Cata, mamá y Paola… Ludwig y su familia… el chico de los dulces…
Tomé una almohada y la lancé a la pared. No quería que el chico de los dulces muriera o peor… que yo tuviera que matarlo, ya que si no fuera por él, yo no estaría viva.
Fue el año después de la muerte de papá, antes de que decidiera entrar al bosque a cazar para sobrevivir. En el distrito doce si uno no muere en las minas, se muere de hambre, y nosotras nos estábamos muriendo de hambre. Mamá, a pesar de ser la sanadora-curandera del distrito, el trabajo no daba mucho para subsistir y la compensación de la perdida de nuestro padre se había desaparecido a pesar de la racionalización meticulosa de mamá. Un día lluvioso, andaba por la sección de los comerciantes formales del distrito, esperando encontrar algo pero fue en vano. Cuando me disponía a regresarme, cometí la idiotez de regresarme checando cerca de los botes de basura, ya que el hambre es maldita. En la última casa-local, la tienda de chucherías, la señora salió y me dio un sermón de la montaña sobre los ladrones seguido por una cachetada que me tumbó al suelo, llenándome de barro.
Atemorizada ya que mis padres nunca me habían pegado, me alejé de ella arrastrándome hacia atrás hasta que topé con un árbol y me quedé ahí, echa bolita. La lluvia siguió cayendo, la señora gritó obscenidades hacia mí, y luego se apresuró a meter a alguien, un chico de mi edad, dentro de la casa. Me quedé viendo las florecillas tristes que crecían alrededor del árbol que me protegía un poco de la lluvia por Dios sabe cuánto tiempo, hasta que hubo movimiento desde la casa de la "señora cacheteadora". Vi como la puerta se abrió bruscamente y la señora empujó al chico de antes fuera, le aventó un pan quemado y una bolsa con algo negro y gritó algo sobre asegurarse de darles lo quemado a los cerdos antes de entrar a la casa. Curiosa, miré alrededor buscando un corral de cerdos –si había uno, por si querían saber –pero el chico solo se quedó mirando la puerta cerrada por unos segundos y luego se me acercó. Nos quedamos mirando, era rubio de ojos azules, y tenía marcada la mejilla, como yo, por una cachetada. Le iba a decir algo cuando me tendió el pan y la bolsita, vi que eran unos dulces que fueron también quemados. Nos volvimos ver a los ojos sin decir nada, hasta que él dio media vuelta al oír la voz de su madre alzarse unos cuantos decibeles.
Guardé el pan caliente y la bolsa de dulces bajo mi blusa y me fui corriendo a casa. Al llegar le di a mamá el pan, y ella se puso a quitarle lo quemado, ya que la parte de adentro estaba en perfectas condiciones. La bolsa de dulces la escondí de mamá, y cuando no veía sacaba dos, les quitaba la parte quemada y me comía uno. El otro se lo daba a Paola. Nunca estuve agradecida de un extraño, y nunca pude pagarle lo que hizo, ya que no solo elevó mis esperanzas a querer seguir viviendo, también alzó las de mamá y Paola. Poco después fue cuando regresé al bosque a cazar por comida.
¿Cómo rayos voy a poder pagarle a Ludwig por eso cuando en una semana tendría que matarlo o dejar que lo maten? ¿Cómo rayos quemas dulces mientras están en la bolsita? ¿Qué fue primero, el huevo o la gallina?
El portazo que hubo me sacó de mis cavilaciones y vi tres figuras en el umbral de mi puerta. Capitalinos, armados con artefactos de belleza… mis maquillistas. Dos mujeres, un hombre… demasiados "capitalinos" para ser verdad.
-Yo soy Wang Yan, y ellos son Wang Xiao Mei e Im Yong Soo. –se presentó una señora petite con dos rodetes morados y decorados con broches de oro. Su delineador de ojo dibujaba unos dragoncitos rojos y vestía un vestido ceñido de seda roja con dragones estampados rojos. Xiao Mei (o solo Mei) tenía cabello negro suelto con mechas rosa fosforescente y le caía un mechón en la cara, ella también vestía un vestido ceñido pero de tono rosa palo y decorado con pétalos "de sakura" como ella me lo explicó, sus pestañas también eran rosa fosforescente y desde su sien salía un diseño floral. Finalmente Yong Soo era alto de ojos cafés como las otras dos, cabello negro con una sola mecha rubia, y un rizo que desafiaba la ley de la gravedad, y no solo eso, tenía una especie de cara que imitaba la de Yong Soo… tecnología capitalina de seguro. Vestía unos pantalones azules demasiado ceñidos para ser verdad y una camisa blanca amplia y mangas demasiado largas. Oh, y usaba pintalabios azul.
Después de las presentaciones y el shock inicial, fui víctima de la viciosa moda capitalina. Cera, pinzas, cremas, maquillaje y demáses que no quiero ni saber anduvieron por todo mi cuarto. De mis ojos para abajo fui depilada, humectada, me hicieron manicura y pedicura, y –gracias al cielo –me pusieron el mínimo maquillaje posible.
-Lástima que Feliks te quiere al natural, aru… -murmuró Mei dándose el lujo de verse afectada mientras miraba mi figura desnuda al terminar su trabajo. –Y el cabello definitivamente está increíble… -dijo admirando el rodete de mamá.
-Cierto da-ze… yo haría unos par de cambios –dijo Yong Soo haciendo un movimiento con las manos que hicieron que las dos chicas dieran un paso lejos de él. –Al menos usar mi pintalabios azul, contrastaría increíblemente.
-Bueno chicos, son órdenes de Feliks –intervino Yan – Xie xie por dejarnos trabajar contigo –dijo dándome una reverencia, doblando su figura hasta la mitad, y fue imitada por Mei y Yong Soo.
-No… al contrario… -tartamudeé, incomoda por la situación; imité la misma reverencia, y al parecer eso los complació ya que los tres me abrazaron al mismo tiempo, se despidieron y se fueron así como llegaron.
Me encogí de hombros, miré mi reflejo en el espejo de cuerpo completo, nunca había visto este tono en mi piel, deja tú lo limpio, lo tan rosado que estaba –de seguro por la brutalidad de la depilación, juraría que podía oír cada cabello ser arrancado- y lo suave al tacto. Me puse la bata que había en el closet y me puse a esperar a mi modisto.
-Hello-dijo alguien desde la puerta con un tono tan… exagerado- Soy Feliks Łukasiewicz, tu modisto y maquillista de cabecera, Itzelita linda –Feliks entró tan campante, su cabello rubio hasta los hombros se movía con cada paso/brinquito que daba, y sus ojos verdes destellaron con un brillo que llamó mi atención, y no fue por el delineador verde olivo que usaba. –Ay nena, como que me costó muchísimo trabajo hacer que ellos no te cambiaran –dijo al estar enfrente mío y me besó ambas mejillas- Pero puedo confiar en mi BFF Yan en que no te hicieran nada. Sentémonos.
Nos sentamos y nos pusimos a charlar. Feliks me preguntó por mi familia, la vida en el distrito. A los quince minutos, me sentí tan cómoda, que llegué a incluir a Feliks a mi pequeñísima lista de amigos. Aunque para este paso sería más como un tío.
-¡Osea, mira la hora! Nosotros aquí muy como que campantes charlando y estamos "bajo un horario muy, muy estricto" –dijo imitando a Emma, cosa que me hizo reír. Complacido con mi reacción, fue a mi closet y sacó un vestido negro con una cola pequeña- Esto, nena, te va a dejar ardiente cuando salgas en el carruaje del desfile.
-Es de cuero…
-A prueba de llamas-dijo guiñándome un ojo, sacándome otra carcajada.- Lo malo será deshacer este bellísimo tocado, como que me romperá el corazón en cachitos. ¿Quién lo hizo?
-Mi mamá…
-¿Citlali, verdad? –preguntó mientras me ayudaba a ponerme el vestido. Este se sentía demasiado ligero para ser de cuero. Me cubría los brazos y no mostraba nada indebido. Le asentí – listo querida. –Me miró un par de segundos- ¿Sabes? El tocado se queda, al final de cuentas, no te pondré nada en el cabello. –Alcé una ceja interrogante- Cariño, tú y Ludwig serán las estrellas del desfile. Apuesto mi pony rosa en eso
-¿Pony rosa? –pregunté divertida. Feliks me pidió que lo siguiera fuera de la habitación, cosa que hice felizmente, un cambio de aire me caería bien.
-¡Ausra querida! –Dijo de repente lanzándose a los brazos de una chica de cabello café y ojos turquesa, quien supuse que era Ausra Laurinaitis, la modista de Ludwig- ¿A que no son súper fabulosos? ¡Fantabulosos! –La chica tartamudeó algo pero Feliks se había desatado: me tomó del brazo delicadamente pero con una fuerza sobrenatural para alguien tan flaco y chaparro y me puso al lado de Ludwig, quien estaba forrado en negro, como yo, y se veía infinitamente incomodo con la actitud de Feliks. Gilbert atendía su cerveza en el sillón y Emma daba saltitos de emoción al vernos.
-C-cómo ustedes saben… en el desfile los elegidos visten algo relacionado a su distrito- empezó a explicarnos Ausra, titubeante.
-Y sho ya me harte de ver esos horripantosos trajes de minero- dijo Feliks mirándose sus manos manicuradas- ¡Y no hay nada mejor que nuestro primer año como diseñadores sea totalmente deslumbrador!
-El plan es usar esta especie de fuego sintético ¡que no quema! Jeje… -dijo Ausra, quien empezó a tartamudear de nuevo cuando vio nuestras caras de espanto- O sé su-supone que no quema…
-Whatever, ¡ustedes entrarán en una bola de fuego!-exclamó Feliks- Emma querida, ¿Cuánto más falta?
Emma miró su reloj y sus ojos se abrieron desorbitadamente- ¡Debemos de estar en el lobby desde hace dos minutos! Vámonos, vamos todos ¡Gilbert! ¡Deja esa cerveza!
Todos terminamos en el ascensor, apretujados los unos contra los otros. No me quejaba, pero tenía que admitir que las caras de horror de Feliks (¡Como que esto arruinará mi ropa! Totalmente arruinada) y Ludwig (Mein Gott, que esto acabe) eran todo un poema.
En el lobby, el resto de los elegidos estaban con sus respectivos disfraces representativos: el Distrito 1, lujos, vestían joyas prácticamente; Distrito 2, construcción, parecían ladrillos; Distrito 3, tecnología, tenían circuitos y chips pegados a la ropa; Distrito 4, pesca, vestían de azul con temas marineros; Distrito 5, energía, eran farolitos andando; Distrito 6, transporte, parecían vestir llantas o algo así; Distrito 7, madera, vestían hojas de árbol; Distrito 8, textiles, les sobresalían demasiados picos con telas para mi gusto; Distrito 9, grano, tenían forma de un grano, valga la redundancia de todo; Distrito 10, ganadería, parecían rancheros; Distrito 11, agricultura, eran dos motas de algodón y finalmente Distrito 12, minería éramos… carbón.
-Mis carboncitos en llamas, alumbrarán el desfile~ -canturreó Feliks jugando con un encendedor que en lo personal daba miedo. Una fanfarria dio inicio al desfile y Emma casi se nos desmayaba porque no estábamos en la carroza. Nos apuramos a subir a la carroza con el numero 12, y Yan apareció corriendo hacia nosotros
-¡Feliks, espera, aru! –gritó Yan mientras la carroza con el Distrito 6 salía de la entrada del edificio. Le dio mi broche a Feliks
-Lindo pajarito…
-Es un quetzal –le expliqué. Vi como alzó las cejas, señaló a Ausra por unos segundos y luego me puso el broche en el vestido.
-Hey güerito, necesitas un apodo y un simbolito-dijo Feliks mirando a Ludwig con un mohín.- Mientras tanto serás carboncito rubio~ ¡Ausra, trae el fuego! Let's light up this party! –gritó en lo que Ausra nos encendió los trajes sin aviso previo. Ludwig y yo nos vimos horrorizados por unos segundos hasta que…
-… hace cosquillas…- fue lo único que dijo Ludwig antes de que nuestra señal fue dada y salimos a la calle.
