A decir verdad tengo la trama de este fanfic incierta todavía en mi cabeza, y no por falta de ideas… sino porque no sé qué ideas usar para hacerla tan magnífica como pienso que está siendo Gotas de Agua. Los siguientes capítulos, mínimo los siguientes tres, nos vamos a centrar más que nada en la relación que deben desarrollar primero Sinbad y este bonito Judal. Algunos personajes secundarios se irán introduciendo y, dicho sea de paso, también el enemigo.
¿Quién creen que es el enemigo?
Entonces por favor, no esperen todavía la parte trágica o agitada, ¡esas partes no serán nada más que narración sin sentido si no avanza primero esta relación! Puedo asegurarlo.
Omega02
Capítulo 5.
Las personas de esta raza eran hermosas.
Y no es que haya visto a mucha gente que pertenezca a esta raza. En su vida ha visto a omegas muy hermosos y a alfas realmente impresionantes, ambos con facciones bien definidas y catalogadas como atractivas, pero este caso era más especial. Judal era el omega más hermoso que ha visto alguna vez y lo dice solo viendo su rostro. La forma de su mandíbula es muy definida, su curvatura es perfecta. Tiene unos labios carnosos pero una boca pequeña, pero no se ve para nada mal. Luego su nariz, es delgada y tan bonita… Y entonces llega su parte favorita, o sus partes favoritas.
Esas escamas en sus mejillas le dan un atractivo muy interesante, de alguna forma le dan un aire elegante que absolutamente no tiene, pero eso es lo divertido.
Luego, casi en la misma línea que sus bonitas escamas, asoman sus colmillos. Justo bajo el labio superior se pueden ver solo las puntas, pero era una característica preciosa. Se pregunta por qué Judal no se autolesiona si siempre se asoman así. ¿Será que su piel es resistente?
Pero si tiene que decidir cuál es su parte favorita, la respuesta son sus ojos, ¡definitivamente esos ojos tan preciosos! El rojo no era para nada común entre los de esta especie tan particular. Sinbad había visto ojos plateados, púrpuras, rosas… pero antes de Judal y su hermano mayor jamás había visto un par de ojos rojos tan bonitos. Por el simple hecho de ser un omega las pestañas de Judal son largas y con un rizo bien definido que terminan por lucir todavía más las bonitas almendras del omega. Incluso sus párpados eran bonitos.
Durante esta noche pudo verlo mucho y eso le gustó, pero ahora estaba dudando sobre si seguir admirándolo o dormir. Era muy tarde después de todo, y él estaba embobado mirando desde la orilla de la cama al omega dormido.
Al principio estaba indeciso sobre en dónde dejarlo. Cuando llegaron a su casa dudó en si recostarlo en la sala, y quedarse él en el individual para resolver dudas a primera hora, o si dejarlo en su cama y aventurarse a recostarse juntos. Era muy repentino pero nota que es el estilo de Judal también.
Al final decide traer una silla del pequeño comedor y llevarla hasta la habitación, justo al final del pasillo. Se sienta frente a la cama y estira el brazo para apagar la lámpara, luego se dispone a dormitar sentado.
Era más difícil de lo que parece, y lo hace sentir como todo un ancestro.
Y sin darse cuenta, antes de que el sol saliera ya estaba en la cama, tumbado y descansando a un lado del omega, con el músculo del brazo completamente dormido por el peso de la cabeza de Judal.
Despertó justamente en la cama, no por gusto sino porque el otro se estaba moviendo demasiado. Gruñe en voz baja y luego se queja, ¿acaso acaba de morderlo? Abre los ojos y gira la cabeza para verlo.
Efectivamente, le acaba de morder el músculo del brazo y como si nada ahora chupa. ¿Qué es, un mosquito? En cuanto lo nota removerse voltea a verlo. Los ojos de Judal están brillantes, pero no en un contexto poético sino más bien literal. Por el sueño que se cargaba encima pensó que era solo una ilusión, pero rechaza la idea cuando siente su lengua pasearse por su músculo adolorido. ¿Qué acaba de hacer?
— Pensé que tu especie era la de reptil, no la de esos… esos bichitos voladores. —Se refiere a los murciélagos, por su afán de morder animales grandes y luego chupar la sangre. Justo como lo hace Judal ahora con su herida.
— No sabía cómo despertarte.
— ¿Por eso me mordiste?
— Oye, estoy lamiendo la herida. —Exclama, exaltado y sonrojado.
A decir verdad, ni el mismo Judal sabe por qué lo mordió. Simplemente tenía el músculo cerca y se sentía tan confuso…
— Oh-oh, comienza a arder.
— ¿De verdad?
— Sí, ahh… —El suspiro es largo, lleva consigo un ligero tinte de su dolor. La herida comienza a arderle un poco. — ¿Al menos hace juego con las de mi labio?
— ¿Bromeas? —Pregunta entre risas el omega, mientras hace el esfuerzo por sentarse sin hacer una mueca. La cabeza le duele. — Acabo de encajarte los colmillos y solo te interesa verte bien, eres todo un narcisista. —Lo molesta con intención, logrando una sonrisa perezosa del humano.
— Clávame los colmillos, pero no me claves otra cosa.
— Idiota, ese es mi lugar. —Responde sin perder la sonrisa, y deja una de sus manos en el abdomen del humano.
— ¡Así me gusta! —Que tenga bien definido los roles. Es un chico listo, y su sonrisa se alarga.
El sonrojo del omega avanza hasta su cuello, Judal chista la lengua. Estúpido humano, es demasiado guapo.
— Tu ropa apesta a alcohol. —Provoca, para distraerse de su pena.
— ¿Quién me tiró una cerveza anoche? —Responde, y apoya sus codos para hacer fuerza y sentarse también. Judal no le contesta de inmediato, de hecho parece confuso.
— ¿Yo lo hice? —La respuesta tiene obvia inseguridad. Para ese momento Judal estaba dormitando encima suya, es normal que no lo recuerde. — ¿En serio? —Pregunta luego de ver a Sinbad asentir con la cabeza. — Qué intenso.
Sinbad se ríe y Judal lo imita, hasta que hace una mueca y calla de súbito.
Estúpida resaca.
— ¿Duele mucho?
La mueca del omega le responde.
— ¿Bañarte te hará sentir mejor? ¿Desayunar? ¿Qué quieres, carne? Es muy temprano pero puedo cocer ternera.
— Umh, quizá. ¿Puedo?
— Claro.
— ¿Dónde está el baño?
— Por ahí. —Apunta con la mirada una puerta de madera clara dentro de la habitación. — Date un baño y busca lo que quieras de ropa en mi armario, suerte encontrando algo que te quede. —Se va incorporando hasta llegar a la orilla de la cama, donde luego apoya los pies en el suelo y se levanta. — Y llama a tu hermano, anoche le envié un mensaje pero no lo contestó.
Cuando se levanta se mira a sí mismo. Judal tiene razón, su camisa apesta a alcohol y le da un aspecto muy lamentable tener el cabello completamente desaliñado. Si tuviera barba ahora seguro daría las pintas de un vagabundo. Ni siquiera tiene ganas de verse en el espejo para comprobar su mal aspecto, qué vergüenza.
— ¿Me veo muy lamentable?
— No me creerías si te lo dijera. —Y tras darle una sonrisa larga, se gira para ir a la dichosa puerta blanca.
¿Cómo es que Judal puede verse tan bien por las mañanas? El cabello ni siquiera se le enredó, ¡era como magia! Ni qué decir de su aspecto, aunque hacía muchas muecas por su dolor de cabeza y la ropa desarreglada. ¿Será alguna clase de magia de omegas o algo así? Qué envidia.
— ¡Buen uso del meme!
Sin respuesta.
La habitación se sumerge en un silencio, que poco rato después se rompe con el sonido de la ducha. Todavía somnoliento abre la ventana para que la habitación se ventile un poco, ¡huele mucho a alcohol! Se quita la camisa y la mira, no sabe exactamente qué hacer con ella. Duda que se recupere de esto, y si se puede él no sabe cómo, no es gran fan de lavar su ropa. Estaban en la ciudad del placer, ¡simplemente va a la lavandería y hacen todo por él!
Sería un inútil sino fuera tan trabajador y tan bueno en la cocina, sí señor.
Cuando sale de la habitación lleva consigo la camisa en la mano. Pero no va a permitir que el aroma tan extraño del alcohol llene más su casa. Simplemente abre la puerta al pequeño patio y la tira. Se hará cargo de ella más tarde. Ahora, más cómodo, se dirige a la cocina y saca del congelador un paquete con carne. La abre y luego la deja dentro del microondas para descongelarla.
Se rasca el tobillo con las uñas del otro pie mientras espera, luego cambia su peso de una pierna a otra con ganas. ¿Debería volver y cepillarse el cabello? Debería hacer algo por su aspecto. Toma una toalla para manos de un cajón de la cocina y la moja bajo un chorro tibio, luego la pasa por sus hombros y pecho desnudo, luego por el cuello. Vuelve a mojarla y luego la pasa por su rostro. Deja la toalla en la mesa y le echa una mirada rápida al microondas. Lo dejó descongelar cinco minutos.
¿Judal será de los que se tardan en la ducha?
Regresa a la habitación a paso rápido y saca de la mesita de noche su cepillo. Divide su cabello en dos partes y comienza a desenredar, algunos tirones lo hacen sisear y chistar la lengua. ¿Por qué siempre duele? Cuando el cepillo pasa por su cabello sin atorarse se detiene y lo echa por encima de su hombro. Escucha el pitido el microondas al terminar y antes de irse, se mira finalmente en el espejo de su armario. Ya no se siente tan mal.
Regresa a la cocina y saca la carne para comenzar. Antes de picar la carne corta una cebolla y la pone a dorar. Justo cuando la cebolla toma un color tostado tan agradable echa la carne y la salsa.
Mientras tanto, en el mismo plano temporal pero en otra habitación, Judal tiene un problema.
Ya ha llamado a Sousuke y todo parece estar bien. Pero el problema es que no puede llegar a casa oliendo completamente a Sinbad. ¡Ni siquiera el jabón le ayuda! Por suerte cuando abre el shampoo todo parece mejorar.
Se toma su tiempo en la ducha, y cuando termina vuelve a olerse. Sin duda está mejor, no consigue alejarse mucho del aroma de Sinbad –y es normal, está en su casa después de todo– pero al menos está controlado.
Esta madrugada lo encontró durmiendo en la silla. No le pareció muy correcto que él usara la cama mientras que Sinbad estaba visiblemente incómodo, asi que le fue fácil solo echárselo encima y recostarlo a su lado.
Y luego usarlo de almohada.
Toma una toalla limpia y comienza a secarse velozmente. Huele a comida ya, y la carne le gusta muchísimo. No tenía idea de que el humano supiera cocinar~ Sale de la habitación ya limpio y seco. Primero abre el armario e indaga un poco en la ropa del humano. Los pantalones definitivamente no van a quedarle. Por suerte su pantalón no quedó tan desastroso como su camisa, así que sin más decide colocárselo de nuevo. Sin ropa interior, es su estilo.
Pero la camisa si la toma del armario del humano. Una camisa sin mangas, que seguramente usa en el gimnasio porque tiene varias prendas del mismo estilo. Sinbad seguro se ve atractivo en una musculosa…
Si piensa mucho en esa imagen seguramente termine mal, en verdad tiene hambre.
Pasa una mano por su cabello. El shampoo estaba bien pero el acondicionador terminó por llevarse los nudos que quizá pudieorn haberse creado. Por eso lo deja así, húmedo y liso a su espalda.
Camina por el pasillo observando fijamente cada detalle. Comenzando por las paredes. Pintadas de blanco, y perfectamente limpias, pero le da la impresión de que no están así porque a Sinbad le guste ser pulcro sino más bien porque casi no está en casa. ¿Será eso?
Llega a la cocina, y su nariz está encantada con el aroma de la carne cocida. Toma asiento en una de las sillas y Sinbad se gira, con dos platos bien servidos en ambas manos.
— Te ves bien. Pero la camisa te queda muy grande.
— Otro día debes probarte una camisa mía. Quiero verte.
Sinbad asiente, con una sonrisa en los labios, y deja un plato justo frente al omega, sobre la mesa.
— Provecho.
.
Los platos yacían en el lavabo, y ahora ambos se dedicaban a beber juntos de un té helado mientras hacían tiempo a que la comida bajara. La carne tan temprano llena bastante, seguramente ninguno coma nada en el almuerzo.
— ¿Quieres hacer algo antes de que te lleve a casa?
— Oye, tienes un mini-bar aquí. No puedo irme sin que me ofrezcas un trago.
— Judal, no sé si sea buena idea. ¿Tienes resaca aún, no?
El omega arruga la nariz.
— Tonterías. Podré descansar en casa. Invítame algo.
Sinbad suspira, pero termina por sonreír y asentir.
— ¿Te apetece algo?
— ¡Pensé que no lo dirías~! Solo un chupito. Quizá dos.
— ¿O tres?
— Que sean cinco.
— No más de uno, es muy temprano. —Su mirada serena hace que Judal apriete los labios con capricho. — Uno y solo uno, ¿está bien? Puedo invitarte otro día a casa para que bebas lo que quieras.
Judal parece encantado con la idea, asiente con la cabeza y mira al humano levantarse para buscar una botella. Agarra una a medio terminar. Deja la botella justo enfrente suya, en la mesa, y luego va a la alacena por dos vasos tequileros de una onza y media.
Desenrosca la tapa de la botella y vierte su contenido en ambas copas. Tanto Judal como Sinbad toman una copa cada uno, pero cuando Sinbad estaba a punto de beber…
— Espera, espera. No es así. —Deja su copa sobre la mesa.
— ¿No? —Pregunta Sinbad, justo dejando el chupito a unos centímetros de sus labios.
— No. —La mano del omega se encarga de hacer que el humano lo baje de regreso a la mesa. — ¿Debo enseñarte a divertirte? —Inquiere, risueño, y abre el refrigerador con toda confianza para ir en busca de un limón. Al encontrar uno que le gusta lo saca y luego lo corta en cuatro trozos.
Deja los trozos del limón sobre la mesa y estira el brazo para tomar la sal del centro de la mesa, desenrosca la tapa y derrama un poco en la mesa.
— Acércate más~
— ¿Qué harás?
La curiosidad de Sinbad parece ser evidente, pues mira primero las cosas sobre la mesa y luego busca la mirada del omega. Judal aprieta los labios y toma el trozo más pequeño del limón para acercarse a Sinbad. Lo exprime en su cuello, y el ácido líquido comienza a gotear hacia su espalda. Sinbad levanta ambas cejas.
— Y luego… —toma una pizca de sal y la deja caer en la misma parte en donde antes exprimió el limón. Se ríe, contento, y toma otro trozo de limón para acercarlo a los labios de Sinbad. — Abre la boca.
Sinbad lo obedece, y Judal le mete un extremo de la rodaja del limón.
Por fin preparado Judal se acerca otra vez y pone sus manos sobre los hombros de Sinbad. Hace una amistosa presión y luego se para de puntillas para lamerle la sal con limón del cuello. Lo hace lento. Sinbad se estremece y a se aferra a su cintura, confundido pero encantado.
El omega toma algo de distancia y usa su mano derecha para tomar el chupito que quería tomarse Sinbad y se lo bebe él, de un trago. Hace una ligerísima mueca pero Sinbad ni tiempo tiene a decir algo antes de que Judal busque el trozo de limón que tiene en los labios.
Muerde, el líquido ácido pronto mancha los labios de ambos mientras Judal afloja y aprieta su mordida. Finalmente lo escupe a un lado y se estira para alcanzar a besarlo. Cuando el omega termina ambos tienen una sonrisa satisfecha en los labios, pero es Sinbad quien parece el más embobado.
— Woah…
— Mierda, voy a hacerme alcohólico. — ¿Por qué el humano sabe tan bien?
.
Precioso el capítulo~ ¡Gracias por leer! Ojalá les haya gustado la última escena, la había visto antes en una película pero me sorprende que nadie la haya usado con SinJu. Solucionado(?)
Nos leemos el próximo martes con este fanfic, y nos leemos en un día más con Gotas de Agua~
