Actualizando antes de sumergirme en el caos de los exámenes finales :/ Haré lo imposible para mantener esta historia viva, se los prometo! Solo... aguantenme un tiempo en lo que termino mis asuntos de la vida real

Game Over: Luchando para Sobrevivir

Capitulo 4

Gritos, exclamaciones, porras… la gente capitalina nos adoraba. Miré las carrozas enfrente de nosotros, los elegidos se veían rígidos, no se movían ni nada. No me sorprende, cualquiera podría caerse de la carroza si no se fijaba. Sentí una mano tocar la mía y volteo a ver a Ludwig, sonrojado por el calor de las llamas.

-No quiero que te caigas –dijo desviando la mirada. Reí quedamente

-Nos caeremos los dos entonces –dije yo antes de saludar a la gente con mi mano desocupada. Si queríamos patrocinadores no podemos darnos el lujo de fruncir el ceño, ¿no?- Hey, no queremos caras largas –le murmuró a Ludwig y le guiño un ojo, esperando a que sonriera un poco. Dejó de fruncir el ceño y alzó nuestras manos entrelazadas. La gente se volvió loca. Lanzaban sombreros, rosas, dalias, girasoles, ramos de flores variadas, mejor dicho que no lanzaban. Al final llegamos al final de la explanada enfrente del Palacio de Gobierno y casa del Presidente Rómulo Cesar. Todos los elegidos nos vieron en llamas por dos segundos y estas se extinguieron por arte de magia… Tendría que preguntarle a Feliks luego.

-¡Bienvenidos a la septuagésima cuarta edición de las Olimpiadas de Hambruna!- la voz grave del Presidente retumbó por todo Hetalia, gracias a que todo estaba siendo mostrado en vivo en todas las televisiones del país sin excepción. Fijé la mirada en el Presidente. Tenía cabello castaño rizo, con dos rizos anti-naturales que destacaban. Sus ojos avellana brillaban con astucia, y a pesar de los años, seguía siendo musculoso, por lo que el traje daba a entender. En la solapa del saco, había una solitaria rosa blanca- Estas Olimpiadas, formadas después de la revolución que separó el gran país de Hetalia y llevó a la total destrucción del Distrito 13, mantienen los ideales de una competencia justa, y la unidad del país.

Rodé los ojos, solo eran palabras vacías. Todos los distritos sabían que las Olimpiadas eran para mantenerlos a raya, recordarles que pelearon pero la Capital, con su ventaja en poderío y sed de sangre, los subyugó. También simbolizan el poder renovado de la Capital, porque dos jóvenes –hombre y mujer –de cada distrito son tratados como marionetas, y luego como simples animales, solo para el entretenimiento barbárico de la Capital. Ignoré la gran mayoría del discurso y del video que mostraban la historia de Hetalia. Lo he visto miles de veces, casi podría decir que me lo sabía de memoria.

-¡Y que las probabilidades estén de su lado!- exclamó el Presidente Rómulo, mirándome fijamente. Tragué gordo, no sé por qué me estaba mirando, si no he hecho nada malo. El himno fue escuchado y luego las carrozas volvieron a andar, el fuego volvió a encenderse y los gritos volvieron el doble de fuertes. Más flores y sombreros volaron por los aires. Ludwig atrapó una dalia y me la ofreció. Eso volvió a enloquecer a la multitud, que vitoreaba nuestros nombres mientras tomaba la dalia con mi mano desocupada y la olía.

Espero que no sepa que esa era mi flor favorita.

Todo nuestro equipo nos esperaba en el lobby, emocionados. Feliks y Emma daban saltitos tomados de las manos de Ausra, quien sonreía pero parecía mareada entre los dos saltarines. Mi equipo de maquillistas se limpiaban las lágrimas (por qué lloraban, nunca lo sabré) y Gilbert sonreía de oreja a oreja.

-Kesesese mis pichones- dijo Gilbert cuando nos apagaron las llamas y nos abrazó con fuerza desmedida -¡Estuvieron increíbles! ¡Si tan solo Fritz estuviera aquí! Kesesese, Itzel, guarda esa flor. Ludwig, eso de las manos estuvo genial. ¡Esto merece un brindis!

Nadie se opuso a la oferta de Gilbert, en cambio, fuimos el primer equipo en irse del lobby, y en el trayecto al elevador fuimos ficticiamente asesinados por miradas. Llegamos a nuestro piso, donde nos esperaba un festín increíble. Ludwig y yo nos fuimos a cambiar de ropa, ya que Feliks, como que, nos iba a matar con su rifle rosa si los ensuciábamos. Obviamente estaba bromeando, pero la sonrisa tranquila de Yan nos hizo pensar lo contrario. Ese par daba miedo.

Dentro de mi cuarto y con ropa cómoda, miré la dalia que me dio Ludwig con detenimiento. ¿Qué tramaba? La dalia se negaba a darme mis respuestas así que mejor tomé el vaso que había en mi buró y lo llené de agua del lavabo y la dejé ahí. Mejor no darle vueltas al asunto. Salí chiflando alegremente una tonada cualquiera y fui al comedor.

-Así que, ¿Quién se llevó las miradas esta tarde?-preguntó Feliks alzando una ceja acusatoriamente- Mis carboncitos estuvieron esplendidos~ -Ludwig se sentó al lado mío, y ambos terminamos con nuestras mejillas pellizcadas por Feliks- Te dije Ausra, que apostaba a GordoFredo a que iban a estar magníficos…

-¿GordoFredo?-preguntó Ludwig en un susurro.

-su pony rosa -dije tranquilamente en lo que me servía una taza de chocolate- No preguntes, yo tampoco sé… -agregué al imaginarme su cara de estupor ya que no le estaba poniendo atención. Más charla mundana llenó la hora de la comida hasta que la conversación cambio al horario de mañana.

-Entrenamiento, entrenamiento… ¿qué es lo que pueden hacer?-preguntó Gilbert mientras atendía su copa de alcohol. - ¿cuchillos? ¿Lanzas? ¿Ballet? Vamos, no se queden callados.

Nos quedamos en silencio por un par de minutos.

-Itzel sabe usar el arco y la flecha-dijo Ludwig en voz baja, tan baja que incluso me costó trabajo oírlo.- Papá compra sus ardillas, dice que hace un trabajo impecable, todas atinadas en el ojo.

-Eso no es nada –dije mirando mi plato a medio terminar.- Ludwig puede cargar dos costales de harina como si fueran hojas de papel…

-Pero no voy a estar lanzando costales- espetó Ludwig volteándose a verme, ceño fruncido. Me recordó a su padre.- Si te haces de un arco y flechas podrías ganar fácilmente y lo sabes.

-Pero no es lo mismo cazar animales que cazar personas, ¡Ludwig se razonable!

-¡Lo estoy siendo! Todos aquí saben que tú tienes más posibilidades de ganar que yo. ¡Toda Hetalia lo sabe! ¿Sabes? Cuando mamá fue a visitarme antes de venir aquí dijo "Ya era tiempo que el Distrito doce tuviera un ganador" y sabía que no hablaba de mi, hablaba de ti.

-Eso no es cierto- susurré, Ludwig me lanzó una mueca incrédula, se disculpó y se fue del comedor a su habitación.-Yo nunca… con permiso –dije antes de irme yo a mi cuarto. -¿Quién se cree?- murmuré en mi camino al baño, donde me instalé a mis anchas, tomándome una larguísima ducha, que mis dedos se hicieron pasa pero me quitó el estrés de la discusión. Del baño me fui directo a la cama, donde caí dormida a los pocos minutos.

Fui vilmente despertada por mi nuevo despertador, Emma "Hoy es un día muy, muy, muy importante" Debecker, quien entró y dejó mi uniforme de entrenamiento –negro, tela especial deportiva y con un doce en la espalda –mientras rezaba el horario de hoy por todo el departamento. Me vestí presurosa, y prácticamente corrí al comedor, con medio cabello trenzado y adormilada.

-La bella durmiente ya se despertó-comentó Gilbert quien se estaba curando de una resaca fenomenal. Ignoré su comentario y me puse a desayunar, ignorando a todo el mundo. El resto mantuvo una charla tranquila, hasta que se terminó la comida- Muy bien, durante los entrenamientos no quiero que nada los destaque. NADA ¿entendido? Flechas y lanzamiento de pesas y demás acrobacias se reservarán para el entrenamiento individual.

-De acuerdo… -murmuró Ludwig alicaído

-Por mi está bien-dije ayudándome a una taza de chocolate. Emma miró la hora y casi se nos atraganta del susto.

-¡Van a llegar tarde! ¡De nuevo! –exclamó quitándome mi taza y a Ludwig los cubiertos de las manos antes de señalar viciosamente hacia el elevador con el cuchillo embadurnado de mermelada de fresa.- ¡Vayan al sótano!

Ludwig y yo arrastramos los pies hasta el elevador y dentro marcamos el último botoncito de la lista de pisos. Un silencio incomodo llenó el minúsculo recinto durante los primeros tres pisos.

-Perdona…

Lo siento…

Nos callamos cuando nos disculpamos al mismo tiempo, haciendo todo más incomodo de lo que podía ser.

-Ok, en caliente ni se siente. Durante esta semana de entrenamiento seremos amigos, ¿te parece? No hay que actuar como los otros elegidos, que se sienten que nacieron en maceta y por ende superiores a nosotros.

-Itzel, lo que dices no tiene sentido… -ya estábamos en el nivel del lobby, me dije para mis adentros decidiendo ignorar la posible sonrisa de Ludwig- Pero me parece bien, amigos.

Nos sonreímos antes de que la puerta del elevador se abriera y entráramos a la Sala de Entrenamiento. Era una habitación enorme, obviamente bajo suelo, probablemente teníamos al Edificio de Juegos sobre nuestras cabezas. También tenía buena acústica, si me lo preguntan. Alrededor de tres paredes había estaciones con un maestro. Esgrima, combate cuerpo a cuerpo, trampas, nudos, camuflaje, como encender fogatas, como manejar lanzas, garrotes, arcos y flechas, hachas y demás armas blancas. En la otra pared a desnivel, estaban los Creadores de Juegos, unas quince o veinte personas, que vigilarían cada movimiento.

Nuevamente recibimos dagas ficticias con las miradas de los otros elegidos, quienes estaban preparándose. En medio de la sala estaba nuestra entrenadora, quien empezó un discurso sobre lo que íbamos a hacer en los entrenamientos y como lo que aprendiéramos aquí iba a ayudarnos en el estadio ya que no había talento –o se suponía- que podríamos traer desde nuestro distrito. Claro, los Profesionales se rieron. Usualmente para los distritos 1, 2 y 4, los niños entrenaban desde pequeños para las Olimpiadas, algo que se supone que es contra las reglas, pero como eso le agrega sabor a las olimpiadas, la Capital hace de la vista gorda al respecto. Dicho y hecho, los Profesionales no esperaron a que la entrenadora nos dijera que empezáramos a trabajar, ellos ya estaban lanzando pesas y haciendo esgrima. Presumidos. El resto decidió ir a las estaciones desocupadas por la bola de engreídos.

Evité la estación de arco y flecha. Maldito Gilbert y sus planes…. Estaba en la estación de trampas, era decente en ellas, pero no un as como Luciano o el maestro que me tocó. Solo me alegro de que él tuviera paciencia conmigo porque no se me daban los nudos. Media hora después, terminé colgando al maestro de un tobillo gracias a una trampa. Más dagas ficticias atravesaron mi cuerpo. Miré alrededor, para tomar nota de mis futuros oponentes, y Dios no lo permita, futura caza…

Distrito uno. Elegido masculino: Jorge Núñez del León. Alto, moreno, claramente musculoso, su cabello estaba en rastas, y estas recogidas en una coleta. Sus ojos eran cafés y tenían un brillo que no me gustaba. Era bueno con las lanzas.

Distrito uno. Elegida femenina: Françoise Bonnefoy. Rubia, muy guapa y flexible, ojos azules que mostraban travesura en los mejores de los casos. Su especialidad parecía ser florete y la esgrima. Oh… y las catapultas… acababa de lanzar un monigote de entrenamiento por los aires con una catapulta que improvisó.

Distrito dos. Elegido masculino: Sadiq Adnan. Otro alto, piel olivo y ojos verdes, tiende a llevar un antifaz blanco, no quiero ni saber que hay debajo del antifaz. As de la cimitarra… Claramente un Profesional y hay que tener cuidado con él.

Distrito dos. Elegida femenina: Bastet Muhammed Hassan. Petite, reservada, piel olivo, ojos castaños en forma de almendras. Tiene un aire místico alrededor de ella. Su cabello castaño oscuro lo tenía trenzado y decorado con piedrecillas. Letal con los cuchillos.

No me preocupé por los del distrito 3, 4, 6, 7, 8, 9, 10 y el chico del 5… había algo sobre ellos que no me hacía sentir amenazada. Espero que esto no me lleve a mi tumba en un lugar desconocido.

Volviendo…

Distrito cinco. Elegida femenina: Toshiko Honda. Otra petite, ojos cafés, cabello negro hasta los hombros. Muy reservada y con una actitud temerosa. Maestra con las katanas, shurikens, kunais y nunchakus.

Distrito once. Elegido masculino: Iván Braginski. Un mastodonte –más alto que Ludwig y eso es decir mucho –rubio cenizo, ojos violetas y una sonrisa que daba miedo. O al menos a mi me daba miedo. Podría levantar lo que quisiera sin esfuerzo y era bueno para golpear lo que quieras con lo que sea… aunque a mitad del entrenamiento se hizo de un grifo que blandeó con felicidad insatisfecha.

Distrito once. Elegida femenina: Emily F. Jones. De La edad de Paola, solo que ella era el opuesto. Rubia, ojos azules y tez clara. Le gusta reír y se ve buena chica. No la veo como alguien letal, pero no puedo dejar de ver a Paola reflejada en ella. Supongo que pasó por lo mismo que Paola, solo que ella se quedó parada en el ayuntamiento de su distrito, sin nadie que fuera como voluntario para salvarla… la vida es cruel…

En eso estaba pensando cuando veo algo por el rabillo del ojo por unos segundos.

-Parece que tienes una sombra- dijo Ludwig sentándose a mi lado y observando las pinturas enfrente de nosotros, en la estación de camuflaje. Tomó un poco de pintura verde, hecha con pasto machacado y se puso a pintarse la mano sin decir mucho.

-¿Por qué lo dices? –le pregunté adueñándome de una pintura gris lodo.

-Emily no te ha quitado la vista de encima. Siempre va a las estaciones que intentas después de que cambias.- comentó Ludwig mientras batallaba con el camuflaje.

-En ese caso también tienes tu una sombra- refuté al ver las dagas… miradas de los Profesionales encima de nosotros. –Sadiq y Jorge han de estar vigilando nuestros movimientos. –Alzo mis brazos que están pintados para fusionarse con una roca y me cubro la cara- Ya no estoy –dije en son de broma, haciendo que Ludwig riera por lo bajo, y otra risita a lo lejos sonara. Emily me empezó a caer bien. -¿sabes pelear con una lanza?

-No…

-Mañana te enseño-le dije al ver que la entrenadora nos estaba llamando. Medio nos quitamos el camuflaje de encima y fuimos a donde estaban reuniéndose. Hubo otro sermón sobre lo de usar nuestro tiempo para aprender algo de utilidad y demás antes de que nos dejara regresar a nuestro piso. En el área de los Creadores de Juegos, todos comían y bebían y socializaban como si no importáramos. No me sorprende, la verdad. Para ellos solo somos unos jugadores más. Esto solo era una formalidad que ignoraban y le restaban importancia.

Así fue el resto de la semana. Bajar a entrenar, parecer o ser mediocres en el entrenamiento. Subir, dar nuestro reporte a Gilbert y Emma, comer, dormir, despertar, desayunar, entrenar y así hasta el viernes, que fue nuestro último día de entrenamiento grupal.

El sábado, en el pasillo que conectaba el elevador con la sala de entrenamiento, nos obligaron a tomar asiento mientras que uno por uno entrabamos al entrenamiento individual, donde los Creadores de Juegos estarían al tanto de nuestras habilidades y nos evaluarán. En la tarde se dan a conocer las calificaciones, siendo un uno la peor calificación y doce la mejor.

Fueron las horas más aburridas de mi vida. Como iniciaron con el primer distrito, se tomaron su tiempo hasta que quedamos Ludwig y yo solos en el pasillo.

-¿Listo para entrar? –le pregunté después de ver a Emily entrar- ¿Piensas hacer volar pesas por el aire?

-No sé, si no me pondré a aventar lanzas- dijo rascándose la nuca y mirando la puerta

-me pondré un camuflaje y dispararé flechas a diestra y siniestra –comenté a pesar de que no sabía qué era lo que iba a hacer.- Seré un arco y flecha flotantes

-Lo serás-dijo Ludwig divertido. En eso Emily salió muy sonriente y le dijo a Ludwig que esperara su turno. A los cinco minutos la puerta se abrió por si sola y Ludwig entró.

Así que me quedé más sola que un calcetín sin su par. Me puse a contar los azulejos del piso y luego a buscar patrones en la pared. Media hora después Ludwig salió con cara de perturbado, y me dijo lo mismo que le dijo Emily antes de caminar patosamente al elevador y desaparecer. En vista del éxito obtenido, me puse a pensar sobre la inmortalidad del cangrejo hasta que me llamaron.

La Sala de Entrenamientos se veía igual, y los Creadores de Juegos estaban charlando tranquilamente en su pared. Sin hacer mucho barullo, me acerco a la estación de Arco y Flecha, tomo un arco y un carcaj y me dirijo al centro de la sala. Miré alrededor hasta encontrar uno de los monigotes de entrenamiento. Alcé el arco, puse una flecha, pero sabía que algo andaba mal. No me esperé tanta rigidez en el arco y la flecha terminó incrustada en el brazo del monigote. Instantáneamente preparo otra flecha y vuelvo a disparar. En el blanco. Sonreí y me volteé para ver a los Creadores.

Estaban más interesados en el banquete que tenían enfrente. Idiotas. Tomé una lanza, la dejé en el suelo, me hice de otra flecha y disparé justo en la manzana del puerco que planeaban comer. Segundos después, una lanza hizo voltear el puerco en la mesa. De la conmoción uno de los Creadores se cayó en el ponche y varios más se dejaron caer en sus sillas.

-Gracias por toda su atención –dije dejando el arco y el carcaj en su lugar mientras salía de la sala hecha un manojo de furia.