Hoy terminé mis examenes importantes, así que ahora tendré más tiempo para escribir! Con suerte también actualizaré el resto de las historias que puedo continuar.

Game Over: Luchando para Sobrevivir

Capitulo 5

¡Hm! Valiente salida, me reproché. Si no había metido la pata antes, hoy la metí hasta el fondo. Si no fuera tan temperamental no me metería en tantos problemas.

-¡Cariño! ¿Cómo te fue? –preguntó Emma desde el sofá. Me encojo de hombros y me dejo tirar a su lado. Gilbert, Ludwig y ella me miran expectantes.

-¿Cómo le fue a Lud?-pregunté yo intentando desviar la atención. Los tres se miraron entre sí.

-Hice lo que te comenté-fue lo que me dijo Ludwig antes de que me tocara explicar el disparate que hice.

-Estoy segura de que lo hiciste bien-dije antes de pararme, palmearle el hombro y huir cobardemente a mí recamara. Me quedé ahí hasta la hora de la comida. Al salir vi que todos estaban reunidos, hasta los maquillistas y modistos… ¿por qué me hacen esto?

-¿Y bien, nena? Cuéntanos que magia hiciste en tu entrenamiento- me pidió Feliks sentándome a un lado suyo y sirviéndome un poco de cordero.

-Pues usé arco, flecha y lanza- dije titubeante, ayudándome a una taza de chocolate caliente aunque no iba con el cordero. Todos me miraron y me sonrojé por la atención –Digamos que… les lancé una flecha y una lanza…

La reacción fue casi inmediata. Emma gritó de horror, coreada por los maquillistas y Ausra. Feliks estaba boquiabierto y Gilbert soltó una estridente carcajada.

-¿Qué?

-¡¿Cómo se te ocurre atacar a los Creadores de Juegos?

-¡Kesesesese!

-Bueno, no los ataqué, por así decirlo… lancé una flecha a una manzana y una lanza a un puerco. Nada más. –me excusé dándome el lujo de cruzar los brazos indignada. Feliks se unió a las risas de Gilbert y Emma estaba al borde del desmayo. –Y luego me fui.

-¿Te fuiste sin que te dieran permiso? –murmuró Emma, blanca como la cera. Asentí sintiéndome terrible.

-¿Qué les dijiste?

-¡Gilbert!

-Les dije "gracias por su atención"…

Más carcajadas por parte de Feliks y Gilbert, y una risa pequeña de Ludwig. Hombres. Emma estaba al borde del soponcio así que le pasé una taza de chocolate. Ausra y mis maquillistas se veían anonadados por la situación. Me dediqué a ignorar a todos, me serví más comida, tomé mi plato y me dirigí al tejado, ya que Feliks nos había dicho como llegar y como no estaba tan controlado como el edificio en sí. Me senté en el piso y me dispuse a comer tranquilamente.

-Hallo- alguien dijo detrás mío. Ludwig se sentó a un lado y se puso a mirar el cielo estrellado. - … Dos días más…

-Lo sé… -dije dejando el plato vacío de lado. Alcé la vista y me puse a buscar a Venus.

-Creo que me debes un par de explicaciones. –murmuró Ludwig siguiendo mi mirada hacia el infinito. Yo seguía buscando a Venus, tal como me dijo mi mamá –Lo de la Servus…

-Cazando, Luciano y yo vimos como la capturaron… ya hablé con ella, o algo así y me disculpé por no ayudarla. Me dijo que no había problema, ella no quería que termináramos como ella o su pareja, quien murió. –dije, sintiéndome mejor después de sacarme esto del pecho. Ludwig solo se limitó a asentir por unos segundos. - ¿Y a ti que es lo que te molesta?

Nos quedamos unos segundos callados. ¡Oh~ encontré a Venus!

-¡Itz! ¡West! Ya van a dar las calificaciones. -Ludwig ya iba a decir algo más cuando la puerta del tejado se abrió y un totalmente ebrio –para variar y no perder la costumbre –Gilbert nos llamó. Ludwig tomó mi plato y regresamos al edificio.

En la sala, Emma miraba impaciente el televisor mientras que Ausra intentaba tranquilizarla. Feliks sonreía de oreja a oreja mientras se arreglaba las uñas y platicaba con Yan. En la televisión apareció Veneciano Lombardi, era el presentador de las Olimpiadas oficial. Su cabello era tono cobrizo, sus ojos avellana destellaban con alegría, su piel claramente tostada contrastaba con el cabello cobrizo.

-Buenas noches, Hetalia, me enorgullece presentarles las calificaciones de los Elegidos, quienes hoy rindieron su entrenamiento individual. Recuerden que todo lo que pasa en el entrenamiento es confidencial, y no será desglosado al público. Empecemos con el distrito uno… Jorge Núñez del León, 9. Françoise Bonnefoy, 9. Distrito dos, Sadiq Adnan, 10. Bastet Muhammed Hassan, 10.

Blah, blah, blah. Me dije mentalmente, sé que debía poner atención pero siempre era lo mismo con los profesionales.

-Toshiko Honda, 5.

¿Cinco? ¡La chica era una ninja! De seguro se hará la inocente y débil, como pasó hace unas Olimpiadas atrás, donde la campeona usó esa estrategia. Me pregunto si todavía no es muy tarde para jugar esa carta… Itzel, ¿en qué estás pensando? ¡Enfócate en lo que hay en la televisión!

-Distrito once, Iván Braginski, 10. Emily F. Jones, 7. Distrito doce, Ludwig Beilschmidt, 8. Itzel Sánchez, 11.

Pellízquenme.

-¡Auch! ¡Feliks!- grité al recibir un pellizco en mi brazo. Tengo que dejar de pensar en voz alta.

-¡Mi carboncito en llamas consiguió un once! Como que, los derrotaste a todos –Feliks exclamó abrazándome y dando saltitos, a los que se unió Yan y Emma. - ¡Y mi carbonzote rubio un ocho! –me soltó para intentar abrazar a un Ludwig siendo apapachado por un ebrio Gilbert que coreaba "¡Westo! ¡Itzy! ¡Westo! ¡Itzy!". Gilbert soltó a Ludwig, quien cayó preso al ataque rosa de Feliks, para abrazarme y besarme en ambas mejillas.

Más brindis hubo esa noche. Más festejo, más todo. Me fui a dormir más temprano, pero en vano. No lograba conciliar el sueño. Ese once era estúpidamente inesperado, que todavía no me lo creo. Todavía amodorrada pero sin poder dormir me dirijo a la sala, pero algo me distrae. La puerta que lleva al tejado estaba emparejada. Y la curiosidad mató al gato.

-Hola dormilón-dije al ver a Ludwig recostado en el techo. Me fui a sentar a un lado suyo, y me puse a jugar con una piedrita, haciéndola rebotar en el campo de fuerza que había alrededor del edificio, para que los elegidos no se fugaran o intentaran suicidarse o algo. –Creo que me debes una charla ¿Qué te molesta?

-hm… -gruñó ligeramente y me invitó a recostarme en su chamarra. Tomé la chamarra, la hice bolita y la use a modo de almohada- Es difícil de explicar.

-Soy toda oídos

-Simplemente… quiero que las olimpiadas no me cambien.

-… depende del contexto

-Eso lo sé. Gott… ¿Cómo explicarlo? No quiero ser un peón en este juego Itzel. Quiero seguir siendo yo a pesar de lo que pase en el estadio. Mantener mi esencia

Otro silencio se sentó entre nosotros. Me puse a tararear en lo que sopesaba sus palabras.

-Creo que te entiendo-murmuré fijando mi vista en Venus, lo único que me ataba con mi mamá y Paola. –Había una vez, hace años, quizá un par de siglos atrás, donde el mundo estaba poblado en casi cada rincón, había cientos de países, cada uno con algo que los hacía únicos. Cuando estos países entraron en guerra por tercera vez… bueno, la tercera es la vencida… todo como se le conocía desapareció. Civilización cambió radicalmente. Los supervivientes se reunieron en uno de los países, o lo que se consideraba en aquel entonces un país, y formaron un nuevo país, Hetalia. Como un fénix, la humanidad renació.

-¿Esto que tiene que ver…?

-¡Shh! Todavía no termino –dije, enojada por la interrupción- bueno, se rumora que los países tenían en su tiempo, una representación humana, quienes perdieron su limitada inmortalidad para crear Hetalia, que no tuvo su representación. Esos seres vieron como lo que quedaba de sus gentes, junto con ellos, eran divididos en trece distritos y una capital. Pocos de estos seres se juntaron y tuvieron familia, por fin una familia normal para ellos, y se encargaron de que la historia pasara de generación en generación. Por medios de la reproducción, sus genes se han diluido, y la historia es casi olvidada.

-¿Y me estás diciendo esto porque…?

-Tengo que decírselo a alguien. Por si algo pasa –nos volvimos a quedar callados- ¿te puedo decir Lud? Es que Ludwig se me hace difícil.

-claro- lo sentí asentir al lado mío- ¿Te parece Itz?

-Sí, solo no enfrente de mamá –dije divertida –Itz en maya significa bruja. Maya es un idioma muerto, de antes de Hetalia. En cambio, Itzel deriva de Ixchel, el nombre de la diosa maya del amor, gestación, luna y medicina. Lo cual es curioso porque mamá es una experta en botánica.

-Eso es algo muy conocido en el distrito –murmuró Ludwig, mirando hacia el cielo. Yo volví a fijarme en Venus. –Será mejor que nos vayamos a dormir.

Dicho eso, se levantó y me ayudó a pararme, tomé su chamarra y volvimos dentro. Nos despedimos en el pasillo y cada uno se marchó a su cuarto.

Tengo su chamarra… Mañana se la devuelvo. Me prometí antes de olerla. Lluvia y pan recién horneado… maldito… pero no creo que importe que se quede en mi cuarto una noche.

Sobra decir que amanecí abrazada a la chamarra. No, no me estoy sonrojando. Corro a arreglarme, ya que hoy me iban a dar una clase intensiva en contra del pánico escénico, porque esta tarde-noche va a ser la entrevista a nivel nacional, en vivo y a todo color y mañana ya entraré al estadio. Me visto en algo cómodo y mi estomago hace su petición de romper el ayuno. Salgo con la chamarra en mano, que al salir dejo en un sofá, queriendo evitar el momento de entregarla, cuando noto algo. Todo estaba callado. Le resté importancia y me fui al buffet a servirme mi desayuno. Cuando llegué a la mesa, la tensión entre Emma, Ludwig y Gilbert se podía rebanar con una hoja de papel.

-Buenos días, ¿Cómo amanecieron? –dije al ver sus expresiones serias. Me dieron los buenos días y se miraron entre ellos.

-Hoy Emma va a entrenar contigo- dijo Gilbert rascándose la nuca. Perpleja, alcé una ceja- Ludwig pidió que desde hoy se les entrenara por separado. Cuando termine con Ludwig entrenaré contigo.

¿Ah sí? ¿Con que ese es el jueguito que quiere jugar? ¿Actuar ser amigos y al último día voltearme la cara y si te veo no te conozco? ¿Pues sabes qué? Dos pueden jugar este juego, Ludwig Beilschmidt, y sé que cartas jugar.

-Oh… me parece bien. Como ustedes prefieran –dije fingiendo una sonrisa y seguí desayunando, pero se me había ido el apetito por completo.

Después del desayuno Emma me llevó a mi cuarto, me puso un vestido largo cualquiera y unos tacones que daban miedo y que parecían armas mortales de lo puntiagudo y altos que estaban. Ella y Feliks podían dar circo, maroma y teatro en esas trampas mortales, y se encargaron de mostrarlo.

Anduve el pasillo de las habitaciones en tacones treinta y ocho veces hasta que tuve la postura, sonrisa, mirada y paso correctos. Cosa casi imposible mientras intentaba alzar la falda y los gritos "¡No más allá de los tobillos (aru)!" eran repartidos a diestra y siniestra. Luego se deshicieron del vestido (gracias al cielo) y me enseñaron a como andar en tacones en caso de que Feliks decidiera cambiar de ropa para mí. Es más sencillo andar con un vestido que no es diez centímetros más largo de lo que necesitas. En tres horas, podía trotar –no correr –en tacones, saltar y bailar en ellos sin quebrarme tobillos u otros huesos importantes.

-¿creen que me dejen llevar tacones al estadio? Con el tacón de aguja puedo matar a quien quiera…

-No, pero si quieres te mando unos y serás el hazmerreír del país- comentó Gilbert apareciendo en el pasillo, me tomó del brazo y me indicó una puerta en la que nunca había entrado. Me quité los tacones mortíferos, se los di a Emma y seguí a Gilbert dentro de la habitación.

-Ok, polluelo, tenemos que encontrarte un enfoque, durante la entrevista. ¿Cómo quieres verte frente a las cámaras? Sexy, atractiva, inocente, inteligente, capaz… Tenemos que pulir esa actitud gruñona que tienes.

-¡No soy gruñona! –exclamé haciendo un mohín y cruzándome de brazos. Gilbert me lanzó una mirada sarcástica –Bueno, ya… ¿Qué tenemos bajo la manga?

-Está todo el drama con tu hermana. Actuar la chica que ama a su familia.

-Amo a mi familia.

-Bueno, eso es más que obvio.

-¿Entonces?

-Pichón, no te me encrespes.

-No me enojo, simplemente estaba diciendo algo…

Y estuvimos dos horas peleando por menudencias triviales. Desesperado, Gilbert salió fúrico de la habitación y yo me fui a mi cuarto, donde mi trío de maquillistas estaban listos para hacerme decente para la entrevista. Yan, Mei y Yong Soo platicaban emocionados sobre la entrevista, mientras recordaban las de años anteriores mientras me hacían un tocado y me pintaban la cara. A medio cambio entró Feliks y se puso a ayudarlos con mi maquillaje de ojos mientras mis estilistas platicaban y Feliks explicaba de vez en cuando lo que decían y no entendía.

-Mei, Yong Soo, por fa- dijo Feliks mientras abrió mi closet. Los mencionados se fueron y Yan me despojó del albornoz que me cubría en lo que Feliks hizo aparecer uno de los vestidos más increíbles que he visto.

El corsé era negro, sencillo y dejaba mucho a la imaginación, o mejor dicho, no enseñaba mucha piel, cosa que me alegró. La falda era negra con bordados morados de unas hojas y ramas que culminaban en flores de cempasúchil a las rodillas, separando la tela morada de abajo. Las flores bajaban hasta pequeña cola del vestido, cubriendo el tul por la parte de atrás. De zapatos, me puso unos tacones cerrados negros de dos centímetros, nada comparado con lo que había estado usando toda la mañana. Finalmente, para compensar la falta de mangas o cualquier cobertura de las axilas para arriba, una mañanita tejida (o torera) en negro.

-Como que Yan y yo hemos hecho nuestra tarea -dijo Feliks presumiendo el vestido antes de ayudarme a ponérmelo- Este tipo de ropa es de ufff, muchísimos años atrás, antes de Hetalia.

-Sí, aru. Feliks, Ausra y yo nos hemos esforzado para traer conjuntos de antes de Hetalia de regreso a la moda. Como mis vestidos orientales, aru –dijo Yan dando vueltitas en sus zapatillas de tela. El vestido que tenía era ceñido, en tonos azules, con una abertura desde el muslo en la pierna derecha, y un cuello alto. Las mangas eran larguísimas, escondían las manos de Yan y lo que fuere que hubiera dentro.

-Osea, la moda retro está de regreso-dijo Feliks subiendo la cremallera del vestido- Ven a verte en el espejo querida.

¡Oh por Dios! Esa no podía ser yo. Tenía poco maquillaje en la cara, una sombra morada muy tenue, y en cada sien tenía pintada alitas de ave color naranja. El cabello estaba recogido en un complicado tocado, con flores de cempasúchil falsas y un gran cairel natural caía en mi hombro izquierdo.

-Wow… -suspiré, me veía increíble. –Es… wow…

-Cariño, ¿estás lista?-preguntó Emma entrando al cuarto antes de exclamar- ¡Estás hermosa! –se llevó las manos a la cara de la emoción y dio un par de saltitos –Bueno, wow, tenemos que irnos.

-Sí, um, un momento y los alcanzaré en el elevador-le dije a Emma, quien asintió y su exótico vestido verde mayate desapareció junto con ella. – Chicos… soy un asco para ganarme la audiencia –dije diciendo la verdad según Gilbert. Yan suspiró y Feliks solo sonrió- ¿qué hago?

-Pero carboncito, osea, no te preocupes, como que yo y, si logro hacerlo, Yan estaremos en el balcón de los modistos y como que tendrás posibilidades de vernos. Así que tendrás que imaginar que estás como que hablando totalmente con nosotros.

Y con estas… ¿sabias? palabras de mi modisto, salí de la habitación escoltada por Feliks y Yan hasta el elevador, donde solo Emma me esperaba. Ella me apuró a entrar al elevador, que nos bajó a uno de los pisos subterráneos que servía como conexión del Edificio de juegos a la explanada especial donde se llevan a cabo las entrevistas. El viaje no duró ni cinco minutos, y me di cuenta que nos separaban por sexo, ya que había una puerta para las elegidas y otra para elegidos. Me eché a correr por el pasillo designado para las chicas, hasta que llegué tras bastidores. Ahí me mandaron a formarme en la línea donde estaban la gran mayoría de los elegidos, primero la chica y luego el chico. Ugh, tanta división para nada. Miré alrededor, todos tenían ropas que les atribuía de maravilla. Para los hombres casi todos usaban un aire temible, pero no sorprendía, ese era el usual enfoque con los hombres. En cambio había variedad con las chicas, por eso éramos las primeras en pasar de nuestro respectivo distrito. Françoise tenía un vestido rojo sexy, Bastet tenía un vestido simple blanco con un cuello en dorado, dándole un aire místico, o egipcio, era la palabra adecuada. Sí, me había puesto con Feliks a estudiar sobre los tiempos antes de Hetalia… espero que no sea contra la ley. Oh~ Toshiko tenía un kimono rosa adorable. Sin duda era ninja, les digo, ninja. Y finalmente, Emily, ¡se veía tan adorable! Tenía un vestido azul cielo, con dos broches rojos en su cabello rubio trigueño y de los hombros le salía una capa roja, como si fuera una superhéroe. Tan linda~ Lástima que la figura intimidante de Iván me impidiera hablar con ella. Y hablando de rubios mastodontes… ¿Dónde estaba mi rubio mastodonte que tengo como compañero en estas sangrientas olimpiadas?