Ya he vuelto de mis vacaciones! Diez días moviditos, con sorpresas bonitas y otras no tan bonitas. Y yo que quería desconectar… y aun sin tener internet, al mobil casi le sale humo XD.

En fin, como lo prometido es deuda, y no pude subir el finde pasado (porque me dejé el ordena en el camping) subo dos capítulos. Disfrutadlos ^^

Disclaimer: SE no es mio y bla, bla, bla, bla.


Cap10: Cosplay

-Maka-chan, despierta.

-Cinco minutos más…

-Si te dejo cinco minutos más no llegaremos a tiempo. ¡Arriba! –Liz le quitó las sábanas y la obligó a levantarse.

Maka aun dormida se dirigió al baño. Habían cogido el primer avión que encontraron que viajara hacia donde se encontraba Soul. Llegaron de madrugada y se hospedaron en un bonito hotel no muy lejos de la mansión de los Evans. En cuanto acabó de ducharse, Liz irrumpió en el baño para asearla. Le secó el pelo, la peinó, la maquilló un poco, la vistió y le puso una peluca.

-Las lentillas me las pongo yo. –advirtió Maka

-Está bien…

Liz se retiró y dejó a la rubia combatiendo contra las lentillas. Todo formaba parte de un plan urdido… por Liz. Ella quería ver como Maka irrumpía en la iglesia e impedía la boda. Pero en cuanto le explicó lo que la madre de Soul había hecho para llevarse a su hijo, entró en razón y pensó en algo un poco más discreto. No tenían licencia para eliminar a todo un ejército de seguratas armados aunque fuera para rescatar a una Guadaña Mortal. Así que, el nuevo plan consistía en infiltrarse en la mansión, encontrar a Soul y sacarlo de allí a hurtadillas para volver a Death City… antes de que se celebrara la boda.

Y la única manera de entrar en una mansión altamente vigilada sin levantar sospechas… era hacerse pasar por sirvientas. Antes de marcharse del apartamento de Soul y Maka, la señora Evans en un gesto de arrogancia, dejó un vestido de criada de la familia al lado de la rubia como dándole a entender que la única forma que tendría de ver la boda era venir vestida de esa forma tan humillante. Ahora ese gesto de superioridad sería su perdición. (O eso imaginaba Liz). Además, una vez Maka estuvo inconsciente le había robado el anillo de compromiso que Soul le había regalado.

Gracias a que la señora Evans había dejado una muestra del uniforme oficial de las criadas de la familia, Tsubaki y la mayor de las Thompson se pusieron a hacer copias para poder infiltrarse ellas también. Black Star y Kid lo pasaron un poco mal cuando a Liz se le pasó por la cabeza infiltrar también a los chicos y hacerlos pasar por chicas. Gracias a Dios desistió al ver que Black Star no era precisamente el más indicado para una misión silenciosa.

Tuvieron que ponerse peluca y lentillas para nadie de la familia las reconociera. Una vez listas subieron a la azotea. Liz y Patty se convirtieron en pistolas y Tsubaki en un discreto cuchillo ninja. Maka las cargó a todas y vigilando a los guardias a la distancia (el hotel estaba en la acera de enfrente de la mansión Evans) sobrevoló la mansión y aterrizó con discreción en uno de los balcones. Como habían abierto las ventanas para que las habitaciones se ventilaran para estar listas para los invitados, se pudieron infiltrar por el mismo cuarto de Soul.

-Ei, Soul

Pero allí no había nadie. El pijama estaba encima de la cama desecha y el armario abierto de par en par. Las sábanas estaban algo templadas por lo que Soul hacía poco que se había despertado.

-¿Esta es la habitación de Soul-kun? –preguntó con curiosidad Tsubaki volviendo a su forma humana.

-Eso parece… tiene hasta un piano en su propia habitación. –dijo Liz mientras, después de imitar a Tsubaki, pasaba sus dedos por la tapa del teclado.

-Pero no está. Se debe haber ido a desayunar. –sonrió Patty hiendo al lado de su hermana

De repente escucharon pasos que se acercaban y empezaron a ponerse nerviosas. ¿Qué dirían para justificar que estuvieran allí? Casi sin pensar empezaron a recoger el desperdicio que había hecho Soul, hacer la cama, plegar el pijama, ordenarle los papeles del escritorio… lo que fuera con tal de disimular.

Y lo que más temían sucedió. Fuera quien fuera el que se acercaba iba entrar en esa habitación y abrió la puerta sin llamar.

-La señora nos ha mandado limpiar los aposentos de su hijo… -saltó nerviosa Tsubaki.

El visitante se quedó en la puerta pestañeando sin comprender. Recorrió con la mirada a las cuatro chicas y se fijó en la que estaba plegando el pijama. Tenía el pelo muy largo rubio y suelto y los ojos azules (rasgos propios de una chica de origen americano). Pero no tenia tanto pecho como las norte-americanas y esa cara… le resultaba familiar.

Maka pestañeó sorprendida y se alivió de golpe.

-Wes… ¿Dónde está Soul? –le preguntó dejando el pijama del chico en la cama de cualquier manera.

-¿Maka? Ya decía yo que esas caras me sonaban. –Sonrió el albino -¿Pero que os habéis hecho?

-Es una peluca y unas lentillas. –explicó levantando un poco la peluca para dejar ver su autentico pelo. –Queríamos pasar desapercibidas…

-¿De dónde habéis sacado los uniformes?

-Tu madre me dejó uno antes de llevarse a Soul. Seguramente le hacía ilusión verme de chacha de la casa para poder darme con el látigo.

-Mamá no sé, pero yo sé de uno que no le importaría… -carraspeó –Y hablando de mi hermanito, si lo estáis buscando está abajo en una de las habitaciones. Le están torturando un poco.

-¿Torturando? –se escandalizó Tsubaki

-Así lo llama él. Tan solo le están probando el traje… Y necesitan ayuda. –dijo sonriendo.

Wes se adentró en el cuarto del chico y le rebuscó en el armario en busca de una camisa. Las chicas dejaron lo que estaban haciendo y siguieron al albino. Bajaron las escaleras. Wes se paseó por Salón-Comedor dando directrices y ordenes a las múltiples criadas y chicas de catering que circulaban por allí. Desde el color de las servilletas, pasando por el diseño y tipo de vajilla y cristalería, hasta el numero de criadas presentes o la cantidad de comida que había que traer.

Después de haber lidiado con prácticamente todo el personal allí presente las llamó para que le echaran un cable. Cada una de ellas cogió un perchero con ruedas donde había infinidad de trajes. Wes aun agarró unos cuantos que no cabían en los carritos, salió del Salón, cruzó el pasillo pasando de largo por la escalera, llamó a la puerta con dificultad y la abrieron desde dentro.

-He venido a salvarte hermanito. –anunció Wes con una sonrisa.

-¿Harás tu de maniquí por mi? –preguntó él esperanzado mirando a su hermano a través del espejo que tenía en frente.

-No. Yo tengo más talla que tu. El traje te vendría grande, pequeñajo. Pero te he traído compañía…

El chico miró detrás suyo por el espejo con cara de resignación y casi de asco. Vio un montón de percheros llenos de más trajes que debía probarse.

Las chicas entraron empujando los percheros. Habían entrado en una sala muy espaciosa. Sillas y banquillos por doquier. Algunas mesas con costureros y máquinas de coser. Rollos de tela apoyados en las paredes. Retales de tela y trozos de hilo esparcidos por el suelo. En medio de ese caos un pequeño podio donde Soul estaba de pie, de espaldas a la puerta, frente a un espejo de biombo y en pose espantapájaros. A su alrededor un hombre alto y delgado: el modista, que tomaba medidas y cogía los trozos sobrantes del traje con alfileres.

Wes dejó lo que llevaba en brazos encima del respaldo de una silla y se acercó a su hermano.

-¿Para qué me has traído mas trajes que probarme? ¿No bastaría con escoger uno al azar y fin de la historia?

-Tonto… ha de ser un traje que te quede perfecto. Y que le guste a la novia…

-La novia no está aquí… -murmuró

Wes arqueó las cejas con expresión de "¿A no?". Soul captó esa mirada significativa pero no entendía lo que le intentaba decirle y frunció el ceño por respuesta. Wes suspiró y sonrió.

-Hombre de poca fe, en vez de mirar lo horrible que es probarte todos esos trajes quizás encuentres más divertido averiguar qué hay detrás de esa ropa.

Seguía sin entenderlo pero no pudo evitar girarse para ver con sus propios ojos esos percheros con ruedas que acababan de entrar.

-¡Oh! ¡Santa Maguía! –gritó el modista (N/A: imaginaos una voz típica de tío gay y con acento francés) -¡No hay manega de que este chico se esté quieto! ¡Así no puedo haser mi trgabajo!

Miró a Soul con indignación con los brazos en jarra cual madre que reprueba a su hijo.

-¿Por qué no hacemos un descanso? –Sugirió Wes de modo apaciguador al ver que su hermano pequeño fulminaba con la mirada al modista –Ha estado toda la mañana retocando el traje… Lo mejor es que se tome algo para relajarse. –por último de dirigió a su hermano –Tu ves mirando los trajes a ver si encuentras algo que te guste…

Dicho esto acompañó el modista fuera de la sala para que se tomara algo para calmar los nervios.

Soul se quitó la chaqueta del traje con cuidado para no pincharse con el ejército de alfileres que el modista le había colocado y la dejó en el respaldo de una silla. Miró con desaprobación los percheros y antes de que se pudiera acercarse de mala gana para mirarlos escuchó una voz… un tanto familiar.

-Este le quedaría genial

Frunció el ceño y negó con la cabeza espantando pensamientos. Empezaba a imaginarse cosas… como que Liz estaba allí remirando los trajes.

-Con una corbata granate…

Ahora había oído la voz de Tsubaki. Ya empezaba a delirar. Pero obviamente los percheros no habían entrado solos a la sala y que él supiera Wes no sabía hacer magia. Además le había dicho que había "algo" detrás de la ropa. ¿Y si…?

Se asomó por detrás de los percheros y se encontró con un cuarteto de criadas.

-Pues salgamos de dudas y que se lo pruebe… ¡Oh! Soul, genial. Pruébate este. –dijo Liz alargándole el traje con la percha en cuanto vio a Soul.

El chico se las quedó mirando por unos momentos extrañado.

-¡¿Qué demonios hacéis aquí? ¡¿Y con esas pintas?

-Hemos venido a rescatarte –explicó Patty

-Y por eso no podemos perder el tiempo haciendo que se pruebe trajes de boda. –Razonó Maka –Wes nos ha quitado de en medio al modista para que podamos sacar a Soul de aquí.

-Pero por un ratito de más o de menos no pasará nada. Y ya de paso nos lo llevamos con ropa de boda incluida y os ahorráis ese dinero.

-¡Pero eso es robar! –dijo sorprendida Tsubaki

-No. Es coger prestado sin permiso. Luego Soul devolverá el traje. Vamos pruébatelo. –le dijo al chico.

-¿Cómo habéis hecho para mangar estos uniformes y que no os pillen?

Las chicas se miraron.

-Tu madre me dejó uno en casa de recuerdo y entre Liz y Tsubaki hicimos los demás. No los hemos robado. –dijo Maka frunciendo el ceño.

-Sí, son réplicas casi exactas. –se alabó Liz a sí misma.

-Chicas –Wes asomó la cabeza por la puerta –echadme un cable que no puedo solo –y les guiñó un ojo.

Iban a ir todas (Liz no se lo pensó dos veces y fue como una flecha) pero Tsubaki le dijo con una sonrisa a Maka que se quedara.

La hoja oscura cerró la puerta tras de sí. Y se hizo el silencio.

-Me alegra saber que estas bien –dijo Soul

-Solo me aturdieron. La que tuvo más mala leche fue tu madre pero ya se arrepentirá cuando te saquemos de aquí. –de pronto la chica recordó algo y se entristeció un poco. –Esto… Soul, hay algo que he de decirte… estoy…

-Hijo, ¿ya has decidido que traje vas a llevar? –preguntó la señora Evans entrando de sopetón.

Ambos se sobresaltaron.

-He… pensado en probarme este. –dijo Soul disimulando y intentando que Maka pasara desapercibida por su madre enseñándole el que Liz le había dado antes.

-Sí, creo que te favorecería mucho. – asintió con la cabeza mientras lo evaluaba. –Ayúdale a cambiarse –le espetó a Maka.

-Sí, señora –respondió intentando variar su tono de voz para que no la reconociera.

La rubia obedeció enseguida y empezó a desvestir a Soul. Pero al chico no le pereció tan bonita la idea (no al menos con su señora madre observando).

-Mamá ya se cambiarme solo –le recordó

-Ya lo sé. Pero si lo hacéis entre los dos iréis más rápido.

-Bien, pues ya me desvisto yo y que ella descuelgue el traje. –sentenció algo nervioso ante la perspectiva de que Maka pudiera empezar a desabrocharle los pantalones. Ya lo había hecho en anteriores ocasiones, pero habían sido situaciones totalmente distintas y no quería hacer un espectáculo delante de su madre.

La rubia se rió por lo bajo ante la reacción del chico mientras le quitaba la percha al traje que debía darle. Lo primero que el albino le quitó de las manos fueron los pantalones que se los puso deprisa y corriendo. Maka intentaba aguantar la risa por todos los medios posibles como concentrándose en colocarle y abrocharle la camisa.

Pero Soul debía estar bajo los efectos del síndrome de abstinencia (tantas emociones fuertes seguidas son perjudiciales para la salud) porque el simple roce de los dedos de la chica acariciándole el torso lo ponía nervioso. Vale, quizás no fuera solo que tenía ganas de abrazarla fuerte, ¡Es que iba vestida de criada! ¿Qué hombre no ha soñado con tener a SU chica vestida de criada y que "lo pusiera nervioso"? Ahora tenía su sueño hecho realidad… y no podía disfrutarlo.

Mucha frustración en poco tiempo.