Y un nuevo capítulo para ésta bella pareja *3*

¡Muchas gracias a Nats y a Ciel por pasarse a leerme! Me han hecho muy feliz, niñas :3

Disclaimer: Digimon no me pertenece.

Summary: Hasta la luz más pequeña puede brillar en la oscuridad más profunda. Ahogadas en dolor, la luz de la otra puede hacerlas salir de aquel abismo que parecía no tener fin.

* Cantidad de palabras: 487.

* Nombre de la imagen: Mano con sangre sosteniendo un cristal.

* Propuesta por: BlueSpring-JeagerJaques (O sea yop :P)

* Enlace: en el perfil.


Vidrio y sangre

«El manto negro fue desapareciendo. La idea de estar ahogada en agua o de tener una llama viva en mis manos, también».

Sus ojos comenzaron a abrirse bajo los efectos de un color rojizo moviéndose con algo de fuerza y rudeza. La nitidez se apoderó de sus ojos y vio un rostro, moreno y fino mirarla con expresión pálida, como si lo que estuviese apreciando fuese algo preocupante.

¿Me escuchas? ―La oyó decir pero se sentía tan aturdida que no comprendía bien a qué se estaba refiriendo. Se oía distante pero la veía frente a ella.

¿La escuchaba? Por supuesto que sí. Su voz sonaba a un octavo más alto de lo que tendría que sonar.

Intentó moverse, pero su cuerpo simplemente no respondía.

―¡Ey, no! ¡Quédate quieta! ―Volvió a hablar la muchacha de hebras granate y tez morena―. Traeré unas vendas, ¿de acuerdo? ¿Dónde tienes el botiquín de emergencia? Olvídalo, lo buscaré.

Cuando la mujer se levantó, algo le decía que intentara detenerla; no quería que la dejara sola. Hizo un esfuerzo por detenerla con su mano y aunque consiguió moverse un poco, apreció cómo todo su brazo estaba bañado en sangre, su sangre. Aquella imagen fue suficiente para hacerla emitir un gemido de sorpresa, dolor y miedo.

Sus muñecas estaban abiertas y la punta de sus dedos cortados. El pánico la comenzó a bañar y las ganas de dormir se apoderaron de ella. Escuchó algo pesado caer y una maldición profesada por la estruendosa voz de la mujer que la encontró en su bañera, envuelta en su propia sangre.

Se tomó por la pared de la bañera y trató de impulsarse con ella, pero su cuerpo parecía pesar más allá de los cuarenta y cinco kilos que recordaba tener. Miró el piso con gotas rojas y un pedazo de vidrio, saludándola desde la baldosa. Estiró sus dedos hasta él y supo lo bien que encajaba esa pequeña pieza en sus dedos sangrantes.

Recordó el mar oscuro, su deambulación hacia su interior y las ganas de desaparecer. Recordó cómo acabó en esa bañera, con la sangre brotándole como torrentes de sus brazos.

―¡…Maldita sea, traigan su trasero hasta la calle que les dije! ¡Se está desangrando, idiotas! ―Escuchó la voz alterada de su rescatista y pronto la vio entrando de regreso a ella, trayendo ropa a montón. Cimentó sus rodillas en el suelo, manchando su piel tostada con su sangre, pero eso no pareció perturbarla; en cambio, sus ojos estaban clavados en sus heridas abiertas, mientras utilizaba la ropa para detener su hemorragia―. He llamado a una ambulancia; no tardarán en llegar.

Su mirada le fue dirigida y una pequeña sonrisa le dirigió, de esas que te acaban por hacer sonreír también.

―Lamento frustrarte tus planes suicidas, linda ―Recordó entonces a la llama en aquel mar oscuro. Comparó su sonrisa con el fulgor que desprendía el fuego.

Todo regresó a ser negro entonces.