Disclaimer: Digimon no me pertenece.
Summary: Hasta la luz más pequeña puede brillar en la oscuridad más profunda. Ahogadas en dolor, la luz de la otra puede hacerlas salir de aquel abismo que parecía no tener fin.
Nombre de la imagen: Hombre besando a mujer en la sien.
Propuesta por: Scripturiens
Enlace: en el perfil.
Cantidad de palabras: 495.
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No me dejes sola
No importas cuantas veces las enfermeras le digan que no era hora de visitas, porque ellas no comprendían la necesidad que había por verla.
―Por última vez, Motomiya-san, regrese a las ocho, cuando el horario de visita sea permitido ―Habló una de las encargadas, pero Jun sólo podía rodar los ojos, intentando pasar por encima de éstas.
―No puedo esperar. ¡Debo verla ahora! ¿Acaso no entienden que ella está en peligro? ―Decía Jun sin conseguir mucho apoyo por parte de las mujeres delante de ella.
Carraspeó molesta y pidió disculpas en su interior al Señor Kido por si su hijo acabe reclamándole las acciones de su paciente. Jun empujó a una de las mujeres y echó a correr rumbo a la dirección que ya se sabía de memoria. Oía gritos y amenazas detrás de ella. No le importaba. Nadie vio lo que ella vio y no podía permitir que Hikari se volviera a hundir.
Habitación tras habitación, ella buscaba la suya, escuchando pasos detrás de ella. Sonrió al ver el cuarto de Hikari y ya tenía el pomo en su palma, pero la sujetaron un segundo antes de poder abrir la puerta.
Las enfermeras cumplieron su palabra de involucrar a la seguridad del edificio y conforme más se resistía Jun, un deja vú subió a su mente. Ya había pasado por algo parecido. Las ganas de romper en llanto la asaltaron.
―¡Deténganse! ―Una orden fuerte y clara sobrepasó el alboroto. Jun sintió como la presión de manos sujetándola, desapareció y entonces vio a Jou delante de ella, con el semblante preocupado―. Jun, ¿estás bien?
Él sabía lo que implicaba para la Motomiya la agresión de ataduras, la desesperación de verse impedida por una fuerza mayor porque conocía su caso. Ella lo reconoció arrodillado frente a ella, a su altura y no supo por qué, se abrazó a él como una niña. Sintió que la sorprendida no era sólo ella, pues el doctor se quedó estático en su sitio, mas no tardó en corresponder a su abrazo.
―Necesito verla, Jou… ―Susurró Jun, quedito. Él esbozó un suspiro y se separó un poco de ella para mirarla.
―Lo sé ―Le ayudó a ponerse de pie y la llevó hasta el cuarto de Hikari.
Jun no encendió la luz, le bastaba el velador que tenía para apreciar los ojos abiertos de Hikari y la falta de brillo que éstos expresaban. Se acercó a ella y parecía no reconocerla.
―Hikari… ―Susurró y la de cabello castaño parpadeó sin prisa, estudiándola.
Entonces, sintió los finos y delicados dedos de Hikari palpando su rostro, como reconociéndola; Jun esbozó una tonta sonrisa y no le importó lo que Jou pudiera decirle después, con una mano contra la cabeza de Hikari, la levantó un poco y apegó sus labios al sien de la que en cama yacía, consolándose con saber que ella estaba bien, que estaba viva.
―No me dejes sola… ―Escuchó proferir a Hikari en un susurro.
Creo que amo cada vez más a éstas dos, si es posible. Veo a Jou tan hermano mayor y pronto hablaré más del asunto, aunque se pueda apreciar un poco de eso en éste capítulo :3
¡Gracias por leer!
