¡Hola a todos! :3
Muchas gracias por seguirle a ésta historia. ¡De verdad, muchas gracias!
Un agradecimiento especial a Sku, EnPartes y Jacque, cuyos comentarios me han dejado una sonrisa enorme :3
Disclaimer: Digimon no me pertenece.
Summary: Hasta la luz más pequeña puede brillar en la oscuridad más profunda. Ahogadas en dolor, la luz de la otra puede hacerlas salir de aquel abismo que parecía no tener fin.
Nombre de la imagen: Escaleras de las profundidades del mar al universo.
Propuesta por: BlueSpring-JeagerJaques.
Enlace: en el perfil.
Cantidad de palabras: 500.
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Atlántida
Jou sonrió cuando pasó delante del cuarto de Hikari. No podía evitarlo al ver a las dos jóvenes acostadas en la cama del hospital; a la menor, con un libro abierto en su regazo, mientras la otra descansaba su cabeza contra su hombro, atenta a lo que Hikari decía.
Era la primera vez, desde que conocía a Jun Motomiya, que la veía tan quieta y callada, concentrada en algo que no sean sus pinturas. Quizá Jun también estaba mejorando, más allá de terapias, medicamentos o psiquiatras.
―¿No te cansa leer? ―Preguntó Jun y Hikari sonrió sin apartar sus ojos de su lectura.
―No es cansador. Es entretenido ―La miró entonces y Jun gruñó por lo bajo―. Además, has dicho que te gusta Julio Verne.
―Veinte mil leguas de viaje submarino es uno de los pocos libros que me gustaron. Compréndeme ―Dijo divertida, levantándose de la cama para ir a por su mochila―, no puedo estar mucho tiempo callada.
Hikari sonrió a sus palabras y la vio buscando algo en su mochila. Jun le enseñó una esfera de cristal con agua dentro, mientras unas ruinas de carácter clásico y de tamaño miniatura descansaba en el fondo de ésta. Agitó la esfera y el agua dentro movió una cantidad inmensa de arenillas de colores como azul, celeste, violeta y morado.
La castaña admiró el objeto y Jun se lo tendió.
―Muestra clara del por qué me gustó el libro ―Hikari leyó Atlantida escrita en el cristal―. El Doctor Kido me lo trajo como un regalo, aunque estoy segura que era otra de sus disimuladas terapias.
Hikari acercó a sus ojos la esfera y la contempló contra la luz del cuarto. El magnífico juego de colores y el agua le encantaban. Era como ver el universo y un remolino de estrellas circulando, hasta que todo llevaba a un punto. Y en contraposición estaban las ruinas de la Atlantida, admirando el esplendor desde lo bajo, desde lo olvidado, desde las profundidades del agua.
Dos puntos que parecían ser imposibles de unir y, sin embargo, convivían en una esfera.
Jun la miró con duda, pues Hikari no había dicho nada en un buen rato. Su mano viajó hasta la pierna de la joven, por encima de la sábana blanca que cubría sus muslos. La castaña despertó de su ensoñación.
―¿Te preocupa algo? ―Inquirió y recibió una sonrisa y una negación de su parte.
―No…, es sólo que… ―Volvió a mirar la esfera―. Ya no quiero hundirme.
―No lo harás.
Hikari la miró triste.
―No podrás salvarme siempre, Jun…
La de hebras granate bajó la mirada a las manos de Hikari. Sostenía aún la esfera en ellas. Se acercó y cubrió con sus manos las pequeñas de la otra.
―Lo sé ―Hikari la miró―, pero déjame seguir siendo tu escalera hacia la superficie…
Sus labios temblaron tras oír esas palabras. Jun los calmó entonces con los propios y la superficie no era suficiente para Hikari, porque se sintió ir más arriba. Por encima del cielo.
Estoy derrochando azúcar y amors por todas partes *3*
Espero que les haya gustado.
Nos leemos~
