Disclaimer: Los personajes mencionados en la siguiente historia pertenecen a S. Meyer, mientras tanto la historia es mía.

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El retorno del cazador

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Beteado por Mónica Szpilman, Beta Élite Fanfiction.

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Capítulo 02.

Dos semanas después del accidente de Maggie Watson y de la rosa blanca en mi bolso, me encontraba caminando rápidamente hacia el cuarto de la víctima, pues había recibido una llamada diciendo que ella recuperó la consciencia.

En el momento en el que entré a la habitacion donde estaba ella, me encontré con unos ojos verde oscuro. Ella no tenía los ojos de ninguno de sus padres. Le sonreí en el momento en que la vi y ella simplemente me observó, examinándome.

—Maggie, revisaré tus signos vitales, ¿de acuerdo? —inquirí, aún sonriendo.

La revisé y no encontré nada mal en ella. Estaba sorprendida, dado el accidente, pero supongo los milagros existen. Maggie no dijo ninguna palabra durante la revisión, pero sentí su mirada sobre mí. Me estaba estudiando.

—Veo que todo esta bien, sin embargo te mantendremos en observación un par de días, ¿bien? —Le sonreí.

—Está bien, doctora. —Su voz fue rasposa.

Claudia y Ernest -los enfermeros-, entraron y yo salí para dejarlos trabajar. Caminé por el pasillo y de una habitación salió Angela, sonriéndome, pero con sus ojos llenos de cansancio.

—¿Noche dura?

—La peor de mi vida. —Gruñó.

Angela salió mimutos despues del hospital, mientras yo apenas comenzaba. Se escuchaban rumores de que entraría un nuevo médico al igual que una enfermera debido a la jubilación de mucho personal. Lo bueno de que ingresara nuevo personal es que hacían bien su trabajo, pero a los meses decaía mucho.

La mayor parte de mi jornada la pasé visitando a cada uno de los pacientes que me tocaban, entre ellos Maggie que continuaba sin dirigirme una palabra que no fuera una negación o afirmación. No le tomé mucha importancia a ese hecho ya que seguramente estaba en shock tras el accidente.

—Doctora Swan —saludo el doctor Lavat, deteniéndose frente a mí. Él era mi jefe y su jefe era mi suegro, padre de Mike.

—Buenas tardes, doctor Lavat. —Sonreí, pero sentía mis ojos caídos. Estar en un hospital era terriblemente agotador.

—Doctora, mañana llegan los nuevos médicos y enfermeras, cuatro o cinco, probablemente. —Sonrío, pero no sabía a qué se debía que se dirigiese a mí—. Habrá una reunión, doctora, y después se anunciarán a dos doctores de los cuales, según su desempeño en este mes, se le dará un consultorio. Usted es una de las seleccionadas.

Sentí la felicidad bullir por todo mi cuerpo, pero antes de siquiera dejar que llegara a mis ojos, todo se deshizo. Tal vez solo me la daban por mi relación con Mike.

Carraspée y le dediqué una mirada al doctor Lavat.

—Estoy muy feliz de ello, solo espero que no se me esté dando esta oportunidad por mi relación con... el doctor Mike.

—Doctora, quiero que sepa que aquí a nadie se le da nada sin que sea por su propio mérito. Además, aún le falta mucho para ganarla y competirá contra otro doctor igualmente bueno. —La sonrisa en su rostro ya no estaba y me sentí estupida por haber dicho aquello—. Nos vemos mañana, doctora.

—Hasta mañana.

La emoción recorría todo mi cuerpo. Desde que comencé mi relación Mike, había evitado a toda costa que solamente por ser su pareja, me apoyaran en mi desempeño laboral. Quería subir de puesto por mí misma.

La hora de mi salida llegó y rápidamente tomé mis cosas y salí. Llegué hasta mi coche y me detuve frente a él al ver una rosa roja llena de espinas. Era la segunda que me llegaba.

¿Mike? Ya dudaba que fuera él. Quiza algun médico se hacía el chistoso. Tomé con cuidado la rosa y la tiré al suelo. No me interesaban en lo más mínimo.

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Pasé por el colegio de Eli, dándome cuenta que ella ya me esperaba en la puerta junto a unas niñas. Toqué la corneta y ella con una enorme sonrisa corrió hacia el auto.

—¡Mamá! —exclamó y besó mi mejilla, volteándose para despedirse de sus amigas y cerrando la puerta—. Te he estado espelado pol mucho tiempo.

Le sonreí, echando un vistazo al reloj de mi muñeca.

—Fueron solo diez minutos, Eli.

—Fue demasiado. Hoy comienza la selie nueva, ya no la podle ver. —Hizo un puchero y sus verdes ojos se entornaron. Ella era demasiado parecida a él—. Ya es demasiado talde.

—Sí lograrás verla. —Rodé los ojos y justo en ese momento sonó mi móvil. Leí el mensaje y después me dirigí a Eli—. Bebé, Mike acaba de mandarme un mensaje. Ha reservado una cita con la doctora Lewis.

Vi cómo su pequeño ceño se frunció.

—¿Quién es la doctora Le-Lewis?

Le dediqué una mirada y suspiré, sabiendo que no le gustaría nada lo que le diría.

—Es una logopeda. Ella te ayudará a que pronuncies bien las palabras, Eli.

—¡A mí no me gusta! Es tonto. —Agitó sus pies de tal manera que golpeó bruscamente el auto, provocando un fuerte sonido.

—¡Elizabeth! Quiero que te comportes. Justo ahora no eres más que una niñita berrinchuda —la reprendí con mi voz brusca—. Sabes que me molesta cuando comienzas a golpear las cosas.

—Lo siento, pelo yo no quielo il con la lopomeda.

—Es logopeda y vas a ir. ¿Acaso quieres hablar siempre así? ¿No quieres pronunciar correctamente?

—Si quielo. —Vi por el rabillo de mi ojo cómo hacía un puchero—. Si voy me vas al...

—Ni se te ocurra pedir cosas, vas a ir porque es por tu bien. —Giré por nuestra calle y estacioné el auto frente a nuestra casa.

Mientras bajaba, escuchaba lo refunfuños de Eli, mas no le presté atención. Sabía lo que quería hacer, pero esta vez no se saldría con la suya. Ella iría con esa doctora.

Entramos a la casa, encontrando a Alice en la cocina, mientras la televisión estaba encendida. Eli corrió hacia ella y tras saludarla, se fue directo a la televisión, cambiando el canal.

—Hola, Allie. —Le di un beso en la mejilla—. Siento como si hubiera pasado una eternidad sin hablar contigo.

—Lo malo de trabajar —masculló, haciendo un puchero—. Por cierto, ¿que le pasa a Eli?

—No quiere ir con la doctora. ¿Te ayudo con eso? —Le señalé con la cabeza hacia lo que parecían pechugas de pollo en el sartén.

—Yo me encargo de ellas, tú haz la ensalada de verduras. —Sonrió.

Entre las dos terminamos la comida y posteriormente la servimos. Eli estaba brincando por toda la sala mientras veía la televisión.

—Eli, la comida esta servida —anuncié.

Las tres nos sentamos a comer y mientras Alice y yo hablábamos sobre las futuras vacaciones que tomaríamos una vez que Elizabeth saliera de vacaciones, la niña estaba muy callada.

—Mamá, te quielo pleguntal algo.

La miré frunciendo el ceño con curiosidad.

—¿Qué me quieres preguntar, bebé?

—Yo me llamo Losalie, pol tu amiga pelo... —Frunció su cara en una mueca—. ¿Dónde está ella?

Antes de que yo respondiera, Alice lo hizo.

—Cariño, tu mamá y yo ya te hemos dicho que Rosalie, desgraciadamente, murió.

—¿Pol que mulio? —La curiosidad se dejaba ver en sus ojos.

Por tu papá. Fue lo primero que vino a mi mente, pero sacudí esa idea. A veces odiaba la idea de que Eli fuera hija de ese maldito. Y además, era tan evidente que era su hija. Al menos físicamente.

—Ella murió porque... P—Porque así lo que quiso Dios —dije entrecortadamente. Alice parecía haberse quedado sin palabras.

Mi respuesta fue totalmente estúpida, pero tampoco podía decirle a Eli la verdad. Además de que era algo horrible. Su padre fue el asesino.

—Etá bien. —Frunció un poco su ceño y continuó comiendo.

Tanto a Alice como a mí se nos dificultó un poco comer y estar en paz, eso siempre pasaba cuando recordábamos aquellos tormentosos días. Sobre todo por Rose, nuestra mejor amiga. Habíamos ido a esas vacaciones con mucha ilusión y regresamos solo dos, y completamente destrozadas.

La personalidad de Alice fue la que se vio más afectada. Después de todos esos sucesos, ella se había alejado por completo de los hombres y se dedicó a ayudarme con Eli y a trabajar. Ya no salía, y mucho menos hablaba sobre los nuevos hombres guapos de su trabajo.

Una vez terminamos de comer, limpié la mesa y mientras lavaba los trastes, Alice se acercó a mí.

—¿No se te hace raro esa pregunta que nos hizo? Ella jamás pregunta por Rosalie, Jamás sobre su muerte —comenzo Alice y se sento en uno de los bancos altos.

—Supongo que es su curiosidad infantil. —Me encogí de hombros—. Ya sabes, la edad del "¿por que esto...?". Además, Elizabeth es muy curiosa.

—Tal vez tengas razón —accedió y permanecimos en un corto silencio que ella rompió—. ¿Sabes? No hay día que no piense en Rose y en lo que debió sufrir al estar con ese psicópata de mierda.

Mi mente vagó a ese momento en el que Edward sacaba frascos con las partes de mi amiga, además de los corazones que tenía. Las fotografias pegadas en las paredes de aquella cueva.

—Sí... —Suspiré y miré a la única amiga que me quedaba a los ojos—. Edward me enseñó muchas partes del cuerpo de Rose y los corazones de sus víctimas. Fue horrible. Hay veces que sueño con ello. De hecho, hoy tuve una pesadilla.

—¿Qué soñaste, Bella?

—Que estaba de nuevo en Forks y... Eli, gritaba... Era confuso. —Gruñí mientras negaba con la cabeza—. Pero creo que Edward la tenía. Desperté con mucha desesperación y pánico.

—Odio Forks, y odio mucho más a Edward. Me alegro que esté muerto.

—A veces me pregunto, ¿como estaríamos ahora si nunca hubiéramos ido a esas vacaciones? A ese pueblo, más bien. —Pasé una mano por mi rostro.

—Tal vez si no hubiéramos ido a ese pueblo, Rose seguiría viva, sí. Pero posiblemente yo hubiera contraído alguna enfermedad o embarazo no deseado. Y no existiría Eli. —Sonrió—. Y tal vez no lo veamos, pero parte de Rose vive en Eli. Ella no nos dejó. Nos envió a esa niña traviesa.

Sonreí ampliamente. Jamás se me había pasado por la cabeza eso, pero Alice tenía mucha razón. Parte de Rosalie, vive en Elizabeth. Rosalie Hale nunca nos ha dejado y es porque vive en mi hija.

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Tomé con un poco más de fuerza la pequeña mano de Eli, quien intentaba zafarse de mi agarre para salir corriendo.

—Deja de jalarla, te lastimaré —le susurré mientras caminábamos por el pasillo para dar vuelta en donde se encontraba de la doctora Lewis.

—Yo te dije que no quelía venil —lloriqueó, aún intentando sacarse de mi agarre.

—Es por tu bien y lo sabes. Compórtate, Elizabeth.

Se quedó quieta al escucharme decir su nombre completo, sabiendo que ya me estaba enojando con ella. Me iba a sentar justo cuando un hombre pasó por mi lado y golpeó fuertemente mi hombro. No me dolió, pero sí me sorprendió. Él podía haber pasado lejos de mí, y al parecer lo había hecho a propósito.

Lo miré con el ceño fruncido, pero continuó caminando. Ni siquiera le vi el rostro. Gente grosera.

La mujer en el escritorio, rubia, miró hacia mi dirección, sonriendo.

—¿Señora Swan? —Asentí y se puso de pie—. Puede pasar, aunque solamente dejará a su hija, pero de todas formas la doctora quiere hablar con usted.

—Gracias.

Tomé la mano de Eli, casi arrastrándola hacia el corto pasillo hasta llegar a una puerta roja entreabierta. Cuando entré, vi a una mujer joven de cabello rojizo oscuro que me observaba con una sonrisa amigable.

—Buenas tardes, doctora Lewis —saludé mientras ella caminaba hacia mí.

—Buenas tardes, doctora Swan. —Su sonrisa se hizo más grande y vi que sus ojos eran muy oscuros, casi negros—. Ella debe ser Elizabeth Swan. Mike me ha hablado un poco de ustedes.

Al escuchar el nombre de Mike, una sonrisa se dibujó en mi rostro.

—Sí, ella es Elizabeth. Es un placer conocerla, aunque Mike ha dicho que es una gran logopeda y en verdad espero ayude a mi hija.

Di una breve mirada alrededor, viendo juguetes y fotos, como en la mayoría de los consultorios. Una de ellas captó mi atención; era la mascota de Mike. Su maldito gato, para ser exactos. ¿Qué tan cercanos eran?

—Por supuesto, pero no solo depende de mí, tambien depende de la niña. —Sonrió y dirigió su mirada hacia la foto—. Ah, veo que has visto la foto de Scott. Sé que...

—¿De dónde conoces a Mike y porqué tienes una foto de su gato?

No estaba celosa, solo curiosa. Bueno, puede que un poco celosa, pero era un poco extraño que ella tuviera una foto del gato de mi novio. No sabía dónde me encontraba y Mike no había hablado mucho de ella, salvo que es una gran logopeda.

—Tranquila. Es solo... una foto —comenzó, moviendo sus manos nerviosamente y vacilando su sonrisa—. Scott era mío, pero decidí dárselo a Mike. Yo no podía cuidar de él.

—¿Y qué pasó? —inquirí, alzando las cejas.

—Creo que debería empezar con la terapia de Elizabeth, ya que tengo más pacientes. Si usted quiere saber más, debería preguntarle a Mike.

Me relajé un poco y estuve de acuerdo con ella. Yo solamente le estaba quitando el tiempo con preguntas estúpidas.

—Nos vemos en una hora y media, cariño. —Besé su frente—. Te amo y pórtate bien.

—Sí, mami. También te amo.

Hice obedientemente mi recorrido de regreso y salí de la clínica, decidiendo ir a alguna cafetería cercana en lo que pasaba el tiempo para regresar por Elizabeth, y de paso llamaba a Mike. No debería hacerle esas preguntas por teléfono, pero tenía muchísima curiosidad.

Casi llegando a la cafetería me detuve cuando mi móvil sonó, y por coincidencia era Mike quien llamaba. Respondí rápidamente antes de que el sonido llamara la atención.

—Hola, Mike. Justo estaba pensando en llamarte —dije una vez respondi.

—Hola, amor. ¿Te agradó Pilar? —Casi lo podía ver sonriendo.

Contuve un suspiro antes de responderle. Aún me encontraba parada fuera de la cafetería.

—Ella es agradable, solo espero que ayude a Eli.

—Verás que sí. Ella es realmente buena en lo que hace, Bella, lo juro.

—Sí... Supongo. —Hice una mueca antes de decirle—. Ella tenía una fotografía de Scott, ¿Por qué? Digo, ella estaba junto al gato sonriendo.

Hubo un silencio del otro lado de la línea antes de que Mike volviera a hablar y yo me encontraba dando vueltas por la acera. Me sentía demasiado estúpida.

—Bella, sé que debí decírtelo antes. Perdóname de verdad, pero te juro que si no supiera que ella es demasiado profesional en su trabajo y buena, nunca te la habría recomendado... Pilar fue mi novia...

Sentí algo grande y duro impactar contra mi cabeza antes de que un dolor profundo me invadiese y cayera inconsciente.

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Escuchaba ruido a mi alrededor... Eran voces, más bien y un olor fuerte cerca de mi nariz. Suponía que eraalcohol. Mi cabeza dolía también.

Parpadeando, fui abriendo los ojos poco a poco, encontrando a Mike con su rostro cerca del mío con una expresión preocupada.

—¡Oh, Cristo! Me alegro tanto que despertaras, estaba preocupado. —murmuró—. En un minuto estaba hablando contigo y al siguiente, escuché un grito y nada.

El recuerdo de la llamada, que Pilar fue su novia y por último el fuerte golpe en la cabeza que me llevó al inconsciencia pasaron por mi cabeza como un rayo y me incorporé un poco, mareándome al instante.

—No te muevas, Bella.

—¿Y Eli? ¿Dónde está? —cuestioné preocupada de que con el accidente, Mike la hubiera olvidado.

—Tranquila, Alice fue por ella y la llevó a tu casa. —Sonrió—. Todo está bien, menos tu cabeza.

Sonreí de mala gana ante su último comentario y sentí dolor al tocar levemente el lugar donde se me encontraba el golpe.

—¿Con qué y quién me golpeó?

Se encogió de hombros.

—El golpe fue con una gran piedra y no se sabe quién fue el maldito que se atrevió. —Cerré los ojos y él suspiró, dándome un beso en la frente—. Debes descansar un poco, te daré un analgésico y dormirás antes de que te lleve a casa, ¿bien?

—Está bien. —Aún tenía los ojos cerrados.

—Iré por él, entonces.

Escuché sus pasos y después la puerta ser cerrada. Al poco tiempo, alguien volvió a abrir la puerta y continué con los ojos cerrados, esperando que Mike dijiera algo, pero la puerta se cerró al poco tiempo.

Abrí lentamente los ojos y vi un ramo frente a mí. Había una tarjeta en ellas y dudaba que fueran de Mike pues él estaba conmigo. Estiré un poco la mano y tomé la tarjeta para saber de parte de quién era, pero solo encontré palabras en un extraño idioma.

Et reversus est.

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Et reversus est: He regresado.


Si les gusto el capitulo haganmelo daber y disculpas por el retraso. Mis bendiciones a Ecuador desde México :)