Hola a todas las que leen... quería darles las gracias por sus rr y sus alertas y todo eso... me gusta leer lo que opinan de la historia, me incentiva de verdad, asi que no dejen de hacerlo... La historia va dedicada a todas ustedes con mucho cariño.
Abrazos para cada una!
Cata! =)
Clase n° 2: ansiedad y atrevimiento
Si Isabella Swan admitía abiertamente que adoraba los lunes desde ahora, y que esperaba ansiosa que llegara la hora de su clase, a Edward Cullen le pasaba exactamente lo contrario. Se negaba a la idea de que la "extraña ansiedad" que lo había atacado precisamente cuando abrió los ojos esa mañana y supo que era lunes, era producto al nuevo encuentro que tendría con su "alumna". Por la mañana, después de la ducha, se fue hasta su guardarropa, y escogió su ropa para ese día de forma poco habitual. Generalmente no se daba el tiempo para preguntarse: "¿Se me verá bien esto el día de hoy?¿Cómo luzco con esta camisa?" pues consideraba que eso era asunto de "mujeres". Pero esa mañana, fue en contra de sus propias reglas, revisando prenda a prenda cada una de las que había colgadas en su armario. Cuando estuvo vestido, se miró al espejo con la vista en su cabellera cobriza, con la que luchó durante un momento para intentar darle un orden, pero fue en vano. Definitivamente su pelo tenía vida propia, así que no hizo más que pasarse la mano por si espesa cabellera y dejarlo, así, tal cual. Se perfumó, se calzó su chaqueta negra, tomó su bolso, su celular, las llaves, se dio el último vistazo en el espejo, y se dijo:
-Edward Cullen, qué demonios estés haciendo...- moviendo la cabeza de forma negativa. Luego de eso, se fue rumbo a la universidad. Eso ayudaría, pues el lunes era uno de los días más cargados para él. Prácticamente estaría en clases todo el día. ¿Ayudaría? Podría haber ayudado, pero no. Miró la hora en su reloj cada cinco minutos, olvidó el nombre de sus alumnos, olvidó que había dejado una tarea pendiente, olvidó tomar una evaluación, calificó con nota sobresaliente a prácticamente un curso entero, que dicho sea de paso, no se lo merecía, pues había muchos de ellos que habían errado notoriamente, y Edward no era de los maestros flexibles. Era más bien estricto con sus chicos, pero justo. Olvidó además llamar a su hermana para invitarla a almorzar, peor aún, olvidó llamar a Tanya para desearle buen día. Derramó café, casi se estrella con otro coche al estacionar, rompió dos cuerdas de una guitarra clásica cuando intentó ejecutar algo "para relajarse", escuchó heavy metal... en fin. Hizo cosas que no solía hacer, ¿por qué? Ansiedad. Sí, ansiedad de que llegara pronto la hora de largarse a la casa de Isabella Swan y continuar con las dichosas clases de piano. Durante el fin de semana, se obligó a no dejar espacio alguno para recordarla, pero fue imposible. A veces se notaba ajeno a los "delirantes" temas de conversación que surgían entre sus hermanos y Tanya. Lo pillaron varias veces "en otro planeta", y él sólo se excusaba que tenia muchas cosas en la cabeza, que las clases estaban en su "pick", que extrañaba a sus padres, que la boda... en fin. Todos le creían, menos él mismo, que intentaba una y otra vez de mentirse sobre el real motivo que lo tenía así. Isabella Swan. La intrigante y elegante mujer empresaria que conoció una noche de fiesta, intolerante, altanera, orgullosa, en contraste a la chica de veintitantos, distraída, ansiosa, cohibida e informal que le hicieron padecer esos choques eléctricos en su interior. Si, esas dos mujeres que conjugaban en una sola, lo traían distraído.
-¿Profesor?-
-¡¿Eh? Este...- dijo, saliendo de su ensueño, cuando uno de sus alumnos, de quien no recordó su nombre, le habló
-Soy David, profesor, David...- dijo el joven perspicaz, que supo que su maestro andaba quizás en qué planeta, pues llevaba minutos hablándole
-Por supuesto David, ¿decías?-
-Le decía que ya es la hora de salida, y hemos acabado las prácticas, ¿podemos retirarnos?- dijo el chico, ante lo que Edward se sorprendió, mirando la hora en su reloj. ¡Ya son las seis... demonios!
-Claro, claro- le dijo al chico. Luego se puso en pie y habló para la clase: -Espero que hayan aprovechado este tiempo de practicar, pues el miércoles les haré una evaluación de ejecución de compases, con obras clásicas, y no admito discusión. Así que a practicar, y nos vemos la próxima clase- dijo, ante el murmullo de sus alumnos, quienes deberían estar acostumbrados a las evaluaciones sorpresivas que Edward les tomaba. Cuando los alumnos se retiraron, Edward tomó sus apuntes, su libro de clases, su laptop y su chaqueta. Se dirigió a la sala de profesores, en donde debía traspasar unas notas. Ahí estuvo hasta las seis y treinta, cuando miró la hora por última vez, dando un suspiro, pues era la hora de su cita... "No es una maldita cita, es una clase, una clase Edward, ¡céntrate, maldita sea!"
Isabella salió de su oficina a eso de las cinco, muy relajada, y es que lo que sucedió esa tarde con Jane le sentó muy bien. De alguna manera, había firmado un nuevo pacto de protección, amistad y hermandad con ella. Y eso la hizo sentirse mejor. Antes de ir a su casa, pasó por un centro comercial, pues recordó que hace tiempo no llamaba a Lina, la madre de Jane. Entonces, le pareció una mejor idea comprar algo lindo para ella. Así que se dirigió a una exclusiva tienda de antigüedades, y compró para la amable mujer, una silla mecedora. Pidió que llevaran el regalo a la casa de Lina, en donde aún vivía con su hija Jane. Junto al regalo, adjuntó una tarjeta para la mujer: "Lina querida, no me he olvidado de ti. Mañana, espérame a la hora del té, con un famoso y exquisito pastel de arándanos, que tanto adoro. Un abrazo, Isabella."
Llegó animada a su casa a eso de las seis, dispuesta a que aquel que había sido un excelente día hasta ese momento, culminara con "la guinda de la torta", o sea, sus clases con Edward Cullen. Fue a su cuarto a cambiarse el elegante traje, por unos cómodos jeans negros, un sencillo sweater del mismo color y sus zapatillas. Antes de salir del cuarto, oyó su móvil. Fue hasta donde lo había dejado, y ¡Oh, sorpresa!, el identificador de llamadas decía: Charly.
-¿Charly?-
-Mi pequeña y dulce niña, como te has portado, ¿eh?¿estas ansiosa por verme, mariposita?-
-Charly, por un demonio, no me digas mariposita. ¡Odio que me digas mariposita!- le dijo de forma furiosa a su padre
-Si querida, también te he extrañado, pero dentro de unos días estoy por allí. Recibí un email de tu madre, contándome sobre la fiesta de cumpleaños, y pues ya sabes, no me puedo perder semejante evento...-
-Si papá, claro. En la empresa las cosas marchan bien, por si te interesa saber, estamos preparando una junta para...-
-Bella, cielo, mariposita... sé que todo ha marchado bien, contigo a la cabeza, no podía ser de otra manera, así que nada de reuniones latosas con viejos latosos y temas latosos. Nena, este... te llamaba para contarte...algo-
-¿Algo?- "por supuesto Isabella, hay otro motivo que hizo que tu padre te hablara..." –Suéltalo ya Charly-
-Nena, voy con alguien que quiero que conozcas...-
-¡¿Alguien?-
-Isabella, tu padre se siente joven y enamorado. Quiero que conozcas a la mujer de mis sueños-
-¡Claro padre! ¡Qué emoción siento!- dijo de forma explícitamente irónica. Ya había perdido la cuenta de todas las veces que su padre le presentó a una pareja, con la idea esa de que "era la mujer de su vida, que se había enamorado, y blablablá..."
-Quiero que te comportes frente a ella. Mi amada es especial, asi que no quiero berrinches Isabella-
-¡Maldita sea Charly! ¡¿Cuándo demonios he hecho "berrinches" como dices? Soy grande, se que tienes derecho a rehacer tu vida, y no es la primera vez que conozco a una de tus conquistas...-
-No es una conquista...-
-Claro, claro. Bien, supongo que alojará aquí en casa-
-Supones bien-
-Pediré que preparen un cuarto de huéspedes, ¿o piensa dormir en tu cama, padre?-
-¡Isabella!- la reprendió su padre al otro lado de la línea
-Charly, te dejo, tengo un asunto pendiente. Nos vemos el jueves. Mándame por correo electrónico la llegada de tu vuelo para que el chofer vaya por ti-
-Nena, te quie...- alcanzó a decir, cuando ella colgó. Bufó, alterada después de la llamada de Charly. Luego suspiró con fuerza, dejo su móvil sobre la mesita, y salió del cuarto, rumbo a la sala de música.
Se sentó enseguida frente al piano, y puso las notas de la canción que aprendió hace un par de días. Debía practicar antes que su profesor llegara.
-¡Mierda! Espero no haberla olvidado... lindo momento encontró Charly para llamarme y ponerme del mal humor...- se dijo furiosa. Enseguida, llamando a la calma, cerró sus ojos, respiró un par de veces, y se concentró en las notas de "Hey Jude". Se dio cuenta que recordaba las notas, así que repasó sobre las teclas del piano, el coro de la canción.
Cuando Edward llegó, al igual que la vez anterior, encontró a Isabella sentada en el piano, practicando el ejercicio que le dejó la última vez. Sonrió y se quedó atrás, esperando que la alumna se detuviera en su ejecución. Cuando acabó, Edward aplaudió. Isabella, quien ya sentía sus pómulos color furia, se giró y vio a su profesor, sonriéndole y aplaudiendo hacia ella.
-No te oí llegar- dijo, cohibida hasta el sonrojo. "Dios, que guapo y sexi se ve..."
-No hay problema, acabo de llegar-
-¿Alcanzaste a oír...?-
-Sí, alcancé-
-¿Y?-
-Bueno, estoy sorprendido. Veo que te esmeraste, aunque tu ejecución fue una o dos octavas bajo el tono original, hubo unos errores en la ejecución, titubeaste un par de veces, pero para ser principiante en el piano, estuvo bien-
-Oye, en mi vida había oído esa canción...-
-Qué raro, siendo que en tu estantería de discos, tienes la colección completa de Los Beatles-
-No oigo música muy a menudo- dijo, bajando la voz
-Pues mal, muy mal-
-Rectifico: no oía música muy a menudo, desde el viernes...- dijo, agachando su cabeza como una niña quien estaba admitiendo una falta. Edward la observó, sintiendo el torrente eléctrico que viajaba por su cuerpo, y es que ya no eran descargas o choques eléctricos, eran verdaderas descargas potentes de energía que viajan por él.
-Bien señorita, no perdamos más tiempo. Seguiremos practicando lectura de partituras, y quiero ver porque titubeaste con su ejecución- dijo él con algo de seriedad en su voz, pero que no sonaba amedrentadora para Bella. Por el contrario. Ella alzó la cara y le regaló una sonrisa, a la que él respondió de la misma manera.
Intercambio de miradas inocentes e inconscientes, roces de ambas manos, carcajadas, reprimendas suaves de parte del profesor a su alumna pidiéndole concentración, en fin. La clase de piano había terminado, pero sin darse cuenta, habían terminado sentados en la alfombra del salón, frente a la gran estantería con una serie de cd's en desparramados por el suelo, que había habían estado comentando. O más bien, Edward le daba recomendaciones de algunos discos para que oyera. Desde los Rolling Stone hasta Bach. Ambos, entre tema y tema, habían hablado algo sobre sus vidas. Sus infancias, sus estudios, sus familias. A Edward no le gustó ver que el ameno tema de conversación que habían llevado hasta ahora, para Isabella se transformara en tedioso con el solo hecho de nombrar a su familia, de preguntarle qué tal se llevaba con ellos. Recordó lo que Renée le había comentado, y quiso saber de ello
-Soy independiente desde muy pequeña- contó Isabella, un poco incómodo por hablar ese tema con él
-¿Por propia opción?-
-Tuve que aprender. Siempre estuve sola, tuve que amigarme con la soledad desde muy pequeña-
-¿No amigos?¿No novio?-
-Algunas no tenemos su suerte, profesor-
-Renée es una gran mujer...-
-Con sus alumnos por cierto, pero yo no soy su alumna. Estoy fuera de ese rango-
-Ella te adora-
-Esas cosas no se dicen, se demuestran, y ella no ha sido muy demostrativa que digamos. Quizás ahora esté tratando de demostrar que me quiere o que se yo...-
-¿Y tú?¿Se lo has demostrado?-
-Mi madre ha sido una "madre ausente" durante toda mi vida. Esta relación tan "apegada" que ves de ella hacia mi, es reciente. Quizás esté tratando de purgar sus culpas, que se yo. No ha habido espacio de yo demostrarle nada. Ella no tuvo tiempo para mí, nunca- dijo con algo de resentimiento y rabia
-Estas siendo injusta con ella...- comentó Edward
-¡No sabes lo que dices! ¡No la conoces!- le dijo molesta por como él trataba de excusarla
-Ok, creo que me metí en un tema que no me incumbe. Y creo que se ha hecho tarde ya- dijo él, incómodo por la respuesta de Isabella. Se comenzó a levantar del suelo, pero ella lo sujetó de una mano
-No, no quise... ofenderte. Pero ese tema es...-
-Delicado, lo sé. ¿Quieres un consejo? Dale la oportunidad de acercarse a ti. Ella te adora- dijo él, volviendo a sentarse en la alfombra, junto a Isabella –Todos cometemos errores, pero no todos damos la opción de rectificarlos-
-Lo estoy intentando Edward. Pero me es difícil, ella me exige comprensión, y no se lo puedo dar de un momento a otro. La necesité muchas veces, y ella no estuvo junto a mi, y no porque alguien se lo impidiera...pero bueno, ya veremos. Hablando de Renée, ¿irás a la fiesta del viernes?-
-Me dio la invitación, pero no estoy seguro, tengo planes con mis hermanos, mi novia y un amigo, no sé...-
-¡Ve con ellos! ¡Sí, por favor, ve con ellos!- le pidió, y es que no soportaría aquella fiesta sin él cerca, además, seria el momento de conocer a la tal Tanya esa... "mi rival..." pensó
-No lo sé...-
-Sólo propónselos. Si mi madre no te ve por ahí, se enfurecerá...-
-Sí, nos amenazó- dijo él, divertido, al recordar cuando su jefa le extendió la invitación para su fiesta de cumpleaños a Jasper y a él, diciéndoles: "Mas les vale que no tengan excusa para faltar el viernes, porque lo consideraré como atenuante de despido, ¿me oyen?" –Bueno, debo irme, ya son la diez-
-Este... la clase del viernes... ¿la podemos adelantar?-
-¿Para el jueves? Sí, claro. El jueves a las siete- concretando la próxima cita
-Trato hecho- dijo él, ayudando a levantar a Isabella del suelo, jalándola desde arriba por una mano con fuerza, tanta que hizo que ella se estrellara contra su pecho, quedando ambos a escaza distancia. Y allí el tiempo de paralizó, para ambos. Se miraron con intensidad a los ojos, con sus respiraciones algo agitadas. El uno podía sentir el calor del cuerpo del otro contra sí.
-Te oí cantar en mis sueños Edward Cullen...- susurró ella, acercando lentamente sus labios hacia los de él. "Es ahora o nunca Isabella, ahora o nunca..." se decía, mientras se acercaba con lentitud
-Isabella, por favor...- pidió él, sin alejarse un centímetro de ella. Y es que estaba perdido en la profundidad de los ojos chocolates de Isabella
-No pienses Edward, no pienses, sólo déjate llevar...- decía ella, como tratando de hipnotizarlo. Estuvo a punto de lograr su objetivo, cuando él reaccionó, alejándola de él. Dio un paso atrás, la miró un segundo más, y luego fue hasta el piano. Recogió sus apuntes, se calzó su chaqueta, listo para salir
-Repasa lo que hemos visto hoy- dijo él con enojo –Nos vemos el jueves Isabella- dijo, saliendo rápidamente del salón, ante la atónita mirada de Isabella Swan.
Visitas.
Edward conducía a toda velocidad por las calles de Londres, hecho un verdadero energúmeno. Las cosas en la clase aquella habían tomado un rumbo que le disgustó. En su interior, él sabía que aquel intrépido acercamiento de Isabella se daría tarde o temprano. Lo sabía. Sabía que se estaba metiendo en la boca del lobo, pero aun así, accedió a darle esas "¡malditas clases particulares, por un demonio! No sabía a donde ir. Lo único que atinó fue a sacar su celular del bolsillo, y marcarle a James, su amigo-psicoanalista y desahogarse con él. Pero en cuanto miró la pantalla del móvil, se percató de las numerosas llamadas perdidas de su novia
-En qué momento... como no oí la llamada...- se preguntó, revisando las llamadas y los horarios, mientras esperaba el cabio de luz en el semáforo. Desvió la mirada a la fecha del calendario de su móvil... 13 de mayo... 13 de mayo... -¡La cita con el cura! Dios, como lo fui a olvidar- se espetó. Le marcó a su novia, mientras seguía conduciendo. Y es que habían concretado una cita con el reverendo que los casaría, para concretar reuniones y charlas que eran necesarias para la ceremonia religiosa.
-¿Tanya? Cielo... perdóname...-
-Edward Cullen, ¿Cómo es posible que te fueras a olvidar de la cita? ¿Sabes todo lo que me costó que accediera a atendernos a esa hora? El padre estaba furioso Edward...-
-Nena, lo olvidé... además, me retrasé con la clase, no sé...-
-¡Pero si terminabas a las ocho Edward! ¿hasta ahora vienes de allí?-
-No querida- mintió –tuve una reunión urgente en la facultad...- dijo, odiándose a si mismo por mentirle sin motivo aparente
-Edward... pensé que haríamos esto juntos...-
-¡Tanya, estoy ocupado, desde la mañana a la noche! No me puedes pedir que recuerde todo el itinerario... lo olvidé, tengo otras cosas en la cabeza...- le espetó con rabia y sin que ella le diese motivos
-¿Otras cosas más importantes Edward? Ok, lo entiendo...- asumió Tanya, dolida por las excusas que él le estaba dando
-¡NO estoy diciendo eso Tanya!- le dijo casi en un grito de furia
-Edward Cullen, quien tendría que estar furiosa aquí soy yo, tú fijaste la hora porque era más cómodo para ti, no yo. Además, te llamé montones de veces para recordártelo, y no siquiera me contestaste, ¿tan ocupado estabas?, si claro, seguro que si... tú y tu música, ¿no? Adiós Edward, y ni te aparezcas ahora por aquí...-
-¡Tanya!- alcanzó a decir, pero ella ya había colgado. Edward se estacionó enseguida, detuvo el motor, y comenzó a darle violentos golpes al manubrio del auto
-¡Genial Edward, eres un bruto, además, le mientes a tu prometida...vas por muy buen camino!- dijo, frustrado, agarrándose con desesperación sus cabellos. Bufó desesperado, volvió a sacar su móvil y le marcó a James.
-¿En dónde estás?-
-En casa, listo para dormir-
-Pues levántate y vístete, nos vemos en el bar dentro de veinte minutos...-
-¡Edward, es lunes!-
-Entonces voy para allá. Espérame con un trago fuerte- concluyó y colgó, sin esperar la respuesta de su amigo. Puso el motor del coche en marcha otra vez, y se dirigió al departamento de su amigo y confidente. Con él era con la única persona con quien podía hablar de lo que había pasado.
La mañana del día siguiente, para Isabella transcurrió de forma normal: reuniones, consejos de presidencia, firmas, etc. Pero a las doce, cuando estaba pensando en irse antes para pasar una hora en un spa, un estruendoso alboroto en las afueras de su oficina la sacó de sus planes mentales:
-¡Alegría alegría, que llegó el mismísimo dueño de este lugar!- dijo la voz varonil que ella supo reconocer muy bien
-¿Charly?- dijo, levantándose, cuando en eso, la puerta de su oficina se abre, y ve asomarse la figura alta y delgada de su padre
-¡Pero si es mi mariposita!- dijo el hombre, abriendo sus brazos mientras se acercaba a su hija, dispuesta a atraparla en un abrazo
-¿Qué haces aquí? ¿No se supone que llegabas el jueves? Hoy es martes...-
-Pues ¡Sorpresa!- dijo, atrapándola al fin en un abrazo que no hizo más que incomodar a su hija –ayer no me dejaste terminar para avisarte que en realidad legaba hoy, pero no importa. Hemos tomado un taxi- le contó, sonriendo como siempre. Isabella se percató de la esbelta, rubia y alta figura femenina que lo acompañaba. Se la quedó mirando, mientras Charly le daba un vistazo a la oficina, comentando algo a lo que ella no prestó atención. Se dedicó a mirar a la mujer, que salía claramente del prototipo de féminas r que solía acompañar a su padre. La rubia mujer miraba con desdén el lugar, que claramente no le causaba asombro alguno, como las demás mujeres, que cuando veían el mundo que rodeaba al excéntrico Charles Swan, se impresionaban. Esta mujer tenia algo diferente.
-Oh, mariposita, te presento a Rosalie Hale- dijo Charly, cuando se percató que Isabella miraba insistentemente a la mujer. Rosalie miró a Isabella y la saludó con un leve asentamiento de cabeza –Rose, esta es mi mariposita, mi Bella-
-Que tal Isabella- saludó Rosalie de forma muy seria. Otra "anomalía", pues en general, cuando las mujeres de Charly conocían a Isabella, la llenaban de incomodas zalamerías y con promesas de "esperar ser las mejores amigas del mundo"
-Que tal- fue el seco saludo de Isabella hacia Rosalie.
-Nena mía, ¿tenemos planes para hoy?-
-No sé tú, pero yo sí- le contestó a su padre, mientras tomaba su bolso y se calzaba su blazer -¡Jane!- le llamó en un grito a su asistente, quien aún estaba estupefacta por la alborotada llegada del "jefe mayor" y su "espeluznante acompañante", entró rauda a la oficina
-¿Isabella?-
-Jane, cancela mis citas de esta tarde. Hoy no me aparezco por aquí, y prepara la reunión con los inversionistas y los contadores. Mañana por la mañana le daremos a Charly los informes del movimiento de la compañía en su ausencia...-
-Oye, no es necesario que sea tan pronto...-
-Lo es Charly. Ahora si me disculpan, tengo cosas que hacer. Se quedan en su casa- dijo, fingiendo amabilidad con los recién llegados, y sin más, salió de allí como alma que lleva el diablo.
Hizo lo que planeó, estuvo dos horas en el spa, y es que necesitaba relajarse después de "semejante sorpresita". Además, no se había podido sacar de la cabeza la clase de la noche pasada con Edward Cullen... "¡Y es que estuvimos tan cerca, tan cerca... estoy segura, él me rehúye en contra de su propia voluntad...!" pensaba, mientras se dejaba masajear por las expertas manos de un brasileño. "Cómo será besarlo... ¡Dios!...que tiene ese Edward Cullen que me tiene así de desquiciada...". Recordó que con él había hablado de forma abierta, como si lo hiciera con alguien a quien conocía desde hace años. Le habló de Charly y de lo frustrante que había sido cargar con él, como si se tratase de un hermano menor y no de su propio padre, y de cómo estaba "intentando" reconciliarse con su madre, quien había estado tan ajena a ella durante parte de su infancia y su adolescencia. Y lo que más destacó de esa charla, fue el hecho de ver a Edward tan interesado en sus cosas, en sus pesares, incluso se había atrevido a aconsejarla. Él se había portado con ella, como nunca nadie, ningún otro hombre lo había hecho. O quizás si hubo un hombre, Jacob.
Después de las terapéuticas dos horas en aquel lugar de masajes, se fue a un restaurante a almorzar, llamando antes a Jane para que se juntara allí con ella:
-¿Y qué hicieron luego?-
-No estuvieron mucho tiempo en la oficina. Creo que se la llevó a recorrer el edificio, y por lo que supuse, piensa regalarle uno de los últimos modelos de coches que llegó-
-Vaya, vaya...-
-Esa mujer... es...-
-Extraña, sí. Diferente...-
-Es atemorizante... incluso más que tú...-
-Si Jane, muy graciosa-
-Te lo digo en serio-
-Ya averiguaré de ella esta noche en casa. Ahora dime ¿recibió Lina mi regalo?- preguntó a su amiga, cambiando el serio tono de su voz, a uno más cordial y alegre
-¡¿Qué si li recibió? Casi matas a mi madre de un infarto Bella, no podía más de la emoción, pensó que la habías olvidado. Esta mañana quedó haciendo tu tarta...-
-¡Genial! Estoy ansiosa por devorarme ese pastel, asi que llega temprano a casa, o te quedarás sin tu parte-
-No lo creo, estaba haciendo dulces como para un batallón. Estaba muy emocionada de saber que irías hoy... ¿porque irás verdad? No se te ocurra plantarla, por favor...-
-¡Como se te ocurre! Después del almuerzo, pasaré a una florería y le llevaré orquídeas...-
-Sus favoritas-
-¡Exacto! Pretendo estar con ella toda la tarde-
-Gracias Bella, gracias por lo que haces con mamá, ella te adora-
-Y yo a ella. Ah, mañana no quiero citas tampoco, ni para ti ni para mí. Te necesitaré fuera toda la tarde-
-¿Para qué?-
-La fiesta de Renée es el viernes y apostaría mi cabeza a que tú pretendías escabullirte de ese compromiso con la excusa de que no tienes atuendo, así que iremos de compras. Tú y y compraremos un hermoso y despampanante vestido de noche, además, debo comprarle su regalo, y estoy algo perdida con eso, necesito tu ayuda-
-Pero...-
-¡No peros, Jane! Debes estar conmigo mañana en la tarde y el viernes en la fiesta, como mi asistente y como mi amiga. Además, conocerás a mi profesor de música-
-¿Cullen?-
-Sí. Así que, ya sabes- le advirtió. Enseguida pidió la cuenta, y salieron luego del restaurante, Jane rumbo a la oficina, e Isabella rumbo a casa de Lina O'connor.
La casa de los O'connor era pequeña, sencilla, pero acogedora. Vivían en un barrio de clase media, en un sector discreto y hermoso de Londres. La casa, que se antecedía por un hermoso jardín, el que estaba lleno de diversas clases de flores. Un pasillo de piedra en medio del césped dirigía hacia la entrada de la casa de madera, de dos pisos.
Isabella no tuvo necesidad de golpear, pues en cuanto Lina sintió el coche, se asomó por la ventana, y dio brinquitos de alegría al ver a "Bellita" que descendía del coche, con un hermoso arreglo de orquídeas.
-¡MI Bellita, por Dios, que linda sorpresa!-
-Lina, Lina... te he extrañado-
-¡Pues me tenías bien abandonada niñita- reprendió la mujer cariñosamente a Isabella, quien en cuanto entró, vio la silla mecedora acomodada en un lugar del salón, en donde daba el sol prácticamente durante todo el día.
-¿Te ha gustado mi regalo?-
-Oh, mi niña, no era necesario. De verdad...¡pero si me ha encantado!-
-Era la idea, ¿y mi pastel?-
-Sobre la mesa, aguardando por ti, junto a una rica taza de te. Así que vamos- le dijo la mujer, empujando a Isabella hasta el comedor.
-Esto está delicioso...- dijo, cuando se instalaron a tomar el té acompañado de un trozo del delicioso pastel de arándanos
-Me alegro que te guste mi niña. Y dime, como va todo contigo, eh? Según mi Jane, sigues tan trabajólica como siempre... te vas a enfermar mi niña-
-No me queda de otra Lina, ya sabes...-
-Pues es injusto. Tu padre tendría que estar a la cabeza de semejante monstruo de cemento, y tu disfrutar tu juventud, viajar, salir a divertirte, hacer amigos, enamorarte...-
-Pero en casa las cosas son al revés, yo cuido del "adolecente" que mi padre insiste en ser-
-¿Y Renée?-
-Jane te contó, verdad-
-No la regañes-
-No, no lo haré. Renée me pidió perdón, o algo así. La cosa es que quiere compartir conmigo por todo el tiempo que me tuvo abandonada, quizás la conciencia no la deja dormir-
-Hija, si ella te pidió una oportunidad de acercarse, dásela, y disfruta de esa cercanía, no dejes pasar esta oportunidad tú tampoco, pues se la merecen, ambas. Además, ella siempre te había buscado, y tú siempre te negabas-
-¿Después de cuantos años Lina, cuantos años?-
-La maternidad no es nada fácil Bella, menos para una mujer de alma libre como tu madre-
-¡Esa no es excusa para abandonar a una hija!- dijo, sin poder contener las lágrimas.
-Lo sé cielo, lo sé, pero ella es mujer, humana, y comete errores, y ahora busca rectificarlos Bella- dijo la tierna mujer, acercándose hasta Isabella, y acogiéndola de forma maternal en su pecho.
-Intento acceder a un acercamiento Lina... pero no quiero forzar nada...-
-Tiempo al tiempo Bella, tiempo al tiempo- dijo la sabia mujer, mientras seguía acariciando la oscura cabellera de la chica, a quien ella quería como si fuese una hija más. Enseguida, Lina decidió cambiar el tema de conversación, limpiando el rostro de Isabella, por el cual habían caído unas cuantas lágrimas. Hablaron de viajes, de Alec y sus estudios de cine, del pasado, en fin, temas que hicieron que el resto de la tarde fuera agradable para Isabella, sintiéndose agradecida de aquella humilde y amorosa mujer, que le había entregado su afecto desde el mismo día que la conoció, cuando logró leer sus ojos, y la tristeza y abandono que cargaba en ellos.
