Damitas, vampiritas y lobitas: les dejo una nueva actualizacion de esta locura. Espero que la estén disfrutando, y me comenten que les va pareciendo.
Gracias a las que dejan sus comentarios, ya saben que son mi aliciente para seguir escribiendo.
Abrazos a todas y disfruten de la lectura!
Cata!
Experiencias de vida
El miércoles, según lo acordado, la reunión con los inversionistas y directiva del comité se realizó. En ésta, se informó a Charly Swan sobre los movimientos financieros de la empresa y sobre los negocios que estaban a portas de cerrarse, con muy buenos horizontes sobre ganancias, cosa que le pareció fabulosa al siempre sonriente Charly. Enseguida, fue él quien tomó la palabra de la reunión, explicándole a los representes lo mismo que le había explicado a su hija la pasada noche, quien se mantuvo en silencio durante toda la reunión, incluso cuando Rosalie Hale tomó la palabra, haciendo una exposición acerca de la participación que la empresa de Charly y la que ella representaba concretarían. Los integrantes de la directiva, y los consejeros quedaron asombrados, pues la mayoría sabía quiénes eran los Hale en Estados Unidos, y sabían que las proyecciones económicas favorables que la "despampanante mujer" exponía acerca de esa participación, eran reales. Isabella también lo supo, pero no porque Rosalie lo dijera, sino porque a primera hora de aquella mañana, hizo que Jane investigara y verificara "lo maravilloso del contenido de aquella carpeta" que su padre le había entregado la noche anterior. Jane lo hizo en tiempo record, y es que no fue difícil.
-La intachable reputación de los Hale es conocida a nivel mundial, así que no me fue difícil conseguir referencias. Así que lo que dice este informe que tu padre te dio, es la pura y santa verdad, Bella- informó la fiel asistente a su jefa y amiga, minutos antes que la reunión comenzara.
Cuando la reunión termino, se agendó una visita que el padre de Rosalie haría a la empresa para cerrar el negocio, así como un viaje que Isabella tendría que hacer a los Estados Unidos con el mismo propósito
-¡Señores, con esta mutua colaboración, le patearemos el trasero a nuestra molestosa competencia, y nos posicionaremos de forma definitiva como los pioneros en el mercado automotriz, no solo del Reino Unido, sino de toda Europa y Estados Unidos!- arengó Charly, a lo que el resto del comité aplaudió y celebró de forma muy efusiva, excepto Isabella, por cierto.
En cuanto acabó la reunión, Isabella se levantó, despidiéndose en general de los presentes, y cruzando una intimidante y desafiante mirada con Rosalie, quien la devolvió de igual manera, con incluso quizás más potencia.
Isabella se encerró en su oficina, encendió su laptop y comenzó con su trabajo, revisando los movimientos de la bolsa de Londres, pero un golpe en la puerta la interrumpió. Sin ella dar la orden de que entrara, la puerta se abrió, entrando Rosalie Hale por ésta.
-Tú y yo tenemos una conversación pendiente- dijo Rosalie de forma seca y seria, y sin ningún tipo de introducción.
-¿Si? No te tengo agendada…- dijo Isabella de forma sarcástica, mientras hojeaba su agenda de cuero que reposaba sobre su escritorio.
-¡No seas una niña Isabella!- la espetó la rubia mujer
-¡No me hables así!¿quién demonios eres tú para tratarme así?¿mi futura madrasta?- le respondió, en aquella lucha verbal y visual de aquellas dos mujeres, que más que mujeres, parecían fieras.
-Charly tenía razón, pese a todo, pese a estar al mando de esta compañía, eres una niña…-
-¡Tú no sabes nada de mí!-
-Puede ser Isabella, pero tú y yo tenemos más en común de lo que te imaginas-
-¿Hablas de mi padre Rosalie, o del patrimonio de mi empresa…?-
-Como yo habrás investigado, yo ni mi familia necesitamos ni un centavo de tu mugroso dinero, ni ustedes del mío, pero sabes, aunque te queme la ira reconocerlo, que este es un buen negocio, que será beneficioso para ambas parte…-
-Sabes que no estoy del todo convencida… tanta maravilla es imposible. Dime una cosa, ¿te acercaste a mi padre por esto?¿porque querías sacar provecho?-
-Nuestro encuentro fue fortuito, y nada tuvo que ver con negocios. A él le sorprendió que yo fuera la hija de Ernest Hale…- dijo ella, agachando la cabeza y recordando algo que traía dolor para ella. Se sentó en la silla frente a Isabella, y pese a que vio la reacción de Rosalie, ella no bajó la guardia –Tu padre es un hombre maravilloso. No lo amo, ni él a mí, pero nos acompañamos. Él estuvo conmigo en el peor momento de mi vida, fue mi soporte, mi apoyo…-
-A qué te refieres….-
-Yo… una mujer poderosa económicamente hablando, y que podía tener todo con solo pensarlo. Lo único que desee tener, lo perdí. Hace más dos años me casé con el hombre más maravilloso sobre la faz de la tierra. Me enamoré de él a primera vista, y en cuanto lo vi, supe que él sería mi hombre. Precisamente, cuando íbamos a celebrar nuestro día de aniversario, de nuestro segundo aniversario, unos mafiosos lo apresaron y lo mataron, a sangre fría, dejándome a mi sola… a mi y a mi pequeño John, de quien estaba embarazada de cinco meses. Fue el golpe más duro que sufrí en mi vida, y pensé que moriría…- dijo, guardando silencio y controlando su voz que a esas alturas era casi un murmullo a punto de quebrarse y convertirse en llanto. Respiró con fuerza, y siguió con su relato, ante la silenciosa y respetuosa atención de Isabella hacia ella –Pero me quedaba el consuelo de mi pequeñito, el fruto de nuestro amor… pero eso también me lo arrebataron. Cuando tenía ya siete meses de embarazo, una tarde oscura y lluviosa en Nueva York, un coche omitió el signo pare de una de las esquinas, atropellándome y dándose a la fuga. Allí quedé yo, tirada en el piso, sin que nadie se detuviera a prestarme ayuda. Bueno, si hubo alguien: tu padre. Él me llevó a la clínica, e intentó dar aviso a mi padre, pero no obtuvo respuesta. Imagínate, primero el golpe de perder al hombre que amas y luego a tu hijito… es demasiado para una mujer. Pero tu padre y un par de personas más que me apoyaron luego, me ayudaron a superar el golpe, aunque la pena de haber perdido a mis dos amores, la cargaré por el resto de mi vida. Charly no me dejó sola en ningún momento, prestándome su hombro para llorar, aconsejándome, o simplemente acompañándome, cuando ni mi padre ni menos mi madre estuvieron…-
-¿Qué sucedió con ellos?-
-Isabella, cuando te dije que tú y yo teníamos más de algo en común, no es solo le hecho de que ambas nos hemos quedado al mando de las empresas de nuestras familias. Mi madre me abandonó en cuanto nací, dejándome con mi progenitor, quien por cierto no me deseaba como su hija. Con el tiempo, dice que me aprendió a querer, aunque le cuesta demostrarlo, pues él es un hombre frívolo, de negocios, que no se detiene ante sentimentalismos. Cuando sucedió lo de me Marc, mi difunto esposo, y lo de mi pequeño John, él solo me dijo "toma esto como una prueba para tu fortaleza. Una mujer como tú no se puede echar a morir por estos embates de la vida…" y yo, lo único que deseaba, era su abrazo de consuelo. No lo tuve, nunca. Pero ahí estuvo Charly, quien me contó de ti, diciéndome lo hermosa e inteligente que eras. Me contó sobre tu madre, quien lo había abandonado cuando tu eras pequeña. Me dijo que para él había sido difícil lidiar con una hija, pero que se esforzó por hacerlo. Él te adora, y eso lo sabes. Quizás nunca llegue a casarme con Charly, quizás nunca lo ame como él se lo merece. Pero él es mi amigo, mi vía de escape, mi apoyo, y le estaré agradecida por el resto de mi vida. Odio Estados Unidos, y hacer negocios con él, me pareció una idea estupenda para poder salir de allí y radicarme en este país-
-Lamento todo lo que me has contado, y sí, tienes razón, tu y yo tenemos más en común de lo que yo pensaba, y no lo digo por Charly, quien se ha esforzado por ser un buen padre, pese a su locura…- dijo esto con una leve carcajada, a la que Rosalie se unió –Mi madre… mi madre ahora, después de tantos años está intentando "reivindicarse" conmigo… pero yo no sé si…- de un momento a otro, sin pensarlo, le había contado aquello a esa mujer que era una desconocida para ella. Quizás lo hizo en retribución a loque ella le había contado. Quizás.
-Dale esa oportunidad Isabella. Mi madre ni siquiera ha hecho el intento de buscarme o querer acercarse. Me olvidó, así de simple. Pero tú tienes la opción de darle esa oportunidad. Y dátela a ti también, sé que lo deseas, se que deseas a tu madre cerca, eso lo sé, pues yo también lo desearía…-
-Es lo que intento…- asumió Isabella, emitiendo un suspiro, primero por reconocer en su interior que ella deseaba una relación normal de madre a hija, y era eso lo que precisamente le estaba orillando a acercarse a su madre, además, como sea, la necesitaba, ¿pero por qué ahora?. Y la segunda cosa que la hizo suspirar, era que no sabía el porqué de su últimamente afición de contarle aquellas cosas a desconocidos, recordando que con Edward Cullen también lo había hecho.
-Isabella, tú y yo trabajaremos juntas de ahora en adelante. Soy una mujer de negocios, que ha crecido en este ambiente al igual que tú. Yo solo deseo que haya confianza entre ambas, y si el tiempo lo dice, porque no y podemos ser buenas amigas…- propuso Rosalie, algo más compuesta
-Quizás Rosalie, quizás. Ahora, por lo pronto, concentrémonos en hacer buenos negocios, por el bien de ambas partes. El resto… el resto el tiempo lo dirá-
-Gracias Isabella. Ahora te dejo, que debo informarle a mi padre sobre esta reunión y agendar su visita-
-Mandare a preparar ya tu oficina en este nivel para que te acomodes lo antes posible-
-Gracias, te lo agradezco- dijo Rosalie, levantándose y dirigiéndose a la puerta para salir, mientras Isabella digería todo lo que esa mujer, a quien a penas y conocía le había contado –Ah, y una cosa más, no pretendo ser tu madrasta, pese a que el sexo con Charly es fantástico, pero aun así, despreocúpate- agregó Rosalie antes de salir
-Me sacas un peso de encima- contestó Isabella en forma de broma. "Yo… una mujer poderosa económicamente hablando, y que podía tener todo con solo pensarlo. Lo único que desee tener, lo perdí…" recordó Isabella esa frase en el relato de Rosalie, y es que le encontraba la razón. "Si el maldito dinero pudiese comprar lo que uno realmente anhelase… yo tendría una familia normal, un hombre a mi lado, amigos… ¡Estúpido y mugroso dinero!" pensaba, cuando se dio cuenta que la puerta de su oficina se volvía a abrir de forma lenta, y asomaba en ella la figura de su fiel amiga y asistente Jane. La miró, y dio gracias por lo menos poder contar con aquella "pequeña, fiel aunque a veces fastidiosa" amiga a su lado…. Y es que cuando quería ser fastidiosa, Jane lo lograba
-Toc toc… vengo a limpiar la sangre…-
-¡¿De qué demonios hablas Jane?-
-Rosalie entró aquí sin esperar que la anunciara. Supuse que eso te enervaría y que sacaría tu espada para comenzar la batalla- le dijo la menuda mujer, haciendo un movimiento con sus manos, a lo Kill Bill, como si portase un espada. Isabella no pudo hacer otra cosa que reír ante la ocurrencia de Jane
-Como verás, no hay sangre derramada, ni ningún tipo espada ni otra arma. Soy una dama, y me sé comportar-
-Claro… ¿entonces?-
-Entonces qué…-
-Que te dijo…-
-Muchas cosas que te platicaré en otro momento. Por lo pronto, coordina todo para que la oficina que está vacía en esta planta, se acondicione para Rosalie. Quizás haya que contratar a otra secretaria, aunque lo hablaré con ella porque puede que ella venga con su equipo de trabajo…- mientras Isabella hablaba, Jane la miraba y la oía con signos de interrogación y exclamación en su cabeza…."Dios mío, que has hecho con Bella,… realmente eres milagroso Dios…" pensaba
-¿Me oíste lo que te dije?-
-Este… si… la oficia, el equipo de trabajo…y….-
-Jane…- dijo Bella en tono de reproche –Por todos los cielos Jane, te distraes con una facilidad increíble, tendría que despedirte. Te decía que debes programar la visita de Ernest Hale y su comitiva, al igual que la nuestra a los Estados Unidos-
-Lo haré jefa- se comprometió solemnemente la asistente –Una cosa más, mañana es el cumpleaños de tu madre, ¿le mando la invitación para almorzar?- preguntó Jane, y es que si bien la celebración seria ese viernes, su cumpleaños era un día antes, y ella había pensado que quizássería buena idea darle el regalo que había comprado para ella el mismo día, en un almuerzo para ambas.
-Sí, hazlo. Confirma la reservación al restaurante primero, y luego manda la tarjeta a mi madre-
-Como digas- dijo Jane, saliendo de la oficina de su jefa. "Una oportunidad para Renée… y para mi…"
Cuando Renée recibió la tarjeta de invitación aquella misma tarde, para almorzar con su hijita, no pudo contener la emoción. Lloró, leyendo una y otra vez la tarjeta, que estaba escrita por puño y letra de su hija: "Madre, mañana celebraremos tu cumpleaños con un exótico restaurante tailandés, que a ti tanto te gusta. Así que no puedes dejarme plantada. Paso por ti a la universidad. Nos vemos. Isabella."Besaba una y vez la elegante tarjeta, dándole gracias al cielo y a todos sus ángeles por semejante regalo. Sacó su móvil, y buscó el numero privado de su hija, pues necesitaba agradecerle aquella linda sorpresa. Pero Isabella no contestó, así que Renée decidió dejarle un mensaje en la contestadora: "Hija, he recibido tu invitación, y ya este solo gesto, ha significado para mí el más grande y lindo de los regalos. Te amo hija, aunque pocas veces en la vida te lo dije, y me arrepiento de ello. Espero ansiosa ir a degustar mi plato favorito a ese restaurante en tu compañía, así que lo de mañana es un hecho. Gracias Bella, muchas gracias" dijo, con la voz quebrada, y colgó.
Clase n°3: simbolismos, reacciones y juramentos
Ya era jueves, cosa que hizo que Isabella Swan despertase con un ánimo radiante, y no precisamente porque ese día era el cumpleaños de su madre, sino porque a eso de las siete de la tarde, volvería a ver a "Su" maestro, y sabía que el vendría listo para acorralarla con preguntas sobre su inesperado encuentro con su hermana y su novia en el centro comercial. Además, el último encuentro con él le había dado luces de que no le era indiferente, cosa que aprovecharía para "acercársele más"
-Oh, Edward Cullen, no sé qué es lo que tienes...¡Dios, me vuelves loca!- pensaba en voz alta, mientras se cepillaba el pelo frente al espejo, antes de salir rumbo a su trabajo.
Antes, fue hasta una gaveta en donde guardaba una pequeña caja negra, decorada con una cinta de raso rojo. Lo abrió y observó por última vez el regalo que le había costado tanto elegir para su madre. Ese presente de cumpleaños, era mucho más que eso, por eso su indecisión a dárselo o no. recordó el momento en que el hombre de la joyería se lo mostró y le explicó de que se trataba: -"Esta paloma de plata con su rama de olivo simboliza paz, y conllevaba el olvido de lo pasado que nos daña, y una nueva oportunidad hacia el futuro. No es costoso, pero lleva un simbolismo importante que es de valor para quien lo sabe llevar, sobre todo entregar. Además, estas dos figuritas femeninas de oro, simbolizan la unión entre madre e hija. Es un excelente regalo lleno de significado y cargado de compromiso..."- dijo el hombre de la joyería. Isabella tomó dubitativa, la medalla de oro blanco, acariciando la pequeña paloma de plata y las figuritas de oro... "¿Será...?",se cuestionaba, hasta que sintió que su pequeña amiga Jane puso una mano sobre su hombro, alentándola a comprar aquel regalo, como dijo el hombre, tan lleno de significación y compromiso.
Salió de su recuerdo, guardando la cajita en su bolso, y salió de su cuarto, de su casa, rumbo al gigante de cemento que representaba "Swan Motors", y ella, la encargada de manejar semejante monstruo.
La mañana en su oficina pasó con rapidez. Reuniones, firmas, revisión de informes, en fin, una mañana ajetreada que voló con rapidez, literalmente hablando, y que sorprendió a la mismísima Isabella.
-¿Estas lista? Ya va siendo hora que vayas por Renée- dijo Jane, entrando a la oficina
-Sí, ya- dijo, firmando los últimos papeles, y entregándoselos a su asistente. Pese a todo, estaba nerviosa, pues no estaba segura de atreverse a darle ese regalo a su madre.
-Todo saldrá bien, ya verás...-
-Sí, por supuesto. Regreso a las tres, y recuerda que estaré aquí hasta las cinco y treinta-
-Tus clases de piano-
-Exacto-
-Entendido, ahora ve antes que se te haga más tarde, y de regreso, prométeme que me contaras con lujo de detalle sobre tu almuerzo-
-¡Eres una chismosa Jane!- la espetó en broma, mientras se calzaba su chaqueta para salir –Y sí, claro que te contaré lo que suceda- dijo, y luego salió rumbo a la universidad a buscar a su madre. De camino la llamo para que la esperase en la entrada, aunque sopeso aquello, pues si la suerte la acompañaba, quizás se encontraría con Edward... pero no quiso tentar el destino.
-¡Bellita!- dijo Renée entrando al carro de su hija
-Madre... este... feliz cumpleaños... ¿cuarenta y cinco, cincuenta?- comenzó a decir algo nerviosa, pero se le ocurrió bromear al final con el asunto de la edad, para relajarse
-Muy graciosa, sólo cuarenta y uno. En la flor de mi vida-
-Ya lo creo, ahora vámonos antes que ocupen nuestra mesa- dijo Isabella, poniendo en marcha el motor de su BMW.
Llegaron al restaurante que se encontraba en una zona muy pintoresca de Londres, en donde había varios restaurantes típicos de diferentes países del mundo. Ya sabía Bella que el favorito de Renée eran los tailandeses "... yo no sé qué le encuentra, es un comida tan rara..." se quejaba mentalmente la hija, mientras un mesero las dirigía a una de las mesas, ubicada en un espacio íntimo, que no estaba colmado de gente. Se ubicaron, pidieron un buen vino tinto, y cada una escogió el plato que probaría cada una.
-¿Sabes? Estoy emocionada por la fiesta de mañana... hace tiempo que no me celebraba un cumpleaños- comentó la madre, mientras Bella miraba distraída por la ventana, eligiendo el momento adecuado para darle su regalo
-Ya lo creo...- contestó escuetamente
-Emmm... me llamó tu padre esta mañana, felicitándome y avisándome que estaría mañana en la fiesta con una amiga-
-Rosalie Hale, llegó con ella, hará negocios en la empresa-
-Vaya... pensé que Charly ya no pensaba en negocios...-
-Yo también lo pensaba...-
-¿Te pasa algo cariño?-
-Si... no... ok, verás... tengo algo para ti- dijo, sacando de su elegante bolso negro la pequeña cajita "¡Por un demonio, por qué estoy temblando...!" –Ten- dijo, extendiéndoselo. Renée quedó impresionada, pero recibió la pequeña cajita con una sorprendente sonrisa
-¡¿Para mi? Oh, cielo, no debiste molestarte... gracias-
-Ábrelo- le pidió Bella a su madre. Y fue lo que ella hizo. Desató la rosa y abrió la cajita que contenía el colgante.
-Es... es hermoso...-
-Es más que eso. Verás, la paloma simboliza paz, perdón y oportunidad. Y las dos figuritas... son una madre y su hija. Es lo que quiero darte, una oportunidad. Sabes que estas cosas para mí son difíciles, que esto que está pasando entre nosotras me es difícil de asimilar, pero quiero intentarlo. Quiero que nos demos una oportunidad, que haya paz entre ambas, perdón y oportunidad, y que podamos aprovechar... ya sabes... de recuperar nuestra relación. Te necesité durante mi adolescencia, y no estuviste. Quizás tuviste tus motivos, quizás algúndía los entenderé, es lo que comienzo a hacer. Y así como te necesité en mi adolescencia, te necesito ahora y te necesitaré en el futuro. Necesito a mi madre junto a mí...- dijo, con su voz quebrada de la emoción. Renée derramaba lágrimas que mezclaban dolor, amor, arrepentimiento y felicidad.
-Estaré junto a ti tanto como me lo permitas. Bella, este es el mejor regalo de cumpleaños que me han podido dar, y no lo digo solo por el hermoso colgante... lo digo por lo que simboliza para ti... y ahora para mi- dijo, tomando las manos de su hija entre las suyas
-Feliz cumpleaños... mamá- le dijo tímidamente, con una igual tímida sonrisa en sus labios
-Gracias nena-
-Ahora brindemos por tus cuarenta y cinco- propuso Isabella, luego de secar las traidoras lágrimas que se habían dejado caer de sus ojos, para después levantar su copa de vino
-Cuarenta y uno- rectificó Renée, soltando una carcajada que logró contagiar a Isabella.
Pasaron un muy buen momento, recordando algunas cosas del pasado, hablando de las locuras de Charly, y Bella, claro, le contó sobre Rosalie y lo que había hablado con ella. Hablaron de algunas cosas de las fiestas y de los invitados. Y así, rieron de forma natural, hablaron de forma fluida, como lo debían haber hecho hace mucho tiempo. Ambas, en su interior, estaba agradecidas por lo que se estaba gestando.
Isabella llegó tranquila y contenta a su oficina, cosa que Jane supo enseguida. La siguió a su oficina y disparó:
-¿y?¿cómo estuvo?¿le gustó'?¿hablaron?- preguntó la curiosa Jane, parada frente al gran e imponente escritorio de Isabella. Ella no contestó nada, sólo se levantó, rodeó el escritorio, se acercó hasta su amiga y la abrazó. Jane quedó pasmada frente a su abrazo, que incluso demoró en responderle. Cuando lo hizo, supo que las cosas en aquel almuerzo, fueron mejor de lo que ella misma e Isabella planearon:
-Jane, amiga mía, ha sido el mejor almuerzo de mi vida- dijo Bella, con un tono tierno, no muy propio de su carácter fuerte y posesivo.
-Me alegro Bella-
-Ahora, vámonos al helipuerto para que te cuente los detalles, antes que sufras una combustión curiosa. Anda, vámonos ya...-
-Tienes que firmar...-
-Luego Jane, luego- le dijo, agarrándola del brazo, y sacándola de la oficina. Una vez en la azotea, Isabella le dio los detalles del almuerzo, y Jane no se lo podía creer. Allí estuvieron cerca de dos horas, cuando Isabella tuvo que regresar, para firmar unos papeles y regresar a su casa para prepararse para su clase. "Con mis clases con mi maestro, este deberá ser el culmine de un día perfecto..." pensó ella.
Y llegó la hora de la clase. Isabella se calzó una blusa de raso azul profundo adrede, después de la información que Alice Cullen le había proporcionado inocentemente. Unos pantalones negros ajustados y unas botas no muy altas. Su cabello suelto y un maquillaje simple, nada de excesos.
Quince minutos antes de la siente, bajó al salón de música, dando la orden de que en cuanto llegara Edward, lo hiciesen pasar de inmediato, y que nadie, absolutamente nadie la molestara, mucho menos el curioso de su padre.
Puso algo de música leve, se sentó frente al gran instrumento, y practicó algunas partituras que él le había dejado la última clase. A las siete y cinco minutos, dos golpes la sacaron de su concentración. La puerta se abrió y Edward Cullen apareció, vestido de negro, haciéndolo ver imponente, cosa que hizo que el vientre de Isabella se contrajera de puro deseo.
-Buenas tarde Isabella- dijo él, con tono cortante y monocorde. Claramente, una actitud diferente, después del pasado encuentro
-Edward, buenas tarde- dijo ella, levantándose del banquillo, y regalándole una sonrisa. Edward desvió la vista de la cara de Isabella, de forma indiferente, obligándose a pasar por alto lo fascinante que se veía, haciendo que su piel resaltara de una forma tormentosa para él...y esa sonrisa... "¡Demonios Edward, céntrate!" se espetó, cerrando los puños y pasando por alto las ya recurrentes descargas eléctricas que la cercanía de esa mujer despertaban en él.
-¿Qué tiene para mí hoy, maestro?- preguntó ella con tono sugerente, de doble sentido. Edward captó enseguida las insinuaciones de la mujer castaña
-Nuestra última clase, señorita Swan- dijo él seriamente, ante el asombro y enojo de Isabella
-¡¿Qué? No puedes estar hablando en serio...- reaccionó ella con molestia y asombro
-Hablo en serio, señorita...- dijo él en tono despectivo, sin prestarle mayor importancia a las quejas de "la dama castaña".
-¡Deja de decirme señorita, por un demonio! A penas en nuestra tercera clase...-
-No necesitas las clases, y lo sabes. Además, mi tiempo se hace escaso...-
-¡Dime la verdad Edward Cullen! De qué demonios estás huyendo...- le gritó Bella
-¡¿Qué te hace pensar que huyo de algo, eh?- increpó él con ira
-Apostaría mi cabeza que es así... y lo sabes...- aseguró ella
-Dime una cosa Isabella, ¿qué fue eso del encuentro con mi novia y mi hermana en el centro comercial?- demandó Edward, aunque había preferido no haber sacado el tema, pues por supuesto, Isabella lo tergiversaría.
-¿Eso? Pues una sorprendente casualidad...-
-¿Casualidad? No te creo...-
-¿Y qué crees?¿que las mandé a espiar, que las estuve siguiendo? Supongo que te contaron que fueron ellas las que se acercaron a mí, ¿u olvidaron ese detallito, eh?-
-No...pero es lo de menos...- no sabía que argumento usar para rebatirle, pero de cualquier forma estaba furioso
-Por cierto, Tanya es hermosa y muy simpática. Me alegra que mañana la vuelva a ver...-
-¡No te le acerques!- le amenazó Edward
-¡¿Por qué? Ahora me vas a prohibir socializar con ella...-
-Socializa con cualquiera, menos con ella-
-¿Por qué?-
-Porque no confío en tus intenciones Isabella- le dijo con la mandíbula contraída
-No me conoces-
-No necesito conocerte-
-Apostaría que desearías en este mismo momento conocerme más...profundamente-dijo ella en un susurro envolvente y sugestivo
-¡Cállate!- le dijo con furia.
Ambos, sin darse cuenta, se habían ido acercando el uno al otro mientras discutían. Isabella fue la primera en darse cuenta. La distancia era muy poca, ella podía sentir la respiración agitada de Edward, producto de la discusión, podía sentir la tensión que había entre amos. Y sin más, sin planearlo siquiera, se lanzó sobre la boca de Edward, besándolo con desenfreno, aferrándose a él por el borde de su chaqueta negra. Edward reaccionó, y la apartó con fuerza por los hombros
-¡Aléjate de mi!- le dijo Edward con los dientes apretados, iracundo y violentamente
-¡No!- protestó ella como una niña pequeña, y se volvió a abalanzar sobre él, aferrándose a su nuca, a sus cabellos, apretándolo a su cuerpo. Edward Cullen estaba furioso con esa mujer, estaba furioso con sigo mismo pues su mente ordenaba que la apartara; él era más fuerte que ella, pero su cuerpo no respondía... o no respondió como la razón se lo ordenó, porque con la misma furia, aferró el cuerpo de aquella menuda mujer por la cintura con una mano y por la nuca con la otra, y abrió su boca para hacer que la lengua de Isabella se confundiera con la suya, como si se tratase de una batalla entre ambas, de forma imperante, violenta, desesperada, deseosa y lujuriosa. No podía detenerse, no quería detenerse. No pensó en nada, sólo en el sabor de la boca de esa mujer y en su cuerpo que mantenía firmemente aferrado. El beso siguió con desespero y vehemencia, solo se apartaban escasos milímetros para poder tomar un poco de aire, pero sus bocas, como imanes, volvían a juntarse.
Para Isabella era el paraíso estar besando a aquel hombre. Para Edward, era el infierno.
Y es que nunca había besado a otra chica con el mismo ímpetu con que lo hacía en ese momento, nunca, ninguna otra mujer lo había hecho sentir así. Ni siquiera Tanya... Tanya.
Y ese fue el momento en que él reaccionó, apartando a Isabella de su agarré, empujándola hacia atrás violentamente, haciendo que ella trastabillara y callera al piso por la fuerza desmedida que él había usado. La miró con odio, con la respiración aun entre cortada, y sin decir más, dio media vuelta y salió de la casa, dejando a Isabella tirada en el piso, confusa y furiosa. Los ojos de Isabella comenzaron a anegarse de lágrimas, haciéndole sentir un ardor furioso no solo en sus ojos, sino que en su interior. Dolida, furiosa, frustrada, confundida, Isabella comenzó a dar puñetazos furibundos en el piso:
-¡Maldito seas Edward Cullen! Nunca, ningún hombre ha osado tratarme así, y no tendrás tú el privilegio de ser el primero sin sufrir las consecuencias- dijo, haciendo que sus lágrimas rodaran por sus mejillas -¡Juro que el día en que te arrastres mendigando algo de mí, seré yo quien te haga a un lado como a un perro, dejándote tirado en el puto suelo, como un maldito perdedor. Lo juro Edward Cullen!- espetó con furia, levantándose del piso, agarrando uno de los hermosos jarrones de porcelana japonesa que había sobre una mesa, y lanzándolo con violencia contra una de las murallas.
