Damitas, vampiritas y lobitas: les dejo una nueva actualizacion de esta locura. Espero que la estén disfrutando, y me comenten que les va pareciendo.

Gracias a las que dejan sus comentarios, ya saben que son mi aliciente para seguir escribiendo.

Abrazos a todas y disfruten de la lectura!

Cata!


La fiesta de Renée

Ni Isabella ni Edward lograron pegar un ojo aquella noche. Él se sentía un asqueroso traidor, primero por haber permitido que Isabella lo besase siendo que él es más fuerte que ella, así que podría haberla apartado enseguida y no haber permitido que siguiera... pero ese era el motivo de su tan asqueado sentimiento hacia él mismo: el deseo desmedido que sintió por ella cuando se besaron. No estaba en sus planes que aquello pasara, no cuando él sentía un amor gigante por su novia... "Dios, no podré volver a mirarla a los ojos...", se lamentaba Edward, quien desconectó su aparato celular, para evitar que ella pudiese llamar y notar su voz extraña. Ya le inventaría algo al día siguiente... "y allá vas otra vez Edward, otra mentira..."

Ella, por su parte, se sentía furiosa, pues había visto y sentido la reacción de Edward Cullen hacia ella cuando se besaron. Lo odiaba. Lo odiaba por haberla dejado tirada en el piso. Lo odiaba también porque el sabor de la boca de Edward seguía intacto en la boca suya, no había logrado quitárselo. El sabor de la boca del hombre quien la despreciaba, y a quien ella quería para sí.

-¿Pero es sólo deseo?- se preguntó Isabella en la penumbra de su cuarto

-Es sólo deseo...- se repetía Edward como un mantra, intentando calmarse y tratando de encontrar alguna explicación lógica para su actuar. La que por cierto, no encontró.

El día viernes, el día de la fiesta de Renée había llegado. Isabella fue a su oficina con un humor traído directamente desde el Hades. Su hermoso rostro blanco estaba siendo opacado por las ojeras purpuras que cargaba bajo sus enormes ojos marrones. Se encerró en su enorme y elegante oficina, sobrecargándose de trabajo, frente a la extrañada y temerosa visión de Jane, que no sabía si ir a la oficina de "la jefa" a preguntarle qué demonios le había pasado, como para que su humor cambiara tanto desde ayer, del cielo a la tierra. Pero la curiosidad de la pequeña, y su deseo de saber si ella podía ayudarla de algún modo, la hizo vestirse de valentía, y entrar a la oficina de gerencia:

-Ehh... Be... Isabella... ¿puedo ayudarte en algo?- preguntó temerosa Jane desde la puerta

-Supongo que no tengo compromisos importantes esta tarde, porque no pienso aparecerme por aquí-

-¿Por el cumpleaños de Renée?-

-En parte. A las ocho pasaré por tu casa a recogerte para que llegues conmigo a la dichosa fiestecita. Tienes autorización para no venir durante la tarde, y ocupar ese tiempo en prepararte, ya sabes...- le dijo seriamente, usando el mismo tono huraño tan característico de ella

-Eres muy gentil...- agradeció ella, sin moverse de la puerta

-¿Qué?¿No me vas a bombardear con preguntas?-

-¿Eh?... Nnn... no... no, si no me quieres contar...-

-No ahora Jane, no ahora. Por el momento, trae los documentos de importación que mandaron los alemanes. Debo tener decisiones tomadas con respecto a eso para la otra semana-

-Enseguida- dijo Jane, sin hacer otro comentario al respecto. Esperaría a que la misma Isabella confiara en ella y le contara que le sucedía.

-¡¿Estás preparado Emmett?- dijo James frente al espejo del baño principal del apartamento de los hermanos Cullen -¡Esta noche es noche de chicas!-

-Oh, sí. Tengo la intuición de que esta noche será grandiosa e inolvidable, pequeño James...- dijo Emmett desde afuera, poniendo aftershave en su rostro recién afeitado. Mientras tanto, Edward no había oído la charla de Emmett y James, no porque no estuviese allí... bueno, estaba allí solo en cuerpo. Porque su atención estaba en otro momento. En la pasada noche. Sentado en el sofá del salón, bebiendo su wisky, recordaba una y otra vez su encuentro con Isabella. Y se odiaba por eso. Además, estaba esta "fiestecita" a la que él prácticamente estaba obligado a ir. A diferencia del entusiasmo de su hermano y su amigo, él hubiese preferido inventar alguna excusa para no ir. Y es que esa noche, de cualquier manera, volvería a cruzarse con "la castaña esa..."

-Pero juro omitir su presencia... como si no existiera- se dijo

-¡Edward! Oye, quedamos de pasar por el apartamento de Tanya a buscar a las chicas, y tú aquí, haciendo la previa sólo con tu licor...¡Ni siquiera te has vestido! Anda ya hombre, levanta tu trasero y ve a vestirte, que no tenemos mucho tiempo- se quejó Emmett, regañándole

-Ya voy, ya voy...- dijo el aludido, levantándose, como derrotado. Mientras se vestía su traje y corbata gris, se prometió disfrutar de la fiesta junto a Tanya, lejos de... ella. Además, le propondría ir hasta Oxford a pasar unos días. Ella extrañaba a las "brujas" de sus hermanas, y él extrañaba a sus padres. Quizás una buena charla con Carlisle lo tranquilizaría. Sí, eso haría.

Los muchachos llegaron al apartamento de Tanya, cerca de las siete y treinta. Alice abrió la puerta, luciendo un hermosos vestido negro, de tirantes, que llegaba justo a las rodillas, muy entallado, con escote en "v", haciendo resaltar su busto.

-¿No crees que es muy corto?- preguntó Emmett, evaluando a su "hermanita"

-¿Y muy escotado?- agregó Edward

-¡Oh, cállense los dos!- intervino James, haciendo a un lado a los dos celosos hermanos –Alice, por todos los cielos, te ves resplandeciente, hermosa, elegante, fabulosa, sexy...-

-¡Ok, detente James, o te golpearé- le amenazó Edward -¿Y Tanya?- preguntó luego

-Aquí estoy- dijo, entrando a la sala. La rubia mujer vestía un traje de color azul profundo, sin hombros, ajustado hasta la cintura y cayendo hasta sus pies de forma holgada y graciosa, adornado con sutiles piedrecillas tornasol, terminando de darle el detalle perfecto al diseño. Sandalias altas y un conjunto de sarcillos y un colgante, ambos de oro blanco, que sus padres le habían dado en su último cumpleaños. Su cabello iba tomado de forma irregular pero hermoso, dejando que su esplendoroso, blanco y hermoso cuello se lucieran.

-Estas... Por todos los santos, estas hermosa mi vida- dijo Edward, anonadado al ver la figura angelical de su novia. Su respiración se agitó y supo, al verla allí de pie tan hermosa frente a él, que ella era su futuro, a quien quería junto a él por el resto de su vida. Nada ni nadie haría que se alejara de ella. Nadie.

-Toda la razón, estas hermosa Tanya- dijo Emmett.

-Hermosísima- agregó James

-Gracias muchachos- dijo ella, algo cohibida por las palabras de los chicos

-Bien, es hora que nos vayamos, ¿no?- dijo Emmett, mirando la hora

-Sí, ya es hora. ¡Estoy tan emocionada! De seguro mañana aparecemos en la sección de sociales...- comentaba Alice emocionada, mientras los cinco invitados iban rumbo a la fiesta.

El salón de eventos más exclusivo del centro de Londres, estaba ornamentado elegantemente, como si se tratara la fiesta de una de las princesas de la familia real, y no de Renée Dwyer. Ya eran las ocho, y la gran sala ya estaba atestada de invitados. Entre ellos, JasperWhitlockque iba acompañado de su "última nueva conquista", la sensual Victoria Sutherland, quienes se acercaron a la cumpleañera, para desearle feliz cumpleaños. Estaban en eso cuando la tropa de acompañantes de Edward Cullen hace ingreso al gran y elegante salón, acercándose de inmediato a Renée, para saludarle y presentar a su novia y sus acompañantes. Después de todas las formalidades, saludos y presentaciones, el grupo se apartó de la cumpleañera, quien debía seguir saludando al resto de los invitados que había llegado a la fiesta.

-¡Esta fiesta luce increíble!- observaba maravillada Alice, mientras bebía un licor suave

-¡Cuánta gente...!-

-¡Y cuantas chicas lindas!- dijo Emmett, dándole un codazo a James, quienes observaban el entorno, engalanado de hermosas mujeres, de todos los tipos y para todos los gustos.

-Este... Edward... no me has presentado a tu amigo- le dijo Alice a su hermano, cuando se percató de la presencia del economista Jasper Whitlock, y ella no le había despegado los ojos de encima al rubio hombre, quien comenzaba a sentirse cohibido ante la insistente mirada de aquella pequeña y hermosa mujercita hermana de su amigo

-Jasper Whitlock, un placer señorita- dijo, tomando una de sus manos, para depositar sobre el dorso de ésta –Soy colega de su mal educado hermano Edward, que no tuvo la decencia de presentarnos- agregó, con una torcida sonrisa, haciendo que Alice se levantara sobre la punta de sus pies para controlar las mariposas que aquel rubio y educado hombre había soltado en su estómago. Edward meneó la cabeza de forma negativa, intuyendo lo que entre ambos estaba sucediendo. Luego miró a la colorina acompañante de Jasper, le dedicó una sonrisa, y le dijo:

-Y el mal educado de mi colega Jasper no te ha presentado tampoco...-

-Victoria Sutherland, la amante de turno de Jasper, un placer Edward- dijo la mujer, ante el asombro de Tanya, Edward y el mismo Jasper, y ante la contrariada mirada de Alice, quien dejó caer la vista hasta el piso. "Maldito Jasper, ay de ti si mi hermana derrama una sola lagrima por ti..." pensó Edward. Tanya se percató del estado de ánimo de su pequeña amiga, y la tomó del brazo, sacándola del grupo, con el pretexto de ir al tocador.

Emmett y James, que se habían apartado del grupo para comenzar a comentar los primeros entretelones de la fiesta, cuando Emmett quedó en estado de shock, y teatralmente, lleva su mano hasta su pecho, como si una bala lo hubiese atravesado, induciendo un rostro de insoportable dolor. Edward ni ninguno de los de allí entendía nada

-Emmett, qué demonios...-

-Acabo de morir muchachos... el mal nacido de Cupido me dio justo aquí...- dijo, señalando el lugar en donde se encuentra el corazón

-Oh, por todos los querubines del cielo... quienes son ellas...- Edward, Jasper, James y Victoria se voltearon y dirigieron la mirada hacia la entrada del salón, en donde hacia su aparición, primero, el magnate millonario, ex esposo de Renée, quien venía muy bien acompañado de una despampanante mujer, Rosalie Hale, quien había hecho que Emmett cayera rendido a sus pies en el instante en que la vio

-Estas perdido Emmett, él es Charles Swan, y la despampanante rubia compañía que trae de su brazo es su nueva novia, Rosalie Hale- explicó Jasper, quien era conocedor de la "socialité" en el mundo empresarial.

-¡He muerto, muchachos...!- dijo Emmett, aun en estado de shock, ante las carcajadas de los allí presentes.

-Y damas y caballeros, ahora podemos presenciar la triunfal entrada de la hija de Charles Swan. Con ustedes, nada más y nada menos que Isabella Swan- agregó Jasper caricaturescamente. Edward no se había percatado que detrás de Charly, venia también su hija, pues en ese momento, se había volteado hacia Tanya, quien venia del tocador con su hermana. Pero cuando oyó a Jasper, su estómago se contrajo de dolor, y tentativamente se giró hacia la entrada, y la vio. Isabella Swan hacía su entrada triunfal, digna de los centenares de flash que deslumbraban sobre ella. Para la ocasión, ella eligió un insinuante vestido, que cubría desde la parte superior de sus senos hasta la mitad de sus muslos, de color rojo carmesí bordado por hilos de seda negro, entallado perfectamente en la perfecta silueta de su cuerpo, haciéndola ver sexy, insinuante, despampanante, luciendo además sus hermosas y esbeltas piernas sobre unos tacones negros de doce centímetros, que no cualquier mujer se atrevería a usar. Su cabello iba suelto, escarmenado y furioso, dándole el último y perfecto toque a su imagen, que en ese momento, mantenía embobado al cien por ciento de los hombres presentes en esa fiesta, incluido por supuesto a Edward Cullen.

-¡Maldita sea Cullen, eres un maldito afortunado haciéndole clases a semejante belleza...!- dijo James, sin apartar la vista de Isabella, quien se dejaba fotografiar en la entrada, junto a su padre, a su madre, a Rosalie y a Jane, quien también lucia esplendorosa en ese traje color verde olivo de tirantes, que cubría hasta su rodilla. Edward hizo caso omiso del comentario de James, y quitó la vista de Isabella con mucha dificultad, dándole un gran sorbo a su segundo vaso de wisky

-Isabella Swan, recuerda que la indiferencia es la madre de toda las ciencias...- se repitió mentalmente ella al entrar, cuando antes que los flashes la dejaran casi ciega, divisó a Edward Cullen, abrazado a su novia, la gentil Tanya. Suspiró, alzó su cabeza, erguida y elegante, y sonrió ante las cámaras. James, detrás de ella, rogaba que la tierra se abriera y que la tragara, y es que no estaba acostumbrada ni menos preparada para que tal cantidad de ojos estuviese sobre ella... "Un momento Jane, no te miran a ti, miran a Isabella..."

-¡Nena, pero si te ves hermosa!- le dijo Renée a su hija, mientras se abrazaban –Eres el centro de atención aquí...-

-Oh, nada de eso, el centro de atención eres tú, que por cierto luces estupenda- le dijo Isabella a su madre, halagándola por su atuendo

-Por cierto- agregó, y se dirigió a Jane, quien temblaba de nervio justo detrás de Bella –Te ves hermosa también Jane-

-Es muy amable señora...- dijo Jane, ya sonrojada por los halagos de Renée

-Eh eheh... nada de señora, soy Renée y punto-

-Bien mamá, Jane y yo iremos a socializar por ahí...-

-Si cielo, diviértanse- les dijo Renée. Isabella y Jane se dirigieron a un grupo de empresarios a quienes ellas conocían y que Renée había sido muy amable de invitarles. De camino, unas fuertes manos tomaron por el brazo a Isabella, haciéndola girar bruscamente.

-Mike Newton, siempre tan animal para tus cosas...- espetó Isabella con desdén hacia Newton

-¿Y acaso eso no te agrada?- le sonrió lascivamente, mojando sus labios con su lengua

-Bella... este... yo voy...- dijo Jane, incómoda por la situación, indicando hacia el tocador, que era el lugar a donde ella arrancaría

-Si, sí, ve niñita, vete...- le dijo Mike sin apartar la mirada de Isabella, quien lo miraba con furia. Jane literalmente desapareció, dejando allí solos a la parejita.

-Por qué maldita razón aun no me sueltas, Mike...-

-Porque esta noche no te soltaré, muñequita-

-Por un demonio Mike, te has vuelto tan repulsivo para mí...- dijo, soltándose del agarre del tipo –Ahora, esfúmate de mi presencia, y ve en busca de alguna "mujerzuela" que esta noche quiera hacerte el favor de ser tu compañía. Yo tengo otras cosas... en mente- dijo, saludando coquetamente a RileyBiers, un joven y guapo empresario, muy amigo de la familia Swan.

-No te atrevas a meterte con ese...-

-Cuidado con lo que vas a decir, ahora lárgate de mi vista- dijo, saliendo ella del camino de Mike, y acercándose coquetamente a su "antiguo amigo" Riley

-Te extrañé preciosura...-

-No me has llamado-

-Ya sabes, vengo llegando de un viaje de negocios-

-Lo sé, pero aquí estamos, para recuperar el tiempo, ¿no es así?-

-Tal y como lo dices, Isabella- le dijo, acercándole un vaso de champaña, para enseguida chocar la copa de ella, para brindar en silencio, cruzando miradas que prometían hacer de esa noche, una muy larga noche.

Edward Cullen, había visto la escenita completa de Isabella Swan entrando a la fiesta, luego, topándose con un hombre, y luego con otro, con quien vio coqueteara durante todo lo que llevaba de fiesta. Y aquello lo enervó. Vio como aquel hombre la tomaba de la cintura, dejando descansar su mano sobre su derrière. Vio cómo se hablaban al oído y se carcajeaban con complicidad. También se percató de que ella ni siquiera lo había mirado, pese a que sí había saludado a Alice y a Tanya de forma muy cordial, cruzando un par de palabras con ellas

-¿Estas bien?- preguntó James, acercándosele a la barra, mientras seguía bebiendo

-Sí, por supuesto, lo estoy pasando de las mil maravillas, no te das cuenta- le dijo sarcásticamente a su amigo

-Así veo... pero si no estás cómodo, qué te ata a quedarte aquí...-

-Tanya y Alice se la están pasando realmente bien, no quiero aguarles la fiesta-

-¿Seguro es por ellas?-

-¿De qué hablas?-

-No le has quitado la vista de encima a la Swan...-

-Eso no es cierto-

-Sabes que sí, y agradece que nadie más se ha dado cuenta-

-Demonios, no tendría que haber venido...-

-¿Ha pasado algo más que no me hayas contado?

-No quiero hablar de ello aquí- contestó Edward amargamente, dándole a entender a James que sí había pasado algo y que sí necesitaba desahogarse con él de aquello

-Muy bien, bueno, te informo que la rubia acompañante de Charles Swan abofeteó a Emmett por tratarse de pasar de listo con ella- le contó James a su amigo, para intentar distraerlo un poco

-Merecido se lo tiene-

-Alice y Jasper ya andan intercambiando miraditas...-

-Me percaté de ello, mandaré a golpear a Jasper el lunes a primera hora, no te preocupes-

-Muy gracioso Cullen. Y ahora yo, acabo de ver a una preciosura sola en una esquina, ¡qué injusticia! Pero aquí estoy yo, para hacer justicia hermano..., ¿la conoces? Llegó con la Swan...- dijo haciendo que Edward dirigiera la mirada hacia la pequeña y rubia mujer que parecía un corderito agazapado en una esquina

-No la había visto nunca-

-Bueno, allá voy...- le dijo a Edward, dejándolo en compañía de Tanya que acababa de llegar hasta ellos.

-¿Qué fue eso?- le preguntó Tanya a Edward, cuando vio salir a James casi de volada

-¡James al ataque!- respondió a su novia-¿Quieres bailar?-

-Seguro que sí- contestó animadamente Tanya.

-¿Qué hace una chica como tú, en un lugar como este?- dijo James utilizando aquella trillada frase y acercándose a la menuda mujer, quien se estremeció con tan solo oír la voz de James

-Yo... yo... no estoy...-

-No me digas que no estás sola, porque llevo un buen rato observándote... James Witherdale, un placer conocerle, señorita...- se presentó rápidamente, extendiéndole su mano en señal de saludo

-Jane O'connor- dijo ella

-Jane, ¿me concedería usted esta pieza de baile?- preguntó caballerosamente él, como solía hacerse en el siglo dieciocho, acompañado todo esto de una reverencia, que hizo reír y a la vez sonrojar a la pequeña Jane

-No sé bailar bien...-

-No hay problema con eso, yo seré quien guie la pieza de baile, tú solo déjate llevar- le dijo, tomando la mano de la chica y llevándola hasta la pista de baile, en donde comenzaba a sonar una suave y romántica pieza de baile

-Parece que a James le fue bien, está bailando con la chica- le contó Tanya a Edward, quien había observado llegar a la pareja hasta la pista de baile, mientras ella se dejaba llevar por la música en los brazos de su amado Edward

-Pobre chica, la ha de haber sacado de quicio como para que aceptara...-

-Tonto Edward...- dijo ella, carcajeándose ante el comentario de su novio. Edward había logrado relajarse con las suaves piezas musicales que sonaban de fondo, las que estaba disfrutando en compañía de su amada... pero su relajo se vio interrumpido, cuando se percató que Isabella y su acompañante había llegado también a la pista de baile. Él la apretó fuertemente contra su cuerpo, y ella llevó ambas manos hasta su cuello, bailando ambos con el rostro muy cerca del otro. El "tipo ese" llevó su boca hasta el cuello de Isabella, haciendo que ella cerrara sus ojos de puro placer disfrutando del momento. Edward vio todo eso, repitiéndose para él mismo que aquello no debía de importarle... pero aun así, no les podía sacar los ojos de encima. En un momento, Isabella acomodó su cabeza justo en el hombro de Riley, abriendo sus ojos, y encontrándose de frente a Edward Cullen, a quien sorprendió observándole con una mirada más bien penetrante, llena de fuego. Sí, de fuego. Ella le respondió de la misma manera, de forma persistente, sin bajar la mirada. Ninguno de los dos bajaba la mirada y pese a que estaban separados por unos cuantos metros, y habían otras parejasen medio de ellos, el ambiente entre ambos se comenzaba a tornar pesado e inquietante, por supuesto, sólo ellos dos podían percatarse de eso, pues sus cuerpos estaban reaccionando a la mirada del otro, con centenares de descargas eléctricas, tan propias en ambos cuando se encontraban, aunque ahora eran mucho más potentes.

En un momento, Isabella susurró algo en el oído de Riley, sin dejar de mirar a Edward, para luego apartarse de él, saliéndose de la pista de baile. Cuando iba de camino a uno de los corredores que daba a los excusados, giró sutilmente su cabeza, mirando de manera insinuantemente sensual a Edward, quien a esas alturas, se sentía perdido, pues sintió un deseo imperante de salir tras esa mujer, no sabía el motivo por qué debía de hacerlo. Pero lo hizo:

-Tanya, espérame en la barra, ¿si?- le dijo, apartándose de ella, y encaminándola hacia allí

-¿Sucede algo?-

-No cielo, regreso enseguida-

-Está bien- respondió ella, sin siquiera sospechar lo que ocurría. Él se alejó de su novia, sin darle mayores explicaciones, siguiendo con diligencia los pasos de Isabella, a quien vio escurrirse por una puerta en medio del pasillo. Cuando él llegó hasta la misma puerta donde ella había entrado minutos antes, se detuvo. "¡Maldita sea, que estoy haciendo...! ¡No quiero estar aquí!" se decía, pero una vocecita más allá de sus pensamientos le gritaba "¡Mentiroso!". Edward cerró sus puños con fuerza, pues se sentía tenso... y mentiroso. "Sí, soy un maldito y lunático mentiroso" se dijo, abriendo la puerta con lentitud.

Entró a una especie de salón muy pequeño, oscuro, en donde de lo único que pudo percatarse, fue de la figura femenina que había salido persiguiendo, quien estaba a contra luz, mirando por el gran ventanal de aquella sala, mientras la luna lograba divisarse por ésta, haciendo que su luz refulgiera sobre ella.

-Estaba segura de que vendrías-

-Tú madre me invitó...-

-No hablo de la fiesta... ¿por qué me seguiste?-

-No lo sé... o quizás sí: sólo quería aclararte que lo de ayer fue un desafortunado desliz, que no significó nada para mí- dijo él tratando de sonar elocuente

-Mentiroso- dijo ella en un susurro, sin voltearse. Edward sintió que la furia comenzaba a hervir dentro de él. De tres zancadas se acercó hasta ella, y de forma violenta, la tomó del antebrazo y la hizo girar para quedar frente a ella. Mala idea, pues en el instante se perdió en la profundidad de su mirada oscura, y la burbujeante furia comenzó a tornarse en pura e irremediable pasión.

-No significas nada para mí...- le dijo entre dientes, con su cara muy cerca de la de ella, sin soltar la presión que estaba ejerciendo sobre su antebrazo

-Mentiroso- reiteró ella con mucha tranquilidad. Y allí estalló Edward Cullen.

Estalló su boca furibunda y ansiosa sobre los delicados y tentadores labios de Isabella Swan, volcando su furia y su deseo sobre aquel beso. Ella pasó con suavidad sus manos sobre su pecho, sobre sus hombros, hasta llegar a su nuca, donde jugueteó con su cabello, mientras él la atraía más hasta su cuerpo, si era eso posible, tomándola por la cintura y por su nuca.

El beso fue intenso, pasional, fogoso y apremiante, olvidándose de todo el resto: fiesta, amigos, padres, novia, hermanos. En su interior, ninguno quería acabarlo. Él uno quería morir en los labios del otro. Esa era la verdad, verdad que hizo regocijar a Isabella y odiarse a sí mismo a Edward.

El beso, que fue bajando su intensidad, se convirtió de un choque erótico, en unos suaves encuentros que rayaban incluso en la ternura. Los ojos de ambos se abrieron y sus labios de ambos seguían encontrándose en cortos besos.

Aquel beso n terminó de la misma manera que el anterior. Ambos se apartaron el uno del otro de forma lenta y perezosa, sin dejar de mirarse

-Esto llegó hasta aquí Isabella. No nos volveremos a ver más. Es un error, no quiero más de esto contigo...- dijo él, dando dos pasos hacia atrás, alejándose de su tentación

-Mentiroso- reiteró ella por tercera vez, con un ápice de nostalgia y ternura en su voz. Edward negó quietamente con la cabeza. Enseguida giró sobre sus talones, y sin más, salió de aquel cuarto.

Isabella se quedó en ese lugar por cerca de cinco minutos más, mientras lograba controlar unas traidoras lágrimas. "¿Por qué lo niegas Edward...?"

Hizo ejercicios de respiración para recobrar la compostura, y cuando se sintió preparada, salió a enfrentarse a la realidad de la dichosa fiesta de su madre. Buscó a Riley, a quien encontró en la barra. Le susurró al oído la idea de terminar la noche en su apartamento, a lo que él asintió gustoso. Y es que ella necesitaba deshacerse del deseo que la estaba quemando, aunque no fuera Riley quien había provocado eso en ella, sabiendo que seguramente, mientras tenía sexo con él, ella estaría deseando que fuese el cuerpo de Edward Cullen con quien se estuviese fundiéndose con el de ella. Y eso fue lo que sucedió.

-Isabella, ¿por qué tu y yo nunca intentamos establecer una relación "seria" si nos llevamos tan bien... en todo aspecto...?- preguntó Riley, mientras acariciaba la desnuda espalda de Isabella después de haber tenido con ella horas de sexo desenfrenado, luego de la fiesta

-Riley, Riley... porque nos terminaríamos odiando tarde o temprano... eso siempre pasa. Mejor lo dejamos así, en estos encantadores encuentros casuales...- contestó ella, suavemente, paseando sus dedos por el pecho desnudo de Riley

-¿No quieres compromisos?-

-No, no los quiero...- dijo ella, "no contigo..." rectificó en su mente, pensando en el maestro de cabello cobrizo y ojos esmeralda

-¿Sabes? Te acompañaré a Oxford la próxima semana...- dijo Edward a su novia, cuando ya estaban acomodados en la cama, listos para dormir, después de aquella fiesta que Edward deseaba olvidar.

-¿Estás seguro?¿Y tu trabajo...?-

-Eso está arreglado. Pedí la semana y no tuvieron problemas en concedérmela. Hay un excelente reemplazante que tomará mis clases... también extraño a mis padres como tú nena...-

-¡Oh, Edward!¡Me haces tan feliz!- dijo ella, llena de dicha, pues se le haría muy largo este viaje a ver a su familia sin la compañía de Edward. Lo besó con ternura y luego se acurrucó en su regazo. Edward necesitaba alejarse, desaparecer de Londres aunque fuese por una semana, poner su mente en orden y arrancar ciertos sentimientos y deseos que lo estaban volviendo loco. "Sí, desaparecer será lo mejor..."

Y fue lo que hizo. El mismo viernes, antes de la fiesta, ya lo había decidido, y había pedido autorización para ausentarse aquella semana, y no tuvieron problema en concedérselo. El sábado reservó los pasajes para el vuelo a Oxford para el día siguiente. Había dejado una conversación pendiente con su amigo James, a quien vio muy acaramelado con una mujer, "con quien seguramente terminó en la cama", pensó. Además, había visto a Emmett por primera vez en su vida "en las nubes" literalmente hablando, y es que eso de que la acompañante de Charly Swan lo había dejado en estado de shock, pensando en ella e ideando un plan para acercársele, pues repetía "me enamoré, de forma irrevocable... esa mujer tiene que ser mi...mi Rosalie..." decía como bobo enamorado, dando pie para que James y Edward se burlaran de él. Y Alice, ella había quedado algo cabizbaja pues cada vez que intentó acercarse a Jasper, Victoria se percataba de ello y lo impedía

-Nos miramos, sé que hubo una conexión especial entre nosotros, Tanya-

-Alice, él estaba acompañado...-

-Pero aun así, él es a quien yo he estado esperando hace años... no quiero a nadie más, mi amor es suyo...-

-Alice, acabas de conocerlo, ¿cómo dices que ya lo amas?-

-El amor es así Tanya...- respondió Alice con desanimo, para nada propio de su carácter siempre tan alegre y vivaz. Edward, quien había estado oyendo desde la otra recamara el dialogo de las dos mujeres, odio saber que su hermana estaba sufriendo por amor, y más odio que fuese Jasper el causante de eso... "en verdad lo mandaré a golpear...maldito..."

El día lunes prontamente llegó, y para Isabella fue largo, ajetreado, lo que la traía de un humor de los mil demonios, además, estaba aún en la incertidumbre de saber si en verdad Edward cumpliría su amenaza de no volver a hacerle clases, y eso hacía que se sintiera aún más enervada. Además, no olvida su último encuentro en la fiesta, sacando como conclusión de que él sentía algo por ella. Pelearía por saber qué era aquel sentimiento, y pelearía incluso contra el mismo Edward para que reconociese lo que sentía por ella.

Por lo que cuando fue la hora, se fue a su casa, evitando los cuestionamientos de Jane, quien insistía con el tema de la fiesta... "después de todo, es muy perspicaz..." pensaba Isabella.

A las siete, estuvo instalada en la sala de música, esperando, y esperando. La hora pasaba y Edward no aparecía. Algo,mientras esperaba, la hizo llamar a su madre. Hablaron sobre los comentarios de la fiesta que aparecieron en las páginas sociales de los diferentes periódicos de la ciudad y sobre otros detalles de la misma. Isabella estaba inquieta, pues no sabía cómo preguntarle sobre Edward, hasta que logró hilar el tema de conversación con su madre y sus deseos de saber que pasaba con él:

-¿Y qué han comentado tus profesores sobre la fiesta?-

-¡Maravillas hija! Todos quedaron encantados...-

-¿Todos?...digo, yo solo conozco a Jasper y Edward...-

-Oh, Jasper dijo que la había disfrutado mucho, y con Edward no he hablado aún...-

-¿Pasa algo con él?-

-Pensé que sabía, como te estaba dando clases... pidió permiso para ausentarse. Creo que viajó con su novia fuera de la ciudad...- estaba diciendo Renée, pero Isabella no la siguió escuchando. "¡¿Cómo que se fue?¡Maldito cobarde!"

-No tenía idea. Te debo dejar. Adiós Renée...-

-¿Bella?- alcanzó a oír, pero luego colgó. Una furia desmedida comenzó a surgir desde su interior. Tenía ganas de destruir algo, cualquier cosa... miró hacia el enorme y hermoso piano de cola, deseando desatar sobre el instrumento toda su furia.

Y así lo hizo.

Con una escultura de metal comenzó a destruir el instrumento, maldiciendo, mientras el hermoso piano iba quedando absolutamente inservible. Alguna de sus empleadas golpeó y preguntó su estaba bien, e Isabella la amenazó con ponerla "de patas en la calle" si no se iba. No quería interrupciones. La mujer escapó ante la furibunda orden de su patrona. Después que el piano quedó destruido, ella se sentó sobre la alfombra, respirando con fuerza, después de semejante derroche de energía. Cerró los ojos, suspiró para tranquilizarte y luego habló en voz alta:

-Sí Edward Cullen...vete... y extráñame... y luego regresa... que lo nuestro recién está comenzando...-