Hola nenas: bueno, agradecer de antemano sus lecturas y espero sus comentarios acerca de cómo les va pareciendo la historia, ¿si?

Besotes desde este lado del mundo...y ah!...¡FELIZ NAVIDAD PARA TODAS!

Abrazos gigantes

Cata!


Desde el futuro

Esme y Carlisle Cullen estaban rebosantes de dicha, pues su hijo Edward había llegado a visitarlos de forma sorpresiva. Lo extrañaban. Extrañaban a sus tres retoños, a quienes habían "dejado ir" para que se independizasen. Esme estaba ya planeando un viaje a Londres para ayudar con los preparativos de la boda, y es que a ella el asunto que su hijo se casara con alguien tan buena como Tanya, la tenía dichosa, y a Carlisle muy orgulloso

-¿Y Tanya?- preguntó Carlisle a su hijo mientras disfrutaban en la terraza de la gran casa de la familia en Oxford

-Se quedó con las brujas... digo, con sus hermanas. Vendrá esta noche a cenar-

-¿Ya solo faltan un par de meses para la boda, no?¿cómo te va con eso?-

-Creo que a las chicas las tiene más revolucionadas que a mí. Pero estoy muy contento y ansioso- dijo Edward, no con el tono de voz que a su padre le hubiese gustado oír

-¿Pasa algo Edward? Sabes que puedes confiar en mi-

-No pasa nada... el trabajo... es muy ajetreado todo... además, quizás si estoy algo nervioso... ya sabes... ¿acaso no sentiste nervio cuando estabas a punto de casarte con mamá?-

-Oh, claro. Y es muy normal. Pero estaba dichoso hijo...-

-Yo...yo también lo estoy... sólo que...-

-Habla con confianza hijo, no estas ante un desconocido, puedes confiarme lo que sea-

-No quiero hacer las cosas mal, este es un paso importante...-

-Edward, siempre has actuado con madurez y seguridad. Si amas realmente a tu novia, y sabes que sin ella no podría vivir el resto de tu vida, es lo que necesitas para concluir que lo que harán es lo correcto, además, nadie los está apurando, no hay presiones...¿porque no las hay, verdad?-

-No, no hay presiones...-

-¿La amas?-

-¿Eh?¿por qué preguntas eso? Por supuesto que la amo-

-Entonces cual es el problema...-

-No hay problema alguno papá, sólo estoy pasando por los nervios normales de un novio antes de casarse...-

-Hijo, soy tu padre y te conozco quizás mejor que a ti. Me doy cuenta que algo te tiene inquieto...-

-No es nada papá, de verdad, no tienes nada de qué preocuparte- insistió Edward, sin hallar la suficiente valentía para decirle lo que en verdad le ocurría: que había aparecido una mujer que lo exasperaba y lo provocaba hasta el cansancio, y lo peor, que él había cedido a sus provocaciones.

Pero qué podía hacer. Ya había tomado distancia... ok, sólo llevaba tres días de distancia, pero había comenzado a alejarse. Lo había decidido. Quizás sólo se estaba ahogando en un vaso de agua. Quizás él no era el único hombre que se había dejado llevar por ese tipo de pasión por una mujer, estando enamorado de otra, total y completamente enamorado de otra. Quizás, no era el único hombre que sufría de insomnio, pensando en qué demonios le estaba pasando con esa extraña y menuda mujer castaña de ojos marrones. Quizás, maldita sea, quizás no era el único maldito hombre sobre la faz de esta maldita tierra que se estaba cuestionando cuándo puto momento esa pasión que se hacía en momentos incontrolable, iba de decaer y finalmente desaparecer. Y esas detestables descargas eléctricas que lo quemaban cuando se le acercaba... o incluso ahora cuando sólo la pensaba... ¿qué demonios eran? Todos esos cuestionamientos se hacía Edward Cullen, después que su padre se levantara y se excusara, pero era lunes y debía volver a la clínica en donde trabajaba.

-¿Desde cuándo has vuelto a fumar, Edward?- preguntó su madre, quien había llegado a la terraza a servir un té para su hijo y para ella, muy típico de ella a esa hora de la tarde

-Es sólo para relajarme mamá, no he vuelto a fumar...-

-Pues muy mal. Hay otras cosas para relajarse, el piano te relajaba-

-Y lo sigo haciendo, pero no puedo traer el piano de la sala hasta aquí, mamá- le dijo, bromeando, mientras apagaba su cigarro. Su madre rió con aquella risa torcida que él mismo había heredado de ella, dejó el té sobre la mesita, un tiesto con galletas, y deposito un beso amoroso sobre el cabello cobrizo de su adorado hijo.

-¿Supongo que Edward se ha comportado contigo, Tanya?- preguntó Kate, la mayor de las hermanas Denali, quien no era precisamente del "team Edward"

-¿Se ha comportado? ¿A qué te refieres? Estás hablando como la abuela...- bromeó Tanya, preparándose para acostarse en su antiguo cuarto, después de haber llegado de casa de Edward, de una muy amena cena con él y sus padres.

-No hablo de si están tomando los votos de "abstinencia previa al matrimonio", aunque no lo creo. Hablo si "ese" te ha hecho sufrir, o algo así-

-"Ese" tiene nombre, no lo trates así. Además, él y yo no hemos tenido problemas, todo marcha excelente entre nosotros-

-Más le vale, o de lo contrario, ya sabes, le patearé la entrepierna y se las dejaré inservibles...-

-¡Para ya Kate!-

-Ok, duerme Tanya. Mañana es día de chicas, ya sabes...-

-¿Día de chicas?-

-Sí, y no tienes derecho a protestar. Así que si tenías planes con ese... con Edward, pues anda cancelándolos. Ahora duerme hermanita...- dijo la gruñona y mayor de las hermanas a su pequeña Tanya, mientras la arropaba como una niñita pequeña en su cama, para luego darle un tierno beso en la frente, deseándole buenas noches.

Y tal como se lo había dicho su hermana Kate, Tanya fue "raptada" por sus hermanas y tres amigas más, quienes la llevaron primero a un centro comercial para hacer una sesión de compras, entre ellas mucha lencería de todo tipo, incluso alguna que hasta se podía comer... "Jesús, jamás me atreveré a usar esto con Edward...". Luego se fueron a comer y más tarde, pasaron por una especie de feria de diversiones que se había instalado en la ciudad hace un par de días, convirtiéndose en un muy buen punto de atracción.

-¿Has visitado a una vidente alguna vez?- preguntó una de sus amigas, mientras pasaban precisamente por fuera de un pintoresco puesto, en donde sobre el cual había un cartel lleno de colorido que decía "Madame Tina, que todo lo sabe, todo lo ve, todo lo adivina"

-Son charlatanas, por Dios, ¿no me digan que creen en estas mujeres?

-Oye, hay veces que aciertan...- aportó su hermana Irina, quien a menudo visitaba a este tipo de mujeres, o se hacía leer de las cartas, o cualquier cosa que le dijera cuando por fin iba a llegar su príncipe azul

-¿Por qué no entramos?¡Será divertido!-

-No creo...-

-¡Anda ya! Sólo por diversión- dijo una de las amigas, tomando a Tanya del brazo, y arrastrándola hasta el pequeño puesto de la vidente.

Una vez adentro, la "profesional de la videncia" recibió una "revelación" que le dijo que Tanya era la novia, ante lo que las mujeres quedaron sorprendidas, menos Tanya por cierto. Tina, la vidente, le pidió que tomara asiento y sobre la mesa, frente a ella, estiró una baraja de cartas del tarot de Marsella, pidiéndole que eligiese tres cartas del maso con la mano izquierda. Tanya, con total escepticismo. Cuando la vidente vio las cartas, su cara se tornó un tanto descompuesta.

-¿Entonces?¿Qué dicen de mi los arcanos menores?- preguntó Tanya con tono de burla

-"Veo a una mujer de cabello color sol, vestida de blanco..."-

-¡Muy buen acierto!-

-Déjeme continuar: esa mujer es usted, claramente. Lo que llama mi atención, es que la veo llorar amargamente. La veo cediendo una especie de tesoro valioso, por el cual llora...si, eso. Su llanto es porque debe dejar su tesoro en manos de otra persona... en manos de otra mujer. Llorará y sufrirá por mucho tiempo, pero finalmente vendrá la paz a usted... y recibirá otro tesoro, justo el que usted necesita- concluyó la mujer, ante la atónita mirada de las mujeres allí presentes, incluyendo ahora a la mismísima Tanya

-Cuanto le debo- concluyó la aludida, temblando, mientras sacaba dinero de su bolso. Cuando la vidente le dio el valor de la consulta, Tanya dejó sobre la mesa el dinero y se dispuso a salir, pero la mujer la tomó por el brazo y la detuvo antes que ella se fuera

-Dama, debo advertirle: no habrá boda- le dijo la mujer mirándola a los ojos, completamente segura de sus palabras. Tanya sintió un escalofrío que la recorrió por completo, y tuvo ganas de salir corriendo de allí y llorar. Cuando se zafó del agarre de la mujer, salió, intentando guardar la calma. Sus amigas y sus hermanas se percataron del estado de ánimo de Tanya, pese a que no habían escuchado la última revelación de la tarotista.

-Ok, tenías razón, estas mujeres son unas charlatanas, que dicen cualquier estupidez para ganar un poco de dinero- dijo una de las amigas, intentando alivianar el espeso ambiente que se había cernido sobre ellas. Tanya sonrió, o hizo el intento. Lo único que quería era correr a los brazos de Edward, y que él la reconfortara y le dijera que todo estaba bien, que nada había cambiado ni cambiaría entre ellos.

Y fue lo que hizo: les dijo a sus amigas que iría a casa de los padres de Edward, pues se había quedado de juntar allí. Atravesó la ciudad a toda velocidad y llegó hasta donde se encontraba Edward, quien la estaba esperando en la puerta de la casa. Cuando él la vio bajar del cochese espantó,pues Tanya corrió enseguida hasta sus brazos, prácticamente llorando. Cuando llegó a él, le abrazó con fuerza

-Tanya, cariño, que sucedió, por qué vienes así...- preguntó con su voz ansiosa, acariciando la espalda de su novia con ternura para reconfortarle

-Dime que nada cambiará entre nosotros, que nos casaremos y que seremos felices por el resto de nuestras vidas- le pidió con llanto en la voz, aferrándose con fuerza al cuerpo de Edward, llena de miedo y contradicciones que habían despertado prácticamente sin razón

-Claro que si amor- asintió, besando su rubia cabellera con amor –seremos muy felices, ya verás, pero dime que te sucedió, ¿te hicieron algo las brujas?- dijo, mientras entraban a la casa

-¿Brujas?- preguntó confundida, mientras secaba sus ojos con el dorso de su mano

-Digo, tus hermanitas...-

-Fue una estupidez Edward... y las brujas no me hicieron nada-

-¿Una estupidez? Mira como vienes...-

-Ahora estoy bien, sólo necesitaba abrazarte y que me abrazaras- dijo, ya más tranquila

-Ok, dime que sucedió, si fue una estupidez, quiero saberlo-

-No fue nada... las chicas me llevaron a una especie de bruja, o vidente que me leyó el tarot, y esta mujer me habló de sufrimiento y llanto, ya sabes, estas mujeres que buscan lucrar...- contó Tanya mientras se instalaban en el sofá

-Tanya...- iba a protestar él, pero ella lo hizo callar con un beso en los labios. Edward la tomó en sus brazos, y la llevó hasta su cuarto. Esa noche le haría el amor con dulzura, para acallar sus miedos, miedos que a él lo venían atormentando desde hace un tiempo atrás, ¿cambiaría algo entre ellos?¿serían felices el resto de sus vidas, como alguna vez se lo propusieron? Él deseaba que sí, él quería que así fuera, ¿pero era lo que el destino tenía preparado para él?

Curiosidad

Hacía dos meses que no se veían. Hacía dos meses que "por misericordia del cielo" como decía Edward, o "por los mil demonios" como decía Isabella, no se veían. Pero eso no significaba nada, pues la ansiedad que Isabella ejercía sobre Edward, y que Edward ejercía sobre Isabella no mermaba. Muy por el contrario. Pero ninguno de los dos había hecho algo para intentar siquiera cruzarse en el camino del otro. Es más, Isabella decidió viajar a reunirse con el padre de Rosalie Hale para concretar el negocio a los Estados Unidos, Nueva York para ser más exactos, y allí se quedó por cerca de un mes, acompañada de su amigo Riley, quien estuvo encantado de seguirla.

A cargo de la empresa en Londres quedó la misma Rosalie Hale, y Jane. Ella se propuso desaparecer por un tiempo de la vida del "maestro", pero solo para fines futuros, que venía trazando en su cabeza. Y es que ella se había propuesto incrementar la necesidad que Edward Cullen sentía por ella, con su indiferencia, desapareciendo de su camino. Y quizás estaba surtiendo resultado.

-Entonces... ¿ella te habla de su jefa?- preguntó Edward como si nada, intentando sonar indiferente, pese a que su amigo James lo conocía bien, de modo que no podía mentirle.

-Edward, cuando salgo con Jane no me pongo a preguntarle sobre su jefa- mintió James –será mejor que te comiences a mentalizar para tu boda, solo falta un mes, ya sabes...-dijo lo último para cambiar el tema

-No es mucho lo que me dejan hacer, eso también lo sabes. El destino de la luna de miel lo tengo, que es casi mi único trabajo, y bueno, la casa que compré...-

-¿Compraste una casa?-

-Sí, o que creías, ¿qué viviría en un departamento de soltero con mi esposa?-

-Suena estupendo... y si ya estas mentalizado para todo el rollo de la boda, ¿a qué viene la preguntadera esa sobre la Swan, eh?-

-Sólo curiosidad... sólo eso- dijo él, aparentando despreocupación, mientras sacaba su BlackBerry y revisaba cualquier cosa en el aparato.

-Claro...- "sí claro Cullen, curiosidad... y yo soy Caperucita Roja" pensó James, observando a su amigo con su mirada escrutantes.

Y claro que era mentira, pues la tal Isabella Swan lo traía intrigadísimo, es que cómo es posible que semejante mujer, tan ajena a los gustos de Edward Cullen, haya llegado a poner su mundo perfecto de cabeza, pensaba James. Así que cuando se daba la opción, le preguntaba a su "pequeña Jane" que cosa pasaba con Isabella, pero ella no le decía mucho. De todas formas, él no quería que su pequeña y asustadiza Jane pensara que él estaba cortejándola para sacarle información, pues no era así. Esa niña, tan tímida y asustadiza, había calado hondo en su corazón, y es que primero sintió la necesidad de protegerla del mundo, para luego ir envolviéndose en su sutileza, en su belleza que refulgía desde su misma alma. "Ella es hermosa, realmente, desde adentro hacia afuera", pensaba él, cada vez que lograba que ella le diera un "sí", cuando le proponía una cita, salida, llevarla a su casa... pero no se rendiría. Estaba en proceso de cortejarla, como un caballero andante, como una dama tan delicada se lo merecía:

-Entonces... ahora que tu jefecita anda de vacaciones, puedes darte algunas libertades...- dijo James, mientras se servían un delicioso helado en un hermoso restaurante

-Para nada, muy por el contrario. Debo estar en la oficina. Isabella dice que soy "sus ojos" allí mientras ella no está. Y dicho sea de paso, no está de vacaciones-

-¿Viaje de negocios?-

-Algo así. Nueva York-

-Vaya... ¿y sola?-

-¿Importa?- dijo ella, algo molesta, pues estaba mal interpretando lo que él le había preguntado. "No sería primera vez que alguien se acerca a mí, usándome, cuando en verdad se quieren acercar a Isabella" pensó, recordando a Jacob, a quien alejó de sopetón de sus pensamientos. James se percató enseguida del cambio de humor de su pequeña, y rectificó, aclarándole el punto:

-Es sólo curiosidad, nada más. Mi amigo le hizo clases de piano, y quiso saber de ella, es todo-

-¿Edward Cullen?¿Él ha preguntado por ella?-

-Sólo una vez. Creo que Renée le habló de su viaje... y cuando supo que yo estaba saliendo contigo...-

-¿Estamos saliendo?- preguntó ella, sin filtrar sus palabras, sonrojándose al instante

-Estoy en mi proceso de cortejarte, señorita- le dijo coquetamente, guiñándole un ojo. Jane se sentía desfallecer, y es que hace ya mucho, muchísmo tiempo, nadie la trataba como este hombre lo estaba haciendo. Y le encantaba. Sentía que ya estaba comenzando a sentir "cosas" por él. Pero no lo reconocía, porque tenía miedo. Era fácil que a una chica como ella, la pisotearan, humillándola. No sería la primera vez, volviendo a sus recuerdos la imagen de Jacob Black.

-No, no ha ido sola. Riley Biers, un amigo, la acompañó-

-Vaya... Pues bien. Sabes, este fin de semana la hermana de Edward celebrará su cumpleaños. Una cena con amigos, es más, sólo el grupo que estábamos en la fiesta, y quisiera que me acompañases-

-Oh... este... yo no sé si sea...-

-Por favor...-

-Pero no estoy invitada...-

-¡Claro que sí! Yo te estoy invitando, además a mis amigos les encantará conocerte al fin. Les he hablado mucho de ti. Te caerán muy bien, te sentirás muy cómoda, lo prometo-

-Está bien...-

-¡Perfecto!- dijo él, triunfante, ante la risueña mirada de Jane. Enseguida, él se puso serio, le tomó una de las manos que descansaba sobre la mesa y le habló –Me encantas Jane, eres tan diferente a todas las mujeres que había conocido antes... y esto no es un juego para mí. Quiero ganarme tu confianza, quiero ser tu amigo, aunque te advierto que no me conformaré con eso...-

-Vas por buen camino...- susurró ella, bajando la mirada, mientras sentía que sus mejillas se tornaban de un rojo furioso. Él no dijo nada ante eso, sólo sonrió, sintiéndose contento por aquella pequeña pero significativa declaración de su pequeña Jane.

Los veintiún años que cumplía Alice Cullen debían ser celebrados en privacidad pero con "glamour" según lo que ella misma decidió. Sus hermanos, Tanya, James y su acompañante, y sus padres, quienes viajaron exclusivamente desde Oxford para la ocasión. Tuvo la intención de invitar a Jasper, a quien no había dejado de pensar desde el día en que lo conoció, pero Edward se negó rotundamente, pues él sabía que su colega docente aún estaba teniendo citas con Victoria, si es que a eso se le podían llamar citas para otra cosa que no fuese "follar". Además, no lo quería cerca de su hermanita, pues Edward conocía la política de Jasper sobre "no involucrar sentimientos". Así que definitivamente no.

Todo estaba listo. Una hermosa mesa preparada especialmente para la ocasión, ornamentada en el centro por un hermoso y alegre arreglo floral, con flores de muchos colores que impregnaron el ambiente de una mezcla de aromas que concordaban muy bien. Esme y Tanya se preocuparon de preparar la comida y consentir a Alice con su plato favorito: "cannelloni alla bolognesi", entre otras exquisiteces que habían preparado para la celebración.

Todos estaban ya en casa para la cena. Los últimos en llegar fueron James y su acompañante Jane, quien todo esto de socializar o conocer a gente nueva la ponía muy nerviosa.

-Pequeña Alice, te presento a Jane O'Connor...-

-¡Oh, pero si nos conocemos!- le interrumpió Alice a James con entusiasmo –En el centro comercial, antes de la fiesta, ¿lo recuerdas?- añadió, hablando ahora en dirección a Jane

-Sí, por supuesto- asintió ella, tímidamente

-¡Me alegra que hayas venido, y conocerte al fin. James no para de hablar de ti...- dijo ella, haciendo que Jane se sonrojara. James sólo sonrió.

-Este... traje esto para tí...- dijo, extendiéndole una cajita de regalo

-Eres muy amable, no te hubieras molestado-

-No es mucho en verdad, sólo un detalle-

-Gracias de todas formas. Bueno, te presento a mis padres, Esme y Carlise, Tanya a quien ya conoces también y... ¿dónde estás Edward?-

-Aquí Alice- dijo el aludido, desde la esquina de la sala, en donde se encontraba empotrado el pequeño bar. Edward se había mantenido allí desde que James entró al departamento con su acompañante, y es que se sentía desconfiado de ella, pues pensó que ella quizás era mucho más que la asistente de Isabella Swan. Quizás eran amigas, su mano derecha, quizás hasta su confidente. Probablemente, Jane sabía lo que había ocurrido entre Isabella y él... "Dios, qué patético me he puesto..."

-¿Edward?- llamó su hermana, sacándolo de sus cavilaciones. Él sonrió y se acercó hasta el grupo

-Jane, un gusto conocerte. Eres bienvenida-

-Gracias Edward- respondió ella con la misma timidez de siempre, dándole una tímida sonrisa de agradecimiento. Él respondió de la misma manera. "Soy un maldito paranoico"

-Entonces Jane- dijo Edward, extendiéndole un vaso de champaña para el brindis por la cumpleañera –cómo es que te trata el bruto de mi amigo James...- dijo él en tono de burla, dedicándole una mirada perspicaz a su amigo. Emmett y Carlisle se carcajearon, pues sabían que esa noche sería James el centro de las bromas.

Después de una amena cena, en donde todo salió perfecto, y en donde Jane se sintió muy cómoda y acogida, Esme propuso tomar el bajativo en el salón.

-¿Y qué tal tu trabajo?- preguntó Edward a Jane, mientras los demás estaban sumidos en otras conversaciones como futbol y moda.

-Apremiante y demandante, pero estoy acostumbrada a sobrellevar esa carga-

-Es raro oir eso de una chica con tu perfil, y no digo que no seas profesional, debe serlo para trabajar como asistente de presidencia...-

-Sí, bueno, Bella y yo nos conocemos desde la universidad. Quizás porque la conozco bien es porque puedo trabajar para ella...- dijo ella sin ningún tipo de malicia, pero Edward interpretó todo a su manera, dando por sentado que Jane de seguro estaba al tanto de todo, como lo supuso en un principio. Pero aquello no era cierto. Isabella nunca le habló de eso a Jane.

-Y ella ahora... digo-

-Ella ahora está en un viaje de negocios con Riley, un amigo suyo. Estará de regreso dentro de diez días más o menos- le contó ella

-Ya veo...- comentó él, pensado en que por supuesto ese viaje ha de haber sido el camuflaje perfecto para ir de paseo con su nuevo amante. Una especie de calor interno comenzó a sofocarlo, una especie de rabia sin razón se apoderó de él al pensar que Isabella se estuviese revolcando en la cama con ese "estúpido". Pero por supuesto, "ella era de ese tipo de mujeres...¡Y a mí que demonios me importa eso!"

-¿Tú le debas clases de piano, no?¿cómo le fue con eso?- preguntó ella, haciendo fluir su espíritu curioso

-Sí, bueno, no fueron muchas. La verdad, mi tiempo es escaso, y ella sólo necesitaba recordar algunas cosas básicas. No necesitaba un profesor de planta de todos modos- dijo él, ya incómodo, pasándose una serie de alucinaciones en su cabeza, imaginándose la escena en que aquella pequeña mujer hablaba con Tanya y le decía todo, haciendo causa común con las mujeres engañadas por sus novios... "Demonios Edward, estás mal..." concluyó, sacándose esas ideas de la cabeza.

-Entonces Jane, Rosalie ya tiene confirmada algunas reuniones con empresarios suizos, ¿no?- preguntó Isabella, del otro lado de la línea telefónica, desde Nueva York

-Sí, tiene dos reuniones agendadas para esta semana. No he hecho mucho en verdad, ella y su "súper asistente" tienen todo bajo control- dijo Jane, haciendo alusión a la también rubia platinada asistente personal y "sombra" de Rosalie, Elizabeth Robins

-Entiendo. ¿Y qué más ha pasado?-

-Nada de lo que no estés enterada...-

-Digo fuera del trabajo Jane, ¿cómo va todo con tu romance?-

-¡¿Qué...qué romance?¿de qué me hablas?- preguntó Jane, nerviosa

-Hablo de tu sórdido romance con James Witherdale...- bromeó Isabella

-¡¿Sórdido romance? ¡Bella!- la increpó un poco molesta. Esa relación no tenía nada de sórdida

-Jane, calma...cuéntame cómo va...- se carcajeaba Isabella del otro lado del teléfono, imaginando el rostro rojo de vergüenza de Jane

-Él es bueno conmigo... es muy caballero...- "y creo que va muy lento...un momento, ¿yo pensé eso? Dios mío, que me pasa..."

-¿Estás bien?¿Te ha hecho daño?... suena como si estuvieras contrariada... ¡Dime la verdad sobre si ese cavernícola te ha hecho algo malo, porque yo lo...-

-No Bella, todo va bien con él... es solo que se me hace muy difícil que un hombre se interese así por mí. Dice que quiere ganarse mi confianza, dice que me está cortejando, ¡Imagínate, un hombre preocupado de cortejar a una muchacha como yo!-

-¡Cualquier hombre de derretiría por ti! Por cierto, ¿ya te enamoraste de él, verdad?-

-No lo sé Bella...-

-Ok, en un par de días estaré de regreso y hablaremos sobre ello personalmente. ¿Alguna otra novedad?-

-Anoche James me invitó a la celebración del cumpleaños de Alice Cullen, ¿la recuerdas?-

-Por supuesto...- "cómo no recordarla" -¿Y qué tal estuvo?- preguntó ella, curioseando, a ver si Jane le daba información sobre Edward Cullen.

-Muy ameno. Estaban sus padres, sus hermanos, Tanya, James y yo. Son gente muy amable. Ah, y el profesor de piano, Edward, me preguntó por ti... y creo que a James también le había preguntado por ti...- le contó ella, sin ningún tipo de malicia. Isabella esbozó una sonrisa gigante, triunfante, pues sabía que su "desaparición" de Londres estaba comenzando a surtir efecto sobre Edward Cullen. "¿Ansioso Edward Cullen? Mmm..."

-¿Oh, de verdad? Cosas como qué pregunta-

-Qué ha sido de ti en estos días, que andas haciendo en Nueva York, y si andabas acompañada...-

-¿Le dijiste que estaba con Riley aquí?-

-Eh.. sí, espero no haber hablado de más-

-No, no Jane, para nada...- ella se sentía triunfante, ganadora... y ansiosa, probablemente igual que Edward Cullen... "Pero ya estaré de regreso, maestro..."