Hola nenas: bueno, agradecer de antemano sus lecturas y espero sus comentarios acerca de cómo les va pareciendo la historia, ¿si?
Besotes desde este lado del mundo...
Abrazos gigantes
Cata!
INVITACIONES
-¡Edward Cullen! No hagas planes para el jueves por la noche- le amenazó Emmett, mientras preparaban algo de comer
-¿De qué hablas?- preguntó el aludido, sacando un trozo de carne del frigorífico para ponerse a cocinar
-Tu despedida de soltero hermanito. No sabes las "cosillas" que tenemos preparadas para ti esa noche... te estoy avisando con cinco días de anticipación, no hay excusas- le dijo Emmett, alzando las cejas, a lo que Edward no tuvo más que reír
-Tendré que sacrificarme entonces...-
-Sacrificio...oh, sí...- asintió Emmett, carcajeándose también. Luego añadió –Entonces, ¿te casas en una semana, no?-
-Así dice la invitación a la boda...-
-¿Estás nervioso?-
-No, no nervioso, ansioso quizás. Ya quiero comenzar mi vida de casado-
-Qué suerte la tuya... tienes a la mujer que amas, amándote también, mientras que yo, ando mendigando amor por una mujer que apenas conozco, a quien las veces que he visto, no ha hecho otra cosa que despreciarme...-
-Y golpearte...-
-Y golpearme... ¿tendré algún tipo de esperanza con ella?-
-Quizás debas ser... perseverante... ganarte su confianza, pero no seas hostigoso con ella, eso las aleja-
-Eres tan sabio hermano...-
-Lo soy-
-¿Puedo invitarla a tu boda?-
-Mmm... sí, por que no...-
-Quizás si sabe que Isabella Swan también irá a tu boda, ella acepté...-
-Un momento, ¿Isabella...?- se detuvo de su práctica culinaria cuando su hermano le contó sobre la invitación a Isabella.
-¿Eres el novio y no conoces la lista de invitado? Estas mal Edward... y sí, Tanya y Alice decidieron que era buena idea invitarla, a ella y a su madre- le contó Emmett a su hermano, quien estaba en estado de shock, ¿cómo no lo había previsto? "¡Maldita sea!"
Isabella Swan arribó a Londres un día domingo por la tarde, de regreso de lo que fue un fructífero y relajante viaje por Estados Unidos. Riley viajó desde USA hasta Canadá, en donde había dejado unos negocios pendientes. Definitivamente el viaje junto a él había sido muy, pero muy bueno.
En el aeropuerto, la esperaba uno de los choferes de la empresa. Iría directo hacia su casa, en donde estaría su madre esperándola. Su padre ya había emprendido un nuevo viaje, dispuesto a explorar algunas islas vírgenes en alguna parte del mundo.
-¡Hija, te extrañé tanto!-
-Eres una exagerada mamá...-
-Un mes Bella...pero bueno, que tal el viaje, pues supongo que no fue todo negocios... Riley y tú se la deben haber pasado de lo lindo...-
-Fue muy... bueno mamá. Muy bueno. Recorrimos Nueva York, hace tanto tiempo que no andaba por allí... compré un par de cosas, les traje regalos a tí, a Jane, a Lina... en fin. Además de los negocios, ya sabes. ¿Y cómo ha estado todo por acá?-
-Creo que sin novedad...Oh! Sí, bueno, nos acaba de llegar una invitación a una boda...-
-¿Boda?-
-¡Claro! Tanya nos hizo llegar una invitación...mira, aquí la tengo- dijo, sacando de su bolso un sobre color crema con mi nombre en el frente. Me lo extendió y lo tomó con recelo. Lo abrió y leyó la tarjeta color marfil, con elegantesy finas terminaciones en color dorado y negro. Con letra cursiva, la invitación recitaba:
"Tanya Denali
Y
Edward Cullen
junto con sus familias,
tienen el agrado de invitarle a la celebración de su matrimonio,
el que se realizará en día sábado 10 de Noviembre a las 19:00 horas,
en la Iglesia de Santa Margarita.
Rogamos confirmar su asistencia"
Isabella leyó con detenimiento la invitación, pensando en varias cosas a la vez, mientras su madre hablaba de algo sobre algún regalo, no estaba segura. No estaba prestándole atención. Ella hubiese querido que esa invitación no llegara nunca, pues la hacía tomar conciencia de que para Edward nada había cambiado, que todos sus planes junto a su novia seguían en pie. Eso hacia mermar sus esperanzas de que finalmente Edward sucumbiera ante ella, y reconociera de una maldita vez lo que sentía. Quizás estar fuera del plano por un mes no sirvió de nada...
Releyó la tarjeta una vez más, deseando por una fracción de segundo que el nombre de la novia fuera otro: el suyo. Luego paseó su vista por la fecha...
-¿Diez de noviembre? ¡Eso es en seis días!- exclamó con algo de sorpresa e indignación.
-Tenemos tiempo para comprarle un lindo regalo...- comenzó a decir Renée, pero Bella una vez más se sumió en sus pensamientos. "Maldita sea, seis días... seis días en lo que tengo que idear algo... mi última carta, el todo o nada Isabella...piensa, piensa... si después de eso él decide seguir adelante con su maldita boda, lo dejarás, pues no serás la amante de ningún maldito hombre casado. Nunca"
Cenó junto a su madre, tratando de prestarle atención a lo que le decía. Cuando Renée la encontraba distraída, Isabella se disculpaba diciendo que el viaje la había dejado algo atontada. Por lo que decidió dejarla para que descansara. Pero Isabella no tenía ganas de dormir. Se arropó y salió en su coche rumbo a la casa de Jane, a quien llamó de camino avisando que iba hacia allá. Seguramente James le había contado algo sobre Edward, cualquier cosa...
Aparcó fuera de la casa de su amiga, en donde ella la esperaba.
-¡Vaya! Debes haberme extrañado mucho para no esperar verme hasta mañana...- dijo Jane bromeando con Bella. Pero ella ni siquiera la saludó. Estaba ansiosa, un tanto desesperada
-Jane... este, debo hablar contigo. ¿Podemos entrar?- dijo Bella impaciente en cuanto se encontró con Jane
-Claro, mamá está dormida. Podemos hablar. ¿Estás bien?- dijo ella, preocupada por el extraño comportamiento de Isabella.
-Jane, necesito saber todo lo que James te ha dicho de Edward...- pidió Isabella, mientras se sentaba, torciendo ruidosamente sus dedos, muy típico de ella cuando los nervios le caían encima, cosa que muy rara vez pasaba
-¿Por quéquieres saberlo?¿Pasa algo con él?-
-¡Se casa en unos días Jane...!-
-¿Y?-
- Y yo... debo hacer algo...- susurró, peinándose el cabello caoba con ambas manos, para intentar relajarse
-Oh Bella... no, no por favor... dime que tú y él no...- Jane comenzó a suponer lo que estaba ocurriendo. Isabella la detuvo, interrumpiéndole con frases llenas de ansias
-Escúchame: yo sé que él siente algo por mí, solo que no lo reconoce. Está haciendo esto para sacarme de su camino...-
-Bella, él ama a su novia...-
-¡Uno puede amar a dos personas al mismo tiempo!-
-¡De qué estás hablando!-
-Jane, él y yo nos besamos. Hay algo entre nosotros que no te lo puedo explicar. Desde el primer día que nos vimos, luego mis clases...-
-Las clases de piano no fueron para relajarte, verdad? Fueron para acercarte a él...-
-Algo así...-
-Bella, por favor, no hagas una estupidez, te lo suplico. Deja las cosas como estas. Sé cómo terminará esto, saldrás lastimada, saldrá el lastimado, y su novia...-
-¡Te juro que no es un capricho! Te lo suplico Jane, ayúdame...- Isabella pocas veces suplicaba por algo, menos por ayuda, pensaba Jane. Por lo tanto, ella debe de estar realmente desesperada... igual que hace algún tiempo lo estuvo por Jacob...
-Isabella, ¿quieres que se repita lo que sucedió con Jacob...?-
-¡No nombres a ese mal nacido en mi presencia!- la espetó con furia, y es que cuando si quiera alguien le nombraba a ese "cretino", Isabella sentía la furia hervirle y su deseo de destruirlo aflorar otra vez.
-Bella, no quiero verte igual como aquella vez... ¿recuerdas que trataste de forzar las cosas entre él y tú, diciéndome esto mismo?-
-¡No es lo mismo! Ese mal nacido me traicionó-
-¡No Bella! Él fue sincero contigo, te dijo que no te amaba, y tú insististe hasta hacerle la vida imposible a él y a su novia...-
-¡Esa fulana no era su novia! ¡Yo era su novia!-
-¡Basta Bella! Perdóname, pero yo no te diré nada, además sé muy poco. No te ayudaré con esto- concluyó Jane, decidida.
-¡Maldita sea Jane!- dijo, levantándose furiosa, y saliendo de la pequeña sala como alma que lleva el diablo, azotando la puerta de entrada tras ella cuando salió de la casa, y dejando a Jane sola y asustada.
Jane recordó lo sucedido con Jacob Black durante su estadía en la universidad. Recordó como ese hombre primero se acercó a ella, seduciéndola, pero con el solo propósito de acercarse a Isabella. Cuando lo consiguió, se dedicó a cortejarla y enamorarla, para luego hartarse de ella, de sus celos desmedidos y de su control sobre él. Cuando decidió hablarle con la verdad, y decirle que él ya no seguiría adelante con esa relación, Isabella se volvió loca, pues le había entregado su corazón. Aunque ese amor se tornó en odio por él, no dejándolo en paz. Haciendo que lo expulsaran de la universidad por "presunto abuso sexual en su contra", cosa que era mentira, pues ella pagó a testigos y contrató a un excelente abogado para esos fines. Luego, cuando supo que Jacob ya estaba con otra mujer, se encargó de perseguirla y hacerle la vida literalmente imposible, siendo que Leah, como se llamaba ella, no tenía la culpa de absolutamente nada. Vivía con miedo, por las constantes amenazas de Isabella, y después que expulsaran a Jacob de la facultad, supo de lo que ella era capaz. Jane, quien había tratado por todos los medios de persuadir a Isabella para que los dejara en paz, decidió actuar por su cuenta: le dio unos boletos a Jacob y a su novia para que se fueran lejos, hasta México, los que compró con los ahorros que llevaba años juntando. Jacob tomó los boletos, agradeciéndole a Jane su bondad para con él y Leah, y se marchó. Cuando Isabella supo que Jacob había desaparecido, y no lograba dar con su paradero, casi se vuelve loca de la rabia y la frustración, jurándose nunca más confiar sus sentimientos en nadie más.
Lo que Isabella desconocía, era la intervención de Jane en todo esto, y probablemente cuando lo supiera, pese a los años que habían pasado, su asistente pasaría a engrosar primero la lista de desempleados del país, y segundo, la lista negra de Isabella Swan. Jane tembló de miedo ante eso, y por todo lo que estaba por venir, pues lo veía. Sabía que la historia se volvería a repetir de alguna u otra forma. Que habría gente que saldría dañada si Isabella insistía en "hacer algo"
DESPEDIDA DE SOLTERO
Jasper Whitlock, fuera de su trabajo como docente en el área de la economía en la universidad, trabajaba en el mercado de valores de Londres, en una consultora encargada de la compra y venta de títulos financieros como acciones. Esta misma empresa era la encargada de mantener contacto con Swan Motors, una de las tantas que asesoraban, acerca de la oscilación de mercado, trabajando para ellos como asesores financieros externos y expertos en el área.
Generalmente era otra persona la encargada de relacionarse directamente con la empresa propiedad de la familia Swan, pero esta vez, fue su turno de ir hasta las dependencias de la empresa junto con dos ejecutivos más, a la reunión quincenal que se hacía con los economistas de allí, para ponerles al tanto de los movimientos financieros de la bolsa de valores y los diferentes pasos a seguir.
En cuanto llegó a la reunión concertada para aquel día lunes, enseguida de entre los presentes, reconoció a Rosalie Hale, y por supuesto a Isabella Swan, a quien se le acercó caballerosamente para saludar:
-Isabella, un gusto volver a verle- dijo Jasper, educadamente
-Sr. Whitlock- asintió ella, secamente, no dando pie a ningún tipo de encuentro social, pues no estaba de humor. No había dormido bien. Jasper entendió claramente el mensaje y se alejó de ella, acercándose a otros miembros del consejo financiero, a quienes conocía.
-Isabella, si no te sientes bien puedes dejar esto en mis manos e irte- le dijo Rosalie mientras se sentaba a su lado
-Descuida, estoy bien. Y es aquí donde debo estar- contestó seriamente.
Mientras la reunión se desarrollaba, Isabella no prestó atención. De vez en cuando le lanzaba miradas de furia a "su asistente", quien la había evitado durante todo lo que iba de día.
La maldita reunión se le hizo eterna, no estaba interesada, no había escuchado nada de lo que había dicho, y cuando alguien le preguntaba algo, Rosalie se aprestaba a contestar por ella. De alguna forma, Isabella agradecía eso.
-El próximo jueves es la cena anual de inversionistas, por lo que contamos con la presencia de todos ustedes- dijo Rosalie al grupo liderado por Jasper cuando la reunión ya hubo terminado. Todos asintieron, excepto él
-Me disculpan, pero precisamente el jueves tengo un compromiso... ineludible- se excusó
-Oh, es una lástima señor Whitlock-
-Sí, bueno, verá, se casa uno de mis buenos amigos y tenemos algo preparado para él...-
-Despedida de soltero se llama eso, señor Whitlock- dijo Rosalie con un tono bromista, ante lo que el resto de los allí presentes soltó pequeñas carcajadas.
-Toda la razón, señorita Hale- asintió Jasper, un tanto avergonzado, pues él y todo el mundo sabía qué significaba una despedida de soltero. A decir verdad, todo lo que una fiesta como esa implicaba.
Isabella oyó lacónicamente el "estúpido" dialogo y las carcajaditas de los economistas ante lo que Jasper había dicho... "Un momento... despedida de soltero para un amigo... este jueves... esa debe ser la despedida de soltero para Edward..." sacó conclusiones mentales, ante lo que inmediatamente en su cabeza una idea comenzó a fraguarse, haciendo que su semblante tan duro hasta ese momento, cambiara en uno lleno de picardía.
-¡Lo tengo!- dijo en voz alta. Jane oyó eso, y la miró. Isabella enseguida se levantó, despidiéndose de los ahí presentes y se dirigió hasta su oficina, en donde comenzaría a darle rienda suelta a la idea que se le había cruzado en su cabecita.
-¿Necesitas algo?- preguntó Jane tímidamente, siguiéndole los pasos a su jefa
-No - negó Isabella, sin voltearse, y cerrando la puerta de su oficina detrás suyo.
-¿Profesor Cullen? Llegó esto para usted- dijo un mensajero de la universidad, entregándole un sobre azul con su nombre en el frente. La carta venía sin remitente. Se dirigió hasta la sala de profesores, que a esa hora estaba desocupada, y abrió aquella carta con mucha curiosidad. El papel era del mismo color del sobre, y la letra no era manuscrita:
"Señor Cullen: tenemos preparado para usted, una delirante e inolvidable fiesta de despedida de su soltería, la cual probablemente no olvidará con facilidad. Rogamos a usted llegar puntualmente este día jueves a las 20:00 horas al hotel "51 Buckingham Gate, Taj Suites and Residences".
Rogamos la más absoluta discreción con este tema, no haciendo comentarios con absolutamente nadie, ni siquiera con "los involucrados", pues no queremos que "nadie más se entere", ¿no, señor Cullen?.
Recuerde, este jueves a la hora y en lugar acordado, con su completa disposición a que sea una noche inolvidable para usted.
Y no olvide: puntualidad y sobre todo, discreción".
-¡No puedo creerlo!- dijo Edward, carcajeándose después de leer semejante invitación. "Quizás que bromita me tienen preparada estos malditos... ¡Y en ese hotel! Deben haberse gastado mucho dinero... y yo que pensaba que me llevarían a un antro de mala muerte... pero veo que se han esmerado en la producción..."reía, volviendo a leer la invitación.
-¡Veremos con qué me sorprenden estos locos...!- dijo, guardando la invitación en su maletín, y levantándose rumbo a su próxima clase.
-¿Señorita Swan? La carta ya fue entregada al señor Cullen- habló el fiel chofer desde el coche a su jefa, luego de haber cumplido la misión que ella le encomendó
-Gracias Collin, puedes regresar- dijo Bella a su chofer, quien había sido el encargado de entregarle ese sobre a uno de los mensajeros de la universidad, pidiéndole que se la entregara en sus manos lo antes posible.
Isabella sonreía triunfante mientras se balanceaba en la cómoda silla de cuero de su escritorio, deseando que los días pasaran rápido, y que el jueves llegara de una vez por todas: "Tu última jugada Isabella..."
Las familias Cullen y Denali ya estaban en Londres, preparando los últimos detalles de lo que sería la boda y la posterior recepción. Alice, quien a su corta edad, estaba prácticamente al frente de toda la organización junto a Esme y Carmen, madre de Tanya. Desde el traje de los novios, a quienes fastidiaron con pruebas una y otra vez durante esa semana. Además todo lo concerniente a la ceremonia y la fiesta, confirmando la lista de invitados:
-¡¿Doscientas personas Alice?¿Realmente crees que entre Tanya y yo conocemos a doscientas personas?- protestó Edward cuando vio el número de invitados
-¡Pues te sorprendería saber toda la gente que conoce a nuestras familias, hermanito!- contrapuso Alice, no dando pie para que el novio siguiera "metiendo su nariz".
La luna de miel a Brasil, regalo de los padres de Edward, estaba ya confirmada. Saldrían de viaje la mañana siguiente de la boda. Y Edward, revisó dentro del tiempo que le quedaba, los detalles de la decoración de la que sería la casa en donde viviría con su futura esposa, cosa que lo ilusionaba mucho. Todo el ajetreo de la boda no le había dejado tiempo para pensar en... ella. Y era lo mejor. No había dado señales de "fastidiarlo" desde que supo de su regreso a Londres, "Quizás signifique algo..." pensó él, un poco más tranquilo. Sólo un poco.
Y el día jueves llegó. El día en que las chicas tenían preparada una celebración privada para Tanya, y los muchachos irían a raptar a Edward a la facultad a eso de las nueve, hora en que salía de su última clase. Ninguno había hecho comentario alguno de ello, pues Emmett ya se había encargado de darle aviso de "no planes" para ese día, por lo que ir a su encuentro, vendarle los ojos y llevarlo a un bar y embriagarlo, además de las "estripers" que habían contratado exclusivamente para la celebración. Por lo que todo sería una sorpresa.
Por supuesto, ellos no contaban con que Isabella ya había hecho planes para él, preparándole una "despedida privada" esa misma noche, una hora antes, para que no arruinaran su plan.
Edward había pedido autorización para retirarse antes, pues habían puesto tanto énfasis al asunto de la puntualidad en la invitación, que no quería defraudarlos, supuso, pensando en que la invitación del sobre azul era de parte de sus amigos. Así que a las 19:30 salió de la universidad, rumbo al hotel, al que calculó llegaría justo a la hora.
Aquella noche de noviembre estaba extrañamente cubierta por estrellas, cosa rara para la fecha, pues debería estar lloviendo, pero no. La noche estaba despejada, aunque el frio no mermaba. Y la luna, esplendorosa se imponía sobre el nocturno Londres
Edward aparcó su Volvo en la entrada del lujo hotel, donde un Valet Parking recibió las llaves del coche para ir a estacionarlo. Entró y se dirigió al mesón de informaciones, para saber hacia dónde se debía de dirigir:
-Señor, en qué lo puedo ayudar-
-Verá, me citaron aquí...-
-¿Cuál es su nombre, señor?-
-Edward Cullen-
-Oh, señor Cullen, tenga la bondad de seguir a nuestro acomodador que lo guiará, por favor señor- dijo el hombre con ceremonia. Edward asintió, un poco divertido por todo. Y es que no imaginaba todo lo que sus amigos podían tener para él. El acomodador y Edward se montaron en un amplio ascensor, directo hasta el último piso del hotel. Una vez allí, caminaron por un pasillo, y se detuvieron en una suite, donde el hombre abrió la puerta, indicándole a Edward que entrara, mientras le entregaba las llaves de su coche.
-¿Necesita algo más señor?-
-Este...- dijo, un poco asombrado, mirando el entorno de la habitación -¿Está seguro que es aquí?-
-Sí señor. Totalmente seguro. Si no necesita nada, me retiro señor. Que disfrute su estancia en el hotel- dijo el hombre, volteándose y saliendo de la suite.
Edward estaba anonadado. La suite era enorme, de dos ambientes, quizás la más grande de allí. Estaba decorada con lujosos ornamentos, supuso. Vio que había una especie de bar en donde reposaban distintos tipos de botellas de licores costosísimos, entre ellos, su favorito: TheGlenrothes, un wisky del 1975.
"Por favor, sírvete un trago mientras esperas tu sorpresa", recitaba una nota que lo hizo reir otra vez. Se comenzó a servir el vaso, y paró en seco: "Si estos desgraciados contrataron a una puta... ¡Dios, malditos!" pensó, negando con la cabeza, y comenzando a inventar alguna excusa para darle a la mujer, y es que no veía otra explicación para que lo hubiesen citado allí.
Saboreó el excelente wisky, y se fue hasta la ventana, para mirar el entorno nocturno mientras esperaba... lo que sea. Después de unos minutos, sintió que la puerta de la suite se abrió, y sintió los característicos tacones femeninos que se acercaban. "¡Maldito Jasper, maldito Emmett, maldito James... me las pagarán..." se dijo.
Se dio la vuelta y enseguida quedó es estado de shock cuando vio la figura femenina que estaba parada frente a él.
-¿¡Tú!- dijo con espanto
-Bienvenido a tu despedida de soltero, Edward Cullen- dijo Isabella con tono abrumador, excitante, lascivo. Esperó que Edward dijera algo, pero no salían palabras de su boca. Observó a Isabella, quien vestía un despampanante y diminuto vestido azul eléctrico de raso, color favorito de Edward, ajustado en todo su cuerpo, aunque este no cubriera mucho, pues dejaba sus hombros al descubierto, llegando este hasta sólo cubrir su trasero.
-¿Qué demonios crees que estás haciendo?- preguntó molesto
-¿Qué no es obvio? Edward, estaba ansiosa de verte, seguro las mismas ansias con las que cargabas tú... así que decidí preparar un reencuentro... especial-
-¡Cállate! ¡Estás realmente loca si crees que voy a... jugar tu jueguito!¿A caso no te bastó un mes con tu amante?-
-¡¿Mi amante?- preguntó teatralmente sorprendida, para después soltar una carcajada que retumbaba en todo el salón de la suite, pues ella intuía los celos de Edward sobre su viaje a Estados Unidos con Riley.
Edward no podía sentirse más furioso. ¿Qué era esto?¿A caso sus hermanos habían confabulado con ella...?¿Qué demonios pasaba...?
-Maldita sea Isabella, pensé que había sido claro la última vez: no quiero nada contigo, no significas nada para mí, todo lo que ocurrió contigo fue un error- dijo él con la mandíbula tensa por la rabia, empuñando sus manos, y sintiendo como el calor interno de su cuerpo comenzaba a burbujear dentro de él, instándole a acercarse a esa hembra, y hacerle ver lo furioso que se sentía en ese momento
-Y yo te dije que era un muy mal mentiroso-
-¡Suficiente! Me largo...- comenzó a moverse para salir, pero las palabras de Isabella lo detuvieron
-La puerta está cerrada... ¿quieres la llave?... pues ven por ella- dijo, mostrándole la dorada llave que sostenía entre sus dedos, para luego meterla en su escote, justo en medio de sus senos.
-¡Estas demente!- le gritó
-Sí Edward Cullen, demente es la palabra apropiada, demente estoy desde que te conocí...-
-Isabella... estoy comprometido, amo a mi novia y me casaré con ella en un par de días...-
-¡Reconoce lo que sientes por mí!- le incitó casi en un grito. Ella no quería oir sobre eso de la boda
-¿Reconocerlo?¡Pero si te lo he dicho en todos los tonos: me desagradas de sobre manera!-
-¡Mentiroso!- le gritó ella de vuelta. Y la ira de Edward Cullen hizo explosión. Dio tres zancadas y se acercó hasta ella, agarrándola con rudeza de los hombros, con la cara contraída de odio
-¡Me irritas, me indignas! No hay una pisca de nada agradable en lo que tú me haces sentir. Con tu maldito dinero, puedes tener al amante que quieras para revolcarte con él en la cama, ¿no? ¿es lo que hacen las mujeres como tú, no? Y precisamente son las mujeres como tú las que me dan asco Isabella, asco... ¡te odio Isabella Swan!- le dijo cruelmente. En resumen, él le había dicho que era una "puta desagradable con dinero"... y que la odiaba.
Isabella se quedó paralizada. Toda la tensión sexual que sentía y el deseo, se esfumaron. Sintió que sus ojos carcomían y comenzaban a nublarse producto de las lágrimas que amenazaban con salir, pero no apartó su mirada de los enfurecidos ojos de Edward, quien seguía apretándole por los brazos, donde seguramente después aparecerían marcas producto de la fuerza de su agarre.
Y es que nunca ningún hombre la había tratado así. Todos los tipos que se le acercaban, caían en la fastidiosa zalamería. Ninguno nunca sintió sentimiento alguno por ella, sólo su eventual acercamiento para terminar teniendo sexo con ella. O por su dinero. Y a ella eso nunca le molestó. Pero esta vez, que este hombre le hubiese dicho esas palabras, la hizo sentir sucia, vacía, y sola.
Edward estaba allí aun agarrando los brazos de Isabella con violencia, aun aireado después de soltar su furia sobre ella, respirando entrecortado... pero momentos después de sacar todo ese ataque verbal que en realidad lanzó sin pensar en contra de Isabella, se la quedó viendo, y otra vez pudo percatarse de la dualidad de su personalidad. Edward recordó aquellas primeras clases de piano, una niña esperando de alguien que se interesara en ella, de forma desinteresada y sincera. Una chica de veinticuatro años dispuesta a disfrutar de las cosas sencillas que la vida propiciaba. Dispuesta a recibir atención de forma desinteresada.
Sintió como ella comenzó a temblar, mientras unas lágrimas descendían desde sus ojos recorriendo sus mejillas. Y otra vez las descargas eléctricas lo invadieron, haciendo que relajara su mirada y el agarre de sus manos sobre los brazos de Isabella. La respiración de ella comenzó a tornarse irregular cuando sintió que Edward comenzaba a acercársele con lentitud, mientras fijaba su vista en los delgados labios de Isabella, quien cerró los ojos.
-No sé qué demonios estoy haciendo...- susurró él cuando rozaba los labios de Isabella con los suyos, dándose por vencido frente a lo que ella despertaba en él, como había ocurrido las últimas veces. La dualidad de esa mujer, que despertaban en él sensaciones extremas. Por un lado, la mujer altiva y autosuficiente, deliciosamente sensual que lo había provocado desde el mismo día que le conoció, provocándole odio que rápidamente se transformaba en puro deseo. Y por el otro lado, la niña que se había escondido tras esa personalidad de mujer fuerte y avasalladora, quien no deseaba otra cosa que amar y ser amada, que estaba herida y que necesitaba de ser mimada y cuidada.
Edward olvidó todo y a todos, e hizo callar a la voz de su conciencia que le gritaba que se alejara de allí. Sólo se concentró en las fuertes descargas de electricidad que en ese momento lo estaban invadiendo, haciéndolo caer en la dulzura de los besos de Isabella Swan.
¿El futuro? Que importaba el futuro en ese momento, cuando el presente, el instante actual lo estaba sujetando, haciendo que el tiempo se detuviera. Porque es ese momento, Edward Cullen no quería futuro alguno, quería ese presente, el que Isabella Swan le estaba ofreciendo, aunque cuando el tiempo comenzara a correr de nuevo, lo llevara directamente al infierno. Una vez más.
