Hola señoritas, acá les dejo actualizacion de la historia. Espero que la disfruten. Gracias por los comentarios, alertas, favoritos, etc, etc... Va dedicado a ustedes con mucho cariño =)


Enlace Cullen Denali

Tanya Denali, después de haberse quedado encerrada llorando en el cuarto de Alice por más de una hora, tomó la "maldita caja" con el vestido de novia adentro y se fue a su apartamento a tomar una larga ducha, y beber un vodka, mientras decidía qué era lo que haría. Lo primero ir a encarar a Isabella Swan y volcar sobre ella toda la mierda que ella y Edward le habían obligado a tragar... y con Edward... con Edward aun no sabía qué haría.

Así que se dirigió, cuando ya estaba oscuro, a la casa de Isabella Swan, la que conocía después que el mismo Edward le dijera donde se encontraba.

Cuando llegó, una amable empleada le preguntó que necesitaba, y ella, sin esperar invitación, entró a la casa, y preguntón con rudeza por Isabella. La empleada le dijo que no estaba disponible, y ella amenazó diciendo que de ahí no se movería hasta que hablara con ella, por lo que la sirvienta corrió escalera arriba en busca de su patrona.

Cuando la sintió, se volteó para enfrentársele:

-Tú y yo debemos hablar...-

-Tanya, yo...-

- Maldita seas Isabella, arruinaste mi vida-dijo, con la mandíbula tensa, al igual que sus puños

-Perdóname, te lo suplico...- como muy pocas veces ha ocurrido en la vida de Isabella, ella, en una sola oración, pidió perdón y suplicó.

-¿Qué maldita cosa pretendes?¿ser la amante de Edward mientras yo esté casada con él?-

-Jamás...- respondió sorprendida. Isabella quería decirle tantas cosas a Tanya, pedirle perdón de tantas maneras, que supiera que estaba arrepentida de haber provocado esto, pero Tanya simplemente no la dejaría hablar

-¡Entonces! Porque maldita razón no te buscaste a otro para tu revolcón habitual, por qué lo buscaste a él, a MI novio...- gritó la rubia mujer

-Yo... no sé...-

-Claro que no sabes nada. Ni con todo el dinero que cargas encima sabes lo que es el amor. No sabes de fidelidad, no sabes de lealtad... no sabes de respeto... ¡No sabes nada!- la furia y el orgullo herido, fluían desmedidos del interior de Tanya

-Me merezco todas y cada una de las palabras de rabia que me dices, y tienes razón en cada una de ellas... Yo no sé nada, no tengo nada...-

-¡Por supuesto, y como no tienes nada, deseas la misma suerte para los demás!- dijo irónicamente, enseguida agregó en un grito -¡Vive y deja vivir, maldita sea! ¡Aléjate, desaparece de nuestras vidas!-

-Es lo que intento, desde ahora...-

-Desde ahora que has arruinado todo lo que soñé para mí, con el hombre que... amo-

-Tu futuro junto a él no tiene por qué arruinarse... lo que sucedió conmigo... fue un error... él te ama...-

-¡Deja de meterte en mi vida! Yo veré que resuelvo sobre mi futuro...-

-Perdona Tanya, perdóname...-

-Isabella, las mujeres como tú nunca serán felices. Nunca- concluyó Tanya, con su ira dominándole por completo y haciéndose presentea través de las lágrimas. Comenzó a sentir nauseas en aquel lugar, le faltaba el aire, no podía respirar, así que antes de desplomarse en el radiante suelo de aquella enorme mansión, salió corriendo, ante el evidente estado de shock en el que Isabella Swan se encontraba. Y es que pasaban muchas cosas por su cabeza en ese minuto: "¿Edward se atrevió a contarle... lo que... sucedió?¿por qué?¿para qué? Pero si algo fuera a cambiar...él sólo hubiese llamado... Demonios, me merezco todo lo que esa mujer me dijo... eso y más..." con aquellos cuestionamientos en su cabeza, salió de la sala y caminó rumbo al elegante baño de su dormitorio, en donde llenaría la bañera y se daría un baño de tina, desahogando su pena y vergüenza, y preguntándose si había para sus pecados algún tipo de redención que le permitiera en el futuro ser feliz, "¿o sería como Tanya lo había vaticinado, que personas como yo, nunca seremos felices?" se preguntó, mientras lloraba dentro de la tina llena de espuma, abrazada a sus rodillas, como una niña desamparada.

Tanya dio vueltas por horas en su carro por los alrededores de Londres, pasando por alto las innumerables llamadas pedidas de su madre, sus hermanas, Alice y él... Edward. No podía dejar de llorar, estaba perdida, no sabía qué sería de ella de ahora en adelante. Pensaba que si la conversación que había tenido con Isabella la había dejado así, no quería pensar en cómo sería enfrentar a Edward... "Edward, Edward... mi Edward... por qué..." pensaba, derramando lagrimas con descontrol. ¿Qué haría?, mañana se casaba y no sabía que hacer: si agarrar sus cosas y desaparecer para olvidar, o enfrentar a Edward y escupirle toda su rabia como lo había hecho con Isabella, y perdonarlo. "¡No, no, no!" decía, mientras golpeaba el manubrio del coche, mientras esperaba la luz de un semáforo cambiar su color para avanzar.

Eran ya las diez de la noche, y ella, llorando aun, fumaba un cigarro, cosa no habitual en ella, contemplando la bahía desde el imponente puente, intentando relajarse con el viento que soplaba... pero nada le ayudaba.

-¿Qué hago?- se preguntó. Después de un momento, decidió dar señales de vida a Alice, quien no dejaba de insistir con las llamadas: Alice, estoy tomándome un tiempo para mí. Mañana nos vemos en mi apartamento. Un beso. Y pulsó "enviar".

Tanya no tenia claridad sobre qué haría. Nada estaba claro.

El día sábado diez de noviembre, día del enlace "Cullen Denali" había llegado. Tanya por un lado, aguantó estoicamente los cuestionamientos de su madre que no dejaba de preguntarle donde había estado el día anterior, además de las escrutantes miradas de sus hermanas, que sospechaban que algo andaba mal con ella. Pero no dijo nada. A Edward no fue capaz de contestarle sus llamadas, sólo le envió un texto que decía que por "regla" no se podían ver hoy antes de la boda... y que ella estaba bien. Nada más.

Alice llegó a medio día, como lo presupuestaron, para ayudar a la novia. Cuando le vio las ojeras, se espantó:

-¡Tanya! ¡Qué hiciste! Por Dios, no hago milagros... ¡Mira tu rostro, te ves como enferma!...- le reprochó. "Es que estoy enferma..." pensó ella.

-Pesadillas Alice, estoy nerviosa, y algo sensible... perdóname-

-Bueno bueno, manos a la obra entonces. Veamos como arreglamos esto- dijo, comenzando a trabajar con maquillaje en el rostro de Tanya, mientras ella contemplaba su alrededor con espanto y con incertidumbre.

Edward contemplaba su esmoquin tendido sobre su cama, sintiendo una amargura en su interior, como un mal presentimiento. El día anterior, después que logró desahogarse con James, intentó buscar a Tanya y refugiarse en ella. Ella era su redención, ella era su salvación... aunque durante momentos, sintió el deseo de correr hacia Isabella... pero detuvo ese impulso, con mucho esfuerzo. Aquel día comenzaría una nueva vida con la mujer que amaba, y dejaría todo atrás, sus errores y sus desaciertos, todo sería olvidado al lado de su mujer.

-¿Estas bien, hijo?- dijo Carlisle, entrando al cuarto del novio de improviso

-Si... sí. Ya sabes, algo nervioso-

-Es normal, ¿no tendrías que estar vestido ya?-

-Sí, enseguida... ¿pero estamos a tiempo, no?-

-Si Edward- dijo Carlisle, acercándose a su hijo, posando una mano sobre su hombre –Hijo, tu vida cambiará de aquí en adelante. Sabes que deseo que seas feliz, ¿verdad? Y no olvides que frente a cualquier cosa, aquí estoy hijo, para ayudarte y apoyarte. Cuentas siempre conmigo- Edward asintió. Si su padre supiera...

-Gracias papá- respondió, intentando sonreír, aunque fuera solo un poco

-Bueno, voy a ver si tu madre está lista, ya sabes cuánto tardan las mujeres en arreglarse...-

-Claro-

-James acaba de llegar-

-Dile que pase...- le pidió, suspirando. Ya sabía lo que tendría que soportar con James allí. Terminó de fumar su cigarrillo y dirigirse hasta el cuarto de baño a darse una ducha antes de vestir su "esplendido esmoquin". Por supuesto, James entró antes de que él se refugiara bajo los chorros de agua.

-Entonces Cullen, ¿listo para esto?-

-Sí, estoy listo-

-¿No darás tu brazo a torcer?-

-No, no lo haré. ¿Viniste a atormentarme? ¿A caso no tienes que ir por tu novia?-

-Sí, precisamente voy por ella en un rato, pero antes quería pasar a cerciorarme de que estabas bien..-

-¿Bien?- le dio como respuesta, luego bufó

-Oye, no estoy aquí para burlarme. Hombre, eres como mi hermano, y me preocupa verte así. Si llegas a arrepentirte de esto, sabes que cuentas conmigo, y lo digo en serio-

-Quiero comenzar mi vida desde cero junto a Tanya, no deseo más nada ahora-

-Ok amigo mío. Ahora metete bajo la regadera y relájate. Nos vemos en la iglesia dentro de un rato-

-Allá nos vemos- contestó Edward. James se le acercó y le dio un abrazo de hermandad, el que Edward respondió con gratitud. Después de todo, James era como su "diario de vida" o su "conciencia parlante". De no ser por él, seguro habría estallado.

-¡¿Ahora son gays?- dijo Emmett, entrando al dormitorio de Edward y sorprendiéndolos en aquella escena.

-¡Cállate Emmett!- le dijo James, apartándose de Edward. Luego pasó por el lado de Emmett y le dijo: -Es un secreto...-

-Son unos asquerosos- contestó Emmett, ante lo que Edward sólo atinó a rodar los ojos y meterse por fin bajo la ducha, mientras James salía, dando fuertes carcajadas.

Edward Cullen, sus padres y hermanos, además de María, la madre de Tanya, y las brujas de sus hermanas, ya estaban instalados en la entrada de la iglesia recibiendo a los invitados.

-Muy bien Edward, te deseo suerte...- dijo Jasper, cuando saludó a su colega docente. Venía acompañado de la misma mujer con quien asistió a la fiesta de Renée, Victoria.

-Gracias Jasper-

-Espero algún día dar este paso tan importante, con alguien... igual de importante...- dijo, dándole una mirada furtiva a Alice, quien estaba prácticamente escondida detrás de la figura de su hermano Emmett, roja como un tomate. Edward carraspeó cuando se percató de las miraditas. Enseguida saludó a Victoria. Estaba en eso, cuando vio acercarse a Renée, junto a Rosalie Hale. Detrás de ellas venia James, acompañado de Jane... "¿Y ella...?"se preguntó Edward.

-Oh Edward, te ves tan guapo- dijo Renée

-Renée, no eres imparcial-

-Edward, espero que no sea molestia haber traído a Rosalie. Isabella tuvo una emergencia y tuvo que salir fuera del país...- "¡¿Qué, emergencia?¿Fuera del país?... ¡Ok Cullen, sácate a esa mujer de una vez por todas de la cabeza, estás en tu boda, maldita sea!"

-No hay problema Renée- le dijo a su jefa, en seguida le habló a la rubia mujer –Es un gusto tenerte aquí, Rosalie-

-Eres muy amable Edward...-

-¡Somos amables, es un gen familiar, y tenemos otras virtudes además!- intervino Emmett, parándose junto a su hermano, encandilado ante la presencia de la mujer que le había quitado el aliento hace tiempo ya. Edward solo rodó los ojos y negó con la cabeza

-Lo dudo, incluso, dudo que tú seas hermano de Edward. Con su permiso- dijo la mujer, dándole una señal de desprecio a Emmett con la mirada, y enseguida una sonrisa a Edward.

-Cambia la cara Emmett, pareces un bobo- dijo Edward, observando a su hermano, quien en verdad había quedado como bobo después de ese encuentro

-No me rindo, no me rindo- repetía el mayor de los Cullen.

Jane, que venia escoltada por James, se acercó a Edward, y le estrechó la mano con amabilidad

-Que seas muy feliz, Edward- deseo la chica sinceramente. Si Isabella había desistido de venir, si había decidido a largarse y dejar que Edward siguiera con su vida, era una señal. Él se merecía ser feliz. Isabella también.

-Gracias Jane- atinó a decir el novio, un tanto nervioso.

-¡Hay que entrar Edward! Tanya está por llegar- avisó Esme, mientras arreglaba el cuello del traje de novio.

Las primeros en entrar fueron Carmen, Irina y Kate Denali. Le siguieron Alice, Carlisle y Emmett. Detrás, del brazo de su madre, Esme, Edward entró a la iglesia, ante las miradas sonrientes de los asistentes. Al llegar al altar, se ubicó adelante, junto a su padre a esperar el ingreso de su novia.

La melodía de FelixMendelssohn comenzó a sonar dulcemente, haciendo aparecer por la puerta de la iglesia a la novia tomada del brazo de su padre.

Tanya no había podido dejar de llorar. Alice, sus hermanas y su madre habían reparado su maquillaje varias veces. Le pedían que se tranquilizara, y ella lo intentaba. Pero no podía. Finalmente, después de una infusión que su madre preparó para ella, logró relajarse un poco. Por supuesto, hasta que pisó la iglesia, y vio a toda la gente. Se aferró con fuerza al brazo de su padre, intentando parar el temblor de su cuerpo. Y su llanto, que había vuelto a emerger. Observó la ornamentación de la iglesia, que estaba tal cual como ella lo había imaginado. Miró a la gente, y allí estaban las personas que ella esperó encontrar. Y luego miró a Edward, y vio que era el hombre con quien ella deseó dar este pasó. Sintió más deseos de llorar.

Edward, cuando vio acercarse a Tanya, quedó impactado por la belleza y la angelicalidad que ella representaba en aquel momento. Un ángel redentor, su salvadora. Su amada, porque él la amaba, o eso era lo que se repetía una y otra vez. Imaginó, en aquellos escasos minutos, su futuro junto a Tanya, y visualizó que sería perfecto. Deseó que así fuese. Él en ese momento, dejaría su pasado y sus errores atrás, y se concentraría en ser feliz y hacer feliz a la mujer a quien él había elegido para pasar el resto de su vida. Tanya.

Cuando al fin ella llegó junto a Edward, se paralizó. Él, extendió su mano y limpió las lágrimas de sus mejillas. Luego tomó su mano, infundiéndole tranquilidad, mientras la miraba con... esperanza. Ella suspiró, le dio un beso a su padre, y junto a Edward se ubicó en el altar, frente al cura, quien comenzó la ceremonia:

-Amados hermanos, estamos aquí reunidos para celebrar el enlace de esta joven pareja, Tanya y Edward, quienes frente a Dios vienen a tomar sus votos de amor y fidelidad, uniéndose en sagrado matrimonio- comenzó a decir el cura. Mientras Tanya y Edward oían aquellas palabras, con sensaciones en ambos muy ajenas a la felicidad.

Inicio y fin

La ceremonia se realizó con la normalidad presupuestada, frente a la "aparente" emoción de los novios. Pero esa normalidad que quedó claudicada en ese momento:

-Edward Cullen,¿aceptas a Tanya Denali como tu mujer, y prometes respetarla, honrarla y amarla todos los días de tu vida, hasta que la muerte los separe?- preguntó el cura, mirando a Edward, quien respondió con toda seguridad:

-Sí, acepto-

-Tanya Denali, ¿aceptas a Edward Cullen como tu esposo, y prometes respetarlo, honrarlo y amarlo todos los días de tu vida, hasta que la muerte los separe?- preguntó ahora el cura dirigiéndose a la novia, quien en ese momento comenzó a derramar lágrimas sin poder retenerlas, y a temblar, mientras un dolor se posaba en su vientre. Edward la observó con el ceño fruncido, y apretó su mano para que ella lo mirara. Tanya no supo si aquello fue para peor o para mejor pero enseguida tomó una decisión, y respondió, sin quitarle la vista a los ojos de Edward:

-No- dejándose oír al instante un murmullo colectivo de histeria entre los asistentes. Se soltó del agarré de la mano de Edward, quien estaba en una especie de estado de shock, sin entender lo que estaba pasando. Tanya dio media vuelta y comenzó a caminar con una extraña lentitud por el pasillo, mientras que sus hermanas la siguieron, tratando de detenerla, preguntándoles qué demonios le sucedía

-¡Déjenme en paz!- les dijo, cuando Irina logró agarrarla por el brazo. Se zafó de su hermana, y echó a correr para meterse dentro del d auto, ante la mirada sorprendida del viejo chofer que esperaba la llegada de los novios, y no de la "novia fugitiva".

-¡Sáqueme de aquí!- ordenó Tanya, subiendo al coche

-¿A dónde... a dónde la llevo señorita?-

-¡A cualquier parte! Usted sólo arranque el maldito auto... ¡Qué espera!- gritó, y al chofer no le quedó de otra que obedecer. "Wow...como en las películas..." pensó el hombre, sorprendido, mientras daba marcha al vehículo, acelerando luego de la demanda de la novia, quien lloraba con descontrol dentro del auto.

Edward se quedó estático en el altar, frente a las frenéticas preguntas de sus padres, quienes al igual que el resto estaban tratando de buscar alguna explicación.

-¿Edward, hijo?- preguntaba su madre, pero Edward estaba en otra parte -Hijo por Dios...-

-¡Tú, tú tuviste que haber hecho algo para que ella hiciera lo que hizo! ¡Qué demonios hiciste!- inquirió Irina a Edward, agarrándolo por la solapa de su traje, y zarandéandolo

-Irina por Dios, cálmate- Carmen, la madre de las hermanas Denali, intentaba controlar a la mayor de sus hijas

-Hija, guardemos la compostura, estamos en la casa de Dios...- intervino el cura, quien se mantuvo junto al shockeado novio todo el tiempo

-¡Me vale donde esté! Yo sólo exijo saber que este tipo me diga qué le hizo a mi hermana- gritó. Entonces Edward reaccionó. Apartó de su camino a la loca de Irina, y caminó rápido por el pasillo de la iglesia. Una vez afuera, vio que no había señales de Tanya por ninguna parte.

-Tanya, por Dios...- susurró, entendiendo que de alguna manera ella debe de haberse enterado, pero ¿cómo?... "¡¿Isabella?¿Ella se lo contó? ¡Por un demonio! ¡Cómo no lo preví!" dijo, sentándose en los escalones de cemento que estaban en la entrada, mientras dejaba caer su cabeza entre sus manos.

Un coche se estacionó, en frente de donde Edward estaba sentado. James había salido tras su amigo, y entendió que debía sacarlo de ahí, antes que los "buitres" vinieran por él

-Cullen, hermano, larguémonos de aquí- dijo James, acercándose a su amigo. Edward se levantó y obedeció a su amigo.

-Tus padres se encargarán de pedir las disculpas y dar explicaciones...- añadió James

-¡¿Explicaciones? Pero si todos vieron lo que sucedió-

-Cómo sea...-

-¿Y Jane? No puedes dejarla sola...-

-Ella se irá con Renée y Rosalie-

-Fue ella... ella le dijo a Tanya...- dijo Edward, con la mirada perdida, mientras sacaba conclusiones en voz alta, pensando en que Isabella había develado lo de la pasada noche para apartar a Tanya de su lado. Pero James no lo entendió así

-¡¿Jane? ¿Por qué metes a mi chica en esto..?-

-No hablo de ella. Hablo de Isabella. No entiendo cual pudo ser otro motivo de por qué Tanya hizo esto- sacando sus propias conclusiones.

-No lo sé Edward. Es mejor que no saquemos conclusiones antes de tiempo. Llegará el momento de que tengas que encarar a Tanya, allí sabrás lo que ocurrió-

-¿Sabes de Isabella?-

-Jane me dijo que se había ido...-

-¿Sabes algo que yo no?-

-Edward, déjalo así...-

-Habla James-

-Jane me comentó que "ella" había ido ayer a la oficina a delegar su trabajo en Rosalie, porque debía salir de aquí, "desaparecer" dijo. Jane me comentó que estaba cabizbaja, triste, diferente. Que se fue, y no ledijo donde iría ni cuando regresaría. Pero insistió que no era la misma- comentó James mientras conducía rumbo a su apartamento. Edward no sabía que pensar. Ni que hacer.

Una vez los dos amigos llegaron, Edward encendió su teléfono para cerciorarse de tener alguna señal por parte de Tanya. Pero nada. Había un centenar de llamadas perdidas, su familia la gran mayoría.

-¿Un wisky Cullen?- dijo James, extendiéndole una copa de licor a su amigo

-Por favor- aceptó.

-Cullen, intenta descansar ahora. Deja que pase un poco de tiempo antes de volver a aparecer...-

-No sé si pueda descansar James. Esto es tan...- dejó inconclusa la oración, sin encontrar un adjetivo prudente para reflejar cómo se sentía frente a lo que había pasado. Además de la desesperación por saber dónde estaba Tanya. Necesitaba hablar con ella. La necesitaba.

-¿Se ha sentido traicionado alguna vez en su vida?- preguntó Tanya al chofer, quien había dado vueltas por Londres durante horas. Además, por orden de Tanya, había comprado una botella de ron, el cual ella comenzó a beber directamente desde la botella, mientras sentada en el gran puente de Londres, vestida de novia, contemplaba la ciudad, sintiéndose algo más liviana. De vez en cuando, extendía la botella al chofer, quien se había acomodado junto a la triste novia fugitiva, para acompañarla en su desahogo.

-Muchas veces. Tengo cincuenta años señorita, he pasado por muchas penurias del alma-

-¿Y qué ha hecho para superarlas?-

-Dar la cara, hablar y escuchar. Señorita, todos cometemos errores. A veces lo hacemos sin pensar, sin la intención de dañar...-

-Verá: el hombre con quien me iba a casar, me engañó, se enamoró de otra mujer, y aun así, quería casarse conmigo, ¿qué le parece?¿le parece que actuó sin razón?¿le parece que actuó sin pensar?- cuestionó ella con ironía.

-No me toca juzgar, pero dele la opción de hablar...-

-¡Nunca tuvimos secretos! Siempre lo hablamos todos...o eso suponía. Sí él se sentía inseguro de lo que sentía por mí, ¡por qué mierda no me lo dijo!-

-Quien sabe señorita... ¿le dará la opción de hablar?-

-No sé. Pero mi vida junto a él se acabó-

-Quizás si la ama. Quizás lo que sucedió fue un desliz...-

-No hombre, no fue una calentura de momento... lo oi de sus labios... ni aun así me lo dijo...-

-A veces uno puede amar a dos personas a la vez. No me ha pasado, pero dicen que es común... si él decidió seguir adelante con su boda, quizás no era importante lo que pasó con la otra mujer, quizás sí fue un error...-

-Usted es de las personas que confía en la buena fe de todo el mundo, ¿no?-

-Creo que nos merecemos segundas oportunidades. Equivocarnos y aprender de los errores señorita- dijo el hombre. Isabella se quedó meditando en las palabras del hombre. Pero no la harían cambiar de opinión. Para ella y Edward no habría segundas oportunidades. Eso se propuso por orden de su razón. ¿Pero lo que le decía su corazón?

-Tanya no ha aparecido. Carmen y Eleazar están desesperados, ¿de verdad no sabes que ocurrió hijo?- preguntó Esme, al otro lado del teléfono a su hijo Edward

-No mamá. Aún no sé nada-

-Hijo, dónde estás...-

-Con James, en su apartamento. Creo que me quedaré aquí... necesito... quiero estar solo...-

-Entiendo hijo... ¿estás bien?-

-Sí mamá. sólo quiero descansar...-

-Cualquier cosa nos llamas. Tus hermanos están inquietos, Alice no ha dejado de llorar. Dicen que te quieren mucho-

-Dale un abrazo de mi parte madre. Mañana regresaré al apartamento, ¿si?-

-Te amo hijo-

-Y yo a ti mamá- dijo Edward a su madre, después soltó un gran suspiro y colgó.

-¿No hay noticias de Tanya aún?- preguntó James

-No, nada...-

-Ya anocheció... y amenaza lluvia...-

-No me ayudas a tranquilizarme con esos comentarios James-

-¿Por qué no salimos a buscarla?-

-Ella no haría ninguna estupidez. Quiere estar sola, la conozco. Volverá pronto con su familia, siempre se refugia en ellos cuando está triste... o se refugiaba en mí... antes-

-Entiendo...- asintió James.

Sonó el timbre de su departamento de forma estridente. James se apresuró a abrir. Edward estaba en el sillón, con uno de sus brazos sobre sus ojos, con su cabeza recostada en el respaldo. Así que no se percató quien era.

-Este... Edward... ejem... digamos que ya encontramos a Tanya- dijo nerviosamente James

-¿Qué?- respondió Edward, levantándose. Y entendió lo que quería decir su amigo. Tras de él, vestida aun de novia, aunque algo sucia, despeinada y con su maquillaje corrido, estaba Tanya, con su mirada de ira, dolor y rencor sobre Edward, y una botella vacía de licor en una de sus manos

-Bueno, este... emm... los dejaré para que hablen... yo estaré en mi cuarto... no se preocupen por mí... hablen... como si yo no estuviera... o quizás podría ir a ver a Jane...-

-¡James, por favor!-

-Ya entendí...- dijo, yéndose a su dormitorio. Edward y Tanya quedaron solos, frente a frente. La tensión del ambiente se hizo pesado, incómodo.

-Tanya...-

-Así que te revolcaste con Isabella Swan, ¿eh? ¿Y cuándo pensabas contármelo? ¡En nuestra luna de miel!- le gritó

-¿Cómo...?-

-¿Cómo lo supe? Verás- habló con ironía –entré ayer a tu apartamento, a medio día a buscar este lindo traje de novia que ves aquí, puesto aun en mí, que estaba en el cuarto de Alice. Debía sacarlo antes que lo vieras. Estaba deleitándome con su hermosura- insistía con la ironía –cuando te oí llegar. Oí tu lamentosa confesión con James...- ¡Mierda!Pensó Edward, llevando sus manos hasta su cabeza en señal de desesperación

-No quería que las cosas fueran de este modo...-

-¡¿Y qué querías? ¿Seguir engañándome en el matrimonio? Dime una cosa, ¿Cuántas veces te acostaste con ella?-

-Tanya, yo no...-

-¡No te atrevas a negarlo! Te oí, y ella no lo negó-

-¿Hablaste con ella...?-

-¿Te preocupa que haya ofendido a tu amante? ¡Pues claro que hablé con ella! La muy maldita pensó que con pedirme perdón, usando un tono lastimero, que dicho sea de paso le sienta muy mal, iba a arreglar las cosas...-

-Escúchame Tanya...-

-¡No, escúchame tú a mí! Me destrozaste Edward, acabaste con mis ilusiones, acabaste con mi amor hacia ti... por un segundo deseé que lo que te oí decir no fuera más que una pesadilla... incluso que estabas borracho, que no sabías lo que hacías... pero hablaste de tu adicción a ella, de que lo que sientes es más fuerte que tú... ¡no puedo sacar de mi cabeza tu conversación con James...!- dijo, llorando con frustración. Edward intentó acercarse a ella.

-Tanya, yo te am...-

-¡No te atrevas a decir que me amas. No te sigas burlando de mí! Deja de fingir conmigo-

-Tanya...- dio otro paso a ella, pero enseguida se alzó en actitud defensiva

-¡No te me acerques! Me das asco...-

-Tanya... escúchame... no saco nada con negarte lo que pasó...me siento un miserable... eso también lo debes de haber oído... estoy arrepentido de haber cedido, y si no di marcha atrás con el matrimonio, es porque en verdad es contigo con quien quiero estar, es a ti a quien amo...- habló él, llorando

-Tú no me amas Edward...-

-Eres mi salvación Tanya...perdóname-

-¡Nunca! Tengo orgullo Edward, aunque no lo creas. Era todo lo que tenía que decir... y aunque no te lo mereces, me culparé de lo que ocurrió. Inventaré algo...no revelaré tus "pecaditos", no te preocupes. Tu familia no se merece sufrir ni pasar vergüenza por tus malditos errores-

-Tanya, no...- suplicó él

-Arruinaste mi vida, mi futuro... espero que puedas vivir con tu presente tan retorcido Edward- le espetó, furiosa aún, llorando

-¡Tanya, te lo suplico... yo te amo!- insistía él con llanto de arrepentimiento, de dolor por haberla dañado de ese modo. Ella no lo merecía.

-¡Basta! Ahora ve y busca a la mujer que en verdad amas... eres libre ahora Edward Cullen... eres libre- dijo de forma hiriente, secándose las lágrimas. Y sin más, dio media vuelta y salió.

Edward se dejó caer sobre el sillón, llorando, sintiendo su alama contraída, sucia, vacía. Lo que Tanya había hecho, era lo mínimo. Sabía que no había vuelta atrás con ella, sabía que la había perdido. Y se sintió perdido también. Solo, desolado, y absolutamente perdido.

PORFA! SI LEE, COMENTE... NECESITO DE LA RETROALIMENTACION DE PARTE DE USTEDES.

NO SEA CRUEL CON LA AUTORA. =)