Hola señoritas, acá les dejo actualizacion de la historia. Espero que la disfruten. Gracias por los comentarios, alertas, favoritos, etc, etc... Va dedicado a ustedes con mucho cariño =)
Asumiendo
"Quiero la suerte de un amor tranquilo, con sabor a fruta mordida, bebernos la vida en hamaca de red, saciando la sed con la saliva... ser tu pan, ser tu comida, todo amor que exista en esta vida, y algún veneno anti monotonía... Y si encontrara tu fuente escondida, alcanzo el pleno la miel y la herida, y el cuerpo entero como un huracán, boca, nuca, mano, y a tu mente paz... ser tu pan, ser tu comida, todo amor que exista en esta vida, y algún remedio que me de alegría... y algún remedio, que me de alegría..." ("Todo amor que exista en esta vida" Versionada por Pedro Aznar)
Edward no pudo pegar pestaña aquella noche oscura y de tormenta que azotaba a Londres. Eso en sentido literal, y también figurado. Porque su interior estaba siendo asechado por una tormenta que amenazaba con arrasar con todo. Recordó la cara de Tanya cuando, unas horas antes, llegó al apartamento de James, cargando con una furia que él nunca había visto en ella. Herida y furiosa, y él frente a ella, culpable y mendigando su perdón. Pero el perdón no era algo que él mereciera. Por ahora. Y por otro lado recordó la noche en que se fundió en el infierno, en los brazos de la mujer que lo hacía, por momentos, perder la cordura. "Dónde está... por qué escapó..."
-¿Cullen?... vaya mi amigo... traes una cara... supongo que no pegaste un ojo anoche, ¿no?- dijo su amigo James, extendiéndole un tazón de café de grano muy cargado.
-Gracias, y no, no dormí-
-Bueno, debes esperar que las cosas se calmen, tomarte vacaciones quizás-
-Quizás James, quizás- concedió Edward, mientras bebía su café
-Anoche... ya sabes, sin querer oí la discusión... y me siento un poco culpable. Ella no tendría por qué haberse enterado de todo de esa forma... no usamos filtro, hablamos de forma cruda respecto a los hechos y a tus sentimientos-
-Eso da igual, ahora da exactamente lo mismo. No tuviste la culpa, en absoluto. La culpa es mía-
-Eso hecha por tierra tu teoría sobre la Swan... sobre si ella le contó...-
-Me extraña su actitud ahora. En vez de estas celebrando que no me casé, ella se fue...-
-Te lo dije, Jane me dijo que ella estaba diferente...-
-¡James! No quiero seguir hablando de ella, menos de lo que sucedió-
-Entiendo. Bueno, voy saliendo al gimnasio, trata de dormir un poco-
-Lo intentaré- dijo. James, respetando el dolor de su amigo, salió de su apartamento para dejarlo descansar. Aunque cuando salió del edificio, vio aparcar el carro de Emmett, quien salía con diligencia desde el coche, rumbo al edificio, en compañía de la pequeña Alice, y sus padres. "Ah, Edward... veo que no podrás descansar..." dijo, mientras seguía su camino.
Edward oyó el timbre, mientras seguía torturándose con los recuerdos. Intentó hacer caso omiso del sonido del "ring", pero no pudo. Sabía que tarde o temprano debería enfrentar al resto y dar explicaciones.
-¡Oh Edward!- dijo Alice, quien se abalanzó sobre su hermano en cuanto este abrió la puerta. Ella lloraba desconsoladamente. No podía creer lo que Tanya, su supuesta "amiga" le había hecho a su hermano. Por supuesto, lo que Alice no sabía, era que el culpable allí era Edward
-Calma pequeña- dijo a su hermana, acariciándole la cabellera para tratar de tranquilizarla
-No puedo creer lo que ella te hizo Edward... anoche Carmen llamó avisando que Tanya había llegado, y que no quería hablar con nadie. ¡Maldita, como se atrevió!- estalló ella, furiosa contra el pecho de su hermano
-Alice, te lo suplico...-
-Alice por amor al cielo, quedamos en no ahogar ni presionar a Edward- le reprochó Esme, quien cuando Alice estuvo fuera de los brazos de Edward, ocupó ella su lugar.
-Hijo... no puedo creer que esto haya pasado...-
-Mamá... creo que todo tiene su explicación-
-Hijo, no estamos aquí para saber lo que sucedió. Estamos aquí porque somos tu familia, y te acompañaremos y apoyaremos...- comenzó a decir Carlisle, quien posó su mano sobre el hombro de su hijo. Edward sabía que no podía dilatar más las explicaciones. Todos estaban sacando conclusiones erradas, todos estaban culpando a Tanya, cuando en verdad, el único culpable había sido él. Y ahora era el momento de afrontar las consecuencias de sus actos con su familia.
-Escúchenme, debo hablar con ustedes sobre lo que sucedió ayer-
-Edward, no es necesario-
-Para mí lo es papá-
-¿Hablaste con Tanya?- preguntó Emmett
-Sí, vino anoche. Pero eso no es lo más importante. Lo que ella hizo ayer fue -
-Ella dijo que no, Edward. El error fue suyo, así que no te culpes. ¿Por qué permitió que todo llegara hasta aquí? Si ella no estaba segura...- Alice estaba dejando salir su rencor en contra de Tanya, pero Edward no aguantó más, y la interrumpió, haciéndola callar:
-Alice, escúchame. Ella reaccionó quizás como cualquier mujer hubiese reaccionado... después de saber... de saber lo que hice-
-¿Edward?¿Qué estás tratando de decir?- preguntó Esme
-Mamá, cometí un error. Engañé a Tanya con otra mujer... días antes de la boda...- soltó aquella bomba, sabiendo que darle más vueltas al asunto, sería aun más perjudicial. Dicho esto, Esme se tensó y se apartó de los brazos de su hijo, y lo miró con espanto
-¡¿Qué? No, no... eso no puede ser... no serías capaz...- comenzó a decir Esme, impactada por lo que su hijo acababa de asumir
-¡¿Cómo demonios fuiste capaz Edward? Tanya no se merecía eso... por Dios, y yo juzgándola...- gritó Alice con furia contra su hermano
-¡¿Quién es, Edward?- preguntó ahora Emmett, pero Esme intervino enseguida:
-¡No! No quiero saberlo, no queremos saber los detalles morbosos... esto ya es suficientemente shockante para mi...-
-Alice, Emmett, Esme, necesito que me dejen hablar a solas con Edward...
-¡Vámonos mamá... no soporto estar aquí!- dijo Alice, sacando del brazo a Esme, quien había comenzado a derramar lágrimas de dolor por el error que cometió su hijo. Emmett suspiró fuerte, y al pasar junto a Edward, palmeó su hombro y se retiró en silencio.
Edward estaba hundido en la vergüenza. Ver a su madre contraída por su culpa era algo casi insoportable para él. Ver a Alice gritándole con odio era algo que jamás había visto, que jamás pensó que vería. Pero se merecía esa reacción de las dos mujeres más importantes de su vida, aunque aquello lo sumiera aún más profundo en la miseria y la vergüenza que en ese momento sentía que se estaba hundiendo. Emmett, él por otro lado, siempre era condescendiente con él, aunque de seguro más tarde querría saber todo con lujo de detalle. Y su padre, Carlisle, quien había mantenido su característica calma y compostura, estaba frente a él, pensativo, respirando con calma, mientras pasaba su mano por su rubio cabello para tranquilizarse, gesto que el mismo Edward heredó.
-Te conozco mejor que tú a ti mismo. De alguna manera lo presentía, sabía que algo no marchaba bien con esto... y entre mis teorías estaba la presencia de otra mujer. Pero como te conozco tan bien, sé que no te hubieses metido con otra, si no hubiese existido algo más... fuerte...-
-Fue un error papá...-
-Claro que lo fue Edward, pero ayúdame a entenderlo...- dijo, calmadamente.
-Esa mujer sobrepasó todos mis límites, intenté evitarla por todos los medios... pero hubo un momento en que fue imposible... nuca nadie me ha hecho sentir lo que ella: odio y deseo a la vez. Anhelo, desesperación, locura...-
-La amas...-
-Amo a Tanya-
-No estamos hablando de Tanya, estamos hablando de...-
-Lo que me pasa con ella... me confunde. No sé de qué se trata...-
-¿Estabas dispuesto a que fuera tu amante? Porque estabas dispuesto a seguir adelante con tu boda...-
-¡Por supuesto que no! ¡Fue un error, ya te lo dije! Mis sentimientos por Tanya son reales, claros... con ella sería comenzar esta nueva vida desde cero, dejar a esa mujer en el pasado...-
-Hubiese sido una desgracia. En teoría es probable, pero en la práctica, finalmente la hubieses tenido como tu amante-
-¡No!-
-Edward, lo que te pasa con esa mujer, debe ser aún más fuerte de lo que tú mismo eras capaz de asumir. No hubiese llevado todo esto tan lejos si no sintieras por ella algo tan potente, olvidando incluso tu supuesto amor por Tanya. Pese a todo, no he de juzgaste Edward. Sabes que cometiste un error, lo has hablado con tu familia, y agradezco que nos digas la verdad. Ahora es necesario que pienses qué harás. Tanya está destrozada y prácticamente se culpa de lo que sucedió. Sus padres están avergonzados y no han recibido explicaciones. Deja que tu madre y tu hermana se tranquilicen, sabes que recibirás su apoyo eventualmente-
-Si no me perdonan, lo entendería...- dijo Edward en tono de derrota
-Esme no es así hijo, y lo sabes. Esto la alteró, dale tiempo. Ahora, medita y descansa. Pon tus ideas en orden y actúa conforme tu conciencia y tu corazón te indiquen.-
-Lo haré-
-Mañana tu madre y yo debemos regresar a Oxford, pero hijo, siempre que necesites hablar es cuestión de que me llames, y aquí estaré para ti. Y no actúes precipitadamente, deja que el tiempo pase...-
-Lo haré. Gracias papá-
-No hay problema. Hablaré con tu madre, quizás quiera venir antes que regresemos a Oxford. Ella te ama, lo sabes-
-Lo sé-
-Descansa hijo- dijo, abrazando a Edward, para luego salir en silencio, rogándole a Dios que iluminara y guiara a su hijo.
Querida Jane:
¿Cuánto ha pasado desde mi viaje?¿Diez días, quince? Pues para mí ha sido un siglo.
Estoy en la ciudad del Vaticano mi pequeña y fiel amiga, donde se cierne un extraño ambiente de fe y religiosidad que me afecta. Sobre todo, cuando aquel viejo hombre vestido de blanco, se asoma al balcón de la Basílica de San Pedro, pregonando el amor y la paz de Dios, logrando que cientos de feligreses crean en sus palabras. Pero a mí me cuesta creer.
He estado paseando por muchos lugares, intentando no pensar, pero se me hace difícil. Me pesa ahora más que nunca la soledad, porque no hay esperanza para mí.
¿Cuándo regresaré? No lo sé Jane. Creo que todo marcha bien en la empresa sin mí, así que nada me apura en volver.
Y tú mi amiga, como estas. Como va tu romance. Cuéntame, como si estuviera frente a ti.
Una cosa, te suplico que guardes en secreto el lugar en donde me encuentro. No quiero más compañía que mi soledad...
Jane leía y releía el correo electrónico que aquella tarde, su amiga Isabella había dejado para ella. Hubiese deseado volar hasta donde estaba y acompañarla, para demostrarle que no estaba sola como ella pensaba, y que quizás sí había esperanza de amor para ella. Porque la había. ¿Le comentaría lo del frustrado matrimonio?¿ Qué haría Bella cuando lo supiese?¿Volvería a comportarse como antes, encontrando el método para obtener lo que quería a cualquier precio, con mayor razón sabiendo que Edward ahora estaba desligado de su relación con Tanya?¿O realmente ella había cambiado, por Edward? "Dios, ángeles del cielo, virgen María o quien sea, ilumínenme..." James, en todos estos días que habían pasado desde aquello, no había querido comentarle el porqué de la negativa de la novia, pese a que ella lo intuía. Lo único que había sabido, era que Edward había decidido pasar un tiempo en un pueblo a las afueras de Londres... "Vaya, los dos escapando...", y que regresaría dentro de unos días a retomar su trabajo en la universidad y en la sinfónica.
James, sutilmente también habría querido obtener información sobre la Swan, pero creyó en la palabra de Jane cuando le dijo, tristemente, que ni ella sabía dónde se encontraba, ni menos como estaba.
De cualquier forma, ambos querían ayudar a sus respectivos amigos, ¿pero cómo?
Isabella, diariamente, paseaba por la plaza de San Pedro, y se sentaba allí a observar todo a su alrededor. Cuando hablaba con su madre, lo hacia de forma escueta, no quería saber detalles de lo que sucedía en Londres, mucho menos de los maravillosos detalles de la "hermosa boda de Edward". Eso sería para ella flagelarse. Cruelmente. Cuando le escribió a Jane, no quiso preguntarle nada al respecto, y esperaba que ella no se lo comentara. Estaba intentando de no pensar en Edward Cullen, por difícil que eso fuera. Porque cada noche, se dormía con la sensación de los labios de aquel hombre sobre su cuerpo. Con la sensación de sus jadeos en su oído, de sus manos recorriendo su piel. Y esos recuerdos ya eran suficiente tortura para ella. Ahora, estaba intentando reunir la suficiente fuerza de voluntad para regresar a la realidad, y sobrevivir.
Edward, por su parte, después de hablar con su madre y escuchar sus regaños y consejos, había intentado comunicarse con Tanya, pero ella no accedía. Probablemente se quedaría en Oxford y no regresaría a Londres. Eso lo apenaba. Por otro lado, había decidido pasar una semana en Liverpool, donde residieron sus abuelos maternos. Allí, solo, cada noche bebía wisky, intentando olvidar como fue que una noche calló en las llamas de hades, consumiéndose en el fuego, dulce y abrazador, delicado y doloroso, fragante y desquiciado. Todo ello con el nombre de una mujer: Isabella. "¡¿Dónde estás Isabella, dónde...?" cuestionaba. Y es que una parte de él, la añoraba, y la lejanía hacia que su ansia por ella fuera "in crescendo", muy por el contrario a lo que él deseaba.
Retorno
Ha pasado algo más de un mes desde el "casi" matrimonio entre Tanya y Edward, y desde que Isabella Swan desapareció de Londres, y los aires de navidad comienzan a inundar la ciudad de canticos navideños, de luces y colores, de paz y armonía... pero en "Swan Motors" el ambiente no era de paz precisamente:
-¡¿Qué?- fue el estruendoso grito que se oyó desde la oficina de Rosalie Hale, y que retumbó en todo el piso de gerencia, haciendo que los empleados corrieran a esconderse en cualquier sitio, y es que en este mes de ausencia de la "jefa" Swan, habían logrado percatarse que el humor de la "nueva jefa" Hale, que era más cercana a una "instructora militar", dejándose caer en todos los departamentos, vigilando desde cerca cada movimiento, implantando rigurosidad en cada proceso. Por eso, cuando el "inútil e ineficiente" Mike Newton, le informó aquella tarde sobre el "problemita" que había surgido en una serie de vehículos fabricados en una planta canadiense, ella se enfureció.
Dio la orden a Elizabeth, su asistente, y a Jane, que se encargaran de citar a los representantes de los fabricantes, abogados, asesores, y la directiva de la empresa para evaluar la situación y eventuales repercusiones. Además de llamar a conferencia de prensa para dar explicaciones públicas de lo ocurrido. En la industria automotriz, aquello era hasta normal, que una partida de vehículos presentara deficiencias, "¡Pero en plena época navideña!¡Maldita sea!"
Otra cosa que hizo, fue sacar su móvil y marcar el número de Isabella:
-¿Diga?-
-Isabella, soy yo, Rosalie. Escúchame, prometí no molestarte en tu tiempo de retiro espiritual o lo que sea que estés haciendo allá, pero necesito que regreses. Problemas con la empresa...-
-¡¿De qué se trata?-
-Una marca presentó problemas, y comenzará el retiro de los vehículos del mercado...-
-¡Por un demonio!¿Y Newton? él está a cargo de...-
-Ese tipejo es un inútil, Isabella-
-Ok, me regreso en el siguiente vuelo-
-Te espero- dijo, y colgó. Para Isabella, el hecho de que Rosalie Hale la haya llamado para pedirle que regresara, era la confirmación de una decisión que no había querido tomar, pese a los constantes sueños que la perseguía. La voz de un hombre, escondido en la oscuridad, le hablaba en italiano: "Isabella, si deve tornare… torna da me, non nascondono piu. Sto aspettando per voi… torna a me, Bella…"(*) esas palabras se las repetía una y otra vez, susurrante, anhelante, pero el hombre en cuestión no se dejaba ver. Así que sin más demora, hizo una llamada a su ejecutivo de viaje, y le pidió que apartara para ella un cupo en el siguiente vuelo hacia Londres. Era la hora de volver a la realidad.
*()Traducción: Isabella, debes regresar, vuelve a mí, no te escondas más. Estoy esperando por ti. Regresa a mí, Bella.
Edward estaba sentado en la sala de la vieja casona que perteneció a sus abuelos maternos, observando por la ventana la lluvia caer, mientras tomaba un café de grano muy cargado y fumaba su tercer cigarro de la tarde. De fondo, la televisión comenzaba a emitir las noticias de la hora. Él no estaba prestando atención a eso, más bien, su mente estaba perdida en todo y nada a la vez. En lo que había sido su vida en ese último mes, y en lo que sería de él en el futuro. Y nada estaba claro.
"La prestigiosa concesionaria "Swan Motors" se ha visto envuelta en un escándalo por el retiro de una partida de al menos doscientos vehículos de la marca Audi modelo A8, que debieron ser sacados del mercado, por desperfectos. Este retiro supone para la compañía una pérdida de varios cientos de millones de dólares. La representante y gerente general de la compañía, Isabella Swan, habló esta mañana en una conferencia de prensa..."
En ese momento, Edward dejó su humeante taza de café a un lado, y se levantó, como hipnotizado hacia la pantalla del televisor cuando oyó el nombre de Isabella. No escuchó lo que dijo, sólo se percató de su presencia imponente en la pantalla del televisor, frente al centenar de periodistas, segura y seria. "Está de regreso..." Entonces, sintió una urgencia de ir a su recamara y empacar su ropa, montarse en su coche y regresar a Londres. Y fue lo que hizo. En menos de una hora, estaba listo para salir de Liverpool. Durante toda su estadía, estuvo pendiente de cualquiera señal que le dijese que debía regresar a Londres. Y la voz de Isabella fue el detonante de aquello, estaba cegado por el tono persuasivo de su voz en el televisor, como si en vez de estar dando explicaciones referentes a algo de su empresa, lo estuviese llamando a él.
De camino a Londres, se fue preguntando el porqué de su reacción u obediencia frente a ese impulso. De alguna manera se dio cuenta de que su vida había cambiado desde el momento que se vio cerca de Isabella., pues antes no solía tomar decisiones movidas por impulsos, ya que era más bien racional casi al extremo. Además, mientras conducía bajo la lluvia, se preguntaba el porqué de la actitud de Isabella, por qué no se había acercado a él cuando supo de su fracaso, porqué no lo buscó... "Me niego a ser uno más de la lista..."pensó, pisando el acelerador a fondo, pues le urgía llegar a su destino, pese a no tener claridad cuál sería su actuar.
-Jane, que los estadistas tengan listos los informes de pérdidas para ser expuesto a la junta- ordenó Isabella, instalándose en su escritorio aquella mañana que estaría cargada de trabajo. El día anterior, recién llegada de su viaje, tuvo que ponerse "manos a la obra", sin tener tiempo en pensar en nada ni nadie más.
-Ya están trabajando en eso. Aseguraron que al final de la tarde estarían sobre tu escritorio-
-Perfecto. Otra cosa, prepara el finiquito de Mike Newton-
-Ehmm... ¿qué?¿lo vas a despedir?-
-Por supuesto. Él es el encargado de que cosas como estas no ocurran, además, Rosalie está pidiendo su cabeza, y la verdad, se la voy a dar en bandeja de plata con mucho gusto…-
-Está bien, pero sabes que se resistirá a firmar su salida...-
-Estoy preparada para enfrentarlo. Tú solo toma las providencias necesarias con los abogados-
-Como digas-
-Otra cosa, reserva un almuerzo para dos hoy-
-¿Almorzarás con alguien?-
-Sí, contigo-
-¡Claro!- contestó animadamente Jane, y se fue de la oficina dando saltitos. Isabella sonrió levemente y negó con la cabeza, para luego volver a poner atención en su trabajo.
La mañana pasó con rapidez. Isabella por supuesto, tuvo que enfrentarse a la furia ciega de Newton cuando supo de su despido. Pero Isabella no dio su brazo a torcer, incluso cuando este la amenazó con "sacar a la luz su tortuosa y desmedida relación lujuriosa..."
-Newton, no me hagas reír, menos perder mi tiempo. Firma, toma tu dinero, y vete... seguro la competencia estará feliz de recibirte... aunque debes tener cuidado con la información que sueltes... recuerda que firmaste un acuerdo de confidencialidad cuando entraste a trabajar aquí. Si llega a pasar por tu cabecita romper dicho trato, te refundo en la cárcel, ¿me oyes?- dijo ella, fría y amenazante. Mike se quedó estático, es como si Isabella hubiese leído sus intenciones. Así que con la rabia que sentía, firmó el fin de contrato que lo ligaba a Swan Motors, tomó su cheque de indemnización, y salió hecho un demonio, lanzando juramentos y maldiciones contra la empresa.
-Me las pagas... de cualquier manera, esto me lo pagas- amenazó, dándole la última mirada de odio a Isabella desde la puerta, enseguida salió dando un fuerte portazo. Isabella sólo atinó a suspirar, pensando: "una sanguijuela menos...".
Jane apartó reservaciones en un restaurante Italiano que estaba muy cerca de la empresa. Era perfecto, pues la comida italiana era la favorita de ambas. Sabía que aquel almuerzo sería para que ambas se sincerasen, así que pensó en la comodidad del ambiente para relajarlas. Desde el día anterior, en que Bella había reaparecido lista para enfrentar el torbellino que se vivía en la industria, no habían hablado, pero Jane sabía que Bella no estaba enterada de algunas... cosas... como la "no boda" de Edward... El sonido del móvil de Jane, la sacó de sus pensamientos. En el visor, vio el nombre de James. Ella suspiró con una sonrisita y contestó:
-Hola-
-Hola hermosa, como va tu día...-
-Ajetreado, ya sabes, con todo lo que ha pasado en la empresa-
-Me imagino... y con la llegada de la jefa... ¿ha ido todo bien con ella... han hablado... ya sabes...?-
-No, no aún-
-Bueno. Quería saber si hoy quieres almorzar conmigo-
-Lo siento, pero tengo una cita-
-¿Cita? ¿Y puedo saber con quién es la cita?- el tono de James era más bien demandante. Estaba hablando desde el mismísimo centro de huracán de celos que lo envolvió en ese momento, al suponer que "otro" iría compartiría con ella. Todo fue peor cuando Emmett y Edward, quienes lo observaban muy divertidos, soltaron risas de burlas. Y todo empeoró más cuando oyó la respuesta de Jane:
-No, es secreto...- dijo ella, algo divertida. Por un lado, estaba poniendo a prueba a James, por consejo de la mismísima Rosalie Hale, quien le había dicho que "debía poner a prueba al hombrecito ese" antes de ceder. Por otro lado, no quería que James se enterara aun de que comería con Bella, pues seguro después querría indagar en ello para ir y contárselo a Edward.
-Oh, ya veo. Bueno, hablamos luego- y colgó. Se puso de pie, furioso, se dirigió a su dormitorio, se cambió su tenida a una deportiva, y salió, como alma que lleva el diablo, directo rumbo al gimnasio, lugar que se había convertido en su segundo hogar. Edward reparó en el hecho que temprano por la mañana, James ya había ido ahí... "¿Otra vez?", pensó. Y le lo preguntó a Emmett:
-Verás, este hombre está siendo torturado inconscientemente por una niñita. Digamos que la ovejita domina al león. Ella se está haciendo de rogar, no sé si de forma malévola... la cosa es que James está usando todo su "control" para no caer en tentación. Pues bien sabes que no es un tipo... monógamo, menos con periodos tan largos de celibato. Pero dice que está enamorado, y quiere hacer las cosas bien. Así que bota la tensión en el gimnasio- explicó Emmett de forma amplia
-Entonces cuando veamos que deja de ir al gimnasio, es porque...-
-Porque Jane cedió, o él se dio por vencido-
-Por supuesto- asintió Edward
-Y hablando de tipos que se dan por vencido... supongo que con Tanya no te has comunicado-
-No quiere verme, no quiere oírme, además de estar rodeado de las brujas de sus hermanas. Creo que ni siquiera está en Oxford, o aquí en Londres... -
-Alice ha hablado con ella... y Tanya confirmó lo que tú nos contaste... ¿Me vas a decir de una vez quien fue la mujer que te hizo perder el juicio? Ha pasado más de un mes, y te has mantenido hermético, te ves incluso enfermo, y no sé si porque Tanya decidió abandonarte, o por la otra mujer...- Edward oyó a su hermano, quien le hablaba lleno de preocupación. Se quedó pensando en lo último que dijo, sobre su estado de ánimo, y no supo que responder, pues no lo sabía. Le dolía estar lejos de Tanya, pues después de todo, la extrañaba, y sobre todo saber que la había herido profundamente. Pero la "desaparición" de Isabella durante todo este tiempo, estaban haciendo sentirse desesperado por la incertidumbre.
-Te lo contaré Emmett, pero no ahora, no cuando estoy confundido-
-Bien, no presiones-
-Gracias Emmett-
-Entonces Jane, ponme al día con tu relación con el abogado ese...-
-James-
-Sí, James... ¿ya tuviste sexo con él?-
-¡¿Eh? ¡No, claro que no!- respondió ella, roja de vergüenza y furia
-No te pongas así... sería de lo más natural, ¿Por qué ya son novios, no?-
-Pues no... sería muy pronto para eso-
-¿Pronto? Por Dios Jane, ni mi abuela tiene pensamientos tan arcaicos-
-Sólo quiero estar segura de que él no me hará daño, y que está conmigo por amor...-
-Ok, te apoyo en eso, pero debes darte algo más de crédito. Seguro has tenido tras de ti a muchos hombres, y no te has dado cuenta de ello, sólo por la falta de confianza en ti misma. Pero dime, él está siendo...-
-Respetuoso... y persistente. Dice que soy... importante para él-
-¡Wow! Y tú insistes en hacerlo esperar pese a que te dice todo eso, y te lo demuestra... eres cruel Jane-
-Estoy un poco asustada, no tengo experiencia en...eso-
-¿Eso?-
-Si... "eso"-
-Sexo, se llama sexo Jane, y es algo natural. Debes disfrutarlo, no dejar que nadie te obligue... ¿Por qué él no te está presionando con eso, no?-
-Te dije que era respetuoso, dijo que me esperaría-
-Bien, digamos que tiene mi voto de simpatía ese tal James- dijo, entre risas, mientras probaba su vino italiano. El ambiente entre ambas estaba relajado, pese a todo, así que Jane, valientemente, decidió cambiar el tema
-Bella... no me preguntarás sobre... él-
-No-
-¿Por qué no?-
-Porque está en el pasado. Él tiene una nueva vida junto a su mujer, y yo no soy plato de segunda de nadie- dijo, volviendo a beber del vino, para ahogar su deseo de preguntar detalles a su amiga
-¿Crees que hubieses tenido alguna posibilidad con él?-
-Jane, basta-
-Contéstame- pidió ella en un susurro apenas audible
-Sé que no le fui indiferente, y no me refiero solo a pasión o sexo... hubo algo más... pero insisto, eso quedó atrás. Él ahora debe estar disfrutando de su vida de recién casado y a mí no me importa...-
-No- negó Jane, interrumpiendo a Isabella
-¿No qué?-
-Él no está disfrutando nada de eso, Bella-
-¿A qué te refieres?-
-A que... ¡Dios Bella, si no te lo conté, era porque tú no querías saber nada...-
-¡Habla de una maldita vez Jane!-
-El matrimonio no se hizo. Tanya plantó a Edward... en realidad dijo que no cuando el cura le preguntó...- Jane comenzó a explicarle con detalle lo sucedido, pero Isabella no le estaba prestando atención. "El matrimonio no se hizo... el matrimonio no se hizo" No sabía cómo reaccionar... estaba perdida, no sabía que hacer... como reaccionar, qué decir. Bebió el resto del contenido de vino de su copa, y levantó la mano al camarero para que llevase la cuenta
-¿Bella?- preguntó Jane confundida
-Nos vamos Jane, hay mucho trabajo- dijo ella, fríamente. Pagó, dejando una muy buena propina sobre la mesa y salió rauda del restaurante, con la frase aun en su cabeza: "El matrimonio no se hizo..."
-¿Bella, qué...?-
-¡No preguntes Jane, te lo suplico, no preguntes- dijo, dando la orden al chofer para que se pudiera en marcha rumbo a la empresa. Una vez allí, se encerró en su oficina, dejando caer su cabeza en el respaldo de su cómodo sillón de cuero. Indecisión, desconcierto, duda, temor, miedo... ninguna de esas características era propia de Isabella, por lo que odiaba sentirlas justo ahora, cuando había decidido dejar atrás todo lo referente a Edward Cullen, porque sabía que ella no lo merecía, sabía que Tanya era la mujer ideal para él y supuso que no estaría dispuesta a dejar al amor de su vida... pero aquello de que había sido ella la que había dicho "no" la confundió un momento...
-¡Maldición, esto no tendría que estar pasando! Piensa Isabella, piensa...- se espetó, levantándose del sillón, y caminando por la oficina, como león enjaulado. Se detuvo frente al gran ventanal y miró al exterior. Suspiró sin tener aun claridad de lo que sucedería ahora, cosa que la frustraba.
El resto de la tarde decidió concentrarse en la empresa y los pendientes que había. Por lo menos aquello hizo que la tarde pasara con rapidez, y no dejando mucho tiempo para pensar demasiado.
Cerca de las ocho se retiró, cuando no quedaba prácticamente nadie en el piso de gerencia. Tomó el ascensor y pulsó el botón que la llevaría directo al subterráneo, donde se encontraban los estacionamientos. Allí, se dirigió con calma hasta su coche, dispuesta a llegar cuanto antes a su casa a darse un largo baño de tina
-Isabella- la voz de un hombre llamándola la sacó de sus ideas y la paralizó. Estática, se negaba a voltearse y mirarlo a la cara. No estaba preparada. No aún -Isabella- insistió la voz, que sintió ahora más cerca de ella. Con cautela y lentitud se volteó finalmente y quedó frente a él
-Edward- susurró, de forma casi inaudible, sintiendo un temblor irremediable en todo su cuerpo.
PORFA! SI LEE, COMENTE... NECESITO DE LA RETROALIMENTACION DE PARTE DE USTEDES.
NO SEA CRUEL CON LA AUTORA. =)
