Hola señoritas, acá les dejo actualizacion de la historia. Espero que la disfruten. Gracias por los comentarios, alertas, favoritos, etc, etc... Va dedicado a ustedes con mucho cariño =)
Los polos opuestos se atraen
La respiración de ambos era irregular, incluso podía oírse pese al enorme espacio que significaba el estacionamiento de los directivos de la empresa. Pero es que el silencio que se cernía entre ambos era sepulcral, aunque aquel silencio estaba cargado de una potencia que destellaba entre ambos. Una tensión inexpresable en palabras.
-Qué... qué haces aquí- dijo, intentando sonar rotunda y segura, pese a que por dentro se sentía de forma muy diferente
-No lo sé-
-Siempre dices lo mismo- dijo, volviéndose hacia su coche dispuesta a entrar y largarse de ahí. Pero el fuerte agarre de la mano de Edward sobre su brazo la detuvo. Y ahí estuvieron de vuelta las descargas eléctricas. Para Isabella y para Edward. Ella desvió su mirada hacia la mano varonil que aferraba su antebrazo y luego se dirigió hasta sus ojos. Mala idea, pues enseguida se sintió perdida en el verdor intenso de aquella mirada, igual sensación que inundó a Edward cuando se cruzó con los ojos marrones de Isabella.
-La verdad... la verdad es que sí lo sé: no pienso pasar por alto esto...-
-¿Esto? Podrías ser más explícito...-
-Lo que hay entre tú y yo, y no te hagas la estúpida pretendiendo no saber de lo que hablo...- habló él con hostilidad, no pretendiendo hacerlo, pero ella en verdad lo llevaba a los extremos de su carácter de un segundo a otro
-Escúchame una cosa, no pretendas tratarme como un estropajo, ya dejé que la última vez me trataras como una puta, pero no volveré a permitirlo- respondió ella con la misma hostilidad, forcejeando el agarre de Edward, hasta que finalmente logró soltarse de él
-Si mal lo recuerdo, creo que te traté como nunca nadie te había tratado...-
-"Me das asco", "te odio", claro, son formas en las que ningún hombre me había tratado...-
-¡Maldita sea! Te pedí disculpas por ello, lo dije sin pensarlo, no es algo que creyera, o crea...-
-¡Cómo sea!- gritó, luego dio una gran bocanada y volvió a hablar -Mira, lamento de verdad lo que ocurrió con Tanya. Hablé con ella, traté de hacerla entender que había sido un error, pero...-
-Ya no tiene caso, de cualquier manera ella hizo lo que pensó correcto- contestó él, bajando su mirada, como si tan sólo recordar el incidente con Tanya, lo llenara de vergüenza.
-Mira, de verdad esto me llena de vergüenza, saber que fui culpable de que ella te...-
-¡Basta! ¡No vine hasta aquí para hablar de Tanya! Dime una cosa, por qué no me buscaste si sabías que yo no me había casado, por qué demonios te fuiste como si quisieras esconderte, ¡dónde demonios estabas!- volvió a agarrarla del brazo, mientras expulsaba furioso aquellos cuestionamientos que durante un mes lo ahogaron. Isabella lo miraba impactada, sorprendida. Le costaba hilar las ideas, no sabía que decir.
-Necesitaba irme de aquí... no estaba arrancando de nada ni nadie en particular... yo... no sé- habló despacio, esquivando en todo momento la penetrante mirada de Edward
-Isabella, esta no es una conversación que tú y yo debiéramos tener en el estacionamiento de un edificio-
-Edward... aléjate de mí- Isabella dijo eso como un ruego más que como una advertencia
-No puedo, no puedo hacerlo- reconoció Edward. Poco a poco soltó el fuerte agarré y comenzó a acercarse a Isabella, quien ya se sentía mareada con dicha cercanía.
De un momento a otro, las frentes de ambos, las narices de ambos estuvieron pegadas. Isabella cerró sus ojos y dejó que los labios de Edward chocaran con los suyos. Y allí estuvieron los juegos pirotécnicos que explotaban en su interior. Ella se había resignado a no volver a probar esos besos que provocaban estallidos, como si cada célula de su cuerpo detonara con los besos de Edward Cullen. Y él, él sentía fuego dentro suyo, una hoguera consumiéndolo, el sabor de su boca dulce haciendo que perdiera la cordura, como toda ella. La intensidad del beso fue en aumento, demandando una boca de la otra. Isabella y Edward estaban aferrados, procurando que no hubiese espacio posible que pudiese separar sus cuerpos. No querían soltarse, eran conscientes de la necesidad que emanaba de ellos, de la necesidad del uno por el otro. Sus labios se separaban por décimas de segundos para tomar aire, y volvían a juntarse.
"Por Dios, yo amo a Edward Cullen, yo amo a Edward Cullen, yo lo amo..." se repetía ella como mantra, reconociéndolo, por fin, después de todo.
"Mía, mía, la quiero mía...y que se joda todo el resto..." era el pensamiento de Edward, que se había olvidado en ese momento de su ex novia que sufría por su culpa, que se había olvidado de su familia. Decidió en ese instante asumir su necesidad de ella y olvidarse de lo demás, no estaba dispuesto a que ningún otro maldito hombre se le acercara. Ya había perdido suficiente antes, no estaba dispuesto a seguir perdiendo. Menos si se trataba de ella.
-Larguémonos de aquí, necesito estar a solas contigo...- Edward susurró en su oído, mientras su lengua delineaba el lóbulo de su oreja. Ella solo asintió. Simplemente no podía hablar. Edward tomó su mano y la dirigió hasta su carro. Pensó rápido y decidió llevarla a su nuevo apartamento, el que compró con la venta de la casa que había adquirido para vivir con Tanya. James se había encargado de vender y comprar, por petición de Edward. Así que en cuanto estuvieron dentro, Edward encendió el coche y a toda velocidad se dirigió hasta la zona residencial a unos veinte minutos de allí. En el transcurso, Bella no podía apartar su mirada de él, lo encontraba un hombre tan atractivo, tan interesante... hombre que hacía que sus muros de contención por tantos años construyendo a su alrededor, cayeran a la primera mirada suya, desnudando su alma. Él, de tanto en tanto desviaba su mirada hacia la hermosa castaña que lo acompañaba, y por Dios que le era imposible no perderse en la profundidad de sus ojos chocolate, de su aroma, la fuerte dualidad de su carácter tímido y avasallador, haciendo que en él comenzasen a nacer sentimientos que desafiaban toda lógica, como siempre, llevándolo por el camino de la delgada línea entre la razón y la locura. Pero no quería pensar en sentimientos hacia ella. Él solo quería saciarse, llenarse de ella. Era todo. De momento.
A penas cruzaron el umbral de la puerta del apartamento, sus cuerpos chocaron el uno contra el otro, fundiéndose nuevamente en un imperante y demandante beso. Edward paseaba sus manos, acariciando su rostro, su cabello, su cuello, su espalda, las curvas de su cintura, su hermoso y perfecto trasero. Ella tenía sus manos aferradas a su colorina cabellera, jalándole sus cabellos por la pura desesperación.
Él acorraló a la mujer en una de las paredes aledañas a la puerta, y la levantó, tomándola por los muslos, haciendo que ella enrollara sus piernas en sus caderas. La deseaba tanto, que le desesperaba el hecho de no estar en ese instante cerniéndose dentro de ella, en una y varias estocadas. Y no quiso esperar más. La llevó en andas hasta su ahora dormitorio, y la dejó caer sobre la cubrecama azul. Allí, sin decir palabra, comenzaron a deshacerse de sus ropas, hasta quedar en absoluta desnudez.
-Eres hermosa... y tan suave...- decía él, paseando sus labios sobre el cuerpo desnudo de Isabella, embriagándose de ella como preludio para hundirse dentro de ella. Isabella solo sentía y gemía "Este hombre me quiere volver loca..."
-Edward... por favor...- suplicó, casi en llanto
-Por favor qué...- decía él, con la voz ronca, mientras seguía su degustación exquisita por el cuerpo de Isabella, amoldando sus labios sobre la suave superficie de su cuerpo
-No me hagas esperar más... te necesito- asumió, y Edward, y como gato lujurioso, se deslizó sobre el cuerpo de ella, y volvió a besarla, aumentando la tensión sensual y sexual que inundaba el ambiente. Así fue como Edward e Isabella sucumbieron el uno al otro, uniéndose en cuerpo, fundiéndose en deseo desmedido y fuera de control, durante toda la noche, estallando en mil pedazos producto del clímax, y el sopor erótico en el que caían.
Hubo un momento, después de estos múltiples encuentros, en que ambos sólo se quedaron mirando uno frente al otro, en silencio, recostados y desnudos sobre sus costados en la amplia cama.
-¿Me tendría que ir ahora?- preguntó Isabella
-No- negó él
-Qué pasará entre nosotros de ahora en adelante...-
-No lo sé...-
-Esa es tu respuesta favorita- dijo ella, torciendo sus labios en una sonrisa, mientras agachaba la mirada
-Lo siento- se disculpó sonriéndole, y agregó -De lo único que estoy seguro es que no puedo ni quiero mantenerme lejos de ti-
-Somos polos opuestos Edward-
-Y por cierto, nos atraemos….-
-No quiero que nos hagamos daño... Edward, no estoy acostumbrada a sentirme vulnerable frente a un hombre...-
-¿Te hago sentir vulnerable?-
-Sabes la respuesta...-
-No la sé- contestó soltando una carcajada y contagiando a Isabella con su tan poco original respuesta -Isabella, sólo dejemos que las cosas pasen- agregó luego, de forma seria a lo que ella sólo asintió. Sin poder controlarlo, Bella soltó un bostezo. El día había sido ajetreado, en todo aspecto, aunque fructífero y hasta gratificante. Pero necesitaba descansar. Edward entendió eso, y se acercó a ella, rodeándola por la desnuda cintura, apegándola a su cuerpo, haciendo que ella descansara su cabeza sobre su hombro
-Duerme Bella...- susurró, besando su cabellera
-Es primera vez que me dices Bella...-
-¿Te molesta? Renée todo el tiempo anda hablando de su "Bellita"- bromeó.
-Me molestó en algún momento, ahora no me importa- mención honrosa
-Te llamaré Bella entonces-
-Edward, ¿estarás aquí mañana cuando despierte?- preguntó, y es que recordó aquella noche en el hotel, y luego cuando despertó y no lo encontró.
-Aquí estaré- prometió. Isabella suspiró aliviada y se acomodó en el pecho de Edward, cerrando los ojos, dispuesta a descansar, mientras él acariciaba su espalda con suavidad, pensando en qué sería de ellos de ahora en adelante. Ella se había convertido en su adicción, y como terco adicto, no la dejaría.
El ruido de la lluvia que rebotaba en las ventanas, despertó de su placentero sueño a Isabella. Abrió los ojos de forma perezosa y poco a poco fue reconociendo el lugar y recordando lo que había pasado el día anterior. Y sonrió. A modo de inspección, llevó uno de sus brazos para palpar el lado contrario de la cama, y ¡Horror! Estaba vació. Se incorporó con rapidez, y recordó su despertar en el hotel. Furiosa y dolida, dejó caer su rostro sobre la almohada de Edward, que aún estaba impregnada de su delicioso aroma, y comenzó a lanzar improperios contra él, ella, y el mundo entero, mientras lanzaba puñetadas rabiosas sobre la cubre cama
-Ejem… ¿siempre maldices las almohadas por la mañana?¿o estás haciendo algún ritual religioso?- dijo Edward divertido desde la puerta, al ver a Isabella en aquella actitud tan frustrante. Ella se detuvo y lo miró, sintiéndose estúpida, sabiendo que sus mejillas comenzaban a tornarse rojas de vergüenza
-Eh… no… digo… yo no…-
-Sólo fui a preparar café. No quise despertarte. Te veías tan… angelical…-
-Soy angelical-
-Seguro- asintió sonriendo, mientras le extendía el blanco tazón con un aromático café de grano recién hecho. Ella lo recibió, sonriendo tímidamente. Y es que no sabía cómo reaccionar ante estos "gestos". Para ella, antes de Edward, cuando amanecía después de una fogosa noche de sexo, sólo se vestía y se largaba, sin importarle quien fuera. No estaba interesada a intercambiar palabra alguna con su amante de turno. Pero ahora, todo era distinto y debería aprender
-¿Tienes planes para hoy?- fue lo único que se le ocurrió preguntar, "Diablos Isabella, desde cuando escasea tu fluidez para socializar…"
-Tengo una reunión y ensayos en la sinfónica, un almuerzo con mis hermanos, y una reunión con tu madre-
-Oh-
-¿Has hablado con Renée?-
-No desde que regresé. Creo que la llamaré para verla…-
-¿Has mejorado tu relación con ella?-
-Sí, digamos que nos hemos perdonado y estamos aprendiendo a ser madre e hija-
-Suena bien- respondió él, conforme, pues sabía que aquella actitud en ella era parte de su cambio. Así, con curiosidad, ambos se preguntaban cosas y hablaban sobre otras, de modo de conocerse mejor. El interés del uno hacia el otro estaba comenzando a emerger sin prejuicios, y eso los hacia querer saber hasta el más mínimo detalle de sus vidas. Hablaron sobre lugares favoritos en el mundo, sobre familia, sobre amigos, sobre profesión, sobre música y conciertos. Cerca de una hora estuvieron platicando, hasta que a Edward se le ocurrió preguntar si ella se tomaría el día libre
-Oh no, debo ir a la oficina- dijo, desviando la vista hacia el reloj que estaba sobre la mesita de noche -¡Mierda! ¡Es tardísimo! Tendría que estar en la oficina ya! Rosalie querrá matarme- dijo, levantándose como pudo, sintiendo pudor, por primera vez, pues estaba desnuda y su ropa estaba esparcida en el suelo. Enredó la sábana en su cuerpo y comenzó a recoger sus prendas del suelo
-Puedes ocupar el baño- dijo Edward, indicando la puerta que estaba a un costado del dormitorio
-Gracias- y rápidamente se encerró allí. Se aseó y se vistió con premura, para luego salir directo a la sala, en donde él se encontraba chequeando algo en su correo
-Puedo llevarte….- ofreció Edward al verla aparecer en la sala
-Oh no… tomaré un taxi. Iré a casa y de camino llamaré a Rose para excusarme…- respondió, mientras se calzaba su abrigo
-Bien, como quieras… eh… ¿te veré hoy, más tarde, digo?-
-¿Quieres que nos veamos?-
-Por supuesto. Podemos cenar algo aquí- sugirió Edward
-Claro. Después de la oficina paso por aquí- se comprometió ella, sintiéndose cohibida por la extraña sonrisa de satisfacción que Edward esbozó. -Yo traigo el vino- dijo, y se dirigió a la puerta. Edward la siguió, y antes que abriera la puerta, la tomó de una mano, y la puso de frente a él. Tomó su rostro entre sus manos y la besó con ternura, profunda ternura. Isabella realmente no quería irse, ni Edward quería que ella se fuera, pero de momento, ninguno de los dos fue capaz de decirlo.
-Te veo en la noche entonces- susurró sobre sus labios
-Si…- respondió ella. Luego salió corriendo rumbo a la calle, con el deseo de ir dando saltitos por la acera, con un sentimiento de felicidad que nunca antes había sentido.
Cuando llegó a la oficina, después de pasar por su casa, Isabella se encontró con una Jane, que jugueteaba con su lápiz, con la vista perdida en un rosa y con una sonrisa de oreja a oreja
-¿Jane?-
-¿Si?- respondió sin perder de vista la rosa y aun con su mente perdida en algún lugar
-La reunión…-
-En la sala de reunión…- respondió su asistente.
-¿Ya comenzó?-
-¿Qué cosa?-
-¡Jane!- gritó Isabella, divertida, haciendo que ella saltara de su escritorio
-¡Llegaste! Eh… necesitas…-
-En mi oficina, ¡ahora!- advirtió Isabella. "Apostaría mi cabeza que ese tal James la tiene así… debería preguntarle a Edward sobre…" no terminó su pensamiento, cuando ella, al igual que Jane, se perdió en el recuerdo de la maravillosa noche con Edward, sonriendo como una colegiala
-Ya estoy aquí…-advirtió Jane al entrar, sacando a Bella de sus recuerdos
-Habla Jane… qué…o mejor dicho, quién demonios te tiene esbozando esa sonrisita boba, eh?-
-Anoche… James…-.
-¿Tuvieron sexo ya?-
-¡No!... él fue a mi casa, a darme serenata….-
-¡¿Qué? ¡No lo puedo creer!-
-Me dijo que me quería y que deseaba que fuera su novia-
-¿Y qué le dijiste?-
-Que sí-
-¿No te hiciste de rogar?-
-Me amenazó diciendo que no dejaría de cantar hasta que le respondiera que sí… y su vida corría peligro… mis vecinos no encontraron tan lindo el detalle como yo, y digamos que cantar no es una de sus habilidades- dijo, soltando risitas que contagiaron a Isabella
-Así que ya tienes novio… por fin. ¿Y qué dijo Lina?-
-Oh, yo ya le había hablado de él, y ahora cuando lo conoció, le dio el "visto bueno" enseguida-
-Si Lina lo aprueba, es porque ese tipo es el correcto para ti. Me alegro Jane… ahora, baja de tu nube y pongámonos a trabajar, que estoy atrasada para la reunión con la directiva-
-¿Y por qué te atrasaste?-
-Mmm… porque… porque fue para mí la noche más especial de mi maldita vida Jane…-
-¿Bella, tú…?-
-Luego Jane, luego…- dijo Isabella, riéndose y sintiéndose la mujer más afortunada sobre la faz de la tierra. Por fin, después de mucho buscar, se sintió completamente feliz, absoluta e irrevocablemente enamorada de Edward Cullen.
Charlas pendientes
-Entonces Isabella, ¿estás de acuerdo con los pasos a seguir?- preguntó Rosalie a Isabella
-¿Mhmm?-
-La indemnización a los clientes- reiteró Rosalie con su mandíbula tensa
-Indemnización… sí, claro…- respondió, sin saber muy bien lo que hablaban, pues ella estuvo perdida casi toda la maldita reunión en los recuerdos de su pasada noche y consiguiente mañana con Edward. Trató de concentrarse, ojeando los documentos que estaban frente a ella. Rosalie la miraba con intriga, sabía que algo le pasaba, pues "se supone" que a Isabella Swan nada ni nadie la perturba de su labor profesional. Se supone
-Jane, ¿podrías ir por el prospecto de contrato de indemnización que preparamos ayer?- pidió ahora Rosalie a Jane.
-¿Eh?-
-Los prospectos de los contratos de indemnización, Jane…- "por un maldito y mal nacido demonio, ¿qué mierda les pasa a estas mujeres?" rabiaba Rosalie en su interior, al ver que la asistente de Isabella reaccionaba igual que su jefa directa
-Los contratos… ¿los traigo?- preguntó, despistada
-Sí Jane, tráelos- ordenó Rosalie. Jane salió con premura por dichos documentos. Al regresar, acordaron un par de puntos a seguir, y después de un rato, los ejecutivos se retiraron, satisfechos al ver como aquellas dos fuertes mujeres habían logrado controlar aquel "impasse" empresarial. Cuando Isabella y Jane se iban a retirar también, Rosalie las detuvo:
-¡Ustedes dos! Alto ahí… ¿me pueden explicar en qué planeta andaban?¿Están fumando alguna droga?-
-¿Droga? No, no… yo nunca me he drogado…- aclaró Jane algo asustada. Si Rosalie había pedido la cabeza de Newton, bien ella podría ser la siguiente cabeza en su colección
-Rosalie, estamos algo agotadas… desgastadas por el trabajo y por lo que ocurrió…- comenzó a excusarse Isabella, pero Rosalie la detuvo
-¿Agotadas?¿Desgastadas? ¡Desgastadas mis bragas! Ustedes dos están así por otra cosa… ¿Penes?- preguntó Rosalie indulgentemente, que no se andaba con pelos en la lengua.
-¡Pe…! ¡No, yo no…- el rostro de Jane se tornó de un rojo profundo, tratando de corregir a Rosalie, pero Isabella interrumpió desesperada aclaración
-Sí, algo así Rosalie…- asumió con tranquilidad, y con una ya recurrente amplia sonrisa en su boca. Rosalie la observó, luego fue hasta el teléfono y ordenó a su asistente que trajeran almuerzo para tres. Enseguida colgó y se sentó en la cabecera de la gran mesa de reuniones.
-Bien mujeres, desembuchen… necesito verborrea femenina, un poco de charla llena de progesterona y estrógeno…- dijo divertida, acomodándose en el sillón y dándole confianza a las dos mujeres que tenía en frente. Isabella sonrió y es que lo único que deseaba era contar de lo que le pasaba. Sentía que estaba a punto de explotar de dicha. Otra sensación extraña para ella, pues nunca tuvo necesidad de ventilar sus asuntos personales con nadie, menos si se trataba hombres. Se sentó en una de las sillas contiguas a la cabecera de mesa, y se acomodó, frente a la sorprendida mirada de Jane.
-Bien, comencemos entonces por la señorita aquí presente- dijo Isabella, señalando a Jane -Anoche, aquí la dama, recibió nada más y nada menos una romántica serenata del hombre que seguramente lleva humedeciendo sus sueños…-
-¡Bella!- protestó Jane
-¿Serenata?- preguntó Rose, divertida por el chisme
-No solo eso. Ese mismo hombrecillo le pidió que fuera su novia, y ella dijo que sí-
-¿James, de quién me hablaste alguna vez, a quién te dije que debías poner a prueba?-
-Sip- asintió la aludida, sin poder esconder su risita
-Vaya vaya…- dijo Rosalie entre la sorpresa y la diversión. Unos golpecitos en la puerta las distrajeron. El almuerzo había llegado. Acomodaron todo para sentarse a comer y se instalaron a hablar de "cosas de mujeres" mientras comían. Jane dio lujo de detalle de lo que había sido la romántica y hermosa canción que cantó y la enseguida petición de noviazgo. Además de la "muy sensata" charla que Lina, su madre, tuvo con ellos sobre el "respeto y el amor"
-Romántico, muy romántico Jane, justo lo que tú te mereces. Pero ahora, centrémonos en nuestra gerente, porque contigo sí estoy perdida, ¿qué hombre logró ponerte así, eh?-
-"Un milagro para Bella"- dijo ella misma, levantando su copa de vino
-¿Milagro Bella?-
-Sí Jane, mi milagro-
-¿Tu milagro es…"él"?- preguntó Jane, misteriosa y tanteando el terreno
-¡Oh basta de hablar en clave entre ustedes! De quien mierda estamos hablando- intervino Rosalie
-Edward Cullen- admitió Bella
-¡¿Qué quién?¡¿El plantado?- preguntó Rosalie que ahora si estaba francamente sorprendida, resultándole increíble que Isabella tuviese algo que ver con Edward… "¿Mmm… tendrá algo que ver Isabella con esa boda que n se hizo…?" conjeturaba Rose en su interior.
-¿Bella… qué dices?- Jane estaba confundida aun por la declaración de Bella
-Eso. Ayer a la salida de aquí, me buscó, y en resumen me dijo que no podía estar lejos de mi-
-¡No-lo-puedo-creer!- asumió Rosalie, soltando una carcajada de la pura impresión
-¡Virgen María!- decía Jane, sofocándose por semejante bomba que su amiga había lanzado.
-Ok Swan…detalles- exigió Rosalie, ante la aun sorprendida mirada de Jane, que al igual que Rose, esperaba los detalles, pues aún estaba perdida. Isabella no se dio el lujo de contar "todos los detalles". Más bien comentó como fueron sus inicios, sus encuentros rayando entre el amor y el odio, y su pasado reencuentro con él. Les dijo como se sentía con él, y lo extraño que era todo para ella. De alguna manera, Jane y Rosalie eran las pocas personas en las que ella podía confiarle esto. Las dos eran mujeres sensatas, después de todo. ¿Pero hablaría con su madre, y le contaría todo lo que le pasaba con Edward?
**********
-Perdona la tardanza, la reunión en la sinfónica se alargó- se disculpó Edward cuando llegó al restaurante donde había quedado de almorzar con sus hermanos, aunque solo encontró a Emmett ahí.
-No hay problema, acabo de llegar-
-Supongo que Alice…-
-No quiso venir, dice que no puede perdonarte. Intenté persuadirla, pero fallé, lo siento-
-No tienes que sentirlo, la culpa es mía. Espero que pueda perdonarme-
-Dale tiempo. Llamé a James a comer, supongo que no te importa-
-Para nada…- admitió Edward, mientras pasaba sus ojos por la carta. Minutos más tarde, James apareció James, cantando y con una sonrisa radiante en su rostro. Sus amigos lo miraron extrañados
-Y tú, de dónde vienes…- preguntó Edward a su sonriente amigo
-Tuve un juicio- respondió James aun con su sonrisa adornando su blanco rostro
-¿Y los juicios te ponen así? Válgame Dios...- dijo Emmett
-Idiota! Lo que pasa, mis perezosos amigos, es que desde anoche soy el hombre más feliz de la tierra-
-Oh… ¿dejarás tus clases full del gimnasio?- preguntó Edward, recordando lo que Emmett le había contado de cómo James alejaba su tensión sexual en las máquinas del gimnasio
-No, creo que deberé seguir en ellas…¡pero no por mucho tiempo! Caballeros, ya tengo novia-
-¡Eres un maldito suertudo! Y como es que convenciste a la pobre…-
-Un método infalible mi estimado Emmett: serenata-
-¿Tú le llevaste serenata? Por Dios, qué desastre- admitió Edward, carcajeándose por la intrepidez de su amigo
-¿Desastre Cullen? Dijo que era lo más romántico que nunca nadie había hecho por ella. ¡Tengo hasta la venia de su santa madre! Ella también me adora- dijo James, alzando sus cejas en señal de triunfo
-¡Dios! Esto hay que celebrarlo: James en una relación oficial con una chica que está fuera de todas sus expectativas femeninas- asintió Emmett que estaba aún incrédulo
-Pues felicitaciones James- dijo Edward, golpeando el hombro de su amigo.
-Bueno James, es tu deber decirle a la pequeña Jane que me consiga una cita con Rosalie Hale. Dile que le daré lo que sea, pero debe conseguir que me pueda acercar a ella- pidió Emmett, que con el paso del tiempo, no había podido acercarse a la mujer, que según él, era su destino
-Con qué pretexto Emmett-
-no sé, no sé…-
-Bueno caballeros, no sé ustedes, pero yo tengo hambre, así que por qué no pedimos- intervino Edward, que también cargaba con un humor extrañamente bueno. Emmett no había pasado por alto ese detallito
-¿Así que tienes hambre, Edward? Recobraste el apetito… Mmm… ¿Está todo bien, hermanito?-
-¿A qué te refieres?-
-No sé, estás diferente… ¿ha pasado algo?- preguntó el mayor de los Cullen
-¿Algo? No… no.. no sé de qué me hablas…- respondió nerviosa y entrecortadamente el aludido
-¡Estas tartamudeando Cullen! Algo te pasa, estás nervioso y casi sonriente… ¿tiene que ver con alguna mujer?-
-Sí Cullen, cuéntanos…- pidió James
-No tengo nada que contar, no sean paranoicos…-
-Sabes que tarde o temprano nos enteraremos, no?- dijo Emmett
-Sí Cullen, nos enteraremos tarde o temprano- repetía James como loro, mirando a Edward
-¡Edward, maldita sea, soy tu hermano mayor!¡Te exijo que me cuentes qué te pasa!-
-Emmett, no es el momento…-
-¿La otra te tiene así, no?-
-¡Basta Emmett!-
-Dime quien es Edward…- exigió Emmett
-Oye Emmett, creo que debemos dejar a Edward tranquilo con ese tema, tiene razón, no es el momento- intervino ágilmente Jame, quien intuía que pasaba. Sabía que Edward tendría que sincerarse con su hermano, pero aquel no era el momento, y si Emmett tenía razón acerca del "estado de ánimo" de Edward, él hablaría con su amigo respecto a eso, pero en privado
-Ok… pero óyeme Edward, no soy quien para juzgarte, te lo dije y lo mantengo, sólo quiero que confíes en mi…-
-Te lo agradezco Emmett, pero no estoy preparado aún. Seré sincero contigo, pero no aquí, no ahora… te lo suplico, no me presiones-
-Sin presiones hermano- asintió y palmeó la espalda de Edward a modo de disculpa.
Después del almuerzo, James fue hasta el bufete de abogados en donde trabajaba, Emmett a la empresa en donde hacia evaluaciones económicas, y él fue rumbo a la universidad, en donde tendría una reunión con Renée. Antes de entrar a su oficina, se encontró con Jasper a quien no veía desde… ese día.
-¡Edward! Qué bueno volver a verte. No había querido llamarte, supuse que querias estar solo…-
-Gracias por tus consideraciones, ¿cómo ha estado todo aquí?-
-Los chicos están ansiosos por sus vacaciones de navidad, y alumnos de tus clases creo que están preparando un concierto de navidad-
-Sí, algo supe, por eso no quise demorar en regresar, seguro necesiten ayuda-
-Seguro. Emm… ¿cómo está tu hermana?-
-¿Perdona?- dijo, sintiendo que debía golpear al hombre que estaba frente a él, y que "osaba" preguntar por su "hermanita"
-Eh… yo… bueno, quería saber que tal estaba…-
-Ella está bien, gracias por preguntar…-
-Me alegro… un día podríamos salir… digo, nosotros e invitarla…-
-¿Invitaremos a Victoria también, Jasper?-
-¿Victoria? Oh, eso es pasado…-
-Como sea… bueno, te dejo. Estoy retrasado para mi reunión. Hablamos luego-
-¡Claro!- dijo Jasper, y vio a su amigo dirigirse a dirección para hablar con la rectora, Renée.
Después de la amena reunión, Edward acordó volver al día siguiente a retomar sus labores docente allí. Renée no quiso preguntarle nada sobre su casi boda, pero la tranquilizó verlo ya mejor.
Edward recordó lo que Emmett le había dicho sobre Alice, y él no soportaba estar disgustado con ella. Sabía que tarde o temprano debería hablar con ella, y enfrentarla. Sabía que Tanya le había hablado de Isabella. Así que decidió llamarle
-¡¿Qué demonios quieres?- espetó furiosa Alice a su hermano
-Hablar contigo…-
-¡Pues no! Adiós-
-¡Un momento Alice! Escúchame, tenemos que hablar, te lo suplico… odio que estés enfadada conmigo…-
-¡Pues tú te lo buscaste! Que mis padres y Emmett tengan tan blando corazón no es mi culpa, yo no soy como ellos, no puedo perdonarte…-
-Alice…-
-Adiós Edward…-
-¡Jasper me preguntó hoy por ti!- dijo rápidamente Edward, como último recurso para conseguir que le oyera. Y resultó
-¿Jasper?¿Te preguntó por mí?- preguntó, curiosa, olvidándose del tono osco que acababa de usar con su infiel hermano
-Sí, supuse que querías saber de él… pero entiendo que no quieras hablarme, así que…-
-Ok Edward, una oportunidad, esta noche cenaremos juntos-
-¿Esta… esta noche?- preguntó Edward. Es que había quedado de cenar con Bella, pero…
-¡Sí, esta noche, y no te atrevas a discutirlo, no tendrás más opciones!-
-Pero Alice… está bien. Dónde nos vemos- aceptó Edward. Alice le dio la dirección de su apartamento, y quedó de estar allí cerca de las ocho para hablar. Cuando colgó, maldijo por tener que posponer su cita con Bella. Así que tomó su móvil otra vez y marcó el número de Bella que tenía guardado. Pero ella no contestó, así que dejó un mensaje de voz excusándose por no poder cenar con ella esa noche, y se comprometió a hablarle más tarde.
Isabella checó su móvil y se encontró con llamadas perdidas de su padre, su madre y Edward. Revisó su buzón de voz, y se encontró con el mensaje que Edward le había dejado, avisándole que esa noche no se podrían juntar. No le dio más explicaciones, sólo que la llamaría más tarde. Sintió algo de decepción, pues tenía pensado avanzar un poco más con él, y no estaba pensado en sexo. "Quizás se arrepintió…" pensó con tristeza. Asique decidió hacer algo esa noche para no sumirse en la depresión. Llamó a Renée con quien cenaría y a quien le hablaría de sus sentimientos. Sería absolutamente franca y abierta con ella, como lo había sido con las chicas durante el almuerzo.
Edward llegó al apartamento de su hermana. Alice al abrirle la puerta, a penas y lo saludó. Le pidió que entrara y que se ubicara en uno de los sofás de la sala.
-¿De qué querías hablarme?- preguntó ella, cruzándose de brazos frente a él, y mirándole muy seriamente
-Alice, por favor, no me lo hagas más difícil de lo que ya es…-
-¿Difícil? ¡Edward, te metiste con Isabella Swan cuando estabas de novio con Tanya! ¿Por qué?¿A caso no la amabas como decías?-
-Las cosas son… complicadas… Alice, no quise hacerle daño a Tanya. Cada día me atormenta saber que le hice daño, y que no me perdonó…-
-¿La amas aun, amas a Tanya? Ok… concibo en que son hombres y que tienen debilidades… pero…-
-Alice, lo que hizo Tanya de dejarme, quizás fue la mejor decisión. Yo no iba a dar marcha atrás, pero quizás hubiese sido peor…-
-Con eso quieres decir que no la amabas…-
-Quizás... quizás no como yo pensaba Alice-
-¿Y a… ella?-
-Nena, confórmate con saber que no soy de las que se mete con cualquier mujer que se le cruza por delante…-
-Tanya aseguró que sentías algo por esa mujer…-
-Recién lo estoy descubriendo pequeña, no tengo nada claro, las cosas son recientes aún. No quiero volver a dañar a nadie más… Alice, ella tampoco está feliz con lo que sucedió, no lo disfruta ni lo celebra… las cosas pasaron… es todo-
-¿Eso…eso significa que no hay opción que tú y Tanya regresen? -
-No, no por mi parte Alice…- respondió Edward con mucha seguridad
-Si no te conociera, diría que has jugado con el sentimiento de Tanya… pero te conozco, y sé que no harías eso. Además, sé que no te hubieses involucrado con Isabella si tú no…-
-Alice, es pronto aún para hablar de sentimientos entre Isabella y yo. Confórmate con saber que estoy tratando de hacer las cosas bien-
-Ok Edward…-
-¿Me perdonas entonces?¿Por favor?-
-¿Jasper te preguntó por mí?¿Qué te dijo?- preguntó ella, intentando esconder su sonrisa. "Claro, Alice me tendrá hablándole sobre Jasper para perdonarme… ni modo Edward" pensó, y sonrió en dirección a su hermana, comenzando a contarle lo poco que había hablado con el cretino de Jasper. Pero se sentía tranquilo, Alice le había vuelto a sonreír.
PORFA! SI LEE, COMENTE... NECESITO DE LA RETROALIMENTACION DE PARTE DE USTEDES.
NO SEA CRUEL CON LA AUTORA. =)
