Hola nenas... aquí ando yo con esta locura... Bueno, gracias a las que pasan por aqui y se dan el tiempo de leer... ¿les gusta la historia como se va desarrolando? Díganme, estoy ansiosa de leerles. Si? Besos y abrazos a todas y mil gracias una vez más a todas por pasar por aqui.
No es suficiente
Isabella se recostó sobre su cama, cerca de las once de la noche, cuando llegó de la cena con su madre. Había quedado conforme, pues, después de todo, había sido abierta con ella, y su madre la había escuchado, aconsejado y apoyado. Allí, bajo la tenue luz de su lámpara, recordó el encuentro:
-¿Bella, qué sucedió? Eso de un viaje de negocios de último momento no lo creí. Sé que algo te sucedió… háblame nena…-
-Madre… cometí un error, y tenía que irme de aquí a pensar, debía de estar lejos de todo y todos para aclarar mis ideas, mis sentimientos…-
-¿Un error Bella?-
-Madre… Edward Cullen y yo nos vimos involucrados…- no terminó de decirle cuando su madre tapó su boca del espanto
-¡Bella! ¡No puede ser!... ¿Por eso él no se casó?... pero si fue su novia la que…-
-Ella se enteró el día anterior de lo que había pasado entre él y yo-
-Hija, por todos los cielos… ¿pero por qué te fuiste a encaprichar precisamente con él? Sabías que tenía un compromiso… Oh Dios, ¡Por eso pediste que te contactara con él para tus clases de piano, ¿verdad?-
-Madre… escúchame, quizás al principio fue un capricho, pero se convirtió en algo más con el tiempo… me di cuenta que no le era indiferente. Pero sabía que Tanya era una mujer perfecta para Edward, y que yo no merecía un hombre como él… por eso me fui. Hablé con Tanya, le dije que había sido un error, que Edward la amaba, pero no escuchó… estaba tan herida, no quise dañarla, te lo juro- asumió avergonzada, con su garganta y sus ojos escociéndole por el llanto que amenazaba con salir
-¿Has hablado con él después de lo que ocurrió?-
-No sabía que su matrimonio no se había realizado, hasta que Jane me lo contó hace un par de días. Aun así, no pensaba buscarlo… pero... él me buscó, y me dijo que por alguna razón, no podía ni quería mantenerse alejado de mí. Sé que siente algo por mi mamá… y no debo mentirte, pero eso me tiene tan esperanzada…-
-¡Bella! Anda con calma con todo esto. Edward es un gran hombre, y tu una gran mujer, no digas que no te mereces a alguien porque tú mereces a quien tú quieras, mientras sea leal y consensual. Pero hija, dime una cosa: ¿estás enamorada?-
-Creo…creo que si…- asumió, bajando la cabeza algo avergonzada. Era la primera vez en su vida que
-¡Oh, mi nena! Hija, deseo que seas feliz con el hombre con quien tú decidas estar, ¿y él te ama?-
-No… no sé mamá- susurró apenada
-Calma hija, calma, y tiempo al tiempo- le había aconsejado su madre, mientras acariciaba su cabello con ternura.
Suspiró al recordar la charla, suspiró al encontrarse en esa habitación sola, y suspiró porque su teléfono no había sonado… "Tonta, tonta Bella… ahora sufre lo que te corresponde…" se espetaba.
-¿Hola?- pero aquel saludo masculino, que no supo de principio si era parte de su imaginación o real, la sobresaltó. Se incorporó y observó hacia la puerta de su cuarto. Y no necesitó más luz para darse cuenta de quién era
-¿Ed… Edward?¿Cómo… cómo entraste?-
-Ehh… por la puerta. No soy bueno escalando murallas como para subir hasta tu ventana. Le pedí a una de tus empleadas que me permitiera pasar, ¿te molesta?-
-No... no, por supuesto que no, sólo me sorprende…
-Sí, bueno, en vez de llamarte preferí venir…-
-Oh…- exclamó ella. Edward comenzó a acercarse hasta la cama, y se sentó en el extremo de ésta
-¿Y qué has hecho?-
-Cené con Renée, aunque sus preferencias de comida exótica no sean de mi agrado… la comida vietnamita no me sentó muy bien…- y se detuvo "Estúpida, ¿por qué te pones a hablarle de la comida… tonta Isabella, tonta…"
-Muy propio de su carácter- dijo él, divertido comparando el carácter de su jefa, tan jovial y divertido, como si fuera una quinceañera… tan diferente a Isabella
-Sí…- asintió ella frente al comentario de Edward
-¿No me preguntas con quien estuve?-
-No quiero parecer entrometida-
-Alice, mi hermana… tenía una conversación pendiente con ella. Si no hubiese sido ella, no hubiese cancelado mi cita contigo-
-Oh, no hay problema… no tienes que darme explicaciones…- dijo ella, mientras jugaba con la cubre cama. Edward la observaba y le parecía increíble que ella fuera la mujer que conoció hace meses, tan distinta de cómo era ahora, con un aire de niña frágil que lo afectaba. La contempló un momento y no soportó la pequeña distancia entre ambos, acercándose a ella, tomando su cuello y acercando su rostro sorprendido y besándola con ternura, sin apuro, disfrutando del contacto con sus labios y su lengua. Lentamente fue depositándola sobre la suave y amplia cama, sin apartar los labios de ella, quien se aferró a su espalda tan fuerte como pudo.
-Pensé… pensé que no te vería hoy- susurró ella sobre los labios de Edward. Él sonrió ante la confesión de Bella
-Y yo pensé en llamarte, pero supe que no me bastaría con eso… también te extrañé-
-¿De verdad?-
-Sí Bella…- asumió. Se quedaron mirando mientras él acariciaba los pómulos rosa de Bella y ella pasaba las yemas de sus dedos por los labios de Edward.
Se acomodaron en el centro de la cama, entrelazados de piernas y brazos, mientras disfrutaban de esas nuevas emociones que los embargaban en esas instancias, donde no había premura por sexo, sino por la compañía del uno por el otro.
-Se acerca navidad, ¿ya tienes planes?- preguntó Edward mientras acariciaba su cabello
-Hoy mi madre me invitó a cenar con ella y su nuevo amigo, o pareja. Se supone que me lo quiere presentar, le interesa saber qué opino- dijo ella, un poco tensa. Edward lo notó y agregó algo divertido
-¿Eres de las hijas que celan a sus madres cuando rehacen sus vidas, eh?- preguntó mientras le hacía cosquillas en su estómago, haciendo que ella se retorciera mientras se carcajeaba e intentaba apartarse de él. A Edward le pareció tan fascinante aquella imagen de Isabella, riendo despreocupada, como una niña.
-¡Basta Edward… por favor! ¡Y no, no soy celosa! ¡Basta!- rogaba ella, mientras él no tenía piedad con ella, uniéndose a sus carcajadas.
-¡Eres un desalmado, casi me da un ataque!- le riñó ella, luego que logró zafarse de semejante ataque cosquilloso
-Lo siento, pero fue inevitable- le dijo, sacando de su rostro un mechón de su cabello que se había colado allí. Luego volvió a tirar de ella hacia su cuerpo para arroparla en sus brazos, tan cómodamente como hace un rato estaban
-¿Y tú tienes planes para navidad ya?¿Iras a Oxford?-
-No, mis padres vienen a pasar navidad aquí con mis hermanos y yo. Además, están entusiasmados por el concierto de la sinfónica-
-¿Participarás?-
-Como arreglista y ejecutando en un par de temas. Desde hace meses estamos trabajando en eso… ¿quieres venir? Puedes ir con Renée, o tu amiga Jane…-
-Hablando de Jane… ¿ese tal James es de confiar?-
-¿Ya te enteraste de la serenata?-
-Claro, y de que ya son novios, pero no me has contestado lo que te pregunté… ¿o voy a tener que mandar a investigarlo?-
-Bueno, una blanca paloma no es, pero es un buen tipo, además está realmente enamorado de Jane. De los años que lo conozco, nunca lo había visto así. Es de confiar, no es necesario que lo investigues-
-Bien, confío en ti. El veintitrés es la fiesta de navidad de la empresa, además presentaran los últimos modelos de los coches para el próximo año, así que por qué no vienes. James seguro irá con Jane. Tú y tus hermanos pueden venir-
-Mmm… sí, sería una buena oportunidad para Emmett… con Rosalie, no deja de hablar de ella…-
-¿Rosalie? Menuda tarea. ¿Entonces eso es un sí?-
-¡Claro! Y perderme la presentación de los coches y cómo Emmett trata de lidiar con semejante pantera, oh no, no me la pierdo- dijo Edward divertido, haciendo que ella también se carcajeara. Y allí se quedaron un rato más, hasta que Edward encontró prudente retirarse y dejar que Bella descansara, claro, ella protestó diciendo que si ella anoche se había quedado en su apartamento, era justo que él se quedara esa noche:
-Hoy no nena, pero deja tu ventana abierta… solo por si acaso…- le dijo, guiñándole el ojo, y enseguida dándole un beso que se paseó entre la ternura y la pasión.
Miércoles 23 de diciembre: Día de la fiesta de la empresa. Los empleados estaban revolucionados. La compañía premiaba al mejor empleado con un auto lujoso pero funcional. Es escándalo por el retiro de vehículos ya estaba solucionado, y con las indemnizaciones y disculpas públicas, Swan Motors había logrado mantenerse en su puesto como líder, incluso subir sus bonos. Así que había motivos para celebrar. Lo mismo pensaba Isabella que desde su encuentro con Edward había pasado una semana, y ella andaba radiante, y feliz. Como una quinceañera enamorada.
-¿El señor Swan no te ha hablado?-
-Sí, anoche, desde Argentina. Pasará las fiestas de navidad y año nuevo en Sudamérica. Dice que las fiestas de fin de año en medio del verano son fabulosas…- le contaba Isabella a su amiga mientras revisaba y firmaba unos papeles.
-¿Y el Señor Hale?-
-Viene sólo a la fiesta de esta noche, luego se va-
-¿Rosalie pasará Noche Buena sola?-
-Oh, no Jane, no dejaría que estuviese sola. Mi madre y yo la hemos invitado, y ha dicho que sí. Y dime, ¿todo listo para esta noche?-
-Sí, todo listo. El container con los vehículos acaba de llegar, en una hora estarán aquí para ser chequeados, y luego llevados al salón de la fiesta para su exhibición-
-¡Perfecto! Que me llamen en cuanto lleguen. Estoy ansiosa de verlos-
-Bien. ¿Estarás aquí hasta la tarde?-
-No, almorzaré con los delegados alemanes y luego me prepararé para la fiesta. Todos los empleados tienen esa autorización- le recordó Bella a Jane
-¿Y Edward… esta noche…?-
-Irá a la fiesta con Emmett, su hermano-
-Bien. ¿Necesitas algo más?-
-Llévate estos documentos a finanzas. Es todo. Gracias Jane-
-Sip- dijo, tomando los documentos y saliendo de allí. Ella, al igual que Bella, estaba muy animada, pues iría del brazo de su "novio" a la fiesta de navidad de la empresa, donde los pasados años era el blanco de las críticas pues siempre estaba sola y bajo la sombra de Isabella. "¡Pero este año es diferente… y que las brujas se mueran de envidia, sí señor!"
La hora de la fiesta llegó. Primero se haría ante los invitados y la prensa la presentación de tres coches de modelos para el año siguiente, de lujo: Rolls Rayce, Lamborghini y Masserati. Isabella, Rosalie, el padre de esta, y parte de los directivos de la empresa, y los representantes de dichas marcas, posaban ante los periodistas, con los lujosos coches detrás. Los presentes se sentían anonadados por la ostentosidad de los vehículos, entre ellos, Edward y Emmett:
-¡Dios! ¿Crees que algún día podré tener un coche como aquel Lamborghini? Me lo merezco…-
-Claro, puedes pagarlo en cómodas cien cuotas…-
-Eso significarían años Edward… pero con lo que yo me conformaría, sería con la hermosa de Rosalie para mí-
-Pues hoy es tu noche…-
-¡De que se va conmigo esta noche, se va! Lo juro-
-Eso quiero verlo- dijo, chocando su vaso de champaña con la de su hermano. Edward no había tenido posibilidad alguna de hablar con Isabella, pues había estado todo el día corrigiendo partituras para el concierto que se realizaría el día siguiente. Había sido un día de locos. Durante lo que llevaba de presentación, habían cruzado miradas coquetas y sonreído de forma sensual. "¡Dios, se ve hermosa…" pensó él cuando la vio con su largo vestido negro, entallado y adornado con hermosa pedrería, que la hacía resplandecer. "Maravillosa", agregó en sus pensamientos, embelesado.
Enseguida, los invitados fueron guiados hasta un salón, donde se realizaba la fiesta de navidad para los empleados y trabajadores de la empresa. Desde los porteros hasta la directiva. Todos compartían en aquella fiesta. Edward y Emmett estaban parados, observando el ambiente de jolgorio, cuando James llegó del brazo de la hermosa Jane, que venía sonriendo, al igual que él
-Distinguidos y solitarios caballeros-
-Suertudo y sonriente James- contestó Emmett
-Que tal Jane, como llevas la aventura de ser novia de este troglodita- dijo ahora Edward, de un muy buen humor
-No es un troglodita- dijo, tiernamente -Es un hermoso y cortés principito- agregó, cosa que hizo que los dos hermanos Cullen estallaran en fuertes risotadas. Eso sería material para molestar al ahora "Principito"
-Cariño, vámonos de aquí. El ambiente apesta a envidia. Con vuestro permiso, par de anacoretas- dijo James, pero sus amigos aún se estaban riendo de él -Ah, y les recomiendo que no se les ocurra mirar en este momento hacia la puerta, no les gustará ver a la parejita que acaba de entrar- agregó James, mientras salía de allí. Edward y Emmett voltearon hacia la entrada, y sus carcajadas desaparecieron, haciéndolos tensarse de celos:
-¡¿Sabías esto, Edward?- preguntó Emmett, fulminando a la pareja
-¡Por supuesto que no!¡No lo hubiese permitido!- dijo Edward, furioso. Y es que no era fácil para ellos, ver a su pequeña hermana Alice, llegar acaramelada del brazo de Jasper. Alice divisó entre la multitud a sus hermanos y se acercó hasta ellos, mientras que Jasper se preparaba mentalmente para la batalla con los hermanos de su acompañante
-¡Emmett, Edward!-
-Alice, no nos dijiste que vendrías…-
-Oh, Jasper fue tan amable de invitarme apenas esta tarde-
-Es un placer para mi venir acompañado de tan hermosa dama- dijo el aludido, muy galantemente
-Espero que sepas mantener controlado tu "placer"…-
-Emmett, descuida, Jasper es un caballero- dijo Alice, entendiendo perfectamente a qué se refería Emmett.
Isabella estaba animadamente hablando con los inversionistas estadounidenses, cuando siente que su cintura es tomada por detrás por dos fuertes manos varoniles. "¿Será…?" cuando se volteó no vio al hombre que ella esperaba ver:
-¡¿Riley? Que… qué sorpresa- dijo, sorprendida y algo nerviosa con su cercanía
-¡Hermosa!- dijo él, dándole un muy estrecho beso en la comisura de sus labios, aferrándola con sus brazos fuertemente por su cintura. Ella quiso zafarse, pues no sabía si era producto de su imaginación, pero sentía sobre ella una potente mirada que la traspasaba. Y por supuesto, Edward había contemplado toda la "escenita", volviéndose casi loco de celos, teniendo que ocupar todo su control para no ir contra de ese "maldito". Es que había recordado que él era el tipo que había estado con Isabella durante toda la pasada fiesta de cumpleaños de Renée.
-Te he extrañado hermosa, ¿por qué no me has llamado?- susurró insinuantemente en el oido de Bella
-Porque… porque he estado fuera del país, además de arreglar todo el embrollo del que ya te habrás enterado-
-Claro, pero me alegra saber que todo está solucionado. Por lo mismo, creo que nos merecemos una escapada, qué me dices…-
-No lo creo Riley…-
-No pasará de esta noche que te convenza de que te arranques conmigo, verás…- dijo, dándole un beso en la frente, con sus brazos aun "apresándola". Isabella, entre todo el nerviosismo, vio entre los invitados a su madre, "Mi salvadora"
-Oh Riley, debo ir a saludar a mi madre, si me permites…-
-Claro nena, ya luego haré mi estrategia de rapto contigo… y juro que pasaremos una excelente velada nocturna-
-No sé… bueno, con tu permiso- dijo, y rápidamente caminó hacia su madre, que venía del brazo de un hombre que ella no conocía. Cuando fue a su encuentro, Renée presentó a su acompañante como Phil, "un muy buen y especial amigo". Se supone que las presentaciones formales seria en la cena de nochebuena. A simple vista, a Isabella le pareció un tipo simpático, y agradable, aunque algo menos para Renée, pero si ella estaba feliz… Estaba hablando con su madre sobre la fiesta, cuando vio a Edward entre la multitud, caminar hacia el balcón del salón. Ella sabía que Edward había visto su encuentro con Riley y se le estrujó un poco el corazón, porque quizás las cosas retrocederían un poco. Eso la entristeció. Así que sin demora, decidió ir tras él.
Edward se sentía tan furioso, que sintió la necesidad de salir, tomar algo de aire fresco, y fumar un cigarro para calmarse. Una vez afuera, aspiró el aire frio del exterior, y sacó un cigarro. Lo encendió y con calma comenzó a aspirar el humo de la nicotina. Sintió que atrás suyo, uno de los ventanales que separaba el interior con ese balcón, se abría. Además de oir el sonido de unos tacones de mujer. Él sabía de quien se trataba, no por los tacones, sino por la reacción de su cuerpo, que ya reconocía cuando Bella estaba cerca de él
-Hace algo de frio para estar aquí…- dijo ella, parándose junto a él a contemplar la vista panorámica de la ciudad, mientras hacía fricción en sus propios brazos para infundirse calor
-Te ves hermosa- dijo él, sin apartar la vista del frente. Y es que necesitaba decirlo, aunque esa admisión se le quedaba corto. Estaba realmente despampanante, maravillosa, luminosa, gloriosa…
-Gracias. Pensé que no vendrías, después de todo el trabajo preparando el concierto de mañana…-
-¿Irás?-
-¡Por supuesto! No me lo perdería…-
-¿Hasta qué hora debes quedarte?- seguía hablándole mientras fumaba su cigarro y contemplaba la fría noche de Londres
-Sería prudente hasta después de la premiación para el mejor empleado, como en una hora… ¿Por qué?-
-Porque no sabes lo difícil que se me está haciendo mantenerme bajo control justo en este momento… te arrinconaría en cualquier parte y te haría el amor en este instante- dijo lentamente. Isabella sintió que su bajo vientre se comprimió, sintiéndose excitada.
-Oh…mmm… bueno… puedo irme antes… y estoy dispuesta a ceder ante alguna especie de rapto que quieras cometer conmigo…-
-Pues prepárate entonces- dijo él, de forma susurrantemente seductora -Pero antes tengo que ver el espectáculo de Emmett…-
-Ah, y para que agilices las cosas con eso, dile que a Rosalie le gustan los hombres más bien… rudos… que si piensa invitarla a bailar, le irá mal, lo rechazará. Solo que vaya por ella y la lleve a la pista de baile… le gusta sentirse… dominada…-
-Gracias por el dato… eso agilizará las cosas-
-Bien… yo ordenaré que adelanten la maldita premiación… estoy ansiosa por… ser… raptada- ronroneó, acercándose a él y acariciando sutilmente su brazo. Edward la miró con ojos hambrientos. Estaba deseando cogerla por la cintura y estampar su boca sobre la de ella, y fundirse en un beso profundo, y demandante. Con solo esa mirada se decían mucho: deseo, anhelo, pasión y urgencia. Y sin decir nada, ella se apartó y entró al salón. Edward se dio cuenta que nunca antes había sentido tal necesidad por alguien, ni siquiera por Tanya. Nunca. Le dolía el espacio que Bella acababa de dejar, le lastimaba su ausencia, aunque fuese momentánea. "Y que ese maldito no se atreva a poner sus manos encima de mi chica…" juró en su interior, mientras veía a Isabella alejarse y perderse de entre los asistentes de la fiesta.
Bienvenido Santa Claus
Emmett Cullen, desde la barra, había observado el a simple vista el inocente encuentro entre Isabella Swan y su hermano, claro, él había sido su maestro por algunas clases, se conocían, pero intuía que había algo más….
-¡Mierda!¡Es ella, ella es la otra!¡Mierda, mierda, como no lo supuse…!- exclamó, mientras el hombre que estaba a su lado, lo miraba como si estuviese loco. Después de un momento, vio que Isabella entraba al salón con una sonrisa jodidamente sexi… "Edward, que escondido te lo tenías…pero que suertudo eres…." Minutos después, Edward entraba con una sonrisa similar. Llegó hasta su hermano, y se sirvió un Wisky:
-Acabo de descubrirte Edward…-
-De que hablas…-
-Isabella Swan, es ella, y no te atrevas a negarlo-
-No voy a negártelo-
-No te voy a juzgar, lo sabes… hasta creo que ella me podría caer bien, no sé-
-¿Quieres que te caiga mejor? Escucha esto: si quieres ir como ganador ante Rosalie, debes ser… rudo, demandante. Nada de caballerosidades con ella…-
-¿Te estás burlando de mí? ¿A caso no has visto como es ella? Nadie podría ser rudo o demandante con ella…-
-Por lo mismo Emmett, por lo mismo… así que termina ese trago, y ve a buscarla… si no lo haces ahora, no se dará otra instancia como esta…-
-¡Maldita sea Edward, tienes razón!- dijo, terminándose de un sorbo el resto de vodka tónica que quedaba en el vaso, se arregló la corbata, y sintió que la melodía de "I've got you under my skin" de Frank Sinatra comenzaba a sonar. Era el momento -Ah, y dile a tu chica que ya me cae bien. Y si Rosalie termina la noche conmigo, quizás hasta la ame también- dijo, y decidido se fue en dirección hasta Rosalie, que estaba conversando con un par de hombres, además de la misma Isabella. Edward se ubicó y acomodó en su lugar con su wisky en la mano, para contemplar la escena. El mayor de los Cullen llegó hasta la despampanante rubia, y sin más, la cogió del brazo
-Con su permiso dama, caballeros- y sin más, se la llevó hasta la pista de baile
-¡¿Qué… qué demonios te crees…?- dijo Rosalie, tratando de zafarse del agarre de "loco ese"
-¡Bailarás conmigo! llevo demasiado tiempo esperando abrazarte en una pieza de baile, y no pretendo seguir esperándote- demandó con rudeza, y por la cintura la aferró, apretándola contra su pecho, ante la sorprendida cara de la mujer.
-Esta me la pagas…- le amenazó con la mandíbula tensa
-Te pagaré cuando quieras, donde quieras… y como quieras, hermosa… soy materia disponible para ti... pero no demores mucho, no estoy dispuesto en seguir esperando…- siguió hablando con rudeza. Dicho y hecho: Rosalie no encontraba nada más sensual y sexi que un hombre dominante, y aunque no lo había reconocido a nadie, ese "maldito patán" era guapo, algo soso, pero guapo… y ahora lo encontraba absolutamente sexi. Desde la muerte de su ex marido, no había sentido nada por nadie, nada sí como lo que estaba sin tiendo por ese "oso patán". Se le escapó una sonrisita, y Emmett supo que aquel había sido su triunfo. "Sí… soy un maldito ganador" pensó, celebrando por dentro.
Edward y Bella contemplaban anonadados y risueños que aquel encuentro hubiese resultado. Edward observaba de tanto en tanto a Isabella, como se desenvolvía con el resto, y lo sobresaliente de su personalidad. Isabella también desviaba su vista hacia Edward, y cuando cruzaban sus miradas, todo alrededor se diluía y desaparecía, haciendo que ambos desearan el poder escaparse ya de la dichosa fiesta.
Isabella se sentía atada e inquieta, al no poder acercarse a Edward como deseaba, dejando que él la rodeara con sus brazos y la acogiera en su regazo, y quizás disfrutar una lenta pieza de baile, pese que si lo hacían, no tendría nada de malo. Sentía envidia de las demás parejas que sí podían hacerlo, abiertamente, como su amiga Jane, quien en la pista de baile aferrada a James, parecía estar flotando sobre las nubes del séptimo cielo. "¿Tendré yo esa opción, de disfrutar abiertamente de la compañía de Edward, disfrutar como su pareja? Pareja… " Pensaba Isabella tristemente mientras observaba a su amiga disfrutar de la velada
Después de una hora en la que ella tuvo que socializar con los inversionistas, escaparse literalmente de Riley, entre otras cosas, dio la "orden" de que se entregara el premio "de una maldita vez". El encargado de Recursos Humanos fue quien entregaba el premio a una de las auditoras de la empresa, del departamento de contabilidad, que llevaba años trabajando en la empresa, y quien fue la flamante ganadora de ese estupendo Audi , fotografías, agradecimientos… y por fin, después de todo eso Isabella se sintió libre. Estaba con un grupo de empresarios, entre ellos Riley, y decidió hacer su escape. Se excusó del grupo, diciendo que iba al tocador. Atravesó el salón, y de paso, le dio una intensa mirada a Edward Cullen, quien estaba en la barra hablando con su hermana y Jasper. Sólo lo miró. Fue suficiente para que él entendiera que era hora de irse. "Por fin…" pensó él.
Ella pasó a toda velocidad por el closet donde había guardado su abrigo, pidió las llaves de su coche, y se fue al estacionamiento del centro de eventos. Se montó en su coche, y envió un mensaje de texto:
"En tu apartamento… ¿supongo que no te molesta tenerme de visita esta noche, no?" y pulsó enviar.
Cuando Edward recibió el mensaje, iba de camino al estacionamiento. Lo leyó y sonrió. Enseguida tecleó la respuesta:
"Será un placer… un verdadero y profundo placer". Se montó en su coche y a toda velocidad, salió tras el auto de Isabella, que iba sólo un par de metros delante de él.
Isabella, al llegar al aparcamiento del edificio, se sentía totalmente excitada. Todo aquella noche había sido una especie de preámbulo, la preparación de lo que se vendría. Apagó el motor y salió del coche. Enseguida sintió los fuertes brazos de Edward rodeándola por la cintura desde la espalda. Sintió su boca deslizarse por su cuello, su nariz, su respiración rozándole la piel. Ella cerró los ojos y recargó su cabeza hacia atrás, disfrutando del adictivo roce de su boca contra su piel y entregándose completamente a sus caricias. Cuando ella ya estaba comenzando a disfrutar y encenderse, Edward se apartó, y sin aviso la cargó en sus brazos haciendo que ella diese un grito de la impresión
-Espero que no tengas sueño, pues pretendo tenerte despierta gran parte de la noche- susurró en su oído, mientras la llevaba al elevador, para ir directo a su apartamento.
En un abrir y cerrar de ojos, Isabella y Edward ya estaba tumbados sobre la cama. Edward se posó sobre el cuerpo de Isabella, y comenzó a besarla sin contemplaciones. Una sensual oleada caliente hizo que su corazón comenzase a latir con rapidez, haciendo que su respiración se convirtiera en jadeos, que un temblor recorriera todo su cuerpo. Una especie de química hizo que se abriera a él como una flor a la luz del sol, torciéndose, buscándole. Los dedos de Edward comenzaron a colarse bajo el hermoso atuendo negro de fiesta que llevaba aún puesto Isabella, pero que le estorbaba.
-Nunca… nunca ninguna mujer me hizo sentir lo que tú… no puede ser normal que te desee tanto Isabella…- susurró sobre su boca, para luego recorrer su cuello, el que adoraba.
-Te he esperado… por tanto tiempo Edward- decía ella entre jadeos
-Ya estoy aquí Bella…-
-Sí… Dios, ¡Edward!- dijo, sintiendo que los dedos prodigiosos de Edward se colaban bajo sus bragas de encaje, introduciendo, masajeando y pulsando su centro total y absolutamente mojado por él, y para él. Isabella llevaba sus manos hasta su cuello, jalaba de su cabello, acariciaba sus hombros, hundía sus uñas en su fuerte espalda bajo la camisa que aun llevaba puesta, haciendo que la excitación de Edward se elevara aún más.
Se desnudaron con premura e hicieron el amor con fiereza, demandante el uno al otro. Edward recordó al maldito que horas atrás había puesto sus manos sobre ella, y de alguna manera se estaba vengando de él en silencio. Ella le pertenecía ahora, era suya. Y Bella odió a Tanya por quitarle tanto tiempo de él. Tantas noches…
"Ella es mía" pensaba él mientras se vaciaba dentro de ella
"Él es mío" pensaba ella, contrayendo su interior y estallando, sintiéndolo dentro de ella.
Ambos estuvieron envueltos en el paraíso de sus cuerpos, mimetizándose y amándose durante toda la noche, no encontrando saciedad. Hasta que las primeras luces del amanecer comenzaron a refulgir, y sus cuerpos no respondían. Se sentían realmente exhaustos y embriagados de placer. Ella sentía su piel tan sensible, que las delicadas caricias de Edward sobre su desnuda espalda, hacían como si mil hormigas caminaran al unísono por todo su cuerpo. Su cuerpo que reconocía como suyo el tacto de Edward, como nunca antes con ningún otro. Y Edward se sentía extasiado, con la mezcla de sabores que emanaba de ella, y su aroma… desde ahora, su favorito
-Fresas y lavanda…-
-¿Qué?-
-A veces hueles a deliciosas y frescas fresas, otras veces te huelo a suaves y aromáticas lavandas… es una mezcla increíble… se me hace agua la boca- dijo, levantando su mentón y besándola con dulzura
-Nunca nadie me había dicho eso- susurró cerca de sus labios
-Por supuesto que no… hueles sólo así para mí-
-¿Te gusta?-
-Me fascina…-
-Me siento como una adolecente cuando me dices esas cosas- admitió, volviendo a recostarse sobre el pecho de Edward
-Eres como una adolecente-
-¡No, no lo soy!- protestó, haciendo que Edward se carcajeara sobre su cabello -En verdad nunca deje que ningún hombre me hablara así… me incomodaba. No disfruté de las cosas normales que disfrutaban las chicas de mi edad…- dijo, tristemente
-De la escuela a la universidad, y de la universidad a dirigir ese monstruo de empresa… por supuesto que no disfrutaste… pero nunca es tarde preciosa- le dijo, ante lo que ella sonrió, esperanzada.
Cerca de las diez despertaron, continuando con una exquisita sesión de caricias y besos, que pudieron desembocar en una nueva sesión de amor y sexo, pero Bello lo detuvo, recordándole el concierto. Él suspiró frustrado, sabiendo que ella tenía razón.
Ella se levantó, calzándose la camisa de Edward que estaba tirada en el piso, y mientras él tomaba una ducha, se encargó de revolotear por la cocina y esculcar sus gustos. "¿No hace mal tanto café..?" se preguntó al ver la cantidad monumental de café en grano que había guardado en las estanterías. No demoró preparar algo de eso, esperando dar con los gustos de Edward "Seguro tiene un metódica forma de preparar café…"
Él, apenas salió de la ducha, sintió el aroma del café recién hecho en el ambiente, "Fresas, lavanda y café… maravillosa mezcla" pensó, satisfecho.
Después de desayunar en amena compañía y charla para ambos, llegó el ingrato momento de las despedidas. Cada vez se estaba haciendo más doloroso para ambos separarse.
-¿A qué hora debo estar en la sinfónica para el concierto?—
- Comienza a las seis, durará dos horas-
-Perfecto, me da tiempo justo de ir luego por Rosalie y luego a casa de mi madre-
-Me alegro que pases tiempo con ella, con Renée digo-
-A mí también… este… hoy no te veré, ¿verdad?-
-No lo sé… quizás pueda excusarme con mi familia después de cenar y...-
-No, no hagas eso. Tus padres han venido a pasar tiempo con sus hijos, así que aprovecha. Ya tendremos tiempo tú y yo de vernos, no te sientas apresurado por acabar la cena con tus padres sólo por verme-
-Lo intentaré- prometió. Se quedaron mirando durante largo rato, acariciando sus rostros tiernamente, hasta que Edward tuvo que despedirse, pues ya iba retrasado
-Te llamaré, ¿sí?-
-Está bien- dijo ella, dándole un tierno y corto beso en los labios -Que pases una feliz noche buena-
-Mis noches han sido más que buenas desde que las comparto contigo- confesó. Isabella sintió que sus piernas se volvían flácidas frente a la admisión de Edward, sintió que su corazón iba a arrancarse de su pecho, exultante de dicha
-Eres el mejor regalo que alguna vez he podido recibir Edward- logrón decir, sintiendo que sus ojos se nublaban producto de las lágrimas de emoción que en cualquier momento comenzarían a salir
- Nos vemos pronto, ¿sí?- dijo él, algo nervioso frente a lo que Isabella le acababa de decir, y no porque no lo quisiera oír, sino porque no lo esperaba. Y quizás también, porque él sentía algo similar, que Santa se había acordado de él.
-Sí- se besaron por última vez, y luego él se fue.
Cuando Bella se vio sola en el departamento de Edward, comenzó a dar saltitos de alegría por todo el lugar:
-¡ Gracias Santa, gracias, gracias… sé que no he sido una chica buena, pero me reivindicaré, lo juro… gracias, gracias…!- dijo, de forma emocionada y divertida.
Isabella aprovechó la mañana y parte de la tarde en comprar regalos para todo el mundo. Incluso disfrutó de las compras., pese a que los locales comerciales estaban sobrepoblados de gente que, al igual que ella, estaba haciendo compras a última hora. Antes, ella no se preocupaba de esas cosas. Siempre había alguien que lo hacía por ella, generalmente su amiga Jane. Pero esta vez quería elegir regalos especiales para la gente que ella consideraba especial. Incluso compró algo para su padre, a quien tendría que esperar a entregárselo cuando el "señor se dignase a regresar". Cuando se vio frente a la incertidumbre de comprarle algo a Edward, se paralizó: "Dios, qué le compro… que le compro…" se cuestionaba, preocupada. Recordó que una de sus pasiones era la música, así que buscó un lugar especializado de música, y compró unos discos de vinilo que eran sólo para coleccionistas. Eran de música clásica, la mayoría obras inéditas o primeras ediciones. "Perfecto" se dijo. Ni siquiera se cuestionó si él había comprado algo para ella, aunque no le preocupaba, pues su sola existencia, ya era un regalo.
-Emmett, maldita sea, tengo apenas una hora para comprar y tú te das el lujo de atrasarte, ¿me puedes decir dónde…?- dejó la pregunta inconclusa, cuando Edward vio la cara de su hermano, que estaba como perdido, ajeno a la realidad. Y sacó conclusiones -Rosalie-
-¡¿Qué? ¡¿Dónde, dónde…?- dijo, saliendo de su ensueño, y mirando a todos lados, tratando de encontrar entre la multitud el rostro de la mujer que lo traía en ese estado
-Digo que de seguro es Rosalie la que te tiene así, ¿no?-
-¡Te lo dije! ¡Te dije que esa mujer se rendiría a mí!-
-¿Fue una buena noche?-
-No hubo sexo, sólo hablamos. Es una mujer que ha sufrido mucho, ¿sabes? -
-Sí, algo sé- asumió, mientras observaba con mucha concentración la vitrina de una joyería
-Presumo que andas buscando algo para Isabella, ¿no?-
-Sí, pero no logro dar con algo... especial…-
-Si le regalas una joya, seguro darás en el clavo. A las mujeres les encanta eso-
-Seguro, pero debe tener miles. Además, quiero que sea otra cosa… no sé…- dijo. Su mirada, furtivamente, quedó pegada en la estantería de una tienda de antigüedades. Y pensó que en ese lugar encontraría algo para ella. Entraron y comenzaron a observar los adminículos que estaban a la venta.
-¿Señor, le puedo ayudar?-
-Este, verá… estoy buscando algo especial…-
-¿Alguna idea?-
-No…- dijo, un tanto contrariado por no encontrar… hasta que su vista quedó fija en una caja de música color ébano, brillante, sobre cuya base se dibujaban sutiles dibujos color marfil. Tomó entre sus manos la caja y la abrió, enseguida, vio un compartimento en donde iba montada una hermosa bailarina vestida de blando, que al ponerla sobre la base, giraba con delicadeza al compás de la hermosa melodía del Lago de los Cisnes. Además, dentro de este, dos pequeñas cajitas se sobreponían como compartimentos secretos. El vendedor al ver interesado a Edward en la cajita, le dijo que era un excelente regalo para una dama con espíritu de niña. "Perfecto" pensó él.
-¿La lleva, señor?-
-Sí, por favor- dijo, completamente convencido. Después de un rato, él y su hermano salieron de la tienda, muy conformes, pues Emmett había encontrado un hermoso regalo también para su madre y para Rosalie.
Enseguida, se fue rápidamente directo a la sinfónica donde debía comenzar con los preparativos del concierto, el que pasadas las horas y llegado el momento comenzó puntualmente. El concierto fue todo un éxito, se sintió muy conforme por los arreglos que había proferido para las diferentes piezas musicales navideñas, además de participar ejecutando el piano en dos piezas musicales. Logró ver a la distancia, y entre la multitud el lugar en donde se encontraba su familia. Pero no dio con el paradero de Isabella. Ella, había preferido ubicarse más bien al final de los asientos, no sabía si Edward había hablado sobre ella con su familia, aunque por las miradas que Alice le había dado la noche anterior en la fiesta, como si con la mirada le lanzara dardos de fuego, se dio cuenta que ella al menos estaba enterada.
Cuando terminó el concierto, luego de dos horas exactas, decidió probar suerte e ir a buscar a Edward para entregarle su regalo. Se escabulló entre la gente, y pidió a uno de los acomodadores que la llevara tras bambalinas en donde seguro lo encontraría. Cuando el hombre le mostró el lugar donde Edward se encontraba, fue ilusionada hasta allá, aferrando el regalo en su pecho. De lejos lo divisó… pero no estaba solo. Cuando vio la escena, a unos tres metros de distancia, sintió que algo en su interior se quebraba. Tenía ganas de llorar y salir corriendo, pero sus pies estaban agarrotados y no respondían a la orden de su cerebro.
Edward, feliz por el resultado de la presentación, estaba dando la orden de poner los instrumentos más delicados en el lugar destinado para ellos, una especia de cuarto que quedaba tras bambalinas del escenario del auditorio principal de la sinfónica. Estaba en eso, cuando un hombre le dijo que una hermosa mujer lo buscaba. Él sonrió, pensado en que esa mujer pudiese ser Bella, pero no era ella quien lo requería:
-¿Ta… Tanya?- tartamudeo, sorprendido al verla frente a él
-Oh Edward… te he extrañado tanto…- dijo ella, acercándose a él con diligencia y tomando su rostro entre sus manos, muy cerca del suyo
-Tanya, qué haces aquí…-
-Quería verte Edward… te necesito, te extraño como una loca… he pensado las cosas, y creo que podemos superar esto. No podemos tirar por la borda todos estos años de relación, ¿no lo crees mi amor? Yo te perdono amor, te perdono…- dijo ella, decidida a besarlo, pero el trataba de alejarse, sujetándola y apartándola por los hombros con determinación
-Tanya, por favor… este no es el momento. Yo no sé…-
-No digas nada Edward, ya estoy aquí mi cielo, ya estoy aquí-
-No Tanya, por favor…-
-¿Pasa algo Edward? Sé que te dañé haciendo lo que hice el día de nuestro matrimonio, tendríamos que haberlo hablado, sé que no era la manera de hacerlo, sé que estás dolido, pero nos amamos, así que olvidemos todo y sigamos adelante- decía ella, melosamente, intentando luchar con la "extraña" contención de Edward. Quería besarlo, habían sido demasiados días sin el sabor de su boca.
-Tanya, detente… esto… debemos hablar…-
-Sí mi amor, hablemos, hablemos todo lo que quieras- le dijo. No alcanzó a reaccionar cuando Tanya ya tenía su boca sobre la de él. Pero él no reaccionó. Se quedó estático. Aquel beso, aquellos labios no eran los que él anhelaba ahora.
Isabella, absolutamente quebrajada por la escena, di dos pasos ciegos atrás, chocando con dos cajas enormes que afortunadamente estaban vacías, provocando que una de estas cajas callera al piso y provocara ruido. Edward al instante se apartó, desviando la mirada hacia donde había salido el ruido, y quedó paralizado. Alcanzó a ver la mirada de pena y frustración de Isabella, quien a su vez, dejaba caer un regalo al suelo y saliera corriendo de allí, llorando.
-¡No!- dijo él, deseando ir tras ella, pero Tanya lo sostuvo, haciendo que detuviera su deseo de salir corriendo
-¿Edward, amor, qué sucede?-
-¡Basta Tanya! Lo siento, pero ya es tarde. Parta ti y para mí ya es tarde. Lo siento- dijo, y salió corriendo detrás de Isabella.
NO SEA CRUEL CON LA AUTORA. RECUERDE QUE UN COMENTARIO SUYO, ES UNA SONRISA DE LA AUTORA =)
Emmett Cullen, desde la barra, había observado el a simple vista el inocente encuentro entre Isabella Swan y su hermano, claro, él había sido su maestro por algunas clases, se conocían, pero intuía que había algo más….
-¡Mierda!¡Es ella, ella es la otra!¡Mierda, mierda, como no lo supuse…!- exclamó, mientras el hombre que estaba a su lado, lo miraba como si estuviese loco. Después de un momento, vio que Isabella entraba al salón con una sonrisa jodidamente sexi… "Edward, que escondido te lo tenías…pero que suertudo eres…." Minutos después, Edward entraba con una sonrisa similar. Llegó hasta su hermano, y se sirvió un Wisky:
-Acabo de descubrirte Edward…-
-De que hablas…-
-Isabella Swan, es ella, y no te atrevas a negarlo-
-No voy a negártelo-
-No te voy a juzgar, lo sabes… hasta creo que ella me podría caer bien, no sé-
-¿Quieres que te caiga mejor? Escucha esto: si quieres ir como ganador ante Rosalie, debes ser… rudo, demandante. Nada de caballerosidades con ella…-
-¿Te estás burlando de mí? ¿A caso no has visto como es ella? Nadie podría ser rudo o demandante con ella…-
-Por lo mismo Emmett, por lo mismo… así que termina ese trago, y ve a buscarla… si no lo haces ahora, no se dará otra instancia como esta…-
-¡Maldita sea Edward, tienes razón!- dijo, terminándose de un sorbo el resto de vodka tónica que quedaba en el vaso, se arregló la corbata, y sintió que la melodía de "I've got you under my skin" de Frank Sinatra comenzaba a sonar. Era el momento -Ah, y dile a tu chica que ya me cae bien. Y si Rosalie termina la noche conmigo, quizás hasta la ame también- dijo, y decidido se fue en dirección hasta Rosalie, que estaba conversando con un par de hombres, además de la misma Isabella. Edward se ubicó y acomodó en su lugar con su wisky en la mano, para contemplar la escena. El mayor de los Cullen llegó hasta la despampanante rubia, y sin más, la cogió del brazo
-Con su permiso dama, caballeros- y sin más, se la llevó hasta la pista de baile
-¡¿Qué… qué demonios te crees…?- dijo Rosalie, tratando de zafarse del agarre de "loco ese"
-¡Bailarás conmigo! llevo demasiado tiempo esperando abrazarte en una pieza de baile, y no pretendo seguir esperándote- demandó con rudeza, y por la cintura la aferró, apretándola contra su pecho, ante la sorprendida cara de la mujer.
-Esta me la pagas…- le amenazó con la mandíbula tensa
-Te pagaré cuando quieras, donde quieras… y como quieras, hermosa… soy materia disponible para ti... pero no demores mucho, no estoy dispuesto en seguir esperando…- siguió hablando con rudeza. Dicho y hecho: Rosalie no encontraba nada más sensual y sexi que un hombre dominante, y aunque no lo había reconocido a nadie, ese "maldito patán" era guapo, algo soso, pero guapo… y ahora lo encontraba absolutamente sexi. Desde la muerte de su ex marido, no había sentido nada por nadie, nada sí como lo que estaba sin tiendo por ese "oso patán". Se le escapó una sonrisita, y Emmett supo que aquel había sido su triunfo. "Sí… soy un maldito ganador" pensó, celebrando por dentro.
Edward y Bella contemplaban anonadados y risueños que aquel encuentro hubiese resultado. Edward observaba de tanto en tanto a Isabella, como se desenvolvía con el resto, y lo sobresaliente de su personalidad. Isabella también desviaba su vista hacia Edward, y cuando cruzaban sus miradas, todo alrededor se diluía y desaparecía, haciendo que ambos desearan el poder escaparse ya de la dichosa fiesta.
Isabella se sentía atada e inquieta, al no poder acercarse a Edward como deseaba, dejando que él la rodeara con sus brazos y la acogiera en su regazo, y quizás disfrutar una lenta pieza de baile, pese que si lo hacían, no tendría nada de malo. Sentía envidia de las demás parejas que sí podían hacerlo, abiertamente, como su amiga Jane, quien en la pista de baile aferrada a James, parecía estar flotando sobre las nubes del séptimo cielo. "¿Tendré yo esa opción, de disfrutar abiertamente de la compañía de Edward, disfrutar como su pareja? Pareja… " Pensaba Isabella tristemente mientras observaba a su amiga disfrutar de la velada
Después de una hora en la que ella tuvo que socializar con los inversionistas, escaparse literalmente de Riley, entre otras cosas, dio la "orden" de que se entregara el premio "de una maldita vez". El encargado de Recursos Humanos fue quien entregaba el premio a una de las auditoras de la empresa, del departamento de contabilidad, que llevaba años trabajando en la empresa, y quien fue la flamante ganadora de ese estupendo Audi , fotografías, agradecimientos… y por fin, después de todo eso Isabella se sintió libre. Estaba con un grupo de empresarios, entre ellos Riley, y decidió hacer su escape. Se excusó del grupo, diciendo que iba al tocador. Atravesó el salón, y de paso, le dio una intensa mirada a Edward Cullen, quien estaba en la barra hablando con su hermana y Jasper. Sólo lo miró. Fue suficiente para que él entendiera que era hora de irse. "Por fin…" pensó él.
Ella pasó a toda velocidad por el closet donde había guardado su abrigo, pidió las llaves de su coche, y se fue al estacionamiento del centro de eventos. Se montó en su coche, y envió un mensaje de texto:
"En tu apartamento… ¿supongo que no te molesta tenerme de visita esta noche, no?" y pulsó enviar.
Cuando Edward recibió el mensaje, iba de camino al estacionamiento. Lo leyó y sonrió. Enseguida tecleó la respuesta:
"Será un placer… un verdadero y profundo placer". Se montó en su coche y a toda velocidad, salió tras el auto de Isabella, que iba sólo un par de metros delante de él.
Isabella, al llegar al aparcamiento del edificio, se sentía totalmente excitada. Todo aquella noche había sido una especie de preámbulo, la preparación de lo que se vendría. Apagó el motor y salió del coche. Enseguida sintió los fuertes brazos de Edward rodeándola por la cintura desde la espalda. Sintió su boca deslizarse por su cuello, su nariz, su respiración rozándole la piel. Ella cerró los ojos y recargó su cabeza hacia atrás, disfrutando del adictivo roce de su boca contra su piel y entregándose completamente a sus caricias. Cuando ella ya estaba comenzando a disfrutar y encenderse, Edward se apartó, y sin aviso la cargó en sus brazos haciendo que ella diese un grito de la impresión
-Espero que no tengas sueño, pues pretendo tenerte despierta gran parte de la noche- susurró en su oído, mientras la llevaba al elevador, para ir directo a su apartamento.
En un abrir y cerrar de ojos, Isabella y Edward ya estaba tumbados sobre la cama. Edward se posó sobre el cuerpo de Isabella, y comenzó a besarla sin contemplaciones. Una sensual oleada caliente hizo que su corazón comenzase a latir con rapidez, haciendo que su respiración se convirtiera en jadeos, que un temblor recorriera todo su cuerpo. Una especie de química hizo que se abriera a él como una flor a la luz del sol, torciéndose, buscándole. Los dedos de Edward comenzaron a colarse bajo el hermoso atuendo negro de fiesta que llevaba aún puesto Isabella, pero que le estorbaba.
-Nunca… nunca ninguna mujer me hizo sentir lo que tú… no puede ser normal que te desee tanto Isabella…- susurró sobre su boca, para luego recorrer su cuello, el que adoraba.
-Te he esperado… por tanto tiempo Edward- decía ella entre jadeos
-Ya estoy aquí Bella…-
-Sí… Dios, ¡Edward!- dijo, sintiendo que los dedos prodigiosos de Edward se colaban bajo sus bragas de encaje, introduciendo, masajeando y pulsando su centro total y absolutamente mojado por él, y para él. Isabella llevaba sus manos hasta su cuello, jalaba de su cabello, acariciaba sus hombros, hundía sus uñas en su fuerte espalda bajo la camisa que aun llevaba puesta, haciendo que la excitación de Edward se elevara aún más.
Se desnudaron con premura e hicieron el amor con fiereza, demandante el uno al otro. Edward recordó al maldito que horas atrás había puesto sus manos sobre ella, y de alguna manera se estaba vengando de él en silencio. Ella le pertenecía ahora, era suya. Y Bella odió a Tanya por quitarle tanto tiempo de él. Tantas noches…
"Ella es mía" pensaba él mientras se vaciaba dentro de ella
"Él es mío" pensaba ella, contrayendo su interior y estallando, sintiéndolo dentro de ella.
Ambos estuvieron envueltos en el paraíso de sus cuerpos, mimetizándose y amándose durante toda la noche, no encontrando saciedad. Hasta que las primeras luces del amanecer comenzaron a refulgir, y sus cuerpos no respondían. Se sentían realmente exhaustos y embriagados de placer. Ella sentía su piel tan sensible, que las delicadas caricias de Edward sobre su desnuda espalda, hacían como si mil hormigas caminaran al unísono por todo su cuerpo. Su cuerpo que reconocía como suyo el tacto de Edward, como nunca antes con ningún otro. Y Edward se sentía extasiado, con la mezcla de sabores que emanaba de ella, y su aroma… desde ahora, su favorito
-Fresas y lavanda…-
-¿Qué?-
-A veces hueles a deliciosas y frescas fresas, otras veces te huelo a suaves y aromáticas lavandas… es una mezcla increíble… se me hace agua la boca- dijo, levantando su mentón y besándola con dulzura
-Nunca nadie me había dicho eso- susurró cerca de sus labios
-Por supuesto que no… hueles sólo así para mí-
-¿Te gusta?-
-Me fascina…-
-Me siento como una adolecente cuando me dices esas cosas- admitió, volviendo a recostarse sobre el pecho de Edward
-Eres como una adolecente-
-¡No, no lo soy!- protestó, haciendo que Edward se carcajeara sobre su cabello -En verdad nunca deje que ningún hombre me hablara así… me incomodaba. No disfruté de las cosas normales que disfrutaban las chicas de mi edad…- dijo, tristemente
-De la escuela a la universidad, y de la universidad a dirigir ese monstruo de empresa… por supuesto que no disfrutaste… pero nunca es tarde preciosa- le dijo, ante lo que ella sonrió, esperanzada.
Cerca de las diez despertaron, continuando con una exquisita sesión de caricias y besos, que pudieron desembocar en una nueva sesión de amor y sexo, pero Bello lo detuvo, recordándole el concierto. Él suspiró frustrado, sabiendo que ella tenía razón.
Ella se levantó, calzándose la camisa de Edward que estaba tirada en el piso, y mientras él tomaba una ducha, se encargó de revolotear por la cocina y esculcar sus gustos. "¿No hace mal tanto café..?" se preguntó al ver la cantidad monumental de café en grano que había guardado en las estanterías. No demoró preparar algo de eso, esperando dar con los gustos de Edward "Seguro tiene un metódica forma de preparar café…"
Él, apenas salió de la ducha, sintió el aroma del café recién hecho en el ambiente, "Fresas, lavanda y café… maravillosa mezcla" pensó, satisfecho.
Después de desayunar en amena compañía y charla para ambos, llegó el ingrato momento de las despedidas. Cada vez se estaba haciendo más doloroso para ambos separarse.
-¿A qué hora debo estar en la sinfónica para el concierto?—
- Comienza a las seis, durará dos horas-
-Perfecto, me da tiempo justo de ir luego por Rosalie y luego a casa de mi madre-
-Me alegro que pases tiempo con ella, con Renée digo-
-A mí también… este… hoy no te veré, ¿verdad?-
-No lo sé… quizás pueda excusarme con mi familia después de cenar y...-
-No, no hagas eso. Tus padres han venido a pasar tiempo con sus hijos, así que aprovecha. Ya tendremos tiempo tú y yo de vernos, no te sientas apresurado por acabar la cena con tus padres sólo por verme-
-Lo intentaré- prometió. Se quedaron mirando durante largo rato, acariciando sus rostros tiernamente, hasta que Edward tuvo que despedirse, pues ya iba retrasado
-Te llamaré, ¿sí?-
-Está bien- dijo ella, dándole un tierno y corto beso en los labios -Que pases una feliz noche buena-
-Mis noches han sido más que buenas desde que las comparto contigo- confesó. Isabella sintió que sus piernas se volvían flácidas frente a la admisión de Edward, sintió que su corazón iba a arrancarse de su pecho, exultante de dicha
-Eres el mejor regalo que alguna vez he podido recibir Edward- logrón decir, sintiendo que sus ojos se nublaban producto de las lágrimas de emoción que en cualquier momento comenzarían a salir
- Nos vemos pronto, ¿sí?- dijo él, algo nervioso frente a lo que Isabella le acababa de decir, y no porque no lo quisiera oír, sino porque no lo esperaba. Y quizás también, porque él sentía algo similar, que Santa se había acordado de él.
-Sí- se besaron por última vez, y luego él se fue.
Cuando Bella se vio sola en el departamento de Edward, comenzó a dar saltitos de alegría por todo el lugar:
-¡ Gracias Santa, gracias, gracias… sé que no he sido una chica buena, pero me reivindicaré, lo juro… gracias, gracias…!- dijo, de forma emocionada y divertida.
Isabella aprovechó la mañana y parte de la tarde en comprar regalos para todo el mundo. Incluso disfrutó de las compras., pese a que los locales comerciales estaban sobrepoblados de gente que, al igual que ella, estaba haciendo compras a última hora. Antes, ella no se preocupaba de esas cosas. Siempre había alguien que lo hacía por ella, generalmente su amiga Jane. Pero esta vez quería elegir regalos especiales para la gente que ella consideraba especial. Incluso compró algo para su padre, a quien tendría que esperar a entregárselo cuando el "señor se dignase a regresar". Cuando se vio frente a la incertidumbre de comprarle algo a Edward, se paralizó: "Dios, qué le compro… que le compro…" se cuestionaba, preocupada. Recordó que una de sus pasiones era la música, así que buscó un lugar especializado de música, y compró unos discos de vinilo que eran sólo para coleccionistas. Eran de música clásica, la mayoría obras inéditas o primeras ediciones. "Perfecto" se dijo. Ni siquiera se cuestionó si él había comprado algo para ella, aunque no le preocupaba, pues su sola existencia, ya era un regalo.
-Emmett, maldita sea, tengo apenas una hora para comprar y tú te das el lujo de atrasarte, ¿me puedes decir dónde…?- dejó la pregunta inconclusa, cuando Edward vio la cara de su hermano, que estaba como perdido, ajeno a la realidad. Y sacó conclusiones -Rosalie-
-¡¿Qué? ¡¿Dónde, dónde…?- dijo, saliendo de su ensueño, y mirando a todos lados, tratando de encontrar entre la multitud el rostro de la mujer que lo traía en ese estado
-Digo que de seguro es Rosalie la que te tiene así, ¿no?-
-¡Te lo dije! ¡Te dije que esa mujer se rendiría a mí!-
-¿Fue una buena noche?-
-No hubo sexo, sólo hablamos. Es una mujer que ha sufrido mucho, ¿sabes? -
-Sí, algo sé- asumió, mientras observaba con mucha concentración la vitrina de una joyería
-Presumo que andas buscando algo para Isabella, ¿no?-
-Sí, pero no logro dar con algo... especial…-
-Si le regalas una joya, seguro darás en el clavo. A las mujeres les encanta eso-
-Seguro, pero debe tener miles. Además, quiero que sea otra cosa… no sé…- dijo. Su mirada, furtivamente, quedó pegada en la estantería de una tienda de antigüedades. Y pensó que en ese lugar encontraría algo para ella. Entraron y comenzaron a observar los adminículos que estaban a la venta.
-¿Señor, le puedo ayudar?-
-Este, verá… estoy buscando algo especial…-
-¿Alguna idea?-
-No…- dijo, un tanto contrariado por no encontrar… hasta que su vista quedó fija en una caja de música color ébano, brillante, sobre cuya base se dibujaban sutiles dibujos color marfil. Tomó entre sus manos la caja y la abrió, enseguida, vio un compartimento en donde iba montada una hermosa bailarina vestida de blando, que al ponerla sobre la base, giraba con delicadeza al compás de la hermosa melodía del Lago de los Cisnes. Además, dentro de este, dos pequeñas cajitas se sobreponían como compartimentos secretos. El vendedor al ver interesado a Edward en la cajita, le dijo que era un excelente regalo para una dama con espíritu de niña. "Perfecto" pensó él.
-¿La lleva, señor?-
-Sí, por favor- dijo, completamente convencido. Después de un rato, él y su hermano salieron de la tienda, muy conformes, pues Emmett había encontrado un hermoso regalo también para su madre y para Rosalie.
Enseguida, se fue rápidamente directo a la sinfónica donde debía comenzar con los preparativos del concierto, el que pasadas las horas y llegado el momento comenzó puntualmente. El concierto fue todo un éxito, se sintió muy conforme por los arreglos que había proferido para las diferentes piezas musicales navideñas, además de participar ejecutando el piano en dos piezas musicales. Logró ver a la distancia, y entre la multitud el lugar en donde se encontraba su familia. Pero no dio con el paradero de Isabella. Ella, había preferido ubicarse más bien al final de los asientos, no sabía si Edward había hablado sobre ella con su familia, aunque por las miradas que Alice le había dado la noche anterior en la fiesta, como si con la mirada le lanzara dardos de fuego, se dio cuenta que ella al menos estaba enterada.
Cuando terminó el concierto, luego de dos horas exactas, decidió probar suerte e ir a buscar a Edward para entregarle su regalo. Se escabulló entre la gente, y pidió a uno de los acomodadores que la llevara tras bambalinas en donde seguro lo encontraría. Cuando el hombre le mostró el lugar donde Edward se encontraba, fue ilusionada hasta allá, aferrando el regalo en su pecho. De lejos lo divisó… pero no estaba solo. Cuando vio la escena, a unos tres metros de distancia, sintió que algo en su interior se quebraba. Tenía ganas de llorar y salir corriendo, pero sus pies estaban agarrotados y no respondían a la orden de su cerebro.
Edward, feliz por el resultado de la presentación, estaba dando la orden de poner los instrumentos más delicados en el lugar destinado para ellos, una especia de cuarto que quedaba tras bambalinas del escenario del auditorio principal de la sinfónica. Estaba en eso, cuando un hombre le dijo que una hermosa mujer lo buscaba. Él sonrió, pensado en que esa mujer pudiese ser Bella, pero no era ella quien lo requería:
-¿Ta… Tanya?- tartamudeo, sorprendido al verla frente a él
-Oh Edward… te he extrañado tanto…- dijo ella, acercándose a él con diligencia y tomando su rostro entre sus manos, muy cerca del suyo
-Tanya, qué haces aquí…-
-Quería verte Edward… te necesito, te extraño como una loca… he pensado las cosas, y creo que podemos superar esto. No podemos tirar por la borda todos estos años de relación, ¿no lo crees mi amor? Yo te perdono amor, te perdono…- dijo ella, decidida a besarlo, pero el trataba de alejarse, sujetándola y apartándola por los hombros con determinación
-Tanya, por favor… este no es el momento. Yo no sé…-
-No digas nada Edward, ya estoy aquí mi cielo, ya estoy aquí-
-No Tanya, por favor…-
-¿Pasa algo Edward? Sé que te dañé haciendo lo que hice el día de nuestro matrimonio, tendríamos que haberlo hablado, sé que no era la manera de hacerlo, sé que estás dolido, pero nos amamos, así que olvidemos todo y sigamos adelante- decía ella, melosamente, intentando luchar con la "extraña" contención de Edward. Quería besarlo, habían sido demasiados días sin el sabor de su boca.
-Tanya, detente… esto… debemos hablar…-
-Sí mi amor, hablemos, hablemos todo lo que quieras- le dijo. No alcanzó a reaccionar cuando Tanya ya tenía su boca sobre la de él. Pero él no reaccionó. Se quedó estático. Aquel beso, aquellos labios no eran los que él anhelaba ahora.
Isabella, absolutamente quebrajada por la escena, di dos pasos ciegos atrás, chocando con dos cajas enormes que afortunadamente estaban vacías, provocando que una de estas cajas callera al piso y provocara ruido. Edward al instante se apartó, desviando la mirada hacia donde había salido el ruido, y quedó paralizado. Alcanzó a ver la mirada de pena y frustración de Isabella, quien a su vez, dejaba caer un regalo al suelo y saliera corriendo de allí, llorando.
-¡No!- dijo él, deseando ir tras ella, pero Tanya lo sostuvo, haciendo que detuviera su deseo de salir corriendo
-¿Edward, amor, qué sucede?-
-¡Basta Tanya! Lo siento, pero ya es tarde. Parta ti y para mí ya es tarde. Lo siento- dijo, y salió corriendo detrás de Isabella.
