Bueno, aquí ando yo con un nuevo capítulo de esta historia. Mil gracias por sus comentarios, mil gracias por sus avisos de favoritos, es una muy lienda manera de alentarme a que siga, asi que mil gracias (he estado respondiendo a sus comentarios... lo haré en la medida que me quede tiempo, si?) Asi que GRACIAS!

Ahora a disfrutar de la lectura. =)


Estrategias de guerra

-¡Bella!- la llamó, mientras corría tras ellas. De camino, recogió el paquete que ella había dejado caer, lo sostuvo entre sus manos, y siguió sus pasos. Isabella iba corriendo, esquivando y chocando a las personas que se le interponían. Ella quería salir de allí, desaparecer. Necesitaba aire, se sentía mareada, agotada.

-¡Isabella, detente!- pidió insistente él, casi alcanzándola entre el gentío que salía del auditorio. Cuando la alcanzó, ella intentó zafarse con apremio, y esquivando su mirada en todo momento

-¡Bella, mírame ¡ ¡Mírame!- le pidió con desespero, obligándola a mirarlo, tomando su rostro entre sus manos

-Dejémoslo así Edward. Ella vino por ti, no desaproveches esta oportunidad…- mirando al piso pidió, entre llanto, con su cabeza gacha y su sentimiento de derrota

-¡¿De qué me hablas? ¡No pienso apartarme de ti!-

-Edward, por favor, te lo suplico- rogó ella en un susurro

-Bella, escúchame. No sabía que ella estuviera aquí, y aunque así fuese, nada volverá atrás. Bella, yo decidí estar junto a ti. Ella es parte del pasado-

-Ella... ella te ama… ella es perfecta para ti… Edward… yo no te merezco-

-¡No digas estupideces!- le refutó molesto, luego respiró y suavizó su voz –Escúchame, ve a tu casa, cena con tu familia, disfruta, y por la noche voy a tu casa, ¿si? Pero no te cierres a mí Bella, no ahora-

-Yo no… yo no quise hacerle daño Edward- dijo, estallando en llanto, y aferrándose a él, derramando lágrimas sobre su pecho. Edward la contuvo con fuerza, mientras besaba el tope de su cabeza

-Ni yo Bella, pero eso ya es parte del pasado, ¿si? Ok, mírame ahora, sécate esas lágrimas, tranquilízate y ve a disfrutar con tu madre en la cena, olvida lo que pasó ¿sí?- ella sólo asintió con la cabeza, aunque muy probablemente, no pudiera olvidar lo que había pasado. Tanya había vuelto a recuperar lo suyo, lo que ella le arrebató, aunque lo que Edward había dicho sobre su decidió de quedarse junto a ella, y dejar a Tanya en el pasado, la tranquilizó un poco. Sólo un poco. Edward secó las lágrimas que robaban por el rostro de Isabella con sus pulgares, con mucha delicadeza, infundiéndole confianza y tranquilidad.

-No te apresures por acabar con la cena, recuerda lo que te pedí…- se las arregló ella para decir

-Después de esto, no sé si pueda. De cualquier manera, me colaré por tu ventana esta noche, ¿si?- dijo alzando sus cejas sugestivamente, haciendo que ella sonriera. –Ah! Esto se te calló cuando saliste corriendo…- entregándole el regalo

-Sí, bueno… no es mío, bueno, sí lo es….- explicó con nerviosismo, y agregó –Te estaba buscando, quería entregártelo. Lo compré para ti... pero ábrelo cuando estés solo, y luego me dices que te pareció...-

-Lo que sea, será perfecto. Gracias. Y tú, señorita, tendrás que esperar a pasada la media noche para recibir tu regalo, ¿si?- le dijo, acariciando su cabello

-Procuraré no quedarme dormida entonces-

-Bien, ahora vete y dale un abrazo a Renée de mi parte-

-Claro-

-Nos vemos más tarde-

-Te espero- dijo ella, besándose con ternura en la despedida.

Tanya había salido corriendo tras Edward. No se había percatado de que Isabella había sido quien provocó el ruido, y por quien Edward salió corriendo. Cuando vio ahora ella la escena romántica entre ellos, su interior comenzó a arder de furia. No podía ser posible que Edward tirara por la borda todos estos años de relación, o los sentimientos que decía tener por ella.

-Maldita sea, esto no se queda así. Vine a recuperar lo que es mío, y no me voy de aquí hasta conseguirlo-

Edward se dirigió hasta el apartamento de Emmett en donde pasaría la cena de Navidad con su familia. Iba preocupado por la inesperada aparición de Tanya, pero hubo algo que lo sorprendió: ningún sentimiento de amor se removió en su interior al verla, quizás vergüenza y pena, condescendencia y cariño, pero no amor. No se le erizaba la piel, su respiración no se tornaba irregular, sus manos no picaban por tocarla, y su cuerpo no actuaba como imán frente a ella, como le estaba ocurriendo con Bella. Eso lo hizo desear dar la vuelta y regresar por Bella para estar con ella y pasar noche buena a su lado. Pero tenía un compromiso con su familia, que no podía eludir.

-¡Hijo! El concierto estuvo maravilloso de verdad, te felicito- dijo su madre, abrazándole al llegar

-Gracias mamá, pero sabes que no fue para nada sólo mérito mío, hay un gran equipo detrás-

-De todos modos, fuiste el mejor de todos…-

-Esme, amor… el pavo está en el horno, y Emmett sigue rondando la cocina…- advirtió su Carlisle. Esme enseguida corrió hasta allí, e hizo sacar las manos de la comida a Emmett, dejando a su marido y a Edward solos en la sala

-¿Y Alice?-

-No debe tardar, pero dime hijo, como has estado…-

-Las cosas han ido… mejorando para mí, si te refieres a mi situación "sentimental"-

-Cuéntame hijo-

-Padre, quiero tomarme las cosas con calma, no quiero cometer errores-

-Eso está bien hijo, pero dime, cuando la conoceremos-

-Estás peor que mamá… A su tiempo papá, todo a su tiempo-

-Bueno, te veo con un semblante diferente, lo que me deja bastante tranquilo en verdad. Sólo sé feliz hijo, procura no sufrir ni hacer sufrir-

-Sé a qué te refieres, por lo mismo quiero ir con calma- remarcó Edward. Él, de algún modo, estaba agradecido del apoyo que su padre le estaba dando, y no dudo que fuera así. Su madre quizás estaría un poco reacia a que otra mujer que no fuera Tanya, se relacionara con él, pero Edward ya tenía decidido no volver atrás.

El timbre del apartamento sonó después, mientras Esme terminaba de arreglar la mesa, obligando a que sus dos hijos varones participaran de ello. Carlisle fue a abrir, y se encontró con Alice, que no venía sola

-¡Miren a quien invité! Pretendía pasar noche buena sola, así que la invité…- anunció. Todos miraron hacia donde ella se encontraba, sorprendidos por la acompañante que venía con ella.

-Tanya, mi vida, eres bienvenida- dijo Esme, acercándosele y dándole la bienvenida. Carlisle hizo lo mismo, mientras Emmett la saludaba de un lado de la mesa, y Edward se quedaba estático, sin reaccionar. Sabía que sería una cena navideña algo incomoda. Muy incómoda para él en verdad.

Isabella en tanto, de camino a la casa de su madre, pasó por Rosalie, quien enseguida se percató de su estado de ánimo.

-¿Cullen te tiene así, no?-

-Así como…- dijo ella, tratando de hacerse la desentendida, mientras conducía su coche, con la vista clavaba en la pista

-No te hagas la tonta Isabella. Todos estos días has andado radiante, y hoy, por arte de magia, tu ánimo decae… háblame-

-Su ex apareció… y estoy… asustada…- asumió, con incomodidad. Ella, en general, no solía admitir miedo, temor ni ningún sentimiento que la hiciese vulnerable, pero por supuesto, con Edward todo eso cambiaba

-Mmm… ella aparece y tú te haces a un lado… no es propio de ti-

-No me estoy haciendo a un lado… es sólo que él puede… arrepentirse… ya sabes. Estuvieron tanto tiempo juntos, debe de quedar algún sentimiento entre ellos-

-Pues no lo sé, pero él que te dijo-

-Que me quedara tranquila, que no volvería atrás, que ahora estaba conmigo…-

-¿Y ni eso te hace sentir segura?-

-Ella no regresó en son de paz, estoy segura-

-Isabella, eres una guerrera por naturaleza, eres fuerte, segura de ti misma. No permitas que lo que has conseguido hasta ahora, una novia desdichada te lo venga a arrebatar. Marca tu territorio-

-No es sencillo… ella tiene ventaja sobre mí, sentimientos Rosalie. Entre Edward y yo recién hay un acercamiento…-

-¡Bella, maldita sea! ¿A penas un acercamiento? Si parecen novios adolecente, de esos que uno esconde por miedo a lo que los padres puedan decir… que a su relación no le hayan puesto el título aun de "noviazgo", no significa que entre ustedes no haya sentimientos… a legua se nota que estas enamorada-

-Rosalie, por favor…-

-¡Te lo digo! Ahora, como buena guerrera, comienza a delinear tu estrategia de combate nena, si crees que esa despechada mujer vino en son de guerra, pues prepárate para ganar la maldita batalla. Ahora tú tienes la ventaja, aunque lo veas de modo contrario-

-Ok, Rosalie, detente con esa verborrea de la guerra y todo eso…-

-Haz lo que te digo… -

-Bueno, bueno, señorita estratega de guerra… lo pensaré- dijo, haciendo que ella sonriera, y recordara aquella vez que decidió "ignorar" a Edward, en la fiesta de su madre, a modo de táctica, recordando que aquello dio resultado.

Cuando llegaron a casa de Renée, ella las esperaba en compañía de Phil, su nuevo amigo, compañero o novio a quien habían conocido en la fiesta de la empresa. Era un tipo algo menor que ella, pero bastante agradable, reconoció Bella en su interior.

Con charlas amenas entre ellos, Bella intentó relajarse, y no pensar mucho en lo ocurrido, aunque no podía apartarlo del todo. Además, le daba vueltas a lo que Rosalie le había dicho. Quizás le haría caso, pues de ningún modo quería perder a Edward. Durante la velada, sintió vibrar su aparato móvil: un mensaje de texto de Edward:

"¿Estás disfrutando con tu madre? Espero que sí…" decía el mensaje de Edward, al que ella respondió:

"Si, va todo bien, gracias por preguntar". Edward observó el "escueto" mensaje de respuesta, y se extrañó. Volvió a teclear uno de regreso para ella:

"Estoy ansiando acabar con la cena para ir a tu encuentro. En mi apartamento más tarde, ¿si?" y envió. Cuando ella lo recibió, sopesó las opciones de respuesta, a lo que sólo decidió contestar:

"Quizás sea mejor vernos hasta mañana Edward, quizás aquí termine tarde…" Cuando Edward leyó el mensaje, se encrespó de rabia. Estaba decidido a acabar su noche con ella, añoraba su compañía, aún más después de lo ocurrido. Así que devolvió el mensaje con la siguiente respuesta:

"Isabella, después de la maldita cena, y a la hora que sea, te espero en mi apartamento. No hagas tal de plantarme, porque voy por ti a casa de Renée, y te arrastro conmigo, ¿entiendes?" Isabella no pudo hacer otra cosa que sonreír ante el aparente deseo de Edward de verle. ¿Pero qué tipo de deseo lo empujaba? Sacudió su cabeza para alejar esos tormentos, mientras Rosalie, del otro lado de la mesa, la miraba y le alzaba las cejas en forma de picardía.

Alice se había percatado de que su hermano Edward había estado parte de la cena pendiente de su teléfono móvil, tecleando mensajes y leyendo seguramente los de regreso, además de no haber hablado prácticamente nada durante la cena. Claro, como gran parte de la charla giraba en torno a Tanya, su familia, sus planes y su vida, sabiendo que aquel era una especia de campo minado para él.

-Entonces Edward, ¿tienes planes para más tarde? Pues después de cenar, podemos ir los cuatro por ahí a divertirnos, digo, Tanya, Emmett, tú y yo…-

-Eh, este, lo siento, pero ya tengo planes…-

-¿Planes Edward?¿Y qué tipo de planes? O mejor dicho con quién…-

-¡Alice!- dijo Esme, llamándole la atención a su hija, pues sabía lo que estaba tratando de hacer.

-Yo también tengo planes- intervino Emmett

-¿Con quién Emmett?- preguntó Tanya

-Con una amiga…-

-¡¿Amiga? No me has hablado de ella Emmett…-

-Acabo de conocerla mamá, y sólo somos amigos… de momento, claro…-

-¿Y qué nos dices tú, Edward?¿Ya tienes alguna amiga por ahí, igual que Emmett?- insistía Alice, lanzándole dardos a su hermano

-¡Alice, basta!- refutó Edward con molestia, sacando la hermosa servilleta de lino de sus piernas, y lanzándola sobre la mesa con fuerza, para a continuación levantarse de la mesa, absolutamente molesto y sobrepasado con su hermana. Se supone que había hablado, y que ella iba a entenderlo, pero al parecer, la relación de amistad que ella tenía con Tanya, era más incondicional que la relación que ambos tenían como hermanos.

Salió al balcón a fumar un cigarro, y luego se excusaría para salir de allí e ir al encuentro de Bella. Sí, eso haría.

-No quise que mi presencia te incomodara Edward, pero Alice insistió en que viniera- dijo Tanya, llegando al lado de Edward.

-No es tu culpa Tanya-

-He sufrido mucho, sabes. Estar lejos de ti ha sido un calvario- dijo ella, melosamente, acercándose a Edward.

-Tanya, ya hablamos, no quiero hacerte daño…-

-Entonces no lo hagas Edward, sufro cada noche con tu ausencia, con tu lejanía… ¿recuerdas un año atrás exactamente? Estábamos haciendo el amor… ¿Por qué no repetimos lo de esa noche?-

-¡Tanya! No hay vuelta atrás, te lo dije, por favor…-

-¡¿Es por esa mujer, verdad? Te vi, te vi cuando saliste tras ella después del concierto… cuando esa mujerzuela se aburra de ti, porque sabrás que ella no es monógama, volverás a mí destruido Edward, y no quiero que sea así…-

-¡Basta! No hables así de ella, no te lo permito- le dijo entre dientes, furioso

-¡Tu familia no la aceptará jamás! Ellos saben que tú y yo debemos estar juntos…-

-Suficiente es con que yo la acepte a mi lado. El resto me importa muy poco- le espetó en la cara. Alice se asomó al balcón y vio la discusión. Cuando Tanya se dio cuenta de que ella estaba observándolos, se echó a llorar de forma teatral, haciendo que Edward la mirara extrañado por su repentino cambio de ánimo.

-¡Oh Edward!¡¿Por qué me tratas así?- le decía, para luego, esconder su cara entre sus manos para intensificar su nuevo papel de víctima

-¡¿Tanya?- preguntó él aun extrañado…

-¡Qué le has hecho Edward! Eres un bruto- apareció Alice, acercándose a su amiga para abrazarla y consolarla, mientras Tanya lo observaba triunfante, siguiendo con su teatrito

-No puedo creerlo…- negó Edward con rabia, saliendo de allí, y excusándose con sus padres que debía irse. Sus padres sabían que algo asi ocurriría, cuando vieron llegar a Tanya. Pero no podían hacer nada aun. Debían apoyarla. Ya habría tiempo al dia siguiente de hablar con Edward.

Al llegar a su apartamento, Edward se sirvió un vaso de vodka y miró la hora. Era pasada la media noche. Decidió enviar un nuevo mensaje de texto a Bella para avisarle que ya estaba esperando por ella. La necesitaba, de forma desesperada. Y cumpliría su palabra de ir por ella si insistía en no llegar. Para su tranquilidad, Bella contestó, diciendo que en quince minutos saldría de su casa.

Puso la cajita de música envuelta en un suave papel de celofán color lila sobre la mesa, junto a dos copas de vino y un par de velas rojas. Prepararía el ambiente para que ella se sintiera confiada otra vez, y para decirle de una vez por todas todo lo que sentía por ella, para después entregarle su regalo, agradecerle su delicadeza con aquellos discos que ella le regaló y que a él le sorprendieron, pues eran discos de colección, primeras ediciones, para nada económicas. Y luego, hacer el amor. En ese orden. O quizás en orden contrario.

Observó el reloj unas quince veces, ordenó y reordenó la mesa y el lugar, miró innumerables veces por la ventana… claramente, Edward se sentía ansioso. "Maldita sea, por qué tarda tanto…" decía, sentado en el sillón, bajo las suaves luces de las velas que reposaban sobre la mesa. Hasta que por fin el timbre sonó. Corrió hasta la puerta, y vio la angelical presencia de Isabella.

-Te estaba esperando- le susurró, tomando su mano y haciéndola pasar. Cuando ella observó el ambiente, su estómago se contrajo. El ambiente tenía y acogedor la embargó, haciéndola sentir abrumada de un montón de sentimientos que no lograba definir con exactitud. Vio los discos que le había regalado sobre la mesa, además de una cajita envuelta en regalo, seguramente para ella, pensó. Las velas, las copas, el vino y la suave música de Sting que sonaba de fondo.

-¿Esto… esto lo hiciste tú?-

-Para ti. No es la gran cosa… pero ven. Vamos a brindar…-

-Como digas…-

-Ten, esto es para ti… el regalo que me diste es fabuloso… Gracias Isabella- dijo, extendiéndole la caja, mientras le agradecía con fervor su regalo.

-Me alegro que te gustara. Pensé que sería un regalo perfecto para ti-

-Y lo es. Ahora abre el tuyo, quiero saber si te gusta- la invitó. Ella, temblando, comenzó a deshacer la cinta de regalo y a sacar la envoltura, hasta que la hermosa caja de color ébano, brillante quedó al descubierto. Instintivamente la abrió y se descubrió a la hermosa bailarina que giraba al son de la hermosa melodía del Lago de los cisnes. Isabella quedó embelesada con el regalo, mientras sus ojos comenzaban a inundarse de lágrimas. Repasó y concluyó que nunca nadie le había hecho un regalo así de sencillo, pero tan lleno de significancia.

-Es… es hermoso en verdad…-

-La bailarina se parece a ti, además de que El lago de los cisnes es una de mis obras clásicas favoritas, y la caja en sí, según el vendedor, sería el regalo ideal para una mujer con alma de niña, como tú…-

-No sé qué decir…- asumió emocionada

-Yo sí- dijo, acercándola a él y tomando su rostro entre sus manos, como le gustaba hacerlo –Bella, he decidido estar contigo, Tanya es parte de mi pasado, no quiero que lo dudes. Ahora tú eres mi vida…-

-Edward…- susurró ella, para luego dejar que sus labios por fin se reencontraran, comenzando la danza de sus lenguas, para luego desencadenar el momento en el perfecto acto de hacer el amor.

Amantes

"Cuando el silencio hace señas

Y el día llega a su fin

Cuando la luz de los suspiros da su vida

Y el amor se muere en tus ojos

Sólo entonces me doy cuenta

Lo que significas para mí" (InnerSilence, Anathema)

-Podría dibujar tu cuerpo de memoria… ubicar correctamente cada lunar en su lugar- susurraba mientras recorría el desnudo cuerpo de Isabella con su mirada, sus labios, la punta de su nariz, su lengua, sus labios, sus dedos –podría buscar la mezcla perfecta para dar con tu aroma… y tu sabor… Dios sabe que no he probado nunca un manjar tan delicioso como el que mana de ti- continuaba susurrándole, de forma lenta, ronca y tortuosa para Isabella, quien estaba a punto de caer en un abismo de placer. Estaba desesperada, lo que Edward estaba haciendo con ella la estaba llevando a perder la capacidad de pensar, aunque rara vez pensaba cuando hacía el amor con él. Sus puños se tensaban, agarrando las sabanas con fuerza, o jalando sus propios cabellos de la pura desesperación porque Edward acabara ya dentro de ella.

-Edw… Edward, por favor…-

-Disfruta nena… todo esto es para ti…-

-Ya no… ya no soporto… te lo suplico…-

-Eres suave como la seda Isabella… adoro la textura de tu piel- decía mientras recorría con delicadeza el cuerpo de ella, haciendo que Isabella se retorciera del placer, buscando que él intensificara sus caricias

-Te necesito dentro de mí Edward… no me hagas suplicar…-

-Soy un caballero, y jamás te haría suplicar nena- le dijo susurrando contra sus labios, para luego adentrarse en ella, y hacer de esos dos cuerpos uno solo.

-¡Dios, si!- gritó ella, triunfante, disfrutando del movimiento acompasado de ambos cuerpos.

Después de horas, cuando el sol no se dignaba aun en aparecer, ambos amantes estaban entrelazados uno junto al otro. Isabella descansaba sobre el pecho de Edward, y el paseaba sus dedos con pereza sobre la espalda desnuda de Isabella. Adoraba hacer eso.

-Edward, ¿por qué el apuro de salir de tu casa esta noche?¿pasó algo?- pregunto ella de pronto, recordando la insistencia de él por el encuentro. Quería escucharlo decir que era nada más por la necesidad que sentía de ella… pero no fue sólo eso:

-Hubo… una visita inesperada-

-¿Tanya verdad?- preguntó él, mientras algo en su interior se comprimía producto de la pena

-Sí, Tanya. Alice la llevó porque pasaría sola la noche de navidad, y no le pareció justo, o algo así- explicó. Ella enseguida se removió del pecho de Edward para cobijarse bajo las sábanas blancas de la cama, en señal de autodefensa. Edward se percató de su tensión, y no la dejó escapar, apresándola con fuerza entre sus brazos, y besando el tope de su cabeza

-Bella, ya hablamos sobre ella. Nada cambiará entre nosotros-

-¿Hablarás con ella?-

-No lo sé, no lo veo necesario. Está todo dicho, además, ella ahora se ve diferente. No es la misma…-

-El dolor curte a las personas, las transforma-

-Probablemente- admitió él

-Jamás pensé sentir esta especie de culpa por su comportamiento, pero aun así no le voy a permitir que nos aleje- dijo ella, decidida. Le haría caso a la loca de Rosalie y se pondría el trajecito de guerra para luchar por el hombre que ahora era suyo, por el hombre que… amaba

-Me alegro, yo tampoco lo permitiré- admitió Edward. Ella se acomodó de tal manera de quedar mirando a los ojos a Edward, y agregó con valentía y determinación.

-Ahora eres mío Edward Cullen-

-¿Lo soy?- preguntó él, sintiéndose excitado por la manera en que ella lo había dicho

-Sí, lo eres- reafirmó. Él hizo que ambos cuerpos se giraran, para que él quedase sobre ella, procurando no hacerla cargar con el peso de su cuerpo

-Demuéstramelo entonces nena… queda mucha noche por delante- dijo, llevando sus labios hasta el lóbulo de su hermosa oreja, mordiéndolo, lamiéndolo, haciendo que ella al instante sintiese deseo de él, volviéndose insaciable. Enseguida se abrió para él, haciendo una vez más que ambos cuerpos se acoplaran de forma perfecta, haciéndola jadear de excitación.

-Mío Edward… mío…-

-Lo soy Bella…. Lo soy… y no olvides… también eres mía, de nadie más-

-¡Oh sí, lo soy, tuya, tuya… solo tuya!- alcanzó a decir, antes que el placer la hiciese enmudecer, a lo más soltar incoherencias. A ella y a él.

Pasaron un fin de semana realmente estupendo. Durmieron juntos, tomaron un baño de tina juntos, desayunaron juntos, hicieron planes para el año nuevo, que incluyeron a sus amigos Jane y James. Se lo propondrían a Rosalie y Emmett, los que seguro aceptarían. Viajarían hasta el lugar que se había convertido en el refugio de Edward, Liverpool, y se quedarían ahí hasta acabar el fin de semana. Sería su primer viaje juntos. Eso los ilusionaba a ambos. Además de hacer esos planes, cocinaron juntos, volvieron a hacer el amor, hablaron, vieron una película, oyeron música. En fin, pasaron un muy hermoso fin de semana. Fin de semana que sellaba el compromiso que el uno tenía con el otro. Ella, en innumerables ocasiones estuvo a punto de decirle que lo amaba, pero se tragó ese deseo. No quería incomodar a Edward frente a la revelación verbal de sus sentimientos, pese a que lo había gritado muchas veces con su cuerpo. Aun así, no lo forzaría. Y Edward por su parte, sentía que su interior se iba llenando poco a poco de ella. De la necesidad que crecía día a día por ella, de esos sentimientos avasalladores que lo embargaban, los que tenía miedo de reconocer. No podía evitar las comparaciones de lo que él sentía cuando estuvo con Tanya, y los que ahora comenzaban a nacer por Isabella. Y eran diferentes. Gratamente diferentes.

-¿Dejarás que me cuele mañana en la noche por tu ventana?- preguntó Edward, el domingo, justo antes de la despedida

-Siempre está abierta para ti-

-Perfecto. Iré a darte el beso de buenas noches-

-Esperaré por él entonces-

-Ahí estaré- prometió, para enseguida besarla para la despedida. Cruel despedida.

El día lunes, todo el mundo en "Swan Motors" andaba corriendo. Cada año, al final de éste, comenzaban a hacerse reuniones de evaluación y gestión de lo que sería el inicio del próximo año: reuniones con inversionistas, auditores, contadores, marketing, etc, etc, etc. Isabella, Rosalie y Jane corrían de un lado a otro, pero a diferencia de otros años, cada una de estas mujeres cargaba con una cara de felicidad que amainaba cualquier rastro de cansancio propio del trabajo.

-¿Jane ya llegó?- preguntó Isabella desde su oficina a una de las secretarias

-Sí señorita, acaba de llegar-

-Dígale que la espero al instante en mi oficina- ordenó

-Va hacia allá, señorita-

-Bien- y colgó. Pasados los segundos, la menuda y rubia mujer aparecía en la puerta de Isabella, con su block de notas en la mano, lista para recibir instrucciones.

-Perdona la demora, tuve que hacer un par de trámites antes de llegar-

-¿Tramites?¿Pasa algo?-

-Oh, no… es sólo que…-

-Es sólo que cosa…-

-Debía ir de compras-

-¿Compras?¿Qué tipo de compras?-

-Ejem… esta semana es corta, y no tendría tiempo de hacerlo en otro momento…-

-¡Qué tipo de compras, Jane!-

-Lencería…- dijo ella, completamente sonrojada

-¡¿Qué?- Isabella estaba anonadada

-¡Ya lo dije, no hagas que lo repita!- espetó Jane, aun llena de vergüenza

-Ponte cómoda Jane, y explícate. Te escucho… ¿recibiste un buen regalo de navidad de parte de James, no?- dijo Bella, sugerente y divertida, alzándole las cejas a su amiga Jane

-Bella…-

-¿Jane?-

-Después de la cena en casa, James me llevó a dar un paseo por un hermoso parque… y hacia frio… y bueno… me ofreció ir a su apartamento. Yo todavía no lo conocía… mmm… así que me pareció buena idea…-

-Conocer su apartamento… válgame el cielo. Prosigue Jane-

-Bien… emm… y bueno… llegamos a su apartamento, que tiene una vista fabulosa, es muy lindo, aunque él es un poco desordenado…-

-Tuvieron sexo, ¿verdad?- preguntó Isabella, interrumpiendo la verborrea de Jane, que era muy característico de ella cuando estaba nerviosa. Ella la miró con ojos muy abiertos, y luego agachó la cabeza, y asintió con lentitud

-Jane, por qué te avergüenzas… ¡¿Ese mal nacido te hizo daño, te obligó?-

-¡No Bella! No fue nada de eso… sabes que yo nunca…-

-¿Él lo sabía?-

-Sí… justo antes se lo dije… él se detuvo. Fue como si le hubiese dicho que tenía lepra…-

-Me es difícil pensar que él no lo intuía, digo, que eras virgen…-

-Seguro, la cosa es que se detuvo. Me dijo que no quería obligarme… ¡Pero qué demonios Bella, yo lo deseaba, me estaba quemando por dentro. Yo quería que él fuera mi primer hombre!-

-No-Lo-Puedo-Creer…-

-Bella, fue mágico, esplendoroso. Tan tierno, quizás se contuvo conmigo por ser primeriza, pero aun así, no puedo imaginar que exista nada mejor en este mundo para una mujer-

-Pues no existe nada mejor que eso Jane, dime ahora, ¿cuántas veces?-

-Cuantas veces qué cosa…-

-Cuantas veces lo hicieron- preguntó. Jane levantó su mano e indicó la cantidad de veces con su mano. Tres.

-¡¿Tres? ¡Diablos Jane, te has vuelto una ninfa de la noche a la mañana!-

-¡Eso no es cierto!-

-Sí lo es. Ahora, dime, qué tipo de lencería compraste- dijo ella. Jane animadamente, le contó que se había atrevido a comprar lencería muy reveladora, que hasta le había dado vergüenza probarse, pero ya ni modo, era para mantener a su amado contento. Y a ella misma. Mientras tanto, Isabella se sentía de algún modo agradecía de James, que había ayudado y contribuido en cimentar la seguridad de su amiga Jane, quien hace muy poco tiempo, se sentía tan igual como una hormiga.

Isabella aprovechó de contarle los planes de fin de año, sobre salir hasta Liverpool y pasar año nuevo allí. Seguro Edward lo hablaría con James, por lo que ella se comprometió en hablarlo con él esa misma tarde.

-¡Por favor! Necesito concentración. La línea de los vientos está fuera de tono, así que por favor, a revisar las partituras. Para ser alumnos de último año, el ensayo está dejando mucho que desear. Asique se centran en el trabajo o los calificaré sin contemplaciones, a todos- dijo Edward, en su papel de profesor a sus jóvenes alumnos, que habían regresado de sus vacaciones de navidad hiperventilados. Y de alguna manera él también lo estaba. Pero debía controlarse. Aunque recordar su fin de semana con Bella, lo hacía perderse en el recuerdo, olvidando donde estaba y qué estaba haciendo.

-¿Profesor Cullen? La señora Dwyer lo necesita en su oficina- dijo el mensajero, pillando a Edward desprevenido, perdido en sus recuerdos

-Sí..eh, voy enseguida- le indicó al amable hombre. Enseguida habló a sus alumnos –Me ausentaré unos minutos. A mi regreso los quiero a todos absolutamente alineados. De lo contrario, los calificaré con notas no muy buena, y hablo de hoy mismo, así que a trabajar. ¡No sean holgazanes!- dijo antes de salir, ganándose el abucheo respetuoso de sus jóvenes alumnos. Él sólo sonrió.

-¿Me necesitabas?- preguntó Edward tras golpear la puerta de la oficina de la directora

-Sí Edward, adelante por favor- dijo ella, amable como siempre

-Tú dirás-

-Bien, lo primero es saber si los muchachos están listos para el concierto de beneficencia para la primera semana de enero. Estamos comenzando a gestionar eso, incluso comenzar los ensayos en el auditorio de la sinfónica de Londres. Sabes que como todos los años, se espera recaudar una fuerte suma de dinero para el hogar de menores…-

-Sí Renée, puedes estar tranquila. Los chicos se están esforzando, aunque he debido apretarlos un poco… pero sí, no nos decepcionaran. Así que comienza con las gestiones, comenzar a practicar en el lugar cuanto antes, los ayudará a soltarse…-

-¡Perfecto! Comenzaremos las gestiones para comenzar los ensayos mañana mismo allí-

-Estupendo-

-Mmm… Edward… ahora debo hablar contigo de… otra cosa que me preocupa un poco…- admitió ella, cambiando el tono de su voz a uno algo más preocupado. Edward sabia de lo que se trataba

-Puedes decirme lo que sea Renée, seré completamente sincero contigo-

-¿Sabes de quien quiero hablarte, no?-

-Isabella-

-Sí, mi hija. Ella me contó lo de ustedes… lo que ocurrió antes de tu boda, o casi boda… y lo que sucede ahora… Edward, sé que tuviste con tu ex novia una relación muy sólida, y no quisiera saber que estas con mi hija por despecho o para sacarte a Tanya de la cabeza…-

-Renée, nunca haría algo así. Debo reconocer que lo mío con Tanya sí fue importante. Me hago responsable de su sufrimiento, y sufrí también por ello, pero eso quedó atrás. Si no estuviese seguro de querer estar con Bella, no lo haría…-

-¿La quieres Edward?- preguntó ella, interrumpiendo las explicaciones de Edward

-Estamos comenzando a descubrir nuestros sentimientos Renée. Seré sincero contigo, como lo he sido con ella: todo es reciente aun, y no quiero apresurar nada ni forzar nada. Las cosas ahora entre ambos se han ido dando de forma natural, y me encanta. Ella es la mujer con quien quiero estar ahora-

-No has respondido lo que te pregunté-

-Sí Renée, la quiero- admitió en voz alta. Por primera vez, Edward admitía querer a Isabella en voz alta. Y se sintió bien. Seguro de sus palabras. Ahora sabía que estaba preparado para admitirlo frente a ella.

-Nunca había visto tan feliz a mi hija Edward, ni tan vulnerable. No quiero que sufra, ni quiero que cometa errores…-

-Procuraré no hacerla sufrir, y procuraré también no cometer errores Renée. Confía en mí, por favor-

-¿Y Tanya?-

-Ella es parte del pasado. Te lo aseguro. Ella formó parte de mi vida, una parte importante, pero ahora mi presente es con Isabella, y creo saber y querer tenerla en mi futuro-

-Oh Edward- dijo ella, levantándose de su asiento, rodeando su escritorio, y acercándose a Edward para abrazarlo –Me siento tan tranquila oírte hablar así, con tanta seguridad. Gracias por hacer feliz a mi niñita. Gracias Edward. Ella se lo merece-

-Y procuraré hacerla feliz Renée. Lo prometo-

-Gracias- dijo ella, llena de agradecimiento por ese hombre que estaba sacando lo mejor de Isabella. Sabía que podía confiar en él.

-¿Alice? Debemos hablar- dijo Tanya, hablándole a su aliada amiga y hermana de su amor, quien seguro no tardaría en tenderle una mano

-Claro amiga, dime-

-Juntemos en un café, necesito de tu ayuda amiga-

-¿Se trata de Edward?-

-Por supuesto que sí. ¿Me ayudarás verdad?-

-Sss… si… este, supongo que sí- dijo ella, algo titubeante. Alice sabía que se había sobrepasado atacando a Edward en la pasada cena de navidad. Odiaba esa especie de tensión entre ambos, siempre se habían adorado. Ella lo adoraba, claro que sí. Pero lo que le había hecho a Tanya había sido un golpe bajo para ella, que lo tenía en la cima, como una especie de ídolo, y justo cuando supo loque ocurrió, este ídolo se le vino a tierra. Por lo mismo su actitud para con él. Y aunque había hablado con él sobre Isabella, sobre esos nuevos sentimientos, no podía dar crédito a que lo que alguna vez sintió por Tanya, desapareciera así de repente. Pero los hechos decían precisamente eso: ahora, en el último tiempo, su actitud era diferente, andaba feliz, contento, con un aire fresco, como hace tiempo no lo veía. ¿Será que lo que sintió por Tanya no fue amor?¿Será que en verdad esa boda, de haberse realizado, hubiese sido un error?

-¡Demonios Alice!- se espetaba ella misma, mientras iba de camino a la cita con Tanya, dando vueltas en su cabeza con todos esos cuestionamientos.

Al llegar al central café, buscó con la mirada a Tanya, quien enseguida, levantó una mano, haciéndole señas desde una mesa que quedaba junto a uno de los ventanales.

-¡Amiga! Qué bueno que llegaste-

-No te plantaría Tanya-

-Alice, estoy desesperada. Me estoy muriendo por dentro. Edward me ignora, ignora lo que siente por mí, y sé que sólo lo hace por darme un escarmiento. No está siendo justo, la que sufrió con toda esta historia fui yo, no él. No me merezco ser tratada así…-

-Tanya, detente. ¿No has pensado que Edward quizás… ya no sienta lo que antes sentía por ti?-

-¡¿De qué demonios me hablas? Lo conozco Alice, ¿o se te olvida todos los años que pasamos juntos?-

-No Tanya, no se me olvida… pero quizás sea mejor dejar las cosas pasar-

-¡No! No estoy dispuesta a perderlo. No cuando sé que él me ama Alice- dijo Tanya con fervor. Alice procesó durante unos minutos loque ella había dicho, "Pero si Edward la amara, la hubiese buscado, y de plano, no la hubiese engañado… ¡Dios, qué difícil posición ésta en la que me encuentro!"

-Y qué piensas hacer Tanya-

-Sé que ellos se encuentran a escondidas. Debemos como sea boicotear esos encuentro a como dé lugar. Abrirle los ojos a Edward, recordarle qué tipo de mujer es Isabella Swan… esa mujer debe tener montones de amantes por ahí, y no me extrañaría que estuviese engañando a Edward. Ya sabes, mujeres como ellas, no se conforman con tener un hombre a la vez…-

-Tanya, yo…-

-¡Oh Alice, te necesito para desenmascarar a esa mujerzuela!- suplicó, haciendo alarde de su posición de víctima, pues intuía que Alice titubeaba ante su petición de ayuda

-No quiero que mi hermano sufra Tanya-

-Ni yo amiga… ni yo… Por lo mismo, debemos hacerlo reaccionar. Hacer que su deslumbramiento por esa mujer desaparezca, y la única manera es sacando a la luz la verdadera personalidad de Isabella Swan-

-Tanya, yo sólo quiero la felicidad de mi hermano. Si esa mujer lo está engañando o usando o lo que sea, yo seré la primera en desenmascararlo. Pero Tanya, si ella es sincera con Edward, si él es feliz con ella, yo lo apoyaré. Es mi hermano, no le daré la espalda-

-Te demostraré con hechos qué tipo de mujerzuela es Isabella Swan, y me agradecerás que la haya desenmascarado. Edward, tu familia y tú me lo agradecerán. Te lo juro Alice, te lo juro- concluyó Tanya, comenzando a idear en su cabeza, trampas para hacer caer a esa mujer que le había arrebatado a su hombre. Comenzaría a investigar, y sabía que tarde o temprano Isabella caería. Y ella estaría ahí para restregarle en su cara el triunfo.

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