Hola a las que leen... bueno, gracias a las niñas que siguen leyendo la historia. Se que no son muchas, pero aun asi les estoy agradecidas en el alma por sus lecturas y sus comentarios (si lee, comente, para mi es importante saber que piensa, si?)
Bueno, les dejo actualización, asi que a disfrutar.
Besos a todas =)
Cata
ENFRENTAMIENTOS
Isabella recibió el año nuevo con una luminosa y radiante sonrisa de oreja a oreja. El haberle hablado a Edward de sus sentimientos, decirle que lo amaba en voz alta y esa misma admisión que él había hecho por ella, hizo que en su pecho estallara una bomba de felicidad, como nunca antes la había sentido por nadie. Ya no albergaba ese sentimiento de soledad que siempre la inundó. Se había disipado en el mismo momento que Edward le dijo: -Isabella, yo te amo-
Las celebraciones de año nuevo, por consiguiente, fueron para las tres parejas algo muy especial. Jane y James en su propia burbuja romántica. Emmett y Rosalie en pleno proceso de coqueteo y conquista. Ella aún no había cedido con él. Aunque Rosalie debía reconocer que ese "tierno gigante" era de lo más tierno, y le estaba ayudando a olvidar su triste historia pasada. Pero no quería adentrarse en una relación seria tan prontamente. Y eso Emmett lo entendía. Pero aun así, su arenga seguía en pie: "¡Emmett, firme en la batalla por la conquista del corazón de la hermosa Rosalie!".
Edward, al igual que Isabella, se sentía feliz. Y no tenía miedo de decirlo ni reconocerlo, por lo que llegando, decidió hablarle con sinceridad a sus padres sobre esta nueva etapa de su vida y esta nueva oportunidad que se estaba dando con Isabella:
-¿¡Me estás diciendo que ya tienes una relación con esa mujer, Edward!- preguntó Esme, visiblemente molesta por semejante declaración que su hijo acababa de hacerle a ella y a Carlisle
-Sí madre- asintió él, estoicamente
-¡¿Estás loco?- le espetó, furibunda, no dando crédito a lo que oía
-Esme, tranquilízate por favor- le dijo Carlisle a su esposa, tratando de calmar los ánimos
-¿Qué me tranquilice? Edward ni siquiera se ha dejado que pase un tiempo prudente, no ha respetado a Tanya que ha sufrido, ni si quera se ha dado el tiempo de pensar en arreglar el entuerto que él mismo provocó- rebatió Esme a su esposo. Ahora miró a Edward y lo enfrentó: -Esa mujer no es para ti… Tanya es la mujer ideal para ti…-
-De qué me estás hablando madre… si no estuviese seguro de mis sentimientos hacia Isabella, yo no…-
-¡Estas confundido! Esa mujer se las arregló para envolverte en su trampa, destruyó el futuro que tenías planeado con Tanya… ¡arruinó tu vida!-
-¡Madre! Por qué me estás hablando así… yo amo a Isabella, y alguna vez amé a Tanya, pero creo que nuestro matrimonio hubiese sido un error, finalmente hubiese terminado en un divorcio…-
-¡Patrañas! Estas buscando explicaciones para usarlas como excusas para tu comportamiento. Lo que sientes por esa mujer no es amor ni mucho menos Edward. Tu lugar está junto a Tanya…-
-¡Suficiente madre! Basta ya con eso de que mi lugar está junto a Tanya. Eso es pasado, se acabó. Ahora estoy con Isabella…-
-Escúchame bien Edward Cullen, esa mujer nunca será bien recibida en esta familia. Ella no es bienvenida- sentenció, dejando a Edward desconcertado. Esa reacción se la esperaba de cualquiera, menos de su madre
-No sabes lo que me lástima que me digas eso, madre. Si la rechazas a ella, me rechazas a mí, pues ella ahora es parte de mi vida- dijo Edward, sintiendo un nudo en su garganta. Y es que nunca siquiera se imaginó que su bondadosa madre se pusiera en ese plan. Sus palabras lo hirieron, tenía la sensación de que algo se había roto entre su madre y él. Y odiaba que así fuese. Sin decir más, y con un gusto amargo en su interior, dio media vuelta y salió del apartamento donde sus padres se encontraban alojando.
Esme se quedó estática durante un buen rato, ante la sorprendida mirada de su esposo Carlisle, quien casi no había intervenido en aquella discusión.
-Te extralimitaste Esme-
-¿Me extralimité?¿Yo me extralimité?¿A caso olvidas lo que esa mujer hizo, lo que le hizo a Tanya, a Edward, a nuestra familia?-
-Ese fue un error de ambos…-
-¡Esa mujer lo engatusó, lo sedujo… ahora debe estar feliz de que él esté comiendo de su mano!-
-Me parece que olvidas de a quien has criado Esme. Edward reconoció su error, sabes que es una persona sensata, que no actúa alocadamente. Si él decidió estar junto a esa chica es porque realmente siente lo que dice sentir por ella. Si él cree que fue lo correcto no seguir adelante con su relación con Tanya, pues yo le creo. Las cosas no sucedieron de la mejor forma, como deberían haber ocurrido, pero quizás él tenga razón, y su matrimonio con Tanya hubiese ido directo al fracaso…-
-No puedo creer lo que estoy oyendo de ti, Carlisle. Esa mujer cambió a mi hijo…-
-Esme, Edward ha venido dando señales de que su relación no era lo que esperaba con Tanya desde mucho antes de que Isabella apareciera en su vida. Yo esperaba que él lo reconociese, pero no lo hizo hasta que otra mujer removió sus sentimientos… Dale algo de crédito al hijo que tú has criado…-
-¡No Carlisle! Esa mujer está logrando apartarnos de nuestro niño… ¡La odio por eso!- dijo en llanto, apartándose de la sala. Se encerró en su cuarto a pedirle a Dios que la iluminara o que le diera alguna señal sobre si estaba o no haciendo las cosas bien. Pero su instinto materno la estaba llevando a intentar alejar a su hijo de esa mujer, que lo único que había hecho desde que había aparecido en sus vidas, era desordenarlo todo, haciendo daño y destruyendo sin contemplaciones.
Asique sin pensarlo mucho, decide ir y enfrentar a esa mujer. Decirle en su cara lo que piensa de ella y de esa "pseuda relación" que ahora tiene con su hijo.
La matriarca de los Cullen, llegó hasta el imponente edificio de Swan Motors. Erguida y decidida, subió por el elevador hasta el último piso donde supo que se encontraban las oficinas de gerencia.
-Necesito hablar con Isabella Swan-
-¿Tiene cita con ella?-
-No-
-Lo siento, debe concretar una cita con la señorita Swan…-
-Dígale que Esme Cullen está aquí y que me urge hablar con ella- exigió Esme muy seriamente
-Veré si la puede recibir- dijo una de las secretarias. Marcó el anexo de la oficina de Isabella, y en cuanto se comunicó, le dijo a su jefa que una mujer insistía en hablar con ella.
-¿Tiene cita?-
-No señorita Swan-
-Entonces ya sabes que responderle…-
-Espere un momento, dice que es Esme Cullen y que le urge hablar con usted- avisó la secretaria. Un escalofrío de nervio recorrió el cuerpo de Isabella. Su "suegra" estaba aquí. "Demonios, no la puede hacer esperar"
-Ok, hazla pasar, y avísale a Rosalie que me retrasaré unos momentos para la reunión-
-Como diga señorita Swan- dijo la secretaria, y enseguida cortó la comunicación. Isabella se puso de pie, arregló su falda, pasó la mano por su cabello, y esperó los golpes de la puerta que anunciaran la llegada de Esme.
Knoc Knoc, golpeó alguien desde afuera dos veces. Isabella carraspeó y esperó que su secretaria entrara con Esme. Y así ocurrió.
-Esme, por favor, adelante- dijo Isabella tratando de sonar segura y amable, y no nerviosa e insegura como en verdad se sentía.
-No vengo a hacer vida social, ni mucho menos darte mi bendición- comenzó a decir Esme, sin rodeos. Isabella la observó sorprendida, pero no la interrumpió –Edward nos habló de su "relación" contigo, y déjame decirte mujercita, que no puedo estar en más desacuerdo con esa estupidez. Cuando a ti se te quite la calentura por mi hijo, él quedará destruido, y habrá perdido la oportunidad de su vida junto a Tanya, la mujer con quien él debe de estar…-
-Señora, yo…-
-¡No me interrumpas!- refutó la indignada Esme
-Yo amo a Edward, no es un capricho-
-¡He dicho que no me interrumpas! A mí no puedes envolverme con esas mentiras. Mujeres como tú no aman-
-No me ofenda señora-
-¡Es tu propia actitud la que habla por ti, "señorita Swan"! Conozco a mi hijo, y tarde o temprano recapacitará y volverá con Tanya, el amor de su vida, la mujer a quien le corresponde estar junto a Edward. La mujer con la que mi hijo debe estar. Quien en verdad se lo merece- dicho esto y sin esperar las réplicas por parte de Bella, Esme se irguió y salió de esa oficina, dejando a Isabella muda. Ella, por lo que el mismo Edward le había contado, sabía que Esme Cullen era una mujer cálida y amable, y no la mujer ruda e descortés que acababa de pasar por allí. Sus palabras fueron hirientes, seguramente movidas por su instinto de fiera materna. Y es que, cualquier madre querría proteger a su hijo de una mujer como yo, pensaba Isabella, muy triste, después de haber oído las palabras de esa mujer. Se dejó caer sobre su asiento de cuero, apesadumbrada y con ganas de llorar. Sus pecados del pasado volvían a su presente para cagárselo. Eso, cagárselo. Pero ella había cambiado, ¿Cuánto se demoraría en demostrarlo?
-¡Dios, cómo necesito de los brazos de Edward en ese momento!- dijo, pensando en que quizás él también haya tenido una especie de discusión con su madre. Eso la hacía sentir peor.
Jane, que vio salir a la menuda y hermosa mujer de color caramelo de la oficina de Bella, hecha un energúmeno, se impacientó. Le preguntó a la secretaria que la había atendido sobre quien era, y cuando ella le comentó que era alguien llamada Esme Cullen, Jane activó sus sensores de preocupación, y se dirigió enseguida a la oficina de gerencia, donde su amiga se encontraba literalmente echada sobre el escritorio.
-¿Bella?¿Qué sucedió con esa mujer?-
-En resumen, me enrostró que no soy digna de su hijo, y que de paso, nunca seré bienvenida en su familia…- le contó, sin levantar el rostro, que estaba escondido en sus brazos, sobre la base del escritorio
-Eso no es justo que te trate así Bella, ella no te conoce…-
-Rompí el cuento de hadas que Edward tenía con Tanya. Soy la bruja…-
-Eso no es cierto. Ok, eres algo bruja… y quizás cometiste algunos errores…- comenzó a decir, cuando vio que Isabella levantaba su cabeza para mirarla, como queriendo decir "¿dices eso para ayudarme?" –decía que has cometido errores, pero has rectificado, amas a Edward y él te ama, ¿no?-
-Si…-
-Dale el tiempo para que te conozca mejor…-
-¿Conocerme mejor Jane? Si ni siquiera quiere que me acerque. "Persona non gratan", ¿entiendes?-
-Se va a arrepentir de lo que te dijo, ya verás. ¿Por qué no le hablas a Edward…?-
-¿Y agobiarlo aún más? Oh no, creo que no. Ya tendré tiempo de hablar con él luego… No pensé nunca que las palabras de esa fueran tan hirientes, y odio pensar que con Edward pudo haber tenido una discusión similar… ella no me quiere-
-¿Y te importa?-
-¿Cómo?-
-Digo si te importa. Oye, generalmente las suegras son los personajes quienes piensan que sus nueras son brujas que vinieron a atrapar a sus niñitos, ¿no? Pero mientras Edward te ame…-
-Tú y tus conclusiones Jane- dijo Isabella, sonriendo, y dándole un poco de razón a lo que Jane le acababa de decir.
Después del controversial encuentro con Esme Cullen, Isabella se sumergió en el mar de trabajo que la esperaba. El año comenzaba y había que echar a andar una serie de tareas y lineamientos para la empresa, además de una nueva cartera de proveedores que negociaría con ella en esos días, y la posibilidad de seguir ampliando su mercado y ser distribuidores automotrices en varios lugares de Latinoamérica. Rosalie y Jane había vuelto recargadas de energías de su viaje, y ella no podía ser menos. Este altercado con Esme no podía desanimarla, n menos alejarla de su objetivo profesional. "Nunca nadie lo hizo, y nunca nadie lo hará…" pensó. Ok, quizás ahora las cosas sean diferentes, y Edward sea la excepción a esa regla. Pero en ese momento decidió concentrarse en su trabajo y dejar atrás lo demás. "Además, si no le gusto a la madre de Edward, pues mal por ella… mientras le siga gustando a su hijo, para mí no hay problema" pensó Isabella, poniendo punto final a su lucha interna.
Esme Cullen se fue directo a un café del centro de Londres donde su hija Alice y Tanya la habían convidado. Ella necesitaba despejarse para pasar el mal rato, primero con su hijo y luego con esa… mujer.
Al llegar a la cita, su hija en seguida se percató de que algo raro ocurría con su madre, y enseguida se lo preguntó:
-¿Tuviste una pelea con papá?-
-Por qué lo preguntas-
-Por tu semblante. La conozco bien señora Cullen, así que díganos que pasó…-
-Alice, no sé…-
-Puedes hablar en confianza Esme- intervino Tanya
-Tanya, hija… esto te compete de alguna manera… pero quiero que sepas que tienes mi apoyo incondicional. Eres como mi hija, lo sabes..- dijo de forma tierna, apretando la mano de Tanya que descansaba sobre la mesa
-Claro Esme, y te lo agradezco- contestó ella, ahora intrigada por lo que Esme contaría, aunque supo que se trataba de algo relacionado con Edward
-Edward fue esta mañana a hablar con nosotros. Hace días que no lo veíamos, sabíamos que había ido a pasar año nuevo con algunos amigos a Liverpool… bueno… yo no sabía nada hasta que él me dijo…-
-Mamá, no le des más vueltas y dinos de una vez que te dijo Edward-
-Que estaba enamorado de Isabella Swan y que había comenzado una relación seria con ella- largó, sin pausa. Alice y Tanya se la quedaron mirando, espantadas.
-¿Y tú qué le dijiste?- preguntó Esme, entendiendo ahora el estado de ánimo de su madre
-Le dije que era una barbaridad, que esa mujer no había hecho más que daño a él y por consiguiente a nosotros, por lo tanto no la permitiría dentro de la familia-
-Y cómo reaccionó Edward- quiso saber ahora la menor de los Cullen
-Pues cegado por su pasión, la defendió, y que si no era ella bien recibida, pues él tampoco. Sé que es algo pasajero, que terminará tarde o temprano- explicó Esme con cautela, tratando de no causarle más dolor a la pobre Tanya
-Edward no actúa sin pensar…- dijo Alice
-Lo hizo cuando me engañó, Alice, supongo que eso no lo has olvidado- recordó Tanya, que vio el titubeo en su amiga Alice. Se supone que esas mujeres eran sus aliadas, y la reacción de Esme era una carta de triunfo para ella. Edward no haría algo que hiciera sentir mal a su madre, menos alejarlo de ella. Asique quizás era cuestión de tiempo para que él sopesara las opciones, y rectificara, volviendo al fin a ella. "Prudencia y paciencia Tanya, prudencia y paciencia…" pensaba Tanya para ella.
-Sí, pero él reconoció su error… no sé…-
-Alice, ¿no me digas que estás de acuerdo con esa insensatez por parte de tu hermano?- cuestionó la madre a su hija un tanto alterada
-Estoy pensando en Edward mamá…- se defendió ella. No quiso seguir exponiendo su punto de vista, pero sabía que después de esto, su hermano se mantendría alejado de la familia. Alejado y solo. Fuera de eso, ella se había percatado del extraño comportamiento de Tanya, con esas ínfulas de vengadora que la asustaban, y que no eran características propias de la Tanya que ella conocía, de su amiga. "¡Qué hago, qué hago…!" Hablar con Edward. Ella no se había comportado del todo bien con él, por prestarle su incondicionalidad a Tanya, pero de alguna manera, había visto a su hermano diferente de cómo lo conocía, con aires nuevos, incluso más alegre. Debía darle la oportunidad de hablar. Y lo apoyaría, lo haría si era correcto y necesario.
Edward, después de los extenuantes ensayos para presentar a su grupo de alumnos en la sinfónica, se fue a su apartamento para preparar la cena con que agasajaría a su chica. Comida italiana, la preferida de ambos…. Aunque "preparar" la cena no era precisamente lo correcto decir, cuando en verdad Edward había optado por lo práctico y había decidido dejar la preparación de aquella cena en manos de expertos, comprándola en un restaurante, lista para calentar y servir. Le dio tiempo para ducharse y preparar la mesa, antes que Isabella llegara. Una de las cosas que debería hacer, era contarle sobre su no muy amistoso encuentro con su madre, que lo dejó con el ánimo decaído. Sus padres y sus hermanos sobre todo Esme, siempre le habían apoyado en cada decisión que él tomaba. Por lo mismo, desconoció y le dolió la reacción de su madre. Le extrañó que su padre no intercediera más allá, peor ya con él había hablado hace tiempo, y de alguna manera, no de forma muy explícita, sentía su apoyo. Y lo agradecía. Por otro lado estaban sus hermanos: de Emmett no tenía nada que decir, sino estar agradecido, pues pese a prejuzgar a Isabella, se dio el tiempo de socializar con ella y comenzar a conocerla. No por nada, Emmett ya decía que "amaba a su nueva cuñada". Y Alice… de alguna manera estaba dolida porque le falló como hermano, y es que siempre su pequeña hermana lo vio como el chico perfecto, casi un héroe, y con lo sucedido, se había decepcionado de él. Eso también lo lastimaba. Se sentía solo, lejos de su familia… pero ahora estaba Isabella, a quien amaba y por quien lucharía.
Isabella entró al apartamento de Edward con las llaves que él mismo le había entregado. En cuanto cruzó el umbral, sintió el aroma a comida italiana. Sería perfecto, pues desde el medio día que no ingería alimento, por lo que a esa hora, se pensó capaz de comerse el contenido total de esa cena. Sola. Edward, en cuanto sintió la puerta cerrarse, dejó sus menesteres de la cocina, y se dirigió a darle la bienvenida a Bella. Sonriéndole, se acercó a ella, y la abrazó, besándola con pasión.
-Te estaba esperando…-
-Estaba ansiosa de llegar, ¿has cocinado tú?- le preguntó, mientras lo acompañaba a la cocina a terminar de preparar la ensalada
-Casi-
-¿Casi?-
-La ensalada la estoy preparando yo. La cena y el vino los compré-
-¡Te has esmerado entonces! Ahora déjame ayudarte a poner la mesa- dijo ella, sacando los cubiertos, los vasos y las servilletas para llevarlos a la mesa
-Esto… esto está delicioso-
-Los cocineros italianos saben lo que hacen…-
-Y la ensalada también está deliciosa-
-Ese es todo mi mérito- asintió él casi orgulloso, mientras bebía de su copa de vino. Estar con ella lo relajaba, lo distendía, sobre todo después de su ardua tarde de trabajo, pero le inquietaba el hecho de tener que contarle lo de su madre. Asi que no dilató más el relato –Hay algo que tengo que contarte-
-Dime-
-Hoy hablé con mi madre-
-Ya lo sé-
-¿Cómo que lo sabes?-
-Ella misma me lo dijo. Fue hasta mi oficina…-
-¡Por todos los cielos! Qué te dijo…-
-Que les habías contado sobre lo nuestro, lo que me puso contenta, no puedo negártelo. Pero después me dijo, en resumen, que no soy de su agrado y que no soy bienvenida- le contó ella con mucha tranquilidad.
-¿Te ofendió?-
-Edward, es natural la aversión que ella tiene contra mí. Tú y yo sabemos el por qué, así que no la puedo culpar…- dijo, agachando su cabeza con algo de vergüenza
-¡Hablaré con ella! ¡No puedo creerlo!"- dijo, levantándose de la mesa, sintiendo tanta ofuscación que tiró de su cabellera, muy propio de él cuando se sentía así. Isabella suspiró y se levantó para acercársele y tratar de calmarlo
-Aunque no me lo hayas dicho, sé que tu charla con ella no terminó en muy buenos términos. Eso es lo que más me duele, ser de alguna manera la culpable de eso…-
-¡No Bella! No eres culpable de nada. Si ella ni los demás miembros de mi familia entienden esto, no me importa. Ahora estoy contigo, por lo mismo, no dejaré que nadie te ofenda, menos si los que lo hacen son mi propia familia
-Edward, sabíamos que esto era complicado, pero dejemos que pase algo de tiempo, ¿sí?-
-No te voy a dejar Bella, no ahora, no después de todo lo que hemos pasado-
-Ni yo a ti Edward, pero debemos ir con calma. Dejemos que las cosas se tranquilicen, y no te apartes de ella, no dejes que esto los aparte, reconcíliate con ella, ya veremos qué pasa luego-
-Lo intentaré- dijo, para luego abrazar a Bella con fuerza, jurándose una vez más a sí mismo que nada ni nadie lo apartaría de ella.
Edward trató de persuadir a Isabella que se quedara con él esa noche en el apartamento, y es que después de todo, la necesitaba. Ella, que también deseaba quedarse, no cedió, pues debía madrugar para recibir a una delegación rusa de empresarios que llegaba a cerrar un trato importante. Además, Edward también debía salir temprano de casa, y si ella se quedaba, probablemente no dormirían y les costaría levantarse al otro día.
-Mañana me quedo contigo, ¿ok?-
-Sabes que ya no me está gustando esto de las despedidas…- admitió Edward, haciendo que Bella se estremeciera, pues eso era como lanzar la idea de vivir juntos… ni siquiera lo había pensado
-Bien señor Cullen, me voy. Mañana nos vemos, ¿si?-
-Llámame en cuanto llegues-
-Claro. Te amo Edward-
-Te amo Isabella- dijo, despidiéndose de ella con un beso lleno amor, pasión y añoranza.
Cuando Isabella llegó a la entrada de su casa, los portones de metal automáticos se abrieron para que entrara en su coche. Pero una figura masculina se interpuso en la entrada, bloqueándole el paso. Ella no lo reconoció, pues estaba oscuro. Subió las luces del vehículo, y en cuanto ajustpo su vista, reconoció al hombre, y no dio crédito a lo que veía. Una furia desmedida se comenzó a apoderar de ella, y sin pensarlo, descendió del coche y lo encaró:
-¡Qué haces tú aquí, mal nacido!-
-Cálmate Bellita, tenemos una conversación pendiente…-
-¡Maldita sea, no tengo nada que hablar contigo!- le gritó
-Sabes, al igual que yo, que éste encuentro lo has esperado, durante muchos años, ¿no es así, Bella?- dijo el hombre, desafiante, ante la furibunda mirada de Bella, quien en cualquier momento estallaría y dejaría caer su rabia y su ira sobre aquel hombre, que había regresado, de seguro a nada bueno.
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