Hola nenas! Bueno, aquí les dejo otro capi de esta locura... ¿les va gustando? Espero que sí. Gracias por sus comentarios y por sus avisos de favorito.

Dedicado a Ustedes nenas, ya saben

Aps, y mención honrrosísima a mi Beta Paly Paly!

Abrazos y disfrutad!


Poco habitual

Isabella se sintió tranquila, cuando por la noche vio llegar a Edward, quien se veía algo extraño. Él insistía que no era nada, y que probablemente todo esto a él le estaba pasando la cuenta, además del trabajo en la universidad. Por supuesto, omitió el detallito de su encuentro con Black en la entrada. No la abrumaría con eso.

Luego de comer algo liviano, se fueron a recostar al dormitorio de Bella. Allí, Edward la mimó por un buen rato. En aquella sesión de caricias no había nada sexual, sólo pura ternura. Lo que Isabella necesitaba en ese momento. Aunque se suponía que aquella sesión de relajación era para Bella, pero quien terminó por dormirse primero fue Edward. Allí, ella aun despierta, hizo memoria de todo lo que había ocurrido. No podía ser que la vida la golpeara tanto, menos ahora que estaba tratando de hacer las cosas bien. O aprendiendo a hacer las cosas bien.

Primero, la familia de su amado no la quiere, claro, a excepción de Emmett que siente un "inexplicable" cariño por ella. Segundo, la ex novia de su amado, a quien ella por cierto le hizo la vida a cuadritos, estaba sobre ella como ave carroñera, lista para a tacar en cuanto fuese posible, todo por recuperar a Edward. Tercero, la aparición del maldito hijo de la grandísima puta, Jacob quien lograba hacer renacer en ella un odio del pasado con tanta fuerza como la avasalladora pasión que alguna vez sintió por él. Como bonus track a la llegada del perro de Jacob, el golpe que él le propinó a ella, con respecto a la traición de Jane, que de alguna manera en ese instante, era lo que más triste la tenía. Con lo demás podía lidiar, pero con eso… estar enfadada con su mejor amiga, con su hermana, era algo que le pesaba, y mucho.

-¡Por un demonio!- dijo ella, lanzando un puñetazo sobre el colchón, haciendo que Edward se removiera de su sueño

-Duérmete Bella…- le dijo él, aún entre sueños. Enseguida volvió a dormirse. Y allí ella se lo quedó viendo. ¿Qué habría sido de ella en ese momento si Edward no hubiese estado? Probablemente haciendo alguna estupidez. Pero allí estaba él, para sostenerla, guiarla, acompañarla y amarla. Era lo que ella necesitaba.

Dio un gran suspiro, y despacito se acomodó en el pecho de su amado, quien enseguida en un acto reflejo, la envolvió con sus brazos apretándola con fuerza. Allí ambos, después de tan extenuante día, lograron descansar.

-¿Hablarás con Jane hoy?- preguntó Edward, mientras se calzaba su abrigo para salir

-Edward…- respondió ella, un poco cabreada de la insistencia de Edward con el temita de Jane

-Nena, por favor…-

-Ok Edward. Ahora ve en paz, exprime a tus pobres estudiantes mientras yo hago negocios. ¡Vete! Antes que mi madre te despida…- le dijo, guiándolo hacia la entrada de la casa. Dormir tan relajados les había sentado bien a ambos. Habían amanecido de buen humor, y por supuesto, habían recibido al astro rey haciendo el amor de forma tierna y lenta:

-Es una buena manera de empezar el día…- dijo él, mientras besaba su cuello

-Oh sí… como la leche con cereales…- respondió ella.

Pocos minutos después que Edward saliera de casa de Isabella, cuando ella iba subiendo hacia su recamara a arreglarse para salir a la empresa, sintió movimiento en el recibidor de la casa, como si alguien viniese llegando. Ella frunció el ceño algo confundida, luego sonrió pensando en que Edward podría haber regresado…

-¡¿Nadie viene a recibir al dueño de casa?- gritó el hombre desde la entrada. Claramente, Isabella erró en sus predicciones. Volvió a bajar los peldaños de la escalera y fue hasta el recibidor, donde vio a su padre, que se deshacía de su chaqueta. Él, al percatarse de la presencia de su hija, la miró y le sonrió

-¡Miren quien está aquí, mi mariposita!- dijo él, con su muy buen humor de siempre. La que no reaccionó como siempre fue ella, que por un impulso, los que últimamente la estaban dominando, fue hasta su padre, y lo abrazó con fuerza.

-Papá…- dijo con añoranza, con la alegría y la emoción de ver a su padre. Cada vez que él llegaba de esos viajes, ella deseaba abrazarlo como ahora, pero siempre se frenaba. No le gustaban esas muestras de cariño, pero ahora necesitaba compañía y afecto, quizás como siempre lo ha necesitado. Lo diferente es que esta vez aprovecharía ese cariño.

-¿Mariposita?¿Bellita, hija?- a Charly también le extrañó el no habitual recibimiento de su hija, pero aun así, quiso disfrutar de aquel abrazo que hace tanto tiempo anheló recibir de forma espontánea por parte de su hija, como ahora lo estaba recibiendo. Lo emocionó un poco, pero como buen "macho" que era, se tragó las lágrimas y disfrutó del abrazo con su pequeña nena.

-Me alegro que hayas vuelto pa'…-

-¿Estás bien Bella?¿El tipo que iba saliendo de casa te hizo daño? Ya sabes que no me gusta meterme en tus cosas, pero…-

-Edward ha sido el único hombre que no me ha hecho daño Charly. Ya te lo presentaré- le dijo ella, sonriendo. Eso le gustó a Charly, ver sonreír a su hija, ejercicio que no era habitual en ella tampoco. "Ese Edward ya me cae bien…" pensó, sonriéndole de regreso

-Entonces nena, ¿tienes tiempo para desayunar con tu padre? Te traje regalillos, ya sabes…-

-Me quedo a desayunar contigo. Rose hace muy bien su trabajo y yo de alguna forma descanso en ella. Nos hemos hecho muy buenas amigas-

-Eso me complace, mariposita. ¿Y la loca de tu madre?¿La has visto?-

-Sí, ella y yo hemos estado… acercándonos. Las cosas van muy bien entre nosotras. Pasé navidad con ella, y siempre nos juntamos a tomar algo. Ella está muy bien con su nuevo novio…-

-¿Nuevo novio?-

-Si Charly… no estarás celoso…-

-Claro que no… ahora ven, tomémonos un té y charlemos nena, que te he extrañado- tomó a su hija por los hombros y la guió hasta la cocina, saludaría a las "muchachas" como él siempre les decía, y allí tomaría su desayudo. Eso no era habitual tampoco, "Pero ya que tanta cosa…" Así como iban las cosas, de seguro desayunarían con las muchachas también.

-Aunque no lo creas, yo igual te he extrañado Charly- declaró ella ahora, sintiéndose distendida con la llegada de su padre.

-Me agrada escucharlo mariposita…-

-¡Deja de llamarme mariposita!- refutó ella, golpeando el pecho de su padre, mientras iban de camino hasta la cocina.

-Jane, como te sientes- preguntó Rosalie, cuando vio a Jane instalada en su escritorio, con un semblante de tristeza que no era característico de la tímida chica, que siempre ofrecía una sonrisa a su prójimo.

-Estoy bien Rosalie, lista para trabajar-

-Oh, sí… ya veo. Tu jefa me llamó y me dijo que vendría hasta después de almuerzo a la oficina. Charly llegó y quiere pasar tiempo con él… oh sí, ya sé… ¡cómo nos cambia el amor!- dijo ella, sabiendo que no era normal que Isabella dejara de venir a trabajar, mucho menos por pasar tiempo con su padre. Pero ella estaba cambiando. Eso era bueno.

-Entiendo, adelantaré algo de trabajo…- respondió Jane, sin hacer más comentario a lo dicho por Rosalie, y con un tono monocorde que preocupó a Rose

-Jane, ¿me puedes explicar que te sucede? Por qué ayer Isabella estuvo solo unos minutos en su oficina, en donde discutió contigo y luego se largó…- informó Rosalie. Jane levantó la vista y dio una mirada de reojo a las "metiches" esas de las otras dos secretarias, que de seguro le fueron con el chisme.

-Rosalie, seguro lo sabrás, pero no aquí, no ahora, y no por mí… lo siento-

-Está bien. A trabajar ahora. Mi asistente estará en las entrevistas de trabajo reclutando a los seis candidatos preliminares para ocupar el puesto que Newton dejó. Durante la tarde, la psicóloga, el encargado de recursos humanos y yo nos reuniremos para dejar al candidato definitivo y cubrir de una vez la vacante. Eso no pasa de hoy-

-Me encargaré de la reunión con los gerentes de la red de sucursales, y de la cena con los argentinos-

-Perfecto. ¡A trabajar mujeres!- indicó como arenga Rosalie, para luego entrar a su oficina para comenzar el día

Jane había llegado en la mañana muy temprano, preparada para cualquier escenario al que se pudiese enfrentar respecto a lo de Isabella. De cualquier manera, le pediría perdón. Ella debió decirle, no debió esconderle lo que hizo.

Se sentía tan culpable, pero lo que hizo lo hizo con la sola intención de ayudarla. Ese deseo de venganza la estaba destruyendo lentamente, y ella quería evitar eso. ¿Pero sería Isabella capaz de entenderlo?, se preguntaba la pequeña Jane. Ella conocía a su amiga, a su hermana, y tuvo esperanza de que ella entendiera, y la perdonara. De seguro la Isabella de antaño la mandaría a un demonio, pero la Isabella de ahora…

Pedir perdón, es lo que haría, aunque James había puesto el grito en el cielo cuando Jane le habló de pedirle perdón a Bella:

-¡¿Perdón? ¡¿Por qué le vas a pedir perdón Jane, si no has hecho nada malo?-

-Sí actué mal James… ella se sintió traicionada por mí, y de alguna manera la traicioné. Debo pedirle perdón-

-¡No! No Jane, no estoy de acuerdo- espetó furioso el joven abogado, que odiaba que su chica tuviese que asumir una culpa de algo, que a su juicio, no era ni un pecado ni nada por el estilo, como ella insistía en hacerlo parecer.

-Ella ha estado conmigo siempre, protegiéndome como si en verdad fuera parte de mi familia. Nunca me dejó sola, y ahora…-

-¡No estás sola, yo estoy contigo!- le gritó con rabia.

-James, por favor, no más…- suplicó ella, dejándose caer en la cama, y tapándose la cara con las manos, mientras lloraba, agotada también por toda esa situación. James hizo a un lado su rabia y se fue hasta ella y la abrazó, pidiéndole perdón ahora él a ella. A James, le era difícil entender la relación de hermandad tan potente que había entre Isabella y su Jane. Pero de cualquier forma, en ese momento ni en adelante, no lo cuestionaría más.

-Entonces, Santa te trajo un novio. Debes haberte portado muy pero muy bien, eso es bueno- comentó Charly, mientras devoraba sus huevos revueltos con jamón y su gran tazón de leche con chocolate.

-Sé que no he sido una buena mujer, pero estoy tratando de mejorar Charly- asumió ella, tomando su tacita de té de menta, mientras soportaba estoicamente el desagradable olor de los huevos.

-Y confío en ti mariposita. Ahora dime, cuando me presentarás a ese cretino que me quiere robar el cariño de mi hija….-

-Quizás esta misma noche, o durante el almuerzo, no sé, no estoy segura. Pero será pronto-

-Y podemos armar una cena familiar con la suya y nosotros, y conocernos, y…- pero antes que su padre siguiera armando fiestas, ella lo detuvo

-Charly, Charly, cálmate por favor… digamos que… no soy la mujer ideal para Edward, según su madre, su padre y su hermana- contó ella con algo de pesar.

-¡¿Qué? ¡Qué se cree esa gente! Grrr… y él qué ha hecho al respecto, eh? Supongo que no se esconde en la pollera de su "mamita", ¿no?- dijo enérgicamente y algo contrariado.

-Charly, esto es difícil para él también. Pero pese a todo, decidió estar conmigo…-

-Mmm… más le vale. Pero bueno, ahora hablemos de cosas serias, dime como marcha nuestro negocito…-

-Sobre ruedas, ya sabes. Somos un muy buen equipo de trabajo, así que no debes preocuparte, puedes emprender viaje luego, aquí no deja de hacer frío y sabemos que odias los inviernos…- un poco más aliviada por el cambio de tema.

-Mira, creo que debo sentar cabeza…- comenzó a decir Charly

-¡Válgame el cielo!- bromeó ella, alzando las manos al cielo, en forma de burla frente a lo que su padre decía.

-Creo que me quedaré aquí… no sé, llámalo intuición, pero creo que debo quedarme aquí. No sé por cuanto tiempo, pero será una temporada larga, quiero ver in situ el movimiento de la compañía y los últimos negocios que hemos hecho. No es que desconfíe de ustedes, pero quiero estar allí- explicó seriamente el patriarca, haciendo sonreír a su hija, quien se sentía aliviada de tenerlo cerca.

-Suena bien. Ahora señor Swan, muéstrenos a mí y a las muchachas esos regalitos de los que habló en llegar- dijo Bella, haciendo que las chicas que trabajaban para ella en los menesteres de la casa, sonrieran. A ellas también les estaba agradando este cambio de la dueña de casa.

-¡Ya verán! Todas tendrán su regalo, para que vean que soy un buen patrón y que mimo a mi gente. Asi que vámonos al estudio a revisar los regalos mujeres- dijo, levantándose de la mesa.

-Ya oyeron al dueño de casa, ¡vámonos chicas!- dijo Bella, instando a las tres mujeres a que les acompañaran. Después de todo, esas mujeres eran parte de la familia, eran sus aliadas.

En la empresa Swan Motors, la asistente personal de Rosalie Hale seleccionaba con meticuloso cuidado a los seis finalistas para llenar la vacante que Mike Newton había dejado. Para cualquiera, trabajar en semejante empresa era un sueño. Por lo mismo, la lista de los interesados no tardó en llenarse, además que el número de llamados sería sólo uno entre veinte.

Lo que el encargado de recursos humanos, la asistente personal de Rosalie Hale, y la misma no sabían, era que entre los postulantes se encontraba Jacob Black. Y para la suerte del joven y ambicioso economista, quedó entre los seis finalistas que se entrevistarían con Rosalie.

-Ese puesto será mío… - juró Jacob, cuando supo que había quedado entre esos seis finalistas. Él estaba preparado académicamente para ese puesto, pese a que en su hoja de vida pesaba el hecho de que fue expulsado de Kensington. Pero eso era culpa de Isabella. Y esta era parte de su venganza.

-¿Señor Jacob Black? La señorita Rosalie Hale lo espera para su entrevista. Mucha suerte- dijo una de las secretarias, indicándole la oficina en donde le esperaban. Él agradeció a la joven secretaria, sonriéndole de forma coqueta, y luego entró a la entrevista de trabajo.

-Soy Jacob Black señorita Hale. Es un placer conocerla- dijo él caballerosamente, estrechando la mano de la rubia ejecutiva. "Hermosa mujer…muy sexi" pensó Jacob enseguida.

-Señor Black, tome asiento por favor- respondió ella de forma muy seria y profesión al, mientras le daba una hojeada al currículo de Jacob, quedando sorprendida por la cantidad de estudios que ese chico tenia. Lo miró y supo ver la ambición en los ojos de Jacob. Eso era algo que a ella le gustaba en las personas. Que siguieran sus objetivos hasta que los consiguieran. Por supuesto, Rosalie no tenía idea de toda la historia que se tejía detrás de este joven, y como estaba hilada con Isabella y la misma Jane.

-Y dígame una cosa señor Black, por qué usted desea trabajar en esta empresa- preguntó ella, irguiéndose en su asiento y cruzando las piernas.

-Simple: es una de las empresas más importantes de Europa y yo estoy totalmente capacitado para el puesto al que postulo- explicó Jacob muy seguro de sus palabras.

-¿Cree estar capacitado?¿A qué se debe tanta seguridad, señor Black?-

-Estoy listo para enfrentarme a desafíos grandes, importantes. Como verá en mi currículo, tengo experiencia trabajando en empresas pequeñas, las que han tenido un despegue impresionante después de mi gestión. Pero ya no quiero más desafíos pequeños, quiero grandes desafíos, tengo aspiraciones que no podré cumplir… ya sabe, en pequeñas empresas… Además, aquí trabaja gente muy… interesante que yo quisiera conocer- dijo eso último en un susurro, dándole una insolente mirada de pies a cabeza a la rubia mujer, que ni se inmutó frente al descarado discurso de doble sentido que Black le estaba brindando.

-Ya veo señor Black, ya veo… Veamos… estudios en Londres, Estados Unidos y Canadá… ya veo. ¿Por qué sus estudios en Kensington están incompletos, señor Black?-

-Injusticias de la vida, señorita Hale. Pero como verá, eso no me detuvo-

-Eso veo. Señor Black, creo que es todo. Mañana tendrá una respuesta- dijo ella, levantándose y extendiendo su mano al postulante, quien la tomó con delicadeza y la llevó hasta sus labios para besarla.

-La que probablemente será favorable para mí, y por ende para esta empresa- agregó, sin soltar la mano de Rosalie, para volver a besarla y soltarla.

-Hasta luego señor Black- dijo ella, sintiéndose un poco divertida por todo ese cortejo, por esa seguridad y ambición que emanaba de ese hombre.

Ella y el encargado de recursos humanos tomarían la decisión final. No involucraría a Isabella en eso. Después de todo, ella ya tenía un candidato "favorito" para el puesto, y es que ese señor Black había logrado persuadirla en esos escasos cinco minutos. Le gustaba esa actitud. No podía negarlo. Pero lo hablaría con los profesionales y vería si estaban o no de acuerdo con esa decisión.

Isabella, después de haber pasado una divertida mañana con el loco de su padre, debía reconocerlo, y un almuerzo muy agradable después que le presentase a Edward, se sintió lista para ir a la empresa… "¡Y ya qué más da, hablar con Jane y arreglar este entuerto, para no darle el gusto al perro de Jacob de verme mal con ella…!" Así que se vistió con un traje de dos piezas azul eléctrico, unos tacones de charol negros de diez centímetros y una cola de caballo que sujetaba toda su frondosa y castaña cabellera.

-¿Por qué te ves tan endemoniadamente hermosa, eh?- le dijo Edward, tomándola por la cintura y susurrándole sobre los labios

-¿Te gusta? Y eso que me puse lo primero que vi…- respondió ella coquetamente

-Mmm… y ahora que está tu padre tendré que comportarme como un caballero- dijo ahora, absorbiendo el olor delicioso de su chica: fresa y lavanda.

-Mi ventana… ya sabes, siempre abierta…-

-De par en par para mí, lo sé. Ahora dime, ¿te has sentido bien? Ayer tenías el estómago revuelto y estabas exhausta, por la presión del día supongo- preguntó ahora preocupado, acariciando los pómulos de su amada

-Sí… claro… la presión… sí, ya estoy mejor- dijo ella un tanto nerviosa. No le quiso contar que en un momento, durante el desayuno con su padre, cuando una de las muchachas le puso los huevos sobre la mesa, tuvo que salir corriendo al baño.

-Me debes decir si te sientes mal, ¿sí?-

-Claro, serás el primero en saberlo. Ahora vámonos, que tengo una empresa que dirigir, ¿vas esta noche por mí?-

-Allí estaré nena. Y espero que me tengas buenas noticias con respecto a Jane-

-¿Desde cuándo te has convertido en el defensor de Jane?-

-Desde que sé que te cuida, y desde que enamoró al loco de James-

-Bueno señor Cullen, larguémonos de aquí, tengo cosas que hacer-

-Sí, vámonos, o no respondo de mí… te ves tan hermosa…- dijo como poseído por la belleza de su amada, no pudiendo evitar besarla con pasión. Ambos se regocijaron en ese beso, y si dejaban pasar los segundos, olvidarían todo lo demás, y harían el amor justo en ese momento. El "click" de la responsabilidad en la cabecita de Bella la hizo reaccionar y apartarse de su amado para su pesar.

-¡Basta Cullen! El señor Swan anda cerca, lo olvidas…-

-El señor Swan ya me quiere como su hijo, ¿o no te diste cuenta?-

-¡Altanero! Anda, vámonos ya- le dijo, arrastrándolo de una mano hasta llegara a su coche.

Isabella se sentía distendida, y quizás era una locura después de todo lo que le había pasado en las últimas 48 horas. De cualquier modo, ella sabía que tendría que seguir lidiando con sus pesadillas, pero lo haría dando una pelea limpia. Ahora, al llegar, lo primero que haría sería llamar a Jane y arreglar el entuerto. Necesitaba hablar con ella.

Y fue lo que hizo. A penas entró en el recibidor de gerencia, dos de las tres secretarias que estaban allí, prácticamente se cuadraron de forma militar en cuanto la vieron.

-Chicas, buenas tarde-

-Buenas tardes señorita Swan- respondieron dos de las secretarias. La tercera, Jane, se mantuvo con la cabeza gacha, sin responder al saludo de su jefa

-Jane, a mi oficina ahora. Tenemos que ponernos al día con los pendientes y arreglar los entuertos. Trae para mí una bebida energizante, bien helada-

-Como diga señorita Swan- respondió la pequeña Jane con voz apenas audible.

-Dame una repasada rápida de los pendientes que dejé ayer y los de esta mañana- pidió Isabella mientras se ubicaba en su escritorio

-Debes firmar unos contratos, ayer esperaban por ellos. Esta mañana se hizo la reunión con los socios argentinos, están listos para la puesta en marcha del negocio en su país, así que mañana hay una desayuno con ellos a las nueve de la mañana para finiquitar los últimos detalles. Rosalie hizo el reclutamiento final para cubrir el puesto de Newton, eso estará listo se supone esta tarde. Ya mañana conoceremos al nuevo gerente de exportaciones. Creo que eso es lo más importante, ¿traigo los contratos para que los firmes?- informó ella en tono monocorde, tratando de sonar profesional, segura, pero en verdad estaba temblando. En cualquier momento rompería a llorar, por eso no había levantado la vista del suelo

-No, tengo un asunto más delicado que tratar antes de eso. Siéntate Jane- pidió a su amiga, quien se había mantenido de pie casi junto a la puerta, asustada como un corderito antes de ser llevado al matadero.

-Me vas a despedir, ¿no?- susurró

-Jane… no seas melodramática-

-No trabajas con traidores, es lo que siempre dices…- dijo con la voz temblorosa, mientras una lágrima se dejaba caer por su mejilla

-Y no lo hago. Lo sabes. Jane, levanta la cabeza y mírame…- dijo con voz dulce, dándole a Jane confianza para lentamente alzar su vista y toparse con la visión de su mejor amiga, de su hermana, que en sus ojos no había ni ira, ni rabia ni deseo de cobrarse venganza contra ella por la traición.

-Isabella, yo…-

-Nunca más Jane, nunca más hagas esto. Eres en quien confío ciegamente. Sé que tuviste tus motivos para ayudar al perro ese, pero te juro por Dios que hubiese mil veces preferido que tú me lo dijeras a ver como ese maldito se regodeara restregándomelo en la cara- dijo lentamente, sin levantar la voz, como una petición y no como una exigencia.

-Lo hice para ayudarte, te iba a volver loca esa cacería Bella- Jane ya lloraba, quería explicarle con detalles el por qué lo hizo, pero la detenía.

-¡Como sea Jane!- dijo, levantándose de su cómodo asiento, para hablar mientras se paseaba como leona enjaulada dentro de su oficina -Ese maldito volvió Jane, volvió a vengarse, lo sé. Se me enfrentó queriendo hacerse el arrepentido conmigo, pero no le duró más de dos segundos esa postura- dijo ahora, un poco cabreada con el solo hecho de recordar ese encuentro.

-Jamás pensé que volvería…- reconoció Jane, mientras seguía los pasos de Bella por la oficina con impaciencia y se limpiaba las lágrimas.

-Yo tampoco, es una actitud temeraria Jane. Ese tipo no se quedará tranquilo… ese tipo comenzará a mover sus piezas, si es que ya no lo ha hecho. Debo estar atenta Jane. Tú y yo debemos estarlo. Seguro te buscará a ti también…- dijo, volteándose a ella

-¡¿A mí?-

-Lo ayudaste una vez Jane, pensará que puede volver a contar contigo- dijo, con algo de ironía en su voz, haciendo que los ojos de Jane una vez más se inundaran de lágrimas y su voz le temblara producto del llanto que amenazaba por salir de su garganta

-Él no cuenta conmigo… yo estoy de tu lado. Bella, perdóname… yo lo hice en una medida… desesperada, no sé… no quise… nunca te traicionaría… te lo juro…- y otra vez, las lágrimas y la quebrada voz de la pobre Jane no le daban tregua.

-Jane, entiendo mujer, y ya deja de llorar. No tienes que seguir pidiendo perdón. Yo sólo necesitaba tiempo para pensar. Te necesito junto a mí Jane, eres mi hermana- dijo Bella, abrazándola con cariño. Habían sido sólo unas horas enfadada con ella, pero le pareció una eternidad. La había extrañado.

-Lo soy Bells-

-Mmm… hay algo más Jane…- dijo Bella, y es que tenía una sensación extraña atragantándola, que necesitaba deshacerse de ella, y qué mejor que con su amiga y hermana

-Con respecto a Jacob…-

-No, no tiene nada que ver con ese perro… es algo que me tienes… asustada…- dijo Bella, apartándose del abrazo de Jane, para mirarla con un semblante ahora de temor.

-¿Tanya?-

-No Jane, y deja de tratar de adivinar. Me he sentido mal… pensé que sería la presión de los días, ya sabes…- dijo, apartándose de ella para dirigirse al gran ventanal para contemplar la ciudad y tratar de tranquilizarse, porque esta idea que ahora circundaba en su cabeza, la tenía algo nerviosa.

-¿Cómo mal?-

-Mareos, náuseas, cansancio… retraso en mi periodo…- comenzó a detallar aquellos síntomas que eran intrínsecos femeninos cuando una mujer estaba embarazada.

-¡Por Dios Santo!- dijo la pequeña, llevándose las manos a la boca producto de la impresión, pues ella también lo había entendido

-Sí Jane, creo que estoy embarazada- soltó por fin, dejando a Jane en estado de shock, estática y con una gran O en su boca producto de la impresión.

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