Hola nenas! Bueno, aquí les dejo otro capi de esta locura... ¿les va gustando? Espero que sí. Gracias por sus comentarios y por sus avisos de favorito.
Dedicado a Ustedes nenas, ya saben
Aps, y mención honrrosísima a mi Beta Paly Paly!
Abrazos y disfrutad!
Confesiones de invierno
Una de las cosas que Isabella Swan no había planeado para su futuro, era la idea de ser madre. Aquello era algo que nunca había pasado por su cabeza, quizás por la historia que la rodeó con su madre durante su infancia y adolescencia, o por su temperamento, o quizás por su "no compromiso" con el sexo opuesto, más allá de un "affaire". Pero por supuesto, la llegada de Edward Cullen había volteado su vida en 360 grados. Todo había cambiado ahora. Pero el hecho de la maternidad, la asustaba, no lo podía negar.
-¡¿Em… em… embaraza… embarazada?- preguntó con los ojos desmesuradamente abiertos Jane.
-Es lo que creo- respondió Bella con la vista fija en alguna parte, como en estado de trance
-¿Estás segura?-
-No, no he querido hacer ni test, ni exámenes aun…- dijo, ahora mirando a su amiga Jane con ojos de preocupación
-¿Por qué?-
-Porque la duda se me acaba de plantar ayer… no sé… quizás sea otra cosa…-
-¡Y qué esperas! ¡Tienes que hacerlo ya!... ¡Voy a tener un sobrinito! Por Dios, lo voy a mimar y a malcriarlo…- dijo ahora muy animada Jane, con la idea de un sobrinito, con quien ya se imaginaba jugando
-¡Jane! Ni siquiera sé si esto es cierto, quizás sea falsa alarma- dijo Bella enérgicamente, sacando de su ilusión a Jane.
-¡Pero qué esperamos para averiguarlo! Vámonos ya por un test de embarazo a la farmacia-
-Jane, no sé…-
-¡Desde cuándo tan cobarde, Bella!- le espetó, con sus manos en su cintura
-¡Jane!- respondió amenazante Bella, al ver la actitud desafiante en su amiga Jane. Claramente el altercado con Jacob había quedado olvidado.
-Agarra tu bolso, y vámonos…¡anda, qué esperas!- insistía Jane, mientras ella misma agarraba el bolso de Bella, y la empujaba para salir de la oficina, en búsqueda del dicho test para salir de la duda.
Llegaron a la farmacia más cercana, y valientemente, Jane fue quien pidió el test de embarazo al vendedor que estaba tras el mostrador:
-Este… verá… necesito… necesitamos más bien… una de estas cosas… verá, no tenemos seguridad…- intentaba explicarse Jane, sin muchos resultados, pues el vendedor la miraba como si le estuviese hablando en otro idioma
-Un test de embarazo, por favor- intervino Isabella, después de ver de que a Jane le estaba costando tanto trabajo pedir el dichoso test. Por supuesto, la rubia amiga de Bella se puso roja como un tomate cuando el vendedor sonrió hacia ella. Bella sonrió al imaginarse cómo sería para Jane comprar condones.
Después de pagar la prueba de embarazo y salir de volada de la farmacia, regresaron a la oficina, y Jane dio orden de que no se le molestara a Isabella, pues tendrían asuntos importantes para atender. Una vez adentro, enseguida hizo que Isabella que metiera a su cuarto de baño, mientras ella le iba leyendo las instrucciones.
-Ok Bella, una línea es negativo, dos líneas es positivo. Debes esperar de tres a cuatro minutos. Ve, yo esperaré aquí- le dijo, entregándole el artefacto y empujándola hacia el baño. Bella solo asentía, mientras oprimía con fuerza el pequeño artefacto blanco entre sus manos. Suspiró fuerte cuando estuvo encerrada dentro del baño, y comenzó con el ritual para saber si efectivamente sus suposiciones eran ciertas: "Muy bien Isabella, allá vamos".
Cinco eternos minutos después: Isabella contemplaba impávida su rostro en el reflejo de ella misma que dibujaba el espejo del baño, mientras el test descansaba sobre la encimera del baño, con el resultado ya arrojado. Se sentía extraña. Un escalofrío la paralizó en el instante cuando vio el resultado. Y es que el maldito test no había dado tregua, había arrojado el resultado apenas pasados tres minutos. Un implacable resultado.
-Estoy embarazada…- susurraba Bella, con su vista aun fija en el espejo.
-¿Bella?¿Ya lo tienes?... ¿Bella?- decía Jane desde afuera, cuando no sintió ruido alguno desde el baño. Golpeaba la puerta despacito, mientras le hablaba a Bella. Pero ella seguía sin responder. -Bella por favor…- suplicaba desde afuera, apoyando ahora su oído sobre la puerta. Hasta que por fin, Isabella se dignó a salir, como un zombi.
-Oh por Dios… - dijo la pequeña y rubia amiga, llevándose las manos a su boca en señal de sorpresa.
-Esta cosa dice que es positivo…- dijo, indicando el test que ahora traía en su mano
-Oh por Dios…- repetía Jane
-Pero no es cien por ciento seguro, ¿no?- la duda o quizás el miedo estaban haciendo mella en Isabella, quien de alguna u otra manera intentaba que ese resultado fuese el contrario al que en realidad arrojaba. Sostenía el test de embarazo con fuerza entre sus manos, mientras lo observaba, mirando detenidamente las dos líneas que se dibujaban con mucha claridad. Jane intuyó el miedo de Isabella, cosa que la hizo reaccionar de su asombro:
-Bella, ese test dice que es positivo, y tú en tu interior lo sabes también. Amiga, estoy feliz por ti, los niños traen bendiciones, verás que todo lo malo comienza a mitigarse desde ahora…y cuando los demás lo sepan…¡Y cuando Edward lo sepa! Debes llamarlo y contárselo-
-¿Y si no es así?¿Y si nada es como dices?- se cuestionaba Bella, pues su miedo era que a Edward no le gustara la idea de ser padre.
-Bella, deja de ser pájaro de mal agüero. Esta noche hablas con Edward y le cuentas. Seguro querrá que confirmes con un examen médico, y que comiences a controlarte, después cuéntale a Renée que no podrá con la alegría, y Charly…¡Imagínatelo con un nieto! Vamos amiga, no tengas miedo, verás como lo que te digo se hace cierto- afirmó, acercándose a ella y abrazándole con ternura. Isabella no contestó nada, solo se concentró en descansar en ese abrazo reconfortante y esperar que lo que esa pequeña mujer decía, era cierto.
Edward, ajeno aun de lo que Isabella le tenía que decir, después de llamarla y contarle que almorzaría con su hermana, quedando en cenar juntos en la noche en su apartamento, pues ella "debía contarle algo", de lo que nada le quiso adelantar. Ella le dijo que no temiera nada ni que se preocupara, que no era nada "grave". Así que a él no le quedó de otra que creerle y esperar hasta esta noche a encontrarse con ella. Intuyó que podría tratarse sobre la charla con Jane, que por lo que Isabella le dijo, había sido muy "constructiva".
-¿Alice? Voy de camino a tu apartamento- dijo Edward desde su móvil, cuando iba saliendo de la sinfónica, a eso de las dos de la tarde.
-¡Perfecto! Te espero entonces- respondió ella muy animada, pues extrañaba a su hermano. Además, todo lo que había ocurrido los últimos días con su madre y Tanya la tenían algo complicada. No sabía que pensar. Ni que hacer.
-Supongo que no hay ninguna clase de trampa para mí ahí…- quiso saber Edward, pues sabía que Tanya seguiría rondando, sobre todo tratando de que Alice fuese su aliada.
-¿Trampa?¿A qué te refieres?-
-Espero no encontrarme con Tanya…-
-Sólo seremos tú y yo Edward. No habrá trampas-
-Me alegro entonces. Te veo en unos minutos allí pequeña-
-Aquí estaré-
Después de media hora, Edward llegó al departamento de su hermana, quien lo recibió con un fuerte y caluroso abrazo.
-Te he extrañado pequeña-
-No han pasado tantos días desde la última vez que nos vimos…-
-Lo sé, pero aun así. Cómo has estado…- le preguntó Alice mientras se abrazaba a la cintura de su hermano, llevándolo hacia la sala. Edward la llevaba por los hombros, mientras besaba la base de su cabeza.
-Con mucho trabajo- admitió él
-Eso lo intuyo, hablo de ti, de Isabella, del entuerto con mamá- dijo, sentándose en la mesita de centro para quedar frente a su hermano, quien se había instalado en el sillón blanco de la sala.
-Mamá decidió que era más importante que yo estuviese con Tanya, que mi felicidad. Me cuesta creerlo, y me duele. Pero decidí estar con ella porque la amo, si ella no lo entiende, no puedo hacer nada- explicó Edward, dando un gran suspiro de decepción al recordar aquello, mientras llevaba sus manos hasta su cabellera para encontrar alguna especie de calma.
-¿Es definitivo entonces? Lo de Isabella, digo-
-Tan definitivo como me sea posible, Alice. Opóngase quien se oponga-
-Mamá ha estado muy triste Edward, por tu actitud-
-¿Mi actitud, Alice? Fui sincero con ella, le dije la verdad acerca de mis sentimientos, no le escondí nada. Pero a ella no le importó, es más importante aliarse con Tanya para terminar de joderme la vida…- dijo algo cabreado, poniéndose de pie, y es que no podía creer que Tanya estuviera lavándole el cerebro a su madre.
-Yo no sé qué pensar Edward. Por eso te llamé. Tanya ha estado con una actitud diferente a la que conocíamos. No quiero pensar mal pero creo que está intentando hacerse la víctima delante de nuestros padres. Creo que es capaz de hacer cualquier cosa para traerte de regreso con ella- explicó Alice, dando a entender lo confundida que se sentía. Y Edward enseguida lo entendió, acercándose a su hermana, tomándola por los hombros para hablarle de forma definitiva y contundente.
-Alice, escúchame, no quiero que Tanya te ande metiendo cosas en la cabeza. Nena, estoy enamorado de Isabella, y quiero estar con ella. Lo de Tanya quedó atrás, no voy a volver con ella, intente lo que intente. Emmett es el único que me apoya en esto, mi padre se mantiene en una actitud neutral que me decepciona, y mamá ni que decir. Pero tú pequeña… te extraño. Sé que tienes un alma pura, y quiero que te des cuenta por ti misma quien es Bella, de que me ama como yo a ella, y que queremos ser felices. Pero me hacen falta…- y era cierto. Su felicidad no estaba completa, no cuando su familia le daba la espalda. No cuando sabía que su amada se sentía culpable por ello.
-Edward, yo estoy contigo. Tanya me confunde con su actitud vengativa, ella no era así, y te culpa y culpa a Isabella de su sufrimiento. Sé que no actuaron bien, ni tu ni ella, y eso no lo puedes negar…-
-No lo niego- intervino Edward
-Bien, pero aun así, creo conocerte bien. No harías daño a nadie con premeditación, y si estas con Isabella, si la amas, es por algo. Quiero darte ese voto de confianza Edward-
-Necesito que tu voto de confianza se extienda a Isabella también. Ella no tiene amigas, salvo Jane, y yo adoraría que tú y ella lo fueran. ¿Lo intentarás pequeña?- pidió casi en un ruego, acariciando la mejilla de su hermana con ternura. Ella suspiró y respondió:
-Está bien… pero no me presiones-
-No lo haré- sonrió abiertamente, mientras besaba la frente de su hermanita.
-Dime, ¿tienes planes con ella? Digo… matrimonio… hijos…- preguntó Alice, mientras se ponía de pie para terminar de arreglar la mesa para el almuerzo. Edward la ayudó con ello, mientras seguían su diálogo.
-Creo que es muy pronto para eso, ni ella ni yo queremos forzar nada, pero creo que las cosas se darán con naturalidad entre ella y yo. Sé que no hay otra mujer con la que quiera estar por el resto de mi vida- admitió con naturalidad, mientras seguía poniendo los cubiertos sobre la mesa.
-¿Con Tanya no sentiste lo mismo?- Alice preguntó eso sin ánimo de ofender. Edward detuvo su afán con los cubiertos y meditó su respuesta por unos segundos.
-No lo sé. Es diferente. Lo que siento por Isabella es tan potente que no se compara con nada de lo que sentí alguna vez por Tanya. La amé, quizás no con la profundidad con que amo a Isabella ahora, pero la quise, y mucho. Las cosas se dieron así ahora…- explicó, para luego terminar con su tarea de preparar la mesa, mientras Alice lo observaba apoyada en la azul pared de su apartamento.
-Ya veo. Bueno, yo sólo deseo lo mejor para ti, hermano-
-Lo sé pequeña, al igual que yo para ti… y no sé si Jasper sea lo mejor…-
-¿Jas… Jasper? Él es un buen chico, es muy caballero y amable, y muy respetuoso- dijo ella, irguiéndose en su sitio para ir hasta la cocina a preparar los platos. "Más le vale al maldito…" pensó Edward quien le siguió hasta allí.
-¿Tienes helado?- preguntó Edward mientras esculcaba en el frigorífico
-¿Eh? No lo sé, no estoy segura-
-Mmm… tengo unas extrañas ganas de comer helado de chocolate y menta… tal cual… quizás con un poco de salsa de chocolate… desde esta mañana que estaba en clases- comentó Edward. Y es que un extraño y antojadizo deseo de helado de chocolate y menta lo mantuvo distraído gran parte de la mañana, haciendo que se le hiciera agua la boca con el solo hecho de imaginarse "semejante manjar al paladar".
-Podemos mandar a pedir uno-
-¡Perfecto!¿Podemos comerlo antes de la comida?-
-¡Claro que no Edward! Ahora ayúdame con los platos…- le dijo, entregándole uno y haciéndolo salir de la cocina.
-¡Pero el helado!- protestó Edward
-Lo pediremos, no demorarán en traerlo, ¿por qué tienes antojos?- preguntó su hermana mientras se instalaba en la mesa a comer
-No sé, ¿acaso nunca los has tenido? Alice, es sólo eso, un antojo… pero creo que enfermaré si no como de ese helado de chocolate- dijo Edward dramatizando frente a su hermana, que no pudo hacer otra cosa que reír, mientras tomaba su teléfono y pedir el dichoso pote de "helado de chocolate con menta, ojalá traiga chispas de chocolate también… y claro, la salsa de chocolate" decía ella al vendedor, siguiendo las instrucciones de su hermano, quien ya se relamía los labios, imaginándose el sabor.
-¡Estás loco! Ahora dime que es eso de que Emmett anda en plan de conquista con una mujer, desde cuando él hace esas cosas…-
-Desde que esa mujer lo ignoró por completo, y ahora lo anda trayendo como perrito faldero. Se supone que son solo amigos, no ha pasado nada más entre ellos, no porque él no haya querido, sino porque ella no se lo permite. Creo que lo hace para tantear terreno con él, probarlo-
-Pero él está sufriendo-
-No sé si sufriendo sea la palabra, porque creo que ha tenido mucha paciencia. Espero que no se decepcione-
-Yo no sé qué pasa con ustedes. Primero James que anda como loco con su novia, después tú con Isabella, ahora Emmett…-
-Y tú mi hermanita, no lo haces nada mal con Jasper. Cuéntame que te traes con él…-
-Hemos salido solo un par de veces, es muy caballero y respetuoso… demasiado creo…- dijo, bajando la vista. Y es que ella pensaba que Jasper, como hombre del mundo de negocios, estaba acostumbrado a tratar con mujeres interesantes, y no con niñitas como ella, de recién 21 años. "Quizás, pensaba Alice, él sólo quiera pasar el rato conmigo… y lo peor de todo es que yo ya siento que lo amo, y estaría dispuesta a eso, sólo por estar con él…" En eso se quedó pensativa durante unos minutos, mientras Edward la evaluaba, pues su semblante se había tornado triste.
-¿Alice? ¿Cariño, Jasper te hizo algo? Y no te atrevas a mentirme Alice-
-Te digo la verdad Edward, él ha sido muy amable conmigo. Hemos salido un par de veces, es muy caballeroso… aunque a veces creo que se aburre conmigo...-
-¡El muy maldito!-
-¡Edward! Es sólo mi percepción. No ha hecho nada malo conmigo, te lo juro-
-Alice, si yo sé que ese te anda haciendo sufrir, no demoraré en ir y romperle la cara, me oyes. Cualquier cosa que él te haga, por pequeña que sea, y que te haga sufrir, voy y lo despescuezo, ¿me oyes?- le advirtió con seriedad, haciéndole ver que aquello que decía era total y absolutamente cierto. Alice sólo asintió. Ambos se quedaron en silencio durante unos minutos, hasta que Alice se recompuso y volvió a centrase en cualquier tema de conversación trivial. Incluso se atrevió a preguntarle a Edward sobre la idea de ir a ver a Bella, y a Edward le pareció una estupenda idea. Isabella necesitaba distraerse después de todo. Conocer a más personas fuera de su círculo de negocios. Distraerse. Y Alice sería perfecto para ello.
Cerca de las cuatro de la tarde, la asistente personal de Rosalie Hale, indicó a Jane, que Rosalie ya había tomado una decisión, y que el contrato de quien ahora tomaría el puesto a cargo de las importaciones y exportaciones estaba listo, firmado y finiquitado. Así que necesitaba una junta rápida, para dar a conocer al nuevo integrante del grupo empresarial y ponerlo a tanto de todo. Jane no tuvo problemas, después de todo, esa tarde Isabella había pedido que le llevaran todo el trabajo atrasado, y que en cuanto el asunto de la vacante estuviese listo, que le avisaran. Necesitaba estar ocupada durante la tarde y no pensar…
-Están todos los jefes y administrativos citados para dentro de media hora en la sala de juntas. Rosalie quiso saber si no querías revisar el contrato antes de la junta-
-No, confío en ella. Solo espero que ese puesto este cubierto lo antes posible. ¿Tú sabes quién es el nuevo?-
-No, no sé quién es. Ni siquiera me di tiempo de mirar la lista de la terna de postulante. Lo dejé todo en manos de Rose y su asistente-
-Está bien- admitió ella, mientras revisaba unos documentos en su escritorio.
Rosalie Hale sentía que había tomado la decisión correcta al contratar a Jacob Black para encargarse de los asuntos de importación y exportación de la empresa. Había que comenzar a trabajar allí lo antes posible. El que ese puesto haya estado vacante durante todas aquellas semanas, era un lujo que ella no estaba dispuesta a extender por más tiempo.
Por otro lado, Jacob Black se carcajeaba de la alegría y la satisfacción cuando por la mañana, recibió el llamado por parte del encargado de recursos humanos de Swan Motors, informándole que él era a quien habían elegido para el cargo.
Celebraba en la soledad de su diminuto departamento, alzándolos brazos como el campeón que se sentía, dando gritos de júbilo, porque sabía que su racha de buena suerte, acababa de comenzar.
-¡Lo sabía, lo sabía! La espera durante todos estos años valió la pena. Este es solo el primer paso, para seguir escalando hasta llegar a la cima, y ver como caes de esta, Isabella Swan- dijo, haciendo un monólogo para sí mismo frente al espejo.
La sala de juntas se fue llenando poco a poco, primero por los encargados de los diferentes departamentos. Rosalie hizo arribo con su asistente y el nuevo integrante de la compañía, Jacob. Después de un rato, la siguiente en arribar fue Jane. Entró a la sala de juntas y se ubicó en supuesto de siempre, a un costado de la cabecera, en donde se instalaba Isabella. Había entrado, pendiente de que no cayeran las carpetas que llevaba en sus brazos. Cuando llegó a la gran mesa, siguió a cabeza gacha dándole orden. Después de un rato, levantó el rostro, y allí quedó, paralizada por el rostro que frente a ella la miraba con una tremenda sonrisa de suficiencia. Jane comenzó a temblar y a cuestionarse el porqué de la presencia de Black en ese lugar. Después recordó que lo de aquel día había sido demasiada presión para Isabella, así que decidida, se levantó a impedir que Isabella pisara aquella sala. Pero fue tarde. Justo cuando se levantó la puerta se abrió, dando paso a la entrada de la gerente de la empresa, Isabella, quien primero miró la cara de espanto de como Jane la miraba, y luego recorrió el lugar con la vista, mientras saludaba a los ejecutivos, para finalmente, dar con el mismo rostro que había dejado a Jane en semejante estado.
La furibunda ebullición dentro de ella comenzó a fluir, haciendo que su cuerpo se tensara de la rabia, empuñando sus manos con fuerza, tensando su mandíbula, y haciendo que todo a su alrededor se tornara rojo furia. No oía y no veía nada más fuera del objetivo de su furia. Jacob Black.
-Isabella, que bueno que llegaste, podemos comenzar entonces. Antes, quiero presentarte al nuevo encargado de las relaciones internacionales de la empresa…- comenzó a decir Rosalie, pero Isabella la detuvo, levantando la mano para que se detuviera. Una cosa era que ese maldito y mal nacido perro haya llegado a rondarle, pero otra muy diferente era que ese mismo hijo de la grandísima puta se viniera a instalar a su empresa. SU empresa.
-¡Rosalie, a mi oficina ahora!- ordenó imperante, sin apartar la vista de Jacob
-Pero Isabella…-
-¡A mi oficina, ahora!- gritó ahora con furia, mientras salía de allí, dándole un estruendoso golpe a la puerta. Los ejecutivos quedaron espantados ante la reacción de Isabella, al igual que Rosalie. Jane y Jacob por otro lado comprendían muy bien el porqué de su manera de actuar.
Rosalie se disculpó y salió de allí, seguida por Jane. Cuando entraron a la oficina de Isabella, ella estaba tratando de recomponer su respiración, mientras se sujetaba del borde de su escritorio. Se sentía algo mareada, y con ganas de vomitar.
-¡¿Bella, te sientes bien?- dijo la pequeña asistente, mientras se acercaba a su amiga y le pasaba la mano por la espalda.
-¡No Jane, no me siento bien. Tengo ganas de matar a alguien, pero no quiero que mi hijo nazca en la cárcel…- dijo entre dientes, aun aferrada al borde del escritorio.
-Pero… ¡pero que mierda les pasa! ¡Y qué es eso de que tu hijo nazca…! ¡¿Estas embarazada?¿Bella, estás embarazada?- sorprendida al darse cuenta de la frase que lanzó Isabella, Rose llegó hasta su lado con ojos desorbitados, intentando que Bella le diese una explicación.
-Estoy embarazada, pero tú con tu sorpresita provocarás un aborto…- le dijo, fijando los ojos en ella, llenos de rabia, mientras Rosalie insistía en mirarla con ojos desorbitados, al igual que Jane en su momento.
-¡Bella! No digas estupideces- refutó Jane
-¿Estupideces Jane?¿Estupideces?¿A caso no viste a quién demonios se le ocurrió dejar a Rosalie en el maldito puesto de Newton?- preguntó Isabella, sin quitarle la vista encima a Rosalie.
-Rosalie no tenía por qué saberlo…- justificó Jane.
-¡Un momento las dos! Un momento- habló por fin Rosalie, saliendo de su asombro, mientras agitaba las manos -Lo del embarazado de Bella lo hablaremos luego, ahora díganme qué pasa con el nuevo….-
-"El nuevo" es el hombre que arruinó mi vida, "El nuevo" volvió ahora para joderme por supuesto con su sola presencia, que por lo que veo, lo está consiguiendo, porque me siento bien jodida Rosalie- explicó Bella.
-Si me explicaras…- Rosalie seguía confundida.
-Rosalie, es largo de explicar, y Bella no está en su mejor momento- intervino nuevamente Jane, quien estaba preocupada, pues Bella estaba pálida. Pero eso no fue excusa para que Bella se quedara en silencio.
-Rosalie Hale, tienes exactamente cinco minutos para despedir al perro ese que contrataste, ¿me entiendes? Cinco minutos…- ordenó Isabella de forma tajante.
-No Isabella, no lo despediré- desafió Rosalie. Ok, Isabella tenía un problema con ese tipo, pero hasta no saberlo, no haría nada. Quizás fuera un capricho, y ella no estaba dispuesta a soltar al tan buen elemento por un maldito capricho de Isabella.
-¡¿Qué?¡¿Me estás desafiando Rosalie Hale?¿A caso olvidas quien soy aquí? Pues te recuerdo que no soy la portera, ¡soy la maldita dueña, por un carajo!- gritó con tanta rabia, que un intenso mareo hizo que trastrabillara, haciendo que casi caiga al piso, si no es por el escritorio y por Jane que estaba junto a ella.
-Cálmate Bella, te lo suplico. Esto no te hace bien- suplicó Jane, pero Isabella no hacía caso. La furia seguía fluyendo, casi con descontrol. Sus ganas de matar a alguien seguían en aumento. r
-Isabella, sé muy bien quien eres, y quiero que no olvides quien soy yo aquí. No despediré a Jacob mientras no sepa que historia te traes con él. Ahora entiendo que no es el mejor momento, esperaré a que estés más calmada para hablar. Suspenderé la reunión hasta que tú y yo no hayamos hablado antes. Es todo lo que te puedo ofrecer…- negoció Rosalie, sin atisbo de que algo ni alguien la hiciese cambiar de opinión.
-¡Dí una maldita orden Hale!- volvió a gritar Isabella, soltándose del brazo de Jane, quien la tenía sujeta aún, para acercarse y enfrentar a la rubia subgerente. Pero Rosalie le sostuvo la mirada, sin dar pie atrás. Jane quería que aquel enfrentamiento se acabara, por el bien de ambas. Así que una vez más intervino por la paz:
-Ok Rosalie, ok… Bella se tranquilizará y hablarán, pero no hoy. Mañana. Has que Black salga de aquí, y que no regrese hasta nuevo aviso, por favor-
-¡Jane, no pases por sobre mis decisiones!- ahora Isabella miró a su asistente, quien hablaba firmemente, pasando por alto sus decisiones. "Esto es el colmo" pensó Bella.
-Perdóname Bella, pero lo hago por ti- le dijo Jane a su amiga, excusándose por su actuar, que sabía era temerario en ese momento.
-Está bien- le dijo Rosalie a Jane. Enseguida se dirigió a Bella: - Ya sabes. Mañana tú y yo hablaremos sobre este temita en particular con tiempo y calma. Me darás tus razones, las que tendrán que ser contundentes, para que yo despida a Jacob Black. Si no lo son, él comenzará a trabajar…-
-¡Rosalie!- protestó Isabella
-Es mi decisión. Me dejaste a cargo. Así que será mejor que te calmes y te vayas a descansar. No queremos que el bebé nazca ni en un hospital, ni menos tan prematuramente. Así que con permiso- dijo Rosalie Hale serenamente, para luego salir con paso firme rumbo al salón de juntas a poner la maldita cara por este arrebato de Isabella, mientras además pensaba en la bomba de información que acababa de recibir. "¡¿Isabella embarazada? Oh por todos los cielos… esto quiero verlo…"
-No puede ser Jane, que este maldito animal se haya metido en mi propia empresa. En tres malditos días, este imbécil se ha reído de mí, pero no lo voy a permitir. Él no pondrá un pie en mi empresa. Nunca- juró casi en un susurro, mientras caminaba hacia la ventana y buscaba tranquilidad, llevándose instintivamente sus manos a su aun vientre plano.
-Él se irá Bella, pero debes tener en cuenta que Rosalie actuó profesionalmente. Ella no sabe la historia con Jacob-
-¡No estoy hablando de la decisión de Rosalie! Estoy hablando de ese maldito Jane. Ese maldito insiste en hacerme la vida imposible. Pero no se lo voy a permitir Jane. No se lo permitiré-
-No lo haremos Bella. Ahora es mejor que te vayas. Ve al departamento de Edward, y descansa antes que él llegue. Recuerda que debes hablar con él, ¿sí?-
-Por Dios, y este otro asunto…-
-Su hijo Bella, el asunto más importante aquí. Ahora vete, yo me encargo de los pendientes. Mmm… ¿crees que sea prudente adelantarle algo de la historia a Rose…?-
-No sé Jane, dejo eso en tus manos- dijo, tomando su abrigo y su cartera para salir lo antes posible de ese lugar, en el que ahora sentía claustrofobia.
Llegó después de conducir con inusitada lentitud por las calles de Londres, hasta el departamento de su amado, en donde buscó tranquilidad. Era buena táctica, pues el lugar estaba lleno de Edward. Y mientras él no estuviese, el ambiente cargado de él le ayudaría.
Se instaló en el cómodo sofá, sacándose los zapatos de tacón y acomodándose perfectamente para relajarse, cerrando los ojos y aspirando el aroma ambiente. Sin darse cuenta, minutos más tarde se quedó profundamente dormida.
Sintió unos besos en su frente, y unas suaves manos que acariciaban sus pómulos, cosa que la trajo a la conciencia. Abrió poco a poco sus ojos, y se encontró con los bellos orbes verdes de su amado Edward, quien la observaba con ternura, regalándole una hermosa sonrisa.
-Bella durmiente, no quise despertarte- susurró despacio, dándole un leve beso en los labios.
-Despertaría de todos modos…-
-Hace cuanto estás aquí, ¿eh?- quiso saber, mientras se acomodaba de tal forma de que Bella quedó rodeaba por detrás por el cuerpo de Edward, reconfortándole por completo.
-Desde las cinco, o algo así…-
-¿Por qué no me llamaste? Fui hasta la empresa y me dijeron que no estabas. N o contestabas tu teléfono tampoco-
-Lo siento. Lo dejé en mi cartera. Se supone que sólo descansaría un rato, y te llamaría a tiempo para que no pases por la empresa. Lo siento-
-No hay problema preciosa. ¿Cómo anduvieron las cosas hoy?- preguntó Edward mientras acariciaba el cuello de su amada con sus labios
-De todo-
-Me alegra que hayas hablado con Jane. No esperaba menos de ti-
-Mmm… Edward- dijo ella, sabiendo que era el momento de hablar con Edward sobre el asuntito del test de embarazo. Se zafó de los brazos de Edward y se puso de pie -Hay algo que debo decirte. Es… delicado-
-Qué sucede-
-No sé cómo decírtelo…- admitió nerviosa
-Sólo dilo Bella. Me estas alarmando, ¿qué pasa?- quiso saber Edward, levantándose hasta quedar frente a ella. Él la notó tensa, nerviosa, y eso lo preocupó.
Isabella no dijo nada. Fue hasta su bolso y sacó el test de embarazo que estaba allí guardado. Suspiró para darse valentía, y luego se giró para enfrentar a Edward.
-¿Bella?- preguntó Edward. Pero Isabella seguía sin decir palabra, y con el test aferrado en sus manos, y escondidos por su espalda. Su rostro era de un nerviosismo prácticamente explícito. Nerviosismo que traspasó a Edward en cuestión de segundos.
Otro gran suspiro por parte de Isabella, para lentamente, traer al frente el aparato que aferraba en sus manos. Hasta extendérselo a Edward, quien por un momento frunció el ceño, algo confundido. Enseguida supo de qué se trataba. Él sabía que aquello era un test de embarazo. Lo agarró con parsimonia y lo observó. Otra cosa que él sabía, era lo que significaban las dos líneas azules que se dibujaban allí. Positivo. Recordó a un colega en la universidad, quien un día llegó flamante, lleno de felicidad, mostrándole a medio mundo ese test que su esposa se había hecho, indicando las dos líneas que arrojaban el resultado positivo.
Edward se quedó en silencio observando el blanco aparato que ahora tenía en sus manos, sin que en su rostro se reflejara ningún tipo de emoción, mientras que de los ojos de Bella, las lágrimas comenzaban a desbordarse.
Ella suponía lo peor. "Edward no quiere bebes. Hasta aquí llegó todo".
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UN COMENTARIO SUYO, UNA SONRISA DE LA AUTORA... =)
