Hola niñas! Bueno, después de que por estos lados del planeta, hayamos pasado por un susto de "aquellos" pues la tierra se nos movió furetecito, les dejo un nuevo capítulo de esta locura, a modo de terapia de relajación...jejeje.

Mil Gracias por sus comentarios y sus avisos de favoritos.

Mención honrosa para mi super beta Paly Paly.

Disfrutad y comentad!


Acción y reacción

Estado de shock emocional. Ese era el estado que había envuelto a Edward hacía ya más de tres minutos, mientras observaba el test de embarazo que Bella le había entregado. A esas alturas, ella ya se encontraba derramando lágrimas de pena, pues intuía que allí habría a lo menos una discusión. Probablemente la finalización de la relación que ella y él acababan de comenzar. Pero odiaba el mutismo de Edward. ¿Por qué no le enrostraba de una vez su rabia?¿Por qué guardaba silencio? Y no soportó más:

-Antes de que me digas nada, quiero que sepas que no fue parte de un plan para atarte a mí, que me sorprendió tanto como a ti, pero que este resultado no significa que tengas la obligación de quedarte junto a mí, ni menos hacerte cargo de la criatura- dijo ella con rapidez para no arrepentirse luego -Si crees que fui la responsable de este error, pues quizás… quizás hubo un día que no tomé mis anticonceptivos de forma normal… pero no lo hice con premeditación. Esto es tan desconcertante para ti como lo está siendo para mí. Si no quieres al bebé, pues entiendo…-

Aquello hizo reaccionar a Edward. Había escuchado las palabras de Bella en un susurro lejano, pues él estaba perdido en las dos líneas que reflejaban una pieza importantemente sorprendente para su futuro: un hijo.

-¿Isabella?- preguntó confundido por las palabras de Bella

-¡Dime de una vez lo que tengas que decirme! Enseguida me marcharé y …- decía ella con rapidez, ante la estupefacta mirada de Edward.

-¡Isabella, detente! De qué estás hablando…-

-De que sé qué estás pensando. Pensarás que esto es parte de una treta desde el principio, pensarás que lo hice con premeditación…-

-¡Que pares de hablar tanta estupidez Bella! ¡Detente! Isabella, que poco me conoces… esto- dijo, indicándole el test de embarazo -es por supuesto algo que no me esperaba, pero lo que siento es muy lejano a lo que tú te imaginas-

-¿Y tendré que adivinarlo? ¡Porque no me dices nada!- dijo con histeria, casi en un grito desesperado, aferrando su cabello con ambas manos, aun derramando lágrimas.

-Voy a ser padre. Voy a ser padre, y la madre de mi hijo es la mujer que amo- susurró, acercándose a ella -La emoción que siento ahora es tan poderosa que no sé cómo explicarla. Es la sorpresa más hermosa que jamás pensé recibir de ti…- agregó con sus ojos llenos de lágrimas, mientras acariciaba el rostro de Bella, que estaba empapado por las lágrimas gruesas que caían con descontrol desde sus ojos.

-Edward…- las palabras de Edward hicieron que Isabella profiriera un suspiro de descanso y alivio. Ahora ella era quien no podía hablar por la emoción.

-Mi amor, este hijo no hará sino unirnos aún más. Nada más lejano a querer apartarme de ti puedo pensar en este momento. Seremos una familia-

-Sí, una familia- reafirmó ella, echándose a los brazos de su amado. Su sueño escondido se haría realidad. Una familia, real y suya.

Se besaron con ternura al principio, para luego dar paso al anhelo y la pasión. En ese momento, el acto sexual sería una especie de celebración para ambos.

Llegaron hasta el cuarto, y lentamente comenzaron a desnudarse, mientras hablaban en susurros y se juraban amor eterno.

Quizás, había muchas cosas de las que hablar respecto a ese tema. Quizás debían cerciorarse antes si ese test decía nada más que la verdad. Quizás, sólo quizás, debían ponerse a planear el futuro. Pero en aquel momento, nada era más importante que el amor y la pasión que el uno sentía por el otro, y como la noticia de ese hijo, venía a coronar ese amor.

-¡Por Dios Isabella…. Insistes en hacerme el hombre más afortunado… sobre la faz de la tierra!- decía él, mientras besaba cada rincón del cuerpo de su mujer, quien disfrutaba de los labios de su amado. Edward llevó su boca hasta el vientre de Bella, y lo besó con ceremonia y adoración, mientras que con sus manos acariciaba las caderas inquietas de Isabella.

-Edward… te amo…- decía jadeante, acariciando la cabellera de Edward mientras él seguía rindiendo culto a su cuerpo.

-Como yo te amo a ti, mi Bella…- lentamente, comenzó su asenso hasta llegar a los labios de Bella, quien lo esperaba deseosa. Una vez allí, se miraron con adoración, como quizás nunca se habían mirado. Era como sellar un compromiso implícito entre ambos. Amor, fidelidad, compañía, comprensión, unión. Sentimientos y deseos que en ese momento no era necesario decir con palabras.

-Para siempre Bella-

-Para siempre Edward-

Y allí, él se deslizó dentro del cuerpo de Bella, jadeante, excitante, convirtiéndose en un solo cuerpo, sin tener claridad dónde comenzaba uno y dónde el otro.

Hicieron el amor con ternura y lentitud, hasta que sus cuerpos exhaustos pidieron una tregua, tres horas después.

-Ahora entiendo lo de los antojos- admitió Edward mientras acariciaba la espalda de su Bella

-No he tenido antojos…-

-Tú no, pero yo sí. Un litro de delicioso helado de chocolate, menta y chispas de chocolate, además de salsa de chocolate- explicó Edward sonriente, recordando lo satisfecho que se había sentido después de comer semejante manjar, ante la incrédula mirada de su hermana Alice.

-Eso es una bomba calórica, ¿no? Deberías cuidarte…-

- Necesitaba comerlo, sino enfermaría- sobreactuó con su voz, haciendo carcajear a Bella.

-¡Patrañas!- refutó ella divertida ante la confesión de Edward.

-Mañana haremos cita con un ginecólogo para confirmar tu estado, aunque yo no necesito confirmación alguna-

-Creo que yo tampoco, pero tu protegida Jane ya se encargó de tomar una cita con mi ginecólogo para mañana-

-¿Ella lo sabe?-

-Perdona… pero fue a quien primero se lo dije. Si no fuera por ella, quizás aún estaría con la duda…-

-No importa. Lo importante es que ella está contigo, ¿no?-

-Sí. Después que el doctor lo confirme, hablaré con mamá y con Charly…-

-Oh sí, seguro se pondrán dichosos. ¿Sabes? Esta tarde hablé con Alice, y quiere acercarse a ti-

-¿De verdad?-

-Sí, y con esta noticia se volverá loca-

-¿Le dirás a tus padres?-

-Lo haré…- dijo él, y suspiro. Su madre siempre había anhelado su primer nieto, que por cierto apostaba sería de Edward, pero no con Bella. Quizás ese hecho no la pondría tan dichosa, pensó él con tristeza, cosa que percibió Isabella. Se acomodó sobre su codo para observar a Edward y le acarició el rostro tiernamente

-No te pongas triste Edward, por favor…-

-No amor, nada podría entristecerme ahora- dijo él, cambiando su semblante para no sobre preocupar a Isabella. Luego agrego: - Pero Bella, debemos hacer algunos cambios…-

-¿Qué tipo de cambios?-

-Quiero que vivas conmigo Bella. Quiero que comencemos a preparar el hogar de nuestro hijo. Este apartamento es suficientemente amplio para nosotros y el bebé, quizás tendremos que hacerle arreglos, pero estará listo para cuando él nazca-

-Él o ella Edward…- rectificó ella

-Sí… una hermosa princesita o un precioso príncipe… no puedo creerlo-

-Ni yo. Y sí…- asintió ella, abrazándose con fuerza al torso desnudo de Edward, y poniendo su oído en el lugar justo donde latía con fuerza su corazón.

-Sí qué…-

-No quiero seguir viviendo lejos de ti, asique cuanto antes comencemos con la redecoración de este apartamento, será mejor. Quizás podamos contratar a especialistas que hagan el trabajo…-

-Oh, no, no, no… Quiero que tú y yo estemos al mando de la decoración y de los arreglos que haya que hacer. Será nuestro hogar, debemos prepararlo con nuestras manos…-

-¡Me encanta esa idea!-

-Alice nos puede ayudar, estará feliz, ya verás. Además, tendrás que tomarte el descanso necesario para esperar al bebé, quiero que te cuides y que no te recargues de trabajo…-

-¡Edward, no estoy enferma!- protestó ella. Edward fugazmente, hizo que ambos cuerpos giraran, de modo que él quedara sobre ella.

-No, claro que no, eso lo acabo de comprobar…- decía, mientras besaba su cuello y acariciaba sus hermosos senos.

-Mmm…-

-Pero ahora, debemos alimentarte…- susurraba él en su cuello

-Sí, ya tengo hambre…- admitió ella, aun disfrutando de las caricias de Edward. Él de improviso se alejó de ella y se levantó de la cama.

-Muy bien mujer, movámonos. ¡Anda ya, no seas perezosa!- le dijo, forcejeando con ella para que se levantara, tironeando las sábanas, mientras ella insistía en quedarse allí acostada, con él por supuesto. Cuando supo que perdería la guerra de las sabanas, se dio por vencida y se echó a los brazos de Edward, que la recibió gustoso

-¿Después volveremos a la cama?- preguntó ella en tono muy sugerente

-Oh si preciosa…- le dijo, besándola apasionadamente.

Sonriendo, ambos se calzaron sólo un albornoz y se dirigieron hasta la cocina a preparar algunos emparedados para comer. Claro, Edward decía que estaba tan famélico que sería capaz de comerse una vaca, pero debía calmar su apetito, pues después del almuerzo, y si seguía así, ganaría bastantes kilos. Pero ¡Diablos, qué tanto… si por ganar un par de kilos voy a ser a diario tan feliz como ahora, no me importa! Pensó sonriente.

Los días fueron pasando rápido, y llegado el momento, Isabella y Edward tuvieron la confirmación del ginecólogo, que les dijo que Isabella tenía nada más que cinco semanas de gestación. Ambos estaban exultantes de dicha.

Fueron con Renée hasta la misma oficina de la universidad para darle la noticia, y pues ella no pudo controlar el llanto de emoción, cuando le contaron que sería abuela en unos meses más. Al igual que Charly, que comenzó a hacer planes para su heredero, de quien dio por hecho que sería de sexo masculino, y que se llamaría igual que él. Ni Edward ni Bella tuvieron corazón, aun, para contradecirlo.

Luego fue el momento de contárselo a la familia de Edward, comenzando por sus hermanos. Emmett quien estalló en carcajadas y se abalanzó sobre su hermano, haciéndolo caer sobre el piso del apartamento, mientras le golpeaba el hombro en una "extraña" señal de felicitación y celebración. Mientras Alice abrió sus ojos desmesuradamente, para luego estos comenzar a llenarse de lágrimas. Su primer sobrinito.

En un acto que sorprendió tanto a Edward como a Bella, Alice se acercó hasta Isabella y la abrazó:

-Gracias- susurró mientras le abrazaba, mientras Bella también comenzaba a llorar de emoción. El ambiente entre los tres cambio al júbilo cuando le dijeron sobre sus planes de redecorar el apartamento

-¡Yo, yo me encargo!- dijo ella dando saltitos. Isabella y Edward asintieron, felices por el apoyo que suponía Alice para ellos.

Pendiente quedó el aviso de la noticia a Esme y Carlisle, que había ido de viaje a Oxford. Edward no tuvo contacto con su madre durante semanas, cuando iba, ella no estaba, o cuando llamaba eran muy pocas las palabras que cruzaba. Eso hacía que su semblante decayera. Era como el detalle que ensombrecía su felicidad.

Tanya Denali sabía o intuía que algo raro estaba pasando. El mutismo de su "amiga" Alice cuando trataba de contactarse con ella. Estaba tratando de averiguar sobre la relación de Edward y esa "mujerzuela" pero el mutismo de aquello hacia ella, la desesperaba. Había intentado ir hasta la universidad a hablar con Edward, pero él, de todas las formas, le había hecho saber que ahora con su insistencia, su presencia le molestaba, no dando ningún margen de tiempo para hablar.

Y Jacob Black por otro lado, que por una jugarreta del destino, había logrado quedarse con el puesto después de todo.

La tarde aquella en que concretaron una "reunión" entre Rosalie e Isabella, "porque necesitaban de tiempo y espacio para hablar con detenimiento sobre todo eso", habían salido muchas cosas a la luz. Sobre todo del tema de Jacob Black. Tema que Jane le había adelantado un poco a Rosalie.

Asique apartaron un par de horas en la sala de juntas para ambas, y hablaron del tema.

-Lo del embarazo lo voy a dejar para que me lo cuentes después. Ahora nos convoca otro asunto-

-Rosalie- dijo Isabella con calma, y es que aquella mañana, su doctor le había confirmado su embarazo, por lo que andaba radiante, jurando que nada ni nadie le arrebataría eso -Ayer te di una orden. Black no trabajará en esta empresa, por muy preparado que creas que está para el cargo. Debe haber cientos de profesionales mucho mejores que él, lo sabes-

-Isabella, ¿vas a dejar que él gane el jueguito, ya sea que eso es lo que él pretenda?-

-Sé a lo que está jugando Rose, lo conozco…-

-No pienses como jugarías tú Isabella, piensa con los cojones de Jacob. Por supuesto, él creerá que quedándose en este puesto, estará ganando la partida, pero en verdad Bella, él sin darse cuenta jugará el juego que tú quieras…-

-¡Maldita sea Rosalie! Tú y tu jerga de guerra. ¡Explícate!- demandó Isabella con desesperación.

-Deja que Jacob se quede trabajando aquí…-

-¡NO!- negó tajantemente

-¡Escúchame!-

-¡No tengo nada que escuchar!-

-No seas terca Isabella. Deja que trabaje para ti, para la empresa. Ponle vigilancia, no le des más potestades que las justas y necesarias para su trabajo, ponle vigilancia si así lo crees necesario, pero finalmente y como sea, ese "perro" como le dices, estará trabajando para ti, y cuando el sienta que puede seguir ascendiendo, lo sacas a patadas. Ese será un gran golpe para su ego, y para su culo-

-No me convences Rosalie. Ese tipo no se quedará tranquilo, él está aquí por algo, con un propósito, que probablemente sea destruirme, destruir lo que es mío, lo que he construido, y esta empresa cae en ese paquete…-

-¡Pues te recuerdo que parte de esta empresa también es mía, y no permitiré que nadie se eche al bolsillo algo por lo que no ha trabajado, ni ese tal Black ni nadie!-

-¡Entonces! Por qué insistes…-

-Veamos los movimientos de Jacob, hazle creer que caes en su trampa cuando en verdad la que tiene el sartén por el mango, eres tú. Además, también estaré al pendiente de él, me ofrezco como una de tus espías si lo precisas…. Es mejor tener a los enemigos cerca, ya sabes. Él estará en tu territorio Isabella…-

-¡Por el amor de Dios!- decía Bella, sin saber qué hacer, mientras acariciaba su cabellera suelta para relajarse, después de escuchar lo que Rosalie estaba diciéndole.

-Hazme caso, confía en mi… has hecho buenos negocios desde que somos socias, no lo puedes negar…- decía Rosalie, tratando de sonar convincente.

-He hecho buenos negocios siempre, incluso antes de conocerte- le recordó Isabella. Dio un gran suspiro, como dándose por vencida, y agregó, dando por hecho que confiaría en las "estrategias" de Rosalie -Óyeme bien Rosalie, no quiero toparme con Jacob Black en esta empresa. Como sea, serás la responsable de evitar encuentros con ese tipo, ya sea en el elevador, en el estacionamiento, en una junta, donde sea. Lo quiero lejos, quiero olvidar de lo que voy a hacer, de que voy a hacerte caso, solo por intuición. Ahora Rosalie, el cargo de Jacob en esta empresa tiene tiempo de expiración. Seis meses, no lo quiero más tiempo aquí, así que eso debes tenerlo cubierto legalmente, no quiero molestias sobre demandan laborales ni nada por el estilo. Si no hace nada durante ese tiempo, bien; si intenta algo, bien también, porque serás tú la responsable. Y no hablo sólo de esta empresa, sino de la gente que me rodea, de la gente que amo, incluyendo a mi hijo, que ahora es lo más importante para mi, ¿me entiendes?-

-Soy capaz de hacerme cargo Isabella-

-Pues me alegro, porque pesa sobre ti toda esta responsabilidad. Ah, y tampoco lo quiero cerca de Jane-

-Cubriremos a Jane entonces también…-

-Ahora dime una cosa Rosalie, ¿qué demonios te traes con Black, eh?-

-De qué me hablas…-

-Te hablo de tu interés por ese perro…- dijo Isabella, como escupiendo las palabras

-No lo sé Isabella… no lo sé-

-Pensé que te inclinabas por Emmett…-

-¡No metas a Emmett en esto! Él no tiene nada que ver!-

-¿Entonces?-

-Digamos que este tipo llama mi atención… cuando lo entrevisté, él coqueteó conmigo. Por supuesto, ahí no sabía la historia que había detrás, hasta que ayer Jane me lo contó. Este tipo tiene la palabra "codicia" estampada en la frente. Quizás la venganza lo llevó a eso… y digamos que tú no fuiste una blanca paloma…-

-¿A dónde quieres llegar?-

-Quiero saber hasta dónde es capaz de llegar ese tipo…-

-No te entiendo… y espero que esto que estés haciendo, no se te escape de las manos-

-Eso no pasará. Soy una buena empresaria, sé cuándo salir de un negocia que huele a podrido, Bella..-

-Como sea. Ahora me largo, tengo trabajo pendiente y debo aprovechar mientras pueda trabajar, ya que Edward insiste en pensar que el embarazo es una forma de enfermedad femenina que nos imposibilita-

-Oye, ¿y cómo va eso? Debo reconocer que me sorprendiste Bella, ¿supongo que Edward está feliz?-

-Feliz es quedarse corto, igual para mí. Hemos hecho tantos planes… Bueno, quisiéramos invitarlos a cenar, así que te estaré avisando cuando. Ahora me largo. Y ya sabes Rosalie, estas advertida sobre el perro ese…- dijo Isabella, saliendo de la sala de juntas.

Y ahí se quedó Rosalie, pensando en muchas cosas.

Primero: en el desafío que ahora significaba descifrar los movimientos de Jacob Black, ¿pero por qué? Ese hombre desde el primer momento llamó su atención. La seducía. ¡OH, sí, demonios! Aún después de lo que supo sobre la historia universitaria que rodeaba a Bella, Jane y Jacob. Pero después de todo, todo acto tiene su consecuencia, y quizás él actúa así por consecuencia de como Isabella fue con él en el pasado. De cualquier manera, por muy atrayente que ese tipo fuera para ella, no se descuidaría, y mantendría su palabra respecto a lo que acababa de hablar con Isabella.

Segundo: Emmett, y todo lo que había ocurrido con él. Debía reconocerlo, ella había estado haciéndolo sufrir, quizás para medir hasta qué punto podía confiar en él. Ese hombre gigante, pero tan tierno, se estaba calando poco a poco en su corazón. La prueba de confianza estaba pasada con creces por Emmett, pero ella disfrutaba viendo como él trataba de agradarle en todo. Cada día hablaban largamente, personalmente o por teléfono. Ella se había abierto completamente con él, acerca de su pasado. Él estaba demostrando ser paciente con ella, y quizás no se merecía que ella comenzase a interesarse de aquella manera tan extraña por este nuevo ejecutivo, Jacob Black. Pero nada estaba dicho con respecto a nada. Seguiría sus instintos, sus intuiciones como siempre lo había hecho.

Tercero: Isabella y su noticia sobre su sorpresiva maternidad. Recordó cuando ella y su difunto esposo supieron de su embarazo. En ella no cabía tanta felicidad como cuando supo sobre la pronta venida de su pequeñito. Un sentimiento de amargura la acongojó en ese momento. Añoraba tener una familia como la que alguna vez tuvo, y que el destino le arrebató sin contemplaciones. En ese momento sintió ganas de llorar por aquel recuerdo. Pero eso era algo que hace mucho tiempo no se permitía. Así que decidió levantarse del sillón y ponerse a trabajar.

Lo primero que haría, sería hablar con Jacob, y decirle sobre sus seis meses de "prueba" al que la directiva, como precaución, había decidido ponerlo. Y lo hizo:

-Verá Señor Black, su currículo es impecable, pero aun así, los directivos insisten en ponerlo a prueba durante seis meses. Por supuesto, usted recibirá el mismo sueldo que habíamos acordado, eso no se modificará. Espero que entienda…-

-Entiendo perfectamente- contestó, pues sabía que más que "directiva" había sido Isabella la que había dado esa orden. Lo que le pareció extraño. Pues él esperaba que ella viniera hasta su oficina y tratara de matarlo con sus propias manos. Pero no quiso cuestionarlo más.

-Bien, creo que eso es todo…- dijo Rosalie, comenzado a salir del despacho de Jacob

-¡Rosalie! Verás, quizás lo encuentres una patudez- dijo, comenzando a tutearla -pero quisiera agradecerte las gestiones que has hecho conmigo… con mi trabajo digo… quisiera invitarte a tomar un trago a algún bar o algo así, para que nos fuésemos… conociendo- propuso Jacob, y es que a él se le había cruzado por la cabeza, tener a Rosalie como aliada en la empresa y fuera de ella, "En la cama quizás…" pensó. Rosalie lo pensó durante unos minutos, evaluando frente a él la posibilidad de salir y conocer algunos detalles de la vida de ese tipo. Así que aceptó. Ya vería cómo se iban dando las cosas.

-Está bien, un trago… por qué no-

-Perfecto… ¿nos encontramos en el estacionamiento?-

-¿Andas en coche?-

-Oh, no aún… no he tenido tiempo de adquirir uno… ya sabes, he tenido tantas cosa que hacer, el tiempo no me ha alcanzado…- comenzó a excusarse él, aunque la verdad es que el dinero que tenía, no le daba para adquirir un coche con las características y el lujo que él deseaba. Pero por supuesto, eso no lo iba a decir

-No hay problema. Vamos en mi coche- dijo ella. Así que coordinaron encontrarse en veinte minutos en el estacionamiento e ir a algún lugar a charlar.

Lo que Rosalie no se imaginaba, era que Emmett había decidido ese día jugarse el todo por el todo. Había sido suficiente para él con la espera, con la incertidumbre respecto a qué clase de relación tenía con Rosalie. Y es que él ya se sentía como un bobo enamorado, pero ella… ella no decía ni mucho menos decía nada que le alentara a pensar que ella sentía lo mismo. Pero después de todo lo que le había contado sobre su vida, quizás le costaría rehacer su vida sentimental. Pero había pasado suficiente tiempo, suficiente tiempo para que ambos se conocieran, para que ella conociera de él y supiera que sus intenciones hacia ella eran reales, que no quería dilatar más la situación. Así que esa mañana, fue a una joyería y compró un anillo para Rosalie, y un hermoso ramo de rosas rojas.

Decidió, con sus regalos, ir a sorprenderla al estacionamiento mismo de la empresa. Isabella le indicó más o menos a la hora que la podía sorprender. Ella misma daría indicaciones que le dejasen entrar al estacionamiento privado de gerencia, para que no tuviese problemas. Así que tenía todo listo. Llegada la hora, fue hasta el lugar indicado, y se ubicó para hacerle guardia a "su chica"

A Emmett no le pareció extraño ver a un joven moreno cerca del coche de Rosalie. Lo que sí le sorprendió ver fue cuando ella llegó, sonriéndole, y subiendo ambos a su mismo coche.

-¡¿Qué demonios…?... OK, calma Emmett… quizás una salida de negocios, una junta extraordinaria… - comenzó a decirse para tranquilarse… ¿pero qué haría? Muy bien, quizás sea la actitud de un acosador maniático, pero qué importaba, la seguiría, y esperaría pacientemente hasta que terminara su "reunión" para hablar con ella. Así que fue lo que hizo. Siguió el lujoso BMW de Rosalie a una distancia prudente para no ser sorprendido, y raro le pareció ver aparcarlo en un bar que no era muy apto para esa clase de reuniones de negocios a los que los empresarios suelen ir. Él lo sabía. Él era empresario también.

Los vio entrar, a ambos… solos. Por lo que no demoró en decidir en entrar también. Definitivamente, eso no era una reunión de negocios ni nada por el estilo. Aquello era una cita. Y eso hizo que una furia lo invadiera, con el deseo de ir hasta aquella mesa, y saludar a la "parejita" como si nada. Vio como aquel tipo se atrevió a acariciarle la mejilla, tomarle la mano, quitarle del rostro un mechó de cabello… ¡Maldito ese!

Pensó en irse y no seguir torturándose más. Pensó en todo lo que ella le había contado sobre su vida, y concluyó que no era como ella le había contado. Pensó en que en todo este tiempo, él no había hecho otra cosa que hacer el papel de estúpido con esa mujer. Pero no se movería de ahí. Quería ver todo el espectáculo. Quería sacar conclusiones con fundamentos. Así que esperó hasta que el "par" acabara con su cita, y los siguió.

Lo que nunca se imaginó, fue que al salir de allí, Rosalie y su acompañante llegaría hasta el apartamento de ella. Emmett los vio salir del local, mientras él la abrazaba por la cintura, y ella no hacía nada por impedirlo. Enseguida se dirigieron rumbo al edificio de Rosalie, en donde se encontraba su departamento, ya muy de noche. Y de allí Jacob no salió por muchas horas más.

Emmett, frente al edificio, aparcó su coche, y salió con las rosas en la mano, para enseguida azotarlas en el pavimento, mientras lanzaba maldiciones e improperios contra ella. Luego recordó la cajita que llevaba en su bolsillo, la que contenía el anillo. Lo sacó, y lo lanzó lejos, junto a su anhelo de comenzar una vida con esa mujer.

-¡Maldita sea Emmett Cullen! ¡Nunca más te arrastras por una mujer así, nunca más!- se espetó con furia, dejando las rosas tiradas en el suelo, y el anillo lejos en algún lugar de la calle. De allí, salió a toda velocidad, rumbo a algún antro, para ahogar su maldita rabia y su maldita pena, y para encontrar a alguna mujer, cualquiera sea, con quien revolcarse esa noche y olvidar con buen sexo las penas de amor, que por primera vez lo estaban aquejando.

¡Auch!, pobre Emmett. Nenas, los siguientes dos capítulos son outtake de Emmett y Rosalie... y es que la historia de este parcito se merece estos relatos cortos dedicados a ellos, ¿no? Así que veremos que pasa. Hasta la próxima actualización!

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