Damas! Muy buenas tardes. Aquí ando yo, dejando vestigios de esta locura mía... bueno nenas, a continuación les dejo el segundo outtake de la historia que está dedicado a Emmett y Rose. Como verás, este out lo partí en dos, la segunda parte la subo el domingo, ¿si?
Como siempre, gracias miles por sus lecturas, por las alarmas de favoritos y reviews... de verdad me ilusiona que me cuenten que les ha parecido la historia, asi que no me hagan sufrir, ¿si?
Bueno, Agradecimientos especiales a mi super Beta Paly Paly, como siemre =)
DISFRUTAD!BESOS A TODAS
APS...ANTES QUE ME OLVIDE... A LAS NENAS QUE SEGUÍAN "DOS PASAJES A LA NOCHE", LUEGUITO SE VIENE LA SEGUNDA PARTE DE LA HISTORIA... =)
Outtake 2, primera parte: Emmett Cullen, y como es que una noche de enero le rompieron el corazón.
-Tráigame un whisky doble sin hielo- ordenó Emmett, mientras sacaba una cajetilla de cigarros que recién había comprado. Iba a fumar. Eso no era normal en él. Él no fumaba.
-Como diga el señor- dijo el mesero, y se alejó de la mesa con prontitud. Quizás el enfurecido rostro de Emmett, fue el que lo orilló a correr por su orden, y regresar solo al par de minutos con el vaso de whisky. Lo dejó sobre la mesa, y volvió y preguntó -¿Necesita algo más el señor?-
-Sí- contestó Emmett, tomando el vaso en sus manos, y tragándose el contenido en un abrir y cerrar de ojos. Golpeó el vaso vacío sobre la mesa y agregó -Tráigame otro, igual… o no, mejor tráigame la botella-
-¿Está seguro el señor?- preguntó el camarero. Emmett lo miró con furia, sacó su billetera y arrojó sobre la mesa unos cuantos billetes grandes, que alcanzaban a cubrir con creces la botella de whisky, y hasta quizás dos. El camarero guardó silencio, tomando los billetes, además del vaso, para retirarse y volver al cabo de dos minutos con la botella de whisky esta vez no dijo nada. Sólo dejó el pedido de aquel "amargado cabrón" sobre la mesa, y se retiró.
"Amargado cabrón". Esa era una denotación muy lejana de lo que en realidad era Emmett Cullen. O lo que fue, antes de que se le rompiera el corazón en mil pedazos.
Se sentía como un estúpido. Durante el mismísimo día que conoció a esa "hija del demonio", como ahora llamaba a Rosalie Hale, había hecho el papel de estúpido, de pelele. Se había tragado toda la historia que ella le había contado sobre su sufrimiento… "¡Quizás ni siquiera fue verdad, maldita sea!", se espetaba con furia, dando duros golpes sobre la mesa. Quizás desde hace cuánto tiempo le estaba viendo la cara de imbécil, con ese cuento de que "No era una mujer fácil", o "Tengo miedo de comprometerme otra vez…"
-¡Maldita mentirosa!- maldijo ahora en voz alta.
Esa no era la actitud que él solía tener frente a las mujeres, ni menos frente a la vida.
Emmett Cullen, el mayor de tres hermanos, nacido y criado en una familia de convicciones e ideales firmes, era un tipo alegre y agradecido. Un poco niño y hasta loco, pero era un buen muchacho. Eso todos los que lo conocían, lo sabían.
Desde niño fue travieso, siempre era quien lograba sacar de sus casillas a su cariñosa y paciente madre. "¡Emmett Cullen, deja de hacer travesuras!, ¡Emmett, no molestes a tus hermanos!, ¡Emmett, no estás en edad para esas diabluras!, ¡Emmett, va siendo hora que pienses en tu futuro, que sientes cabeza!"
Era un tipo alegre, chispeante, agradecido de la vida y dispuesto a aprovechar cada oportunidad que la vida le plantaba por delante, en todo el sentido de la palabra. Siempre era quien le ponía el toque de humor a las cosas, o intentaba no ser tan "grave". "Para todo hay solución en esta vida", decía. Ese mismo carácter revoltoso hacía que tuviese un arrastre muy especial en las mujeres, pero contrario a lo que se cree, él no se dejaba llevar por "pasiones pasajeras". Sólo cuando estuviese seguro de que una chica le gustaba en verdad, iba y la abordaba, comenzando así su trabajo de conquista. Eso no ocurrió muchas veces. Pocas novias se le conocían, dos o quizás tres, pero ninguna de importancia trascendental con la que él quisiera formar la familia ideal, ejemplo a seguir que había tomado de sus padres.
Eso, por supuesto, hasta que conoció a Rosalie Hale.
Sentado en una arrinconada mesa del bar, recordó la noche en que la conoció. Sí, era una especie de autoflagelo, pero no le importaba. Recordó cuando en aquella fiesta, la vio llegar, radiante, como una diosa bajada desde el mismísimo Olimpo, sólo para él. Su presencia era imponente, majestuosa, hasta inverosímil.
Desde aquella noche, intentó variadas formas de acercársele, hasta que una noche, cuando coincidieron en otra fiesta, él, decidido y aleonado por su hermano Edward, fue hasta ella, y demandante, le hizo saber que no estaba dispuesto a seguir esperando hasta que ella decidiese a mirarlo:
-¡Bailarás conmigo! llevo demasiado tiempo esperando abrazarte en una pieza de baile, y no pretendo seguir esperándote-demandó con rudeza, y por la cintura la aferró, apretándola contra su pecho, ante la sorprendida cara de la mujer. Eso lo recordó con mucha claridad. Fue la primera noche que la tuvo de esa manera entre sus brazos. Y quizás la única.
A partir de aquel momento, Emmett fue una especie de amigo y confidente para Rosalie. Cuando ella le contó acerca de su experiencia de vida, él no lo pudo creer. No daba crédito a que una mujer como ella, hubiese sufrido de esa manera. Primero, haber nacido en el seno de una familia millonaria, pero prácticamente sola, sin el cariño de sus padres. Segundo, haber perdido a su marido y a su pequeño hijito en tan abrumantes condiciones, y hace tan poco tiempo:
-¿Rosalie, cómo es que sobresaliste a todo eso que me cuentas en tan poco tiempo?-
-No ha sido fácil Emmett. Cuando pienso en lo que tuve y en lo que perdí, siento ganas de acabar con mi vida, pero quizás haya alguna especia de esperanza para mí, una segunda oportunidad…-
-La hay Rosalie, la hay- afirmó con vehemencia Emmett, pensando fehacientemente que él era la segunda oportunidad que Rosalie estaba esperando para rehacer su vida.--Estoy aquí, desde ahora y para siempre, como lo que tú quieres que yo sea Rosalie. Confía en mí…-
-Emmett, yo no sé si pueda volver a…-
-No digas nada preciosa. No estoy demandando nada, sólo quiero que sepas que me tienes de forma incondicional-
-Eres tan tierno Emmett….-
-¡Eres tan tierno Emmett!... ¡Eres tan malditamente imbécil Emmett, que te tragas todo lo que te digo!- refunfuñaba con odiosidad, mientras recordaba con nitidez esos eterno diálogos que ambos sostenían durante horas, hablando de sus vidas. Emmett estaba dispuesto a esperarle, hasta que ella estuviese segura, pues él tenía completa convicción de que ambos se pertenecían… -¡Sí, claro!-
Al cabo de unas horas, los dueños del local tuvieron que sacar a la fuerza a Emmett. Estaba total y completamente ebrio, fuera de control:
-¡Todas la mujeres son unas putas! ¡TODAS!- gritaba, después que una "dama" intentara acercársele y proponerle una buena noche de sexo. Él la agarró con violencia del brazo, y la empujó, alejándola de él, haciendo que ella cayera al piso. Varios hombres se fueron sobre él para defender a la muchacha. Recibió varios puñetazos, pero no se defendió. Dejó que lo golpearan. El licor no había logrado sacar de su memoria todos los recuerdos de ese "demonio de cabellera rubia". Quizás los fuertes golpes que los hombres le proferían, lograrían borrar esos recuerdos, y los de esa noche, cuando se dio cuenta de la traición de Rosalie.
-¡¿Edward?¡¿Edwaaaaaaard?- gritaba Emmett por el teléfono, cuando recostado en la acera, fuera del bar, le marcó al primer número que encontró en el registro.
-¿Emmett?¡¿Qué demonios….?-
-Ed Ed Edwarddd, hermano…- gimoteaba de la rabia, de la pena, y del dolor.
-¡Maldita sea Emmett, estás ebrio!-
-Edwaarddd, jugaron con mí con mi corazón hermano… jugaron y luego lo destruyeron…-
-¿De qué hablas?-
-De que me muero aquí…-
-¡Dónde estás Emmett!-
-En el infierno…-
-¡¡Emmett, maldita sea, dime dónde demonios estás!-
-Me botaron de un bar… ¡A mí, Emmett Cullen, prestigioso economista bancario!-
-¡¿Qué bar Emmett?-
-Hay un letrero que dice "Roice Bar"… ¡Qué se yo!... ¡Y una puta quería llevarme a su cama!¡Pero yo le dije que no salgo con putas…! ¡PORQUE TODAS LAS MUJERES SON UNAS PUTAS!- volvió a gritar lo último, haciendo que en par de chicas que pasaba por allí, pateara sus canillas, mientras le lanzaba palabrotas.
-Quédate allí donde estás, no te muevas. Voy por ti- advirtió Edward, y colgó.
-¡Maldita sea Emmett! ¡Levántate!- decía Edward, mientras trataba de levantar a su hermano de la acera en donde lo encontró, con la ayuda de James.
-¡No quiero!- protestó Emmett, sin querer moverse de donde estaba.
-¡Anda hombre!- dijo James, agarrándolo de un lado, mientras Edward lo sostenía del otro, y en calidad de bulto lo llevaban hasta el coche.
-¡A dónde me llevan! ¡Déjenme solo!... ¡No! Llévenme a casa de esa mala mujer… quiero gritarle en la cara todo lo que se merece…- decía con dificultad, mientras James y Edward lo cargaban hasta el coche.
-¡¿De qué hablas Emmett?- preguntó James.
-Rosalie… maldita mujer, demonio hermoso, destructora de almas…puta desgraciada-
-¡Para ya Emmett!- le dijo Edward, que se instaló en el asiento del piloto, sin saber con claridad a dónde lo llevaría -¿Lo llevamos a su apartamento?- le preguntó a James.
-¡¿Estás loco? Y dejarlo solo allí… es capaz de levantarse y salir tras Rosalie…-
-¡No nombren a ese demonio en mi presencia!- gritó Emmett desde el asiento de atrás.
-¡Cállate Emmett!- gritó ahora Jame hacia atrás. Luego se volvió a Edward. -Edward, será mejor que lo llevemos a tu apartamento, ¿Bella está allí?-
-¡Ella… ella debe de haberla ayudado a burlarse de mí! ¡Edward, aléjate de esa mujer…!- intervino otra vez el hermano ebrio, haciendo enrabiar a Edward
-¡Si no te callas, te rompo la cara, y te dejo peor de lo que estás Emmett!-
-¿Tienes idea de que ocurrió?- le preguntó James a Edward.
-No, pero lo supongo. ¿A caso no oyes como maldice a Rosalie…?-
-¡Que no la nombren!- volvió a gritar Emmett, quien durante todo el camino lamentándose de su vida, desde que conoció al "demonio ese"
A los dos hombres les costó trabajo hacer callar a Emmett, que cada dos minutos, arremetía en contra de Rosalie, y de cualquier mujer. Hablaba cosas incoherentes aun para ellos, pero como supuso Edward, la cosa tenía que ir por allí. Algo debe de haber pasado con Rosalie.
Después que llegasen hasta el apartamento de Edward, Emmett se quedó instantáneamente dormido en el sofá. No hicieron intento de llevarlo hasta una recamara.
-Muy bien Edward, futuro padre, te toca cuidar a tu hermano mayor. Llámame mañana en cuanto sepas a ciencia cierta qué ocurrió-
-Gracias James- dijo Edward, despidiendo a su amigo, que se iba del apartamento. Luego, y durante un rato, se quedó contemplando a su hermano mayor, y sintió algo de pena por él. No estaba acostumbrado a verlo así, por tanto, algo grave tendría que haber pasado con Rosalie.
Le sacó los zapatos, la chaqueta, y lo cubrió con una manta, dejándolo allí dormido. "Descansa hermano".
Emmett no podía del dolor de cabeza. En realidad le dolía todo el cuerpo, como si mil caballos le hubiesen pasado por encima.
-Qué… qué pasó…-
-¿Qué pasó? Es una muy buena pregunta Emmett. ¡¿Me puedes decir qué demonios te pasó ayer?-
-¡Shhhhh!¡No grites!-
-Emmett, me puedes explicar qué ocurrió con Rosalie, que te dejó tan mal…-
-Soy un maldito estúpido Edward. Un pelele con letras grandes. Esa mujer estuvo jugando conmigo. Ella sabía de mis sentimientos hacia ella, sabía que estaba dispuesto a darle el tiempo que necesitara… pero en verdad, ella estaba jugando una especie de doble juego. Mientras que conmigo se hacía la víctima, con otro se revolcaba en la cama…-
-¿Estás seguro de lo que dices?-
-¡Yo los vi! ¡Los vi salir de la empresa. Los vi irse juntos a un bar, coquetear allí, después los vi salir abrazados y llegar al apartamento de esa mujer. No me imaginé nada de eso-
-Quizás estés sacando conclusiones apresuradas-
-No soy estúpido Edward… o no lo soy más-
-Insisto, quizás estés sacando conclusiones apresuradas…-
-¡¿Sabes qué haré? Iré a encararla, a decirle que descubrí su jueguito. Eso haré- dijo, haciendo caso omiso del dolor que le partía la cabeza. Debía ponerle punto final a ese asunto de una vez.
-¡Detente! ¡Mírate cómo estás!- Edward trató de hacerlo entrar en razón, pero lo conocía. Su hermano mayor era terco como una mula.
-¡No me importa!- dijo, calzándose los zapatos, y su chaqueta -Te aseguro que me siento peor, mil veces peor de lo que en verdad me veo-
-Emmett…-
-Gracias por lo de anoche Edward- dijo Emmett, sin dejar que su hermano contraatacara. Recordó, mientras bajaba, que su carro debería haber quedado en algún lugar. Luego se lo preguntaría a su hermano. Ahora debía terminar con este calvario, cerrarlo, ponerle fin, y olvidarla.
-¡Déjeme pasar! ¡Le digo que me deje pasar!- decía Emmett en la portería de la industria que dirigía su chica… ¡en la industria que dirigía ese demonio!, forcejeando con el guardia para entrar.
-¡Usted está ebrio señor!- decía el hombre vestido de azul, intentando detener a Emmett, que lo pasaba en altura, y era bastante más corpulento que él.
-¡¿No me diga! ¡Déjeme pasar… ¿Sabe quién soy yo?... pues, pues, pregúntele a Isabella Swan, ¿sabe quién es Isabella Swan? ¡Le exijo que la llame y le diga que estoy aquí!- imperante demandaba, mientras con el dedo índice golpeaba el pecho del guardia, quien estaba a punto de tocar la alarma para pedir refuerzos.
-Señor, por favor...-
-¡Se lo exijo!- dijo Emmett, cruzándose de brazos y mirando desafiante. La altura y la contextura de Emmett, en aquel momento, era intimidante hasta para aquel guardia de seguridad que estaba capacitado para enfrentarse a "peligros" de verdad.
Veinte minutos se demoraron en contactarse con gerencia, y pedirle a la asistente de la señorita Swan, que "por favorcito" respondiera solo al hecho de que si conocía o no a Emmett Cullen.
-¡Por supuesto que lo conoce! Es el hermano de su novio, ¿pero qué hace aquí?- confirmó Jane la información, y preguntó desconcertada
-Insiste en entrar, señorita-
-¡Isabella!- gritaba Emmett cuando intuyó que el guardia podía estar hablando con ella
-¿Está ebrio?- preguntó la asistente, después de oír los gritos de Emmett
-Es probable…- advirtió el guardia un poco más bajo para que Emmett no le escuchara.
-¡¿Emmett?-
-¡Isabella, dile que me conoces!-
-No estaría aquí de lo contrario. Pero mírate cómo estás, ¿qué ocurrió?-
-¡¿Qué ocurrió?¡¿Qué te parece si se lo preguntamos a tu amiguita…?-
-¿Rosalie?-
-¡Usted suélteme! Voy a entrar a terminar con un asunto con la dueña de este lugar- le decía al guardia, que lo sostenía aun desde el brazo.
-¡Suéltelo! Él viene conmigo- ordenó Isabella
-¡Ja! ¡Se lo dije!-
-¡Anda Emmett, necesitas un café!-
-Isabella, no quiero café. Tengo que hablar con ella, y tú me acompañarás-
-Emmett, ella está en una reunión importante…-
-¡No me importa! Quiero que ella sepa que ya no me puede seguir engañando, que la descubrí en su treta…-
-No te entiendo Emmett-
-Ya lo verás, ahora llévame hasta donde se encuentra ella-
-¡Por un demonio Emmett! Si no fueras hermano de Edward, te hubiese echado a patadas, y me hubiese evitado el escándalo que sé se armará aquí-
-Gracias por la confianza, futura madre de mi futuro sobrino- dijo él, seriamente. Y es que hace apenas dos días se había enterado de que sería tío, y eso hizo que su imaginación despegara, soñando con un lindo hijo entre él y… "¡No Emmett, basta con eso!"
Llegaron frente a la puerta de la sala de reunión, en donde Rosalie se había reunido con su asistente personal para delinear los puntos a tratar…
-¡Tú, mujer del demonio!- dijo Emmett, entrando intempestivamente, recriminándole enseguida, sin poder evitar las lágrimas, muy poco masculinas a su parecer, comenzaban a salir de sus ojos.
-¿Emmett, qué haces aquí?- preguntó Rosalie absolutamente desconcertada primero al ver la presencia de Emmett ahí, segundo por su semblante desaliñado y su rostro golpeado, y tercero, por la forma en que la encaraba.
-Vengo a decirte que me repugnan las mujeres como tú, que descubrí tu jueguito, anoche cuando te vi con tu amante. Sí, lo sé, dije que sería tu amigo, ¡Pero demonios, tú sabías lo que yo siento… sentía por ti! Y aun así me usaste… ¡Si tenías a otro, sólo debiste decírmelo, y no jugar con mis sentimientos!- increpaba furibundo, mientras Isabella y la asistente observaban en silencio la escena. Rosalie lo miraba confundida, no sabía qué estaba pasando
-No entiendo…-
-¿No entiendes? Pues te lo explico: anoche, venía decidido a dar un paso contigo. A decirte con todas sus letras que eres… que eras la mujer de mi vida, y que te amo… te amaba con locura. Pero te vi salir muy bien acompañada de tu conquista… saliendo de aquí, llegando a un bar… ¡y luego metiéndose a tú departamento quizás a hacer qué lujuriosas posturas sexuales contigo!- le espetó.
-¿Jacob?- dijo ella, recordando su salida de anoche. Isabella abrió los ojos como platos, sin poder creerlo.
-¡¿Jacob Black, Rosalie?... Oh, por Dios… tengo ganas de vomitar- dijo Bella, cerrando su boca con su mano y saliendo de ese lugar a toda carrera.
-¡Cómo se llame, ya no me importa! Déjame decirte, demonio, que rompiste mi corazón en mil pedazos. Creí en todo lo que me decías. Creí que necesitabas tiempo, y todo lo que hice fue esperarte, respetarte, no presionarte…-
-Emmett, detente…-
-Esas miradas, las palabras entre líneas, no significaron nada- dijo en un susurro
-No sabes lo que dices…-
-¡No soy estúpido por un demonio!-
-¡Pues sí lo eres!-
-¡Niégame lo que estoy diciendo! ¡Niégame que los vi coquetear en ese bar! ¡Niégame que no te fuiste con él hasta tu apartamento, y que no pasó nada! ¡Niégamelo, y te creeré maldita sea, y me arrastraré suplicando me perdones Rosalie…!- "Anda nena, desmiéntelo, dime que no pasó nada de lo que imagino…" Pero Rosalie se quedó en silencio. No dijo nada.
-Lo sabía… y tienes razón, quizás sea un estúpido, quizás fui un estúpido, pero ese Emmett quedó atrás. Seguiré mi vida, y espero que tú sigas tu vida licenciosa que llevas hasta este momento… ¡una puta bajo el vestido de monja!-
-¡Emmett, no te permito…-
-¡Tú ya no tienes porqué permitirme o no nada! ¡No tienes derecho alguno, así que guárdate tus palabras-
-Escúchame ahora una cosa, Emmett Cullen: te arrepentirás de lo que acabas de decirme- dijo, por primera vez, temblándole la voz, y dejando que lágrimas cayeran por su rostro, haciendo que el corazón de Emmett se comprimiera por un segundo. Ese solo hecho, lo hizo sentirse arrepentido de todo lo que había dicho, de lo que había hecho "¿Y si me precipité?", pensó él, mientras oía a Rosalie, intentando permanecer estoico en su postura -Te arrepentirás de cada palabra que estás diciendo, de cada maldito pensamiento que me hizo culpable, de cada conjetura sacada por tu estrecha cabecita… y yo me arrepentiré de haberte abierto mi corazón, y de haberte entregado parte de él sin darme cuenta Emmett. Ahora con tu permiso, que esta "puta" tiene trabajo que hacer. Hasta nunca Emmett Cullen- dijo, limpiándose las lágrimas de sus ojos, y saliendo de forma estoica de esa oficina, dejando a Emmett de una pieza, sin poder reaccionar.
Por un segundo, tuvo la intención de salir tras la rubia mujer, y pedirle explicaciones, y rogarle perdón… pero no. Él la había visto, no necesitaba más explicaciones. Además, no le dijo nada, no desmintió nada. De seguro, ella había dicho todo ese discurso para excusarse, por supuesto, cualquier mujer lo hubiese hecho.
-Ahora, que haga lo que quiera con su vida- se dijo a sí mismo, luego dio la vuelta, y vio que una mujer, la asistente de Rosalie, seguía aun parada en una esquina de la oficina, mirándolo con grandes ojos asustadizos. Él la miró con rabia, y le gritó, antes de salir:- ¡Y usted, qué mira!- enseguida salió, azotando la puerta de la sala de juntas, ante la aun estupefacta mirada de aquella mujer.
NO SEA CRUEL Y DEJEME UN REVIEW!
UN COMENTARIO SUYO, UNA SONRISA DE LA AUTORA... =)
