Advertencia: Ooc, Yaoi, shota.

Los personajes no me pertenecen, son de Trey Stone y Matt Parker... Ah, es al revés, es que hace tanto que no hago esto.


Capítulo 5

¿Qué está pasando? Me siento perdido… mis recuerdos son confusos y mi realidad…

.

.

En un rincón del parque de South Park, aquél día ventoso de comienzos de octubre, un pequeño niño se encontraba llorando escondido tras un arbusto, su cabecita oculta entre las rodillas. Lágrimas se deslizaban por sus mejillas y, por más que él intentaba secárselas con sus manitos y bracitos, diciéndose a sí mismo que no debía llorar; éstas seguían cayendo como cascadas. Mechones rubios se pegaban a su rostro (el cual estaba ya muy rojo) y el niño no podía estar más triste. A pesar de haber parecido fuerte y lleno de esperanza un día atrás, ahora el pensamiento de que no tenía a nadie invadía su mente. El miedo y la tristeza se mezclaban, no sabía que vendría después.

"Estoy solito… ahora estoy solito."

Aunque intentaba decirse que todo estaría bien, que podría seguir adelante, su corazón seguía envuelto en el desconsuelo. Podía tener apenas siete años, pero esto no hacía que su dolor fuera menor. Los recuerdos de un adiós melancólico acompañado de una sonrisa forzada, unas palabras crueles y una promesa de burla, seguían atormentándolo.

De repente, una sensación de calor en su piel lo distrajo. Levantó la mirada del suelo y vio lo que se encontraba frente a él, extrañado. Y para su más grande sorpresa, un niño que aparentaba su corta edad estaba a unos metros delante de él. Pero este chico no era como los otros, y esto era fácil de notar: Su cabello, tan oscuro como el carbón, se agitaba levemente a causa del aire. Chispas anaranjadas rodeaban su rostro y, a su alrededor, un circulo de fuego lo encerraba. Las llamas le llegaban hasta las rodillas y se movían impulsadas por el viento.

El pequeño gimoteó, sus ojos azules abiertos de par en par se encontraron con la mirada color rojo del otro infante. Los ojos carmesíes del moreno podrían haber asustado a cualquiera: a parte del extraño color, estos carecían de ese brillo inocente común en los niños pequeños como él. Parecían ocultar secretos oscuros y conocer cosas que ningún niño de su edad debería. Sus orbes evocaban la sangre, sangre que parecía haber sido vista por esa mirada frívola, por más disparatado que sonase.

Cualquiera hubiese tenido miedo de un niño como ese. No era normal. No parecía un niño.

Sin embargo, el pequeño que antes se encontraba llorando, sólo podía observarlo con admiración. Una admiración por la magia que lo rodeaba, por ese tinte tan extraordinario en su mirada, por esa imagen de un chico quien, a pesar de estar rodeado por el peligroso y hermoso fuego, parecía tranquilo.

—¿quién eres, niño? —esa voz era aguda, un poco menos que la suya. Apenas y se sentía el tono interrogatorio, pues la pregunta parecía haber sido hecha en total serenidad.

—M-me llamo Phillip… pero todos me dicen Pip porque me odian.

—entonces te llamaré Pip.

.

Escuchaba un sonido molesto y chillón muy cerca a sus oídos. Un "bip" que se repetía una y otra vez, lentamente. Sus ojos se abrieron leve y difícilmente y pudo ver la figura de un hombre desconocido vestido de blanco observándolo, para luego anunciar "¡ya despertó!". Inmediatamente, se vio rodeado por otra mujer, quien le ayudó a sentarse sobre la cama mientras parecía intentar llamar su atención preguntándole cosas sobre su vida personal, si recordaba o sentía algo…

Pero el rubito no parecía estar del todo despierto.

.

—¿no le temes al fuego? —Preguntó el rubio— podrías quemarte.

—no. Las llamas son mías. ¿Y tú? ¿Tienes miedo?

—es muy bonito pero… si, un poquito —. Respondió con sinceridad, escondiendo la curiosidad que le había causado la respuesta a su pregunta, sin estar seguro de pedir que le explicase a qué se refería con eso.

El de ojos rojos comenzó a caminar hacia el otro niño, las llamas que lo rodeaban se hicieron mucho más pequeñas hasta sólo tocarle los tobillos, desplazándose con el caminar del pequeño como si le besasen los pies, apenas dejando una huella oscura sobre la hierba verde. El viento frio había comenzado a soplar más fuerte, mientras las nubes se hacían cada vez más grandes, ennegreciendo y desplazándose para intentar ocultar el sol. Por alguna razón, el parque se sentía especialmente silencioso en esos momentos.

—¿me tienes miedo? —a su pregunta le siguió una extraña sonrisa malévola, no una sonrisa traviesa como la de cualquier infante, sino una que parecía verdaderamente sádica, mostrando unos colmillos afilados tras esa pequeña boca. Era casi como las de aquellos niños malditos que aparecían en las películas de terror. El ambiente no ayudaba demasiado.

—No... Eres amigable.

Los ojos de Damien se abrieron por la sorpresa. ¿Él? ¿Amigable? ¡Sí, claro! Definitivamente ese niño era muy extraño. Un niño normal hubiera salido huyendo al verlo sonreír de esa forma, por más que aparentase su edad.

—¿por qué llorabas?

La mirada de Phillip se oscureció al recordar aquello. Volvió a sentir la tristeza que por un momento había olvidado al conocer a ese particular personaje. Por alguna razón, a Damien no le gustó ver eso. Era extraño, generalmente le gustaba ver a la gente sufrir.

—¿me vas a contar, Pip?

El niño asintió, confiando ciegamente en alguien para nada común. Sentía que sería bueno que alguien por fin lo escuchara, sin importar quién fuese.

—es que…

.

No sabía cómo, por qué, ni en qué momento llegó allí. Frente a él una mujer lo observaba desde su estrado, con un martillo de madera apoyado sobre la mesa. Mucha gente que no conocía lo rodeaba, y apenas y comprendía lo que estaba sucediendo. Reconoció a los bravucones que lo habían atacado sentados como testigos en aquella sala que supuso, era la de un juicio, observándolo con miedo. Él no entendió el por qué.

Lo que sí pudo ver correctamente fue a su nuevo amigo Kyle, quien seguía con esos ojos apagados, sentado al lado de la dama vestida de negro, mientras relataba como su amigo había quemado a Trent hasta asesinarlo gracias a un bote de gasolina y un encendedor. Contaba una historia extraña que el rubio apenas y podía procesar, pues una parte de él seguía adormecida y hundida en sus recuerdos. Los recuerdos de su primer encuentro con su amigo imaginario de los cuales, extrañamente, parecía olvidar una parte importante.

Sin embargo, pudo prestar atención a algunos detalles contados por su amigo, cosas como que él había logrado atar a Trent y lanzarle aquel líquido, y que por más que Kyle le había suplicado que parase, éste no lo había hecho. Entonces, los amigos del mayor, llegaron a tiempo para intervenir y noquear al rubio que parecía haber enloquecido por las ansias de venganza contra aquel que solía hacerle la vida imposible en la escuela. Como pruebas, a parte de los testimonios de los tres muchachos, enseñaban el encendedor que, irónicamente, había utilizado Trent para atacarle a él, torciendo completamente las cosas de como Phillip las recordaba. Lo poco que Phillip recordaba, pues su cabeza estaba confusa, llena de los recuerdos de un Damien más joven, molestándolo y consolándolo, junto a aquellos de uno sádico que había carbonizado a un preadolescente.

Para salvarlo.

—pe… ¿pero qué estás diciendo, Kyle? —Preguntó, su voz sonó en un murmullo que nadie escuchó— tú sabes que eso no fue así. ¡Kyle! ¡Kyle!

—yo… no quería que lo hiciera. Pip depositó el encendedor sobre la gasolina y…

—mentira… yo no hice eso. ¡Kyle, tú me conoces! ¿No somos amigos? ¡Kyle!

¿Por qué nadie escuchaba lo que decía? ¿Por qué Kyle seguía mintiendo? ¿Por qué todos lo miraban tan feo? No entendía. Él no había hecho nada. No conseguía levantar su voz lo suficiente para ser escuchado, susurros inentendibles salían de su boca, siendo por completo ignorados.

Todo parecía tan irreal. Como si ya se hubiese decidido que Phillip era un asesino. Como si a nadie le importara lo que tuviese que decir. Ni siquiera parecía haber algún abogado a su favor.

O tal vez era ese hombre desgarbado y desinteresado en lo que sucedía, aquel a su lado que sólo asentía y daba vagas objeciones. Ese sujeto que no cambiaría en nada su destino, pues ya parecía haber sido trazado por las miradas de un jurado al que le intrigaba la idea de un niño psicópata, y la de una mujer vestida como la muerte, mal pagada, y deseosa de terminar con el caso.

.

—ya veo. No deberías estar llorando por esas estupideces, mocoso —. Philip por un momento pensó que Damien debía de tener su edad como para llamarlo "mocoso", pero lo ignoró rápidamente.

—¡no es una estupidez! E… —y volvió a sollozar mientras hablaba. Entonces, Damien suspiró y acercó su mano a los cabellos dorados, para comenzar a acariciarlos perezosamente.

—está bien, como quieras. Pero Pip, no te ves nada bien llorando. Los mocos se te salen. Mejor sonríe, a lo mejor te ves menos horroroso. Pequeño llorón.

Phillip intentó calmar sus sollozos. No era nada amable lo que acababa de decirle el extraño, pero al parecer era su manera de consolarlo. Entonces, después de calmarse, lo miró fijamente a los ojos y sonrió como pudo.

Damien sintió el corazón que no recordaba que tenía comenzar a latir fuertemente en su pecho. Un sentimiento nunca antes experimentado, pero que, aun así, pudo reconocer fácilmente. Una sed de algo más que sangre y sufrimiento ajeno, las ansias por poseer algo más fuertes que nunca antes. Y él sabía qué era ese algo.

"Así que sí era él… Phillip ¿eh?"

—Damien, ¿por qué viniste aquí? ¿De dónde eres? ¿Tienes amigos? —preguntó Pip en un arranque de curiosidad, mientras intentaba a la vez olvidar el amargo tema de conversación anterior.

Una sonrisa ladina se dibujó en el rostro del moreno mientras una idea se maquinaba en su cabeza.

—nadie puede verme, así que no tengo amigos. O más bien, no los necesito.

—¿qué? Pero yo puedo verte.

—si… yo no existo para los demás. Sólo para ti. Soy parte de tu alma.

—¿eh?

Del cielo oscuro, unas pocas gotas de agua cayeron. Treinta minutos después, una fuerte lluvia inundaría el pueblo.

.

—¡no fui yo! ¡Fue Damien! —insistía Phillip al hombre que lo interrogaba, después de haber por fin recuperado el habla y ser mas consciente de su realidad.

—¿quién es él? —preguntó el fiscal, más por compromiso pues no le creía absolutamente nada. La mirada del rubio se ensombreció al recitar aquella respuesta que, incluso un niño como él, sabía lo ridícula que sonaba:

—Mi… mi amigo imaginario.

Y lo que sucedió después pasó demasiado rápido. Recuerda haber sido llevado por dos hombres de uniforme, mientras insistía en que no mentía y llamaba a Kyle, pidiéndole que dijese la verdad. El bermejo lo observaba sin inmutarse, mientras que los otros chicos (aquellos que los habían atacado) parecían satisfechos, pero guardando algo de miedo por lo que pasaba. Su tía, quien no había faltado, lo miraba más con asco que otra cosa. "¡Yo no mantuve a un jodido niño loco!" exclamaba.

Y Phillip sintió que se terminaba de romper. Que ahora estaba perdido.

Y cuando lo lanzaron a esa celda oscura y fría, mientras le decían que al día siguiente "irían por él", al rubio no le quedó más que desahogarse, apretando sus manos en puños hasta hacerse daño mientras una lágrima solitaria descendía con lentitud, como esa brisa helada que anuncia la tormenta a venir. Porque sabía lo que pasaría. Lo había visto en alguna de las series de su tía. El manicomio. Nadie le creía, terminaría atado en una de esas extrañas camisas blancas y…

No, no quería seguir imaginando. Tenía que pensar en positivo, como siempre. Seguramente Dios no lo abandonaría ¿verdad? Todo se solucionaría, él era un niño bueno, así que…

No…

El rubio escuchó esa voz en su cabeza, y supo inmediatamente quien era. Sin embargo, esta vez sonaba diferente, pues explicitaba más aquella malicia que siempre había sutilmente ocultado aquella persona.

Pobre Pip, ¿acaso no te das cuenta? Estás solo. Tu tía te abandonó, tu supuesto amigo también. La ley no te hizo caso, todos te dejaron caer en esta oscura celda. Y pronto todo será peor, pequeño Pip.

—¡No digas eso!

Te dejaron aquí porque creen que eres un asesino. Nadie confía en tu palabra. Todos te han abandonado. Incluso tu dios.

— ¡no es cierto! ¡Voy a salvarme!... todo… ¡todo esto es tu culpa!

Para esos momentos, gotas de agua salada se deslizaban por las mejillas del pequeño inglés. El niño sentía más que nunca un gran vacío en su pecho, y su miedo le hacía decir cosas que antes nunca diría. El antiguo Pip no culparía de esa forma al único amigo que nunca lo había dejado a un lado, nunca se tomaría en serio palabras tan horribles. Nunca comenzaría a dudar si lo que decía era cierto… ¿incluso Dios lo había abandonado? ¿Ahora estaba completamente solo?

Dime, Pip, ¿lo mereces? ¿Mereces que te estén tomando por loco? Tal vez lo seas, después de todo… se supone que yo no existo, ¿no?

Y su corazón explotó. Era demasiado para un niño.

Él no quería creer que era cierto lo dicho en la corte… pero tenía sentido. ¿Por qué nadie podía ver a ese niño de ojos rojos? ¿Por qué su único amigo "real" había declarado tales cosas, sino fuesen verídicas? Tal vez era cierto. Damien no era real, eso lo sabía. Pero también sabía que él nunca asesinaría a nadie, por más daño que éste le hubiese hecho. No entendía… ¿por qué le pasaba esto a él?

¿Por qué te pasa esto a ti, Phillip? ¿No fuiste siempre una persona buena? ¿Mereces acaso que todos te odien?

—¡cállate! Por favor… cállate. Sé que me odian. Nadie me quiere. Soy un estorbo. Todos me han dejado —recuerdos de como llegaba a casa sólo para sentir el vacío de la indiferencia de su tía, los castigos y maltratos que lo dejaban aun peor cuando llegaba a casa con heridas. Nunca había sabido comportarse como un "varón", no le gustaba pelear, y eso era lo que la anciana más le había reprochado. Los momentos de soledad, sus oraciones en la noche por un futuro mejor, en las que pedía por alguien que lo quisiera de verdad, en las que expresaba sus sueños de una familia cálida y unos amigos con quienes siempre pudiera contar.

Te pregunté si lo merecías.

La voz del chico había retumbado con seriedad en su cabeza.

¿Lo merezco?

¿Hice algo para que me pasara todo esto? ¿Le hice daño a alguien?

¡NO!

—no… no. ¡No es justo! ¡No es justo que sea yo! ¡Siempre fui un buen niño, nunca me quejé! ¡No lo merezco! ¡Que le pase a otra persona pero no a mí!

Y el monstruo sonrió.

La oscuridad de la celda fue devorada por la luz de las llamas que consumieron todo en menos de un segundo. Toda su prisión se estaba incendiando, pero el rubio no tuvo tiempo de asustarse por eso. A unos metros frente a él, unos hipnóticos ojos carmesí lo observaban con un brillo de satisfacción. El niño de cabello negro estiró su brazo hacia él, como si fuese a señalarlo en una sentencia de muerte. Pero no era eso lo que hacía. Le estaba ofreciendo su mano.

—¡Phillip! yo no te abandonaré. Yo estaré a tu lado eternamente. No tendrás que pensar en nada, mis llamas calentaran tu corazón solitario. Estaremos por siempre juntos… así que ven.

Ninguno reparó en el sonido irritante de lo que debía ser una alarma para incendios, ni en las gotas de agua cayendo que para nada servían, sólo podían verse el uno al otro. El humo se colaba en la nariz del inglés, pero este detalle también fue completamente ignorado. Los ojitos azules de Pip observaban asombrados a su… ¿amigo imaginario?

No lo sabía. No sabía quién era Damien.

O tal vez sí. Damien era su amigo, y la persona a la que más quería. Sí, él era el único que no iba a dejarlo. Las palabras crueles que había dicho en un inicio, fueron para hacerle ver eso, pensaba. Había incluso llegado a asesinar para salvarlo. Él nunca iba a abandonarlo. Sólo eso necesitaba saber.

Phillip se levantó del suelo, las lágrimas estaban ya secas en sus mejillas a causa del calor. Dio pasitos hacia su amigo, el fuego parecía estar trazando el camino que debía seguir, rodeándolos, dejando un espacio libre de peligro para que el niño pudiese acercarse. Y estiró su brazo para atrapar la mano del moreno.

No sabía si estaba a punto de tomar la mano de la locura misma. Si cuando volviese a abrir los ojos, estaría atado en una habitación blanca y solitaria.

Si todo era una ilusión creada por su mente.

O si era algo más.

Pero, ¿qué importaba ahora? Si así era…

Al menos tendría a Damien consigo.

Y justo cuando tocó la fría mano de su fiel compañero, de su mejor amigo, del niño que lo había hecho sentir las conocidas mariposas en el estómago incluso aunque pensase que era producto de su imaginación…

Fue envuelto en un abrazo.

Y sus pies fueron besados por las llamas.

Y luego…

Oscuridad.

.

Phillip, ¿quieres un espectáculo de fuego? Este será el mejor jamás visto.

.

.

¿Qué está pasando? Me siento perdido… mis recuerdos son confusos y mi realidad…

Parece ser otra.


H-hola...

-La apalean-

Ejeje... Cuanto tiempo! xDU mas de seis meses... Wow...

Pues, en serio lamento mucho mi ausencia. Realmente ni yo sabria explicar que me sucedio para desaparecer por tanto tiempo de este beshisimo fandom, pero; lo importante es que ya volvi, no? no? n-no? xDU

Bueno, pasemos al fic x).

Bien, este cap quedo algo extraño, lo admito. Seguro muchos estaran diciéndose: "Pero que demonios le paso a Kyle?!" "A donde carajos se llevo Damien a Pip?!" "Y que paso con la chica esa del final del cap 4?!" "A Phillip no se lo van a llevar a un manicomio asi como asi, o sea!"

To-todo se explicara... en el siguiente cap! xD Aunque esa ultima, Pip conoce de hospitales psiquiatricos lo que ha visto en las pocas pelis... o sea, algo que da mucho miedo xD

Por cierto, no sé si lo han notado, pero en este fic juego mucho con el "Pip" y el "Phillip". En este cap se nota mas. Pip es el apodo por el que llaman despectivamente al rubio, y Phillip su verdadero nombre. Antes solo Damien lo llamaba por su nombre ( y de hecho, cuando lo conocio dijo que lo llamaria "Pip), luego fue Kyle... y en este cap, vemos como Kyle vuelve a llamarlo Pip, y que Damien, cuando le esta diciendo todas esas cosas negativas, lo llama "Pip".

Hey! por fi, antes de llamar "lloron" a Pip, piensen en todo lo que ha vivido el pobre u.u, lo digo porque practicamente lloro en todo el cap jajaja, pobre niño :(

Nos leemos pronto! (coffcoff si claro coffcoff)

Y si... este es mi COMEBACK...

CHAN CHAN CHAAAAN.