Hola señoritas de Fanfiction! Antes que todo, agradecerles sus alertas de favoritos, y sus comentarios. Les dejo la segunda parte del Outtake, esta vez veremos qué pasó por la cabecita de Rosalie... allá ustedes como la juzgeis... ni modo.
Espero como siempre sus comentarios! Gracias por darse el tiempo de leer. Abrazos gigantes!
Outtake 2, segunda parte: Rosalie Hale, y su peligroso juego de doble filo.
Hace tiempo que un hombre no la hacía llorar. La última vez que lloró, fue para navidad, al recordar a su pequeño hijo y a su esposo, ambos muertos por despiadadas jugadas del destino. Y ahora, este maldito… que no tenía ni un maldito derecho a hablarle así.
En el fondo de su corazón, ella sabía que se merecía las palabras, el odio y el desprecio de Emmett. Y le dolía.
Las cosas de la noche anterior, habían dado un vuelco terrible, inesperado para ella. No sabe bien qué ocurrió.
Cuando Jacob la invitó a salir, crujió en su cabeza la "brillante idea" de acercase a él, y averiguar por sus propios medios las verdaderas intenciones de ese tipo. Después de todo, si ese quería tomar posesión de la empresa, eso le incumbía a ella también, pues también era su empresa, como le había dicho a Isabella. Además, le debía fidelidad a ella. Después de todo, eran una especie de "aliadas", incluso hasta "amigas". Pero después que Isabella supiera…
-¡Oh, Dios…!- decía Rosalie, tomando un fuerte trago de licor, viéndose arrepentida de lo que había hecho. Y Rosalie Hale no era de las mujeres que se arrepentía de sus acciones y decisiones.
Mujer de carácter fuerte, seguro, avasallador, incluso dominante, "hecha para los negocios" como decía su padre. Él mismo quizás fue quien moldeó su carácter.
Ernest Hale, recibió un día en su mansión a Irene, con quien tuvo un pasajero affaire. Esta mujer, traía consigo un bultito en los brazos. Un bebé. En el rostro de aquella mujer, no hubo ningún atisbo de ternura, ni menos de remordimiento o pena cuando apartó al bebé de su pecho, y lo estiró hacia Ernest:
-Este bebé es tuyo, hazte cargo, yo no lo quiero. Es niña, su nombre es Rosalie- le dijo, colocándola en sus brazos. El hombre por un momento perdió el conocimiento de dónde estaba, con quien y hasta quien era. Una hija suya había llegado de improviso, una hija…
-Pero… pero…-
-¡Pero nada! Tienes dinero para despilfarrar. Yo en cambio soy una simple camarera que a veces no tiene que comer. Por eso no estoy dispuesta a cargar con un bebé. Es tuyo, tú responsabilidad. Espero que no tengas dudas de eso, puedes hacerle los exámenes que quieras, y si no te convence, pues la dejas en un orfanato, y ya- dijo, y sin más, dio media vuelta y se fue.
Desde ese día, Ernest Hale, tuvo que hacerse cargo de la pequeña Rosalie, de quien no dudó un instante de su paternidad. Era tan hermosa como su difunta madre, y sus ojos eran los suyos, de eso no había duda. Desde ese día, supo que esa pequeña sería su única compañía, y su eventual heredera. La criaría para eso. Y así lo hizo. Hizo de Rosalie una mujer segura de sí misma, que no flaqueaba ante nada ni ante nadie, racional y muy poco sentimental. Una mujer fuerte.
Ella, nunca recibió cariño por parte de su padre. Ella no recuerda si alguna vez la trató con cariño, o si la llamó hija. Ni Rose, ni Rosy como insistían en decirle sus tías e institutrices.
Pero cuando Rosalie se enamoró a primera vista del empresario Marc Stevenson, los muros construidos en torno a ella, cayeron. Su corazón comenzó, por primera vez a latir con fuerza, como nunca antes, ni siquiera en la adolescencia. Para ambos fue un amor fulminante. Se miraron por primera vez aquella primera noche, sin evitarlo.
Después de unas pocas semanas, decidieron formalizar, ante el "escándalo" que aquello suponía para Ernest, quien le advirtió a su hija:- No quiero tenerte de regreso en casa. Si decides casarte, y al cabo de meses descubres que tu boda ha sido precipitada, tendrás que asumirlo y encargarte de ello. Eso te hará responsable de tus actos, Rosalie"- ella asumió el desafío y al cabo de dos meses se casó con Marc.
Dos hermosos años de matrimonio alcanzó a tener, y la ilusión de un hijo en camino. Hasta que un día, mafiosos que llevaban persiguiendo a la familia de su Marc por décadas, le mataron a sangre fría sin contemplaciones. Fue un golpe letal para ella, que la dejó tambaleando entre la delgada línea de la cordura y la locura. Sentía que lo había perdido todo… pero aún le quedaba a su pequeño John que crecía dentro de ella. Su único y tangible lazo de unión con su Marc. Pero ese lazo también lo rompieron. Una noche de invierno, un carro no respetó el signo "Pare", y la atropelló, dejándola tirada de noche y bajo la lluvia, sangrando y con muy pocas probabilidades de vivir. Hasta que un ángel, llamado Charly Swan la rescató, llevándola al primer hospital que encontró y acompañándola, dándole el cariño y el confort que ni aún en ese momento, su padre fue capaz de darle.
Hechos como esos, hicieron de Rosalie una mujer de carácter fuerte y frio.
Pero un vez más, un hombre grande y fuerte como un oso grizzly, pero tierno como un osito panda, hizo que su corazón volviese a latir, pero esta vez, no sería como la anterior. Estaba aún el recuerdo fresco de su marido, de su hijito… le costaría confiar en poder siquiera formar una clase de relación sentimental, por mucho que lo deseara. No quería traicionar la memoria de su difunto amado. Ese hombre fue Emmett Cullen, que desde que le conoció, intentó hacerse el "lindo" con ella, pero ella conscientemente lo ignoraba o de plano lo trataba mal.
-¡Bailarás conmigo! llevo demasiado tiempo esperando abrazarte en una pieza de baile, y no pretendo seguir esperándote-dijo él con demanda y determinación haciendo que ella se derritiera por dentro. Esa fue la primera vez que bailó con Emmett. Baile y brazos que disfrutó como hace mucho tiempo no disfrutaba.
Miradas, coqueteos, palabras lindas, promesas de "no te presionaré" y "aquí estaré siempre" fue lo que a ella la fueron enamorando de él. Pero no quería precipitarse, por más deseos que tuviera de lanzarse a los labios hermosos de ese hombre y entregársele por completo… No eso sería imprudente.
Hasta que por otro lado llegó Jacob Black, este hombre tremendamente sensual y atractivo, que la sedujo deliberadamente desde el primer momento.
-¡Maldita sea, me gusta Jacob Black!- se dijo un día, encerrada en el baño, después de haber hablado con Jane, y que ella le contara y le aclarara toda aquella historia con él e Isabella.
Aquella noche, ella como siempre, tendría el control de la situación. Además, era un trago, ¿qué cosa tan mala podía pasar?
-Bueno Rosalie, brindo por mi puesto de trabajo y brindo por la empresa Swan Motors que tendrá el honor de tenerme en sus filas…- dijo Jacob, cuando estuvieron en el bar, alzando su copa y observando a Rosalie insistentemente.
-¡Vaya! Eso no es muy humilde de su parte, señor Black- interrumpió ella con algo de diversión, cuando oyó las palabras de Jacob.
-No dije que la humildad fuera una de mis características. Sé lo que valgo Rosalie, sé para los desafíos que estoy hecho. Pero no me desvíes de mi brindis, que faltaba el motivo más importante de este: Tú-
-¿Yo?- lo miró sorprendida, alzando sus cejas.
-Por supuesto. Tengo la leve sensación Rosalie que nos llevaremos bien, muy pero muy bien…-
-Recuerda que soy tu jefa…-
-Y yo podría llegar a ser tu esclavo-
-Ok esclavo, brindemos entonces- dijo Rosalie, pensando en las palabras de Bella, en las que claramente dejaba establecido que el tiempo de ese hombre en la empresa era de seis meses. "Si Jacob supiera, no estaría brindando".Durante un buen rato, en los que bebieron más de una o dos copas, hablaron de cosas triviales, aunque Rosalie lo que estaba haciendo, según ella, era desclasificar información. Jacob por su parte, estaba poniendo en marcha parte de su plan, el que ya había cambiado de su original. Ya no necesitaría a Isabella. Ella estaba flanqueada por ese tipo desconocido que la defendió con tanto arraigo la otra noche. Pero ahora estaba Rosalie, con quien sentía, tendría una muy buena relación.
-¿Tienes novia?-
-Mmm… te interesas por mi estado civil. Para tu satisfacción, soy soltero y sin ningún tipo de compromiso- dijo, olvidando a Leah. Enseguida agregó -Pero supongo que tú debes tener a alguien que… caliente tu cama- concluyó, esperando su respuesta. Rosalie pensó de inmediato en Emmett. Bien, no era quien calentaba su cama… aún, pero él entregaba calor a su vida, a su corazón, pero era una relación de amistad o una relación en proceso de conquista, pero a la que no se le podía llamar relación sentimental. Aunque sí se sentía comprometida con él.
-No, soy viu…- iba a decir viuda, pero rectificó al instante -soltera-
-¡Genial! ¡Salud por la soltería entonces! ¡Viva la libertad!- dijo Jacob, muy animado, volviendo a alzar su copa, y haciéndola chocar con la de Rosalie.
Encerrada en su oficina, después de aquel encuentro con Emmett, Rosalie seguía recordando lo de la pasada noche: la música sugestiva del lugar, el delicioso sabor del licor deslizándose por su garganta, la sugerente mirada de Jacob Black sobre ella, además de las caricias en la palma de su mano, que después, sin darse cuenta como, llegaron hasta su muslo hicieron que una cosa llevara a la otra.
-¿Sabes? Creo que hay mucha gente aquí… quizás pudiésemos ir a algún lugar más… privado- decía, sin quitar su mano de la pierna de Rosalie.
-¿Qué sugieres?- Rosalie no sabía que le sucedía. Se estaba dejando llevar por el tono lascivo de Jacob, y por las caricias que propinaba en su pierna sugerentemente.
-Tu departamento…-
-Y por qué tendría yo que aceptar eso…-
-Rosalie, ¿tiene que haber un por qué?-
-Sí, para mí…-
-Somos adultos Rosalie- dijo, acercándose peligrosamente a ella, y susurrándole en el oído, haciendo que ella se estremeciera -No tenemos que actuar como adolecentes, esconder nuestros deseos…-
-¿De qué hablas…?-
-Apostaría lo que tengo y lo que no, que si cuelo en este instante mis dedos por debajo de tus bragas, y los deslizo por tu centro, me encontraría con un coñito húmedo, palpitante y deseoso de que lo mimen un poco esta noche, ¿o no Rosalie?-
-Tú no puedes…-
-¿O no, Rosalie? Una noche… Tú y yo, nuestros deseos… -
-Y porque no soy una adolecente, tomo mis propias decisiones Jacob, sin presiones de ningún tipo…- estaba comenzando a decir con seguridad, quitando su pierna del agarre de Jacob, pero él fue más rápido:
-¡Perfecto! Vámonos entonces- dijo, levantando la mano y llamando al camarero para pedir la cuenta. A Rosalie Hale, por primera vez en mucho tiempo, las cosas se le estaban yendo de las manos. ¿Pero por qué no lo detenía? ¿Por qué maldita razón no se levantaba y se iba a su departamento sola?
Sin darse cuenta, sintió cuando Jacob la tomó del brazo y la sacó a toda velocidad de allí. Ella sacó las llaves de su coche, y él, velozmente las arrancó de su mano.
-Nena, yo conduzco-
-Pero…-
-Ah ah ah, nada de peros- le dijo, tomándola estrechamente por la cintura, guiándola hacia el carro. "Ok Rosalie, es suficiente, ¡Detenlo!" Oyó gritar a su conciencia, y ella tenía toda la intención de obedecerle, pero su cuerpo no respondía. Ni siquiera había bebido tanto como para dejarse arrastrar así.
No supo cómo, Jacob Black condujo exactamente hasta el edificio donde se encontraba su apartamento. ¿Cómo lo sabía?¡Estúpida, quizás él ya conozca toda tu vida, esto no te tiene que sorprender!
-¿Qué crees que estás haciendo?- dijo, cuando entró en el aparcamiento, y se estacionó en su puesto de siempre, dispuesto a salir y subir con ella. Aún dentro del coche, él la miró, le sonrió, tomó su rostro entre sus grandes y fuertes manos y estampó sus lascivos e insolentes labios sobre los de ella, haciéndola desvanecer. No recordaba que algún hombre en su vida la hubiese besado así. La lengua de Black invadió la boca de Rosalie sin ningún tipo de contemplaciones y ella en un acto reflejo, llevó sus manos hasta la cabellera oscura de él, jalándole con desesperación. Probablemente, en ese momento, si Jack metía su mano entre sus bragas, como amenazó hace un rato hubiese tenido razón.
-Anda Rosalie, no demoremos más- le dijo, sonriendo, mientras la apartaba de él, y salía del coche. Otra vez, no hubo tiempo de reacción, cuando sintió la puerta de su lado abrirse y viendo la mano de Jacob que se extendía hacia ella, invitándola a salir.
Durante el transcurso desde el estacionamiento hasta su departamento, Jacob no la soltó de la cintura, ciñéndola con fuerza. Su boca paseaba por su cuello, llevaba sus dientes hacia el lóbulo de su oreja, jalándolo y haciendo estremecer a Rosalie, quien en ese momento, no pensaba.
Cuando estuvieron dentro del apartamento, (Rosalie no recuerda cómo fue que sacó las llaves, y abrió la puerta), Jacob no desperdició mucho tiempo.
Apresó a Rosalie entre su cuerpo, visiblemente excitado, y la muralla, invadiendo su boca de forma demencial, mientras sus manos recorrían el contorno del cuerpo de ella. Gemían ambos en la boca del otro, dejando que la pasión y la lujuria se apoderada de ellos.
Rosalie Hale en ese momento, olvidó su plan. Olvidó su pasado. Olvidó su trato con Isabella. Olvidó incluso a Emmett. Rosalie Hale en ese momento decidió dejarse llevar por la pasión que ese hombre le estaba propinando. Y disfrutar.
Ella se apartó con violencia, jadeando. Lo agarró con violencia de su camisa y prácticamente lo arrastró hacia su cuarto. Fieramente, lo arrojó contra la cama, haciendo que Jacob riera. Ella se mantuvo seria y excitada durante cada instante. Mientras Jacob la observaba tendido en la cama, ella comenzaba a desnudarse frente a él, lenta y provocativamente. Sacó una a una sus piezas de ropa, ante la libidinosa y sátira mirada de Jacob. Cuando sólo estuvo en ropa interior, se subió a la cama, y a horcajadas sobre él, decidiendo tomar ella el control de la situación.
Se besaron como amantes primitivos, mientras ella le ayudaba a despojarse de su ropa. Se mordían, jalaban de sus cabellos, se acariciaban de forma sátira, jadeantes y sedientos de lujuria. Jadeos, palabras sucias, besos irracionales y nada castos dominaron el ambiente, sometiéndose el uno al otro ante sus deseos.
Rosalie se sintió dominada por la lujuria que emanaba de ese hombre. Su piel estuvo a la merced de la boca de Jacob, que la recorrió por completo: mordiendo, lamiendo, succionando. Se sometió al cuerpo sudoroso de Jacob Black que embestía dentro de ella con fiereza y sin piedad, una y otra vez, haciendo que el cuerpo de ella se arqueara y estallara de placer, no una, sino muchas veces durante la noche.
Jadeantes, ambos amantes se recostaron sobre sus espaldas sobre la confortable cama, testigo de semejante orgía sexual. Porque para ambos, no fue más que eso. Una orgia sexual. Pura lujuria.
Poco a poco, Rosalie comenzó a pisar tierra. De vuelta a la realidad. Y no le gustó la sensación que la invadió. Quiso jalarse los cabellos, golpearse o infringirse algún tipo de castigo. Quiso soltar puñetazos de rabia sobre el colchón, llorar de impotencia por haberse dejado llevar así. Quiso estar sola en ese momento. Quiso no sentir el peso de la traición sobre ella. Quiso no haber recordado la dulce mirada de Emmett. Quiso golpearse la cabeza y sufrir de amnesia para no recordar.
-Lárgate de mi casa Jacob-
-Pensé que querías que desayunáramos juntos linda…- contestó con ironía.
-Vete- dijo ella secamente.
-Ok- dijo él, levantándose ágilmente de la cama para ir recogiendo su ropa esparcida por el suelo -Supongo que nos vemos mañana en el trabajo, señorita Hale- le dijo, y sin decir más, dio media vuelta y se fue. No es que ella esperase que él se despidiera con un beso, hablándole con cariño sobre lo "hermoso" de aquella noche o prometiéndole algo. Seguro él estaba acostumbrado a noches como esas, con mujeres diferentes. Con mujeres fáciles… catalogación de la que Rosalie nunca se sintió parte. Hasta ahora. Eso mismo la hizo desbordar en llanto, cuando sintió la puerta de la sala cerrarse, indicando que por fin estaba sola.
Lloró con amargo y vergonzoso arrepentimiento. Lloró, mientras pedía una y otra vez perdón.
-¡Rosalie Hale!- dijo Isabella, entrando violentamente a la oficina de Rosalie, sacándola así de sus pensamientos y recuerdos de la noche anterior -Explícame qué es lo que dijo Emmett-
-No sabía que te debía explicaciones de mi vida privada-
-¡No me vengas con eso, maldita sea!- gritó con rabia, llevándose instintivamente las manos a su vientre.
-Oye, cálmate. Esas cosas no le hacen bien al bebé-
-Habla Rosalie. Habla y dime que las conclusiones que sacó Emmett son pura imaginación suya. Dime que te vio con otro tipo, que no era Jacob- dijo Bella con la mandíbula tensa, no tomando en cuenta las preocupaciones de Rosalie.
-Isabella, te lo suplico. Enfrentarme a Emmett ya fue suficientemente duro como para…-
-¡Habla de una maldita vez Rosalie! ¡No seas cobarde!- gritó Isabella.
-¡Maldita sea! ¡Sí, me acosté con Jacob!- le respondió la aludida con fuerza.
-Dios…- dijo Isabella, buscando la silla más próxima para poder sentarse. Se sentía mareada, y otra vez con nauseas, producto del asco que todo eso le causaba -Dios Rosalie, por qué…-
-No sé bien lo que pasó. Quizás tú me entiendas mejor que nadie… ese tipo tiene una manera de envolverte que…- comenzó a explicarse, pero Isabella la interrumpió
-¿Recuerdas que te pedí que sacaras a Black de aquí? ¿Recuerdas que te advertí, sólo hace un par de días, que ese maldito está aquí no por opciones de encontrar un buen trabajo, sino para joderme la vida a como dé lugar? Para mí no es una sorpresa que él te sedujera. Me esperaba que fueses más inteligente y eligieses a otra persona, pero él es un maldito perro, qué más se puede esperar. Una aliada que lo ayudase… por supuesto, a él no le costó nada encontrar una-
-Isabella, no seas…- iba a hablar, pero otra vez, Isabella le interrumpió, adivinando lo que iba a decir.
-¿Melodramática? ¿Melodramática Rosalie? Esto no se trata de melodrama. Esto se trata de que yo sí conozco a los tipos como Black, sé lo que busca y sé que lo va a conseguir al precio que sea-
-No soy su aliada. Las cosas anoche se salieron de control, pero eso no significa que vaya a traicionarte, ¿Por qué no te sentirás traicionada porque me acosté con él, no? Tú estás con Edward ahora…-
-¡No se trata de eso, maldita sea! Él poco a poco comenzará a envolverte, y tú, tal como supongo que pasaron las cosas anoche, sin querer le darás lo que quiere, ¿o no fue así como pasaron las cosas, Rosalie?-
-No soy estúpida. Sé lo que busca Jacob. Anoche quizás se me pasaron las copas, eso es todo…-
-¿No pensaste en Emmett?-
-No te metas en ese territorio Isabella. Confórmate con saber que todo sigue como lo planeamos, que soy responsable si algo pasa, pero sobre mi vida privada no tienes derecho…-
-Tengo derecho, el derecho que me da querer a Emmett como lo quiero. Tengo el derecho que me da saber que Edward está en este preciso momento, buscándolo y rogando al cielo que no haga ninguna locura. Tengo derecho Rosalie- le dijo Isabella casi en un susurro, ante la asustada mirada de Rosalie, que jamás pensó que Emmett se fuera a enterar así de lo que había ocurrido.
-No pensé que las cosas se iban a salir de control, así, de este modo, sobre todo con Emmett…-
-No, no pensaste Rosalie, y eso es serio, sabiendo lo racional que eres-
-Olvidaré lo que pasó. No dejaré que Jacob me chantajee con esto…-
-Qué poco lo conoces. Jacob se encargará de recordarte a cada momento, Rosalie. Se encargará de hacerte caer de nuevo, hasta tenerte como un títere-
-¿Fuiste su títere alguna vez, Isabella?-
-Pisé el suelo por el que Jacob caminaba, Rosalie. Deseaba tener el control total de su vida, así como él tenía el control de la mía. O eso fue lo que supuso. Quizás por eso, entre otras cosas, me odie tanto-
-Si no te hubiese abandonado, él sería el dueño de todo esto-
-Es probable…-
-No dejaré que tome el control, Isabella. Sé cómo actuar de ahora en adelante-
-Te di mi voto de confianza Rosalie… no quiero quitártelo. Pero estaré sobre ti y sobre él vigilándolos como águila. No dejaré pasar ningún detalle. A cualquier atisbo de que me estas traicionando, destruyo la sociedad y te armo un escándalo que te pesará-
-Eso sonó como amenaza-
-Tómalo como quieras. No me decepciones Rosalie. No sigas perdiendo, que ya bastante tuviste con haber perdido a Emmett, por culpa de no saber controlar tus hormonas y dejarte arrastrar por una noche de sexo con ese perro.- concluyó, saliendo en silencio de la gran oficina y dejando a solas a Rosalie, quien repetía en su cabeza parte de lo que Isabella le acababa de decir: "…ya bastante tuviste con haber perdido a Emmett".
-No, no lo puedo perder. No así. No sin haber intentado nada aún- se dijo, volviendo a sentir una vez más, las lágrimas de pena, correr por sus mejillas.
Rosalie Hale había sacado su espada de doble filo para atacar a Jacob, sin tener la precaución de que esa arma blanca cortaba tanto para un lado como para el otro. Sacó su espada, sin prepararse, propinando una puñalada que a su adversario no dañó, solo dolor a ella propinó.
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