Los personajes no me pertenecen, son de Trey Parker y Matt Stone.

Advertencia: Ooc, shota.

Ehm... Hola ^^U


Capítulo 6

Lo he encontrado. Y no lo dejaré ir… esta alma…

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Su vida en los infiernos era condenadamente aburrida. Ser el hijo del diablo le daba ciertas responsabilidades que, aunque antes lo divertían, ahora no hacían más que molestarlo. Todas las almas humanas que allí residían eran tan similares, tan mediocres, tan aburridas. Incluso ya no le causaba tanta gracia como antes el ver reír enloquecidos a aquellos dementes siendo torturados, que en vida habían causado tanto terror dentro de aquella bola de ovejas obedientes llamada humanidad, mientras que al resto de habitantes tanto los hacía gritar de dolorosa agonía y sufrimiento. Antes escapaba de su cálidohogar y disfrutaba de tentar a aquellos ingenuos corderitosa cometer el mal y dejarse llevar por aquella oscuridad que había en su corazón.

Todos los seres humanos tenían un pedazo de maldad enterrada en lo más profundo de su alma. Todos. Los que escalaban al Paraíso, no eran aquellos en los que sólo había bondad, no. Eran quienes conseguían dejar ese pedacito de ellos mismos allí, escondido tras capas y capas de sentimientos vacíos y conceptos inventados por su miedo, como la religión o la ética. Eran aquellos que decidían luchar por momentos efímeros de eso que llamaban "felicidad", e ignorar los demás sentimientos tales como la tristeza, la ira, el odio. Dejarlos en el olvido para impedir que la maldad se expandiera gracias a éstos.

Ah, humanos. Esos que seguían las reglas de una cantidad de libros sin autor, esos que se dejaban llevar por lo que personas hacía miles –o incluso sólo decenas– de años habían escrito, que creían absolutamente todo, que intentaban a través de los años moldearse como una pieza más del rompecabezas que llamaban sociedad. Estúpidos humanos, indiferentes humanos, crédulos humanos, sumisos humanos, ignorantes humanos. Le temían al infierno, sin saber que la mayoría iría a parar allí. A pasar la eternidad en agonía, hasta olvidar quienes habían sido, o el por qué estaban ahí. Entonces podrían convertirse en cenizas que serían enviadas devuelta al Cielo donde otro ser se crearía para luego vivir, morir, y tal vez regresar allí, si acaso las partículas más oscuras de aquel polvo de alma volvían a tomar al menos el mínimo control sobre el resto gris.

Al final, todo era sólo un círculo vicioso, del cual pocos se salvaban. El verdadero demonio era aquel a quien todos consideraban su salvador. Se divertía viendo como la gente intentaba seguir sus reglas, y las reglas inventadas de otros humanos. Odiaba a quienes rompían la cadena perfecta de obediencia y dejaban salir esa partecita oscura. Los que se dejan tentar, pierden. Al final, todo su mundo y todas sus creencias, no eran más que el tablero de juego de un ser supremo que se aburría mucho. Los curiosos, los pensadores, los asesinos, los psicópatas, los lujuriosos,… todos ellos habían perdido antes de saberlo.

Todos ellos iban a parar a las puertas de un reino iluminado por la luz del fuego eterno.

Y para Lucifer, recibirlas no se le hacía en absoluto divertido. Después de todo, eran sólo desechos de su enemigo. Existiendo tantas otras creaciones magnificas hechas por el Creador, él sólo se quedaba con almas de humanos que habían dejado salir el lado de sí mismos que el de arriba despreciaba. Por eso prefería dejarle todo su trabajo a su hijo de 20** años, el cual aparentaba ocho años humanos de vida.

Y Damien estaba tan aburrido. Entendía a su padre en cierta forma. El demonio prefería quedarse en su cuarto recibiendo la visita de jóvenes hermosos poseedores de cuernos, y algunas veces a las almas más odiadas por su rival, para compartir su lecho. Pero como le molestaba ahora tener que ser él quién saliera del Infierno a hacer caer a los humanos que van "por el camino del bien", o encargarse de las torturas que ya conocía de memoria. Estaba harto, quería algo de diversión. Algo distinto.

Pero mientras tanto, la rutina seguía y seguiría igual. O al menos eso pensaba.

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Una tarde como otra de comienzos de otoño en Estados Unidos —sólo un momento más en el infierno— Lucifer hizo llamar a su hijo por, al parecer, una misión importante. Damien se sentía curioso, pues eran pocas las veces en las que "el Diablo" pedía verlo personalmente. Se transportó hasta la oficina del demonio, un cuarto silencioso dentro de aquel castillo inundado por las sombras de diferentes criaturas infernales y almas atormentadas. El lugar sólo contenía un escritorio repleto de hojas y carpetas, en el cual Lucifer se sentaba en su forma más concreta y pequeña: una figura humanoide e imponente por sus grandes músculos, piel rojiza y cabello negro oscuro. Aquel día había elegido los cuernos de ciervo, que no combinaban tan bien como los de cabra, pero que le gustaban más al darle —según él— cierta majestuosidad. El demonio recibió a su hijo con una sonrisa mientras le pedía sentarse frente a su escritorio.

— ¿por qué mandaste por mi? —preguntó el demonio con cuerpo de infante sin molestarse en saludar.

—¡Hey! Hace tiempo que no hablamos tú y yo, ¿no puedes mostrar más afecto? —preguntó el demonio fingiendo sentirse dolido. Damien sólo suspiró con fastidio, sabiendo que a su querido padre no podía importarle menos el cuánto lo apreciara o detestara.

—En serio, ¿Qué quieres? —Una amplia sonrisa de colmillos amarillos fue lo que obtuvo por respuesta.

—Ah, ya quieres pasar directamente a lo serio. Idéntico a tu madre… —comentó divertido, recordando a aquella hermosa pero fría humana que se encargo de cargar en su vientre, contra su voluntad, al hijo del diablo— en fin. Hijo, creo que por fin he encontrado un trabajo menos aburrido para ti.

Damien no expuso su curiosidad, pero en definitiva esa afirmación le había sorprendido.

—¿de qué se trata? —preguntó cruzando los brazos.

—Sabes mejor que nadie de qué se trata nuestro trabajo, Damien. La gente que llega aquí se deja llevar por esa esencia oscura que tanto odia el de arriba. Es irónico porque el tipo siempre ha querido conseguir que su creación preferida viva en paz allí arribita, y para eso lanza toda la basura aquí, dejándonos a nosotros el trabajo de limpieza. "él sólo se encarga de resucitarlos una y otra vez –¡aburrido!–. Algunos han vivido más vidas de las que podrían contar. Y las criaturas que nacen sin ser producto de una antigua resurrección, están siempre sucias. Sin embargo, ¿adivina qué, hijo? Por fin lo logró. Hace siete años humanos, el Creador consiguió que naciera la criatura con menos oscuridad que ha podido crear en la Tierra. El tipo se siente tan orgulloso, que no deja de presumir como a pesar de hacer a su nuevo corderito vivir una vida de mierda, él sigue siendo bondadoso y fraternal. Pues bien, quiero demostrarle que no es así. Quiero darle donde más le duele, y llevarme a esa perfecta criatura. Damien, quiero que consigas traerlo.

Su hijo lo miró frunciendo el ceño preguntándose si realmente lo había llamado sólo para eso.

—¿es todo? ¿Sólo quieres que tiente a un estúpido humano? ¿Qué tiene eso de interesante?

—no es cualquier humano, hijo. Será difícil, créeme. Sin embargo, tienes todo a tu favor. No dudes en hacer todas las trampas que quieras. Sólo tráelo.

Damien suspiró sin terminar de tomarse en serio aquella misión. No era diferente de todas las otras veces en las que había ido a tentar "personas de bien". Seguro en unos cuantos días, semanas, o quizá meses si en verdad el niño era especial lo conseguiría. Después de todo, no era más que un humano.

Lucifer le dijo el lugar en el que estaba, pues ya lo había localizado. Al parecer, debería ir a un pequeño pueblo llamado South Park, en Estados Unidos, ese territorio inmenso que le proveía una de las mayores cantidades de condenados al infierno. Sin perder el tiempo, el hijo del Diablo se transportó hasta allí con sólo chasquear los dedos, dejando un rastro de fuego en el despacho de su padre. No pudo ver antes de partir la maquiavélica expresión en el rostro del rey demonio: una sonrisa que sólo mostraba alegría enferma hacia el próximo descubrimiento de su hijo. Porque seguro lo descubriría al verlo. Aquello para lo que estaban destinados a encontrarse.

Desafiar al Creador.

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Miró las casas a su alrededor, sin prestar verdadera atención. Repetía el mismo patrón de los pueblos cercanos a las montañas, fríos aun sin haber todavía algún rastro de nieve, pequeños, con habitantes en general chismosos y conservadores. Comenzó a caminar ocultando su presencia de cualquier ojo normal. Se fijó en los niños que asemejaban la edad que aparentaba corriendo por las calles o acompañando a sus padres a hacer las compras, sus ojos observando con intensidad el interior de cada uno, para ver cuanta maldad poseían y que tan enterrada estaba. Ninguno de ellos parecía tener el ideal de bondad —ausencia de maldad— del cual el demonio había hablado tanto. Llegó al parque, el lugar al que iban los niños acompañados de sus amigos y padres por excelencia. Algunos ancianos sentados en las sillas, pequeños jugando entre ellos y con sus juguetes, algunos otros hacían picnics con sus familias.

—¡Ven aquí! —escuchó una voz chillona a unos tres metros tras él, y de pronto un perro atravesó su cuerpo como si no se tratase más que de aire. Miró hacia la dirección por la que había corrido el animalito, y se encontró con un niño que usaba un gorro azul oscuro recibiendo a su cachorro con cariño.

—¡Stan! —Un amigo suyo se acercó a él, con una mirada de preocupación— oye, creo que vi a Phillip llorando, tras unos arbustos…

—¿Pip? ¿El niñito de acento raro? —Su amigo asintió— ¿y?

—Pues… no sé, me dio lastima. Intentemos no molestarlo hoy, ¿sí? Ahora sí que está mal. Ya sabes, por lo de…

El niño que al parecer se llamaba Stan aceptó las palabras de su mejor amigo, pensando también que sería muy despiadado molestarlo ahora. Ya después todo volvería a lo mismo, lo sabía; sobre todo por Cartman, quien seguramente le haría la vida imposible ahora que el niño estaba completamente desprotegido. Al escuchar esa conversación, Damien pensó en ir a buscar al niño del que hablaban, ya que podía ser la persona que lo trajo a ese lugar. Le jodía no conocer ni siquiera su nombre o apariencia física, sería más fácil de encontrar. Finalmente se puso en marcha, y no le fue realmente difícil encontrarlo. Se guió al escuchar, gracias a su oído tan desarrollado, unos tristes sollozos. Y efectivamente, oculto en el mejor y más tranquilo escondite, lejos del lado más poblado y alegre del parque, se encontró con un pequeño niño de cabellos rubios algo largos, hecho una bolita y derramando lagrimitas llenas de impotencia y melancolía. Prácticamente podía escuchar sus pensamientos, ese sentimiento de soledad que lo ahogaba más que nunca en sus cortos siete años.

Lo que más le sorprendió fue lo que descubrió al mirar en su interior. A pesar de estar siendo inundado por pensamientos melancólicos, su corazón se veía tan… puro. Una blancura inexplicable brillaba en su pecho. Nunca había visto tal cosa. Nunca pensó que de verdad el de Arriba había conseguido su meta hasta ese punto.

Se acercó a él, guiado por el asombro, sus piernas inundadas en fuego mientras se mostraba al pequeño niño, el cual levantó la mirada al sentir la repentina calidez. Y cuando sus ojos azules se toparon, tímidos, curiosos, con los suyos…

Su pecho de repente se agitó. Un corazón que no sabía que existía estaba palpitando, y algo en él lo impulsaba locamente a lanzarse sobre esa indefensa personita, que más que una persona parecía un conejito, y llevarla consigo al infierno, allí donde pudiese tenerlo siempre. Y cuando notó, con extrañeza, que los ojitos de ese pequeño lo observaban admirados en lugar de asustados, ese sentimiento aumentó.

—¿Quién eres, niño? —Y realmente quería saberlo. Necesitaba saberlo. ¿Quién era ese niño que causaba estragos es su ser?

—M-me llamo Philip, pero todos me dicen Pip porque me odian.

—Entonces te llamaré Pip —Sentenció, aunque sabía que no lo odiaba en realidad. Más bien, sólo quería terminar con su trabajo, pues comenzaba a enfadarle esa sensación desconocida. Aun así, estaba seguro de que no sería nada fácil ya que la maldad estaba profundamente enterrada en ese niño, y sacarla de allí sería más difícil que cualquier otra tarea que se le hubiese impuesto jamás. Llevar al infierno a ese niño le costaría un buen tiempo.

Se acercó más al niño, dándose cuenta de cómo las nubes ennegrecidas amenazaban con soltar una lluvia torrencial, clásico símbolo de mal presagio. Las llamas ahora apenas y le rozaban los pies. Le hizo unas preguntas tontas, para probarlo. Nada lo sorprendió más que escucharlo decir que lo encontraba amigable. Él, el hijo del Diablo, verdugo de los más temidos humanos, enemigo por excelencia de la bondad, ser sádico y despiadado, incluso su físico era el de un niño aterrador… y lo llamaba "amigable". Ese niño definitivamente era muy raro.

Finalmente, se decidió por indagar en la causa del llanto del humanito, pues probablemente le daría una idea de lo que podría usar para hacerlo pecar. El ver el rostro apagarse al recordar lo que había sucedido no le gustó a Damien, lo cual fue bastante extraño. Normalmente le gustaba ver el sufrimiento dibujado en las facciones de cualquier criatura. Pero esta vez, simplemente, no le había divertido.

—¿Me vas a contar, Pip?

El niño asintió.

—Es que…

Phillip siempre había sido sujeto de burlas, desde que no era más que un niño de cinco años y había tenido que ir a vivir a South Park con su tía abuela desde Inglaterra, al ser el único familiar que le quedaba. Ésta nunca le había mostrado cariño alguno. Los niños del preescolar se burlaban por su acento y forma de vestir. Al ser débil y amable con todos por naturaleza, era aún más molestado. Se reían de su cabello, de su origen, de su orfandad. Era simplemente el blanco perfecto de desahogo para los niños de la escuela.

A pesar de todo esto, el niño nunca dejaba de sonreír. Algo en él, tal vez un recuerdo lejano de sus padres fallecidos, lo hacía no perder la esperanza y la alegría. Seguir adelante a pesar de las dificultades, y seguir siendo una buena persona. Y es que quizás un día podría hacer amigos. A lo mejor y los niños se darían cuenta de que en realidad podía ser divertido jugar con él. Como quería un amigo…

Le había pedido a Dios por aquello todas las noches. "Quisiera tanto un amiguito, alguien con quien compartir". Y finalmente, su petición parecía haber sido escuchada. Cuando menos se lo esperaba, una niña de su misma nacionalidad y acento, con la diferencia de poseer muchísimo dinero, se mudó a South Park. Se conocieron de una manera algo extraña, cuando ella entró a clases con un vestido rosa de princesa y una mirada amenazante hacia todo aquel que quisiera burlarse de su fabuloso disfraz. Esto no fue suficiente para cierto gordo molesto, pero la chica le dio su merecido rompiéndole un diente de leche. La niña no fue muy bien aceptada. Pero Phillip, como siempre, intentó hablarle y ser amable como lo era con todos.

se te calló esto, princesa —avisó el niño recogiendo un lápiz y poniéndolo sobre el escritorio de su compañera, al lado suyo. La niña lo miró pensando que había sido algún tipo de broma ese "princesa", pero sólo se topó con una sonrisa sincera de amabilidad.

hump… gracias, plebeyo —y sin poderlo evitarle devolvió una casi imperceptible sonrisa que alegró el corazón puro del infante.

Todo por usted, My Lady —las mejillas de la niña se encendieron, pensando que ese niño más que un simple plebeyo… podía ser su caballero.

Y a partir de ese momento, un fuerte lazo de amistad se formó entre ellos. Eran los dos inglesitos, algo apartados. Ya casi no sufrían burlas, principalmente por el temor que sentían los demás hacia aquella niña, Estella. Tenía una fuerza impresionante para ser una pequeña de siete años, y no le daba miedo enfrentarse a cualquiera que quisiera aprovecharse de ella o de su caballero. Los dos jugaban juntos siempre, charlaban, e incluso leían juntos. Los primeros libros infantiles los leyeron uno al lado del otro.

Lastimosamente, ese agradable año que compartieron juntos fue el último, pues la princesa tuvo que partir de nuevo a Inglaterra a causa del trabajo de su padre. Ese día, se habían despedido con un fuerte abrazo y un "te extrañaré mucho". Se prometieron volverse a ver algún día. Él besó su mano como el fiel caballero que era.

Espero que la protejan y la traten como la princesa que es, My Lady dijo el niño, viendo como los ojos de su amiga se ponían brillantes por las lagrimas que amenazaban por salir— Y no llore mi princesa, por favor.

En realidad, Phillip también estaba a punto de derramar lágrimas. Pero se contenía, quería ser el valiente caballero de su intrépida princesa una vez más, que ella lo recordara de esa forma.

¿Llorar, yo? ¡Claro que no, caballero tonto! exclamó con el orgullo escurriendo por sus mejillasmas te vale ser feliz y no olvidar nunca a tu Princesa.

Es una promesa.

El relato de la bonita pero corta amistad del niño con su amiga terminó, sin saber que el demonio había aprovechado para ver sus recuerdos mientras este hablaba.

—Ya veo… no deberías estar llorando por esas estupideces, mocoso —dijo el niño restándole importancia, y es que para él la amistad no era más que un concepto humano muy tonto. ¡Por favor, como si la mayoría de los amigos no terminaran apuñalando por la espalda al otro! ¿Existía tal cosa como la "amistad verdadera"? No lo creía. O tal vez si existía, pero no era lo suficientemente fuerte como para enfrentarse a, por ejemplo, un demonio. Y eso, aunque no lo sabía por el momento, lo comprobaría más adelante.

—¡No es una estupidez! ¡Ella era mi única amiga, y ahora se ha ido! —y volvió a sollozar. Damien suspiró y llevó su mano a acariciar el cabello rubio perezosamente, sintiéndolos suaves en su mano. Pensó rápidamente en algo que decir para consolarlo, y como eso de hacer sentir bien a la gente no era lo suyo, terminó diciéndole que sus mocos se le estaban saliendo —cosa cierta— y que tal vez se vería mejor sonriendo. El niño obedeció, y le dirigió la más brillante y hermosa sonrisa que hubiese podido ver, a pesar de su rostro enrojecido lleno de lágrimas secas y mocos. Tal vez era el hecho de que nadie nunca le había dirigido ese tipo de mirada.

No.

Definitivamente, era ese niño. Su corazón había vuelto a acelerarse, y entonces lo sintió mas fuerte que nunca, esa sed por algo más que sólo sangre o sufrimiento. Era algo dentro de sí que le gritaba que ese niñito con el corazón menos sucio de toda la humanidad, era… suyo.

Mío.

Así que si era él… ¿Phillip, eh? Mi destino. Un corderito.

Supo entonces que ahora más que una obligación o misión, era una necesidad. Ese niño debía compartir el Infierno con él. La Eternidad. Ese niño estaría con él más allá de la muerte. Debía ensuciarlo.

—Damien, ¿por qué viniste aquí? ¿De dónde eres? ¿Tienes amigos? —Preguntó el niño de repente, sorprendiéndolo un instante. Fue entonces que se le ocurrió la mejor idea para cumplir con su meta. Tomaría algo de tiempo, no demasiado. Sonrió.

—Yo no existo para los demás. Sólo para ti. Soy parte de tu alma.

—¿eh?

Las gotas de lluvia comenzaron a caer sobre el pueblo, anunciando la inevitable tormenta.

—Soy tu amigo imaginario.

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Había sido tan fácil. Tan malditamente fácil. A pesar de haberle tomado cinco años, lo había conseguido. Sólo había tenido que difuminar los recuerdos de Estella de su mente y de la de todos los niños de la escuela. De esta forma, el niño se aferraría a él como su único amigo. Un amigo supuestamente inexistente, que podría desaparecer en algún momento. El niño lo consideraba como la única persona que siempre había estado a su lado. Después de un tiempo, se encargó de tomar la forma de Phillip para golpear a uno de los bullies de Pip. No iba a negar que disfrutó como nunca el haber quemado esa pequeña parte de el rostro del chico y dejarlo sin uno de sus ojos, odiaba ver a otros molestar a su Phillip, pero debía ser paciente. Oh, y los demonios eran muy pacientes, sobretodo uno de clase tan alta como el mismo hijo de Lucifer. Se encargó mas tarde de manipular a Stan para asegurarse de darle un amiguito "real" a su Phillip. Si Phillip supiera lo fácil que es romper una amistad para un demonio. Manipular, hipnotizar, confundir… era sencillo. ¿Amistad verdadera? Tal vez existía. Pero no era tan fuerte como querían hacerlo ver los humanos.

La traición de Kyle –cortesía de Damien– fue el empujón final al corazón de su niño. La soledad y la desesperación fueron tan fuertes que consiguieron sacar a relucir un punto negro en el alma del antiguo ser más puro en la historia de la creación de la humanidad. Tuvo la suerte de que el Creador se confió lo suficiente como para no intervenir, esperando seguramente el momento en el que pudiese burlarse de su padre por no realizar sus planes.

Pero ahora, después de unos buenos años manipulando los recuerdos de Phillip, envolviéndolo en una niebla lo suficientemente espesa como para hacerle dudar de su propia cordura, había por fin conseguido llevárselo con él al infierno. Y ya nada podía hacer el de Arriba, sobretodo no ahora que el niño rubio lo miraba agradecido, con algo de miedo, pero seguro al estar en sus brazos.

A su alrededor, los gritos de sufrimiento habían sido acallados por la presencia del príncipe acompañado de un humanito. Sólo había silencio. Phillip miró el lugar en el que se encontraba, siendo enceguecido por el resplandor del fuego. Cerró los ojos con fuerza y de repente escuchó la voz de su mejor amigo susurrarle al oído:

—No te preocupes, Phillip. Tal vez parezca aterrador al principio, pero te acostumbrarás. Seré tu familia, y todos aquí estarán para servirte. Después de todo, estamos destinados.

El niño abrió de nuevo los ojos al sentir sus hombros rodeados por el brazo de su amigo. Y de repente, se encontró con el lugar en el que nunca se imaginó.

Un lugar en el que el fuego nunca se extingue y gritos desgarradores son las canciones de cuna de los demonios.

Sombras sin forma se paseaban de un lado a otro por aquel lugar que parecía una ciudad que en lugar de arboles tenía fogatas enormes y era atravesada por un rio de lava. Los edificios deformes, altos y pintados de negro se estiraban imponiendo temor, de cada uno se escuchaban ecos de sufrimiento y satisfacción a partes iguales, mientras que las casas parecían ser más tranquilas. Por las calles, criaturas humanoides — la mayoría desnudas— adornados con cuernos se habían quedado observándolo fijamente. Algunas criaturas parecían más animales que otra cosa. Desde cualquier punto o ángulo era blanco de la mirada de todos aquellos seres.

Phillip sintió la aterradora necesidad de salir corriendo, pero una mano apretando su hombro le hizo saber que no podría escapar ahora. Había caído. Tenía miedo. Ya no quería estar allí. Todo eso Damien lo sabía.

Pero también sabía que no sería por mucho. Lo atrajo a sus brazos y le dijo, esta vez sonriendo con malicia:

—bienvenido a tu nuevo hogar, Phillip. Por favor, no te preocupes… yo te cuidaré.

Lo llevaría a su castillo y se lo mostraría a su padre. Pero no le dejaría hacerle nada, aunque suponía que Lucifier ya sabía que el inglés era su Destino. No pretendía de todas formas dejarlo afectar la vida que ahora llevaría con él. Reinarían juntos, y se prepararían para resistir el día en el que la fuerza del Creador decidiera destruir su hogar. Vivirían juntos, pecarían juntos, crecerían juntos, y desaparecerían juntos, no sin antes lograr luchar contra la próxima criatura más pura creada.

Aunque eso ya es otra historia, que tardaría unos dos mil años en tomar lugar.

Por ahora, sólo se concentraría en mantener al niño a su lado e intentar hacerlo sonreír como aquella primera vez en la que se vieron… o tal vez… con un poco menos de inocencia.

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"Lo he encontrado, y no lo pienso dejar ir… esta alma… está condenada a quedarse a mi lado"

¿Fin?

No. El comienzo.


Bueno, llegamos al capítulo final.

Lol, en realidad, queda un epílogo. No puedo dejar esto así, todavía quedan cosas por cerrar.

Admito que no sé cuantos meses tarde en escribirlo. Ya no voy a prometer nada, miren lo qué pasó, otro medio año sin actualizar xD.

La verdad, mi versión del cielo, el infierno, y la creación en general es muuuy larga y no la podía extender en un sólo capitulo (hablo de algo que inventé, no mis creencias ni nada así) pero aun así quise explicar un poco las cosas. Pero resumiendo…:

El Creador es un ser hecho de "maldad", su meta es conseguir crear lo contrario a él, es decir, seres puros. Aquí los ángeles son simplemente criaturas sin corazón, sin sentimientos, lo cual no los hace buenos ni malos. Son como robots.

Jesus es un mito, Pip es lo más cercano a él que ha conseguido crear. Ah, y Lucifer fue una de sus primeras creaciones, echada del paraíso por la frustración de no poder crear bondad. Lucifer admira y odia a la vez al Creador.

Por ultimo, no es que Damien y Phillip estén destinados a estar juntos enamorados como en las novelas homoéroticas de hombres lobo, es que estan destinados a unirse contra el Creador. El lazo que hay entre los dos es principalmente ese, pero Damien lo sintio como una obsesion, que luego se convirtio en algo parecido al amor x3

En fin, tal vez algún día cree una historia Dip basándome en todo eso, algo así como una continuación o una nueva historia ^^

MUCHAS GRACIAS a todos los que comentaron el capitulo anterior. Sin ustedes probablemente habría dejado esto tirado, incluso si ya tenía este cap escrito desde hace meses. Pasa que no me gusta mucho, siento que es un resumen de muchas cosas, pero era necesario para explicarlo todo sin hacer el fic mas largo y repetitivo.

Ehm. Si, pienso volver. De hecho, tengo unos fics ahí pendientes calentándose en el horno y que pronto verán la publicación…

"pronto" xD

Obvio habrá yaoi, pero también otros temitas. Yup, bye zona de confort xD

En fin, espero les haya gustado y pasen un feliz verano! (espera, creo que en algunos países es invierno)

Por último, Gracias a los que se leyeron esta cosa, en serio me alegra que les haya gustado y lo hayan esperado.

Saludos!

Valen ^^

PD: Me gusta la Estella del fic, a pesar de su poca aparicion. No sé, de verdad me agrada, y hasta la shippeo con Pip x3

pronto sabran mas de ella :3