Hola a todas: antes que todo, gracias a las que siguen pasando por aquí y se dan el tiempo de leer y comentar. Gracias de verdad.
Aquí les dejamos nuevo capi para que disfruten, y como siempre, con la siempre presta ayuda de mi super beta Paly Paly (¡aplausos para ella!).
Disfruten el capi, va dedicado a todas ustedes.
Con amor: Cata!
-¡No estoy enferma Edward!- protestó Bella
-Sé que no lo estás, pero debes cuidarte- insistió Edward, mientras se calzaba su chaqueta, listo para salir.
-En la oficina no hago grandes esfuerzo, fuera de firmar papeles…-
-Eso demanda esfuerzo mental, y también físico, no me vengas con que sólo vas a la oficina a echarte a tu cómodo sillón porque sabes que no es así- refutó él, no queriendo comenzar la discusión, pero su mujer lo sacaba de quicio. A veces.
-¡Puedo seguir trabajando aún! Cuando sienta que no puedo más, pues dejaré de ir, ¡Y ya!- protestó ella. La discusión había dado comienzo.
-Pero es que claro que te agotas, pero no lo reconoces… ¿has visto esa barriga?-
-¡Ya sé que parezco ballena! ¡No tienes por qué restregármelo en la cara, Edward!- dijo ella, con la voz quebrada a punto de llorar. Las hormonas no jugaban a su favor últimamente.
-¡Bella! Cielo, no quise decir eso, pero debes cuidarte….- dijo él, dejando a un lado sus esfuerzos por persuadirla de quedarse y descansar. Se acercó y la abrazó como pudo besando su frente. Ella se veía hermosa y la prominente barriga, hacía que su imagen pareciese celestial para él.
-Me cuido Edward, sé que debo velar también por mis niños, pero no quiero sentirme inútil. Además, estaré solo medio día Edward, por favor, ya no quiero seguir discutiendo por esto- dijo Bella algo cansada. Y es que ese era el temita de discusión que cada día Bella y Edward tenían. Él no veía el motivo para que ella siguiera yendo a su trabajo cuando podría estar en casa, haciendo cualquier otra cosa, "Tejiendo o cosas como esas, ¡qué sé yo…!" argumentaba. Pero Bella y su naturaleza autónoma se negaban a ceder. Se sentía con ánimo aún, a pesar de cargar dos bebitos en su barriga de seis meses… ok, se cansaba más rápido, pero sentirse ocupada en su empresa la hacía sentirse útil. Además, ni Jane, ni Rosalie dejaban que ella se estresara con los menesteres diarios de la compañía.
Pero Isabella quería estar allí. Había dejado pendiente un "asuntito" con Rosalie, sobre Jacob, que no había olvidado. Ella había estado al pendiente de los movimientos de Jacob en la empresa, y a su pesar, no encontró nada, ningún movimiento extraño que pudiese dar pie para pensar en que Jacob ya estaba trabajando en su plan. Muy por el contrario: las asociaciones estratégicas con otros distribuidores en el extranjero habían mejorado, dando gran apoyo a la gestión del "Señor Black" en materia de relaciones exteriores. Recordó la charla que había tenido con Rose el día anterior:
-No hay nada turbio ni oscuro en el trabajo de Black, admítelo Bella- concedió Rosalie, mientras ambas checaban unos documentos.
-¡Por un demonio! ¡No admito nada! Esto no significa que he olvidado que el tiempo de Back en esta empresa tiene un tiempo de expiración, el que se está acercando-
-Tampoco lo he olvidado Bella-
-Y dime una cosa, Rose- dijo Bella, cambiando el tono y el curso de la conversación -¿A Emmett también lo olvidaste ya?-
-¿Por qué lo preguntas?-
-Habló anoche-
-Y probablemente no preguntó por mi… como siempre…- dijo Rose, tratando de sonar indolente
-Apostaría esta empresa a que se moría por hacerlo-
-Claro, claro…-
-¿De verdad no harás nada Rosalie? ¿De verdad lo dejarás ir, que se olvide de ti?-
-¡¿Y qué puedo hacer, cabeza brillante, mm?- preguntó desafiante Rose
-¡Dejar a un lado esa estúpida idea de orgullo femenino y no sé qué otra cosa, montarte en un avión e ir por él!
-Isabella, técnicamente entre Emmett y yo no había ningún tipo de relación como para que…-
-Técnicamente Rosalie, técnicamente… pero sabes que eso no era así. ¡Por Dios, si se comían con la mirada cuando estaba juntos!-
-Nunca fue explícito-
-¡Porque no dejaste que lo fuera! Le pediste tiempo, y él te lo concedió… no es que lo hayas aprovechado muy bien para poner tus ideas en orden, pero…-
-¡¿Y seguirás sacándome en cara el revolcón con Black, no?-
-No, no… Oye, lo único que te pido es que traigas de vuelta a Emmett…-
-Él volverá de su viaje tarde o temprano…-
-No hablo de eso. Hablo de traer de regreso al Emmett alegre y encantador, no a este serio y gruñón Emmett en el que se convirtió-
-Emmett no se merece a alguien como yo. Él necesita a alguien con espíritu de niño, igual que él, no una mujer amargada por su pasado, como yo-
-Rosalie, tampoco vengas con esas cosas… ¡Demonios, tú y él se aman! ¿De verdad no vas a luchar por él?-
-¿Tenemos más contratos que revisar, no?- dijo Rosalie, cambiando de tema -Mueve tu barriga y pongámonos a trabajar entonces- le dijo, sin dar opción de seguir el tema, dejándolo zanjado del todo. Isabella suspiró y dejó que el tema pasara. Por lo menos iba a dejar que Rosalie lo pensara, pero seguiría insistiendo. Ella extrañaba al loco de Emmett y de alguna manera sabía que Rosalie se merecía una oportunidad. Suspiró, abrió la carpeta con los contratos y comenzó a revisarlos.
Jacob le había tomado el gusto de trabajar allí. Estaba ampliando su red de contactos, y eso le parecía estupendo. Seguía con la idea de ir más arriba, pues se encontraba totalmente capaz de llegar a la cima. Eso sí, por sus propios medios. Lo sucedido hace meses con Rosalie, no había sido más que eso: una noche. Claro, él no sabía lo que esa noche había provocado, ni lo sospechaba, por lo mismo lo dejó pasar. Eso sí, su fama de mujeriego iba en aumento en los bares de Londres. De Leah se había olvidado completamente, pues sabía que ella no era mujer para él.
De lo otro que se había olvidado, era de uno de los motivos que lo había llevado hasta allí: Isabella Swan. Durante su estadía en Swan Motors, no se había encontrado con ella, sólo a veces la miraba de lejos, y no podía dudarlo: ella se veía diferente, feliz. Y menuda sorpresa cuando se encontró y supo que ella estaba embarazada. Eso sí que fue una sorpresa de proporciones gigantescas para él.
Pero ciertamente, eso de que ambos no se hubiesen encontrado, cambió repentinamente un día que ambos coordinaron a la misma hora la puerta principal del edificio, a la hora de entrada.
-¡Isabella, Isabella Swan!- dijo Jacob cuando la vio
-Aléjate de mí, Black…- dijo ella, llevándose por instinto las manos hasta su barriga en señal de protección, y auto infundiéndose calma.
-Oye, oye, relájate y respira, ¿quieres? - pidió Jacob
-Que te alejes Black… fuera de mi camino- dijo ella, mirándolo con rencor y con la mandíbula tensa
-Ok, ok… respira Bella, respira…- dijo él, alzando las manos y dejando que Isabella pasara en dirección a su oficina. No podía dejar de parecerle gracioso todo eso, por decir lo menos. Isabella Swan embarazada. Y no podía negar que pese a su gran barriga, esa mujer no perdía la prestancia y es que ¿Cómo lo hacía para seguir luciendo con tanto garbo aun en su estado? Bueno, él siempre oyó que las mujeres en estado de embarazo, suelen sacar a flote su belleza natural, pero esta mujer en particular seguía manteniendo su elegancia después de todo. "Ok Jacob Black, céntrate en los negocios" se dijo a sí mismo, después de quedarse pensando en la figura y persona de Isabella Swan. Así que tomó el camino de Isabella y se dirigió a su oficina para dar comienzo a un nuevo día de trabajo.
Isabella, mientras subía, iba haciendo ejercicios de relajación. Sólo quedaban un par de días para salir con su prenatal, el que tanto había insistido Edward que se tomara y prepararse para la llegada de sus pequeñitos. Además, faltaba poco para que Jacob desapareciera de su empresa. Eso debía hacerla mantener la calma, además, ese había sido un encuentro fortuito.
Cuando llegó al piso donde se encontraba su oficina lo primero que vio fue a Jane. A penas cruzó mirada con ella se percató de que entre ambas habría una conversación. El nerviosismo de su amiga y asistente era algo evidente. Así que sin más, saludó a las otras dos secretarias y dio la orden a su asistente que la esperaba en su oficina.
-Muy bien Jane, soy toda oídos- dijo Bella, acomodándose en su sillón.
-¿De qué… de qué hablas?-
-Jane… te conozco-
-Oh Bella… anoche James me invitó a cenar… dijo que tenía algo importante que decirme… y… -
-¿Y..?-
-Él… él me pidió matrimonio…-
-¡¿Qué? ¡Por Dios, Jane! ¡¿Y cuándo se casan?-
-Le dije que no estaba segura… que debía pensarlo…-
-¡¿Jane, por qué hiciste eso? ¡Si lo único que quieres es casarte!-
-No es una decisión que pueda tomar de un momento a otro, Bella…-
-Jane, Jane… no te entiendo. ¿Y él qué te dijo, cómo lo tomó?-
-Me dijo que estaba bien… pero lo conozco, y creo que… herí sus sentimientos-
-Jane…- dijo su nombre en tono desaprobatorio ¿A qué le temía ahora?
En ese mismo momento, James iba por su segundo vaso de leche, como si a través de aquella bebida lactosa pudiese ahogar sus penas, como si fuera un fuerte trago. Pero él estaba alejado de eso. Sentado allí le contaba a Edward de su pesar:
-No la merezco, no la merezco…- decía, como derrotado
-James, no te dijo que no, sólo te dijo que debía esperar…- dando un sorbo a su taza de café, muy calmadamente.
-¡¿Esperar qué, eh? Quizás… quizás no me ame como para querer casarse conmigo…-
-James, deja de ser tan pesimista. Dale su tiempo, no la presiones-
-Todos los días, por las mañanas, me llama. Le gusta ser la primera en desearme buenos días. Hoy no me llamó Edward. He estado toda la maldita mañana con mi teléfono en la mano y ella no llama. ¿Qué hice mal Cullen, qué? Si lo único que quiero es pasar el resto de mis días junto a ella comenzar eso lo antes posible-
-Hey, la conociste llena de miedos. Es una chica aun insegura, no sólo de sí misma, sino de su entorno. Dale tiempo para que procese tu petición. Espacio James, pero no tanto como para que se sienta abandonada- aconsejó Edward. Luego miró su reloj y alzó las cejas al darse cuenta que tenía tiempo justo de llegar a sus clases
-Bueno James, me voy-
-Sí, también yo. Estaré todo el día en la infame corte-
-Así que ya sabes…-
-Nada de presiones, lo entiendo-
-Muy bien. Hablamos más tarde-
-Ah… y no te lo había consultado, pero supongo que a mi ahijado le pondrás James, ¿No?-
-¿Ahijado? ¿James? Eso que seas padrino de uno de mis hijos, pues lo puedo pensar, pero sobre lo del nombre de mi campeón, estás perdido. Ni siquiera he llegado a un consenso con Bella… y dudo que tu nombre le guste para nuestro hijo…-
-¡Vah! ¡Pues ella se lo pierde!- dijo él, levantándose de la barra del restaurante y saliendo de allí junto a su amigo Edward.
El doctor Carlisle Cullen se hallaba sentado frente a su laptop divagando entre diversas opciones de regalos para sus nietecitos. Cada semana compraba algo especial para ellos, pero en eso, recordó que Isabella le había entregado el video de su última ecografía en 3D y sonriendo fue por ellas para reproducirlas en su ordenador. No pudo evitar, como cada vez que los veía, que un nudo en su garganta se formara. Ahí, en su pantalla, dos pequeños cuerpecitos estaban cómodamente situados uno junto al otro, de tal manera que ambos lograban distinguirse muy bien. Él, con ojos de doctor, distinguió claramente cuál era el varoncito y cual la nenita. La "princesita", como si supiese que la estaban grabando, movía una de sus manitos, abriendo y cerrando el puño, mientras el "campeón" succionaba su dedo. El futuro abuelo alucinaba con aquellas imágenes tan claras de sus nietecitos que estaban prontos a llegar. Quería cargarlos ya en sus brazos, hacerlos dormir, darles biberón, contarles cuentos… en fin. Malcriarlos.
Pero un sollozo casi imperceptible lo sacó de su hermosa ensoñación. Y es que detrás de él se encontraba su esposa Esme. No le había sentido llegar.
-¿Cariño?- le preguntó preocupado, aunque él sabía el motivo de su llanto. Generalmente la oía llorar, o la descubría mirando las fotos o videos de las ecografías.
-Son hermosos…- dijo ella, con la vista pegada en la pantalla.
-Sí, lo son…- concedió él.
-Desearía…-
-Esme, amor está en tus manos, lo sabes… la felicidad de Edward no está completa, le hace falta su madre. Cariño, sé que no estas actuando así por iniciativa propia. No eres una mujer rencorosa, eres una mujer tan noble que a estas alturas, tú al igual que todos nosotros entendería que Isabella es la mujer a la que Edward ama, y con quien formará su familia- Carlisle se puso de pie y la miró seriamente -Confía en mí cariño y dime qué está pasando-
-Oh Carlisle…- dijo, abrazándose a su marido. Se concentró en tranquilizar su sollozo, y se sentó en un sillón junto a su marido. Le contaría sobre la charla con la madre de Tanya y sobre la preocupación por su estado de salud mental. Seguro él lo entendería. Carlisle no podía dar crédito a lo que su mujer le decía. Pensó por un momento que podría ser una treta para atrapar a Edward y hacerlo regresar a su lado, pero ni Esme se prestaría para algo así, ni menos la madre de Tanya, ¿pero la misma Tanya?
-Si todo lo que me dices es cierto, los padres de Tanya han actuado con irresponsabilidad. Un tratamiento psiquiátrico debe llevarse metódicamente, al pie de la letra-
-Todo escapó de las manos de Carmen y Eleazar. Ellos tampoco saben qué hacer. La retuvieron un tiempo con ellos en una hacienda, pero se escapó-
-Aún así. Es peligroso para ella, y para el resto Esme, piensa ¿qué sucede si le da por acercarse a Bella y hacerle daño a ella y a los niños…?-
-¡No!-
-Mira, debemos encontrarla, y llevarla donde sus padres para que la internen…-
-Pero tan mal piensas que está como para encerrarla…-
-Según lo que me cuentas y según lo que sé del tema, esto es delicado. Hay que darle un alto a esta situación. ¿Cuándo hablaste con ella la última vez?- preguntó Carlisle a su mujer, y allí se quedó con ella, reuniendo datos, comunicándose con especialistas conocidos suyos que podían ayudarla. En fin, estaba preocupado por sus nietos, por Bella y por su hijo. No era seguro confiarse de las elucubraciones de Tanya. Quizás estaba planeando algo.
Y precisamente, Carlisle tenía razón. Tanya se hallaba sentaba en el suelo del baño de un departamento pequeño que encontró. Allí, desnuda, que sobre su brazo, con una navaja rasgaba lentamente la piel de su antebrazo, dejando que la sangre fluyese en pequeñas gotas. Los cortes que iba haciendo, formaban el nombre de su vida, la que insistía en esconderse de ella: Edward.
-¿Eres feliz, Edward?... ¡Cómo se te ocurre ser feliz sin mí!- hablaba como si lo tuviese en frente, mientras seguía en su afán de marcar su piel con el nombre de Edward -Tú me amas… tú me amas… reconócelo mi cielo y deja que las cosas vuelvan a ser como antes… ¡Como antes que esa perra apareciera!- dijo, gritando lo último. Suspiró y continuó -¿Quieres hijos Edward? Yo te los doy. Te doy mi cuerpo Edward, mi alma… mi sangre, con tal de que vuelvas- dijo, haciendo cortes más profundos, y dejando que la sangre fluyese con más fuerza.
Se levantó, lentamente, dirigiéndose hasta su armario, donde celosamente guardaba el aún sucio y destartalado vestido de novia que alguna vez usó. Observándolo con fascinación, declamó: Mi sueño de felicidad lo destruiste. Todo lo que tenía armado y planeado para mi vida, lo desmoronaste. Ahora, por justicia divina, yo me encargaré de hacer caer tu felicidad, y llorarás… llorarás pidiendo piedad… ¿Hijos Isabella Swan? ¿Hijos tuyos y de Edward? Ni en esta vida, ni en la otra. Nunca.
-¡Por Dios, nooo!- gritaba ella, sosteniendo su ahora barriga plana, dejándose caer de rodillas sobre un charco de sangre, su propia sangre. Gritos ensordecedores salían de su garganta, desde el mismísimo centro de su alma. Y un dolor quemante la embargaba, mezclado con pena y desolación. Eso era lo que ella sentía… y de fondo, carcajadas maquiavélicas se oían. De pronto, llantos de bebitos recién nacidos y de Bella comenzaron a oírse, en su desesperación, se levantó y a tientas comenzó a caminar, hasta llegar a un rincón donde se colaba algo de luz por un agujero. Los niños seguían llorando. Su instinto le decía que aquellos eran sus niños que lloraban.
-¡Silencio, malditos!- dijo una voz de mujer, silenciando al instante el llanto de los niños
-¡Mis niños, nooo!- dijo, encontrando en el suelo, dos muñequitos con forma de bebé, tirados en el suelo y descabezados, sobre un inmenso charco de sangre -¡No, no, no, nooo!-
-¡¿Bella? Bella, por Dios, cielo, despierta- rogaba Edward, que ya hacía dos minutos estaba tratando de despertarla, pero ella seguía lanzado manotazos al aire y llevando sus manos hacia su barriga.
-No mis niños, no mis niños….- seguía balbuceando
-Bella, Isabella, amor, despierta… amor, es una pesadilla- decía él, ya algo alterado, mientras la movía por el hombro y acariciaba su rostro.
-¡NO!- dando un último grito y abriendo sus ojos con desmesura. Estaba oscuro, aunque la luz que se filtraba por la ventana iluminaba la habitación. Aún seguía respirando agitada, y sudando
-¿Bella?- dijo Edward con cuidado
-¡¿Edward?... ¡Edward, por Dios!- dijo, echándose sobre su pecho a llorar con desconsuelo
-Ya amor, fue una pesadilla. Ya pasó, ya pasó cielo-
-Fue tan… real…-
-Basta de pensar en eso. Estás bien, nuestros niños están bien, no tienes que temer, estás conmigo. Amor, intenta calmarte, ¿sí? Estas sudando y tienes algo de fiebre. Esto no te hace bien, no le hace bien a los niños…-
-Lo… lo siento…-
-Está bien amor, ya pasó, ya pasó cielo-
-No quiero que nada les pase a mis niños…-
-Y nada pasará Bella, ahora cálmate y trata de dormir, ¿si?- dijo él besando su cabeza, y acariciando su espalda con suavidad. Hacía noches que ella dormía intranquila, pero no había tenido una pesadilla así. No quiso preguntarle de qué iba la pesadilla, ya suficiente idea se había hecho, así que decidió susurrarle una canción, para que se relajase y se durmiera. Necesitaba descansar.
La mañana siguiente, Edward no pudo convencer a Bella que se quedara en casa descansando. Ella de algún modo le hacía ver que estaba bien, y que la pesadilla de la noche había sido solo eso, una pesadilla. Pero él la conocía y sabía que había quedado con algo de miedo. Pero "Doña Terquedad" no lo reconocería. Además, faltaban dos días para que saliese con pre natal.
Él no tenía clases que impartir durante la mañana, así que se quedó revisando unos exámenes en el apartamento y preparando sus clases de la tarde.
Concentrado en sus quehaceres de docente estaba él, cuando el timbre de su apartamento lo desconcentró. No esperaba a nadie, no se imaginaba quién podía ser. Cuando fue hasta la puerta y abrió, se quedó perplejo. Definitivamente esa visita no se la esperaba.
¡¿Quién será la inesperada visita? Hagan sus apuestas y si le atinan con sus comentarios, subimos el capitulo siguiente de inmediato... =).
Besos y hasta la próxima!
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