Nenas, les dejo actualización, a poquitito del final... =)

Gracias por los comentarios... =)

Abrazos especiales a mi super beta Paly...

Con amor: Cata!


Los ejecutivos, asistentes y secretaria de gerencia, prepararon un desayuno de despedida para la gerente que se iba con sus días de pre natal. Habían preparado una especie de "Baby Shower" especial, para entregarle una serie de regalos que habían comprado para ella y los bebitos que iban a llegar. La sala de juntas se había convertido en un salón de eventos, decorado con globos rosas y celestes, muy acorde con la celebración. Isabella se sintió muy emocionada y agradecida del detalle que sus colegas habían tenido para con ella. En sus años allí, nunca había celebrado nada parecido con aquellas personas. Y es que su carácter hostil del pasado la alejaba de ellos. Pero el amor hizo milagros, claro que sí, meditaba mientras acariciaba su vientre.

-¿Ya tiene los nombres?- preguntó uno de los ejecutivos a Bella, cuando estaban degustando muy animadamente el desayuno.

-Sí, bueno, después de largas discusiones, llegamos a un consenso: la niña se llamará Tatiana y el niño Leonel- dijo muy orgullosa, recordando aquel día en que ella y Edward pasaron muchas horas discutiendo el asunto, sin ponerse de acuerdo. Así que se pudieron a investigar. A Bella le gustó el nombre para su "príncipe", pues averiguó que los hombres que llevaban aquel nombre, cargaban con una naturaleza vehemente, mientras que Edward eligió el nombre de su "princesita" por su naturaleza minuciosa. Finalmente ambos hermanos tendrían que ser un complemento. Además, eran nombres muy bonitos.

-Lindos, lindos nombres…- dijo una de las secretarias de gerencia. Todos concordaron con aquel comentario, brindando por aquello con un sabroso y sano jugo natural.

-¿Qué pasa con Jane que aún no llega?- preguntó Rose, extrañada que una de las mentoras de aquella celebración no hubiese llegado. En verdad, le extrañaba que una mujer tan puntual y responsable como Jane, aun no hubiese llegado.

-La he llamado, pero nada. Lina, su madre anda de viaje, así que no sé nada… James tampoco contesta su teléfono…-

-¡Aja!- dijo Rose, dando por sentado que la pequeña Jane no se había quedado precisamente dormida en brazos de Morfeo, sino en brazos de James.

-Espero que la ausencia de Jane tenga que ver con eso- dijo Bella. Y tenía mucho que ver con eso.


Durante el día anterior, Jane no había querido dar señales de vida al desesperado James. Quería pensar bien en la respuesta que le daría a James acerca de su propuesta de matrimonio. Pensó y pensó, hasta que llegó a una conclusión: ¡¿Qué estoy haciendo? ¡Yo amo a ese hombre y quiero estar con él… así que fuera miedos Jane!

James, que ya se estaba a punto del colapso, llegó con al ánimo por los suelos a su apartamento, después de haber pasado el día esperando una llamada de su amada. No había querido contestar su teléfono y se odió porque pensó que quizás aquella propuesta había sido demasiado apresurada y quizás la había asustado, haciendo que su ángel volara lejos de él. ¡Maldita sea James, nunca haces las cosas bien! Se espetaba, dejándose caer sobre su sillón. Allí en silencio se lamentaba de su pesar, hasta que el timbre de su apartamento sonó. Por una corazonada, decidió correr hasta la puerta y abrir. Y claro, su corazón reconocía cuando era su dueña la que venía.

-Jane- dijo él a penas la vio, con el corazón latiéndole a alta velocidad.

-Hola…- susurró ella.

-Este…yo… bueno… soy algo atolondrado… Mmm… no quiero presionarte…- comenzó a disculparse él aún parado en la puerta, pero Jane lo interrumpió:

-Sí- dijo ella, aun parada en la puerta, fuera del apartamento mirando con ternura a su novio. Él la miró y asintió, malinterpretando la afirmación de ella.

-Sí, soy un tonto… lo sé- reafirmó él haciendo que Jane curvara levemente sus labios en una sutil sonrisa.

-Sí James, te digo sí- volvió a atajar la palabrería de James. Él la miró extrañado, preguntándose qué significaba ese "sí" en verdad.

-Emm… eh… ¿me dices sí?- la confusión era palpable en la cara de James.

-Sí James, te amo y sí quiero casarme contigo- dijo ella ahora con todas sus letras para sacar a James de su confusión. Él la miró durante un tiempo, sin decir nada.

-No quiero presionarte…-

-¿Te arrepientes de haberme pedido…?-

-¡No, nunca! Yo ya no concibo mi vida sin ti, y quiero demostrártelo, demostrárselo a todos. Quiero que sepan que te amo y que quiero pasar el resto de mi vida contigo. Quiero jurarlo frente a un juez y frente a Dios, pero no quiero que me digas que sí porque no quieres dañarme. Entenderé si quieres esperar…-

-No quiero esperar. Te lo dije, te amo y quiero pasar el resto de mi vida contigo también, formar una familia y envejecer a tu lado y mientras antes comience a vivir mi vida contigo, mejor. Ya no quiero separarme de ti James- declamó ella con una seguridad tal que hicieron que James sintiese ganas de llorar al oírla.

-¡Por amor de Dios Jane, no sabes cuánto te amo!- dijo, atrayéndola a su cuerpo y besándola con todo el amor que pudo. Ella respondió encantada a los besos y las caricias de James. Así que durante esa noche, no hicieron más que disfrutar el uno del otro. Entre caricias, besos, entrega absoluta, hasta altas horas de la madrugada. Y por supuesto, ambos se quedaron dormidos, pasando por alto el sonido del despertador.

Cuando ella abrió los ojos y miró la hora, soltó un improperio que sonaba muy gracioso saliendo de sus labios. Se puso de enseguida de pie y fue directo al baño para darse una ducha rápida, mientras a James no le importaba nada. Él seguía dormida, reposando sobre una nube post pasión sobre la que se sentía cómodo… pero de momento a otro no sintió el pequeño y tibio cuerpo junto a él.

-¿Jane?- la llamó él. Ella se asomó desde la puerta del baño, recién duchada, sólo con una pequeña toalla que ocultaba su desnudez y con su rubia cabellera mojada cayendo sobre sus hombros. Aquella visión de semejante ninfa frente a él, no hizo sino encender la pasión de James, quien ya había despertado por completo -¿Sabes lo endemoniadamente sexy que te ves así?- le dijo de forma muy sensual, haciendo que Jane mordiera su labio… ¡Pero no! Estaba retrasada y… Hasta ahí llegó su raciocinio, porque James fue más rápido, acercándose a ella y tomándola por la cintura, mientras la besaba sin piedad, haciendo que una vez más ambos cuerpos se fundieran, dejándose llevar por la pasión.


El ameno desayuno de despedida para Isabella terminó casi cerca de las once de la mañana. Finalmente, la reunión tan importante a la que la habían citado, no era sino aquella sorpresa. Así que decidió dejar los últimos papeles firmados y retirarse antes a su casa, y esperar allí a Edward. Meditó en la idea de tomar un taxi, pero tenía un coche con chofer, puesto por su padre a disposición suya. Así que pidió que una de las secretarias lo llamara y le dijera que ella esperaría en el estacionamiento de la empresa. Así que fue hasta la oficina de Rosalie a dejarle una carpeta, se despidió de ella, de las secretarias y se fue rumbo al estacionamiento. "Bien, hoy comienza mi odioso reposo absoluto… todo sea por mis pequeñitos" pensó sonriendo, mientras descendía por el ascensor.

Mientras bajaba por el ascensor, iba pensando además en cocinar algo rico para Edward y regalonear con él por el resto de la tarde, aprovechando que él no tenía que trabajar. Además, insistiría con llamar a Jane para que le diera las explicaciones de su ausencia en la mañana. "De seguro ya tienen fecha de boda y la roca puesta en el dedo" pensó ella, sonriendo.

Cuando llegó al estacionamiento, se dio cuenta que quizás se había apresurado mucho en bajar, pues el carro no había llegado aún por ella. Sacó su móvil para llamar a su padre, pero una carcajada femenina proveniente de algún lugar del estacionamiento, la distrajo. Poco a poco vio que se acercaba a ella, una mujer… vestida de novia… mujer a la que reconoció muy bien. Y la angustia volvió a colarse en el pecho de Bella.

-¡Pero miren qué tenemos aquí! Una puta embarazada quizás de quien…- Tanya había logrado colarse al estacionamiento. Su idea era llegar hasta la misma oficina de Isabella, pero las cosas serían más fáciles de lo que esperó, pensó, triunfante.

-Tanya, por favor…- suplicó Isabella, rogando en silencio que nada le pasar a sus niños.

-¡Shhhh! Silencio mujerzuela… No digas mi nombre… ¡NO DIGAS MI NOMBRE!- gritó, fuera de sus cabales. Desde hace dos o tres días que llevaba puesto su vestido de novia, sucio y roto. En sus brazos habían cicatrices de heridas que ella misma se auto infirió, su cabello era una maraña, y el maquillaje de su rostro hacía que pareciese una verdadera loca. Pero aquello poco y nada le importaba a Tanya. Ni siquiera dialogar con esa puta que le había quitado a su hombre le interesaba, así que no esperó más y sacó de un bolso blanco que llevaba, un arma de fuego. Lo levantó lentamente, mientras la mano con la que lo tenía agarrado, temblaba descontrolada. Isabella comenzó a sentir un dolor en su vientre y un terror que le estaba nublando la vista, mientras sentía un ensordecedor pito en sus oídos. Aferró con ambas manos su vientre, y cerró los ojos."Edward, te amo", pensó, antes de oír el disparo.

Jacob Black y Rosalie Hale tenían una reunión en el centro de comercio exterior de Londres. Cada uno iría en su coche, pues desde la última y única vez que salieron, no volvieron a cometer el "error" de montarse ambos en el mismo carro.

Él salió primero, silbando una canción mientras bajaba al estacionamiento por el ascensor. Fue directo hacia su jeep Land Rover negro, del año, "Justo lo que un hombre como yo necesita y merece" pensaba, mientras miraba orgulloso su flamante jeep, pero la figura de una mujer vestida de blanco lo distrajo. "¡¿Una mujer vestida de novia?... ¡¿Con un arma en la mano?". Rápida y sigilosamente comenzó a acercarse, cuando vio que frente a la "loca", temblando y agarrando su barriga, estaba Isabella. Era a ella a quien apuntaba la loca esa…"¡Oh por todos los cielos!"

-¡No!-gritó Jacob, corriendo hacia Tanya, quien lo miró, y desvió el tiro, dándole a Bella en un hombro, y haciendo que ella callera al suelo. Tanya sólo atinó a correr por entre los autos, antes que Jacob la agarrara: ¡Por un maldito demonio, quien es ese imbécil! Pensaba Tanya mientras se escabullía-¡Detente maldita loca!- Jacob gritó, y no sabía que hacer: si perseguir a la loca o… no, no… Isabella necesitaba ayuda.

-¡¿Bella, Bella? No cierres tus ojos maldita sea… ¿me oyes Bella?- le decía, mientras la tomaba y le golpeaba la cara para impedir que ella se durmiera… o se fuera en el sueño.

-Me duele… mis niños…- decía ella con mucho esfuerzo, y se veía el dolor reflejado en su rostro.

-Estarás bien… te dio solo en el hombro… cálmate- dijo, sacando su móvil y marcándole al primer número de emergencia que recordó -¡Necesito una ambulancia! ¡Ahora! Una mujer embarazada fue atacada con un arma… sí, está consiente… le dieron en el hombro… si…- dijo, mientras sujetaba a Bella con uno de sus brazos, y con el otro sujetaba y hablaba por su celular. La miró para percatarse de que sólo estuviese herida en el hombro… ¡Oh, Dios! Exclamó, cuando vio que por su entrepierna, corría un hilo de sangre -¡Está sangrando!... No, no, no… por su entrepierna… sangra…¡Vengan rápido maldita sea!- le decía a la operadora que estaba detrás de la llamada de emergencia.

-Mis niños… mis niños…- repetía, sintiendo que perdía la conciencia poco a poco.

Un grito de horror se sintió detrás de ellos. Rosalie, quien bajó cinco minutos después que Jacob, vio aquella escena, y se imaginó lo peor:

-¡Que has hecho!- le espetó la rubia mujer a Jacob.

-Oye mujer, cálmate. Una loca vestida de novia quiso matar a Isabella…-.

-¡¿Vestida de novia?-

-En mi vida jamás la había visto-

-¡Por Dios! ¡Hay que llamar a una ambulancia!- insistió, pero Jacob le informó que ya había llamado a una. Rosalie se acercó hasta Bella, y trató de tranquilizarla -¡¿Bella? Estarás bien, ¿sí? Tienes que ser fuerte Bella, no te rindas…-

-Me siento mal… me duele mucho… quiero dormir…- decía ella con mucho esfuerzo, sin tener claridad de quien le hablaba.

-¡Que no se duerma! Es mejor que la encuentren consciente… ¡Que pasa con esa ambulancia!- gritó él con mucha fuerza, mientras no sabía cómo frenar el sangramiento de Isabella. Ok, él había sentido algún tipo de recelo y quizás odio por Isabella, pero no le deseaba la muerte, ni menos que sufriera perdiendo a sus niños.

Minutos más tarde, cuando él ya estaba empezando a amenazar a medio mundo que se agolpó en el lugar, la ambulancia llegó y se llevaron a Bella de urgencia hasta la clínica más cercana.

Rosalie tuvo la ingrata misión de llamar a Edward. No sabía cómo decirle, además que no sabía a ciencia cierta cómo habían ocurrido las cosas:

-Edward… este… se trata de Bella...- decía ella de forma entrecortada, muy nerviosa

-¡¿Qué sucede Rosalie?- Edward sabía que algo pasaba. Una inquietante angustia lo distrajo hace unos momentos atrás.

-En el estacionamiento… a ella… le dispararon…-

-¡¿Qué? ¡¿En dónde está?-

-La están llevando en este momento a la clínica…- le dio el nombre y la dirección, y Edward colgó enseguida, dejando la clase a medias sin dar explicaciones de su salida tan abrupta.

De camino llamó a su hermana, contándole lo más tranquilamente posible lo que Rosalie le había dicho. Pero Alice soltó un llanto descontrolado. Él le rogó que se tranquilizara, que él ya estaba lo suficientemente nervioso como para que ella viniera con ataques de histeria. Le rogó que avisara al resto de la familia. Él estaba por llegar y no tenía cabeza para avisarles. Él sólo quería tomar la mano de su mujer y saber que estaba bien, al igual que sus pequeñitos.

-¡Dónde está!- preguntó al llegar a la sala de espera de urgencias, al ver a Rosalie y a Jacob manchado casi completamente de sangre.

-Está en observación Edward… llegó aún consciente…- explicó Rosalie

-¡¿Qué demonios pasó Rosalie…?-

-Una loca vestida de novia le disparó…- interrumpió Jacob. Edward lo miró extrañado.

-¿De qué hablas? ¡Explícate!-

-Te digo sólo lo que vi: iba llegando a mi carro, y vi a una loca vestida de novia apuntándole directo al pecho, yo di un grito y ella hizo desvió su puntería. Te digo, ella no quería darle en el hombro… la cosa es que salió corriendo. Y yo me quedé con Isabella y llamé a la ambulancia. Luego llegó Rosalie…- contó Jacob

-¿Cómo era la mujer?- le preguntó Edward

-No sé bien, era rubia…- comenzó a decir Jacob. En verdad Jacob no la había visto con tanto detalle, pero en cuanto empezó a describirla, Edward supo de inmediato de quien se trataba: Tanya.

-¡Dónde está mi hija!- Renée venía corriendo, interponiéndose entre las enfermeras, y detrás de ella, Charly, quién comenzó a exigir razones sobre su hija. Minutos después, Esme, Alice y Carlisle llegaron.

Pasadas un par de horas, Edward estaba como loco en la sala de espera. Sólo le habían dado información de que su "esposa" estaba bajo observación. Que habían logrado quitarle la bala que se había alojado en su hombro, y que el sangramiento era síntoma de aborto, pero que estaba en observación. Mantendrían a Isabella dopada, pues necesitaba calma y continuarían con el embarazo hasta que su cuerpo resistiera.

-Oye, debes calmarte…- le decía James, acompañándolo en todo momento desde que supo lo ocurrido.

-¡Cómo quieres que me calme! Mi mujer y mis hijos están en peligro, además de la loca de mi ex anda suelta con deseos de venganza… esto es mi maldita culpa…- dijo, desesperado.

-No digas estupideces Cullen...-

-¡Más le vale que la agarren! Si es necesario movilice a toda la policía especial para ello, ¡No me importa cuanto haya que pagar, ¿me oye?- ordenaba Charles Swan a los oficiales, acompañado de un séquito de abogados que seguían desde muy cerca la causa.

Renée lloraba, Jane y Esme rezaban, Alice hablaba con Emmett. Edward había quedado de ir por él hasta el aeropuerto, pero esperó y esperó y "el maldito de su hermano" no llegaba. Así que no le quedó otra que llamara a su hermana, después que Edward no contestara su teléfono. Cuando oyó a su hermana llorando al teléfono, se espantó y en cuanto supo lo sucedido con Bella, desde el aeropuerto corrió hasta la clínica. Al llegar, lo primero que hizo fue buscar a su hermano y darle un fuerte abrazo:

-Todo estará bien Edward, ya lo verás- le dijo, reconfortándolo

-Es lo que espero…-

-¿Y dónde está papá?-

-Averiguando algo más adentro. Tiene algunos conocidos aquí…-

-Entiendo…- admitió. Se dio la vuelta para ir hasta donde estaba su madre y lo primero que vio, fue a la rubia mujer que hace meses le había roto el corazón. Se tensó por completo, empuñando sus manos hasta que sintió dolor. ¿Lo peor? Lo peor era que ella estaba hablando "con el maldito ese". Sintió que su cuerpo tembló de ira, no sabe bien si porque odió la presencia de ambos allí o porque sintió celos de verlos juntos. Pero cerró los ojos, respiró llamando a la calma. Ese no era el momento. Así que quitando la vista de la hermosa mujer rubia, fue hasta su madre y se mantuvo a su lado tanto como pudo. De tanto en tanto, echaba miradas hacia la parejita y sentía cómo el calor de la ira lo inundaba al verlos hablar tan amigable y confidentemente:

-No puedo creer que hayas sido precisamente tú quien haya ayudado a Isabella…- le decía Rosalie a Jacob. Le resultaba incluso irónica aquella situación.

-A qué te refieres- preguntó Jacob confundido.

-Jacob, ¿Crees que después de todo este tiempo, Bella no me contaría sobre vuestra historia y de lo mucho que te odiaba? No seas ingenuo Black-

-Ok, no hemos tenido una historia de miel sobre hojuelas, pero ¿qué querías que hiciera? No la iba a dejar tiraba ahí desangrándose. Además, ya eso quedó atrás, yo ahora trabajo en su empresa y ella al menos a tenido la deferencia de no correrme a patadas, aunque intuyo que tú tuviste mucho que ver ahí, ¿no?- dijo él, mirándola de forma descaradamente coqueta. Ella sonrió y negó con la cabeza. Y desde la esquina, un hombre gigante y furioso, observaba todo aquello.

-Eres un caballero después de todo Jacob Black…-

-Lo soy señorita Hale, lo soy. Ahora, movámonos de aquí, creo que ya hicimos lo que nos competía y siento que desencajamos-

-Ok, déjame y le digo a Charly que estaremos al pendiente- y fue lo que hizo. Ella no pasó por alto la quemante mirada de Emmett, de quien no había sabido directamente durante meses, pero lo ignoró a propósito. Eso sí, una cosa no podía negar: él era el hombre más guapo que había conocido en el último tiempo y otra cosa importante: no pudo negar la presurosa carrera de su corazón y las mariposas despertar en su estómago cuando sintió la presencia de aquel imponente hombre en ese lugar. Pero no daría a conocer aquello. No se lo merecía. Así que habló con Charly, le dijo que estaría en contacto con él por cualquier cosa y que regresaría en la noche. Él le agradeció a ella y a Jacob por haber ayudado a su hija. Le dijo a Jacob que le estaría agradecido por el resto de su vida. Jacob no dijo nada. Luego de eso, ambos salieron juntos de la sala de espera, bajo la furibunda mirada de Emmett Cullen, quien ardía en celos. Ya qué, no lo podía negar.

-¿Edward?- dijo Carlisle saliendo del área restringida. El aludido se puso de pie enseguida y acercándose a su padre

-¿Qué? ¿Cómo está? ¿Cómo están mis hijos…?-

-Edward cálmate. Ella está bien. Acaba de despertar, pero está muy asustada. Probablemente la hagan dormir de nuevo, pero se niega no antes de verte- indicó su padre

-¿Y puedo verla?-

-Sólo unos minutos, pero debes entrar tranquilo…-

-Mis hijos… ellos…-

-Ellos se sujetan con fuerza al cuerpo de su madre. Las ecografías no muestran anomalías, pero no forzaran el cuerpo de Bella. Los niños estarán en el vientre hasta que Bella lo pueda soportar. Si las cosas avanzan bien, probablemente el embarazo prosiga de forma normal, que es lo que esperamos. Si vuelve a tener síntomas de embarazo y eso causa peligro a la madre y a los niños, pues se le realizará una cesárea y pondremos a los bebes en incubadoras. Así que cálmate, todo está bajo control-

-Ok, ok, estoy calmado-

-La enfermera te acompañará- le dijo, indicándole a la enfermera que acompañara a su hijo hasta la habitación de Bella. Mientras él se quedaba dándoles la misma explicación que acababa de darle a Edward.

En la habitación, Bella ahogaba sus deseos de llorar. Quería mantenerse tranquila: sabía que sus niños estaba bien, pues los sentía con vida dentro de ella y eso era lo más importante. Pero no sabía nada de Tanya y eso le seguía llenando de miedo. Sintió abrirse la puerta y cuando vio a Edward entrar por ella, no pudo contener las lágrimas. Edward se apresuró hasta su lado, tomó su rostro entre sus manos, besando tiernamente sus labios y acariciándole.

-Calma Bella, todo está bien amor…-

-Sentí… sentí tanto miedo…-

-Lo sé amor, pero ya todo pasó…-

-Fue Tanya, ella quería matarme… quería matar a mis pequeños…-

-Pero no pasó amor, tú y ellos están bien, pero debes tranquilizarte, te lo suplico…-

-Fue mi culpa… ella actuó así por mi culpa…-

-Deja de decir eso Bella por favor. No tienes la culpa de nada, ella está fuera de sí. Aquí no hay más culpables que ella misma y te juro que pagará por esto…-

-Me podría haber matado-

-Bella, estás muy nerviosa, llamaré a la enfermera…-

-Jacob… si él no hubiese aparecido… yo no…-

-Hablé con él, me explicó cómo pasó todo y prestó declaración, ella y Rosalie…-

-¿Él está afuera?-

-Se fue hace unos momentos, ¿por qué lo preguntas?-

-Edward, él de alguna manera salvó la vida de nuestros hijos, ¿Te das cuenta? Él me ayudó, pudiendo dejarme ahí…-

-Entiendo a lo que quieres llegar Bella, pero ahora no es el momento, debes descansar-

-Dale las gracias en cuanto lo veas Edward, prométemelo-

-Lo haré Bella, ni que lo digas. Ahora respira y descansa cielo, todo estará bien- dijo finalmente Edward, besando la cabeza de su mujer. Se quedó con ella hasta que por voluntad propia decidió dejarse llevar por el sueño. Mientras tanto, Edward meditaba sobre lo que Bella había hecho mención: las ironías de la vida y cómo Jacob, el hombre que supuestamente la odiaba más que a nadie en este mundo, le salvó la vida. Y cómo la mujer que creyó amar, estaba intentando destruir la suya, cosa que no permitiría. Tendría que pasar por sobre su cadáver, por muy drástico que eso pareciese. Esa mujer no volvería a acercarse a su mujer, ni mucho menos a sus hijos. Eso lo juró con tanta seguridad, como que su nombre es Edward Cullen.

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