Nenas! Aquí estamos con el penúltimo capítulo de esta historia. Mis gracias por vuestras lecturas silenciosas, por alertas de favoritos y por sus comentarios. De verdad muchas gracias.
Mil gracias a mi beta adorada Paly, quien es mi gran apoyo!
Capítulo de alto impacto...creo... =/
Abrazos a toditas! =)
Cuando Isabella ya estaba por cumplir su semana 34 de embarazo, todo estuvo dispuesto para la celebración de Baby Shower. Alice, radiante de la felicidad, había dispuesto de todo para aquella fiesta. Habían dispuesto todo en el salón de eventos del mismo edificio donde ella y Edward vivían para celebrar dicha fiesta, solo para mujeres.
-¡Vah! Nosotros nos vamos a un streeptease…- dijo James a tono de broma, pero lo único que recibió de regreso, fue una amenazante y furibunda mirada de su "angelito" -Era broma- se disculpó enseguida.
-¿No será demasiado? Digo, porque tienes que descansar- intervino Edward, hablándole con un poco de preocupación a Bella.
-Sólo serán un par de horas, y si me siento cansada, yo misma me disculparé y me retiraré. No me expondré. Vendrán sólo algunas amigas, no son muchas, todas conocidas…-
-Ok, está bien…- Edward sabía que no podía en contra de eso. Ya llevaban dos semanas preparando esa fiestecita, además Bella estaba entusiasmada que no le coartaría esa "juerga" femenina. Él, su hermano, su "nuevo cuñado" y su mejor amigo, estarían en el apartamento viendo un alucinante partido de beisbol.
Alice andaba caminando como si lo hiciera sobre nubes, desde que ella y Jasper habían decidido estar juntos. Jasper por cierto tuvo que aguantar estoicamente las miradas furibundas de sus cuñaditos, quienes le advirtieron que: "Una sola caída, Jasper, una sola, y te cortamos las…" fueron las amenazas de Emmett. Edward juraba lo mismo, si ese infeliz hacía llorar una sola lágrima a su hermana, se las vería con su ira. De cualquier manera, aquellas dos semanas, Alice se veía radiante y Jasper parecía ser otra persona.
Jane andaba con los nervios de punta. Los padres de James eran absolutamente amorosos con ella y la adoraban, y les había parecido maravillosa la noticia de la boda. No hallaban la hora de ver a su hijo sentar cabeza por fin, y darles nietos de una vez. Lina, su madre, les dio su bendición, y le dijo a su hija que sentía orgullosa de ella, y de cómo el amor la había hecho madurar y sentirse segura de sí misma. "Eso sólo lo hace el verdadero amor, así que siéntete tranquila con la decisión que has tomado. Yo estoy contigo apoyándote mi niñita…" le dijo, besándola con amor.
Rosalie… esa era una historia a parte. Desde el encuentro en el elevador, que la había dejado por días con insomnio, se había escusado de todas las maneras posibles para ausentarse de las juntas en casa de Bella, o de la coordinación del Baby Shower. Inventaba cualquier excusa: reuniones, viajes, trabajo atrasado, cualquier cosa con tal de abstenerse de encontrarse con Emmett otra vez. No entendía que había pasado, no entendía qué pretendía Emmett con todo eso. Se sentía perdida. Perdida y sola. Sentía como si todo aquello fuese una venganza de Emmett, como si se estuviese riendo de ella. Y ella ya no quería que el amor se riera y se burlara de ella. Ella quería que de una vez el amor la tomara y la hiciera sentir segura y envuelta por sus brazos. El amor que una vez la tomó y la muerte le arrebató. El amor, que otra vez volvió, se manifestó, y ella perdió. "¡Demonios, desde cuando me estaba volviendo tan patéticamente poética…!"
Pero Emmett, lejos de deseos de burla, lo único que deseaba era estar seguro de lo que ella sentía hacia él. Y no quería que esa mujer lo hiriera como lo hizo meses atrás. De cualquier forma, estaba dispuesto a perdonarla, lo que sea por estar con ella. Estaba harto de ver como todos a su alrededor estaban construyendo sus vidas junto a la persona que amaban, y él, él maldita sea, estaba sólo. Sabiéndose enamorado hasta los mismísimos tuétanos, estaba solo. Se sentía fuera de lugar cuando se juntaban, todos en pareja, menos él. ¡No es justo! No era justo cuando sabía que ella correspondía a sus sentimientos.
-No es justo… no es justo…- se lamentaba… -¡Pero demonios, basta de lamentos! ¡Suficiente!- dijo, dejando el vado de vino a un lado. Fue por su chaqueta, agarró las llaves de su coche, y se fue directo al apartamento de la rubia mujer a la que amaba. Recordaba claramente en dónde se encontraba.
Era de noche, y como cada noche, Rosalie llegaba tarde a su casa. Prefería estar en la empresa, que en su departamento, sola. Al llegar, ni siquiera se dio el trabajo de encender las luces. Era para ella mejor penumbra. Se quitó los zapatos de tacón, lanzándolos a algún lugar, lanzó lejos su bolso, se quitó su blazer y se fue a la cocina, a servirse una copa de vino blanco, antes de irse a su dormitorio, desnudarse y meterse a la cama para dormir, y despertar al día siguiente con la misma maldita rutina de todos los días.
Desde la cocina, oyó el timbre. Le pareció extraño, ya que nadie la visitaba, menos cuando ya eran las diez de la noche. Suspiró, suponiendo que sería el encargado del edificio para darle algún tipo de notificación o algo así. Pensando en eso, se dispuso a abrir la puerta. Lo hizo, y bueno, no era el hombre que ella suponía.
-¿Emmett?-
-Te dije la última vez que no era todo. Que eso no era todo. Tú y yo nos debemos una conversación, y es lo que haremos hoy. Y no acepto negativas ni que te pongas difícil- dijo, haciéndose paso para entrar al apartamento.
-Qué quieres Emmett…- quiso saber ella, después de cerrar la puerta.
-Quiero saber qué es lo que quieres tú Rosalie. Quiero que me hables, que me digas qué quieres…-
-¿Qué quiero yo? Quiero estar en paz, quiero ser feliz…-
-¿Y cómo vas con eso? ¿Lo has conseguido?-
-No es algo que se consiga de un día para otro Emmett, ¿Y tú que quieres?-
-¿Qué quiero? Te quiero a ti Rosalie Hale. He estado enfermo todos estos meses lejos de ti, maldiciendo ese día…-
-Emmett, yo…-
-Ok… exageré, me excedí con mi comportamiento, pero ponte en mis malditos zapatos, Rosalie. Dime qué demonios hubiese hecho tú en mi lugar- dijo con voz tensa.
-Probablemente te hubiese dejado, me hubiese apartado… no sé- aceptando esa idea, mientras agachaba su cabeza.
-Dime qué fui para ti Rosalie, porque cundo hablábamos, cuando nos mirábamos, sentía que estábamos conectados con algo potente, especial. ¿No sentías eso? ¿No sentías lo mismo que yo?-
-Emmett…-
-Dime qué demonios significa ese tipo para ti- exigió saber, cuando recordó a ese canalla con quien la vio la última vez.
-¡Nada! Jacob no fue nada. ¡Me equivoqué, maldición! ¡Pero no tenías derecho a tratarme así, no tenías derecho a condenarme de ese modo!- le encaró con la voz rota de llanto y rabia.
-¡Se me escapó de las manos! ¡Sentí que me volvía loco! Había sido paciente contigo, respetuoso, y sentí que eso no te importó-
-¡¿Quieres que te pida perdón Emmett? ¡Pues perdóname, perdóname por ser tan estúpida, perdóname por haberte hecho daño!- le gritó. Él no soportó más y se acercó a paso decidido hasta donde ella se encontraba, tomando su cara con determinación entre sus manos.
-No quiero tu perdón- dijo y la besó corto pero intenso -Te quiero a ti, sólo para mí- y volvió a besar -Odié que ese tipo conociera tu cuerpo antes que yo- y otro besó -Pero eso no va a pasar más. No habrá más hombres que yo para ti- y otro beso más -¿Sabes? Siento una profunda envidia de Edward. Él está siendo feliz, formando su familia y yo quiero eso para mí, contigo. Y maldición, no voy a aceptar un no por respuesta- y remató con un beso posesivo, profundo, avasallador. Jaló la cabellera rubia de Rosalie por la nuca, haciéndola gemir. Ella paseó sus manos por los fuertes brazos de Emmett, e hizo lo mismo con su hermosa cabellera oscura.
Con dificultad, después de unos minutos y cuando necesitaron de aire, se apartaron, mientras se miraban a los ojos con pasión contenida.
-Hazme el amor Emmett, hazme tuya ahora. Quiero sentirte en mí, no quiero esperar más- le exigió, y él volvió a arremeter en su boca.
Entre besos desesperados y caricias apasionadas, llegaron al cuarto de Rosalie. Él se dio el gusto de quitarle la ropa y mientras su piel se iba descubriendo, él besaba con tal adoración, haciendo que ella sintiese que estaba a punto de perder la razón. Ella hizo lo mismo con la ropa de Emmett, recorriendo con sus manos el increíblemente sexy cuerpo de ese hombre, haciéndolo gemir.
Se tomaron su tiempo para amarse, para descubrir sus cuerpos y entregarse con total y absoluta naturalidad, mientras se besaban no solo en los labios, y se decían juramentos y palabras de amor el uno al otro.
Él disfrutó estar dentro de ella. Se sentía en su lugar, encajando perfectamente en su cuerpo y ella al fin se sentía llena, completa, en cuerpo y alma.
-Siete…- dijo Emmett, recorriendo con sus labios la espalda de Rosalie, después de haber alcanzado el éxtasis y caer en la cama rendidos de placer.
-Siete qué…-
-Siete lunares hay en tu espalda- dijo él, besando tiernamente cada puntito café -Y no hay más en el resto de tu cuerpo-
-Pensé que no te habías dedicado a mirar mucho…-
-Pensaste mal corazón mío. Tu cuerpo está en mi memoria, e inunda todos mis sentidos ahora- dijo, mordisqueando ahora diferentes partes de su cuerpo, haciendo que ella riera -Adoro oírte reír. Adoro tus gemidos, también tus palabras y tus suspiros-
-Emmett…- lo nombró totalmente excitada. Se giró y se acercó lo jaló por el cuello hasta besar sus labios y sentir el peso de su cuerpo sobre ella, pidiendo en silencio que volviera a hacerle el amor.
-¡Alegría, alegría, que hoy por fin es viernes, y estamos de fiesta, chicas!- dijo Rosalie, llegando al piso de gerencia a la mañana siguiente de su encuentro con Emmett, donde las secretarias, su asistente y Jane la miraban con extrañeza. Llamó animadamente a su asistente. Ella le informó que tenía dos reuniones para cerrar unos negocios, y a ella le pareció perfecto, se sentía esplendida y sabía que cerraría en muy buenos términos esas transacciones. Firmó documentos mientras tarareaba alguna alegre cancioncilla que oyó por la radio mientras venia de camino a la empresa, y pidió para desayunar un té de naranja y una dona con mucho chocolate. Estaba hambrienta.
-Mmm… ¿estás bien?-
-¡Sí! ¿A qué hora es la fiesta? ¡No he comprado regalos! Me arrancaré después de almuerzo…-
-¿Irás? Pensé que no…-
-¡Claro que iré! Me siento con deseos de celebrar Jane- dijo, mirándola con tanta alegría que Jane no aguantó más
-Oh, vamos Rose, dime qué pasó… Por qué estás tan feliz-
-¡Porque por fin sé cómo se siente amar y ser amada Jane! Lo sentí alguna vez, hace años, pero ahora es más intenso y no es un recuerdo, ¡Es presente y es real!-
-¡Gracias al cielo! Pensé que tú y Emmett demorarían más en arreglar las cosas- le dijo, mientras Rosalie ponía música alegre en su ordenador, mientras se servía su nutritivo desayuno y revisaba unos documentos.
O-O-O-O-O-O
Alice, Esme y Renée llegaron a las tres de la tarde al salón de eventos del edificio para coordinar la decoración. Bella las acompañó un rato, hasta que se sintió cansada y se fue a su apartamento a descansar. Las invitadas estaban citadas para llegar a las seis, así que le daba tiempo para descansar. Edward pasaría después de sus clases por unas cervezas, y se reuniría con su hermano para comprar unas pizzas. Eso a las siete. Luego llegarían James y Jasper. Charly y Carlisle se les habían unido a la "tarde de beisbol" o un "sólo para chicos" como Alice bromeó.
El salón estaba decorado en la puerta de entrada con dos biberones, uno celeste y otro rosa, con los nombres de Tatiana y Leonel según correspondía. Las invitadas comenzaron a llegar a la hora, con regalos de todos los tamaños. Isabella se estaba preparando para bajar. Esme le había llamado unos minutos antes, preguntándole si necesitaba compañía o si necesitaba que fuesen por ella, pero Bella se negó, diciendo que no era necesario. Cuando estuvo lista, sintió el timbre, y se rió: claro, como iban a dejar que bajase cinco pisos por el ascensor sola sin compañía. Así que seguro sería una de las chicas. Tomó sus llaves y abrió la puerta. Su rostro de alegría en un segundo se tornó en pánico. Otra vez, frente a ella, y como la había visto la última vez, se encontró a Tanya frente a ella.
-¡Hola Isabella Swan! ¿Recuerdas que tú y yo dejamos un asuntito inconcluso?-
-Tanya… por favor… te lo suplico…-
-¡Isabella Swan suplicando! Me gustaría que te oyesen- dijo Tanya, con la vista desorbitada. Después desvió la mirada por el apartamento -Siempre soñé un hogar para mí así. Soñé que mi barriga estuviese tan llena como la tuya con la vida de un hijo que fuera fruto del amor que él y yo nos tenemos… porque yo lo amo y él me ama-
-Tanya, qué quieres que haga. Haré lo que quieras, pero te suplico que no me hagas daño, que no le hagas daño a mis hijos…-
-Tks tks tks … no sé Isabella… no sé…- dijo, levantándose el vestido de novia y sacando la pistola que llevaba escondida en la liga. Isabella comenzó a sentirse mareada. La barriga comenzó a dolerle y sintió que su ritmo cardiaco se aceleraba. Sintió escalofríos y deseos de llorar de forma descontrolada. "Respira Bella, respira…" se repetía, "Alguien va a llegar a ayudarte…" -¿Qué tienes para darme, ¿eh?-
-Que quieres Tanya…-
-Que desaparezcas de esta maldita vida, que las cosas vuelvan a ser como eran antes de que aparecieses en mi vida… ¡Tomaste lo que me pertenecía! ¡Porque con Edward nos pertenecíamos el uno al otro, hasta que tú llegaste, maldita zorra! Todo lo teníamos perfectamente trazado, muy bien planeado hasta que tú lo echaste todo a perder, ¡¿Por qué maldita razón no te quedaste en tu torre de billetes y lujo, y me dejaste en paz a mí con lo poco que tenía, eh? ¡Tanta avaricia tienes en tu corazón!- le encaraba ella. Isabella sabía que de alguna merecía se merecía esa rabia, que ella era la culpable… pero que se desquitara con ella, no con sus hijos ni con Edward.
-Tanya, estoy arrepentida. ¿Quieres que deje a Edward para que vuelva contigo? ¡Pues lo haré! Pero no le hagas daño a mis hijos, te lo suplico- lloraba ella, que sentía que cada vez le costaba más respirar, y no podía evitar el mareo que ahora la estaba invadiendo, sintiendo que en cualquier momento caería al piso inconsciente. Tanya la miraba con implacabilidad, con el arma apuntándole directo en el pecho. Estaba disfrutando ver como la mujer que le arrebató algo suyo, estuviese suplicando. "¿Era justo que ella ahora le quitara algo a ella, no?"
O-O-O-O-O-O-O-O
Las muchachas habían llegado y ya estaban comenzando a divertirse. Desde que Esme había llamado a Bella para que bajase, sólo habían pasado cinco o seis minutos, así que tendría que estar por llegar. Pero Rosalie no se quedó tranquila, y salió rumbo a buscar a Isabella. Quizás necesitase de ayuda con algo.
Esperando el ascensor, sintió detrás de ella a un par de hombres hablar. Reconocía esas voces. Se giró y vio a Edward y Emmett llegando.
-¿Llegan antes, no?-
-Son dos partidos nena, ¿cómo va la celebración?- preguntó Emmett, después de darle un tierno beso en los labios.
-Bien, pero la futura madre no baja, así que me voy por ella-
-Si se cansa, de vuelta al departamento, inmediatamente- dijo Edward, esperando que el ascensor llegara.
-Ese fue el trato- asintió Rosalie, abrazada a su hermoso oso Emmett. Mientras esperaban, uno de los conserjes saludó a Edward, y le preguntó sobre la fiestecita de las damas:
-No estamos invitados los varones, Josué- dijo Edward
-Sí, esas fiestas solo son para mujeres, y se ve que la van a pasar bien, ¿Y la señorita aquí, no se disfrazó?-
-¿Perdón?- le dijo Rosalie
-Es que me pareció gracioso ver a la mujer que venía a la fiesta, disfrazada…-
-¿Disfrazada?-
-De novia, dijo que venía a la fiesta de la señorita Isabella- cuando dijo eso, Edward dejó caer las bosas que llevaba en su mano, se fue corriendo escalera arriba. Esa novia no venía a disfrutar de la fiesta. Él sabía quién era, y a qué venía.
Rosalie y Emmett le indicaron al conserje que en cuanto llegara la policía, los llevara al departamento de Edward, y que intentara mantener todo con la mayor discreción posible. Y enseguida siguieron a Edward:
-Rosalie, ve donde las muchachas, y mantén las cosas bajo control, que nadie se percate…-
-¡Notarán mis nervios, no pudo volver allí como si nada!-
-Sí que puedes bonita, ve y diles que Isabella y Edward recibieron una visita, pero que ella baja enseguida… ve nena, te lo suplico-
-Emmett… no hagan una estupidez-
-Rosalie, mi hermano…-
-Ok, ve- le dijo, besándola en los labios, y subiendo él por ascensor, mientras ella respiraba para volver de regreso a la fiesta, y poner cara de "Aquí no ha pasado nada".
-¡Edward! ¡¿Qué vas a hacer? Ya llamamos a la policía, es cuestión de minutos que lleguen…- dijo Emmett, interceptando a su hermano antes de entrar en el apartamento.
-No puedo esperar… mi mujer… mis hijos…-
-Quizás estamos mal interpretando lo que dijo ese hombre…-
-Tanya está aquí… lo sé-
-Qué harás-
-Te lo dije, cualquier cosa con tal de proteger a mi familia- dijo, abriendo la puerta con cuidado y sin meter ruido. Él y Emmett ingresaron con discreción, y vieron la imagen de la mujer de novia, apuntándole a Bella con un arma, mientras ella lloraba, con sus ojos cerrados y sujetaba su barriga con fuerza. "¡¿Qué hago, qué hago? Dios, no puedo hacer que pierda el control, le dispararía a Bella… no" pensaba. Hasta que supo lo que tenía que hacer.
-¿Tanya?- dijo Edward, con mucha suavidad. Ella enseguida se dio la vuelta, y Bella abrió los ojos, buscándole con la mirada, pero Edward no apartaría la vista de los ojos de Tanya -Tanya, linda, qué haces- seguía usando el tono suave.
-Yo… yo vine… vine a buscarte…- respondió ella, con el mismo tono. Cuando Edward le hablaba así, era como si ella fuese un ratón, y él el flautista de Hamelín. Emmett corrió hasta Bella, y la sostuvo. Le preguntó algo al oído y ella sólo asintió. Emmett y ella se disponían a salir silenciosamente de la sala, pero Tanya lo intuyó: -¡No! ¡¿A dónde crees que vas?- dijo, girándose de regreso a Bella, quien estaba agarrada de Emmett, llorando de angustia.
-Tanya, Tanya cariño, mírame- la llamó Edward de regreso -Vámonos de aquí Tanya- repetía su nombre. Ella siempre le decía que le gustaba como se oía su nombre en labios de él.
-Pero ella…-
-¿Quién Tanya? Aquí no hay más que tú y yo-
-Edward… pero ella… ella te aleja de mí…-
-No Tanya. No hay ella, tú y yo. Ven- le dijo, estirando su mano hacia ella -Ven conmigo. Suelta el arma y ven conmigo Tanya-
-¿A dónde me vas a llevar?-
-A un lugar tranquilo. Pero suelta el arma…-
-Mira, estoy vestida de novia, ¿te gusta?-
-Sí, luces hermosa. Pero vámonos ya. Ven conmigo Tanya, tú y yo…- decía, mientras Emmett lo observaba extrañado, Bella acallaba los sollozos y Tanya lo miraba con adoración -Vamos linda, suelta esa pistola, y vámonos. No me hagas esperar-
-No te haré esperar- dijo, dejando caer el arma de su mano, y acercándose a Edward. Ella llegó hasta él, y lo abrazó por la cintura. Edward la contuvo unos minutos, y en silencio le pedía perdón: "Perdóname Tanya, perdóname, te lo suplico…"lentamente la comenzó a guiar hacia afuera, mientras Bella buscaba su sofá para sentarse. Sentía que su corazón iba a toda marcha, y le costaba respirar aun. No quería ver la escena de Tanya y Edward yéndose de allí. Ella sabía lo que estaba haciendo Edward y por qué. Aun así, no soportaba verlo.
-Emmett…. No puedo… me cuesta respirar-
-Calma Bella, tranquilízate sí… Llamaremos a papá y a una ambulancia, ¿sí? Pero debes estar tranquila, ¿sientes otro dolor?-
-Una presión extraña… en la barriga… mis niños…-
-Ellos están bien. Calma Bella- le decía a Bella, mientras le marcaba a su padre.
-¿Dónde me llevas Edward?- decía Tanya aferrada a la cintura de Edward, mientras caminaban por el pasillo.
-¿Confías en mí Tanya?-
-Ciegamente Edward-
-Iremos a un lugar en donde harán lo posible por traerte de regreso, a la verdadera Tanya-
-¿Edward?- preguntó ella, confundida. Esos habían sido atisbos de cordura, cuando se dio cuenta de lo que sucedía. Por la puerta del ascensor que se abría, tres oficiales hicieron ingreso con mucha discreción. Ella los miró, luego miró a Edward. Y no dijo nada. No se resistió, pero en ningún momento le quito la vista a Edward. Él le rogaba perdón con la mirada, mientras los oficiales le ponían las esposas, y le hablaban de sus derechos mientras estuviera bajo poder de la policía londinense. Y así fue como se la llevaron.
Edward, cuando ella y los oficiales desaparecieron de su vista, regresó a toda carrera a su apartamento, y vio a Isabella llorando en el pecho de su hermano. Se acercó a ella, y la tomó ahora en sus brazos. Bella se aferró a él con fuerza
-Ya está Bella, ya acabó todo. Todo terminó. Tranquilízate cielo, estoy aquí…-
-Yo no… yo pensé…- no podía terminar de decir las frases, producto del llanto y de su dificultad para respirar. Emmett se lo dijo:
-Siente algo de dolor en la barriga y le cuesta respirar. Papá ya viene en camino. Le hablará a una ambulancia-
-Gracias Emmett. Ahora ve allá abajo, y con toda calma, diles que Bella no podrá bajar porque se siente mal-
-Ok. Y tú cálmate, ¿sí?- le dijo a Bella, acariciando su cabello.
Minutos después, Carlisle llegó con su maletín de doctor y un paramédico. La examinó y se dio cuenta que su corazón pulsaba con más rapidez que lo acostumbrado, además de lo complicado que se le estaba haciendo a Bella respirar. Así que pidió al paramédico que fuera por oxígeno a la ambulancia y que subiera con la camilla. Isabella sería trasladada a la clínica
-¿Qué?-
-Taquicardia. No podemos forzarla más…-
-¿A qué te refieres?-
-Llegando a la clínica prepararemos todo para la cesárea…-
-¡Pero si no cumple las semanas aún!-
-Edward, es normal en embarazos múltiples que el parto se adelante. Los bebes estás bien formados, no habrá peligro en eso, pero el cuerpo de Bella le costará resistir más la presión, y no queremos ponerla en peligro-
-No, claro que no… pero…-
- Edward, todo estará bajo control. Así que ahora tranquilízate tú y prepárate, porque tus hijos estas por llegar- le dijo Carlisle, golpeándole el hombro a su hijo.
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