Las cosas se ponen un poco peor para el pelirrojo.

ADVERTENCIA: yaoi / non-con / lemon *no menores de 18 años


Habían pasado varias semanas desde que Seikai había tomado a la fuerza a Yuri, aunque no era así como lo recordaba el monje. En esos días en que Kamanosuke lo evitaba y decidía salir a pasear en el bosque para dejar de mirara al chiquillo, Seikai pensó en lo que sucedió entre esas cuatro paredes. Si bien perdió el control y tomó a Yuri por la fuerza, el muchacho lo había dejado ir sin castigo. Lo amenazó, sí, pero no le agredió físicamente ni lo delató con Sanada –cosa que temía- ni con su hermana –Izanami lo hubiera repudiado si se enteraba de aquello- hecho que hubiera acabado con su reputación y , posiblemente, con su vida. En cambio, el chico lo había dejado ir. Luego de pensarlo mucho llegó a una conclusión: Kamanosuke había disfrutado que le toque de esa manera pero admitirlo le costaba trabajo y no sabía qué hacer.

Aunque había llegado a esa conclusión, no se atrevía a aproximarse al chico ni tampoco quería tentar su suerte por si al final se arrepentía de dejarlo ir así de fácil y decidía delatarlo. Así que le dio su espacio al principio; pero luego de unos días después del hecho, comenzó a tener sueños húmedos, más bien recuerdos de lo que había hecho con el joven. Claro que en cada sueño, a veces algo cambiaba: el escenario, sus ropas, la posición de sus cuerpos desnudos…. Pero siempre era el chico pelirrojo el que aparecía debajo suyo. Seikai se levantaba todas las mañanas bañado en sudor y con el miembro erecto y palpitante. Tenía que ir corriendo a darse una ducha fría antes que alguien lo viera en ese estado.

Intentó meditar para volver a ser el de antes y olvidarse de esos sueños, pero tampoco funcionó. Seguía imaginando esos labios perfectos chupando con vehemencia su falo y eso rompía su concentración. Muchas de sus sesiones de meditación en el bosque terminaban con él masturbándose hasta venirse en su mano, pensando que era la de Yuri. Así que, después de unos días, dejó de meditar. En cambio comenzó a ir al pueblo y, asegurándose que los demás no se enterasen, asistía con regularidad a un prostíbulo en las afueras de la ciudad. Si bien tuvo sexo con diferentes tipos de chicas, una pelirroja llamó su atención y contrató sus servicios cada vez que le era posible. Eso tampoco solucionó su problema puesto que, en comparación con el objeto de sus deseos, ella no le llegaba a los talones. Pronto dejó de ir.

Los días pasaban y seguía teniendo esos sueños. Un día en que se estaba masturbando muy temprano mientras todos dormían, para aliviar su dolor, sintió una presencia en su puerta. Le pareció notar unos cabellos rojos. Eso avivó su imaginación y frotó con más fuerza su miembro hasta venirse en su mano. De sus labios escapó sólo una palabra: "Yuri".

Efectivamente, ese día Kamanosuke había decidido ir muy temprano a la cocina para coger algo de comer pues se había perdido la cena de la noche anterior y no podía esperar hasta el desayuno. Inadvertidamente pasó frente a la habitación de Seikai y le pareció escuchar un ruido. Su curiosidad le ganó. Se asomó sigilosamente, para que el tipo no le escuchara, y lo que vio le dio ganas de vomitar: ahí estaba el grandulón ése, masturbándose. Asqueado, decidió marcharse pues no necesitaba ver aquello, pero justo cuando iba a dar media vuelta escuchó como el hombre llegaba al orgasmo mientras pronunciaba su nombre. Horrorizado, Yuri regresó a su cuarto, jurando nunca volver a levantarse tan temprano….cosas horrendas pasaban a esas horas.

La intrusión de Yuri no pasó desapercibida para Seikai. Esto reafirmó su creencia de que el chico de verdad gustaba de él, que disfrutó del momento que pasaron juntos, y que quería repetirlo pero no sabía cómo acercársele. Así que Seikai tomó la decisión de dar el primer paso. Esperaba alguna resistencia de Yuri puesto que el chico era así, siempre quejándose de todo y de todos, pero él no haría caso a sus palabras o acciones, le daría lo que en el fondo sabía que estaba buscando: placer carnal. Sólo debía hallar el momento oportuno.

Seikai vigiló a Yuri durante 3 días para aprenderse su rutina y, aunque pasaba mucho tiempo persiguiendo a Saizou, también le dedicaba bastante tiempo a su aseo personal. Cuando no iba a los baños, se adentraba en el bosque hasta un claro donde se encontraba un manantial. El manantial no era muy profundo, le llegaba hasta las rodillas, pero era amplio. Una enorme roca oscura se encontraba en un extremo de la fuente de agua. Yuri acostumbraba hundir todo su cuerpo en el agua, poniéndose de cuclillas, y apoyarse en la fría piedra.

Finalmente, Seikai se armó de valor y esperó a que Yuri tomara su baño en ese lugar apartado. Dos días después llegó su oportunidad. Seikai justo terminaba de hacer ejercicio –descubrió que el ejercicio le ayudaba un poco a calmar su deseo- cuando vio pasar a Yuri a lo lejos, dirigiéndose al bosque. Seikai no perdió un segundo y comenzó a seguirle. No estaba usando camisa, pues había estado ejercitándose duro y hacía calor, y estaba todo lleno de sudor. Siempre transpiraba mucho cuando se ejercitaba, pero eso no le importó, tenía que aprovechar esta oportunidad.

Siguió al pelirrojo por entre los árboles y se ocultó tras un matorral para observar al chico. Yuri miró a todos lados en busca de alguna amenaza, pero al no notar ninguna, se relajó y comenzó a desvestirse. Dejó caer su abrigo en el suelo, junto con su arma. Luego procedió a remover su polo levantándolo por encima de su cabeza y lo dejó caer al lado de su abrigo. Finalmente se bajó el pantalón, dejando al descubierto su trasero y se agachó hacia adelante para desatar sus zapatos antes de descartar también su pantalón. Seikai había visto todo como en cámara lenta e, inconscientemente, había bajado sus propios pantalones para liberar su falo, que comenzaba a erguirse, para masturbarse.

Estaba convencido que Yuri sabía que él estaba ahí y había armado todo eso show para su completo goce. A continuación, Yuri se soltó el cabello y dejó los rojos mechones al aire antes de comenzar a adentrarse en el manantial, que le llegaba a mitad del muslo (Yuri es mucho más bajo que Seikai) y nadar hasta la orilla en que se encontraba la roca. Esa fue la señal que precisaba Seikai. Rápidamente se quitó los pantalones y zapatos y se incorporó. Salió de entre los matorrales para hacer su presencia conocida. Esto alertó a Kamanosuke, quien volteó el rostro sólo para ver de frente a un Seikai completamente desnudo entrando a SU manantial y acercándose cada vez más a él.

"¡No te acerques ni un paso más pervertido! LARGATE" gritó Yuri a la vez que se levantaba para dirigirse a la orilla. Seikai, por su gran tamaño, llegó en un par de zancadas hasta donde se hallaba Yuri y le cogió de los brazos para evitar que se fuera. "SUÉLTAME, ANIMAL" ordenó Kamanosuke, mientras se retorcía en el agarre firme del mayor. Pateó, arañó e insultó al hombre frente suyo lo más que pudo pero nada parecía afectarle. La piel gruesa, capaz de detener los kunais de Saizou, no sentía nada y repelía sus ataques sin esfuerzo. Seikai pareció salir de su trance, pues estaba observando a Yuri con ojos desenfocados y lascivos mientras se retorcía, y empujó el cuerpo del chico contra la roca, aún cogiéndolo por los brazos. Yuri se golpeó la cabeza y quedó un poco aturdido, deteniendo sus ataques, cuando de pronto sintió como el cuerpo del mayor se pegaba al suyo y lo aprisionaba contra la piedra.

No podía ver nada. El enorme y musculoso pecho del monje tapaba su rostro mientras sentía como el mayor comenzó a mecerse y frotarse contra su cuerpo. Sentía el falo totalmente erecto del gigante frotarse contra su abdomen; sentía como su pecho y rostro, respectivamente, rozaban bruscamente contra el abdomen y pecho sudados y pegajosos del fornido hombre; Yuri podía oler el hedor que desprendía el cuerpo del mayor, quien seguramente había estado entrenando antes de venir aquí. Todo esto sumado a los sonidos de placer que emitía Seikai, le estaban dando nauseas. No podía permitir que este salvaje hormonal goce nuevamente con su cuerpo.

Si bien Seikai le seguía sujetando por los brazos, las manos de yuri estaban libres así que rodeó con ellas el torso de Seikai y le clavó las uñas lo más fuerte que pudo. Así mismo, acomodó su rostro hasta que su boca estuvo en contacto con el pecho del mayor, justo sobre la tetilla, y mordió lo más fuerte que pudo para herir al monje para que lo deje ir por el dolor. Sin embargo esto tuvo el efecto contrario.

Seikai se sobresaltó un poco cuando sintió las manos delgadas de Yuri rodearle y presionar sobre su piel, y, cuando los dientes del chico se clavaron en su pezón, se sobresaltó. Como tenía una piel dura, estas acciones no le causaron ningún dolor pero sí un enorme placer. "Yo sabía que estaba en lo correcto. Kamanosuke está disfrutando tanto como yo de este momento; incluso quiere satisfacerme de alguna manera antes de que lo tome" pensó Seikai, feliz y excitado por lo que esto significaba: Yuri le deseaba tanto como él le deseaba.

"Eso me gusta Yuri, sigue por favor" dijo entre jadeos Seikai ante el horror del chiquillo. Pero antes de que pudiera reaccionar, el monje aplastó aún más a Yuri contra la roca, casi sofocándolo, pero aprisionando efectivamente la boca abierta del menor sobre el pezón que había estado intentando lastimar. Yuri sentía que le faltaba el aire y siguió arañando instintivamente al torso del mayor para quitárselo de encima, en vano. Seikai aumentó la fuerza y velocidad con que frotaba su erección contra el abdomen del menor, llenándolo de pre-semen.

"me voy a desmayar" pensó Yuri casi sin aliento mientras era asfixiado por el cuerpo del gigante. Inesperadamente Seikai se despegó un poco del cuerpo de Kamanosuke y le levantó, despegando sus pies del suelo del manantial, hasta que el cuello del menor quedó a la altura de su boca. Yuri tomó una bocanada de aire cuando sintió como los labios ásperos, los dientes filosos, y la lengua rugosa del mayor, besaban, succionaban, mordían y lamían su delgado y blanco cuello con avidez. Yuri estaba incómodo, por decir lo menos, pero, a pesar de su precaria situación, siguió intentando lastimar al grandulón con sus manos. La saliva del monje comenzó a chorrearse por su cuello. Yuri resopló de dolor cuando Seikai le clavó con mucha fuerza los dientes, rompiendo un poco la delicada piel, sacando sangre. Como si fuera un vampiro, el mayor comenzó a chupar y lamer donde estaba la herida para no perder ni un poquito del rojo líquido.

El pene de Seikai, como ya no podía frotarse contra el abdomen de Yuri, se acomodó entre sus muslos y se frotó contra ellos enérgicamente. "Mierda" maldijo Yuri, al sentir como el enorme falo aumentaba aún más de tamaño entre sus muslos. De pronto todo se detuvo. Seikai bajó sus manos desde los brazos de Yuri hasta sus muñecas para sujetarlas con fuerza contra los lados de la cadera de Kamanosuke. Despegó su boca del cuello del chico para mirarle a la cara, para lo cual le levantó un poco más en el aire (los pies hace mucho que no tocaban el suelo) para estar frente a frente. "Me gustas mucho. Estos días han sido una tortura. No necesitas decir nada. Sé que tú también disfrutaste el sexo conmigo tanto como yo. Gracias por dejarme quererte de nuevo"

Yuri no podía salir de su sorpresa, estaba atónito. En qué momento, de qué manera él había demostrado querer a volver a repetir ese acto grotesco que Seikai llamaba sexo. El monigote le había tomado contra su voluntad y eso era todo, no disfrutó ni un segundo de ello. "QUE ES-¡! CÓMO TE ATREVES! NUNCA QUISE O QUERRÉ TENER SEXO CONTIGO, HIJO DE PUTA. ME DAS ASCO! TE DIJE QUE SI TE ACERCABAS A MI UNA VEZ MÁS TE IBA A MATAR ASÍ QUE DETENTE AHORA MIS-¡!" En ese instante Yuri sintió algo grande en la entrada de su ano.

Seikai no escuchaba ninguna palabra, convencido de que Yuri sólo actuaba así por pose, pero en el fondo quería que continuara, eso fue lo que hizo. Acercó su pelvis a la de Yuri, entre las piernas separadas del joven, y posicionó su enorme pene sobre el orificio entre sus nalgas. Yuri intentó patearlo pero sus piernas sólo consiguieron patear aire a ambos lados de la cintura de Seikai, ya que el cuerpo del hombre hacía que las tuviera separadas. "No seas impaciente" dijo calmado Seikai mirando fijamente como su pene intentaba incrustarse en el pequeño orificio.

Finalmente lo consiguió pero sólo alcanzó a introducir la cabeza gorda del pene, pues aún no se acostumbraba a esta posición, pero fue suficiente para que Yuri gritara estruendosamente de dolor. Seikai no le miraba la cara, seguía observando maravillado como el hinchado glande estaba aprisionado dentro del ano de Yuri. Como tenía bien sujeto al chico de las caderas, aplastando sus muñecas contra sus lados para que no pudiera mover los brazos, acercó todo el cuerpo de Yuri hacia abajo, muy lentamente, y vio desaparecer de a pocos su falo dentro del estrecho canal, deleitándose con cada centímetro que metía. Yuri sólo consiguió gemir de dolor y maldecir a los cuatro vientos a este monje abusador.

Cuando todo el pene hinchado estuvo dentro de Kamanosuke, Seikai jadeaba con fuerza, aún observando maravillado su hazaña. Yuri sentía que se partía en dos y temía que aún faltara mucho para que termine su tormento, así que en vez de intentar cerrar las piernas para evitar el ataque, las abrió mucho más para aliviar el dolor que sentía ahí abajo y el dolor que le provocaba tenerlas colgando en el aire, por lo que rodeó el cuerpo de Seikai y colocó sus pies en su espalda. Esta acción fue tomada como un incentivo, un permiso para proseguir. "En verdad quiere que lo posea, disfruta de mi trato tanto que quiere que acelere al paso, pero no voy a hacer eso hoy. Le daré todo lo que tengo" pensó feliz Seikai.

Así que levantó el cuerpo de Yuri para liberar a su pene, muy lentamente, hasta que estuvo fuera del todo, solamente para repetir el proceso de introducirlo una vez más, siempre muy despacio. Repitió el proceso 5 veces, siempre mirando como el pene entraba y salía del pequeño orificio, extasiado. Yuri gruñía de impotencia y gemía de dolor cada vez que el falo era introducido. Seikai, no conociendo la diferencia o porque no le importaba en ese momento, pensaba que eran gemidos de placer.

Seikai ya no aguantaba más y, con el pene dentro de Yuri, le miró a los ojos. "Eres lo más hermoso que he visto jamás" y sin más, empujó el cuerpo del chico contra la gran piedra, le cogió firmemente, y comenzó a embestirlo salvajemente. Yuri gritó una vez más. Su cuerpo era asaltado de una forma brutal nuevamente, sin que él pudiera defenderse. "maldición" y esta vez estaba cara a cara con su agresor. Podía ver el rostro fruncido de Seikai, todo sudado y jadeante, emitiendo sonidos de goce casi animalescos, mientras su gran falo le impalaba una y otra vez sin descanso.

Yuri cerró los ojos y esperó a que todo termine. Casi al final, cuando a Yuri no le quedaban más fuerzas, Seikai soltó sus muñecas, manteniendo su cuerpo en posición tan sólo con la presión que ejercía el mismo contra la roca. Colocó rápidamente ambas piernas del chico hacia arriba, hasta que sus pies estuvieron a cada lado de su cabeza, sobre los hombros del monje. Seikai, acercó su pecho hacia Kamanosuke lo más que pudo, hasta que el menor pudo sentir el sudado pecho del mayor contra su rostro. Esta acción provocó que sus piernas se doblaran más, lastimando el abusado cuerpo del chico. Seikai sujetó las manos de Yuri hacia atrás y abajo, con sus manos más grandes, presionándolas contra las redondas nalgas.

Así, el monje retomó sus embestidas, que se tornaron más violentas y frenéticas. Yuri sin poder evitarlo, gritó de dolor varias veces hasta que Seikai se vino dentro suyo, aunque sus quejidos fueron silenciados por los gemidos roncos y fuertes del monje, quien se gozó dentro suyo. Seikai se quedó dentro del cuerpo de Yuri hasta que su miembro se tornó flácido y fue expulsado de la cavidad, sólo entonces soltó a Kamanosuke y lo depositó suavemente en el agua. Le quedó mirando un rato, esperando que dijera o hiciera algo, pero Yuri seguía con la cabeza baja, mirando el agua. Seikai extendió una mano para acariciarle la cabeza pero Yuri le apartó, abofeteando su mano. "NO TE ATREVAS A TOCARME DESPUÉS DE- LÁRGATE DE AQUÍ" exclamó con todas sus fuerzas restantes a la vez que miraba con odio al hombre más grande.

Seikai se asustó un poco pero luego hizo lo que le ordenaron. Salió del agua luego de enjuagarse el sudor, se vistió en la orilla, y tras mirar una vez más a Yuri, se adentró en el bosque, rumbo al castillo. Después de todo no había de qué preocuparse, sólo era Yuri siendo Yuri, dentro de poco vendría a buscar más de lo mismo. Por ahora el chico quería estar solo. Con eso en su mente, Seikai se fue.