Esta es la continuación alternativa que me pidió mi amiga :)
El Epílogo 1 nunca sucedió, este vendría a ser el capítulo que le sigue al tres. Ahora Yuri ya ni siquiera puede dormir tranquilo dentro del castillo
ADVERTENCIA: yaoi / non-con / lemon
*no para menores de 18 años*
Luego de amanecer envuelto en los brazos de Seikai en aquel abandonado templo, Yuri se sentía desolado. Cuando el monje salió de la habitación, el chico actuó como en automático. Se fue a bañar en los baños que había al final del pasillo. En algún momento Seikai debe haber entrado sin que él lo notase pues cuando salió del agua un set de ropa limpia (un polo blanco y un pantalón oscuro y sandalias) estaban sobre la mesa cerca al baño. Se cambió mecánicamente, se amarró el cabello y salió del templo con dirección al castillo de Ueda. No es esperó por Seikai pero estaba seguro que le seguiría tarde o temprano. Ya en el castillo, se metió rápidamente a su cuarto y se cambió de ropas. Con una nueva arma en sus manos salió al bosque a tumbar unos árboles en frustración hasta que quedó tendido en el suelo, exhausto. No quería pensar en nada. Sabía que Seikai le observaba y si se decidía por huir lo atraparía de nuevo así que no hizo nada.
Ya de noche, regresó a su habitación a dormir. Se quitó sus ropas de día y se colocó un polo largo encima luego de asearse un poco. El polo le llegaba hasta la mitad del muslo y no llevaba nada más debajo. Se soltó el cabello y se metió bajo las sábanas. Se sentía relativamente seguro en su cuarto, de noche, pues estaba seguro que Seikai nunca se atrevería atacarle en este lugar, tan cerca de los otros guerreros que seguramente despertarían con sus gritos. Además, no lo había intentado antes. Mientras intentaba conciliar el sueño Yuri pensaba en qué debía hacer ahora. Estaba convencido de que ese hombre despreciable no le dejaría ir. Decidió que ya no aguantaba esta situación y que le pediría ayuda a Jinpachi, pues era su mejor opción entre todos lo braves. Era como si fueran amigos.
Con esto en mente, Yuri cerró los ojos y pronto se quedó dormido. Pasaron veinte minutos antes de que algo le despertara de improviso. Una mano gruesa le cogió por el cuello. Instintivamente, Yuri llevó sus manos al cuello para retirar al agresor pero en ese momento una bola de tela le fue colocada en su boca abierta para ser cubierta luego con una tela larga que se aseguró fuertemente tras de su cabeza. Yuri estaba ahora boca arriba, amordazado, sintiendo como algo muy pesado se sentaba sobre su pecho y unas manos le sujetaban por las muñecas.
Seikai era quien, con sus muslos a ambos lados del torso de Yuri estaba sentado sobre él. "Hola mi precioso. Es una pena pero no podrás deleitarme hoy con tus bellos gemidos. Tenemos que ser muy silenciosos, ok? Para no despertar al resto. No te preocupes que yo me haré cargo de todo" Mientras decía esto, sujetó con una de sus manos ambas muñecas de Yuri para coger con la otra una soga con la que amarró fuertemente las delicadas muñecas. Luego, ató el final de la cuerda que sujetaba las muñecas a una estaca que colocó más arriba, en el suelo, quedando los brazos de Yuri expendidos sobre su cabeza. Kamanosuke sentía las musculosas nalgas del monje sobre su pecho y abdomen aplastándole y sobándose contra él mientras terminaba de atarle. El monje estaba sin sus pantalones y el polo que cubría el cuerpo de Yuri no era lo suficientemente grueso para no sentir al otro.
Seikai le miró a los ojos. "Sé cuánto te gusta moverte y tocarme para darme placer pero si lo haces no seré capaz de permanecer en silencio. Tendrá que ser así mientras nos quedemos aquí" dijo el monje antes de descender hasta sentarse sobre los muslos descubiertos de Yuri. Seikai levantó por completo el largo polo que cubría al chico, dejando al descubierto todo su abdomen y pecho. Recorrió con sus manos grotescas los lados del jove; trazó círculos en su abdomen alrededor de su ombligo; rozó, pellizcó y masajeó su pecho y pezones hasta ponerlos duros. Yuri, muy incómodo con todo esto, no podía hacer nada. Atrapado bajo el cuerpo del mayor, atado como se encontraba y amordazado, no podía siquiera vocalizar su malestar. Todo estaba en silencio salvo por los grillos chirriando en el jardín.
Seikai, aún sentado sobre los muslos del chico, descendió su torso sobre el cuerpo delgado debajo suyo para meter en su boca uno de los pezones de Yuri. El chiquillo emitió un quejido que fue ahogado por la mordaza. Seikai siguió masajeando los lados de Yuri mientras su boca degustaba el pequeño botón que era el pezón del menor. Se entretuvo ahí unos minutos antes de erguir su tronco nuevamente. Cogió el flácido miembro de Yuri entre sus grandes dedos, examinándolo y sobándolo un poco.
"Lo siento, pero hoy no podré complacerte aquí, no tenemos mucho tiempo" dijo Seikai, dejando caer con cuidado el delgado apéndice. Seikai descendió aún más y con su trasero se abrió paso entre los muslos de Yuri hasta abrirlos, para sentarse en el suelo. Sus musculosas piernas estaban hacia adelante, semiestiradas, a ambos lados del cuerpo de Yuri, y sus pies apoyados en el suelo más o menos a la altura de la cabeza del chico. Con sus gruesas manos cogió a Yuri por las rodillas, separándolas aún más para poder sentarse mejor.
"Te he visto pelear y me excita la manera en que mueves tu cuerpo. Eres tan flexible…. me gustaría probar tu flexibilidad precioso…te va a gustar". Empujó muy despacio las rodillas de Yuri hasta que sus muslos tocaron el suelo y formaron un ángulo de 90 grados con el tronco del chico. Yuri pedía ayuda a gritos pero la mordaza no dejaba salir ningún sonido, sólo se veía cómo el chiquillo movía la cabeza frenéticamente de un lado a otro en señal de dolor. Seikai se regocijó unos segundos ante esa escena: su precioso amante completamente abierto para él desesperado porque lo poseyera de una vez. Presionando hacia abajo con más fuerza las rodillas de Yuri para tener mejor balance, el gigante ubicó su erecto y palpitante falo en la entrada del chico. Luego de varios intentos logró que la punta se trabara entre las rugosidades del esfínter que protegía el ano para luego, con un solo movimiento seco, y gruñendo muy bajo, clavar un tercio de su duro miembro en el estrecho canal.
Yuri gritó en silencio y unas cuantas lágrimas rodaron por sus mejillas. Seikai comenzó a mecer su pelvis de atrás hacia adelante con energía, metiendo con cada embestida más de su falo en el cuerpo de Yuri. Era una tarea ardua puesto que la posición era incómoda pero Seikai lo quería así, quería explorar cosas nuevas con aquel bello ser.
"T-tan apreta-ado… e-eres maravi-illoso" jadeó Seikai muy bajo mientras seguí asaltando el cuerpo de Yuri. Por la posición de sus piernas, él área de la pelvis de Yuri estaba más apretada que de costumbre, causando que el canal que era invadido por Seikai también estuviera, a la fuerza, más ajustado que lo usual. Esto hacía que el jovencito sintiera más dolor con cada embestida salvaje. Le estaba desgarrando por dentro…Se sentía morir.
Sin que ninguno de los dos se diera cuenta, la puerta del cuarto se abrió ligeramente dejando ver un ojo espía. Sanada se había levantado, inusualmente, de madrugada para beber algo. En su camino a la cocina, pasó por la habitación del pelirrojo de su equipo y vio unas sombras que indicaban movimiento dentro del cuarto. Decidió echar un vistazo y se encontró con una escena que no pensó ver nunca: Kamanosuke, amordazado y amarrado por los brazos a una estaca, estaba siendo penetrado por Seikai. En un primer momento pensó en retirarse para dejar a los 2 amantes solos pero mirando bien se dio cuenta de algo. El chiquillo parecía estar en dolor mientras el mayor jadeaba de placer dentro suyo y le decía lo maravilloso y bello que era, que sabía cuanto le gustaba lo que le hacía, y que le amaba. Esto era lo que esperaría de 2 amantes –por más que bizarro que fuera. Yuri nunca demostró apego por el feo hombre. Con su apariencia podía conseguir algo mejor- pero la mirada de odio que le lanzaba el menor al monje decía otra cosa. Sanada concluyó que de alguna manera Seikai había conseguido dominar a Yuri para obligarlo a tener relaciones con él sin que éste le acusara con los demás. Esto llenó de ideas pervertidas la cabeza del Lord, hace mucho que no tenía con quien divertirse tanto.
Decidió quedarse a mirar un rato. Seikai siguió embistiendo violentamente el cuerpo de Kamanosuke por varios minutos más hasta que se vino dentro suyo. Se mordió los labios para no dejar escapar ningún sonido. Era la escena más erótica que Sanada había visto en mucho tiempo. Seikai, aún con su miembro dentro de Yuri, se inclinó hacia delante, sin dejar ir las rodillas del chico, y se recostó encima del pecho del menor a descansar. Yuri ya no se movía; la mordaza estaba húmeda al igual que sus mejillas; su pecho que aún subía y bajaba era lo único que indicaba que estaba vivo. Minutos más tarde, Seikai se levantó, salió del cuerpo del chico y le desató las manos. Cogió una sábana con la que cubrió el cuerpo tendido en el suelo, besó su frente, murmuró un te amo y comenzó a vestirse para salir del cuarto.
Sanada juntó la puerta y se levantó rumbo a su habitación. El bulto en sus pantalones le molestaba pero su mente ya había formado un plan de acción. Mañana tomaría ventaja de esta situación para su propia diversión. Estaba contento.
