SEIKAI/KAMANOSUKE + SANADA y otros
Sanada se aprovecha de la situación y consigue subyugar al pobre Yuri, forzándolo y sometiéndolo a muchas cosas para lograr su objetivo, con la venia de Seikai.
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*no menores de 18 años*
A la mañana siguiente, antes de que saliera el sol, Yuri se dirigió corriendo a los baños. Aprovechando que era muy temprano y que no había nadie allí, se metió en las aguas frías y restregó cada centímetro de su cuerpo para sacarse el olor y cualquier otro rastro de ese hombre. "Hoy será el día. Hablaré con Jinpachi. Me largaré de aquí y acabaré con este infierno" No había podido conciliar el sueño desde que Seikai dejó su habitación así que usó ese tiempo para pensar. Concluyó que su mejor camino era huir muy lejos y nunca volver a ueda. Desaparecer por completo del radar de ese sujeto. Quedarse por Saizou ya no valía la pena. Le pediría a Jinpachi que lo mande en su barco lo más lejos de aquí. Dentro de todos, se llevaba mejor con el pirata; habían pasado buenos ratos juntos. Antes de lo que pasó con Seikai nunca se había detenido a pensar en lo que sentía respecto a otros chicos. Principalmente Saizou. Ahora sabía que además de su deseo de pelear con él, se sentía físicamente atraído hacia el ninja. Lo mismo le pasaba con Jinpachi; el pirata era atractivo, pero a diferencia del ninja, gustaba de pasar tiempo con Yuri y no lo rechazaba cada vez que lo veía. Tal vez, con el tiempo, podría…. No, no era momento de pensar en ello. Un problema a la vez.
Luego de vestirse en el baño, salió en busca de Jinpachi. Como no lo encontró en su cuarto, decidió buscarlo en el patio. Cuando iba a alcanzar a Kakei-san para que le dijera dónde podría encontrar el pirata, alguien le llamó.
"Oi, Kamanosuke, ven conmigo que tengo que hablar contigo" Era Sanada. Yuri quiso mandarlo al diablo pero Saizou, que pasaba justo en ese momento por ahí, le gritó que deje de ser el pesado de siempre y fuera de una maldita vez, sino el viejo estaría molestándole a cada rato. Yuri, resignado, caminó hasta donde estaba el viejo.
"Tch! Lo que sea que quieras dímelo rápido que tengo prisa". Sanada miró divertido, con kiseru en mano, al chico encabronado delante suyo.
"¡Qué modales Kamanosuke! Pero bueno, si tan ansioso estás de saberlo, te lo diré. Quiero que me acompañes a un lugar no muy lejos de aquí, hacia el este. Rokuro y Jinpachi están ahí esperándonos. El dueño del lugar tiene algo para nosotros que nos puede ser de utilidad". A Yuri se le abrieron los ojos, era justamente la oportunidad que deseaba, pero no quería parecer ansioso.
"Ok. ¡qué más da! Vámonos de una buena vez para volver pronto". Sanada dijo algo más y se pusieron en camino. El Lord de Ueda se sentía complacido de su elección. No era difícil adivinar a quién acudiría Yuri en un momento de estrés. Con los únicos que se tenía más confianza eran Saizou, Jinpachi y tal vez Sasuke, y como no estaba buscando Saizou, apostó mencionar al pirata y dio en el clavo.
Jinpachi se había ido la noche anterior a ver su barco, y no volvería hasta mañana, así que no tendría problemas por ese lado. El plan de Sanada estaba marchando de maravilla. Lo que Kamanosuke no sabía es que Sanada había hablado con Seikai mientras Yuri estaba bañándose. Le mencionó que vio lo que hacía con Kamanosuke cuando todos dormían. Seikai se puso muy nervioso y comenzó a balbucear excusas. Sanada lo interrumpió y le dijo que comenzara por el principio. Seikai contó a grandes rasgos como empezó su relación con Yuri, como el menor a pesar de su rebeldía gustaba de ser poseído por él, como el deseo se tornó en amor….pero que sabía debían mantener su relación en secreto pues Yuri era muy tímido al respecto y por respeto al propio Sanada, hacer algo como eso bajo su techo.
Sanada escuchó atentamente. Podía imaginar que esto podía ser cierto para Seikai pero no para el joven. Tal vez por temor a ser ridiculizado no dijo nada, pero en el fondo odiaba esta situación. Seguramente, al no sentirse ya seguro ni siquiera en el castillo, confiaría en alguien para que le ayude tarde o temprano… y así fue. Sanada le dijo que él no se oponía a que mantuvieran relaciones sexuales en su castillo, pero que si ya eran pareja debían vivir como una. Convenció a Seikai de que lo que Yuri quería ahora era que él tomara la iniciativa y formalizara la relación. Seikai confesó que no sabía cómo hacer eso. Entonces Sanada, riendo por dentro, le dijo que para ser una pareja formal en Ueda y por estar bajo su cargo, él debía darles su bendición. Una vez conseguida su bendición, Sanada les daría un cuarto para ellos dos, separado del castillo principal pero lo suficientemente cerca, para que puedan manifestar su amor sin tener que ocultarse. Seikai se entusiasmó con la idea y preguntó que tenían que hacer para conseguir su bendición.
Sanada, entusiasmado, le dijo que debía escuchar de los labios de ambos que se amaban y consumar su amor delante suyo. Seikai se ruborizó un poco pero Yukimura le tranquilizó diciendo que ya había visto un poco anoche así que no tenía nada de qué avergonzarse. El monje, un tanto compungido, le confesó que si bien él no tenía problemas en decir que amaba a Yuri, el más joven sólo le había demostrado que lo amaba con su cuerpo más no con palabras. Sanada muy seriamente le dijo que eso era un problema, que si no hacían como le indicaba tendrían que terminar su relación. Ante esto, Seikai le rogó que le dejara intentarlo, que hablaría con Yuri; Sanada, en tono muy serio, le preguntó: "¿Harías lo que fuera para conseguir que Yuri diga que te ama y así estar juntos? ¿Cualquier cosa? Sólo tienes una chance". Seikai dudó por un minuto, pero finalmente respondió con determinación que sí.
Desconociendo todo esto, Yuri y Sanada viajaron a caballo hasta el sitio indicado, Yuri ansioso por llegar y hablar con Jinpachi, y Sanada hablando tonterías mientras se imaginaba lo que estaba por venir. La casa se encontraba en medio de un vasto bosque; era una casa grande y no había nadie para recibirlos. Descendieron del caballo y se dirigieron al salón principal. Cuando Yuri entró por la puerta no podía creer lo que veían sus ojos: parado en medio de la habitación se encontraba Seikai, vestido como de costumbre, mirándole. Tan espantado estaba que se asustó un poco cuando Sanada empezó a hablar.
"Kamanosuke, Seikai me ha hablado de la relación secreta que han mantenido hasta ahora. Como yo le explicaba, no tengo ningún problema en que sean amantes, pero ya es momento de que formalicen su relación. Seikai tiene algo que decirte" Yuri se sorprendió con lo que dijo, no podía imaginar que Seikai le haya hablado del asunto a Sanada… ese hijo de puta!. Todo había sido una trampa de esos dos para traerlo aquí.
"Yuri" comenzó Seikai. "He disfrutado de nuestros momentos juntos, que aunque pocos, han sido muy placenteros. Ya te he dicho que te amo. Sé que se te hace difícil expresar tus sentimientos con palabras pero si lo haces ahora, frente a Sanada, podremos estar juntos sin ocultarnos y eso me haría muy feliz" Yuri se puso rojo de furia, sentía que iba a estallar de la cólera. Aquí estaba, el monigote que había estado abusando de él todo este tiempo, pidiendo que sean pareja. No podía haber nada más ridículamente doloroso.
"Y A MI QUE CARAJOS ME IMPORTA TU FELICIDAD. JODER"
Yuri atacó con su arma y viento al monje, gritando en todo momento lo estúpido y canalla que era al pedirle eso, además de cuánto lo despreciaba. Seikai repelió cada ataque sin saber que más hacer. Sanada le dio una mirada conspiradora y Seikai asintió con la cabeza que quería decir: "lo que sea necesario". Entonces Yukimura golpeó a Yuri detrás de la cabeza y éste cayó al suelo aturdido, sintiendo todo su cuerpo algo adormecido. "pero qué es esto?" pesó el pelirrojo mientras caía sin perder el conocimiento. Seikai se le acercó, se deshizo de su arma, y le quitó toda la ropa que llevaba encima antes de que Yuri fuera capaz de moverse otra vez. Sanada le quitó el pin del cabello para dejarlo suelto pues así le gustaba más.
Seikai lo colocó en el suelo, boca arriba, mientras que él se situaba de rodillas por detrás de la cabeza de Yuri, sujetándole los brazos contra el suelo, con ambas manos. Yuri recobró su motilidad y comenzó a patear sin darle a nada, gruñendo como un animal salvaje. Sanada le observó por un momento antes de hablar.
"Kamanosuke, déjate de niñerías. Seikai es un buen hombre que te ama y está dispuesto a hacer un sacrificio sobre humano para que ambos puedan ser felices juntos. Tú, en cambio, sólo debes decirle TE AMO, y todo habrá terminado. Se convertirán en una pareja bajo las leyes de Ueda."
Yuri no podía creer lo que escuchaba. Esta era la humillación máxima. Después de todo lo que le había hecho padecer ese repudiable hombre, tenía que admitir con esas dos palabras que amaba a ese sujeto y todo lo que le hizo. Eso nunca.
"ESCÚCHAME BIEN CABRÓN, YO NUNCA QUISE NADA DE ESTO, NO SIENTO NI SENTIRÉ NADA MÁS QUE ODIO Y ASCO HACIA ESTE HOMBRE QUE MA HA ESTADO ULTRAJANDO TODO ESTE TIEMPO. TE VOY A MATAR A TI Y A Él EN CUANTO TENGA LA CHANCE. MIERDA" le dijo a Sanada, mientras se movía en el agarre de Seikai. El monje se veía dolido, no sólo por las palabras sino por lo que iba a venir.
"Bueno, Seikai me dijo que esto podría ocurrir. Me ha autorizado ha usar todas las medidas necesarias y eso haré. Siempre tomas el camino más difícil Kamanosuke pero tú te lo buscaste." Sanada se abrió el kimono por delante para exponer su erección roja y gruesa a Yuri. Sin más palabras abrió los muslos de Yuri como vio a Seikai hacer anoche, hasta separarlos por completo contra el suelo. Expertamente colocó su pene en la entrada del chico y metió toda la extensión de su falo dentro del frágil cuerpo de Yuri. Éste gritaba obscenidades contra su abusador. No podía hacer nada más puesto que Seikai lo tenía bien sujeto de los brazos, con la cara volteada mirando hacia la pared.
Sanada le embestía con crudeza, sonriendo siniestramente mirando a Yuri. El chico le miraba molesto, gruñía y maldecía pero nada más. Estaba indefenso contra esos 2. Finalmente Sanada se vino dentro de él con un ronco gemido de placer antes de levantarse y cerrarse el kimono nuevamente.
"Como me he visto obligado a hacer esto, por el bien de los 2, una vez que les de mi bendición deberán compensarme por ello. Ya le informé a Seikai pero ahora te lo digo a ti: formalizada su relación, Seikai me permitirá tomarte de la forma que yo desee una vez por semana, sin objeciones. Este hombre te ama y está dispuesto a hacer ese sacrificio. ¿listo para decir que sí Kamanosuke?"
Yuri no entendía que tenía en la cabeza Sanada. Acaso creía que si lo ultrajaba una y otra vez aquí, él diría que amaba al monje bastardo sólo para que Sanada pudiera seguir abusando de él semana tras semana…. Eso era de locos! Además, si Seikai lo amaba como decía, cómo era posible que consintiera todo eso. Para Yuri, el monje sólo era un perro en celo que se había encaprichado con él.
"VETE A LA MIERDA! LOS DOS ESTÁN LOCOS". Ya le habían quitado todo, no dejaría que se lleven su dignidad también… nunca diría esas palabras por más veces que Sanada le follase. Se largaría de este miró molesto a Yuri.
"Que así sea. Chicos, es su turno". En eso, un grupo de 3 hombres fornidos, desaseados y sucios, entre 30 y 40 años, entraron al salón. Todos miraron a Yuri con lujuria al verlo tendido desnudo sobre el suelo.
"Del cuello para abajo, lo que quieran. No se preocupen por el monje". Los 3 hombres se quitaron los pantalones, revelando sus penes grandes y sucios como ellos. Uno de cabello naranja y con bigote se agachó sobre su pecho y besuqueó toda la zona, poniendo especial atención en los pezones. Otro, de cabellos negros y largos, cogió una de sus piernas en el aire y besuqueó todo el muslo por la parte interior, dejando marcas de dientes. El último, tuerto, barbón y de manos huesudas, juntó su pene al de Yuri y los masturbó juntos, deleitándose en ello. "Carne blanca joven, como nos gusta" dijo uno de ellos, visiblemente excitado.
Yuri maldecía, se mordía los labios para no gemir o sollozar, pero no podía evitar hacer soniditos que emocionaban más a estos tipos. Luego de unos minutos, el sujeto que tenía atrapado a su miembro, lo soltó y, cogiendo el suyo ya completamente erecto, lo clavó en el interior del jovencito. Yuri gritó y los 3 hombres rieron complacidos. Lo cogió de la cintura y comenzó a mecerse violentamente dentro del menor; pasaron varios minutos antes de que se viniera dentro de Yuri. El hombre que besuqueaba su pecho, tomó el lugar del tuerto entre las piernas de Yuri y lo embistió de una sola vez, mientras clavaba sus uñas amarillas en la delgada cintura. Yuri volvió a gritar lo que fue celebrado por todos. Otro hombre entró al cuarto, para remplazar al tuerto que ya había salido. Éste tenía un diente de oro, le faltaban varios dientes, y era calvo. El que violentaba el ano del chico se vino dentro y dejó después la habitación.
El recién llegado, del diente de oro, se metió a la boca el miembro semi-erecto de Yuri y lo chupó con vehemencia hasta que sintió el líquido lechoso llenarle la boca. Yuri no pudo evitar soltar unas lágrimas de dolor e impotencia… había pasado de nuevo. Otro hombre, muy gordo y panzón entró al cuarto cuando Sanada habló.
"te has venido en su boca. Seikai está maldito por haberse enamorado de una puta como tú. Se te pone dura con cualquiera. Pensándolo bien, eres peor que una puta. Las chicas de mi burdel escogen a sus clientes, no se meten con cualquiera y menos con estos hombres de tan bajo nivel" Los hombres sólo rieron al ser llamados así.
"Después de esto tienes suerte de que alguien como Seikai te siga amando y esté dispuesto a aceptarte como amante. Crees que Saizou o Jinpachi harían eso por ti? Ellos son hombres fuertes y apuestos, pueden tener a cualquiera. Nunca se fijarían en alguien tan mancillado y asqueroso como tú"
Estas palabras hirieron a Yuri en lo más profundo. Muy en el fondo había pensado en iniciar una relación con alguno de esos dos, principalmente el pirata, una vez solucionado el problema con Seikai. Sin embargo eso ya no sería posible, Sanada estaba en lo cierto, ellos nunca querrían al alguien débil y sucio como él…no tenía ninguna salida. Mientras pensaba esto, el hombre de cabellos negros que besaba sus muslos desde hace rato, clavó su polla en el abusado ano del chico pero, ya agotado, no obtuvo de Yuri una respuesta tan audible como los anteriores hombres, quienes se burlaron. Molesto cogió el pene y testículos del chico y los presionó con fuerza. Yuri gritó de dolor para el deleite de todos. El hombre siguió meciéndose en su interior, mientras el panzón que había entrado antes mordía con maldad las tetillas del chiquillo, causándole mucho dolor. Cuando el de cabellos negros se corrió dentro del chico, el panzón le pidió que se quedara y llamó al tuerto del principio para que regrese. Compartiendo una mirada conspiradora, el tuerto cogió la pierna izquierda del chico y la extendió por completo en el aire. Su compañero de cabellos negros hizo lo mismo con la derecha. Al mismo tiempo comenzaron a bajar ambas piernas hacia el suelo, formando cada una un ángulo de 90 grados con el torso del chico. Yuri gimoteaba de dolor cada vez que descendían sus extremidades más y más. "Nos han dicho que eres una puta que aguanta todo. Ya lo veremos" Cuando consiguieron que ambas extremidades toquen el suelo, Yuri pedía a gritos que se detuvieran.
"Si quieres que se detengan Kamanosuke, ya sabes que debes hacer. Di las palabras mágicas y todo esto terminará de una vez. Oh! Olvidé mencionar que yo no gusto de tener putas como guerreros, gente así pertenece a los burdeles. Si decides no admitir que amas a mi buen amigo Seikai, ésta será tu vida de aquí en adelante. Estos hombres te llevarán muy lejos; se convertirán en tus dueños" dijo divertido Sanada, como si fuera la cosa más natural. El gordo metió su erecto pene en el orifico enrojecido del chico, gruñendo y haciendo gritar ensordecedoramente al joven.
"Hng! Así me gusta, apretado. No digas nada chico y tendrás más de esto todos los días" dijo el hombre mientras penetraba una y otra vez el, ahora muy ajustado, canal.
Yuri no aguantaba más, quería que todo termine. No deseaba convertirse en el juguete sexual de Seikai y Sanada pero temía mucho más quedar a la merced de estos hombres. En voz muy bajita y adolorida dijo "Te amo". Sólo entonces Seikai volteó a verlo, aún cogiéndole por los brazos.
"Tendrás que decirlo más fuerte Kamanosuke, no te escuché bien, y no sé a quien amas tampoco." dijo Sanada sonriendo de oreja a oreja. El gordo, al ver el fin cerca, embistió con más fuerza para evitar que el chico siga hablando. Yuri no podía pensar muy bien por el dolor pero, con las fuerzas que le quedaban, dijo con más energía.
"Te amo… Sei…kai". En ese momento el gordo se vino dentro del chico, gimiendo audiblemente. Sanada les dijo que eso era todo, que debían irse ahora. Les alcanzó una bolsa con monedas de oro y los hombres se retiraron un tanto fastidiados por no poder quedarse con el muchachito pero contentos con el trato.
"Me alegra que por fin hayas superado tus miedos y expresado tus verdaderos sentimientos. Sin embargo, ahora sólo falta que se demuestren amor frente a mi y conseguirán mi bendición" Sanada estaba satisfecho por dentro, era tan sencillo aprovecharse de estos dos idiotas. Yuri estaba tendido en el suelo, visiblemente agotado, así que Seikai soltó sus brazos para poder posicionarse sobre su cabeza.
"Está bien si él no participa?, está muy cansado" dijo serio Seikai, frunciendo el ceño. Sanada dijo que estaría bien, que prosiga. Seikai cogió la cabeza del chico con ambas manos, le miró molesto a los ojos, por tener que haberle hecho vivir todo aquello cuando sólo debía decir dos malditas palabras, y metió todo su miembro en la boca de Yuri. Asaltó con violencia la boca pequeña, furiosamente, como en venganza por lo sucedido. Yuri no se movió, sólo le quedó mirando sin emoción en el rostro hasta que el mayor se vino en su boca.
Seikai hizo que se trague todo antes de abandonar su boca. Sanada dijo que podían pasar la noche en este lugar pero debían volver mañana a Ueda, que para entonces ya tendría todo listo y haría el anuncio. Dicho esto se marchó.
Seikai lo dejó ahí tirado en el suelo por casi una hora. Cuando volvió, ya se había cambiado y se veía visiblemente más compuesto, sonriendo inclusive y cargando un balde de agua en la mano, comenzó a asear a Yuri. Terminado esto, le ayudó a vestirse mientras hablaba de la maravillosa vida que tendrían juntos y lo mucho que le amaba a pesar de todo. Seikai lo envolvió entre sus brazos y se quedaron dormidos de esta manera.
