El señor Yamada estaba de buen humor, lo cual eran buenas noticias para ella, podría salir temprano. Era viernes después de todo, y finalmente podría salir con Kenshin, nada muy elaborado, pero podrían ir al cine y a cenar.

De hecho se había puesto su vestido azul para la ocasión. Era uno de los mas favorecedores que tenía, con la espalda descubierta y un poco mas arriba de las rodillas.

Haruhi le había visto y sonrió, sabía que Kenshin ya estaba en casa, ella se arreglaba mucho mas cuando el estaba en casa, y su humor mejoraba bastante.

-¿Tienes cita hoy con Kenshin? – preguntó Haruhi mientras retocaba su lipstick rojo.

-Vamos al cine y a cenar – contestó Kaoru sonriendo – Viene por mi.

-Vaya – dijo Haruhi sorprendida – Yo tengo una cita con un bombón que conocí en una cafetería cerca de aquí.

-¿Diferente al del viernes pasado? – preguntó Kaoru.

-Era aburrido, el del viernes pasado – se quejo Haruhi – Fuimos a bailar, y todo iba bien, digo, no es que bailara tan bien, pero decente, pero dieron las dos y quería irse, yo le dije que no, que me quedaría y bueno se hizo un lío.

- ¿No has pensado en salir a cenar en lugar de ir a bailar? – preguntó Kaoru

-No, no me interesa algo serio, ya sabes, ir a cenar ya es querer conocer a la otra persona, y no, por el momento no – dijo Haruhi acomodando su cabello - ¿Qué tal quede?

-Bien – dijo Kaoru sonriendo. Haruhi no cambiaría, siempre buscando alguien nuevo.

-Por cierto – dijo Haruhi sacando algo de su bolso y extendiéndolo hacía Kaoru – Te compre esto.

Kaoru le vio curiosa. Haruhi nunca le compraba nada. Abrió el pequeño paquete y encontró un labial de un tono coral, muy hermoso.

-Creo que te quedaría bien, y si quieres reconquistar a Kenshin, ya sabes…- dijo Haruhi alzando los hombros.

-Gracias Haru-chan – dijo Kaoru sonriendo.

-Bien – dijo su amiga poniéndose de pie – Ya llegaron por mi.

-¡Diviértete!

Kaoru vio su celular, eran las seis, Kenshin tendría que estar ahí en cualquier momento. Sacó el labial del estuche y se lo aplico frente al pequeño espejo que tenía guardado en el cajón.

Lucía rara, no estaba acostumbrada al maquillaje.

Pensó en quitárselo, pero si lo hacía quedaría una mancha en sus labios y se vería peor. Comenzó a sentir esa aprehensión previamente de una cita con Kenshin. Como si fuera la primera vez, se ponía nerviosa, y uno pensaría que después de años de matrimonio eso se pasaría, pero simplemente no sucedía.

Comenzó a revisar sus correos para poder distraerse de los nervios.

Volteo a ver al reloj de pared, seis con 10 minutos.

Pensó en mandarle mensaje a Kenshin, pero solo estaba unos minutos tarde, esperaría.

Iba tarde, lo sabía, pero Sano no había ayudado mucho con su llamada de último momento. Identificar ciertas armas de periodos históricos no era una tarea como para hacerse en 5 minutos, y su amigo lo sabía. No lo hubiera hecho de no saber que era para un caso de Fraude que se estaba revisando desde hace meses.

Suspiró mientras vio el tráfico, estaba unas cuadras, pero por cómo estaba el tráfico tardaría al menos 20 minutos más.

Saco su teléfono y tecleo de prisa un mensaje a Kaoru.

"Llegó en 20 minutos máximo, estoy atorado en el tráfico"

La impuntualidad era una de esas cosas que su esposa no soportaba, de hecho cuando estaban saliendo un par de veces le dejo plantado después que el llegó 20 minutos tarde.

Y a decir verdad después de eso se hizo el hábito de salir mas temprano cuando se trataba de salir con ella.

Hoy era un día malo. Todo había comenzado mal, sus estudiantes usuales habían faltado, Sanosuke le estaba molestando con el caso del fraude, y encima llegaba tarde a una cita con Kaoru.

Últimamente había notado ciertos cambios en Kaoru, la apatía era uno de ellos. A veces cuando ella no se daba cuenta podía ver esa falta de vitalidad en su mirada. Y eso era preocupante, ella siempre había sido muy vivaz y alegre y de unos meses atrás la actitud de Kaoru cambiaba constantemente.

Debería de pasar mas tiempo con ella, y lo sabía. Su trabajo estaba jalando todo su tiempo, y eso estaba afectando su relación y su matrimonio.

De hecho ya estaba dañado, más de lo que le gustaría, pero no quería pensar en eso.

Todo se arreglaría si el se esforzaba lo suficiente.

Se estaciono afuera del edificio de Kaoru.

Siete y media.

Kaoru lo mataba.

Subió el elevador con las flores en las manos. No le gustaba llamar la atención, pero en este caso, las flores y su presencia arrepentida, esperaba fuera suficiente para calmar el enfado que seguro tenía su esposa.

Llegó al piso 17 y la secretaria le vio con la mirada sorprendida, el le sonrió amable, se acomodo el saco con la mano libre y se cercioro que su cabello estuviera en su lugar.

Y entonces la vio, ahí sentada en su escritorio, viéndose al espejo. Llevaba un nuevo labial, y parecía estar preocupada por si le quedaba o no, podía ver sus facciones contorsionarse.

Se acerco a ella y carraspeo.

Kaoru levanto la mirada y aunque al principio hubo una chispa de alegría rápidamente fue remplazada por enfado.

-¿Dónde estabas? Llevo mas de una hora y media hora esperándote Kenshin – dijo ella tomando su bolso.

-Me quede atrapado en el tráfico y Sano…

-Siempre Sano – dijo Kaoru enfadada – Un día de estos verá lo que es bueno.

-Te traje flores – dijo Kenshin ofreciendo el ramo.

Las facciones de Kaoru se suavizaron un poco, tomó el ramo de flores y se sonrojo al ver a Hitomi viéndola descaradamente.

-Vamos, llegamos tarde a la función – dijo de repente Kaoru.

Kenshin siguió a Kaoru hasta la salida del elevador en silencio. Podía ver la espalda rígida de su esposa, estaba molesta, de hecho estaba mas que molesta, suspiró resignado, Kaoru nunca duraba mucho tiempo molesta, pero durante el tiempo que lo estuviera era lo peor.

Llegaron al auto, Kenshin le abrió la puerta y Kaoru entró en el coche sin lanzarle su usual sonrisa agradecida por el gesto.

Kenshin subió al asiento del conductor y encendió el coche.

-¿Vamos directo al cine? – preguntó Kenshin sonriendo – Podemos elegir una película mas tarde, o cenar y después pasar al cine.

-Vamos a cenar, tengo hambre – dijo Kaoru viendo por la ventana.

-De acuerdo.

Comenzaron el camino de ida al restaurante. Usualmente elegían un restaurante italiano, cerca del centro, donde a pesar de estar pequeño podían platicar sin interrupciones. Esta vez no era la excepción, había hecho la reservación en el lugar de manera mecánica, pero ahora que estaba en el coche con ella comenzó a preguntarse si debería de haber buscado otro lugar. La rutina formaba ya parte de sus vidas, pero a veces sería bueno salir de la rutina.

Llegaron al lugar con media hora de retraso, la reservación no fue aplicada, y había fila para entrar al lugar.

-Podemos probar otro lugar – sugirió Kenshin sonriendo. Kaoru suspiro cansada.

Podía ver los esfuerzos de su esposo para contentarla, pero su enfado era justificable, siempre estaba de viaje, y cuando llegaba ponía a sus amigos antes que a ella, a su trabajo antes que a ella, llegaba tarde a su cita, perdían la reservación del restaurante.

No, no era un buen día.

-No, ya vámonos, estoy cansada – dijo Kaoru resignada.

-Pero…

-Estoy cansada Kenshin – dijo molesta y Kenshin asintió sin decir otra palabra.

El trayecto al departamento fue incomodo, Kenshin sabía que Kaoru seguía molesta, era raro que se molestara por tanto tiempo, su carácter usualmente era dulce y alegre, quizás tenía otra cosa y el no lo había notado.

-Koishi – dijo poniendo especial énfasis en la palabra de cariño que solo usaban en los momentos mas íntimos - ¿Sucede algo?

Kaoru volteo a verlo, Kenshin estaba comenzando a preocuparse, su esposa nunca se enfadaba por mucho tiempo, quizás tenía algo más, podría ser que algo malo le hubiera pasado en el trabajo y el solo empeoraba todo llegando tarde.

Kenshin le tomó del brazo para atraerla hacía él, Kaoru se dejo abrazar por momentos breves para después separarse del abrazo de su marido.

No podía quitarse de la cabeza las palabras de Misao, siempre le ponía fácil a Kenshin todo, el ponía todo como prioridad, todo excepto a ella, y estaba cansada, aburrida de ser la última opción, la opción segura, quien siempre estaba ahí.

-Voy a dormir – dijo Kaoru en tono neutral.

-¿Kaoru? – preguntó Kenshin desconcertado.

-Todo esta bien Kenshin, estoy cansada, vete a dormir – le dijo, para después encerrarse en el baño para desmaquillarse y cambiarse.

Cuando salió Kenshin ya estaba en la cama, viendo hacía ella.

Kaoru conocía esa sonrisa, pero esta vez no cedería.

Se recostó en su lado de la cama, se dio la media vuelta y apagó la luz de la lámpara de un lado.

-Buenas noches Kenshin – dijo seca.

Kenshin murmuró un buenas noches y aunque su corazón anhelaba el contacto de Kenshin se lo negó. No era bueno ponerle todo fácil, estaba cansándose de ser la última.

Olía bien. El dulce aroma a masa llenaba la casa, y no podía hacer otra cosa mas que sonreír inconscientemente al absorber el aroma.

Se despertó solo para encontrar la cama vacía, fue entonces cuando su mente comenzó a funcionar de nueva cuenta, y vino a su mente la noche anterior. Seguramente los hot cakes eran una forma de disculpa.

Se levantó suspirando, no era bueno guardar rencores, se puso de pie dispuesta a perdonar a su marido.

Salió de la habitación solo para escuchar la voz de Sano llenar la habitación. Frunció el ceño, era demasiado temprano para tenerlo de visita.

-¡Hey Jou-chan! – dijo Sano al verla llegar al comedor.

Kaoru pensó en regresar a cambiarse por algo mas sustancioso que su bata de seda y su camisón, pero luego lo pensó mejor, era Sano, su amigo de la infancia, no necesitaba cambiarse.

-Hola Sano – dijo sonriendo al sentarse - ¿Qué haces tan temprano por aquí?

-Aprovechando de las habilidades culinarias de tu esposo – dijo Sano sonriendo – Le pedí que hiciera sus famosos hot cakes.

-¿Tu se los pediste? – preguntó Kaoru sintiendo como el enfado del día anterior volvía.

-Llegue temprano, Kenshin y yo tenemos un poco de trabajo de escritorio pendiente, y pensé que sería bueno ¿no crees?

Así que no era una disculpa, los había cocinado por Sano, a petición. Si no supiera que su esposo era heterosexual se sentiría celosa de su amigo.

-Buenos días Kaoru – dijo Kenshin saliendo de la cocina con un plato lleno de hot cakes. – Cocine los tuyos con fresa por que…

-Estoy a dieta – dijo Kaoru sin pensarlo dos veces. Moría de hambre, si, pero el enfado del día anterior regreso.

Kenshin y Sano se le quedaron viendo sorprendidos. Podía ver el rostro confundido de su esposo.

-Pero si estas delgadísima Jou-chan – dijo Sano frunciendo el ceño.

-Ni tanto – dijo Kaoru ahora sintiéndose algo tonta por su pretexto, si lo hubiera pensado mejor… - Es más, tengo que llegar temprano a la oficina, así que será mejor que me de prisa.

-¿Kaoru? – preguntó Kenshin sintiéndose vulnerable al preguntar en frente de Sano - ¿Está todo bien?

-Perfecto, gracias – dijo Kaoru entrando a su habitación para darse un baño.

Se cambió por un vestido, y unos zapatos sin tacón. Cuando salió de su habitación Kenshin y Sano le veían esperando que estallará o que dijera algo más. No les dio el gusto, tomó su bolsa y los volteo a ver.

-Regreso en la tarde – dijo Kaoru.

-Puedo pasar por ti a la oficina – ofreció Kenshin sonriendo.

-No gracias, si vas a dejarme plantada como ayer, no – dijo Kaoru, para después salir de su departamento, sin beso de despedida, sin nada.

Se sentía más cansada que de costumbre. Volteo a ver su reloj. Podía desayunar antes de entrar a la oficina.

De regreso en el departamento Kenshin suspiro y dejo los cubiertos en el plato, de pronto el hambre se le había ido.

-Eh, me siento como en dimensión desconocida – dijo Sano metiéndose un bocado de hotcakes - ¿Qué le paso a Jou-chan?

-Ayer llegué tarde, muy tarde, el lugar donde íbamos a cenar …bueno todo salió mal – dijo Kenshin.

-¿Crees que se le pase pronto? – Preguntó Sano de pronto viendo a la puerta – Es raro verla así.

-Espero que si – dijo Kenshin dejando por completo de lado sus hotcakes.

-¿No te los vas a comer? – preguntó Sano – entonces, con tu permiso.

Una hora temprano y ya estaba cerca de la oficina. No quería entrar, no aún, además moría de hambre, y si no fuera por su orgullo estaría comiendo unos hot cakes caseros.

Aún así no se arrepintió, estaba cansada de lo mismo, hacía meses que Kenshin no se esforzaba en nada. Ella se arreglaba cuando el llegaba, se aseguraba de comprar lo que el prefería, sabiendo que quizás no estaría un mes completo, a veces acudía a su oficina para recoger o realizar trámites, incluso le llamaba a su madre para reportarse con ella a pesar de que sabía que la mujer apenas la toleraba.

¿Y que tenía a cambio?

Llegaba tarde, extendía sus viajes, siempre llegaba agotado, elegía los mismos lugares para cenar y comer, siempre estaba con Sano, pocas veces le ponía atención.

Se sentó en una mesa junto a la ventana tomando un café y un pedazo de pastel. Estaba de malas, y sinceramente necesitaba el pastel de chocolate para reanimarse un poco.

-¿Esta ocupado este asiento?

Levantó la vista solo para encontrar a un hombre joven, con el cabello platinado, vestido con un traje impecable y una sonrisa agradable.

-¿Disculpa? – preguntó Kaoru confundida. Volteo a ver el resto de la cafetería, si, estaba llena.

-No hay mesas disponibles y la verdad no me apetece tomar el café en mi oficina – se excuso el hombre y Kaoru se sonrojo. Debió haberse visto muy tonta dudando de sus intenciones.

-Por supuesto – dijo Kaoru quitando su bolso y colgándolo detrás de su silla.

-Me llamo Enishi – dijo el hombre – Trabajo en la editorial Yamagata.

-¡Yo trabajo ahí! – dijo Kaoru sorprendida. Nunca había visto a este hombre.

-Vaya, que coincidencia, hoy es mi primer día, me recomendaron esta cafetería – dijo el sonriendo.

-Es bueno el café – accedió Kaoru sorprendida. ¿Hoy su primer día?, ¿En que puesto?

-Por cierto, ¿Cuál es tu nombre? – preguntó Enishi mientras le daba un sorbo a su expreso.

-Ah, que tonta – dijo Kaoru sonrojada por su torpeza – Me llamo Himura Kaoru.

-Bueno Kaoru-san, es un gusto conocerte – dijo Enishi en un tono de voz suave, vio su reloj y terminó su café de un trago – Tengo que presentarme temprano, gracias por hacerme la mañana.

Enishi le guiño un ojo y salió de la cafetería dejando a una Kaoru muy perpleja.

De pronto su mañana tampoco estaba tan mal.