Llegó a la oficina distraído, estaciono su coche de manera descuidada, Sano no podía dejar de molestarle, pero hasta eso le parecía lejano. No podía dejar de pensar en Kaoru, su actitud del día de ayer y en la mañana eran raras, no solo raras, era una demostración de lo que se temía, su esposa no era feliz.

Entró en el edificio pensando en cómo volver a hacerla feliz.

Tenía que recortar sus horarios, dejar de viajar, comprometerse a ser un marido en toda la extensión de la palabra, a estar presente. Dejar de viajar no sería tan fácil, la CIA le había dado tareas en especifico, que solo podía obtener en los círculos que se movía. Los jefes de la mafia, los ladrones de cuello blanco y demás delincuentes que ganaban lo suficiente para poder comprar una de las armas que el demostraba, el podía obtener información.

No solo era eso y lo sabía. Antes de conocer a Kaoru había sido policía, de las fuerzas especiales de hecho, y ella no lo sabía, lo ocultó por vergüenza. Había sido dado de baja por una herida que recibió en el hombro derecho. No podía utilizar la katana como lo hacía, y el dejar de salir en misiones le había pasado factura.

Los meses siguientes habían sido los mas oscuros de su vida. Alcohol, drogas, prostitutas. No, no estaba orgulloso.

Y en medio de todo eso conoció a Kaoru. Y fue como una brisa, un rayo de luz en medio de la oscuridad.

Decidió ser un mejor hombre por ella, y para ella.

Consiguió un buen trabajo, se hizo de un buen nombre en el mundo de las armas, y el conocimiento histórico.

Y justo cuando estaba ya resignado a perder la acción en su vida. La CIA lo buscó, y la tentación fue mucha.

Volvería a tener adrenalina, se sentiría activo.

Nunca pensó en Kaoru y en lo que significaría para ella.

Y ahora comenzaba a pagar el precio.

No, si lo dejaba aún estaba a tiempo.

-Tengo que hablar con Hiko – dijo de pronto. Sano le vio confundido.

-¿Qué? , ¿Quieres salir en misiones de nueva cuenta? A Jou-chan eso no le va a gustar – dijo Sano frunciendo el ceño.

-Voy a dejar de ser informante – dijo Kenshin saliendo de la oficina que se les había asignado.

-¡Vas a dejar de ser informante! – dijo Sano sorprendido – Pero…

-Voy a perderla si no lo hago – dijo Kenshin serio.

Sano le vio sorprendido. Kenshin amaba a su esposa, siempre pensaba en ella, todo el tiempo, aún cuando estaban lejos, no había nada mas sagrado para el que Kaoru, solo que su amigo era un poco distraído. El vio las señales de problemas desde hacía unos meses, pero no había dicho nada.

Faltó la respuesta y el enfado de Kaoru para que su amigo se diera cuenta que tan hundido en el lodo estaba.

Kenshin entró en la oficina del jefe y Hiko Seijuro, agente de la CIA desde hacía más de 14 años, le vio de forma despectiva.

-¿Qué no sabes tocar la puerta?

-Vengo a presentar mi renuncia – dijo Kenshin seguro. Hiko bajo el informe que estaba leyendo y le vio, analizando su postura. Hablaba en serio.

-Denegado – dijo para después volver a leer su informe.

-No estoy preguntando – dijo Kenshin – No volveré a pisar las instalaciones.

Hiko dejo el informe cansado. No había dormido, tuvo una noche de perros y su mejor informante venía y le decía que renunciaba, no, no era un buen día.

-No puedo permitir que te vayas, hay un cargamento de armas de lujo que hay que mover, tengo entendido que Makoto está tras de ellas, partes mañana – dijo Hiko esperando obediencia del pequeño hombre.

-No – dijo Kenshin enfadado – No arriesgaré mi matrimonio por una misión más.

Hiko suspiró, sabía que Himura era terco, de no ser así no estaría trabajando para él. Ya veía venir esto, de hecho se había demorado más de lo que previó, llegó a pensar que el matrimonio había sido por conveniencia, o que era solo una fachada.

-Escucha Himura – dijo con paciencia – Este cargamento es importante, podemos atrapar a Makoto, una vez lo atrapemos serás libre.

No quería alargar su estadía en las instalaciones, pero la oferta era lo mejor que obtendría de Hiko. Si de verdad se esforzaba podría atrapar a Makoto, y después dejar todo por la paz, y hacer feliz a Kaoru.

-De acuerdo – dijo Kenshin – Solo hasta atrapar a Makoto.

-Perfecto.

Kenshin salió de la oficina, esperaba que Kaoru pudiera esperarle, que su matrimonio tuviera solución. No, por supuesto que lo tendría, se encargaría de enamorarla como al principio, de hacerle saber que era la única para él.

Kaoru estaba sorprendida del cambio de ambiente que se había dado en la editorial con solo el cambio de una sola persona. El señor Yamada, al final, cansado de hacerse cargo de una editorial de una rama que no le interesaba, dejó el camino libre para otra persona, en este caso Enishi Yukishiro, el hombre que se había encontrado en el café.

Venía ampliamente recomendado, con gran experiencia en el ramo editorial, su pasión por su trabajo se notó desde el principio, había llamado a todos los editores, pidió un reporte de lo que se estaba trabajando, les indicó que pensaba hacer cambios positivos, reorganizar la oficina para su eficacia.

Haruhi le miraba embobada, y no la culpaba, media oficina le miraba de esa manera. Venía vestido de manera impecable, y sonreía afable, siendo amable. Ella se sonrojaba de solo pensar en lo pasado en el café. Era raro, pero al final le había mejorado el humor, a veces era bueno saber que aún era atractiva para otros hombres.

Su buen humor se fue evaporando conforme pasaba el día. Tenía un nuevo jefe, lo cual era bueno, pero mientras mas avanzaba el día, sus problemas con Kenshin se hacían mas presentes. No tenía ánimos de regresar a su casa, pero tenía que hacerlo, escapar de un problema no era su estilo, si, había problemas, pero escapar de ellos difícilmente los mejoraría, ya había hecho lo suficiente en la mañana.

-¿Y esa cara? – preguntó Haruhi viendo a Kaoru – Hoy te ves rara, ¿tienes problemas con Kenshin?

-Algo así – dijo Kaoru suspirando – Pero no quiero hablar de ello, no ahorita.

-Pues quizás vas a tener que hacerlo, desde aquí puedo ver a un hombre, que juraría es tu esposo, esperando por ti en la acera de enfrente.

Kaoru se puso de pie y vio por la ventana de Haruhi. Ahí, frente al edificio estaba Kenshin, parecía que venía del trabajo, aún llevaba su maletín, y leía un libro, ignorante de las miradas de algunas mujeres que pasaban a su alrededor.

-Le dije que no viniera – dijo Kaoru resignada.

-Bueno, creo que no lo entendió – dijo Haruhi viendo a su amiga – Aunque tengo que reconocer que venga por ti dos veces en la semana es raro…¿Qué hizo?

Kaoru estaba por responderle algo cuando Hitomi le indico que el señor Yukishiro le requería en su oficina.

-Ahora vengo – dijo Kaoru. Se aliso su vestido y se paso las manos por su coleta solo para revisar que todo este en su lugar.

Camino por los escritorios hasta llegar a la oficina del nuevo jefe. Tocó un par de veces y entró después de recibir el permiso.

-Kaoru-san – dijo su nuevo jefe señalando una silla vacía – Toma asiento.

Kaoru se sentó en la silla indicada.

-Tengo entendido que manejas algunas correcciones ortográficas, y te encargas en general de pequeños encargos – dijo Yukishiro Enishi viendo su archivo.

-Así es, le había solicitado al señor Yamada un trabajo mas como editora, después de todo creo que estoy capacitada, pero no me dio la oportunidad – dijo Kaoru sintiéndose algo nerviosa.

-Es lo que veo – dijo el hombre, para después sonreírle. – Pienso hacer algunos cambios como lo dije en la plática de la mañana, tengo algunos escritos que nos han llegado, la directiva de la editorial está dispuesta a ampliar la gama de ediciones, pero para eso necesitamos mas textos, mas editores, por lo que le daré algunos de los escritos que tenemos pendientes, necesito que los leas, y me indiques si alguno de estos tienen una oportunidad.

Kaoru vio la pila de papeles de la esquina del escritorio y después a su nuevo jefe sorprendida.

-¿Me está dando el trabajo de editora? – preguntó sorprendida.

-Creo que todos merecen una oportunidad Kaoru –san, y creo que puedes tener talento para esto – dijo Enishi sonriendo.

-¡Muchas gracias Yukishiro-san! – dijo Kaoru sonriendo – No le decepcionaré.

-Ya lo creo – dijo el aludido sonriendo – Y llámame Enishi.

Kaoru asintió sonrojada. ¡Finalmente le estaban dando una oportunidad! Nada más de ver la pila de textos sentía emoción. Su vida emocional estaba estancada, pero al parecer su vida laboral estaba avanzando.

Hizo ademan de tomar los textos pero su jefe la detuvo de la muñeca. Kaoru levantó la mirada sorprendida por el contacto.

-Yo lo hago – dijo Enishi – Son pesados, yo los llevó a tu escritorio, tengo otros pendientes.

-De acuerdo- dijo Kaoru sonrojada – Y de nuevo, muchas gracias Enishi-san.

Kaoru salió de la oficina sonriendo, regreso a su lugar sintiendo su corazón latiendo acelerado. No sabía si era por la oportunidad, o por la atracción que creyó ver en la mirada de su jefe.

Tenía que ser por la primera opción, era una mujer casada, infeliz, si, pero casada, y no soñaría con serle infiel a Kenshin, ella no era así, y no comenzaría solo porque un hombre guapo le guiñaba el ojo.

Se sentó tratando de recuperar la cordura, respiro hondo un par de veces antes de apagar su computadora.

-Nos vemos Haru-chan – dijo al agarrar sus cosas. Haruhi se despidió con la mano de ella, y el teléfono en la otra.

Kaoru tomo el elevador, y pensó en que le diría a su esposo. Estar enfadada era agotador, sobre todo por que no le veía seguido, y el poco tiempo que tenían pasarlo enfadada era malo.

Salió del edificio, y Kenshin cruzó la calle al verla. Le sonrió, un poco inseguro de cómo sería recibido.

-Hola Kenshin – dijo al verle. – Creí que te dije que no vinieras.

-Quería ver a mi linda esposa, ¿es algo malo? – preguntó Kenshin tomando el maletín de Kaoru en sus manos.

-No – dijo Kaoru suspirando.

-Vamos, quiero invitarte a cenar – dijo Kenshin tomándola de la mano.

-Pero ¡No estoy vestida para ir a cenar! – dijo ella sorprendida.

-No es necesario planearlo todo, estamos aquí, vine por ti, tengo hambre – dijo Kenshin sonriendo – Vamos.

En ese instante su esposo le recordó al hombre con el que se caso desde el principio. Alegre, despreocupado, siempre pendiente de ella. Podía seguir enfadada con él, pero, ¿de que serviría? Además era un buen día.

-Esta bien, vamos, además tenemos algo que celebrar – dijo Kaoro contenta.

Kenshin sonrió feliz de haber sido perdonado por su esposa. Sabía que en cuanto le dijera que se iría al día siguiente posiblemente la mirada de Kaoru se vería apagada de nueva cuenta. Pero estaba dispuesto a darle la atención que merecía, atraparían a Makoto y entonces, tendría el tiempo, el dinero y el esfuerzo para enamorar de nueva cuenta a su esposa.

Llegaron a un restaurante de comida italiana y pidieron pasta para compartir. Kenshin le contó de las aventuras de Sano, de lo enamorado que estaba de Megumi, una amiga nada grata de Kenshin, de cuantas veces había sido rechazado. Kaoru río divertida, Sano siempre había sido un mujeriego, verlo enamorado sería raro, definitivamente.

Hacía mucho que no conversaba con Kenshin como en ese momento. Extrañaba a su esposo, platicar con él, sentir su cercanía, se había acostumbrado a sentir su lejanía, su ausencia, el tenerlo cerca solo le recordaba porque estaba casada con este hombre.

Kenshin se mostró realmente orgulloso de ella cuando le comento de su asenso como editora. Tomaron una copa y salieron sonriendo tomados de la mano.

Esa noche, Kenshin le hizo el amor a su esposa como hacía mucho tiempo no lo hacía. Se tomó su tiempo para desnudarla, para besarla en cada parte de su cuerpo, y admirar su belleza extasiado por ser tan afortunado de tenerla, le hizo suspirar y gemir durante varias veces, dos veces le hizo el amor, sin protección alguna, esperando, muy en el fondo que la vida les diera un pequeño milagro.

Por la mañana, se levantó con pereza, su alarma sonó a las 4 de la mañana, se dio un baño, hizo su maleta, y no tuvo el valor de despertar a su esposa para ver la desilusión por su partida en su mirada, así que de manera cobarde hizo una nota, dejándola en la cama, esperando que con los días Kaoru le perdonara, y todo estuviera bien.

Se despertó por el sonido de su alarma. Pensó en apagarla, pero el recuerdo de su ascenso le hizo levantarse de buenas. Por instinto volteo a ver a un lado y se encontró con una nota de su esposo.

Incluso antes de leerla sintió su corazón romperse una vez más. Que tonta, había sido, creyó que Kenshin se quedaría un tiempo más, que todo sería diferente y finalmente serían una familia feliz.

Tonta e ingenua, de nueva cuenta.

Se levantó de la cama sin si quiera leer la nota, quería llorar, pero se negó hacerlo, ya lo superaría, como todas aquellas veces, no era nada nuevo, una vez más.

Se dio un baño, se vistió con lo primero que encontró y salió a la oficina, sin poner atención a su teléfono que vibraba en su bolsa constantemente.

Llegó a la oficina, pidió el elevador, y a su lado alguien le tomó del hombro, al voltear vio que era su nuevo jefe.

-Buenos días Kaoru-san – dijo su jefe sonriendo.

-Buenos días jefe – dijo Kaoru sonriendo cortés.

-No te ves muy animada hoy – dijo su jefe frunciendo ceño.

-Oh, no dormí bien – mintió Kaoru.

-Ya veo – dijo su jefe sin decir nada más.

Cuando Kaoru llegó a su lugar vio la pila de textos, y sonrió resignada. Se sentó en su lugar, saco sus audífonos y puso una lista de reproducción, tomó el primer texto y comenzó a leer.

Pasadas dos horas, se quitó los audífonos al ver un vaso de café en su escritorio, levantó la mirada y vio a su jefe guiñándole un ojo por el pasillo.

Kaoru se sonrojo, volteo a ver a Haruhi quien levantó una ceja viéndola como si supiera algo que ella no.

Alzó los hombros y le dio un sorbo a su café.

Si, definitivamente necesitaba el café.

Inglaterra era frío en esa temporada del año, su clima lluvioso y cielo gris serían suficientes para poner a cualquiera algo deprimido, pero no era eso lo que le tenía preocupado.

Vio su teléfono solo para revisar que tuviera pila.

Sabía que Kaoru estaría enojada, pero esperó que la promesa que sería la última asignación para viajar en su nota suavizara un poco las cosas.

No lo hizo.

Marco antes de salir del aeropuerto, nada.

Marcó llegando a Londres. Nada.

Volvió a marcar en la noche. Nada.

Kaoru estaba furiosa seguramente, y tenía razón, debió de haber dicho algo en la cena, pero la vio tan feliz, que fue incapaz de decir algo de su partida.

Ahora sufría las consecuencias.

-¿Y bien?, ¿Ya te contestó? – preguntó Sano mientras bebía un sorbo de su cerveza.

-No – dijo Kenshin bloqueando su celular – Y no creo que lo haga mañana tampoco.

-Vaya, Jou-chan y Megumi son parecidas, le dije que me iba y casi da el grito en el cielo, y eso que aún no es mi mujer, que si lo fuera…

-Si te sigues ausentando nunca lo será – dijo Kenshin serio. Fijo su vista en el reporte que tenía en frente, razón por la cual no pudo ver el rostro sorprendido de su amigo.

-Andas de un humor un tanto pesimista- dijo Sano

-Estarías de un humor así, si después de una noche increíble con tu mujer tienes que salir de viaje, y dejarla furiosa – contestó Kenshin cansado.

Sano levantó las manos exasperado.

-Poniéndolo así…

Kenshin sabía que estaba siendo injusto con su amigo, pero estaba de mal humor, y no pasaría hasta que recibiera un mensaje de su esposa, o le contestara las llamadas.

Sería una semana larga.