Una semana y ni una llamada, o un mensaje. Le había marcado todos los días, en la mañana y en la noche, cuando no recibió respuesta los dos primeros días, mando mensajes durante el día, y tampoco recibía respuesta. Al tercer día, tuvo que verse en la necesidad de marcarle a Aoshi, y preguntar si Kaoru estaba bien, y este le aseguro que se encontraba perfectamente, si algo le hubiera pasado Misao le habría dicho.
Aliviado por que ella estuviera bien, se dio cuenta que la única razón del por que no había respuesta era por que ella no le quería contestar.
Nunca un enojo duro tanto como este.
Nunca se sintió tan miserable como en ese momento.
Esta perdiéndola, más rápido de lo que pensó que lo haría. Como deseaba escuchar su voz, saber que todo estaba bien y poder decirle que la amaba, que sería la última vez que saliera de viaje por el trabajo, que no querría otra cosa mas que hacerla feliz.
¿Cómo decírselo cuando ella no le contestaba las llamadas?
-¿Qué sucede Ken? – preguntó Sano detrás de él. Traía una caja llena de objetos para la subasta que tendrían.
-No me contesta – dijo Kenshin con pesar.
-¿Aún? – peguntó Sano sorprendido – Caray, debe estar furiosa.
Kenshin guardo su teléfono y volteo a ver a su amigo con esa careta que tanto odiaba. Era como si nada le afectara, todo oculto tras una fría cortesía y una sonrisa. Lo conocía lo suficiente como para saber que si tenía que usar su máscara de cordialidad incluso con él es que debía sentirse muy mal.
-Kenshin, amigo…- dijo Sano preocupado.
-Ahora no – respondió este seco – Debemos tener listo todo esto para hoy.
Sano suspiró, solo esperaba que pudieran atrapar a Makoto antes de lo que pensaban, de lo contrario Kenshin no lograría recuperar a Jou-chan y entonces…entonces no quería ni imaginar que es lo que pasaría con su amigo.
…
Volvió a sonar. Los mensajes se hacían cada vez mas durante el día, las llamadas habían aumentado, sabía que su marido debía estar angustiado, preocupado por su bienestar, pero ella no encontraba el valor para responderle.
¿Para qué?, ¿Para una conversación tan superficial como dolorosa?, ya podía escucharlo preguntando acerca de su salud, del clima, para saber si estaba comiendo bien. Preguntas inútiles, estúpidas.
Sabía que si le contestaba lo primero que ella le preguntaría sería:
"¿Aún me amas?"
Esa pregunta estuvo rondando por su cabeza desde su partida, todo indicaba que su esposo había dejado de sentir algo por ella. De no ser así se hubieran convertido en padres hacía mucho, de no ser así estaría con ella, no en viajes.
No, cada día se convencía más que su matrimonio estaba llegando a su fin.
El problema es que no tenía la cara para regresar a su hogar, para regresar con su padre y decirle que ahora era una mujer divorciada. No, seguramente su padre terminaría definitivamente toda relación con ella.
No podría.
¿Y entonces que podía hacer? No encontraba las respuestas, quedarse con Kenshin estaba matándola, lentamente, enterrando sus sueños, sus ilusiones. No le gustaba la persona en la que se había convertido, una mujer amargada, totalmente dependiente de la presencia de su esposo para ser o no feliz.
-Kaoru-san – dijo su jefe desde atrás – Necesito verte en mi oficina.
-Enseguida voy – dijo Kaoru suspirando.
Kaoru entró en la oficina de su jefe con un poco de reserva. Enishi le había apoyado mucho en los últimos días, le había ofrecido el trabajo que había estado buscando, el problema es que sospechaba que tarde o temprano le requeriría un precio que no sabía si pudiera pagar. Podía ver la atracción que sentía por ella en su mirada, y a pesar que ella también le encontraba atractivo no le sería infiel a Kenshin.
Enishi se encontraba sonriendo, parecía satisfecho por algo.
-Toma asiento Kaoru-san – dijo señalando una silla – Tengo excelentes noticias.
Kaoru se sentó y vio a su jefe atenta.
-Los escritos que has estado revisando me parecen muy bien, me ha gustado tu trabajo, y espero pronto un best-seller dentro de tus elecciones.
Kaoru se sonrojo, no estaba acostumbrada a ser adulada por su trabajo, se sentía bien el saber que su esfuerzo era apreciado.
-Por esta razón, la editorial ha decidido darte tu propia oficina – dijo Enishi poniéndose de pie – Si me acompañas por favor.
Salieron de la oficina y caminaron por el pasillo. Las oficinas de los editores estaban ahí, con una ayudante que les ayudara en su tarea, y ahí, al final del pasillo, Enishi abrió la puerta de una oficina con un par de ventanales que daban hacía la ciudad, con un escritorio suntuoso, y mas espacio del que pudiera llegar a ocupar.
Volteo a ver a su jefe sorprendida.
-Bienvenida a tu oficina Kaoru-san – dijo su jefe sonriendo.
Kaoru paso a la oficina y paso sus manos por el escritorio lustroso. No podía creerlo, su propia oficina. ¿Cuántas veces había soñado con tener su propia oficina?
-Muchas gracias jefe…
-Es por tu esfuerzo Kaoru-san – dijo el suavemente – Te lo mereces, además voy a pasarte unos cuantos manuscritos más, necesito que me indiques a alguien que te gustara fuera tu asistente.
-Por supuesto jefe.
-De acuerdo, se lo haré saber mañana – dijo Kaoru sonriendo.
-Bien, te dejo para que hagas el cambio.
Kaoru no cabía de gusto, podría decirle a Haruhi, seguro decía que si. Pensó en llamar a Kenshin y contarle de su asenso, pero después recordó que no estaban bien, que quizás a él no le interesara realmente su asenso, así que se guardo el teléfono con pesar.
Por la tarde, después de un cansado día de mudanza, salió de su nueva oficina en la noche. Llevaba dos manuscritos en manos, y presiono el botón del elevador.
-Te ayudo con esto – dijo su jefe. Kaoru se sonrojo al verle sin corbata y con el primer botón de la camisa desabrochada - ¿Tienes quien te lleve a casa?
"¿Tienes esposo, pareja?" escuchó Kaoru velada en la pregunta. Por un instante se vio dudando, ¿debería decirle que estaba casada?, después se dio cuenta que era tonto, obvio tenía que decirle que estaba casada, podía estar mal con Kenshin pero aún estaba casada, y no lo negaría.
-No, mi esposo está de viaje – contestó Kaoru. Enishi pareció no sorprenderse por su respuesta.
-Entonces te llevó a tu casa Kaoru-san, es tarde, y llevas estos dos escritos – dijo Enishi.
-No es necesario…
-Por supuesto que lo es – contestó su jefe – Vamos.
Kaoru subió al auto, y su jefe enseguida prendió el estéreo. Música electrónica comenzó a sonar en el auto y ella le vio sorprendida.
-¿Qué? – preguntó el sonriendo - ¿pensaste que escuchaba música clásica o algo así?
-Me dio esa impresión – contestó ella sonriendo.
-Me gusta también, tengo gustos eclécticos- dijo el sonriendo y kaoru asintió.
A partir de ahí la conversación fue amena y relajada, Kaoru olvidó por un instante sus problemas y se divirtió, era solo ella, una mujer y un hombre conversando, nada más.
Le dio indicaciones de donde dar vuelta y para su sorpresa vio el coche de su esposo estacionándose a la par que ellos.
Por alguna razón quiso meterse debajo del asiento, la culpa le llegó de golpe, como si estuviera engañando a Kenshin, a pesar que solo había sido un aventón.
No, ella no estaba haciendo nada malo, pensó, no se escondería, tenía razones para estar molesta con su esposo, años de razones de hecho.
-¿Kaoru-san? – preguntó Enishi al verla cambiando de semblante.
-Estoy bien – respondió ella mas para si misma que para su jefe – Gracias por traerme jefe, mañana lo veré en la oficina, y de nuevo gracias por la oportunidad.
Enishi salió del coche, lo rodeo y le abrió la puerta, ayudándola a salir, tomando los manuscritos mientras Kaoru salía del coche.
En ese instante Kaoru sintió la mirada de su esposo sobre de ellos. Se sorprendió al ver que su mirada era de un color ámbar, y no el amable violeta que usualmente manejaba.
Había visto ese color dirigido hacía otras personas. Generalmente indicaba que estaba furioso, le había visto lanzar esa mirada a Sano, dos veces, una en la que le golpeo sin querer en un ejercicio, y otra en la que hizo un comentario fuera de tono.
Verlo lanzarle esa mirada asesina le hizo enfurecer.
¿Qué derecho tenía de presentarse y lanzarle una mirada asesina?
¿Después de años de abandono?
Se paro bien derecha, tomó los libros de las manos de su jefe y le sonrió educadamente.
-Gracias por traerme – dijo segura.
Fue ese momento que su esposo decidió hacer acto de presencia.
-Kaoru, pensé que ya estarías en casa – dijo casual, aunque sus movimientos y su mirada decían otra cosa.
-Salí tarde de trabajar – se excusó Kaoru – Kenshin, te presentó a mi jefe, Enishi Yukishiro.
Al escuchar el nombre si es que era posible, la mirada de su esposo resplandeció.
-Mucho gusto, Himura-san – dijo Enishi sin dejarse perturbar por su mirada – Kaoru-san, tengo que retirarme, mañana nos vemos en la oficina.
Kaoru asintió, aliviada que no se hubiera hecho una escena de drama.
Enishi subió a su coche y arrancó sin mirar atrás.
-¿Que estaba haciendo él trayéndote a casa? – preguntó Kenshin, intentando controlar su tono. Intento tomar los libros de las manos de Kaoru pero ella lo evadió.
-Salí tarde de trabajar – dijo Kaoru entrando al edificio.
-¿Siempre que sales tarde él te trae?, ¿Y el señor Yamagata?, ¿Desde cuándo tienes nuevo jefe?
Kaoru presionó el botón de la flecha hacía arriba del elevador.
-Es reciente – dijo ella furiosa. No aguantaría un interrogatorio de Kenshin.
-¿Y el lleva a todas sus empleadas a su casa?
Kaoru subió al elevador en cuanto llegó y Kenshin le siguió.
-¿Y tu no estabas en un viaje de negocios? – preguntó Kaoru saliendo del elevador en el piso 4. – Te marchaste sin si quiera decir adiós.
-No estamos hablando de eso – masculló Kenshin.
-Por supuesto que si, estamos hablando de cómo te marchas sin prestarme atención, de cómo te vas, poniendo cualquier cosa como prioridad, excepto a mi, estamos hablando de cómo hemos llegado a esto.
Kenshin abrió la puerta del departamento y Kaoru dejó los manuscritos en la mesa.
-Kaoru déjame explicarme, si hubieras leído la nota…
-¿Una nota? – preguntó ella furiosa - ¿Crees que una nota es suficiente?
-Bien, debí haberte despertado, estabas tan contenta que no tuve el corazón para decirte que me iba de viaje.
-Como siempre – dijo Kaoru sacando una botella de agua del refrigerador – No es nada raro.
-Es mi última tarea – dijo Kenshin serio – No más viajes dentro de poco.
Kaoru le vio sorprendida por algunos segundos. Kenshin deseaba que de todo corazón esto terminara con la pelea. La mujer que él conocía, la que estaba enamorada de él, le vería con sorpresa, después le preguntaría si era en serio y el le contestaría que si, entonces se abrazarían y ella le besaría, feliz de saber que volvería a tenerlo en casa.
Le vio esperando esa respuesta.
Pero no sucedió.
En cambio Kaoru abrió la botella y le vio escéptica. El corazón de Kenshin se hundió al saber que su esposa no le creía.
Ya no creía más en él.
-No hagas promesas que no puedas cumplir – dijo Kaoru - ¿Crees que años de lo mismo se solucionan con eso?
Kenshin abrió la boca para defenderse pero no encontró como hacerse creer. ¿Qué decir para demostrarle que nunca habría nada mas importante que ella para él?
-Kaoru, Koiishi…- dijo con el corazón latiendo de prisa.
-No – dijo ella cansada – Estoy cansada, quiero dormir, hablamos mañana Kenshin.
El pelirrojo asintió, su esposa suspiro, paso de largo y se encerró en la habitación que tenía.
Kenshin se dirigió a la cocina y se puso a cocinar. No quería quedarse sin hacer algo, de lo contrario los pensamientos negativos le llenarían la cabeza.
Había dejado a Sano encargado, lo cual ya decía mucho de lo desesperado que estaba. No escuchar de ella durante días le puso al límite, no recordaba la última vez que su humor estuvo tan oscuro. No resistió ni un día más, y tuvo que regresar para verificar que ella estuviera bien.
Y al verla llegar en el coche de un desconocido le hizo enfurecer.
El que había regresado corriendo, que había pasado una semana en el infierno, y ella estaba sonriendo, feliz, llegando con un extraño.
Los pensamientos que tuvo durante toda la semana se intensificaron. El sentimiento de pérdida regreso con fuerza, e incluso en ese momento sentía como si un muro inquebrantable los estuviera separando.
No podía permitir que ella le dejara.
No lo soportaría.
Si Kaoru le dejaba, si ella le abandonaba no habría días oscuros, no habría bebida, y prostitutas. Simplemente el dejaría de existir.
Era así de simple. No era dramatismo, era solo algo que sucedería.
En el momento que ella le abandonara ya no habría mas razones para que el existiera.
Lo irónico del asunto es que quizás ella pensaba que no le importaba lo suficiente. Había algunas veces que ponía distancia de por medio por la intensidad con la que la necesitaba.
Aún después de años temía asustarla, que huyera por la intensidad con la que la amaba. La diferencia es que quizás había fingido demasiado bien, y ahora estaba en riesgo de perderla para siempre.
Se acabaron los juegos, tenía que mostrarse tal y como era si quería que Kaoru, su esposa, se quedara a su lado.
