Disclamer: Es una adaptación, ni los personajes ni la trama son míos.

Espero que les guste este capitulo

Gracias a quienes me han dejado sus reviews, y quienes me han inscrito en favoritos.

—¿Reconciliado? —repitió ella con incredulidad—. ¿A qué se debe todo esto, Edward?

Edward dejó su taza de café en el escritorio y se inclinó hacia delante.

—Como debes de haber oído, mi sobrino, Emmet, le ha estado haciendo la vida imposible a tu hermano. Me avergüenza su comportamiento, que sospecho se debe a una lealtad hacia mí mal entendida; no es una excusa, pero sí una explicación de su forma de actuar.

Bella guardó silencio. Siempre había admirado lo generoso que Edward era con los miembros de su familia y, sin embargo, recordó lo duro que había sido con ella.

—He llegado a la conclusión de que la única forma de resolver esa enemistad entre los dos es que nosotros volvamos a estar juntos —declaró él.

—¿Quieres decir… de verdad?

—No, Bella, de verdad no. Fingiremos que volvemos a estar juntos hasta que los chicos completen sus estudios.

—¿Que finjamos estar juntos? —Bella frunció el ceño—. ¿Cómo vamos a hacer eso?

—Volverás a mi casa inmediatamente.

Bella tragó saliva.

—No es posible que hables en serio.

—Sí, hablo en serio, muy en serio, Bella —dijo él—. Los chicos no son tontos. Si saliéramos de vez en cuando con la esperanza de hacerles creer que hemos solucionado nuestras diferencias, se darían cuenta de que algo no anda bien. Vivir juntos, como marido y mujer, es la mejor forma de convencerles de que nuestra reconciliación es auténtica.

—Define lo que quieres decir con vivir juntos como marido y mujer. No esperarás que me acueste contigo, ¿verdad?

—Tendrás que dormir en mi cama debido a la constante presencia del servicio —contestó él—. Si alguien comunicara a la prensa que no dormimos en la misma habitación, se descubriría el engaño. No obstante, no tengo ninguna intención de compartir mi cuerpo contigo. Eso es algo que ya no deseo.

La declaración de Edward le hizo mucho daño. Sintió el dolor de su rechazo en cada célula de su cuerpo. Edward la había deseado apasionadamente en el pasado. De repente, se le llenó la mente de imágenes eróticas. Él le había enseñado mucho sobre su propia sexualidad, la había adorado… y ella también le había adorado.

Era la primera vez que le veía en dos meses, pero no se le había olvidado lo negros que eran sus ondu¬lados cabellos. Su pronunciada mandíbula estaba ensombrecida por la barba incipiente de aquellas tardías horas del día, enfatizando su virilidad. Sus hombros anchos y liso vientre testificaban la dura actividad física a la que se sometía todas las mañanas, demostrando una autodisciplina de la que ella carecía.

La ropa le caía con perezosa gracia; la corbata floja y el botón superior de la camisa desabrochado le conferían un aire informal que era totalmente cautivador y peligrosamente atractivo.

—Te has quedado muy callada. ¿Esperabas que te pidiera que reanudaras las relaciones sexuales conmigo?

Bella se humedeció los labios.

—No, claro que no. Simplemente estoy pensando en lo que has dicho.

—¿No estás de acuerdo?

—No estoy segura… ¿No sospecharán algo los chicos al ver que volvemos juntos de repente?

—No, teniendo en cuenta la rapidez con la que nos unimos al principio. ¿Lo recuerdas?

Bella lo hizo y se le encendió la piel. Le había conocido en el colegio de los chicos, un día de fiesta dedicado a los deportes, y la atracción fue instantánea. Después del último partido, llevaron a los chicos a comer una pizza y, en vez de llevarla a su casa, Edward la llevó a la suya y le preparó un café. El café condujo a los besos y los besos a la consumación de su relación.

—No me has contestado, Bella. ¿Quiere eso decir que no te acuerdas o es que recordarlo hace que te avergüences de, digamos, tu comportamiento menos honorable?

Bella controló la súbita cólera que se apoderó de ella. Le había rogado que la perdonara, había llo¬rado y llorado; sin embargo, Edward se había negado a hablar con ella directamente, sólo mediante su abogado.

—Como has dicho antes, estamos aquí juntos para hablar de los chicos —le espetó ella—. ¿Podrías cen¬trarte en ese tema?

Edward la miró fijamente durante unos interminables segundos.

—Creo que el plan funcionará —dijo él por fin—. Los chicos eran íntimos amigos. Emmet no va a seguir comportándose como lo está haciendo si le dijo que he vuelto a enamorarme de ti. Sospecho que volverán a ser amigos a los pocos días de que anunciemos que volvemos a reanudar nuestra vida matrimonial.

—Pero si volvemos a vivir juntos, el divorcio se retrasará —dijo ella con expresión de preocupación—. Llevamos dos meses separados; si volvemos a estar juntos, tendremos que empezar desde el principio otra vez.

—Lo sé, pero no se puede evitar —dijo Edward—. Tenemos que anteponer a los chicos a nuestro divor¬cio… ¿O es que tienes prisa por casarte con otro?

Bella bajó la mirada.

—No. No hay ningún otro.

—Bien. Eso significa que podemos ponernos en marcha inmediatamente.

Bella volvió a guardar silencio.

—No te preocupes por tus padres —dijo él tras una pausa.

Bella alzó los ojos y frunció el ceño.

—¿Has hablado ya con ellos de esto?

—No. Pero estoy al corriente de que tus relaciones con ellos no son muy buenas en estos momentos.

A Bella le enterneció el tono de voz de él, más suave. Edward siempre había comprendido la difi¬cultad de ella para relacionarse con unos padres tan conservadores y, en el pasado, la había protegido de las críticas de ellos. Siempre la había defendido.

—Por supuesto, mientras mantenemos esta farsa, nada de amantes —dijo él.

—No tengo ningún amante —declaró Bella.

—Bien. Yo, en este preciso momento, tampoco.

Bella había visto una fotografía en la prensa de Edward con su nueva amante. Tanya Delani era lo opuesto a ella: alta, rubia platino, de miembros largos y delgados, y sonrisa deslumbrante.

Luchó por controlar un ataque de celos y se recordó a sí misma que sólo ella tenía la culpa. Había llegado a la conclusión de que Edward le era infiel, a pesar de no tener pruebas, e impulsivamente, como de costumbre, había respondido a sus sospechas cometiendo un acto despreciable. Y, al final, sus sos¬pechas se habían confirmado infundadas.

—Tengo entendido que, en la actualidad, estás trabajando a jornada parcial en un café —dijo él.

—Sí. Con ese dinero pago el alquiler y los materiales para pintar.

—En ese caso, tienes que dejar el trabajo inmediatamente. Te pagaré un salario el tiempo que dure nuestra falsa reconciliación.

—No es necesario…

—No, pero voy a hacerlo.

—Está bien. Si insistes…

Edward la miró con oscura intensidad.

—Esto no tiene nada que ver con nosotros, Bella, sino con dos adolescentes que pronto serán adultos y que están poniendo en peligro su futuro con una innecesaria amargura.

Bella se pasó la lengua por los labios.

—Lo comprendo.

—Estupendo. En ese caso, también comprenderás que es urgente que anunciemos nuestra supuesta re¬conciliación a la prensa.

Edward agarró su teléfono móvil y llamó a un número.

Bella escuchó atentamente mientras él informaba a un periodista que, a partir de ese día, Bella y Edward Cullen habían suspendido su proceso de divorcio y reanudaban sus relaciones.

Indefinidamente…

Gracias a los que han seguido mi historia, sé que me he retrasado pero es que por leer dejo de actualizar, les recuerdo que la historia no es mía, yo solo la adapto.

Quiero agradecer a las grandes autoras como Partisan 11, Naobi, Betza Costa, entre muchas otras por inspirarme a subir algo, y por crear tan maravillosas ilusiones.

Que Edward mas desgraciado, espero que les haya gustado es pequeño, lo se pero es que si no se gasta rápido, jejeje. En fin nos hablamos pronto.