Disclamer: Es una adaptación, ni los personajes ni la trama son míos.

Gracias a quienes me han dejado sus reviews, y quienes me han inscrito en favoritos. Aquí les dejo otro capítulo.

Bella se despertó en la cama de Edward. Estaba tapada y la luz de la lámpara de la mesilla iluminaba suavemente la habitación.

—¿Cómo te encuentras? —preguntó él sentado en un sillón al lado de la cama.

Bella volvió la cabeza y le miró.

—Estoy bien… creo.

—Te has desmayado —dijo él innecesariamente.

—Sí.

—¿Te ha ocurrido alguna vez más?

—Un par de veces —respondió Bella—. Hace un par de semanas me dio gripe y todavía no me he recupe rado del todo.

—¿Cuándo ha sido la última vez que has comido?

—No me acuerdo… creo que anoche.

Edward lanzó una maldición y se puso en pie.

—¿Cuánto tiempo llevas así? —preguntó él.

—No te preocupes por mí. Al fin y al cabo, me odias, ¿no? ¿Qué puede importarte que coma o no?

—Me preocupa, como le preocuparía a cualquiera, que la persona con la que estoy hablando se des maye durante la conversación —respondió él—. Como poco, es desconcertante.

—En ese caso, sería mejor que no hablaras con tanta agresividad —le espetó ella.

Edward frunció el ceño.

—¿Es así como te comportas cuando tienes una conversación desagradable? Cuando las cosas no van como a ti te gusta, te desmayas, ¿eh?

Bella se sentó en la cama y le miró con cólera.

—¡No lo he hecho a propósito! Ya te he dicho que he estado enferma. Llevo un mes que no me siento bien.

Se hizo un tenso silencio.

—¿Estás embarazada? —preguntó Edward.

Bella le miró horrorizada.

—¿Qué clase de pregunta es ésa? Naturalmente que no estoy embarazada.

—Me ha parecido una pregunta razonable. Eres una mujer joven y sexualmente activa.

—Yo no soy sexualmente activa. No he tenido re laciones sexuales desde… —Bella se interrumpió y se mordió los labios—. Desde aquella noche.

La expresión de Edward mostró incredulidad.

—Bella, eres una persona que exuda sexualidad y se te nota.

Bella se humedeció los labios con la lengua mientras la oscura mirada de Edward le recoma el cuerpo. Se le endurecieron los pechos y se le con trajo el estómago.

—Sí, Bella, eres muy sensual —continuó él—. Hay pocos hombres que puedan resistirse a lo que tú les puedes ofrecer.

—Yo no ofrezco nada.

Edward sonrió irónicamente.

—Te apuesto lo que quieras a que si me acostara en esa cama, te tendría debajo y dando gritos de pla cer en cuestión de minutos. No puedes evitarlo. Has nacido para el placer, querida. Estoy endureciendo sólo de pensarlo.

Bella no pudo evitar dirigir la mirada a la pelvis de Edward. Un temblor de deseo le sacudió el cuerpo.

Edward se acercó y se sentó en el borde de la cama, a su lado, y, agarrándole una mano, se la co locó encima de su miembro.

—¿Te das cuenta de lo que me haces, Bella?

Sí, se daba cuenta y le aterrorizaba. Deseaba to carle y la barrera de su ropa era un tormento. Quería saborearle y sentir el éxtasis de Edward.

—Pero… me odias —dijo ella al tiempo que trataba de apartar la mano, sin éxito.

—Sí, pero eso no me impide desearte. De hecho, creo que me hace desearte aún más si cabe.

—Esto es una barbaridad —declaró Bella, tirando una vez más de su mano—. Además, creía que habías dicho que no querías tener relaciones sexuales con migo. Me has dicho que ya no te atraigo.

Edward se llevó la mano de ella a la boca y le la mió los dedos, uno a uno, mientras continuaba mi rándola fijamente a los ojos.

—Digamos que estoy considerando los pros y los contras —dijo Edward.

—Lo que tienes que considerar es mi consenti miento.

Edward esbozó una sonrisa burlona.

—Ya me has dado tu consentimiento. Todavía es tamos legalmente casados.

—Oficialmente, estamos separados.

—Ya no.

—Esto no es una verdadera reconciliación —dijo ella asustada—. Eso es lo que me has dicho.

—Legalmente, sí. Hemos vuelto a cohabitar como marido y mujer.

—Yo no quiero ser tu mujer de ninguna de las ma neras —declaró Bella enérgicamente—. No quiero vi vir con un hombre que me odia tanto como tú me odias. Es lo peor que me podría pasar.

—No entiendo por qué estás tan enfadada. Al fin y al cabo, fuiste tú quien destruyó nuestro matrimo nio.

—¡Yo no lo hice sola! —gritó ella.

—No, desde luego que no —dijo Edward fríamente, aunque su oscura mirada estaba cargada de cólera—. Lo hiciste con Jacob Black.

—No me refería a eso —Bella lanzó un suspiro de frustración—. Lo que he querido decir es que jamás se me habría ocurrido ir a casa de Jacob si no hu biera creído que tenías una amante.

—Ah, sí, claro, mis supuestas relaciones extramatrimoniales —dijo Edward con otra sonrisa burlona.

Bella se sintió a punto de echarse a llorar. No so portaba que le recordaran lo estúpida que había sido. En su momento, se había encontrado consumida por los celos, aunque el orgullo le impedía reconocerlo. Por eso permitió que una mujer vengativa la enve nenara sistemáticamente y la pusiera en contra del hombre al que amaba con todo su corazón.

Por aquel entonces sólo llevaban doce meses ca sados y estaban pasando un momento particular mente difícil, aunque ahora se había dado cuenta de que era normal: dos personas con fuertes personali dades viviendo juntas era de suponer que discutie ran; sobre todo, cuando él estaba muy ocupado con el trabajo y ella con sus estudios. Además, ella era propensa a los estallidos de genio que, unido a su profunda inseguridad, presentaban un fértil campo para sembrar las semillas de las sospechas.

Angela Weber había alimentado esas sospechas con mensajes sugerentes en el contestador automático y también con fotografías que, a posteriori, resultaron ser montajes digitales con el fin de dar la impresión de ser más íntimos de lo que realmente eran. Bella se había encontrado tan desolada al ver a su marido en un abrazo tan comprometedor que no se había pa rado a pensar en la posibilidad de otra explicación.

Edward se había ido a Sydney en viaje de nego cios y estaba allí cuando ella le llamó para acusarle de infidelidad. Él lo había negado con vehemencia, pero ella no le había creído. Le colgó el teléfono, desconectó el aparato y también su teléfono móvil durante unas horas.

Cuando Edward regresó aquella tarde fatídica a su casa, ella ya había hecho las maletas y estaba es perándole en el salón.

—No es posible que hables en serio, querida —le ha bía respondido él después de que ella le dijera que se marchaba—. Casi no conozco a esa mujer. Trabaja para mí, sí, pero sólo como ayudante a tiempo parcial.

Bella le había lanzado una fría mirada azul.

—¿Ayudante de qué? —ella le dio las fotos—. ¿Ayu dante en lo referente a tu vida sexual?

Después de ojear las fotos, Edward las había ti rado encima de una mesa y luego se la quedó mi rando con expresión incrédula.

—Bella, esto es ridículo. Evidentemente, alguien está intentando desacreditarme, pero te aseguro que no me he acostado con esa mujer.

—Te dejó varios mensajes. ¿No quieres oírlos?

Edward pasó por su lado para acercarse al telé fono y oír los mensajes. Frunció el ceño mientras los escuchaba.

Bella se puso las manos en las caderas.

—¿Y bien? ¿Vas a seguir negándolo?

Edward colgó el teléfono con innecesaria fuerza y los ojos negros de ira.

—¿Cómo puedes creerme capaz de irme con una mujer así? —le había preguntado él—. Es evidente que lo único que quiere es crear problemas. Jamás la he tocado. Jamás se me ocurriría hacerlo.

—No te creo.

Los ojos de él se clavaron en las maletas.

—Evidentemente, no.

—Quiero el divorcio —le dijo ella alzando la barbi lla con gesto desafiante—. No quiero seguir casada contigo.

—¿En serio?

—Sí, en serio. Nunca debería haberme casado contigo.

—¿Por qué? —le preguntó Edward acercándosele.

Bella retrocedió unos pasos hasta toparse con la puerta. Al sentirse acorralada, dijo lo primero que se le ocurrió:

—Porque estoy enamorada de otro.

—¿Qué has dicho? —preguntó él con incredulidad.

—Ya me has oído. Estoy enamorada de otro.

—¿De quién? ¿O quieres que lo adivine?

—No tengo por qué darte explicaciones.

Edward apretó los labios, su expresión era de fu ria contenida.

—¿Cuánto tiempo llevas enamorada de él?

Bella decidió continuar con su mentira.

—Llevo enamorada de él toda la vida. Ahora mismo voy a irme con él.

De repente, Edward tiró de ella hasta estrecharla contra su cuerpo y entonces la besó con fuerza. La pura intensidad animal de él la tomó por sorpresa y, en vez de apartarse, se entregó a aquel arranque de pasión. Le quería, le necesitaba.

Edward la hizo darse la vuelta. Ella plantó las palmas de las manos en la puerta y pronto se vio con la falda subida hasta la cintura y las diminutas bra gas de encaje bajadas mientras Edward, dentro de ella, la tenía gimiendo de placer en cuestión de se gundos.

Bella aún estaba tratando de recobrar la respira ción cuando él se apartó de ella. Despacio, Bella se volvió, maldiciéndose a sí misma por su debilidad.

—Ha sido un recuerdo de despedida —le dijo Edward mientras se subía la cremallera de los pantalo nes.

Y tras una mirada de desprecio, Edward se alejó.

Otro capítulo, espero que les haya gustado. Feliz año 2012 a todas las del Fandom de Twilight. Espero que todos sus metas se cumplan y que llegue Amanecer II rápido.