Disclamer: Es una adaptación, ni los personajes ni la trama son míos.

Otro capítulo, espero que les guste.

—Voy al estudio a ver si he recibido unos correos electrónicos —le informó Edward a Bella cuando regresaron a la casa—. Acués tate. Intentaré no despertarte cuando suba.

Ella tragó saliva.

—¿En qué lado de la cama quieres que me acues te?

La mirada de él se endureció.

—¿Qué lado prefieres últimamente? —preguntó él—. ¿Izquierdo o derecho? ¿O sigues prefiriendo el medio?

—No tengo preferencias.

Edward esbozó una burlona sonrisa.

—En ese caso, lo echaremos a cara o cruz. Tú eli ges. Cara es el lado derecho y cruz el izquierdo.

—Cara —dijo ella con aprensión.

Edward lanzó una moneda al aire.

—Cruz. Tú pierdes.

«Una vez más», pensó Bella. Nunca había ga nado nada cuando competía con Edward, que tenía una habilidad especial para sacarle ventaja en to do.

—Buenas noches, Bella.

Bella se marchó al dormitorio seguida por la mi rada de Edward.

Bella volvió a tener aquella pesadilla, tan terrorí fica y real como la última vez cuatro semanas atrás.

Se sentó en la cama sobresaltada, presa del pá nico, mientras el eco de su grito reverberaba en las paredes.

—¿Qué pasa? —Edward se despertó sobresaltado mientras Bella encendía la lámpara de la mesilla.

—Lo siento… —murmuró ella levantándose de la cama. El pijama le iba grande y la hacía parecer más una niña que una mujer de casi veinticinco años.

—¿Has tenido una pesadilla? —preguntó él.

—Sí. Perdona que te haya despertado.

Edward se levantó de la cama y se acercó a ella, que temblaba visiblemente.

—¿Quieres que te traiga un vaso de agua?

Bella se estremeció y le miró brevemente.

—Sí, gracias.

Edward se alegró de tener una excusa para salir de la habitación, eso le permitiría recuperar el con trol del efecto que la vulnerabilidad de Bella tenía en él. Verla así despertaba su instinto protector, sus ganas de abrazarla y así espantar sus temores.

«Idiota». Bella debía de estar haciendo eso deli beradamente. El divorcio no había ido a favor de ella y debía de estar utilizando esa pequeña tregua para hacerle desearla otra vez con el fin de conse guir más dinero del que iba a lograr obtener.

Tenía que tener cuidado con ella.

De no ser por el hecho de que los estudios de Emmet y Anthony corran peligro, se habría deshecho de ella ya.

¡Cómo quería verse libre de esa mujer!

Era una tentación de un metro sesenta y siete centímetros con la que no quería tener nada que ver.

Emmet no tenía la culpa de que su hermana fuera una perdida. Emmet era un buen chico, algo introver tido e inseguro, lo que hacía aún más deplorable el comportamiento de Anthony con él.

Cuanto más pensaba en ello, más convencido es taba de que su sobrino había sido una bomba a punto de estallar. La pérdida de su padre a los siete años le había hecho mucho daño, igual que a todos. Él había hecho lo que había podido; pero, evidente mente, no había sido suficiente.

Edward suspiró mientras subía las escaleras con el vaso de agua. Anthony aún sufría y era ese sufri miento el motivo de su comportamiento. Ahora, le tocaba a él dar ejemplo a su sobrino, ejemplo de perdón y reconciliación; al menos, en público. Iba a ser difícil, pero importante que los chicos soluciona ran sus diferencias y continuaran con sus vidas.

Bella estaba sentada en la cama tratando de recu perar la compostura. Había vuelto a la vida de Edward y tenía que comportarse como si eso fuera algo normal, aunque no lo era. Seguía sin comprender cómo había podido traicionarle… y con Jacob, su mejor amigo. Desde que le conocía, muchos años atrás, lo único que había sentido por él era cariño fraternal, lo que aún hacía más inexplicable e injus tificable su comportamiento.

¡Ojalá pudiera recordar lo que ocurrió aquella noche! Sólo se acordaba de que él le había ofrecido una copa de vino, que ella había bebido entre sollo zos, y de un intenso dolor de cabeza que la había he cho tumbarse en la cama, sin importarle que fuera la única que había en el piso. Además, se habían acos tado juntos muchas noches de pequeños; para ella, era como dormir con un hermano… al menos, eso pensaba.

Aquella mañana, se había despertado cegada por la luz.

—¿Jacob? —entonces, al darse cuenta de que es taba desnuda, agarró la sábana que tenía a los pies y se cubrió inmediatamente con ella.

—¿Qué tal la cabeza? —le había preguntado Jacob al tiempo que le daba un vaso de agua.

Ella había agarrado el vaso con manos tembloro sas.

—¿Qué pasó anoche? Sólo recuerdo el dolor de cabeza y lo que te dije sobre… sobre la aventura amorosa de Edward.

Evitando su mirada, Jacob respondió:

—Hemos dormido juntos.

Una inmensa incredulidad acompañada de ver güenza y culpa se había apoderado de ella.

—¡Oh, Dios mío! ¡No, Dios mío, no! No es posi ble que yo haya…

—No pasa nada, Bella. No hemos hecho nada malo. Muchos amigos se acuestan juntos. Hoy en día no tiene mucha importancia.

Ella le había mirado con horror, incapaz de creer sus propias acciones.

—Yo… no sé qué decir. Estoy avergonzada… ¿Me excedí con la bebida? Sólo recuerdo haber bebido medio vaso. Siempre tengo cuidado con el alcohol, tú lo sabes.

Jacob respiró profundamente antes de decir:

—Tu marido te ha visto. Ha venido esta mañana, hace un par de horas. No quería dejarle entrar, pero no he podido impedírselo. También han venido unos periodistas. Creo que algunos aún están esperando ahí abajo. Será mejor que no te vayas hasta que no se hayan marchado.

Ella se había quedado sin habla.

Jacob continuó:

—Creo que ha sido lo mejor que podía pasar, Bella. Al fin y al cabo, él te ha estado engañando, ¿no? ¿Por qué no puedes engañarle tú también? No me parece que tengas que sentirte culpable, no ha sido culpa tuya.

Pero ella no había encontrado disculpa alguna respecto a su comportamiento. Se había acostado con otro hombre y Edward tenía derecho a estar en fadado.

No iba a perdonarla jamás.

Edward le dio el vaso de agua, haciéndola salir de su ensimismamiento. Al pasarle el vaso, sus de dos se rozaron. Eso fue suficiente para despertar en él el deseo, como siempre que estaba cerca de Bella.

Desde la separación, había buscado consuelo con algunas mujeres, pero ninguna de ellas le había hechoalcanzar los extremos de placer que había sen tido con Bella.

—Siento haberte despertado —dijo ella una vez más.

—Da igual. Además, no estaba dormido del todo —respondió Edward metiéndose en la cama otra vez.

Apagaron la luz y se hizo un tenso silencio.

—Se me ha olvidado llamar a mis padres —dijo Bella al cabo de cinco minutos.

—¿Crees que podrían estar preocupados si te han llamado a casa? —preguntó Edward.

—No lo creo.

—¿Tienes el teléfono móvil aquí?

—No. Se me cayó hace unos días y se rompió. Aún no me he comprado otro. Además, no tenía di nero para cubrir los gastos del móvil.

Edward frunció el ceño en la oscuridad. Sin duda, Bella estaba tratando de hacerle sentirse culpable por no acceder a darle la mitad de su patrimonio, pero él no iba a ceder. No estaba dispuesto a repartir su fortuna a medias con la pérdida de su esposa, que lo compartiría con su amante.

—Haré que te den un teléfono móvil mañana —dijo él—. Yo pagaré los gastos hasta que esta farsa de la reconciliación llegue a su fin.

Bella guardó silencio unos minutos y él se pre guntó si se habría dormido. Entonces, ella dijo:

—Mis padres van a llevarse una sorpresa cuando lean el periódico mañana.

—Sí, supongo que sí.

—Edward…

—¿Sí?

—Siento realmente lo que ha pasado —dijo ella con voz ronca—. La vida nos iba muy bien y yo lo estro peé todo. No puedo creer lo estúpida que he sido.

—Todos cometemos errores. Ya se ha acabado, Bella. Tenemos que seguir con nuestras vidas.

—¿Crees que podrás perdonarme algún día? —pre guntó ella en un susurro.

—Duérmete, Bella. Éste no es el momento para hablar de eso.

—¿Llegará algún día ese momento? —preguntó Bella tras otro prolongado silencio.

—Puede que no. Y ahora, Bella, por el amor de Dios, duérmete —dijo Edward enfurecido.

Bella se tragó las lágrimas.

—Buenas noches, Edward.

Él no respondió.

Bella se despertó sintiendo el cálido cuerpo de Edward en la espalda y la mano de él en su pecho, con los dedos frotándole los pezones.

Un intenso deseo le recorrió el cuerpo al tiempo que sentía la erección de Edward entre las piernas, buscando su líquido calor.

—Edward…

—¿Mmmm?

Edward le acarició la nuca con la lengua.

—No… no deberíamos hacer esto… —dijo Bella temblando de placer.

—Estás en mi lado de la cama —dijo Edward—, lo que me hace suponer que quieres que te haga el amor.

Bella lo habría negado, pero dos de los largos de dos de Edward habían encontrado la sedosa y mo jada evidencia, haciéndola arquear la espalda.

—Me deseas —declaró Edward con voz grave. En tonces, se apartó de ella—. Pero no voy a hacerte nada. No voy a ensuciarme contigo.

Bella cerró los ojos tras esas palabras que se le habían clavado en el corazón como un puñal. Sabía que Edward ya no la amaba; entonces, ¿por qué le hacía tanto daño su desprecio?

Hola, aquí les dejo otro capítulo, espero que les guste.

Agradezco a quienes me dejaron sus reviews, se siente muy bien saber que gente de tantos lugares del mundo sabe que existes y comparte algo de tu gusto.

Agradezco a janalez, , Melisa Hebe, mirgru, Twilight all my love 4 ever, LoreMolina, Harael, Marta Tica, supattinsondecullen, por sus palabras y apoyo.