¡Holaaaaa! Joder, sé qué me tardé muchísimo tiempo en volver a actualizar ;AA; Pero bueno, he pasado muchas cosas en mi vida y así no podía concentrarme en mis historias como tal. De todas maneras, ya estoy de regreso, al menos con éste capítulo, lol.
¡Gracias por sus comentarios anteriores, de verdad! Me alegra mucho ver que la historia está siendo aceptada QuQ
Espero disfruten de la lectura, eh, que viene lo sabroso de aquí 1313 (?)
/Tokyo, Japón. Viernes 24 de Octubre del 2013/
Las manos del peliverde le acariciaban el rostro con tanta delicadeza, que le hizo sonreír.
—No quiero separarme de ti —susurró él contra su largo cabello dorado y ondulado.
—Quiero estar junto a ti… —pidió ella con cierto temor, abrazándose al pecho ajeno, cerrando los ojos.
—Eres la única mujer en vida, te amo como no te das una idea —dijo el peliverde con intensidad, rozando sus labios con el cabello de aquella chica.
Sanji se despertó de golpe. ¿Qué era ese sueño? ¿Por qué soñaba algo como eso? No tenía nada claro.
Y de pronto, los recuerdos de la noche anterior aparecieron en su mente, provocando que la respiración se le acelerara, ¿eso había sido real?
—Tuvo que ser parte del sueño, estoy seguro… —murmuró con terquedad— Sí, seguramente fue un maldito sueño…
La alarma de su celular sonó, distrayéndolo por completo de su pulso acelerado y esos recuerdos tan extraños, porque el rubio no creía en eso. Seguramente fue un sueño, porque en todo caso, sí aquellos seres de verdad existieran, ahora no estaría vivo y acostado en su cama.
/Sábado 26 de Octubre del 2013/
Y ahí estaba Sanji otra vez, sentado en una banca de aquel parque, esperando ver a aquel chico de cabello verde por una razón que no comprendía. Era el tercer cigarro que llevaba desde que llegó al parque, porque hoy estaba decidido a esperarlo hasta llegar a su límite, no le importaba si amanecía ahí.
Quiero verlo, frunció el ceño al pensar en eso. Suspiró. Él, un caballero y amante de las señoritas, deseando encontrarse con aquel chico, vaya que su mundo ya estaba de cabeza. No entendía el deseo de verlo otra vez, porque la reacción normal de Sanji con cualquier hombre que parecía diferente, no era está definitivamente, porque no era gay. Sin embargo, ese peliverde tenía algo que lo hacía sentir y pensar diferente.
El frío de la noche era aún peor y el ojiazul estaba a un cigarro de terminar su cajetilla; seguía sentado, ahí en el parque, mirando como el viento levantaba y tiraba las hojas de los árboles, entre ellas las rosadas pertenecientes a sakura. ¿Por qué estoy haciendo esto?
—Si sigues aquí te enfermarás, Cocinero.
A Sanji incluso se le cayó el cigarro de los labios cuando escuchó esa voz tan familiar y sin pensarlo, se incorporó para encontrarse con el peliverde, que estaba detrás de él.
—Tú… No es de tu incumbencia, Marimo —respondió, enfurruñado, vaya manera de reaccionar era esa, pero estaba feliz de verlo y su mirada lo expresaba.
Por su parte, Zoro no podía dejar de estudiar aquel rostro de firmes facciones francesas, así como el brillante azul de esos orbes. Notó como el chico estaba un poco rojo de las mejillas, pero seguramente era por el viento del otoño y no evitó el sentirse un poco culpable por hacerlo esperar así, aunque para ser sincero, no esperaba que aquel rubio de verdad volviera a ese lugar.
—Como quieras, no sabía que fueras tan masoquista —repuso Zoro, encogiéndose de hombros y reclinándose en el tronco de un árbol.
—Púdrete —Sanji le fulminó con la mirada y le tiró el humo de su cigarro al dar una calada.
—No hagas eso, Cocinero de mierda —resopló Zoro, haciendo una mueca, pero aquello fue más porque pese al olor del tabaco, pudo sentir el dulce aliento del rubio y eso avivó el deseo de sangre que ya sentía cada se le acercaba. Pero no podía volver a dejarlo solo, no cuando sabía aquel maldito vampiro pelirrojo lo seguiría asechando, más por el hecho de que lo defendió.
—Heh, no sabía que tan tarde paseabas para bajar tu cena, ¿o acaso te perdiste, Marimo? —dijo Sanji, ladeando un poco el rostro.
El peliverde frunció el ceño con fuerza por ese gesto que dejó más descubiertas las venas del cuello ajeno, llenas de sangre caliente, haciendo su garganta palpitar.
—Tch, yo no me pierdo, maldita sea —zanjó Zoro y rechinó los dientes un poco—. Además, ¿qué haces tú aquí? Son la una de la madrugada y…
—Estaba esperándote, Marimo imbécil… —respondió Sanji con la mirada fija en el otro y le ceño fruncido, ligeramente sonrojado y ya no por el frío.
—… —Zoro se quedó mirando al rubio fijamente durante tres segundos eternos para ambos— ¿Qué has dicho?
—Dije: que te estaba esperando a ti, maldito Marimo retrasado, joder —repitió Sanji, cruzándose de brazos y frunciendo más el ceño. La verdad era que a él no se le dificultaba expresar sus sentimientos y no le daba pena al hacerlo, porque no era nuevo en eso, sin embargo, sí era la primera vez que lo hacía con un chico y se sentía bastante novato.
— ¿Por qué? —Zoro apenas y creía lo que estaba escuchando, aunque con la mirada del otro era fácil darse cuenta que no mentía.
—Te dije que te invitaría a cenar… —murmuró Sanji. Vaya, que original y estúpido, ¿por qué no dije otra cosa?, se reprendió y desvió la mirada. Era increíble que a sus veintiún años se sintiera tan… "extraño" como se sentía ahora y parte de sus pómulos lo decían.
El peliverde mantuvo su expresión tranquila.
— ¿Otra vez con lo mismo, Cejas de remolino? No soy ningún vago…
—Lo sé, pero quiero invitarte a cenar —repitió Sanji, regresando su mirada al rostro ajeno.
—Ah… —que directo, pensó Zoro, desviando un momento la mirada, no se esperó tal cosa, ¿lo que el rubio quería era una cita? ¿O estaba malinterpretando todo? En todo caso, no podía permitirse algo como eso.
—No digas solo "ah", Marimo de mierda, porque te estoy invitando a cenar —replicó Sanji, con el ceño fruncido nuevamente, sin quitarle la mirada de encima.
Zoro lo quedó mirando, era tanta la sorpresa que sintió, que hasta la sed se había ido y aunque el olor de la sangre del rubio le golpeaba las foses nasales, fue más fácil hacer caso omiso. Por supuesto que no puedo aceptar, es más, él ni siquiera debió verme otra vez. No puedo enlazar mi vida con un humano así, simplemente no puedo…
—Supongo que está bien —aceptó, por puro impulso. ¡¿Por qué demonios he aceptado?!
Y al ojiazul no se le pasó por la mente el que aceptara, por lo que ni notó como su corazón aceleró, hasta que sintió sus orejas zumbar ligeramente. Para Zoro ese detalle no pasó desapercibido y tan pronto lo escuchó, se arrepintió de haber aceptado; no estaba bien hacer ese tipo de ilusiones.
—Mañana, podemos vernos aquí —Sanji le sonrió de manera torcida.
—Eh, o podría acompañarte a tu casa ahora y así se me queda el camino —objetó Zoro, rascándose ligeramente una sien con el dedo índice de la zurda, no es como si no conociera la casa ajena e incluso podría rastrearla con el olor, sin embargo no quería irse tan pronto.
El rubio parpadeó sorprendido, luego recompuso su expresión.
—Entonces, vamos. Sígueme o te perderás —llevó ambas manos dentro de cada bolsillo de su traje para mantenerlas en calor y comenzó a caminar.
—Tch —Zoro hizo un mohín, sin decir nada más, se situó al lado del rubio para caminar también.
Esto le servía también para cuidarlo y era más fácil que estar desde las sombras vigilando que nada más le pasara. Aunque su amigo Law le dio otra opción, pero para nada la aprobaba.
— ¿Por qué no habías pasado la semana pasada por el parque? Pensé que siempre ibas ahí —preguntó Sanji, con la mirada enfrente para no demostrar la necesidad que tenía de saber esa respuesta.
Zoro, quien iba vestido con un pantalón negro, una playera morada y una chaqueta de cuero negro, se arremangó esta y se encogió de hombros.
—Había otros lugares que ver… Espera, ¿cómo sabes que no pase por aquí antes?
—Yo siempre vengo a ese parque y ya te lo había dicho, ¿no? Te estaba esperando… —Sanji dejó que su cabello largo le cubriera un poco el rostro, porque se dio cuenta que quizá no debió decir eso.
— ¡¿Me estuviste esperando toda la semana ahí?! —inquirió Zoro, tratando de no dejar de caminar para verlo— Es peligroso hacer algo como eso, idiota.
—Sé cuidarme solo —Sanji habló con frialdad, porque no le gustaba que nadie cuidará de él.
—Ja —Zoro puso los ojos en blanco y recordó aquella noche en que ese pelirrojo vampiro casi mata al rubio.
—Tsk, cállate, Marimo idiota.
— ¿Eh? ¡Tú eres quien empieza! —Zoro se cruzó de brazos, pero no dejó de caminar al lado del rubio.
—Claro que no, idiota —se quejó Sanji con una mueca y mirando de reojo al peliverde. Secretamente, sonrió para sí mismo; le gustaba esta manera de convivir.
Lo que quedaba del camino, ambos chicos se la pasaron hablando sobre cosas triviales: color favorito, comida favorita, deporte favorito, cuantos años tenían, donde vivían, etc. Y entre tantas cosas, a Zoro se le olvidó por completo la molestia de su garganta que estaba sedienta, le fue más fácil controlarse ciertamente.
—Hemos llegado, Marimo —a Sanji le pareció tan pronto que llegaran a su casa, si bien desde el parque eran cuarenta minutos de camino a pie.
—Hm… Bonita casa, Cejillas —respondió Zoro, entornando la mirada en aquel lugar.
Sanji abrió la puerta, dejando ver parte dé, al otro.
La casa no era demasiado grande, pero sí promedio en una familia de quizá cuatro personas; tenía un patio mediano cubierto de pasto, el porche era ancho y la luz de este estaba encendida. Era toda una casa oriental.
—Entonces, te veré mañana a las siete, Ma-ri-mo —repitió Sanji con una sonrisa burlona y contenta a la vez.
—Sí, adiós… —Zoro desvió ligeramente la mirada, porque si tuviera corazón, esa sonrisa hubiera sido capaz de acelerarlo. Los órganos de un vampiro, funcionaban diferente.
—Ah, no espera… ¿Cuál es tu nombre? El mío es Sanji…
—Creo que debiste empezar por eso antes de invitar a cenar a alguien, ¿no, Cocinero? —negó un poco, pero después le sonrió con orgullo— Zoro, ese es mi nombre.
—Bueno, no era mi obligación pedirte tu nombre primero, Marimo —le retó Sanji, como dándole a entender que aunque ya supiera su nombre, no dejaría de llamarle con el nombre de esa alga.
—Fuiste tú el primero en hablar, idiota Cejas de remolino —recordó Zoro con cierta amargura.
En el aire fue capaz de percibir un olor completamente familiar y su cuerpo se tensó ligeramente.
—Deberías descansar, Sanji —su voz salió completamente llena de persuasión.
Su nombre dicho por el peliverde le hizo estremecer de una manera reconfortante, era como si lo estuviera arrullando. No se hubiera imaginado que su nombre se escucharía tan bien en esos labios, porque le encantó.
—Hasta mañana, Zoro —le dedicó una sonrisa antes de cerrar la puerta.
La palpitación de su garganta se tornó tan fuerte, que estuvo a punto, a punto de tomarlo ahí y si no lo hizo fue por pura voluntad. Es como si su sangre me llamara, joder, pensó Zoro, con un largo suspiró, dándose la vuelta para caminar no muy lejos, solo se ocultó en las sombras, ahí donde percibió ese olor.
—Law, ¿tú nuevo pasatiempo es seguirme? —estaba más serio de lo normal.
—No eres tan importante, Roronoa-ya, simplemente me da curiosidad que tiene ese humano que todavía no lo has matado —contestó Law, con los brazos cruzados y reclinado en la pared con una sonrisita que irritó al peliverde.
—No te importa, ¿o sí? —Zoro le miró de manera sombría.
El ojigris resopló sin dejar de sonreír como solo él sabía.
—Roronoa-ya, si tanto quieres cuidarlo, ¿por qué no llevas a cabo el consejo que te di? Así no solo te evitas a Eustass-ya.
— ¡No usaré eso de ninguna manera! Mi intención no es quitarle su libertad…
—En tu lugar, yo lo haría —Law acentuó una sonrisa de sabelotodo y clavó su mirada en el peliverde—. También Nico-ya quiere al chico.
— ¿Qué estás diciendo? —a Zoro le brincó una venita en la sien, por la tensión.
—Sabes que a ella no se le escapa nada y tiene la misma curiosidad que yo de saber porque proteges al chico —explicó Law con calma.
—No es algo que les importe —la mirada de Zoro se tornó amenazante.
—Quizá no, pero si los demás vampiros se enteran de esto, se te hará más difícil el "vigilar" al rubio ese, porque querrán ir a robártelo, sobre todo tus enemigos —advirtió Law, ahora tornándose serio—. Claro, a menos que hagas ese "vínculo".
—Podré matar a quien quiera qué…
—Sabes que incluso entre nosotros hay cosas que no podemos hacer, Roronoa-ya.
— ¡Y una mierda contigo, Law! No tengo porque estar escuchándote, me largo.
El peliverde no esperó más y con agilidad se subió a uno de los edificios para correr en el terreno sin perder de vista la casa de Sanji, porque sabía que Kid no se quedaría de brazos cruzados y sí, lo estaba protegiendo.
—Has vuelto rápido, Law, ¿les has dicho? —preguntó una mujer alta de cabello largo y negro, que sonrió.
—Sí, pero sabemos cómo es Roronoa-ya —respondió Law, negando ligeramente.
—Esto se tornará interesante —la chica acentuó su sonrisa.
—Estás muy intuitiva, Nico-ya.
—Te he dicho que me llames solo "Robin", Law.
—No podría —Law frunció el ceño—. ¿Deberíamos darle un empujón?
—Madam Shyarly dijo que con Kid no sería necesario —Robin miró al ojigris y suspiró—. Espero Zoro lo haga pronto, en verdad que deseo saber los resultados de esto.
—Tal vez Roronoa-ya nos sorprenda.
—Sino lo hace, quiera o no, tendrá que matar a ese humano, Law —recordó Robin con sutileza, adquiriendo una expresión seria.
—Si él no lo hace, podemos hacerlo nosotros —Law sonrió de manera amarga, como una mueca. Más te vale hacerlo, Roronoa-ya, pensó.
/Domingo 27 de Octubre de 2013/
Por alguna razón, Sanji se sentía nervioso. Ni siquiera con una mujer se ponía así, es decir, si se emocionaba y todo, con Violet era efusivo y demás cosas…, pero esto era diferente y por eso él se comportaba diferente. Realmente no sabía cómo tratar con un chico, porque no tenía experiencia en eso y era más que obvio no era lo mismo que ligar con una dama, aunque seguiría mostrándose seguro delante de aquel chico de cabello verde. Ahora que lo pensaba mejor, desde la primera vez que lo vio al día de ayer, parecía que tenía más color en su piel, ¿o era solo su imaginación?, tal vez después de todo si necesitaría ir al oculista.
Había ido a trabajar solo para mantener su mente ocupada y tener una idea de que cocinarle al peliverde, pues por lo que le dijo, sabía no era melindroso y podría sorprenderlo.
Eso indicaba que ahora ya tenía lasaña preparada, así como un postre de durazno y varias botellas de sake, licor y cerveza pura; no es que él gustara de esas bebidas, no, Sanji prefería té negro y si las compró fue solo porque sabía el gusto del Marimo.
Él siempre gustaba de lucir elegante para toda ocasión, así que vestía: una camisa de color negro, un chaleco de tela morado oscuro en corte de uve, con los cuatro botones abrochados, no usaba corbata y anudado el hecho de que sus piernas se marcaban bien en ese pantalón negro, de una manera sensual sin perder su porte masculino, le daba un aspecto a Sanji más juvenil de lo que ya era.
Estaba terminando de acomodar los platos cuando el timbre de su vivienda sonó y en su rostro se dibujó una sonrisa amplia, adornada por su cigarro, que no podía faltar para sentirse tranquilo.
— ¡Sé paciente, Marimo de mierda! —gritó desde adentro, al escuchar como el timbre seguía sonando— Ese idiota… —gruñó y dio una calada a su cigarro mientras salió con un andar apresurado para cruzar el pequeño patio delantero hasta al fin llegar a la puerta. Iba a gritarle algo más al otro por su impaciencia, pero cuando lo vio, simplemente no pudo hacerlo.
Zoro iba vestido con un pantalón de mezclilla arrugado de color negro, una camisa de mangas cortas color orquídea sin faldar y tenía dos botones desabrochados con una corbata en un amarre flojo al cuello de color negra. Esos colores lucían a la perfección con el cabello y la mirada del peliverde, dándole un toque salvaje y atractivo, pese a que en su pecho resaltaba un pedazo de cicatriz.
Eso a Sanji no le importó y se lo quedó comiendo con la mirada.
— ¿Me invitarás a pasar o qué, Cejillas? —inquirió Zoro, enarcando una ceja, pero con un brillo divertido en la mirada al notar la reacción impresionada del rubio. Y no es que él supiera arreglarse para ese tipo de cosas, pero tenía su lado bueno el tener una "amiga" avariciosa y conocedora de esos temas.
—Heh, casi no te reconozco, te ves demasiado elegante —se burló Sanji con una sonrisa.
—Ah, que gracioso, tú te ves igual —resopló Zoro con seriedad. Igual de guapo, la verdad, pensó, pero no lo diría.
—Hm…, ya pasa, Marimo o te congelarás por el frío —Sanji pareció desilusionado de cierta manera.
—No podría —susurró Zoro, más para sí mismo.
El rubio miró de reojo al otro, pero no dijo nada más y guio el recorrido del patio hasta el porche.
—Pasa —avisó Sanji y simplemente entró a la casa primero, dejando que el otro muchacho lo siguiera hasta que al fin ambos llegaron a la cocina—. Ahora sí, siéntate.
El peliverde silbó y luego miró al otro chico.
—Eres bastante detallista en estas cosas, ¿no? —inquirió Zoro con calma— Y solo es una cena, me preguntó cómo sería si fuera una cita.
A Sanji le saltó una ligera venita en su frente.
—Es una cita, Marimo bastardo —refunfuñó y con la diestra estuvo a punto de darle un golpe al peliverde en la cabeza, pero este fue más rápido y lo detuvo con rapidez, sujetándolo de la muñeca.
—Entonces, debería considerarme afortunado —dijo Zoro con la mirada seria y fija en el ojiazul.
— ¿Eh? —Sanji apenas y pensaba con coherencia, debido a que estaba impresionado por la frialdad y dureza de la mano ajena, así como el hecho de que tenía la mirada del otro muy cerca suyo.
Pese a que el olor de la sangre del rubio volvía a darle problemas con su sed e instintos asesinos, pudo controlarse mejor que hace casi dos semanas, pues ya se estaba acostumbrando a esto.
Soltó la mano ajena cuando se dio cuenta de la cercanía y dio un paso atrás para sentarse.
—No suelo cenar tan formalmente, ¿sabes? —Zoro tenía la mirada puesta en el refractario con lasaña, la verdad es que no olía mal, pero siendo comida humana, no le llamaba la atención, mas reconocía que sí, se veía apetitoso.
—La verdad, me lo esperaba —repuso Sanji, recuperándose del ligero ataque que su pulso sufrió. Su piel es tan fría y dura, pensó, no sabía si por ese mismo frío es que su cuerpo se estremeció de pies a cabeza.
—Hm… —Zoro tenía la mirada puesta en la comida, no quería ver al rubio todavía, porque con su visión tan aguda, veía mucho mejor ese atractivo que poseía y se sentía atrapado en la mirada azul tan intensa del muchacho. Empezaba a sentir cierto cambio en su cuerpo que ya no era precisamente solo sed de la sangre ajena y no sabía sí eso era bueno o malo.
—Ahora que me doy cuenta, nuestra vestimenta combina, Marimo —masculló Sanji, teniendo su cigarro en los labios todavía y apoyando su quijada con barba en su mano derecha, del brazo mismo que tenía flexionado y sostenido con el codo.
—Puede ser, pero a ti te luce mejor —Zoro dijo aquello con calma, viéndolo con atención—. El negro y el morado hace lucir más tu piel, me gusta cómo se ve.
—Lo sé y gracias… —Sanji se le quedó mirando de igual modo, sintiendo como un ligero calor inundó sus mejillas pese a su aire arrogante, oh, maldita sea, no es justo— Tú también te ves bien…
Zoro no respondió y de igual modo solo se le quedó mirando, deseaba romper la distancia de una silla que los separaba, pero no podía hacerlo por dos cosas: o era para beber su sangre o para besarlo. Porque joder que sentía la adrenalina en sus venas con la expresión que Sanji tenía al estar viéndolo, no me veas así o de verdad yo…, su pensamiento se detuvo por completo cuando el caminar de un par de personas que se acercaba a la casa; faltaba que llegaran, pero era más que seguro lo harían. Agudizó lo más que pudo sus sentidos y su expresión se ensombreció. Ese par no eran simples personas, porque conocía ese olor.
Eran Kid y su amigo Killer.
—No pensé que fuera tan directo al volver a atacar… —siseó Zoro, empuñando ambas manos con fuerza e incorporándose de golpe.
— ¿Qué sucede, Marimo? —preguntó Sanji un tanto alarmado. Tal vez no tenía los mismos sentidos que el peliverde, pero tenía buena percepción de las cosas.
¿Cómo debo sacarlo de aquí? Aunque lo haga, Kid puede enviar a Killer por él y sería peor… Maldita sea, Zoro, piensa, ¡piensa, joder!
— ¿Tienes algún sótano?
—No… No tengo —por más tonta que le pareció la pregunta a Sanji, la mirada que tenía el peliverde le hizo saber que no debía negarse—. ¿Por qué? ¿Qué pasa? ¡Dime algo!
La preocupación de Zoro era tal, que ni la sed de sangre que tenía le impidió acercarse al rubio de tal manera que le tapó la boca.
—Shh, no digas nada —ordenó con suavidad, desatando todo el poder de su mirada en el ajeno—. Por favor, necesito que cierres los ojos y te ocultes en algún maldito lugar de tu casa.
Sanji le miraba con el ceño fruncido, probablemente se sintió temeroso, pero no lo demostró y mordió la mano ajena con fuerza, aun así, lo único que consiguió fue que el otro aflojara un poco el agarre.
—No lo haré, dime que está pasando, ¡no me puedes solo dar órdenes así, Marimo idiota!
— ¡Cállate, Sanji! —exclamó Zoro en voz baja, pegando los labios a la oreja ajena— Por favor, sé que apenas nos conocemos, pero, ¿podrías confiar en mí?
Mierda, Kid está a unos malditos pasos de saltar la barda, mierda, mierda, ¡maldito Law por darme esta opción!
—Roronoa-ya, ¿por qué no dejaste que Eustass-ya se llevara al chico? —preguntó Law, una vez acomodó los dos cuerpos de donde se alimentó, cerca del basurero.
—Simplemente no quise dejar que lo hiciera —Zoro estaba acostado en una barda de cemento, con los brazos cruzados y la mirada en el cielo.
— ¿Te das cuenta que, de la misma manera en que yo me estoy fijando en esto, los demás pueden hacerlo? —inquirió Law, enterrando dos de sus dedos en el pecho de uno de los cuerpos ya muertos de tal forma que incluso sintió el corazón, pero ya no salía sangre, porque la había bebido toda.
—Lo sé —Zoro seguía igual de indiferente.
—Sino formas el vínculo para marcarlo, todos los demás vampiros seguirán intentando quitarte tu presa. Y no es que ese chico tenga la mejor sangre, pero como la mayoría te odia…
—Gracias por el apoyo, Law —despotricó Zoro con sarcasmo, lanzándole una mirada asesina al otro—. Además, él no es mi presa y no sé qué carajo es eso del "vínculo" del que he oído decir a varios, incluso a Nami.
—Teniendo en cuenta quien fue tu creador, me sorprende que no lo sepas, Roronoa-ya… —Law suspiró y esta vez enterró dos dedos en el cuello del otro cuerpo muerto, cortando hasta medio círculo— "El vínculo" que todo vampiro tiene derecho a hacer, es cuando vuelves a un ser humano tu esclavo.
Zoro le miró con incertidumbre, invitándolo a seguir hablando sin detenerse.
—Verás, nosotros los vampiros tenemos nuestra marca de heroína en la sangre, unas más fuertes que otras —Law le miró con seriedad y frialdad—. Cuando una sangre es lo suficientemente atrayente para nosotros de tal manera que no nos aburrimos de ella ni necesitamos más por un tiempo al morder a esa persona; si eres capaz de no acabarte su sangre y luego lames las incisiones, nuestra saliva secreta cierta hormona y células vampíricas que se combinan con los eritrocitos del cuerpo humano, aumentando su sangre de tal manera que tú puedas beber de ella hasta hartarte sin que se acabe. Podrás pasar incluso cien años bebiendo de ese cuerpo y la sangre seguirá produciéndose, además está el hecho de que esa persona no envejecerá; seguirá siendo un simple mortal, pero siempre joven y saludable —el sonido de un hueso quebrándose hizo en eco en la noche, cuando Law dobló el brazo del mismo cuerpo al que le cortó el cuello. El peliverde hizo ademán de hablar, por lo que añadió: —Del porqué lo vuelves un esclavo, es porque al haberlo mordido y dejado parte celular de tu cuerpo en el mundano, no solo tienes control de su sistema linfático e inmunológico, sino también antepones tu voluntad.
Zoro frunció el ceño fuertemente, definitivamente no le gustó oír eso último.
—Espera, no es tan malo como parece, Roronoa-ya, mira —Law dejó al final aquellos cuerpos muertos y vacíos de sangre en el suelo—: él será como un perrito y tú el amo, obviamente conservan su voluntad propia, pero cuando tú uses en toda la extensión de la palabra, "una orden", no podrán negarse, serán fáciles de manipular, de cierta forma. Y también, está el hecho de que no hará falta tú lo busques, él solo llegará a ti, suplicando que lo muerdas, porque incluso ellos se vuelven adictos a eso, podría decirse que masoquistas en un sentido —Law sonrió de manera sombría y divertida, se notaba a leguas que le gustaba eso.
— ¿Qué pasa si no quiero morderlo? —Zoro seguía sin gustarle la idea.
—Si dejas de morderlo más de una semana, la vitalidad del humano se deteriorara, sufrirá convulsiones, ansiedad y morirá, porque las mismas propiedades de nuestra saliva es lo que los mantendría jóvenes y saludables, por eso se vuelven adictos a ello —explicó Law, regresando a su calmada expresión—. Lo mejor de todo es que tendrá en su olor sanguíneo tú marca, Roronoa-ya y los demás vampiros sabrán que tiene dueño; no se acercarían a él si valoran su vida —aseguró y luego su mirada se posó en el otro chico—. Pero, sí dejas que alguien más lo muerda, moriría. Aunque claro, morirá de todas maneras cuando te hayas aburrido de su sangre o encontrado otra mejor.
—Estoy seguro no es tan bello como lo pintas, Law —no, a Zoro no le gustaba eso.
—Es un simple consejo, Roronoa-ya y yo en tu lugar no dudaría en usarlo sí de verdad quieres evitar que te maten a ese chico —la voz de Law sonó aburrida e inexpresiva—. Recuerda que estamos hablando de Eustass-ya.
—Tch, puedo matarlo si sigue con lo mismo, no es necesario que condene a alguien de esa manera —Zoro se incorporó y miró desde lo alto al ojigris.
—Le estarías haciendo un favor al chico —Law saltó, se sujetó de la orilla de la barda, se paró de manos y luego de un giró ligero, se apoyó con sus pies—. Y, Roronoa-ya, te recuerdo que no debes matar a Eustass-ya, eres mi amigo, pero él…
—Ah, sí, quieres follártelo —repuso Zoro con burla y sarcasmo—. Law, no usaré ese maldito "vínculo", veas de donde lo veas, es condenar a alguien a algo realmente… doloroso, sobre todo porque solo alargaría su plazo de muerte y cuando esta llegue, será de manera agónica, no es algo justo. Y aunque es tentador para mí como vampiro, no lo usaré —endureció su expresión y habló amenazante—. Si no quieres que Kid muera o ayudas a controlarlo o bien le arrancas el pene, al fin eso es lo único que te interesa, ¿no, Law?
El vampiro ojigris le enseñó los colmillos de manera brusca y terrorífica, pero se necesitaba más para asustar a Zoro.
—No me provoques, Roronoa-ya —Law tenía una expresión fiera—. Te estaba dando un consejo, no deberías tomártelo tan a pecho, solo se trata de un simple humano, ¿o es que te enamoraste de él? —no había burla en su voz, solo un tono mortal.
—Piensa lo que quieras, Law, pero yo no usaré "tu consejo" —Zoro le enseñó los colmillos de igual manera y sin esperar a más, salió de ahí.
Genial, ahora Zoro se arrepentía completamente de haber dicho que no usaría algo como eso, maldito Law que parece todo sucede como querías.
—Zoro, dime que está pasando, maldición —insistió Sanji con voz autoritaria, justo en el momento en que el par de vampiros llegó al patio delantero.
—Vamos a jugar, Roronoa, me las pagarás por quitarme a mi presa, yiahahahaha —dijo Kid con una voz socarrona.
— ¿Qué es eso? ¡Zoro, joder, dime!
— ¡Maldita sea! Ya, te van matar y yo no puedo permitir que eso pase, ¿contento? —contestó Zoro con fuerza y mirando intensamente al rubio. Lo sujetó de los hombros y lo puso de pie tan rápido que este se mareo un poco— Por favor, Sanji, confía en mí, cierra tus ojos —perdóname, perdóname por esto, añadió en su fuero interno, pero estaba seguro su mirada trasmitía eso.
El rubio se quedó atónito, ¿le estaba suplicando o lo estaba persuadiendo? Bueno, daba igual ahora, sabía que no podía negarse con ese mirar tan profundo. Le gustaba que ese ojo lo viera así, que incluso ni importancia le dio a lo demás que dijo, ¿él quería protegerlo? ¿Era así?
—Está bien —Sanji solo se le quedó mirando a los ojos o más bien, a ese ojo único, ya que el otro estaba cerrado con una cicatriz.
La puerta de la entrada se rompió tras una patada que el pelirrojo le dio, ingresando a la casa, podían correr con su rapidez perfecta, pero a Kid le gustaba hacerla de emoción.
Y de eso se aprovechó el peliverde.
Con su mano derecha tapó los ojos de Sanji y se situó detrás de él para con la mano izquierda bajarle el cuello de su camisa; todo eso con una velocidad impresionante, que con solo un parpadear, se perderían todos los detalles. Observó con culpa ese blanco y suave cuello. Mierda, mierda, mierda… Perdóname, Sanji, pensó mientras sus colmillos superiores crecían más del doble y en medio de las amenazas y risotadas de Kid, entre su culpa y su instinto…
Zoro lo mordió, sintiendo la sangre caliente brotar de ahí e inundándole los sentidos.
Y eso ha sido todo, bellezas mías, yeeey. Creo que es un capítulo bastante largo, la mayoría serán así, por lo que disfrutarán bastante xD. Bueno, ¿qué les pareció el capítulo? La verdad es que aún recuerdo la emoción que tenía al estar escribiendo la mordidota de Zoro con Sanji :v, es una imagen muy sexy, ¿o no?
Será mejor que no diga cuándo actualizaré, así no los ilusiono x'D. Sin embargo, trataré de no pasarme del mes, ya sé que los hago esperar mucho y antes actualizaba semana con semana ;A;
Me despido por hoy, ¡espero de verdad hayan disfrutado el capítulo! Ya saben que lo escribo con mucho amor para todos ustedes.
Los amo.
