¡Holaaaaaaa, saltamontes! OuO ¿Me extrañaron?(?)

Bueno, creo que ésta vez no tardé demasiado en actualizar, asddsdasdadsa. ¡Gracias, semana santa! Aunque igual tengo muchaaa tarea que hacer, pero puede esperar un par de días, primero tenía que cumplir mi deber de actualizar la historia, ya se lo merecían xD.

Bueno, como ven, nos quedamos en que Zoro mordía sensualmente a Sanji, ¿no? Parte del vínculo que se formará entre ellos será bastante excitante para leer, al menos yo lo sentí así, espero para ustedes sea lo mismo ewe.


/Tokyo, Japón. Domingo 27 de Octubre de 2013/

Ese líquido caliente provocó que Zoro perdiera la razón. ¿Y cómo no perderla? En sus trescientos años de vida, jamás, jamás había probado un sabor de esa magnitud; olerlo no fue nada a saborearlo. Sentía placer al estar bebiendo de esa sangre tan caliente, que tenía un sabor extremadamente dulzón y a cítricos, llenándole el cuerpo de una frescura inmensa, así como también un calor desbordante en su pecho. Su ojo se tornó más rojo de lo normal y la mordida aumentó su fuerza, succionando sin cuidado la sangre que también se escurría del cuello ajeno. Todos sus instintos gritaban por acabar con ese delicioso líquido, porque el demonio que era Zoro, estaba ganando terreno. No puedo detenerme…, no quiero detenerme…, pensó a duras penas.

Sin embargo, Sanji sentía que la vida se le iba en esa mordida y se contenía lo mejor que podía para no gemir del dolor o quejarse, porque aunque le doliera horriblemente esa incisión, lo aguantaría. Tenía una extraña sensación entre placer y dolor, incluso era capaz de sentir como la sangre salía de su cuerpo y la presión ejercida de esos colmillos profanándole la piel. Con sus manos tenía sujeta las muñecas del peliverde que lo sostenían, no podía ver nada, porque una de las manos ajena le tapaba los ojos, solo tenía los dientes apretados y los labios ligeramente entreabiertos. ¿Qué pasaría si él no se detenía? ¿Moriría por su simple ignorancia? Porque ahora estaba más que claro lo que el peliverde era, por supuesto, aunque al principio dudó de todo ese tipo de cosas, ahora uno de ellos lo tenía en su merced, bebiéndole la sangre.

Recuerda, niño: lo que no ves, no significa que no exista. Cuídate del destino, recordó la frase que aquella dama le dijo dos semanas atrás, ¿esto era algo así como un castigo?, realmente no le importaba morir si en brazos de Zoro se trataba, pero lo que no quería era simplemente dejar de verlo. Y con ese pensar, la desesperación se apoderó de su ser, porque Sanji de verdad quería seguir con él, aun sí era un monstruo, aun sí estaba intentando matarlo. Su respiración se volvió acelerada y sintió una presión en su cabeza, estaba debilitándose.

— ¡MALDITO RORONOA! —escuchó que alguien gritó con violencia dentro de su casa, ese no era el peliverde y se estremeció cuando a duras penas identificó esa voz con la misma que lo atacó en su aparente sueño. Bueno, ahora que sabía los vampiros existían para él, ya dudaba que eso que pasó hubiera sido un sueño— ¡ME HAS QUITADO A MI PRESA, MALDITO HIJO DE PUTA! ¡TE MATARÉ!

Pero Zoro ni atención les prestó, ahora estaba desconcertado, ¿qué era ese sentimiento de ansiedad y desesperación en su persona?, sí cuando de beber sangre se trata siempre los ataca un sentimiento de placer, como si de un orgasmo se tratara, ¿por qué ahora había dejado de disfrutarlo? No le llevó mucho tiempo darse cuenta que esas emociones eran ajenas a su persona.
Se dio cuenta que eso era lo que Sanji estaba sintiendo mientras lo mordía, mas no era capaz de separarse, todavía no. Maldición, maldición, ¡debo detenerme!, pensó con más coherencia, ahora que su razón regresó. Y se percató de Kid ahí, por lo que dirigió su mirada, no podría hacer mucho si no dejaba de beber la sangre del chico.

—Eustass-ya, siempre tan maleducado, ¿no te han dicho que no debes destrozar las casas ajenas? —el peliverde se sorprendió cuando escuchó la voz de Law y luego vio cómo se situaba en frente del pelirrojo.

—Tch, Killer —llamó Kid.

—No creo que debas moverte, yo también puedo matar —el peliverde apenas y notó cuando Robin apareció ahí, la cual sonreía mientras veía al chico rubio que tenía el rostro enmascarado.

—Ustedes, malditos —siseó Kid con rabia pura—. ¡Dejen de interponerse en mi camino!

Zoro ignoró la conversación o discusión que se volvió con esos vampiros, sintió como las manos del rubio que apresaban sus muñecas se debilitó y este se agitaba, sentía más pura la desesperación en él, así como… ¿la tristeza? ¿Por qué sentía todo eso? Que el supiera, nunca, entre los vampiros al estar bebiendo la sangre de alguien podían sentir las emociones ajenas y dudaba mucho que si eso pasara, se detuvieran. Pero el peliverde sí quería detenerse y aunque estuviera ordenándole a sus colmillos salirse de ese cuello, la necesidad de esa sangre no se lo permitía, porque realmente esa sangre era justo su marca de heroína. Sanji era su droga, de cierta manera.

Y si era su droga, significaba que no podía perdonarse el matarlo ni vivir sin su presencia.

—Zo… Zoro… —Sanji susurró el nombre del vampiro con un suspiró de cansancio y habían otros sentimientos ahí que el peliverde no pudo descifrar.

No puedo matarlo, no a él, no así.

—Ngh… —Sanji dejó salir un quejido involuntario cuando sintió como esos colmillos abandonaron su cuello. También sintió como una lengua caliente lamía más de una vez con más saliva de la necesaria en la zona donde antes su sangre era succionada.

—Lo siento… —susurró Zoro después de dejar una lamida más, terminando de formar ese vínculo que tanto aborreció, pero al menos con su saliva, las heridas del cuello ajeno se curarían pronto.

Robin y Law miraban expectantes tal escena, incluso Kid miraba eso, que aunque seguía con rabia, la presencia del ojigris bastó para detenerlo. Killer veía también, porque para los cuatro vampiros de alguna manera eso les impresionó, a cómo iban las cosas, no parecía que el peliverde se fuera a detener y formara su marca en el chico.

La sonrisa delicada de Robin hizo que Kid la mirara confundido y Zoro prácticamente la matara con los ojos, pero este último prefirió ignorarlos después.

El peliverde sentía como la respiración de Sanji se acompasaba y el pulso de este se normalizaba, puesto la agitación que esa mordida provocó ya estaba pasando.

—Déjalo descansar, Roronoa-ya —sugirió Law como quien no quiere la cosa, mirando inexpresivo tal escena.

—Primero se han de largar ustedes —replicó Zoro con brusquedad, abrazando más contra su cuerpo al chico.

—Podemos ayudarte a limpiar el desastre —ofreció Robin con calma y simpatía.

—O podrían largarse, en serio —Zoro miró amenazante a los cuatro vampiros ahí, porque su humor de verdad que no estaba para bromas. Acaba de condenar a algo que no quería al rubio, él no se merecía eso y solo porque todo sucedió deprisa es que no pensó en algo mejor. ¿O quizá solo era la excusa que necesitaba? Daba igual, de todos modos sería todavía más maldito por eso.

—Sí te preocupas por la reacción que tendrá él —comenzó a decir Law, cruzándose de brazos y mirando de refilón al vampiro pelirrojo—, solamente tendrá cansancio por unos dos días, luego se recuperará y seguirá como si nada.

—Yo me largo —gruñó Kid y sin más, se dio la vuelta para salir corriendo de ahí, con su amigo rubio pisándole los talones.

Law suspiró.

—Cuando él necesite verte por desear ser mordido, tú mismo lo sabrás, Zoro —habló Robin, continuando con la explicación del ojigris—. ¿Cómo lo sabrás? Fácil, tú garganta ardera como el primer día, aun sí te alimentaste ese mismo día de otra sangre —agregó antes de que el peliverde preguntara.

—No les estoy agradecido —dijo Zoro con firmeza al par de vampiros frente a él—. Hablo en serio cuando digo que se larguen de aquí —estaba furioso consigo mismo, pero también con ellos. Sabía que ese par no hacían o decían las cosas por simple coincidencia.

—Como quieras, Roronoa-ya, nos vemos —Law se despidió secamente.

—Suerte, Zoro, no te olvides de regresar a casa —Robin le dedicó una sonrisa dulce, pese a la expresión asesina del chico.

Sin decir más, ambos vampiros abandonaron el lugar en un abrir y cerrar de ojos.

La consciencia del rubio se perdió por completo y lo único que fue capaz de sentir, fueron los labios ajenos, ahora dejando un beso en su cuello.


/Martes 29 de Octubre de 2013/

Te amo, siempre lo he hecho y siempre lo haré —dijo Zoro—. Eres la única mujer que seré capaz de amar, aun si no estás, Jina.

Yo sé que te volveré a ver… —¿qué hacía Sanji así? Sentía que estaba en un cuerpo equivocado, además de que su nombre no era ese y no era una mujer. Pero no podía protestar, además, el peliverde lo veía como si estuviera a punto de llorar—No importa que pase, en qué mundo diferente estemos, te encontraré, Zoro.

Jina… —susurró y Zoro se inclinó para unir sus labios con la chica.


El fuerte timbre de un celular sonando hizo tremendo eco en la habitación silenciosa, provocando que Sanji se despertara de golpe, que incluso terminó cayéndose de su cama con las cobijas encima.

Farfullando incoherencias, buscó su celular todavía adormilado y contestó.

— ¿Diga? —murmuró, tallándose los ojos y volviendo a acostarse en la cama.

— ¡Mocoso de mierda! ¡¿Dónde demonios te has metido?! —gritoneó Zeff en la línea del celular, de tal modo que el rubio terminó despertándose por completo y se talló su oreja— ¡Llevas dos días sin venir a trabar!

Sanji abrió desmesuradamente los ojos al oír eso, ¡pero sí estaba durmiendo! ¿Tanto sueño tenía?

—Yo… yo, ah… tuve cierta complicación… —no se le venía ninguna mentira coherente en esos momentos, porque ni él mismo comprendía que estaba pasando ahora, ya que se dio cuenta que no estaba en pijama, solo con sus pantalones de vestir.

— ¡Esa no es una maldita excusa, mocoso idiota! —rugió Zeff, se notaba estaba muy furioso, aunque parte de eso se debía a que había estado preocupado, pero eso no era algo que diría abiertamente.

—Viejo, lo siento, pero…

—Cállate, mocoso, ¡si mañana no te presentas a trabajar…!

— ¡Ya! No es necesario que me amenaces, viejo, iré. No te preocupes —interrumpió Sanji, teniendo el celular algo lejos de su oído para no lastimarse con los gritos enojados de su jefe.

—Más te vale, mocoso —repuso Zeff y colgó.

Sanji suspiró profunda y pesadamente, volviendo a acostarse a la vez que su estómago rugió de hambre.

—Mierda, ¿cuánto tiempo estuve dormido?

Se sentía completamente confundido y su cabeza, así como su cuello, le dolían bastante; no entendía porque y por más que se esforzaba en pensar que había sucedido, no podía recordar nada. Tal vez bebí mucho donde quiera que estuve…, pensó acariciándose el cuello de manera pausada y repetida.

No entendía como fue capaz de dormir tanto tiempo, sí él no era una persona floja y lo peor, es que incluso no fue a trabajar cuando su sueño era bastante ligero para sentir las alarmas del reloj. Suspiró de nuevo y se embrocó en la cama, abrazándose a una almohada con fuerza. Su cuerpo se estremeció con fuerza cuando sintió el aroma de esta, porque ese perfume definitivamente no era el suyo. Olía a metal puro, a algo salvaje combinado con el mejor de los perfumes, era un olor placentero. Sanji respiró ese aroma con fuerza, sintiendo un hormigueo en su piel, ¿dónde había sentido ese perfume antes? Porque estaba seguro que ya lo había olido.

Y con el aroma de esa almohada, volvió a quedarse dormido.


Sanji se despertó a eso de las seis de la tarde, con más energías, pero todavía sentía la incertidumbre en su persona. Cuando salió para la sala, se llevó una gran sorpresa al encontrarse lasaña hecha y los platos puestos, ¿con quién cenó anoche?, es más, ¿iba a cenar con alguien? Por más que intentara pensar, no recordaba nada más que un extraño cabello verde, pero nada más.

—No lo entiendo… —murmuró con el ceño fruncido y suspiró— Tal vez me dejaron plantado y bebí tanto que no recuerdo… —intentó auto convencerse, aunque la verdad estaba lejos de hacerlo.

Decidió dejar de complicarse su día y mejor recalentó aquella comida, porque no la iba a desperdiciar, cenó y lavó los trastos. Ya no se sentía cansado y como tenía tiempo libre por no ir a trabajar, terminó haciendo limpieza de su hogar, llevándole más de dos horas; era extraño, pues cuando se dedicó a limpiar la sala, ese mismo olor extraño y delicioso que sintió en su almohada, estaba en uno de los cojines del sofá. Dejó pasar ese detalle y se concentró en terminar de asear su casa. También se dedicó a poner en lavadora su ropa y alistar su ropa para mañana.

Al final de la noche, calentó su agua y se metió a bañar un buen rato en la bañera, relajando su cuerpo. De manera inconsciente, volvió a acariciarse el cuello un par de veces, estremeciéndose.


/Domingo 3 de Noviembre de 2013/

Hacia una semana desde que Zoro mordió al rubio, por ende, este se sentía bastante culpable por eso, lo que no dejaba de molestarlo. En toda la semana que pasó se dedicó a vagar por la ciudad, sin alimentarse de nadie, porque su humor vaya que seguía afectado por lo sucedido el domingo anterior. No regresó a su casa, como le dijo Robin por el simple motivo que no quería verla a ella ni a Law ni a ningún otro maldito vampiro conocido o sentía que se les iría encima.

También estaba el hecho de que no se explicaba lo sucedido aquella noche, estuvo tan cerca de matar a Sanji… se estremecía de solo pensarlo y agradecía a su voluntad por haberse detenido a tiempo. No volvió a acercarse al rubio para hablarle ni nada, dejaría que el tiempo pasara hasta que de verdad fuera necesario verlo; no sabía realmente como era tener un vínculo con un humano, porque en sus trescientos años de vida, jamás le interesó ningún humano a tal grado como para hacerlo, todos le parecían iguales, unos más deliciosos que otros, pero seguían siendo alimento como para molestarse en tener "algo diferente" con estos. No le gustaba ni convivir con ellos y siempre los mataba rápido para evitarse de palabrería.

Aunque claro, esa frialdad con que bebía sangre se fue a la mierda cuando conoció a Sanji, ya que pese a su negación por convivir con los mundanos, se le hizo tan difícil ignorarlo a él, si hubiera sido otra persona, probablemente lo dejaría con la palabra en la boca o bien lo mataría. Pero con el rubio, su necesidad fue diferente, su actuar no fue el mismo y eso que su sangre le atrajo como un loco y aun así lo dejó con vida de tal manera que ahora compartían algo más.

—Oh, con que aquí estas, Roronoa-ya.

Zoro siguió dándole la espalda al ojigris cuando le habló y eso que escuchó minutos atrás que se acercaba, pero no le apetecía verlo todavía.

—Sí y te sugiero que me dejes tranquilo.

Law suspiró y se situó al lado del peliverde.

—A veces te comportas como un hombre lobo, tan descortés, temperamental y agresivo…

—No me compares con esas bestias peludas, ¿quieres, Law? Te lo digo como amigo, déjame tranquilo —zanjó Zoro, sin verle, porque tenía la mirada hacía el frente y abajo.

—Nico-ya estaba preocupada porque no llegas, eso es todo y como Eustass-ya hace lo que quiere al igual que Nami-ya…

—Sí, sí, y cómo tu solo estás pegado a ella, no me sorprende que Kid se largue —repuso Zoro con desdén.

El vampiro ojigris siseó amenazante por ese comentario y siguió la trayectoria de la mirada del otro, encontrándose con algo que le hizo sonreír burlón.

—Roronoa-ya, ¿sí sabes que ahora que tienes ese vínculo, nadie se le acercará? Está marcado como tuyo —recordó Law, viendo como ese mismo rubio estaba sentado en una banca del parque que estaba debajo de ese gran edificio donde estaban parados.

—No quiero arriesgarme, además él siempre ha estado yendo al parque desde la semana pasada —respondió Zoro con la voz apagada.

— ¿Y eso qué tiene que ver? —Law parecía desinteresado.

—Él me dijo que siempre me esperaba ahí, para vernos —explicó Zoro con cierta nostalgia.

Law enarcó una ceja, pero no se atrevió a decir nada al ver la expresión del otro.

—Como yo veo esto, es que él no tiene ni idea de porque estar ahí sentado, se nota confusión en su expresión —con una mano, palmeó la espalda del peliverde una vez—. Además, olvidé mencionarte que él olvidaría sus recuerdos de ti —dio tres pasos discretos hacía el lado opuesto.

— ¿Qué estás diciendo, Law? —la voz y mirada de Zoro hervía en rabia, girando su rostro para encarar al otro vampiro— ¡¿Cómo olvidaste decirme eso, maldita sea?!

—Tranquilo, Roronoa-ya, no es la gran cosa —Law frunció un poco los labios para evitar sonreír—. Digamos que es un efecto secundario, porque cuando él necesite de tus mordidas, te recordará poco a poco y de manera dolorosa.

—Law, en serio, me pregunto porque carajo no te he matado —repuso Zoro, tensando la mandíbula.

—Porque no podrías, por eso —Law le sonrió altanero y recibió como respuesta un gruñido—. Pero, recuerda, no hace falta que pastorees al rubio, solo llegará a ti y no le pasará nada —añadió burlón y dejando de provocar al peliverde, saltó por la parte de atrás del gran edificio.

—Maldito idiota —resopló Zoro, pero después suspiró, regresando su mirada al rubio que ahora se había incorporado de la banca del parque, dispuesto a irse—. Parece que hice bien en no aparecer frente a ti todavía —murmuró y aprovechándose de la oscuridad de la noche, saltó hacía el edificio vecino, comenzando a correr para vigilar de lejos al ojiazul.


/Martes 5 de Noviembre de 2013/

De acuerdo, si antes Sanji estaba confundido, ahora lo estaba más.

Seguía con su ritmo de vida normal; trabajaba en el restaurante, se veía con algunos amigos, coqueteaba con señoritas, entre otras cosas. Pero algo no estaba bien, sentía que algo no encajaba en su vida diaria, que algo le estaba haciendo falta, mas no tenía idea que carajo era eso que lo completaba. Y por si fuera poco, desde el miércoles pasado que regresó a trabajar, todas las noches tenía la necesidad de ir a ese parque lleno de árboles de sakura, se sentaba ahí a fumar, como si esperara a alguien, aunque no era el caso, porque sí bien es lo que ha hecho siempre, la diferencia era que todos los días iba y si no lo hacía, se sentía extraño, mal.

Más de una persona le miraba con desconfianza, porque pese a las advertencias de no salir de noche, Sanji ahí estaba hasta la una de la madrugada, que era hasta cuando sentía debía irse. En cada noche que iba sin saber que buscaba, se sentía observado, pero lejos de sentir miedo o molestia, se sentía complacido y sorprendentemente seguro, mismas sensaciones fueron las que lo hacían sentir más incertidumbre.

Dio dos caladas a su cigarro y expulsó el humo al viento, incorporándose de donde estaba sentado.

—Es hora de irme —se dijo así mismo, pero antes de irse, lanzó una mirada hacía un edificio de cinco pisos.

Se detuvo en seco, ¿acaso había visto una sombra ahí arriba? Negó, seguramente era el frío, frunció los labios y empezó a caminar, acariciándose de manera inconsciente la garganta.


/Jueves 7 de Noviembre de 2013/

En su trabajo se había sentido un poco mareado y Zeff se dio cuenta, por lo que le obligó a irse a descansar antes de tiempo. Así que ahora Sanji estaba metido en la bañera, con el agua tibia hasta el cuello; su cabello estaba mojado y recogido hacía atrás, de tal manera que dejaba su frente descubierta, dejando ver sus curiosas cejas (la derecha con final de espiral y la izquierda con su inicio en espiral también), pero no por eso dejaba de ser un muchacho guapo. Se abrazó las piernas y cerró los ojos un momento, descansando su mente, porque últimamente se sentía estresado por ese desconcierto que lo acompañaba desde hace más de una semana.

"Por favor, Sanji, cierra los ojos."

El aludido chico se sobresaltó en la bañera y abrió los ojos desmesuradamente al oír aquella voz aterciopelada en su cabeza, ¿de quién era esa voz? Nunca en su vida la había escuchado, sin embargo, sentía que la conocía y eso le aterraba de cierta manera. Suspiró con pesadez y se golpeó ambas mejillas, ¿qué me está pasando?, pensó Sanji, sintiendo un hormigueo en la piel de su cuello, precisamente del lado derecho; inclinó su cabeza y se acarició la zona con lentitud, estremeciéndose y con su pulso acelerado.


/Domingo 10 de Noviembre de 2013/

Eran las tres de la mañana y Sanji no podía dormir, tenía tremendos escalofríos en todo su cuerpo, así como un dolor intenso de cabeza, se sentía ansioso, con la respiración agitada, ¿tal vez alguna crisis emocional?, no lo sabía, pero quería que esa fatiga terminara cuanto antes, ¿qué podía hacer?
Pese al dolor de su cabeza, en su mente comenzaron a reproducirse imágenes, así como conversaciones que no recordaba en lo más mínimo.

"¡Maldita sea! Ya, te van matar y yo no puedo permitir que eso pase, ¿contento?"

"Por favor, Sanji, confía en mí, cierra tus ojos."

De nuevo esa misma voz le hablaba en sus pensamientos, causándole un terrible dolor en el cuello, un escozor que no podía definir, que le ardía la piel tan fuerte que deseaba incluso arrancársela.

— ¿Qué demonios… me esta… pasando? —jadeó con brusquedad, sentándose al borde de la cama.

Las arcadas llegaron a Sanji, pero lo único que sacó fue aire y su respiración se agitó más.

—Necesito salir de aquí… —dijo sin pensar y con la pijama puesta (bermudas de algodón color rojo y una playera de manga larga blanca con cuello en uve) se puso su par da sandalias negras de cuero y una chaqueta morada, ni siquiera agarró su celular ni nada más, solamente cerró su casa sin llave y salió corriendo a la calle, sin importar que eran más de las tres de la madruga, además de que había un frío que calaba los huesos.

Pero hasta eso, Sanji se sentía febril y la picazón en su cuello seguía creciendo de manera alarmante, terminando por convertirse en dolor; ni siquiera era consciente de donde caminaba, simplemente sus pasos lo llevaron de nuevo a aquel parque.

Y entonces, ese llamativo cabello verde captó su atención.

Zoro estaba ahí, de pie en medio del parque con el viento levantando las flores de sakura tiradas en el piso. El ardor de su garganta era tan insoportable, que incluso terminó matando a dos personas en su trayecto, la diferencia era que cuando la sangre brotó de esos cuerpos, él no sintió deseos de beberla, no de esa sangre, porque no era lo que buscaba.

Se sentía completamente dominado por sus bajos instintos de vampiro y solo se dejó guiar hasta aquel parque, de donde el olor dulzón y frutal se hizo más fuerte, eso causó que su ojo se tornara rojo carmesí. Su desesperación se calmó cuando vio al rubio y si hubiera estado en un estado "sano", se hubiera burlado de como venía vestido, pero en estos momentos, ninguno de los dos estaba de "ese" humor.

—Zoro… —jadeó Sanji con dificultad, el dolor de su garganta le impedía hablar bien.

Veía al peliverde con los ojos abiertos como platos y es que mientras le habló, todos los recuerdos de las últimas semanas le llegaron a la mente de golpe.

— ¿Qué es lo que…? —pero Sanji no tuvo tiempo de finalizar la pregunta, los brazos del vampiro lo abrazaron con fuerza, rozándole su cuello con esa fría nariz.

—Vámonos de aquí… —siseó Zoro como completa orden y lo que obtuvo como respuesta fue que el rubio se abrazara a su cuello sin objeción. Hizo que el muchacho se subiera a su espalda y le sujetó bien de las piernas— Sujétate bien.

Sanji enrolló sus brazos en el cuello ajeno y cerró los ojos por pura inercia cuando el peliverde comenzó a correr a una velocidad inhumana, de tal manera que el viento golpeaba su rostro con fuerza, asfixiándolo un poco. Ahora que estaba cerca del peliverde, el dolor de su cuello disminuyó bastante, dejándole solo el molesto hormigueo. También aprovechó a inclinarse para respirar ese atrayente aroma que provenía de la piel ajena, dándose cuenta que era el mismo olor impregnado en su almohada y sala. Solo recordó aquella noche, donde él lo mordió. Sin embargo, cuando recordó nuevamente como Zoro incrustó los colmillos en su piel, nuevamente ese hormigueo se intensificó, regresando la dolorosa picazón en su cuello, haciéndolo jadear violentamente. Su cuerpo le estaba avisando exactamente qué era lo que quería, lo que necesitaba, y darse cuenta solo empeoró la molestia, así como el dolor.

Ejerció más fuerza en su agarre con el peliverde y aunque a este no le dolió, se detuvo. Fue entonces cuando Sanji se percató que ya no estaban en la ciudad, sino los árboles los rodeaban de manera temerosa con la dominante oscuridad alrededor.

—Necesito…, Ma-marimo… —masculló casi sin voz, sin importarle el lugar donde estaban ahora. No es que se estuviera quejando del dolor que tenía, porque podía aguantarlo, pero más que dolor… había algo más que no sabía explicar, como si eso fuera una vil necesidad fisiológica o incluso algo más intenso. ¿Tanto deseaba ser mordido?, ¿o era el hecho de que sería mordido precisamente por el peliverde?

—Tranquilo, pronto estaremos en un lugar seguro —repuso Zoro, girando el rostro para verlo y luego miró hacia el frente; no solo por el rubio se detuvo, sino que de cierta manera se sentía desubicado. Trató de concentrarse mejor para sentir el olor del ojigris o alguno de sus compañeros de vivienda, pero le estaba costando mucho no solo por el ardor de su garganta, sino por el fuerte olor silvestre de la naturaleza y era por ese mismo motivo que la mayoría de ellos vivían en esa zona.

—No, idiota, estoy cansado de esperarte… —insistió Sanji con rebeldía.

—Tch, aún no, Cejas de remolino, espera… —Zoro resopló, intentando concentrarse.

—Marimo de mierda, ¡lo necesito ya! —pese a que era una orden, la voz de Sanji no sonó tan alterada como usualmente hubiera salido.

—Si lo hago aquí, será peligroso, porque tu sangre es bastante fuerte —explicó Zoro con dureza, intentando controlarse también, ya que el hecho de que el rubio se lo pidiera, solo aumentaba su deseo de probar otra vez esa sangre exquisita.

— ¡No me interesa, maldición! Tú podrás matarlos… solo quiero que… lo hagas ya, ¡Marimo idiota! —exclamó Sanji, apretando los dientes y mirándolo con intensidad.

—Mierda contigo, Cocinero, ¡que esperes, te digo joder!

Zoro reacomodó al ojiazul con destreza ahora entre sus brazos, cargándolo como un bebé.

— ¡¿Qué haces?! ¡No me cargues así, maldita sea! —Sanji estaba frustrado, él solo quería sentir esos colmillos otra vez dentro de su piel, porque su instinto le gritaba que eso era lo que le calmaría, aun cuando parecía una completa locura.

—Cállate, Cejillas de mierda, y espera —repitió Zoro y entonces, jaló al rubio del cuello de la playera blanca.

Y lo besó.

No fue un beso casto ni cariñoso, no claro que no. Ese beso era completamente autoritario y demandante, uno que inundó de calor a ambos.

Ese beso fue capaz de calmar parte de la necesidad que los dos tenían.


Asdkdskaljkdlasas, quizá no fue lo que Sanji estaba buscando, pero estoy segura que fue lo mejor que Zoro pudo hacer en un momento cómo éste 1313. (?)

Bien, ¿qué les parece lo que causa el "vínculo"? Como mencioné al inicio, para mí resulta algo tan excitantemente masoquista, joder, me encanta imaginarme la suplica de Sanji por ser mordido por Zoro xD. Y todavía falta mucho más.

Ah, los vampiros son mi debilidad. (?)

Quizá éste capítulo no fue muy revelador y un avance grande en la historia, pero espero lo hayan disfrutado :3

¡Nos vemos pronto, besos!