Disclamer: Es una adaptación, ni los personajes ni la trama son míos. Son de dos autoras geniales, Meyer y Milburne.
.
.
Edward la estaba esperando cuando, al rato, Bella bajó.
—Bella, me parece que deberíamos aclarar al gunas cosas antes de reunimos con los chicos esta noche.
Bella apretó los labios y ocultó sus verdaderos sentimientos respecto a lo que había ocurrido recu rriendo al sarcasmo.
—Olvida lo que ha pasado, Edward —dijo ella—. Ha sido simplemente un caso de eyaculación pre coz, nada más. Quizá debieras solucionar ese pe queño problema con tu amante. Lo cierto es que no tiene nada que ver conmigo.
—¡Maldita sea, claro que tiene que ver contigo! De repente, estás sollozando en mis brazos como una niña pequeña y, al momento, prácticamente me estás rogando que te haga el amor. No sé quién eres realmente.
Los ojos de ella brillaron.
—Tú también te comportas de forma contradicto ria, Edward—. Yo creía que no íbamos a tocamos, pero mira lo que has hecho.
—Hemos sido los dos, no te hagas la inocente.
Bella arqueó las cejas.
—No del todo, Edward. Por lo que he podido ver, has perdido ciertas habilidades.
Edward apretó los dientes y agarró las llaves que estaban en la consola del vestíbulo.
—Eres una cualquiera. Estoy deseando que acabe esta farsa. De no ser por los chicos, no tendría nada que ver contigo.
—Lo mismo digo, cielo —respondió ella vulgar mente.
Edward la condujo hasta el coche con el rostro ensombrecido de furia. Por fin, a medio camino del colegio de los chicos, él rompió el silencio:
—Espero no tener que recordarte lo importante que es que disimulemos delante de los chicos. Anthony y Emmet son inteligentes y se van a dar cuenta ense guida si nos ven raros.
—No es necesario que me lo recuerdes. Y será me jor que dejes de mirarme como si quisieras asesi narme con la mirada.
Llegaron al internado e, inmediatamente, Bella vio a su hermano bajando los peldaños de la escalinata de la entrada acompañado del tutor, el señor Volturi. Anthony, el sobrino de Edward, bajaba detrás de ellos.
Edward le lanzó una mirada de advertencia antes de salir del coche y estrechó la mano del señor Volturi antes de saludar a los chicos.
Bella abrazó a su hermano y luego se volvió al sobrino de Edward, a quien le ofreció la mano.
—Hola, Anthony. ¿Cómo estás?
—Bien —respondió el chico apenas rozándole la mano antes de meterse la suya en el bolsillo de la chaqueta.
—Que se diviertan —dijo Aro Volturi mirando a Bella y a Edward, antes de dirigirse a los chicos—. Recordad lo que hemos hablado hace un rato. Si no se soluciona este problema, el Director os va a expulsar a los dos.
—¡Eso no es justo! —protestó Emmet mirando a Anthony —. Ha sido él quien ha empezado.
Anthony esbozó una sonrisa insolente.
—Empezaste tú al defender el comportamiento de una…
Edward le interrumpió con unas palabras en ita liano antes de volverse al tutor.
—Mi esposa y yo solucionaremos esto, señor Volturi —dijo Edward—. Traeremos a los chicos de vuelta a las diez de la noche.
Bella enrojeció de vergüenza bajo la desprecia tiva mirada de Anthony. Se le revolvió el estómago cuando entraron todos en el coche. No sabía cómo iba a poder aguantar aquella noche.
—De todas formas, estoy seguro de que todo esto es mentira —dijo Anthony desde el asiento trasero del coche una vez que hubieron emprendido el camino al restaurante.
—¿Qué quieres decir, Anthony? —le preguntó Edward lanzándole una mirada interrogante por el espejo retrovisor.
—Que no estáis juntos otra vez —contestó el chico.
—Eso no es verdad —dijo Edward, agarrando una mano de Bella y llevándosela al muslo—. Claro que estamos juntos otra vez, ¿no, Bella?
Bella se pasó la lengua por los labios.
—Sí, claro que sí.
—Dijiste que jamás volverías con ella —declaró Anthony con desdén—. Después de lo que ha hecho, yo tampoco lo haría. Es una sucia…
—Cállate, imbécil —le interrumpió Emmet.
Bella estaba a punto de echarse a llorar.
—Por favor, chicos… Por favor…
Edward la miró y, tras lanzar un juramento, llevó el coche a la cuneta de la carretera, lo paró y abrazó a Bella.
—No te preocupes, tesoro —dijo él besándole la frente—. No hagas caso a lo que diga mi sobrino. Anthony no se da cuenta de lo mucho que nos quere mos.
Ella le lanzó una temblorosa sonrisa y aceptó el pañuelo que Edward le ofrecía mientras deseaba con todo el corazón que aquellas palabras fueran since ras.
—Lo siento…
—No, no eres tú quien tiene que disculparse —dijo Edward antes de volverse a su sobrino—. Anthony, pide disculpas a tu tía por haberla insultado.
—Ella no es mi tía —respondió Anthony con desdén.
—Está casada conmigo y, por tanto, es tu tía —dijo Edward.
—Ya. Dime, ¿cuánto va a durar vuestro matrimo nio? — Anthony sonrió burlonamente—. Apenas lleva bais un año de casados cuando esa…
Edward le interrumpió con una andanada de pa labras en italiano que dejó a Anthony con la boca ce rrada. Sin embargo, la mirada que el chico lanzó a Bella estaba cargada de desprecio.
El restaurante estaba cerca, por lo que la tensión del coche se alivió ligeramente con el cambio de es cenario.
Emmet se acercó a Bella mientras se dirigían a su mesa.
—¿Estás bien?
Ella le sonrió.
—Sí, estoy bien, Emmet. Lo que pasa es que todo ha sido emocionalmente agotador. Ya sabes, me re fiero a lo de volver juntos. Creía que sería imposi ble.
—Sí, yo también —dijo Emmet—. Pero, gracias a Dios, ya ha pasado. Estaba muy preocupado por ti. Todos lo estábamos.
Todos menos Edward, pensó Bella.
—Cariño, siéntate a mi lado —dijo Edward tomándola de la mano y conduciéndola a la silla contigua a la suya.
Bella se sentó y ocultó el rostro detrás de la carta para protegerse de la mirada del sobrino de Edward, sentado frente a ella.
La cena fue un suplicio. Los chicos no dejaban de discutir.
—Estás comiendo muy poco, cariño —le dijo Edward—. ¿O es que te apetece algo que no es la co mida?
Edward la miró con expresión insinuante.
Anthony alzó los ojos al cielo.
—Me estáis revolviendo el cuerpo —dijo el chico.
Edward miró a su sobrino fijamente.
— Anthony, tienes dieciocho años, los suficientes para comprender cómo son las relaciones entre un hombre y una mujer. Bella y yo hemos estado separados durante dos meses, es de esperar que quera mos estar juntos el mayor tiempo posible.
—En ese caso, no perdáis el tiempo con nosotros —dijo Emmet en tono cordial—. A pesar de lo que otros puedan pensar, a mí me parece genial que os hayáis reconciliado. Bella estaba muy triste, ¿ver dad, Bella?
—Sí… es verdad —respondió ella.
—Lo tiene bien merecido —dijo Anthony con otra mirada de desdén.
Bella, harta, clavó los ojos en el sobrino de Edward.
—Espero que nunca cometas errores en la vida de los que puedas arrepentirte, Anthony; sin embargo, lo más probable es que no sea así. Cometí una equivo cación y la he pagado muy cara. Sé que a ti te re sulta difícil comprenderlo y, al mismo tiempo, ad miro la lealtad que muestras con tu tío. En cualquier caso, quiero que sepas que amo a tu tío y que jamás he dejado de amarle.
—Me parece que, acostándote con otro, es una forma muy extraña de demostrarlo —replicó Anthony.
Edward fue a contestar, pero Bella le puso una mano en el brazo, impidiéndoselo.
—No, querido, deja que conteste yo. Yo soy la res ponsable de lo que ha pasado.
—No quiero que te disgustes —dijo Edward—. Has estado enferma y lo has pasado muy mal.
Pero Bella volvió a fijar los ojos en Anthony, aún con la mano en el brazo de Edward.
— Anthony, no espero que me perdones por lo que hice, lo único que te pido es que dejes a Emmet en paz. La culpa de lo que ha pasado la tengo yo, no él.
—Él cree que eres inocente —dijo Anthony con una mirada desdeñosa a Emmet.
—Es inocente —declaró Emmet—. Si mi hermana dice que no recuerda lo que pasó, es porque no pasó nada. Es su palabra contra la de Jacob Black, él podría estar mintiendo.
—No, no soy inocente —intervino Bella con un suspiro—. Fui impulsiva e hice daño a mucha gente.
Edward le estrechó la mano.
—Estás perdonada, cielo, te lo he dicho un mon tón de veces. Vamos, dejemos el pasado atrás y mi remos al futuro.
Anthony volvió a alzar los ojos al cielo.
—Sigo pensando que todo esto es una farsa y que, con ella, lo único que queréis es que terminemos el curso sin que nos expulsen. Apuesto a que dentro de seis semanas estaréis sin hablaros otra vez.
—Dentro de seis semanas, Bella y yo nos iremos de viaje para celebrar nuestra segunda luna de miel —dijo Edward.
Bella, conteniendo su sorpresa, sonrió.
—Eso es. Nos marcharemos después de inaugurar mi exposición.
—¿Adonde vais a ir? —preguntó Anthony.
—Mmmm…
—A París —contestó Edward—. Es la ciudad prefe rida de Bella, ¿verdad, cariño?
—Sí. Lo pasamos muy bien cuando fuimos allí.
Anthony, diplomáticamente, se miró el reloj y se acla ró la garganta.
—Bueno, lo siento, pero tenemos que volver al co legio. Aún tengo que hacer unos ejercicios para ma ñana.
Bella suspiró para sí y Edward pidió la cuenta. No obstante, para ellos dos, la noche aún no había acabado.
.
.
.
Aquí estoy de nuevo con otro capítulo, espero q les agrade. Les recuerdo q este fic es una adaptación yo juego con los personajes, sería un sueño hecho realidad. Jeje.
Quiero agradecer desde el fondo de mi corazón a HLNJRQR, Mirgru, Heart on Winter, Betania, Melania, Lizzy90, Aliena Cullen, LoreMolina, TprEtincelle, JaliceJalice, Paolastef, , Seiya-Moon, y a todas las demás chicas bellas q me leen, tanto q dejan sus reviews o sean anominas.
También a Vamka 15, me compatriota un abrazo desde Cartago.
En fin LASSSSS AMOOOOOOOO.
