Disclamer: Es una adaptación, ni los personajes ni la trama son míos. Son de dos autoras geniales, Meyer y Milburne.

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—¿Cómo crees que ha ido? —le preguntó Edward durante el trayecto de regreso a la casa después de haber dejado a los chicos en el internado.

—Creo que Emmet se lo ha creído porque quiere creerlo. Pero tu sobrino es otra cosa.

—Sí, estoy de acuerdo —Edward frunció el ceño—. No estoy seguro de que le hayamos convencido.

—Cierto, aunque lo de la segunda luna de miel en París ha sido una idea genial —dijo ella con cierto sarcasmo—. Espero que no hablaras en serio.

Se hizo un profundo silencio y, por fin, Bella volvió la cabeza para mirarle.

—Porque no lo has dicho en serio, ¿verdad?

Edward la miró fugazmente.

—He estado pensando en la duración de nuestra reconciliación.

A Bella le dio un vuelco el corazón.

—No estarás pensando en prolongarla, ¿verdad?

—No, pero me preocupa lo que pueda pasar des pués de los exámenes.

Bella se humedeció los labios.

—¿Qué quieres decir?

—Va a haber una cena de graduación y otro tipo de fiestas, y no quiero estropeárselo a los chicos…

—En ese caso, ¿qué sugieres que hagamos?

—Sugiero que seamos algo flexibles respecto al tiempo que va a durar la reconciliación —respondió Edward—. No estaría mal posponer lo del divorcio una o dos semanas más.

—¿Que no estaría mal? ¡Claro que estaría mal!

—Como de costumbre, estás exagerando, Bella.

—Puede que a ti te dé igual, pero a mí me ha cos tado mucho mentirles a los chicos. También me cuesta hacerlo con Jane. No puedo evitar pensar que sospecha algo. Y no puedo imaginar como prologar esta farsa más allá de las seis semanas que acorda mos.

—Si yo digo que se prolongue, tendrás que acep tarlo —declaró Edward con autoridad.

Bella se puso tensa.

—¿Me estás amenazando?

—Sólo estoy diciendo que vamos a seguir las re glas que yo imponga, nada más.

—Al demonio con tus estúpidas reglas. No voy a permitir que me des órdenes.

—Tendrás que hacerlo, Bella. De lo contrario, te vas a encontrar en muy mala situación.

—Ni siquiera voy a rebajarme a preguntarte qué quieres decir con eso —dijo ella—. No me importa en absoluto.

—Eso es porque estás empeñada en comportarte como una niña mimada en vez de como una persona adulta —dijo Edward—. Cuando me casé contigo, no tenía idea de lo infantil que eras.

Bella sabía que a Edward no le faltaba razón en eso.

El coche se detuvo a las puertas de la mansión de Edward. Él apagó el motor y se giró en su asiento para mirarla a los ojos.

—Creo que deberías saber que tus padres vinieron a verme hace unos meses cuando todavía estábamos juntos. Tenían problemas económicos.

A Bella le recorrió un escalofrío por todo el cuer po.

—¿Y? ¿Qué tiene eso que ver conmigo?

—Todo. Desde entonces, soy yo quien está pa gando el colegio de tu hermano.

Bella tragó saliva.

—¿Vas a chantajearme con decírselo todo a Emmet si no te obedezco? ¿Caerías tan bajo?

Edward le dedicó una fría sonrisa.

—No sólo he estado pagando el caro colegio de tu hermano, sino también el préstamo que pidió tu pa dre para pagarte la universidad.

—¡No! ¡No es posible! —jadeó ella.

Edward le lanzó una de sus inescrutables miradas.

—Sí, así es. ¿No te parece que estás en deuda con migo?

—Esto es un chantaje.

—Llámalo como quieras —dijo él.

—No puedo creer que estés dispuesto a utilizar a Emmet para obligarme a seguirte el juego.

—También me he ofrecido a pagar la universidad de Emmet y todos los gastos que conlleven sus estu dios —añadió Edward—. Tus padres, por supuesto, es tán muy agradecidos.

—Eres un desgraciado —le espetó ella—. ¿Qué más has hecho por mi familia?

—Siempre has estado en contra de tus padres; pero, durante los dos últimos meses, me he dado cuenta de que es más problema tuyo que de ellos. Tus padres han tratado de portarse bien contigo en todo momento, pero tú, sistemáticamente, les has re chazado siempre.

A Bella aquellas palabras le produjeron un gran dolor. Le repugnaba que Edward se hubiera aliado con sus padres en contra de ella.

—Si yo digo que nuestra reconciliación va a durar equis tiempo para hacer que las últimas semanas de estancia de los chicos en el colegio sean lo más agradables posible, así va a ser —declaró Edward—. No tienes elección.

Bella le lanzó una mirada venenosa.

—¿Le has dicho ya a tu amante que vas a tardar ocho semanas en acostarte con ella o… piensas acos tarte con ella y conmigo al mismo tiempo?

Edward la miró con expresión desafiante.

—Lo que ha ocurrido esta tarde ha sido una abe rración —dijo él—. No volverá a ocurrir.

—Me has tratado como a una ramera.

—Si te comportas como tal, ¿qué otra cosa puedes esperar?

Bella salió del coche y marchó furiosa hacia la casa.

—No voy a seguir aguantando esto —dijo ella—. ¿Y qué si me he acostado con otro? Eso no me con vierte en una cualquiera.

Una vez dentro de la casa, después de que Edward cerrara la puerta, Bella no pudo contener por más tiempo el llanto.

—Toma, es mejor que te seques las lágrimas con esto a que lo hagas con la manga —le dijo él ofre ciéndole un pañuelo.

Bella se secó las lágrimas y dijo:

—Últimamente no hago más que llorar.

—Te pasa un poco lo que a mí —concedió Edward—. Estamos algo confusos por habernos visto for zados a enfrentarnos al pasado. No es una situación normal, ¿verdad?

—No, no es normal —respondió ella lanzando un suspiro.

Edward se pasó una mano por los cabellos.

—El comportamiento de Anthony contigo esta noche ha sido vergonzoso, lo reconozco. Sé que, hoy en día, hay muchos jóvenes que se comportan de una manera y esperan que sus novias se comporten de otra, pero no sabía que Anthony fuera tan injusto.

—Tiene un buen maestro —respondió ella, sin po der evitarlo—. Tú te has acostado con un montón de mujeres, aunque sólo haya sido una noche; pero yo lo he hecho una vez, y con un amigo, y mira lo que ha pasado.

—¿Crees que tiene más disculpa que lo hayas he cho con un amigo? —preguntó Edward arqueando las cejas con gesto enfurecido de repente.

—¿Y qué si lo hice? Fue una equivocación. Su pongo que no duraría más de tres o cuatro minutos.

—Ah, ya veo que empiezas a recordar aquella no che —dijo él con sonrisa desdeñosa.

—No, no es eso. Lo que ocurre es que me parece injusto que me juzgues a mí y te niegues a juzgarte a ti mismo.

—Yo no te engañé —le recordó él fríamente.

La frustración y el sentimiento de culpabilidad la hicieron alzar la voz:

—¡No lo hice a propósito!

—Sí, claro que lo hiciste a propósito —dijo él con desprecio en los ojos—. No podrías haber elegido una forma mejor de destrozar el amor y el respeto que te tenía que acostándote con otro mientras esta bas casada conmigo.

Bella parpadeó para contener unas amargas lágri mas.

—Y tú jamás serás capaz de perdonarme el desliz, ¿verdad?

Edward la miró de arriba abajo con crueldad.

—Volverás a caer, no me cabe duda. Lo hiciste esta misma tarde, cuando me rogaste que te diera la satisfacción sexual que necesitabas.

—Cosa que no lograste hacer —le recordó Bella con ira.

—Eso tiene fácil remedio —dijo Edward, cubrién dole la boca con la suya.

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Chachachachannnnn que les pareció el capi, parece q nuestro despiadado pero hermoso Edward ya esta mostrando su corazoncito de nuevo no…. Jejeje espero que les haya gustado el capi. Como siempre agradezco a quienes me leen, si me quieren dejar un rr gracias, sino tranquilas solo hago esto por el gusto y placer q me da.

Las quiero, y espero volver a actualizar el próximo fin. Besos.