¡HOLIIIII! Damn, sé que me he tardado en actualizar por aquí, pero aún estaba en clases y de verdad el tiempo no me permitía estar en más de una historia ;u; De todos modos, cómo ya acabé el ciclo escolar, ya tengo vacaciones, así que es seguro me verán más seguido por aquí, asdsadasdasdf.
Well, de verdad me hace muy feliz ver cómo les emociona el hecho de que Zoro y Sanji se hayan besado y vayan a tener eso del "muérdeme, pls"(?).
Nuevamente, éste capítulo es bastante largo, como los anteriores y como los futuros, ¡espero lo disfruten!
/Domingo 10 de Noviembre de 2013/
Sanji se encontraba encantado con ese ósculo que obviamente correspondía con intensidad y fiereza, en su vida había imaginado que besar a otro chico le hiciera sentir así o quizá solo se debía a que era el peliverde y no alguien más. Esos labios ajenos eran tan fríos y duros como el granito, sin embargo le trasmitían una calidez tremenda que no solo aminoró esa dolorosa comezón en su cuello, sino que le aceleró el pulso de tal manera que hacía eco en el silencio de la noche, avergonzándolo ligeramente, porque Zoro no se oía tan "emocionado", aunque con la manera en que lo estaba besando era fácil darse cuenta que sí lo estaba, solo que no lo demostraba quien sabe porque.
Fue el rubio quien se tuvo que separar a regañadientes de los labios ajenos, porque la respiración comenzaba a faltarle y él sí necesitaba el oxígeno al ser un humano.
—Espero que ahora puedas esperar más, Cocinerucho —susurró Zoro con un ligero jadeo y es que aunque su corazón estuviera "muerto", besar al rubio sí que lo había alebrestado bastante; sentía como su sangre fría corría más deprisa por su cuerpo, quemándolo de manera placentera.
Sanji frunció el ceño y lo miró molesto.
—Me siento más cómodo en tu espalda, Marimo, déjame subirme otra vez —repuso, sujetándole el rostro con una mano para verlo, tragándose la vergüenza aunque su cara estaba colorada.
Que el rubio lo viera con esa determinación y seguridad, sin importarle que su rubor lo delatara, causó que fuera Zoro el avergonzado, por lo que desvió la vista y chasqueó la lengua.
—No, además ya casi llegamos —ladeó el rostro para liberarse del agarre del otro.
—Yo no soy una mujer para que me lleves así, Marimo idiota, ¡no necesitas tratarme con delicadeza! —gruñó Sanji, tensando su mandíbula y removiéndose con fuerza para intentar bajarse.
Pero el vampiro lo sujetó con más fuerza y volvió a verlo.
—He dicho que te quedes quieto, ya casi llegamos —Zoro empleó un tono bastante serio que el rubio dejó de moverse. Entonces, recordó lo que su amigo ojigris le dijo, referente de cómo se doblegaba la voluntad ajena. Mierda, pensó y suspiró—. Lo siento… —hizo una mueca y sin más, continuó corriendo en el bosque.
Lo único que Sanji hizo fue verlo, porque cuando el peliverde le habló así, el dolor de su cuello aumentó de tal manera, que no encontró su voz, ¿por qué Zoro se disculpó? No entendía eso del todo, pero simplemente las ganas de quejarse desaparecieron y se dedicó a mirar la expresión ajena durante unos minutos más. No es que el peliverde no siguiera corriendo tan rápido, el problema era que no sabía ubicarse y después de más de media hora, el rubio sintió como sus pies tocaron el suelo.
—Hemos llegado —anunció Zoro.
La visión de Sanji era borrosa, no solo por la debilidad corporal que comenzó a sentir, sino por la noche tan oscura, ya que estaba nublado. Pero si pudo distinguir que estaban frente a una cueva de aspecto mediano y completamente oscuro.
— ¿Qué es este lugar?
—Mi hogar —Zoro se giró para tenderle la mano al rubio—. Ven conmigo.
— ¿Esta madriguera es tu hogar? Que mal gusto tienes, Marimo —inquirió Sanji con cierta arrogancia, pero sentía su cuerpo más débil, así que sin chistar nada más, caminó los pasos necesarios para sujetar la mano ajena.
—No te despegues de mí y no tengas miedo de lo que sea que veas ahí —una vez sujetó la mano del rubio, Zoro lo jaló hacía sí para sujetarlo del torso.
Sanji no dijo nada y se dejó abrazar, apoyando parte de su peso en el ajeno, viendo como ambos se adentraron a esa oscuridad, se preguntó sí el peliverde podía ver en esta, aunque era lo más seguro porque ninguno se había tropezado y sabía bien a donde caminar. No sentía miedo y eso que serían las cuatro de la madrugada, tal vez tenía que ver en parte de que iba acompañado de él, pero esperaba no hubiera ningún insecto ahí.
—Bien, Cejas de sushi, sujétate a mí —dijo Zoro, poniéndose detrás del rubio para enrollar sus brazos en la cintura ajena, abrazándolo con fuerza.
De lo único que Sanji fue capaz, fue de sujetarse de las muñecas del vampiro, pues este saltó tan rápido a un lugar que no podía ver.
— ¡¿QUÉ MIERDA ESTÁS HACIENDO, MARIMO?! —no habló tan fuerte, pero de donde caían era un agujero y este hizo más fuerte su voz.
—Sí, llama toda la atención en ti —replicó Zoro con sarcasmo y negó—. Cálmate, no te pasara nada.
— ¡Estamos cayendo, joder! —por más que Sanji trataba de divisar algo, la oscuridad era tal que seguía impidiéndoselo, frustrándolo más. Sentía el viento alborotar sus cabellos y ahora se arrepentía de no haberse cambiado la pijama, aunque el hecho de que peliverde lo tuviera abrazado de alguna manera le daba calor, pese a que este tenía el cuerpo helado.
—Solo son setenta metros bajo tierra, no exageres, Cejitas —repuso Zoro, frunciendo ligeramente el ceño.
El rubio trató de no abrir tanto su boca y giró el rostro para ver al peliverde.
— ¡¿SETENTA METROS?! ¡ESTÁS LOCO, MARIMO IMBÉCIL!
—Ah, cállate… ¿Olvidas lo que soy acaso? No dejaré que te choques contra alguna piedra o algo similar —bufó Zoro y se acomodó debajo del rubio, justo en el momento que impactaron ambos contra el cemento—. ¿Ves? No te pasó nada.
Decir que el ojiazul estaba impresionado, era quedarse corto, porque también estaba impactado.
—Tú…, tú… ¡Eres un idiota! ¿Cómo se te ocurre hacer eso? —pese a que sonaba molesto, la voz de Sanji también se tornó preocupada.
—Soy un vampiro y algo como esto no va a matarme, no soy frágil —explicó Zoro con frialdad, incorporándose con calma junto con el chico—. Y ahora, continuemos.
— ¿Qué mierda es este lugar tan oscuro? —preguntó Sanji, con el ceño fruncido, sujetándose de la mano ajena.
El peliverde no pasó por alto que el mundano lo agarrara de la mano, así que entrelazó sus dedos con los contrarios, comenzando a caminar. Ninguno de los dos se preguntaba de donde salió tanta confianza como para empezar a tomarse de las manos, pero tampoco les importó.
—Es una mansión subterránea, mi hogar —contestó Zoro con simpleza, guiando el camino. Veía perfectamente el lugar oscuro y se guiaba por el olor.
—Vaya lugar para vivir, es tan… sombrío —murmuró Sanji, pegándose más al cuerpo ajeno cuando un estremecimiento le recorrió el cuerpo, el cuello aun le hormigueaba de manera dolorosa, mas por el momento era más la adrenalina que sentía al estar en un lugar completamente desconocido y los ligeros sonidos de voces que se oían a los lejos—. ¿Vives solo?
—No, así que no te despegues de mí y no tengas miedo —respondió Zoro y tras decir eso, al rubio le recorrió otro estremecimiento, porque era como estar en la boca del lobo, literalmente… O mejor dicho, la boca del vampiro.
—Yo no tengo miedo, Cabeza de alga —refunfuñó Sanji, incómodo por tener que llegar a un lugar así.
Un gruñido se escuchó a lo lejos de manera tan terrorífica, que el rubio se sobresaltó, porque como el lugar estaba en completo silencio oír eso de la nada, no era reconfortante.
Zoro siseó bajó y soltó al rubio de la mano para pasar ese mismo brazo en la cintura de este.
— ¿Qué estás…? —intentó preguntar Sanji ante ese gesto tan rápido, que le hizo sonrojarse un poco.
—A este paso tardaremos en llegar, así que guarda silencio —susurró Zoro y sin más, se echó al rubio sobre su hombro derecho, sujetándolo de las piernas y empezó a correr.
— ¡Bájame, joder, puedo caminar! —exclamó Sanji con molestia y sintiendo la picazón de su garganta otra vez.
—Guarda silencio, Sanji —ordenó Zoro con la voz seria, no con deseos de imponerle nada al otro chico, pero ahora no estaba para darse el lujo de caminar a paso humano, ya que aquel gruñido que se oyó a lo lejos, indicaba que era ese vampiro pelirrojo. Mierda, no pensé que a Kid se le ocurriera venir hoy.
El mencionado chico no tuvo fuerza para quejarse, sin embargo eso no impidió que fulminara con su mirada al peliverde. Sentía que el viento de la carrera alborotarle el cabello e incluso mareándolo un poco por tan rápida velocidad. Pensó que se caería cuando el vampiro paró en seco, mas este lo tenía bien agarrado que ni se movió ante el freno tan repentino. ¿Qué era ese olor metálico que sentía a lo lejos? Olía como a… ¿sangre?
Un estremecimiento más recorrió la espalda de Sanji y se aferró a la playera verde ajena.
—No pasa nada, aquí estoy —masculló Zoro con neutralidad, pero sinceridad, abriendo la puerta de enfrente y con sigilo, ingresó tan rápido, del mismo modo que se giró para cerrar la puerta con llave, soltando un siseo de amenaza.
El ojiazul jadeó un poco por los rápidos movimientos del otro, pues todavía seguía en el hombro ajeno. Y antes de que tuviera tiempo de volver a quejarse, el peliverde llegó hasta su cama en tres zancadas, donde depositó a Sanji, sentándolo.
—Agradecería un poco de luz… —suspiró, agarrándose el cuello con la zurda, el dolor lo hacía sentir entumecido.
Ahora fue el turno de Zoro para suspirar y sin decir nada, revoloteó alrededor de su propia habitación, hasta que encontró cinco velas largas y gruesas con mecha ancha, no recordaba como las consiguió, si la única que tenía ese tipo de cosas era Robin… El peliverde frunció el ceño, ahora todo tenía sentido. Sin embargo no se desgastó pensando y molestándose por eso, así que con los cerillos que estaban al lado de las veladoras, las encendió y las acomodó en un objeto de metal, cerca de su ama.
—Esto es lo único luminoso que tendrás aquí —aclaró, mirando al rubio con atención, Zoro no necesitaba de ninguna luz para poder contemplar ese hermoso rostro masculino.
—Gracias, supongo —Sanji frunció los labios y al sentir la mirada del otro, volvió a estremecerse, porque la necesidad de su cuello seguía ahí, ¿cuánto tiempo esperaría para calmarse? ¿Por qué el peliverde esperaba tanto para morderle, que no era un vampiro? A sus ojos, los vampiros no tenían que ser considerados con quienes le beberían su sangre, al contrario, eran crueles y no era necesario ser adivino o conocerlos para saber eso, porque con el simple hecho de que bebían sangre hasta matar, ya dejaba muy malas ideas de ellos. Pero, ¿qué debía hacer o decir ahora? No podía llegar y decirle "muérdeme", eso no solo le parecía estúpido, sino vergonzoso. Además, se suponía que quien tenía más necesidad de eso era el vampiro, ¿no? Él debería ser quien… —Ah, al demonio con esto —bufó molesto, Sanji también podía tener iniciativa, ¿por qué no? Él era un hombre y ahora tenía una necesidad que no iba a dejar pasar, aun sí le daba vergüenza.
Zoro le miró y enarcó una ceja, la verdad es que tampoco tenía una idea de que hacer ahora, su garganta seguía ardiéndole como el vil infierno, pero le parecía "mal", simplemente abalanzarse al rubio y no es que eso realmente le importara, porque con otras personas, simplemente los acorralaba y les destruía la boca para que no hablarán y bebiera su sangre con calma.
No obstante, con el rubio no podía ser así, sencillamente no podía, ¿por qué? No estaba seguro, aunque según él debería por ser el vínculo algo más como un "amo-esclavo" o así se lo dejó ver Law.
Nunca se había sentido inseguro a la hora de matar a su "cena", mas ahora no quería lastimar al rubio, ya bastante malo era que lo hubiera condenado a algo como esto y quisiera o no, sus emociones también le impedían dar el primero paso en estos momentos. Estaba seguro que esta mordida sería completamente diferente a la primera, ¿por qué le costaba tanto? Parecía un novato en estos momentos, ya se imaginaría que dijera Law si viera esto… Pensarlo, le hizo fruncir el ceño, seguramente se burlaría con ganas. Pero esto era diferente, no solo 'nuevo' de cierta forma.
—Marimo idiota, no puedo esperar todo el maldito día —Sanji frunció los labios y el ceño, desviando la mirada. Mierda, pensó justo cuando los latidos de su corazón aceleraron, más que pedir que lo mordieran, parecía como si se estuviera declarando, o así lo sentía—. Quítame ya está molesta sensación, joder… Muérdeme —sintió sus mejillas arder, aun así, regresó su mirada azul al rostro ajeno.
No se había imaginado que el rubio se lo pidiera lo hiciera sentir tan complacido, incluso Zoro se estremeció y sintió las paredes de su garganta palpitar con más intensidad, así como una ligera calidez que sintió en su pecho al observar con detenimiento el rostro del otro. Vaya que ese sonrojo se le veía tan bien en la cara del rubio, no le quitaba la masculinidad con esa ligera barba, pero joder que lo hacía ver más sexy de alguna forma, más atrayente para Zoro.
—Muérdeme y deja de hacerte el imbécil —exigió Sanji con el ceño todavía fruncido y apretando los dientes. Su cara se sonrojó más cuando vio la sonrisa del peliverde—. Idiota… —gruñó, aunque bien que le gustó ver ese gesto en el otro.
Zoro no dijo nada y aprovechando que el rubio estaba sentado en la cama, empezando a dejarse guiar por sus instintos que despertaron sin más ante el aumento del olor de la sangre ajena, se lanzó contra el otro de tal forma que Sanji quedó acostado, con los brazos extendidos y Zoro encima de él, en medio de sus piernas. Se miraron fijamente y el ritmo del rubio aceleró todavía más.
—Que impaciente —susurró Zoro de forma socarrona.
— ¡Cállate y hazlo de una maldita vez, mierda! —refunfuñó Sanji, frustrado y con la cara colorada.
El vampiro no se hizo esperar a más y con la mano le sujetó la quijada al rubio, ladeándole el rostro para lamerle el cuello del lado derecho. Sanji cerró los ojos ante eso y se mordió el labio para no suspirar, porque se sorprendió que esa lamida se sintiera tan bien contra su piel, sus latidos estaban tan fuertes y era más que obvio que el peliverde lo escuchaba, pero eso solo aumentó su deseo de volver a probar esa deliciosa sangre dulzona y fresca; sus colmillos crecieron y su ojo se tornó rojo intenso.
Y Zoro enterró nuevamente sus colmillos en aquel cuello casi tan blanco como la nieve, desbordando la sangre directamente hacía su boca, dejando escurrir dos hileras del mismo líquido caliente.
Por su parte, Sanji se aferró a la espalda del vampiro en un acto reflejo, porque le dolió y también le gustó y eso aunque le aterró, empezó a disfrutarlo de cierta manera morbosa, ya que era algo masoquista el hecho de que esos colmillos le provocaran un dolor exquisitamente placentero. Así que con la diestra, sujetó los cabellos ajenos, para empujarlo más contra su propio cuello.
Su respiración se agitó y su corazón seguía palpitando con brusquedad, sí que estaba disfrutando aquello, la única sensación con la que era capaz de compararlo era con la de un orgasmo. Pensar en eso lo avergonzó y poco a poco pasó a no importarle, porque en sus pensamientos estaba a salvo y no sería algo que dijera.
Sin embargo, la idea de Zoro era completamente igual a la del rubio. Joder que aunque era la segunda vez que bebía de esa sangre tan maravillosa, lo seguía volviendo loco, descontrolando sus sentidos de tal manera que parecía un completo depredador. Pero esta vez, tal como lo pensó, fue diferente. Pese a que sus instintos salvajes estaban despiertos, su razonamiento seguía en su mente y era más que consciente de los latidos frenéticos ajenos y como el rubio lo pegaba más para que siguiera bebiendo de él. Y darse cuenta de eso, solo aumentó la placentera sensación orgásmica que ya sentía con solo probar esa sangre caliente. ¿Qué pasaría si esta vez no se detenía?
Ahora estaba completamente seguro que aunque le costara, podría detenerse y puede que tuviera que ver el hecho con que Zoro era capaz de sentir las mismas emociones emanando del muchacho y sabía que lo estaba mordiendo, causaba placer en ambos. Se apretó más contra el cuerpo ajeno y le sujetó de la muñeca izquierda, aprisionando está en la cama en el momento justo que sintió como el rubio lo apegó más y en consecuencia, sus colmillos se enterraron más.
—Ganmgh… —Sanji dejó salir un sonido entre gemido y jadeo, no pudo controlarlo y cuando se dio cuenta que terminó saliendo de su boca, el carmín regresó a su rostro, pero no dijo nada más, no sentía la necesidad de decir otra cosa, solo estaba disfrutando.
Zoro, al oír eso, se excitó por completo y ya no solo por el hecho de estar bebiendo esa sangre tan deliciosa, sino ahora por algo meramente sexual y es que a veces el placer y la sed venían unidos. Así que en ese momento, se detuvo y con un jadeo ronco, sacó sus colmillos del cuello ajeno, lamiéndole las incisiones para que estas cicatrizaran. Bien podría dejar que las cosas avanzaran, sin embargo no de ese modo, porque sería aprovecharse todavía más de Sanji y no quería eso.
El peliverde dejó su rostro frente al rubio y lo miró con intensidad. Él otro chico lo imitó y se miraron por un largo rato, hasta que la respiración de Sanji se normalizó.
—Ahora, exijo que me expliques que mierda está pasando.
Zoro suspiró y se sentó al lado del otro, rascándose la cabeza con el gesto incómodo. Sabía que el chico estaba en todo su derecho de querer saber que le sucedía, era su cuerpo después de todo, pero, ¿qué le diría exactamente? ¿Cómo explicárselo? No podía simplemente decirle "Cejillas, serás mi esclavo y tu sangre será solo mía", que aunque quizá era la manera más directa de responder, no lo convencía del todo.
— ¿Y bien, Marimo? —insistió Sanji, sentándose y mirando al peliverde con intensidad. Ahora se sentía completamente libre y con más confianza, porque ese malestar en su cuello había pasado, aunque igual se sentía extraño, diferente. Pensó se sentiría débil porque el vampiro bebió bastante, mas se sentía con energía, revitalizado de alguna manera.
—Tch, no me agrada decirlo, pero… —Zoro volvió a suspirar y no ocultó la pesadez que sintió, dirigió su mirada al rubio y añadió: —Tú tendrás la necesidad de ser mordido por mí.
Sanji lo miró fijamente.
— ¿Qué? —esa no era una explicación que aclarara todo el desconcierto de Sanji, sin embargo, creía en lo que el peliverde le estaba diciendo, porque sintió exactamente eso: la necesidad de ser mordido— Sé más claro, ¿quieres? Que tu cabeza de alga piense.
El vampiro lo fulminó con la mirada y frunció el ceño, viendo hacia la nada.
—El día que te mordí, te marqué como "mío", de cierta manera —comenzó a explicar Zoro con la voz seria de tal modo que el rubio no era capaz de interrumpir, porque quedó embelesado de cierta forma—. Entre los vampiros existe algo llamado "vínculo" que se crea con algún humano, del cual su sangre es más atrayente que el resto, de tal forma que podemos seguir bebiendo sangre cada que queramos sin que el humano muera; es como una relación "amo-esclavo", porque los humanos no se podrán negar e incluso desearán ser mordidos…
Bien, lo que Sanji sintió fue alivio al fin saber qué carajo le estaba pasando, pero también se sintió completamente furioso por eso. ¿Ese vampiro en quien confió aquel día lo convirtió en su esclavo y podría disfrutar cada que quisiera de su sangre? No, definitivamente no. Que Zoro le gustara de cierta forma y le atrajera, no le daba derecho a hacer algo como eso, además, no le hacía sentir bien el hecho de que estaría de masoquista. Joder que no.
—Tú… ¡¿por qué demonios has hecho eso, Marimo de mierda?! —exclamó. Sí, estaba furioso y sin más, se incorporó de la cama y alzó su pierna derecha para darle una patada en el costado ajeno.
Empero con lo que no contaba Sanji, era que el cuerpo del peliverde estuviera tan duro como una piedra y lo que tuvo como resultado, fue que su pie se doblara de tal forma que terminó zafándose.
— ¡Maldita sea! ¡¿De qué demonios estás hecho, Alga andante?! —se sentó y sujetó la pierna, sintiendo el intenso dolor que eso le provocó, además de que notó como una gran hinchazón se formó en la parte superior del pie— Mierda…
Zoro gruñó y miró como el rubio volvía a sentarse.
—Sí querías expresar tu ira, debiste hacer algo más, Cejas de remolino —puso los ojos en blanco—, yo no soy nada suave, no soy humano, ¿recuerdas?
— ¡Cállate, todo esto es tu culpa! —Sanji tensó la mandíbula e intentó mover su pie y le fue imposible, porque comenzó a dolerle incluso hasta la rodilla.
— ¡¿Eh?! ¿Mi culpa? ¡Fuiste tú quien me golpeó! —replicó Zoro con molestia. Aunque dejó de gruñir al notar la hinchazón del pie ajeno, así como la expresión del rubio que indicaba de verdad le dolía. Suspiró, solo sabía de alguien que podía revisar el pie ajeno y no le hacía gracia— Parece ser que te lo has dislocado.
—Es tú culpa —Sanji le miró molesto.
—Pareces un maldito disco rayado —bufó Zoro y se incorporó—. Espera aquí.
— ¿A dónde mierda vas? Eres un…
—Traeré a alguien que será capaz de ayudarte, joder, cállate.
— ¿Eh? —Sanji le miró confundido, pero antes de siquiera quejarse, el peliverde salió de la habitación.
No hubo necesidad que Zoro corriera más de lo necesario, porque la habitación de Law estaba a un piso más abajo y aunque dio más vueltas de las necesarias, logró llegar justo cuando el ojigris salía de la habitación con su ropa mal puesta.
—Vaya, te estabas divirtiendo —insinuó Zoro, enarcando una ceja.
—Roronoa-ya, que sorpresa —Law le miró inexpresivo—. Parece ser que tú te divertiste más que yo —añadió, dibujando una sonrisa burlona en sus labios.
—Tch, cállate —zanjó Zoro y se tornó serio—. Necesito que me ayudes con algo, ¿eras doctor antes, no?
— ¿Tan mal dejaste en esta segunda vez al chico? —inquirió Law con humor negro en la mirada.
— ¡No se trata de eso, mierda! —exclamó Zoro, sonrojándose un poco— Él me pateó y se zafó el pie.
Ante tal explicación, Law enarcó una ceja con escepticismo.
—Qué manera tan inteligente de lastimarse —ahora su expresión era de total burla.
—Sí, bueno, le estaba explicando unas cosas, se enojó y me pateó —farfulló Zoro—. ¿Me ayudarás a verlo si o no?
Law se acomodó su playera y pantalón, optando una expresión neutra, como todo un profesional.
—Solo porque eres tú y es las primera vez que tienes un esclavo tan guapo como ese rubio.
—Es el primero esclavo que tengo y es mío —gruñó Zoro, sorprendiéndose por la frase final.
—No pensé fueras tan posesivo —Law sonrió de manera torcida.
—Cállate —Zoro se enfurruñó.
Los dos vampiros comenzaron a correr y en cuestión de segundos, llegaron a la habitación del peliverde.
—Ni se te ocurra intentar morderlo —advirtió Zoro antes de ingresar.
Law resopló.
—Yo no haré algo como eso, Roronoa-ya, podré ser un cabrón, pero sé respetar lo que le pertenece a un amigo mío —su rostro estaba tan serio y no mentía.
El peliverde le miró con cierto agradecimiento y luego abrió la puerta, encontrándose con Sanji sentado en la cama y la cara un poco sonrojada, así como crispada.
—Parece que nos escuchó —murmuró Law divertido y al ver al muchacho, le sonrió.
— ¿Quién demonios…?
—Soy Trafalgar Law y seré tu doctor, ¿cuál es tu nombre? —Law se acercó sin pena hasta el rubio con rapidez, poniéndose de cuclillas.
— ¿Un vampiro doctor? —Sanji se burló, porque le parecía ilógico algo como eso, siendo que los vampiros eran tan indestructibles, ¿por qué necesitarían un doctor?— Kuroashi Sanji —añadió como en respuesta.
—Muy bien, Kuroashi-ya, quédate callado… —de manera suave, Law sujetó el pie y guiándose del flujo de la sangre que sentía bajo su tacto, así como el palpitar de las articulaciones, supo exactamente como acomodar el pie del rubio sin tardarse.
— ¿Qué harás? —preguntó Sanji con desconfianza, mirando al ojigris, luego buscó al peliverde con la mirada.
—Roronoa-ya, deberías sujetarlo.
El mencionado chico no dijo nada y se sentó al lado del rubio.
—Es un amigo —explicó Zoro con seriedad.
—Así es, no te mataré, tranquilo, Kuroashi-ya —la sonrisa que Law hizo, provocó que el rubio se estremeciera. Segundos después, regresó a su expresión fría y calculadora. No negaba que la sangre de su ahora paciente era muy atrayente, demasiado. Sin embargo, pese a la tentación de la sed, también olía ligeramente al peliverde, lo que corroboraba que, en efecto, tenían aquel vínculo.
Sin decir nada más, Law giró el pie del rubio, causando un ligero sonido del hueso al acomodarse. Y entonces Sanji soltó un alarido, agitándose, pero el peliverde lo sujetó.
—Ya quedó tu pie, ahora solo necesito vendarlo —dijo Law con calma, sin inmutarse—. Pero como aquí carecemos de vendas… —sin pedir permiso, cortó un gran pedazo de la sábana de la cama, comenzando a vendarlo con esto— Tendrás que estar sin caminar en una o dos semanas, aunque si Roronoa-ya te ayuda, en una semana estarás listo —agregó con un tono insinuante sin modificar su fría expresión.
— ¿Cómo es que hiciste tan rápido esto? —preguntó Sanji, ignorando a propósito el comentario del ojigris.
—Soy un vampiro y mi sentidos están mejor desarrollados que los tuyos —Law se incorporó y miró al peliverde—. Mañana deberías comprarle unas vendas, porque no es apropiado la pase solo con la tela, también algunas pomadas y otras cosas que te diré ahora, acompáñame.
—Bien —Zoro se incorporó, pero antes de irse, miró al ojiazul—. No tardaré, no salgas de la habitación.
—Como si pudiera caminar —replicó Sanji, todavía enojado y es que no solo por lo que le pasó a su pie, sino porque las palabras del vampiro todavía resonaban en su mente.
Tiene todo el derecho de odiarme, pensó Zoro y con el paso veloz, salió junto con Law para después llegar a la habitación del último, luego de correr unos segundos.
—Realmente, me sorprende que Kuroashi-ya esté vivo —comentó Law sin malicia alguna, revisando en las gavetas de un clóset de su habitación.
— ¿Por qué lo dices? —Zoro miraba atento lo que hacía, estando cruzado de brazos.
—El olor de la sangre de él es demasiado tentador como para detenerse a hacer un vínculo —Law perdió la mirada un momento y luego miró al peliverde—, yo no hubiera sido capaz de contenerme.
—No fue fácil detenerme —admitió Zoro con una mueca.
—Nico-ya me dijo que confiaba serías capaz de hacerlo más rápido de lo que yo decía —contó Law a la vez que sacó un paquete amarillo y se lo entregó al peliverde.
—Agradecería que tú y Robin dejaran mi vida en paz —dijo Zoro con seriedad, agarrando el paquete. Era dinero.
—Tratándose de ti, es imposible no hacerlo y mucho menos con lo sucedido con él —Law sonrió de manera cínica.
El peliverde refunfuñó.
—Si eso es todo lo que me darás, me largo.
—Roronoa-ya, ten en mente que solo pocos son los vampiros capaces de crear un vínculo con un mundano —murmuró Law con calma—. La mayoría solo los mata y ya, porque no tienen la paciencia ni atracción necesaria.
—Law, hablas con demasiada experiencia —musitó Zoro, sin detenerse y salió corriendo de ahí.
Cuando llegó a la habitación, se encontró al rubio sentado en medio de la cama, con su pie encima de una almohada; tenía la espalda reclinada en la pared y clavó sus ojos azules en el vampiro. Se notaba seguía furioso.
—Quiero que me digas todo, todo, Marimo —dijo con firmeza, dando a entender que no descansaría hasta saberlo y es que la verdad así sería.
El vampiro dejó el paquete de dinero en una mesita y caminó hasta sentarse al lado del rubio, cruzándose de brazos, sintiendo la mirada ajena sobre su rostro, correspondiendo a la mirada.
—Estás en todo tu derecho de odiarme, después de todo, con esto te estoy quitando libertad —la voz de Zoro sonó amarga, de tal modo que daba a entender no le gustaba eso—. Aquella primera vez cuando Kid te atacó…
— ¿Kid? —la mirada de Sanji se tornó confusa.
—El vampiro pelirrojo.
— ¿Cómo sabes…?
—Fui yo quien lo detuvo, si no, ya estarías muerto ahora —aclaró Zoro con seriedad.
La expresión del rubio era un poema. Entonces él… ¿me salvó?, pensó y pese a que no era una persona que le gustara que lo ayudaran así, porque él mismo podía defenderse solo, se sintió bien saber eso.
Ante el silencio del humano, Zoro continuó hablando.
—Kid es alguien que no descansa hasta conseguir lo que quiere, yo supe que él te eligió como presa porque usualmente cazamos juntos, además desde antes yo te había visto en aquel parque… —por la mirada sorprendida del rubio, Zoro se vio obligado a aclarar nuevamente: —Una de las noches que salí de caza, te vi a ti en ese parque y estuve viéndote varios días hasta que decidí acercarme —el muchacho se quedó sin habla, aunque la curiosidad lo carcomía, mas no quería interrumpir lo que el vampiro decía—. Luego de eso, estuve atento a cuando Kid quisiera cazarte y así evitar que lo hiciera… Law me dio la opción del vínculo y ese día en tu casa, Kid apareció con un par de amigos más. No luché, porque corría el riesgo de descuidarte a ti, ya que estaba seguro no te esconderías —Zoro suspiró con pesadez—. La única opción que me quedó fue esa, pero la verdad no quería condenarte así —las palabras salieron con intensidad y clavó su mirada en la ajena.
— ¿Por qué…? ¿Por qué me salvaste? ¿Por qué estabas cuidando de mí? Eres un vampiro, no tienes que evitar que se beban la sangre de las demás personas, ¿no? —a Sanji todavía le costaba usar esa palabra para referirse a lo que el peliverde era, ya que aún se negaba a creerlo— Yo no te pedí que me cuidaras —su voz ya no estaba molesta, por más que lo negara en las palabras, su interior se alegró a sobremanera al saber la verdadera razón de todo.
—Sanji, yo simplemente no podía dejar que te mataran —respondió Zoro, sin dejar de mirarlo, como si eso fuera lo más obvio del mundo.
Ante eso, el corazón del mencionado chico, aceleró.
—Ni siquiera tenía planeado acercarme a ti —confesó Zoro con el ceño ligeramente fruncido—, pero observarte de lejos no era suficientemente para mí —frunció los labios para no suspirar—. Y luego, cuando sentí tu sangre, supe que eras exactamente lo que yo no quería perder.
— ¿Solo por mi sangre? —inquirió Sanji, ligeramente decepcionado— Claro, ¿por qué otra cosa más? Después de todo, eres un vampiro, solo te interesa la sangre y…
—Si solo tu sangre me interesara, créeme que desde la primera vez que te vi, hubiera creado el maldito vínculo —replicó Zoro con brusquedad—. Pero está bien, puedes creer lo que se antoje —hizo ademán de incorporarse—. Puedo llevarte a tu casa cuando gustes, aunque preferiría fuera de noche.
— ¿El sol te hace cenizas como en las películas? —dijo Sanji un poco burlón, dejando el otro tema en el olvido. Por ahora.
—A mí no, solo me debilita y soy tan humano como cualquier otro si estoy bajo el sol —respondió Zoro con seriedad.
—De todas maneras, no quiero irme de aquí —masculló Sanji, con la mirada desviada. Sí, estaba molesto con esto del vínculo, con su pie lastimado, pero es que no encontraba en su persona el deseo de irse, por más que lo pensara. Además, si se iba, ¿cuándo lo volvería a ver? No sabía exactamente cada cuánto esa maldita necesidad de ser mordido aparecería y no quería arriesgarse, porque ignoraba muchas cosas de eso.
—No puedes quedarte aquí —la expresión de Zoro se desconcertó al oír eso, porque él esperaba que el rubio quisiera salir corriendo de ahí, entre otras cosas y resultaba que quería quedarse, ¿acaso estaba loco?
— ¿Por qué mierda no? No puedo caminar con mi pie así y no aceptaré que me cargues —resopló Sanji.
—Aquí hay más vampiros, incluso Kid vive aquí —repuso Zoro de manera sombría.
No obstante, Sanji no se inmutó o al menos, no lo demostró y retó con la mirada al vampiro.
—No quiero estar lejos de ti, ¿contento? —aunque decirlo le avergonzaba, se mantuvo firme.
El rostro de Zoro casi se sonroja y se quedó sin habla unos segundos, no se esperaba esa respuesta. Aunque muy probablemente eso tenía que ver con el vínculo, porque ciertamente, tampoco sabía cuándo el rubio necesitaría ser mordido, cuándo él necesitaría morderlo y ni en qué momento sucedería eso, porque podía suceder en cualquier momento y lugar en que esa necesidad apareciera otra vez. Así que pensándolo bien, tal vez era mejor que se quedará aquí. Sobre todo porque Sanji dejaba en claro que no cedería a lo que quería.
—De acuerdo, pero sí te quedarás aquí… —Zoro acercó su rostro al rubio— No saldrás de esta habitación a menos que sea conmigo.
—No podría con mi pie así… —replicó Sanji, hipnotizado al sentir ese rostro más cerca de lo normal y de pronto sus labios sintieron una necesidad diferente.
—Aunque te recuperes, no debes salir de esta habitación a menos que sea conmigo —repitió Zoro con firmeza—, porque no todos los vampiros que viven aquí suelen ser amables.
—Puedo sobrellevarlo, además, ¿no se supone me "marcaste" como tuyo? —la satisfacción de decir esas palabras fue indescriptible para Sanji, ¿por qué le gustaba algo como eso?
—Esta es mi casa y no debes salir de esta habitación, Sanji.
El rubio suspiró, ¿qué era ese sentimiento de calma que lo invadió ahora?
—Supongo que no lo haré… —aceptó a regañadientes y bostezó involuntariamente.
—Deberías dormir, la cama es bastante grande —especuló Zoro al ver el gesto ajeno.
El ojiazul estaba tan cansado que simplemente se quitó la chaqueta de cuero y se acomodó en un rincón de la cama, con cuidado de no mover mucho su pie.
— ¿Tú acaso necesitas un ataúd para dormir? —se burló Sanji, respirando discretamente el aroma que emanaban las sábanas.
—No seas idiota, deja de guiarte de los malditos mitos —regañó Zoro con una venita saliendo de su sien.
— ¿Entonces? —Sanji le miró con curiosidad pura, en estos momentos extrañaba sus cigarros.
—Duermo después de cenar, podemos dormir cuando queramos, pero no lo necesitamos siempre —explicó.
— ¿Dormirás conmigo, Marimo? —preguntó Sanji con una traviesa sonrisa.
Zoro desvió un momento la mirada, le gusta provocarme, pensó avergonzado, porque debía reconocer que el rubio era muy directo cuando quería en temas como "esos". Segundos después, estableció sus emociones y sonrió ladinamente al chico.
—Por supuesto, la cama es bastante grande.
/Lunes 18 de Noviembre de 2013/
Una semana había pasado ya y justo como el vampiro le pidió, Sanji no salió de la habitación, aunque como condición puso que el peliverde le comprara cigarros y le contara más acerca de los de su especie, porque algo debía ganar si se iba a quedar encerrado, además le debía el hecho de haberse zafado el pie.
Zoro le compró vendas y el vampiro ojigris llegó a verlo cada tercer día para ver qué tal estaba, no hablaba realmente con él, solo se dedicaban a compartir frías miradas o palabras, todo en presencia del peliverde.
Qué bueno que esa habitación era bastante grande, se podría decir que del tamaño de su propia casa; tenía un baño del tamaño de una sala promedio, un tocador, modelo de ventanas sin abrir, la cama era tan grande que podría entrar cinco personas. También había una mesa de madera en el centro y alrededor de está, tres sillones individuales. Zoro se vio obligado a poner focos eléctricos, porque aunque no lo pareciera, en ese "subterráneo" tenían acceso a la electricidad y agua, para fortuna del rubio. Incluso agregaron una televisión de pantalla plasma, así como una estufa pequeña y un refrigerador.
Todo eso logró Sanji en una semana, porque como había dicho, si se iba a quedar solo en un cuarto, necesitaba su ambiente, presenció incluso las burlas de Law a Zoro y como discutían. Aunque lo negara, de cierta manera esos dos le hacían reír discretamente, claro, porque él también participaba en esas peleas y luego terminaba gritándose con el peliverde.
Bañarse en esa semana sí que fue todo un lío, porque se negaba rotundamente a que el vampiro lo cargara o le ayudara a lavarse. Ya era demasiado embarazoso el hecho de que necesitaría de sus mordidas, no podía soportas más, sobre todo porque cada día que pasaba, era más consciente de la atracción que sentía por Zoro.
Al final, Law le regaló un par de muletas y solo así pudo moverse un poco. En su alimento, Zoro le traía paquetes de comida de algún restaurante e incluso el rubio hizo que el vampiro fuera por su celular para poder avisar de su ausencia en el trabajo.
Su convivencia con Zoro, por más que se quejara del poco tacto de este, le gustaba; siempre peleaban por tonterías, pero terminaban complementándose de alguna manera y eso que no eran nada más que "amo-esclavo", como los denominó Law una vez.
Usualmente, cuando Sanji exigía saber más del peliverde, este le contestaba con rodeos, pero terminaba contándole parte de sus vivencias e incluso le detallo aún más todo lo que pasó para decidir crear el vínculo que ahora los unía y porque no apareció una semana, entre otras cosas.
Sanji no había vuelto a sentir la necesidad de ser mordido y cada noche disfrutaba de dormir en compañía, pese a que entre los dos marcaron su espacio en la cama, se sentía bien estar al lado del peliverde, mas no lo admitiría abiertamente. Si bien le gustaba, dudaba realmente que sintiera Zoro; lo veía avergonzarse cuando hacía algún comentario, pero no mencionó nada del beso de aquella vez y tampoco le quiso preguntar, porque si el vampiro quisiera hablar de eso, ya lo habría hecho sin necesidad de algún recordatorio.
Además, probablemente todo se debía al mismo vínculo, no exactamente porque de verdad ambos se gustasen o mejor dicho, lo estaban confundiendo, ya que ninguno de los dos tenía claro esto del vínculo y sus reacciones. Pero parecían bien así por ahora.
—Ya pasó una semana, ¿puedes mover tu pie? —le preguntó Zoro, mientras se metía a la cama, sin acercarse demasiado al rubio.
—Sorprendentemente, sí puedo moverlo. Duele todavía, pero Law me dijo que pronto sanará —respondió Sanji, tapándose con el edredón suave de color rojo.
—La próxima vez que quieras golpearme, hazlo con un tubo de metal —repuso Zoro.
—No creas que lo olvidaré, Marimo —bufó Sanji y entrecerró los ojos, viéndole—. Por cierto, necesito ropa y dado que no puedo salir, cómprala tú.
—Te basta con que yo te preste la mía, Cejillas —Zoro cerró los ojos, dispuesto a ignorarlo.
—No, pedazo de imbécil —Sanji le lanzó una almohada a la cara—. Necesito ropa, tú tienes pésimo gusto.
Zoro abrió los ojos y chasqueó la lengua.
—Cómo fastidias, mejor duérmete ya.
—No, quiero que me cuentes como te transformaste en vampiro —replicó Sanji con obstinación.
—Ah, ahora te falta tu cuento, como todo un niño —Zoro hizo una mueca y se cruzó de brazos.
—Es mi condición y no son cuentos, joder, quiero saber de ti, Marimo idiota.
El peliverde suspiró y se giró para quedar frente al humano ojiazul, cuando veía esos ojos, realmente no podía negarse.
—Si te voy a contar, será a mi manera, Cejas de remolino —advirtió Zoro y antes de que el rubio protestara, lo abrazó de tal manera que el ajeno quedó acostado en su brazo y acomodó la mandíbula en la cabeza ajena, respirando su aroma.
— ¡¿P-por qué estás haciendo esto, Marimo bastardo?! —el rostro de Sanji enrojeció por la sorpresa y vergüenza, sus latidos se aceleraron a sobre manera. Manoteó un poco para separarse, pero era inútil— Suéltame.
—No lo haré, así que quédate quieto y escucha tu cuento —contestó Zoro con una sonrisa triunfal. El olor del chico le encantaba, obvio que su garganta le dolía y ardía por la sed de la sangre, pero increíblemente, lo soportaba sin chistar.
—Idiota —gruñó Sanji, mas dejó de forcejear y simplemente se pegó al cuerpo ajeno.
—Yo tenía veintiún años cuando me transformaron en vampiro —comenzó a contar Zoro, sintiendo el ritmo de la respiración ajena, manteniéndolo abrazado y acariciándole sus cabellos—. Estaba a punto de morir, cuando él apareció y sin preguntarme nada, me mordió y me dejó beber de su sangre; no sé muchos detalles de mi propia transformación, porque estaba casi inconsciente y lo único que recuerdo perfectamente es el dolor de mi cuerpo al cambiar —se quedó en silencio, perdiéndose en sus pensamientos.
— ¿Quién te transformó? ¿Por qué estabas por morir, Marimo? Dime más —la curiosidad de Sanji creció, sin embargo, de solo imaginarse al peliverde a punto de morir, le hizo sentir un terror enorme.
—Él se llama: Dracule Mihawk y no lo he visto desde hace ciento cincuenta años —ahora Zoro hablaba con cierto respeto—. Y estaba por morir… tal vez debí morir en ese entonces —suspiró y negó, eso era algo que había superado desde hace muchos años, mas aun le daba nostalgia recordarlo—. Fui gravemente herido al proteger a mi… novia de aquel entonces, estábamos comprometidos, pero ella tenía un pretendiente más —Zoro habló con cierta rabia—. Y un día antes de la boda, ese sujeto nos tendió una trampa y… —se calló cuando se dio cuenta que el rubio no hablaba; ya lo conocía y sabía que lo hubiera bombardeado con algún comentario, pero estaba en silencio. Así que lo miró y más de una venita saltaron en su frente— Estúpido Cejas de sushi, si vas a pedir que te cuenten algo, no debes dormirte a medias, joder —despotricó y luego suspiró con cansancio—. Supongo que es mejor así… Es más, ni siquiera sé porque empezaba a contarte eso —frunció el ceño.
Era cierto, ni a Law le contó tan fácil su pasado, ¿por qué con Sanji no fue así? Ciertamente, sintió la necesidad de contárselo, aunque a este le ocurrió quedarse dormido. Era un desperdicio de cierta forma, porque dudaba volver a sacar el tema.
Zoro miró detenidamente el rostro del rubio dormido y sonrió un poco. Eres un humano realmente interesante, pensó mientras presionó sus labios suavemente contra los de Sanji en un beso.
¡Y eso ha sido todo por hoy! Askjsdaldasjklas xD.
Ay, creo que han pasado muchas cosas en éste capítulo; no sé, ¿ustedes qué me dicen? ¿Cómo ven todo ésto? ¿Cómo se sintieron?(?)
Quizá estén ansiosos por el lemon, algo me lo dice(?), así que déjenme decirles que solo sean pacientes, ya vendrá su buena limonada :v. Estaba pensando en si aprovechar mis vacaciones para actualizar cada tres/cuatro días la historia, porque semanalmente es muchoooo; pero no sé ustedes, ¿cuál de las opciones les gusta más?: ¿Cada tres días, cuatro días o siete días?
Debo decir que amo hacer a Law como todo un cabrón a la hora de burlarse de sus amigos, ah, es tan precioso el puto, damn.
Okey, espero en verdad haya disfrutado el capítulo. ¡Los amo y espero recibir sus comentarios!
Besos.
