Holiiiiiis uwu

Como ven, esta vez no he tardado en traerles un nuevo capítulo de la historia, alsdjklas. Me es grato ver que aún continúan leyéndola, pese a que igual los capítulos son bastante largos; asdjsla, me hace feliz que los disfruten.

¡Gracias por sus comentarios, eh!

Bueno, los dejo leer xD


/Japón. Jueves 21 de Noviembre de 2013/


Zoro se inclinó para besarle, esos cálidos y suaves labios lo devoraban con una pasión que encendía todo su interior.

Era diferente, porque era el besar de un humano.


Los ojos de Sanji se abrieron de golpe y se topó con el rostro dormido del peliverde o eso aparentaba, ya que tenía los ojos cerrados. Desde hace tres días, el peliverde había optado por abrazarlo antes de dormir y así lograba hacer callar al rubio cuando le pedía más detalles de su anterior vida.

Era extraño, porque aunque los brazos del vampiro fueran tan fríos y duros como el granito, le transmitían una gran calidez, además de que se sentía tan cómodo. Se preguntaba si Zoro de verdad estaba dormido o fingía estarlo.

Todavía le parecía sorprendente el giro que había tenido su vida desde hace casi un mes, aún más el hecho de que ya no sintiera ese inicial enojo por lo que el vampiro peliverde le hizo. Es más, le gustaba pasar el rato con él, aunque estuviera encerrado en la habitación y rara vez el aire fresco de la noche pasaba por algún agujero.

Se removió de los brazos ajenos que lo abrazaban con firmeza, pero era inútil zafarse de estos; lo tenían bien sujeto, aunque no sentía exactamente la presión.

—Hey, Marimo, necesito desayunar algo, ¿sabes? —dijo Sanji con el ceño ligeramente fruncido y la mirada hacía el vampiro.

Este ni se movió, provocando que el rubio se irritara, por lo que con la diestra le apretó con fuerza la nariz.

— ¡Despierta, Marimo, joder! —exclamó con más intensidad.

Zoro giró la cabeza, liberándose del agarre ajeno.

— ¡¿Qué demonios te pasa, eh?!

—Quiero levantarme ya y tus brazos de bestia no me dejan —replicó Sanji, empujando con ambas manos al contrario.

— ¿Y si no quiero soltarte? —retó Zoro, enarcando una ceja y apretando más aquel abrazo.

— ¿Eh? —Sanji no se esperó tal respuesta y desvió la mirada hasta sus manos que estaban en el pecho ajeno— Necesito… comer, tengo hambre y quiero cocinar algo.

Zoro resopló.

—Puedo comprar comida, que tú todavía no debes caminar tanto.

—No estoy paralitico, idiota, puedo valerme por mí mismo —gruñó Sanji, ahora viéndolo a la cara.

—Todavía no te has recuperado del todo —repitió Zoro con seriedad.

El rubio entrecerró los ojos un momento y luego tuvo una ligera idea.

—De acuerdo, entonces tráeme algo para desayunar y de paso cómprame algo de ropa.

— ¿Por qué demonios debo hacerlo? No soy tu sirvienta o algo similar —se quejó Zoro con molestia, pero todavía seguía abrazando al chico.

—Me acabas de decir que irías por algo de comer para mí, ¿no? Entonces también aprovechas y me traes algo de ropa y ya no tienes que salir otra vez —insistió Sanji como quien no quiere la cosa.

—Solo te traeré comida —Zoro hizo una mueca un poco infantil, pues no toleraba le dieran ordenes, aunque resultaba algo irónico teniendo en cuenta el vínculo que tenía con el rubio.

—Si voy a estar sin salir de esta maldita habitación, Marimo idiota, por lo menos ayuda a que me sienta lo más cómodo aquí —habló Sanji con total seriedad y es que también lo decía en serio, sin embargo, sabía también que el quedarse ahí fue idea suya, porque el vampiro se había ofrecido antes a llevarlo a casa y por varias razones, no quiso. Una de ellas era que no sabía cuándo más volvería a sentir aquella necesidad en su cuello ni que efectos secundarios pasarían.

—Iré a tu casa y de ahí te traeré ropa —aceptó Zoro con el ceño fruncido e inconforme. Reconocía que el rubio tenía razón en eso, aunque de igual forma él fue quien tomó la decisión de quedarse, pero no le reclamaba nada de eso, tenía culpa en esto también. Pero eso no significaba que haría todo lo que el humano le pidiera—. No salgas de aquí —ordenó, soltándole del abrazo—. Como es de día, tardaré más, ya que el sol me hace muy vulnerable —le recordó. Esta sería la segunda vez que saldría de día en todos sus años de vida y no es que el astro rey le hiciera daño precisamente; por su descendencia, lo único que le hacía era volverlo "humano" de cierta forma.

Sanji no tuvo tiempo de decir algo más, pues el vampiro salió de la habitación tremendamente rápido, dejándole en su cuerpo esa sensación cálida.

Suspiró y se sentó en la cama. La verdad era que su pie ya no le dolía tanto como hace unos días e incluso ya podía caminar, aunque ahora apoyado de un bastón. Así que se incorporó de la cama y con calma se metió al baño para higienizarse como es debido todas las mañanas, sentía su cuerpo ligeramente entumecido y no entendía porque, razón por la que calentó el agua para darse una ducha con los cuidados necesarios para no mojarse el pie o sería peor. Para limpiarlo, lo que hacía era tallarlo con algodón y alcohol.

Luego de aproximadamente una hora, Sanji por fin salió del baño envuelto en un bata de baño y el cabello escurriendo de agua y apoyándose con su bastón hasta sentarse en la cama, donde se secó lo que faltaba de su anatomía, terminando por vestirse con un pantalón negro de mezclilla y una playera de manga larga color morada. Mismas prendas le quedaban un poco flojas, porque no eran de él, sino del vampiro. Suspiró cuando sintió su aroma en estas y sonrió sin darse cuenta. Ciertamente vestir la ropa de Zoro lo hacía sentir más cerca de él, sonaba estúpido, hasta él lo sabía, pero simplemente era algo que no se podía evitar.

Sabía que su relación no era normal, así como también sabía que incluso la relación "amo-esclavo" tampoco lo era. Y es que ellos se trataban con cierto cariño que iba más allá de una amistad, que pelearan casi todos los días por cosas triviales hacía todavía más rara su relación. Lo peor o mejor de todo es que al rubio le gustaba. Además, no era ningún idiota en este tipo de cosas. Aceptaba que Zoro le gustaba con más facilidad de la que pensó llegaría aceptar que le gustaba un hombre, ¿o también tendría que ver aquel "vínculo"?, realmente no tenía mucho conocimiento acerca de eso y el vampiro parecía estar igual.

El muchacho ojiazul suspiró y vio la hora en el reloj de la habitación, cabe decir que si había luz era por los focos. Hacía una hora y media desde que el peliverde se había ido, sí tardaba eso, significaba que tardaría todavía más. Así que aburrido, Sanji decidió explorar el lugar, pese a que el vampiro le pidió no hacerlo, pero, ¿qué más podía hacer? Estaba harto de estar al margen, ¿qué no se suponía los demás vampiros no podrían hacerle daño por aquel vínculo? ¿Qué tenía de malo salir un rato? Y es que el rubio no era de quedarse precisamente calladito y obediente, claro que no. Y odiaba estar encerrado, comenzaba a desesperarse por eso.

Por lo tanto, rebuscó en las gavetas del clóset hasta que encontró una lámpara horizontal que servía bien y mordiéndose un poco el labio inferior, salió de la habitación.

Pensó que los pasillos estarían a oscuras, como la noche en que el peliverde lo trajo, pero para su sorpresa, no fue así. Habían focos cada cinco metros en los largos pasillos de piedra gris que se extendían hasta donde la mirada de Sanji ya no alcanzaba, él pensaba que siempre ese lugar era tal y como una madriguera: oscura, fría y sombría. Seguía siendo esto último, aunque con más luz, no tanto como quisiera, realmente. Podía ver bien, pese a no ser lo suficiente.

El lugar estaba en silencio absoluto y por el ancho y largo pasillo, se veían más puertas, cada una separada por unos diez metros aproximadamente o quizá más, lo que indicaba que esas habitaciones eran grandes.

Continuó caminando, respirando con cierta adrenalina, porque desconocía por completo el lugar. Si se guiaba por las leyendas típicas de los vampiros, no tendría nada de qué preocuparse, ya que al ser de día ellos deberían estar durmiendo, ¿no? Aunque, siendo sinceros, Sanji no creía que lo estuvieran haciendo y mucho menos en ataúdes o cosas por el estilo, recordaba las cosas que Zoro le había dicho, así como el hecho de que en su habitación estaba una gran cama en lugar de un ataúd.

Continuó su andar cuando se topó unas escaleras en espiral que daban a otro piso de abajo y sin detenerse, las bajó, llegando a un gran cuarto que estaba repleto de libros en las paredes y tenía más estantes. En pocas palabras, era una biblioteca enorme y a diferencia de todo el lugar, este tenía ventanas… ¿y luz? ¿De dónde llegaba la luz que se filtraba en el vidrio si estaban bajo tierra?

Picado por la curiosidad, el rubio caminó un poco de prisa hasta llegar a una de ellas, porque su vista no lo engañaba, eso era luz y viendo por la ventana, se podía ver una hilera de montañas a lo lejos, así como un lago muy grande, pero se sorprendió cuando al alzar su mirada, se encontró con un cielo oscuro y ¿dos medias lunas? Estaban debajo de la tierra, ¿cómo era posible que eso estuviera debajo de la tierra?, ahora más que nunca, deseó saber que sucedía, por lo que se preparó para abrir las ventanas.

—Yo no lo haría si fuera tú, Cocinero-san —dijo una musical voz femenina, que hipnotizaría a cualquiera si la escucharan.

Sanji se estremeció, tanto de sorpresa, como de emoción. ¡En este lugar había mujeres! Así que se giró, encontrándose con una mujer más alta que él, delgada con grandes senos y anchas caderas, sumamente hermosa. Pese a la palidez extrema de su piel, entonaba perfectamente con su cabello largo hasta la cintura de color negro, así como sus ojos azul violeta.

Si creía antes haber visto mujeres guapas, ella no se comparaba con ninguna, quizá porque su belleza sobrehumana se debía a que era un vampiro.

—Como usted diga, Mellorine —canturreó Sanji y aunque su instinto de supervivencia le decía que se largara de ahí, su caballerosidad se lo impedía, admirando como un tonto esa beldad—. Soy Sanji, es un placer —añadió, inclinándose.

La vampira sonrió divertida y asintió.

—Robin.

— ¡Robin-chan! Un nombre tan bello como tú —una sonrisa embelesada se extendió por el rostro de Sanji, hablando un tono un poco agudo.

—Gracias —Robin rio un poco, pero después su expresión se tornó seria—. No deberías estar aquí, es peligroso que un humano abra las ventanas. A menos que quieras a un montón de vampiros cazándote.

— ¿Eh? —la expresión de Sanji se volvió completamente confundida e incrédula.

Me pregunto porque Zoro no le ha dicho nada, pensó Robin, mirando con atención al muchacho y luego sonrió un poco.

—Si abres la ventana, tu olor sanguíneo los atraerá hasta aquí, por ti —explicó con cierto tono sombrío, porque incluso a ella le empezó a arder la garganta por la sed, pero que bueno que sabía controlarse a la perfección.

— ¿Por qué, Robin-chan? ¿Dónde estamos? —preguntó Sanji, con el ceño fruncido.

—No estás en tu mundo mundano —Robin extendió la mano para agarrar un libro de un estante—. Estás en nuestro mundo, el de los vampiros y si sales, tendrás a un montón de vampiros salvajes tras de ti.

—Pero el vínculo… —intentó decir Sanji, todavía sin comprender. En estos momentos como necesitaba sus cigarros con él.

—La mayoría no respeta el vínculo, a menos que ese vampiro sea respetado o temido —comenzó a explicar Robin, mientras abría aquel libro en sus manos—. Zoro te mordió y tú le perteneces, pero eso no significa que tu sangre no siga siendo atrayente para otros y si esos que te huelan están sedientos, podrían intentar morderte. Claro que necesitarían ser vampiros suicidas para querer robarle al 'esclavo' a Zoro —sonrió con simpatía.

Aquella última frase hizo al rubio avergonzarse y no comprendió porque, por lo tanto, desvió la mirada.

Ante ese acto, Robin acentuó su sonrisa.

—Yo no sabía eso… es más, no sé casi nada y el idiota del Marimo me evade muchas cosas —replicó Sanji con voz lastimosa.

— ¿Qué te ha dicho Zoro? —preguntó Robin, alzando la mirada del libro, con un brillo de astucia en la mirada.

El ojiazul suspiró y le contó lo que aquella noche el peliverde le dijo, así como que no podía salir de la habitación.

—Es normal que no quiera que salgas, eres un humano —suavizó Robin, dejando el libro en su lugar del estante—. Y en cuanto al vínculo, es algo poderoso, aunque voluble.

— ¿A qué te refieres, Robin-chan?

—El vínculo es algo que no se puede romper una vez te hayan marcado, a menos que mueras o te conviertas en vampiro —el rostro de Robin estaba completamente serio ahora, como si estuviera recordando—. Como humano que eres, te ayuda a ti a tener cierta inmunidad a algunas cosas, como enfermarte. Pero si te dejan de morder, morirías y si un vampiro más te muerde, también morirías —su voz estaba tan calmada, como si eso fuera algo normal—. Tú vampiro tendría que ser bastante compasivo contigo para no dejarte morir cuando se aburra de ti o encuentre una sangre mejor —finalizó y luego sonrió.

Por todas esas palabras, Sanji estaba tan blanco como la vampira… Entonces, el Marimo se terminará aburriendo de mí, ¿no?, pensó y la rabia le recorrió su ser. ¡¿Cómo ese maldito peliverde pudo ser tan egoísta?! ¿Por qué le dijo que su único deseo era salvarlo cuando en realidad terminaría muriendo sí o sí?

—Sin embargo, no debes preocuparte de eso ahora, mejor disfruta de lo que las hormonas vampíricas te ofrecen —dijo Robin con esa tranquilidad suya, sonriéndole con dulzura al chico.

— ¡Sí, Robin-chwaaan! —la decepción le duró poco a Sanji, que sonrió emocionado por la vampira hermosa.

—Ha sido más discreto de lo que creía… —murmuró Robin tan bajo que le rubio ni la escuchó— Sanji, ¿a ti te gusta Zoro?

La emoción del chico se fue al demonio con esa pregunta, se quedó atónito y sin moverse. No se había planteado el que le preguntara eso y no es que la respuesta a esa cuestión fuera negativa, mas tampoco era completamente afirmativa; porque con eso del vínculo, dudaba si ahora eran sus sentimientos o ese mismo contrato.

— ¿P-por qué lo preguntas, Robin-chan? —no se atrevió a decir un no, pero no quería admitir nada.

—Usualmente los esclavos o están aterrados o bien excitados —comentó como si nada Robin, haciendo que el rubio se avergonzara un poco, porque de asustado él no tenía nada—. En los quinientos años de mi vida, solo he visto a tres esclavos que no temen a sus vampiros.

— ¿A quiénes?

—A Eustass Kid, Nami… y tú.

—Solo conozco a ese tal Kid, porque intentó matarme… —repuso Sanji con un poco de amargura al decir tal nombre—. Robin-chan, espera, ¿Kid fue un esclavo?

—Fue Law el vampiro con quien tuvo el vínculo y él decidió transformarlo —explicó Robin, caminando hasta una mesa alargada y ancha de roble, donde se sentó e invitó a que el rubio hiciera lo mismo.

—Pero ese tal Kid no parece del tipo que se deja dominar y dudo qué…

—Es por eso que te digo que él fue el primer esclavo que vi no temía a su vampiro y podía negarse a la voluntad de este —repitió Robin.

— ¿Y sobre Nami-san?

—Yo la convertí.

Impresionado, Sanji estaba completamente impresionado con todo eso. No se imaginaba a ese pelirrojo dominado por Law anteriormente, no se lo creía.

— ¿Qué se necesita para qué ustedes transformen a un humano en vampiro? —Sanji sintió de pronto la garganta seca y una comezón pequeña en el cuello.

—Ni nosotros mismos lo sabemos —admitió Robin con la mirada pérdida—. A veces, es como si supieras que esa persona debe serlo. Es un proceso completamente doloroso y complicado, solo los vampiros con más experiencia pueden hacerlo.

—Entonces, Law y tú, Robin-chan…

—Law es como mi hermano, a los dos nos transformó el mismo vampiro antiguo, pero anteriormente él era mi pareja —Robin no se mostró tan reservada en ese ámbito, por el simple hecho que lo consideraba un dato sin importancia. El pasado era el pasado.

— ¡¿Qué?! Ese bastardo… tuvo la suerte de estar contigo, Robin-chan, ¡cuánto lo envidio! —refunfuñó Sanji.

La vampira simplemente comenzó a reír y negó un poco.

—Él me dejó de atraer cuando nos convertimos. Y luego, él encontró a Kid.

—Su relación no parece sólida.

—Ellos… tienen su manera de ser —con eso, Robin dio a entender que no revelaría nada del tema.

Sanji suspiró.

—Ese tal Law parece ser muy buen amigo del Marimo.

—Lo son, ellos son muy similares y a la vez como agua y aceite.

—No entiendo, se llevan bien, ¿no?

—Se llevan a su manera —corrigió Robin—. Del mismo modo que yo y Law, Zoro fue creado por uno de los principales de mi especie, pero él negó durante cinco décadas lo que era; mostraba odio por nosotros y bueno, era todo un rebelde. Además él había perdido… —se quedó callada al recordar como el peliverde le había contado una vez su triste final en su vida humana y por la expresión del rubio se dio cuenta que no sabía nada, así que era mejor no dar en que más pensar—. Sin embargo, quien más entendía el sufrir de Zoro, era Law y fue por gran parte de su ayuda, que Zoro por fin aceptó lo que era. Por tu cara, puedo adivinar que no sabías esto, ¿verdad?

El rubio frunció con ligereza los labios.

—El Marimo solo me había contado que nunca quiso ser lo que es ahora y varias experiencias que le ayudaron a aceptarlo, cómo los conoció a ustedes, así como la visión que tenía del mundo y como cambió cuando me conoció… —Sanji se dio cuenta que eso último era más información de la necesaria y estárselo contando a una dama, le hizo sobresaltarse, regañarse así mismo.

—Nunca había visto un vínculo como el de Zoro contigo —confesó Robin, ahora divertida por la expresión del otro—. Me alegro que te haya encontrado.

— ¡Ahí estás, Robin! —exclamó otra voz femenina, alegre como si de un gorrión se tratase.

No hubo necesidad de que Sanji volviera el rostro hacía atrás, pues la dueña de dicha voz se acercó a la pelinegra con una sonrisa mientras recogía su largo cabello anaranjado en una coleta alta con una agilidad impresionante.

—Nami —saludó Robin con una sonrisa.

—Vaya, así que este es el humano de Zoro… —comentó Nami con una coqueta sonrisa, acercándose al rubio, para percibir mejor ese olor, quedando encantada— Ahora lamento no haberte encontrado antes —masculló con un ligero puchero.

— ¡No te preocupes, Nami-swaaan! —exclamó Sanji, encantadísimo con la vampira pelinaranja, incorporándose con tanta rapidez, que casi ni se sostiene del bastón.

— ¿Cómo te llamas? —Nami se encontraba divertida por el actuar del humano.

—Sanji Kuroashi, a tus servicios, Mellorine —respondió Sanji con una elegante sonrisa, haciendo una reverencia.

—Sanji-kun, tu sangre es realmente deliciosa —comentó Nami, lamiéndose los labios en una clara insinuación.

—Es un halago que una preciosa dama como tú considere eso —alardeó Sanji, como todo un galán.

—Nami, no deberías… —murmuró Robin con el ceño fruncido.

—No pasa nada, incluso él me puede dar de su sangre sin que yo lo muerda. Law puede extraerla con alguna aguja —repuso Nami como si nada y es que sentía su garganta palpitar con solo respirar en el aire el olor de la sangre del humano ahí parado a su lado; nunca había logrado conocer un olor que la atrajera de tal modo. Sin embargo, algo no le convencía, y es que también se percibía ese ligero olor a metal, ese mismo olor que poseía el vampiro peliverde.

—Te meterás en problemas, no creo quieras te pase como a Kid —la voz de Robin sonó sombría y miró de manera grave a la otra chica.

—Pff —Nami puso los ojos en blanco e ignorando las palabras de la pelinegra, sonrió ladinamente y se acercó al rubio con el andar gatuno—. Sanji-kun, ¿me dejarías probar algo te su deliciosa sangre? —le preguntó, mirándolo con inocencia a la vez que hizo un puchero.

Desgraciadamente, el ojiazul era el tipo de hombre que no le niega nada a una mujer, aunque lo que le estuviera pidiendo pusiera en peligro su vida.

—Oh, mi querida Nami-swan, por supuesto que…

—Por supuesto que no, maldita arpía —interrumpió la voz amenazante de Zoro, causando que los demás se quedarán inmóviles.

— ¡Hey, Marimo idiota, trata con más respeto a una dama…! —Sanji fue el primero en reaccionar, para no permitir que aquel vampiro les faltara el respeto a las chicas, porque fueran o no humanas seguían siendo mujeres.

—Guarda silencio, Ero-cook —dijo Zoro con la voz totalmente seria, dirigiéndole una mirada fría al chico. Y es que ya estaba en medio de este y la pelinaranja.

El rubio se quedó mudo contra su voluntad, porque ahora el peliverde usó en toda la extensión de la palabra el hecho de que Sanji era "su esclavo".

Robin se incorporó rápidamente al lado de la otra chica, en actitud defensiva.

—Vamos, Zoro, no es la gran cosa. Además, es solo un humano, puedes encontrar más juguetes —opinó Nami sin inmutarse.

—Es curioso que tú digas eso, porque precisamente tú eras un maldito juguete cuando eras humana, ¿ya lo olvidaste, bruja? —inquirió Zoro con acidez, mirándola con un gesto superior y amenazante.

—Zoro —llamó Robin, nada feliz con que el vampiro trajera ese recuerdo ahora.

La expresión de Nami se crispó de tal modo y si no dijo nada, es porque se sintió asquerosamente intimidada con la mirada del peliverde, pese a que solo la veía con un ojo, toda el aura ajena destilaba peligro. Ahora entendía porque Zoro era considerado uno de los vampiros más temidos, después de los siete principales.

Sanji quería replicar, quería defenderlas, pero no podía, simplemente sus actos no le obedecían y por si fuera poco, la comezón en su cuello regresó de manera alarmante.

—Si valoras un poco tu vida o mejor dicho, la vida que Robin te dio, no se te ocurra volver a intentar poner tus garras en lo que es mío —esa frase era más que una amenaza por parte de Zoro y su expresión estaba tan oscura, que incluso sus colmillos salieron un poco y su ojo se tiñó de rojo.

—Zoro, es suficiente —habló Robin nuevamente, con calma—. Yo no iba a dejar que…

—Cállate, es tu maldita obligación que tengas controlada a tu gata, ¿no? —Zoro estaba que hervía en furia, pero había algo más que lo hacía sentir así, más que el simple vínculo y no lograba entender qué— Así que has mejor tu trabajo, o la gata terminara empalada en una espada —lo dijo con tanta frialdad y mirando a la pelinaranja.

De los labios de Robin escapó un siseo, pero su expresión estaba fría también, mientras que Nami no podía moverse y se encontraba presa del miedo, jamás había visto al peliverde así y de verdad que era aterrador sentir y verlo como el demonio que era.

Sin decir nada más, Zoro giró su cuerpo y miró al rubio con la misma ira, le aventó el bastón con el cual se apoyaba a un lado y lo levantó del cuerpo para acomodarlo sobre su hombro izquierdo.

Dirigió una última mirada asesina a las vampiresas y emprendió su carrera con esa rapidez suya, que en un minuto terminó llegando a la habitación.

Ya dentro, cerró la puerta de un portazo y llave, para después lanzar al rubio en la cama, sin importarle su pie.

—Te dije que no salieras de este cuarto, maldita sea —gruñó Zoro, sintiendo su sangre arder por el enojo y más que eso, también había sentido temor de solo imaginar que aquella pelinaranja lo hubiera mordido. Pero eso no era algo que admitiría tan fácil.

— ¡No puedo estar encerrado para siempre, mierda! ¡No soy tu maldita mascota, Marimo bastardo! —Sanji no se quedó atrás y ahora que podía hablar, no se aguantaría las ganas.

— ¡Fuiste tú quién decidió quedarse aquí, joder!

— ¡Pero fuiste tú el maldito que me mordió!

— ¡Lo hice para salvarte, pedazo de idiota! —Zoro sabía que parte del rubio tenía razón, no obstante estaba tan enojado, que eso nublaba parte de su razonamiento. Aunque más que nada, eso tenía que ver con el vínculo, porque no podía permitir que alguien más cazara al chico.

— ¡Yo nunca te pedí que lo hicieras, imbécil! —Sanji también estaba enojado, no solo por lo evidente, sino porque trató mal a las damas y sobre todo, porque no fue cien por ciento claro con él sobre aquel vínculo— Además, ¡¿para qué lo hiciste?! Sólo pospondrás mi muerte para cuando tú te aburras de mí, de mí estúpida sangre —le echó en cara.

— ¡¿Eh?! —eso tomó a Zoro desprevenido, la verdad es que él no creía aburrirse de esa sangre tan adictiva, porque incluso no había cazado a nadie más; su cuerpo y su garganta, solo estaban esperando el momento indicado para volver a beber la sangre del rubio— ¡¿Qué cojones estás diciendo?!

— ¡Deja de mentirme! —Sanji ya no podía contenerse— ¡Yo confíe estúpidamente en ti y no fuiste sincero y me jode que no lo seas!

— ¡Yo te dije todo lo que sé, maldición! —replicó Zoro y era cierto, porque a su amigo ojigris se le olvidó mencionar esos mismos detalles que la pelinegra le dijo al rubio.

Sanji sonrió con amargura.

—Eres un maldito.

—Estoy maldito, soy un demonio que se alimenta de la sangre, ¿qué esperabas? ¿A un ángel? Yo no elegí ser lo que soy ahora —Zoro lo miró con frialdad, controlando su tono de voz, pero no la brusquedad de sus palabras.

Sanji se estremeció al oír eso y sonrió con amargura.

—Al final, qué te importa, ¿no? Para ti solo soy un humano, una herramienta de la cual te puedes alimentar —¿por qué decir eso dolía? Le dolía incluso más que la primera vez que sintió esos colmillos enterrados en su garganta.

—Tch, piensa lo que quieras —Zoro sintió una ligera sensación de ¿dolor?, en su pecho. Era una emoción que hace un par de siglos no sentía aunque sabía reconocerla, mas esta era diferente y como es lógico, su orgullo no le dejaría expresarla—. Pero no volverás a salir de esta maldita habitación, ¿entendiste, Cejitas? —ordenó con cierta desazón en la voz.

— ¡Tú no eres nadie para darme órdenes, estúpido cabeza de alga! —se negó Sanji, incorporándose, sin caminar del todo.

—Estás viviendo en mi casa, harás lo que yo diga —replicó Zoro con cierta arrogancia.

Sanji rechinó los dientes.

—Regresaré a mi casa, entonces —hizo una expresión decidida, pero entonces el dolor en su cuello llegó de manera inesperada.

Otra vez esa necesidad.

Por lo tanto, Sanji perdió el equilibrio y antes de que su cuerpo cayera al suelo, los fríos brazos del vampiro lo atraparon. Empezó a jadear de manera brusca, porque ese mismo dolor le entumeció todo el cuerpo que apenas y podía moverse.

—Hey, Ero-cook… —masculló Zoro y era tal la expresión que tenía el rubio, que era imposible que no se mostrara preocupado al hablar. Sin embargo, comprendió exactamente lo que sucedía cuando su garganta empezó a arder con más intensidad que todos los días que olía sangre.

Esa necesidad estaba atacando otra vez.

Los colmillos de Zoro empezaron a crecer y entreabrió los labios, sintiendo su respiración acelerar.

—Hazlo de una maldita vez, agh… No tienes que esperar mi permiso, joder —jadeó Sanji, apretando los hombros ajenos con sus manos, sintiendo ese doloroso hormigueo por todo su cuerpo, como si fuera una descarga eléctrica.

Aquella necesidad era capaz de romper el orgullo de ambos, porque ahora aquel enojo y esa pelea quedaron olvidados.

El vampiro levantó al rubio, cargándolo como a un bebé y era tanta la necesidad, que este no se quejó. Lo sentó en la cama y acostó en esta, acomodándose entre sus piernas; le sujetó el rostro para ladearlo y lamió toda la extensión de ese blanco cuello, logrando que el humano suspirara.

—Solo espera, Sanji… —susurró contra su piel.

Eso fue capaz de lograr que algo se encendiera en el cuerpo del mencionado chico, era una llama nueva para él. Un fuego intenso que no podía ser ignorado, porque le gustó demasiado como sonó su nombre dicho por esa voz tan gruesa y moderada a la vez.

—Muérdeme, Zoro —dijo Sanji a la vez que le sujetó la cabeza y lo empujó hacía su cuello—. Muérdeme de una maldita vez —su respiración estaba agitada del mismo modo que su corazón.

Escuchar esa frase, junto con los latidos frenéticos del rubio, prendieron por completo al peliverde y sus instintos se desbordaron y no solo fueron los vampíricos.

Abrió su boca lo suficiente para dejar expuestos sus colmillos y por tercera vez, los enterró en esa suave carne.

La sangre comenzó a salir de prisa, debido al pulso acelerado del muchacho, del mismo modo que su rostro estaba sonrojado y su piel al ser tan blanca, se notaba bastante. El calor que emanaba de su cuerpo era igual al que sentía proveniente del vampiro y eso que este tenía la piel fría.

Y Zoro estaba completamente complacido, no solo por ese sabor inigualable, sino por haber escuchado su nombre de los labios del rubio.

Ese delicioso líquido carmín escurría en dos líneas por la clavícula de Sanji, mientras este se aferraba a los cabellos ajeno con fuerza, sintiendo la excitación apoderarse de su ser de una manera insana, poderosa, adictiva, como si esa mordida fuera una vil droga. Pero no era una dañina, al contrario, lo hacía sentir enteramente bien.

Aun jadeando, Sanji se apoyó con un brazo para levantarse un poco, sin dejar de sujetar el cabello ajeno, sintiendo esa estremecedora sensación de los colmillos que le succionaban de una manera tan placentera. Gracias a aquella mordedura, donde la ponzoña del vampiro ingresó al sistema, el pie de Sanji terminó curándose lo poco que le faltaba. Por lo tanto, aprovechando eso y la posición en que estaban, como pudo, dio la vuelta para empujar al peliverde, quien ante el cambio de posición, se sentó y por inercia el rubio se sentó encima del peliverde. Abrazó el cuello ajeno, invitándolo a seguir.

—No te… detengas… —la voz de Sanji sonó sensualmente insinuante. Y como no, si aquella deliciosa sensación estaba desbordándose de una manera inimaginable por parte de ambos, teniendo en cuenta que uno no conocía el hecho de que ese mismo vínculo venía con semejanza a algo sexual.

Ante esas palabras, Zoro notó el cambió rápido que dieron las cosas e intentó controlar ese instinto sexual que estaba despertándose desmesuradamente. Aunque cuando sintió las caderas ajenas comenzar a moverse encima de su pelvis, ese autocontrol se fue al demonio, pero al tomarlo desprevenido, sacó sus colmillos del cuello ajeno.

—Espera… Sanji, idiota, no debes… —intentó decir, jadeante, porque sentir esos bien formados glúteos contra su miembro era una delicia.

El rubio se alejó un poco sin quitar sus brazos del cuello ajeno, para verlo.

—Heh, dices eso, pero ya estás tan duro como yo —espetó con una cínica sonrisa, ¿qué le pasaba? Él no era el tipo de persona que se entregaría tan rápido y con alguien que no conocía tanto como quisiera, además el peliverde era un vampiro. Sin embargo cualquier resistencia era inútil, su cerebro estaba desconectado de su cuerpo y lo único que ahora sentía, ya no solo era la necesidad de ser mordido, no, ahora su cuerpo necesitaba algo más. Algo más que terminara de marcar que pertenecía al vampiro.

—Tú… —Zoro se avergonzó ligeramente, mas segundos después eso terminó por agrandar su excitación. Él tampoco estaba pensando con claridad y es que al morder, en efecto, era como una droga; le pasaba exactamente igual que como al rubio. También su cuerpo le estaba pidiendo algo más y ninguno de los dos era tan idiota como para no saberlo.

—Muérdeme, Zoro… No sé te ocurra detenerte ahora —la expresión de Sanji era sensualmente seria y el sonrojo de sus mejillas no le quitaba eso, al contrario, de alguna forma hacía más notoria una masculinidad sexy y provocativa.

—Te advierto que no daré marcha atrás una vez empiece —expresó Zoro con la voz ronca por la excitación y sin esperar más respuesta, lamió con saña aquellos orificios donde primero mordió al rubio, para después enterrar los colmillos al otro lado del cuello ajeno.

—Aagmnh… —fue inevitable que ese gemido quedara oculto en los labios de Sanji, su excitación rebasaba los límites que él creía tener. De tal forma que presionó más sus glúteos contra ese miembro tan duro.

Prácticamente, el peliverde le arrancó la playera morada que tenía, dejando libre esos dos pezones rosados. Dejó de morder el cuello del otro, lamiéndolo, para después dedicarse a devorar esos botones como cerezas que tenían un ligero sabor salado por el ligero sudor. Sintió como las manos ajenas le desabrocharon el pantalón, liberándole su palpitante miembro que pese a tener la piel fría, era capaz de transmitir calor o ese sentía Sanji, que soltaba jadeo tras jadeo con cada caricia que su cuerpo recibía por esas frías manos que a la vez eran cálidas.

El vampiro lo tenía sujeto de las caderas mientras se encargaba de masajear ese duro falo con saña, sacándose su propio miembro para hacerlos chocar a ambos.

—Maldita sea, agh, te voy a partir —gruñó Zoro al sentir ese glande caliente ajeno pegar con el suyo.

—Deja las palabras a un lado… y hazlo… —respondió Sanji, quitándole la camisa de mangas cortas que el peliverde tenía.

En ese momento, la mirada de ambos se cruzó, logrando que ese libido creciera todavía más y por ende, se besaron apasionadamente, donde sus lenguas comenzaron una danza húmeda.

El rubio se pegó al cuerpo ajeno de tal manera que ambos miembros chocaban, friccionándose con frenesí y Zoro, con su fuerza sobrehumana, rompió el pantalón de mezclilla ajeno, apretando y masajeando esos firmes glúteos, logrando que Sanji ahogara uno que otro gemido en el ósculo compartido; los abrió y comenzó a rozar su dedo índice ahí.

Realmente ninguno de los dos había tenido sexo con alguien del mismo género hasta hoy, por lo que no tenían mucho conocimiento de las acciones que deberían llevar a cabo, solamente se estaban guiando por instinto. Ese instinto tan febril que sería capaz de incendiar la mansión entera.

Sanji dejó de besarlo para respirar, intervalo de tiempo que el vampiro aprovechó para que le chupara los dedos, dedicándose besar y morder de manera ligera la clavícula ajena, haciendo solo pequeñas incisiones de momento, saboreando la poca sangre que brotaba de estas. Y cuando sintió sus dedos completamente mojados, con esa misma mano masturbó un momento ambos miembros para mezclar la saliva con el pre-seminal de ambos.

Zoro metió el primer dedo justo en el momento en que volvió a enterrar sus colmillos en la yugular ajena, causándole al rubio una reacción completamente masoquista, porque sintió dolor. Pero como lo disfrutó, tanto que sonrió de manera lasciva y mientras sentía como esos dientes enviaban vibraciones placenteras en todo su ser del mismo modo que aquel dedo, se dedicó a rasguñar esa dura espalda como acto reflejo.

Estaba disfrutando todo, incluso comenzó a mover las caderas lentamente, causando que el peliverde se abriera más espacio y lograra introducir un dedo más, arrancándole a Sanji un gemido ronco; se lamió los labios y todavía gozando de la mordida, se lamió la diestra para con esa seguir masturbando ambos miembros. Ante eso, Zoro se estremeció con fuerza, porque joder que beber esa sangre tan deliciosa y recibir ese parte de ese placer carnal que tenía con el chico, era algo afrodisiaco, algo que le provocaba sensaciones que nunca había experimentado, aumentaba su sensibilidad de goce, que incluso su ojo estaba rojo carmín.

La excitación era abrumadora, pese al dolor que llegaba a sentir el rubio, no lo inmutó ni le hizo tener temor, ni cuando sintió el tercer dedo penetrarlo de manera menos delicada. La incomoda sensación quedó a un lado, porque ahora era más el placer que otra cosa e incluso si sentía dolor, terminaría disfrutándolo, ya que le encantaba.

Mientras Sanji saltaba ligeramente para ayudar a los dedos ajenos a moverse, el vampiro sacó sus colmillos de la piel ajena, lamiéndola, causándole gemir roncamente al otro.

—Tu sangre es solo mía… Grábate eso —susurró Zoro con intensidad, mirando directamente los ojos del rubio a la vez que le sujetó de la mano para enterrar sus colmillos en la vena de la muñeca de este.

El muchacho inclinó la cabeza hacia atrás y el calor lo inundó, como viles llamas que cubrían su cuerpo de manera placentera. Que el peliverde reclamara su sangre de esa manera le encantó, lo atrapó.

Ya no sentía dolor en su pie, estaba preso en el placer, ya no negaba nada.

Zoro colocó al ojiazul ahora en la cama, todavía bebiendo de esa caliente y dulce sangre con fuerza, viéndole le colorado rostro. Sacó sus dedos del interior ajeno y el rubio le bajó por completo su pantalón y ropa interior con ayuda de su pie sano, dejando totalmente expuesto su erecto miembro.

—Complace mi necesidad, Zoro —el tono de Sanji era completamente lascivo y ronco por el mismo deseo que corría en sus venas. En estos momentos, poco le importaba si lo que hacía estaba bien o estaba mal, porque sentía que si no lo hacía, no podría seguir. Era curioso, la necesidad de tener algo más con el vampiro era de la misma intensidad que el desear ser mordido.

Totalmente morboso y masoquista. Porque lo estaba gozando. Y mucho.

Al vampiro le enloquecía escuchar su nombre salir de esos labios finos; inclinó su rostro una vez dejó de beber la sangre de la muñeca ajena, y mordió la mandíbula ajena, sin hacer ninguno incisión ni le molestó la ligera barba que este tenía. Sin decir nada más que sonreír de manera salvaje, lo penetró.

Sentir ese pedazo de carne a la vez frío y tan caliente en el interior de su cuerpo le causó un tremendo y atractivo dolor, que hizo que Sanji arqueara ligeramente la espalda, porque joder que antes ya había tenido sexo, pero ni siquiera podía compararlo con esto.

Esto era algo diferente, era algo más que solo el vínculo, y eso tanto el vampiro como el humano lo supieron en el momento en que se volvieron uno en ese acto.

—Aaghhh —gimió Sanji de manera sonora, sentía dolor, sentía placer, sentía placer por ese mismo dolor— M-muérdeme… muérdeme, mierda… —pidió con aire agitado.

El peliverde acercó su mano a los cabellos ajenos para apartarlos del rostro del rubio, mirándolo más detenidamente; sentía sed, una sed tan voraz, pero también sentía deseo, sentía una necesidad, sentía llamas en su pecho que no tenían que ver con sus instintos vampíricos.

Sanji lucía hermoso, era un chico bastante apuesto e irradiaba sensualidad por cada poro y su masculinidad era tan atrayente. Como si fuera una mujer renacida en un hombre, pensó Zoro y sin más, se inclinó para morderlo en el cuello por tercera vez, bebiendo de su sangre como si de agua se tratara para un humano en medio del desierto.

—Aah… —Sanji gimió nuevamente, porque justo cuando sintió esos colmillos penetrarle, las embestidas comenzaron de manera rápida. Se prensó con sus uñas de la espalda ajena y ladeó lo más que podía su cabeza para que el otro bebiera cuanto quisiera de él.

Mismo líquido carmín no dejaba de salir de manera abundante, llenando al peliverde, que aumentó las embestidas de manera brusca.

En definitiva ahora sino había palabra capaz de comparar lo que ambos estaban sintiendo; ser mordido y penetrado, morder, beber la sangre y penetrar. Dos placeres carnales realmente poderosos.

Los gemidos de Sanji inundaban la habitación, así como el chapoteo causado que en cada embestida se mezclaba con sus respiraciones agitadas de tal modo que solo lograban excitarlos más.

—Ngaaah… —él ahogó un gemido cuando ese falo en su interior golpeó un punto que no conocía mientras que el vampiro dejó de beber su sangre para besarlo. Correspondió encantado, pese al sabor a sangre que esos labios tenían; se abrazó al cuello ajeno con fuerza, volviendo aquel ósculo uno feroz y apasionado, moviendo sus caderas al mismo ritmo en que era penetrado,

El vampiro le mordió su labio inferior con fuerza, haciéndolo sangrar, motivo por el cual ahora le succionaba el labio con saña. Los ojos azules de Sanji estaban fijos en el ojo del peliverde, mientras jadeaba y gemía.

Zoro le sujetó de los muslos para elevar más sus caderas, transformando las embestidas en estocadas puras: saliendo y entrando, penetrándolo y golpeándolo justo en ese punto tan especial.
La sensación era tan abrumadora que Sanji extendió sus brazos para apretar las sábanas, sosteniéndose de las estocadas, las cuales le provocaron un placer todavía más grande, porque venía acompañado de un ligero dolor. Poco le importó, al contrario, le gustó y pidió más.

Pidió más de la manera que un hombre bañado en placer podía hacerlo. Pidió más como una orden, con orgullo. Pidió más no como un sumiso, sino como un demandante deseo, como una necesidad.

Y Zoro lo cumplió, sus instintos carnales, sexuales y vampíricos se desataron. Sin cuidado alguno, giró el cuerpo ajeno para embrocarlo en la cama, elevó sus caderas y lo penetró con casi violencia, utilizando parte de esa fuerza sobrehumana que poseía, así como la velocidad.

Por su parte, Sanji se sobresaltó, estremeciéndose del placer. Eso le dolió, pero ese dolor era delicioso, calmaba su fuego, a la vez que lo encendía. Los temblores en sus piernas crecieron, que a penas y podía mantener la posición en cuatro de no ser porque el peliverde le tenía bien sujeto continuando con las estocadas.

— ¡Ya… no… aagh…! —en ese preciso momento, Sanji apretó las sábanas con sus manos, sintiendo como una corriente eléctrica le recorrió de pies a cabeza cada célula de su cuerpo, llegando al orgasmo de manera escandalosa. Su cuerpo se estremeció con brusquedad y ahora no solo por eso, sino porque los colmillos del vampiro volvieron a clavarse en su cuello— Ngaahh… —jadeó y sonrió, ¿cómo había adivinado el otro que deseaba ser mordido justo ahora?

El peliverde había sentido un ardor tremendo en su garganta, un ardor que había ignorado al estar tan concentrado en el cuerpo ajeno, en cada caricia y placer que se brindaban. Un ardor que no se apaciguó con las anteriores mordidas, por lo que esta vez, lo mordió con más fuerza de la necesaria, haciendo que la sangre escurriera de manera escandalosa. No detuvo las embestidas, pese a que sintió como el otro llegó al orgasmo y solo esperó uno segundos antes de sentir su miembro aprisionado con tanta fuerza por los músculos internos, de tal manera, que terminó descargando su esencia ahí.

Oh, joder, estaba seguro que este sería el mejor orgasmo de toda su eterna vida.

Zoro dejó de beber la sangre ajena al mismo tiempo en que salió del interior de este y lamió, lamió con lentitud y cariño cada lugar donde había enterrado sus colmillos, incluso en los labios ajenos.

Ahora sí, Sanji se sintió avergonzado. No se arrepentía, claro que no, pero, diablos, ¿cómo es que pasó una simple mordida a un deseo sexual? Bueno, realmente la respuesta a eso, poco le importaba, porque sus ojos se fijaron en el cuerpo desnudo del vampiro y quedó deslumbrado.

Mierda, en su código de caballero, no había nada más bello que una dama…, pero bastaba con solo ver a Zoro para revocar esa idea, por más que negara el hecho de que un hombre podía lucir tan sexy. Esos brazos musculosos, ese pecho y abdomen bien formado sin importar la cicatriz que lo cruzaba… Mierda, es más guapo de lo que imaginé, pensó Sanji, frunciendo el ceño y desviando la mirada, cuando se topó con la mirada ajena.

—Tienes tu rostro colorado —comentó Zoro, enarcando una ceja.

—Cállate, idiota —refunfuñó Sanji y con las sábanas se tapó parte de su cuerpo, sentándose en la cama, para reclinarse en la cabecera de esta.

El peliverde suspiró. Por más que se reprendía por haberse "aprovechado" de esta manera del otro chico, no podía sentirse mal, por supuesto que no. Al contrario, se sentía tan satisfecho, porque no solo probó su sangre ideal, sino a él. Bueno, de todos modos, sabía bien que por más que lo negara, algo como esto pasaría, porque la sed de sangre casi siempre venía acompañado por el placer, pero no pensó sucediera tan rápido.

—Sí me importa —dijo Zoro de repente, a lo que el rubio le miró desconcertado—. No te tengo aquí por mero uso sanguinario, Ero-cook, sino me importaras como persona, hubiera dejado que Kid o Nami te mordieran y no me puedo dar el lujo de dejarte morir —confesó. Mierda que no pensó que decir eso fuera tan difícil, sintió algo de calor en su rostro, pero aun así siguió hablando, mirando al ajeno a los ojos—. Pensé que te había dejado claro eso, no puedo permitir que mueras, Sanji.

El mencionado chico se le quedó mirando, ¿por qué solo con esas palabras sentía que no podía seguir enojado con el vampiro? Claro, también estaba el hecho de que intimaron…

—Moriré cuando te aburras de mí y encuentres una sangre mejor, resulta lo mismo al final de cuentas, ¿no? —especuló con cierta amargura, desviando la mirada hacía el frente. Dolía decir eso.

—Yo dudo encontrar una mejor sangre que la tuya —aseguró Zoro y realmente lo creía así—. No sé lo que estuviste hablando con Robin, pero entre los vampiros, siempre habrá alguien que tenga exactamente nuestra marca de sangre personal —explicó con calma—. Y en mi caso, tú eres mi heroína —confesó, sujetando al otro de la mandíbula para verse ambos a los ojos.

¿Era imaginación de Sanji o aquello se oía como una confesión? Sí, era estúpido pensar algo como eso, siendo que lo único que los unía era aquel vínculo extraño…

— ¿Tú heroína personal?

—Me he topado con muchos humanos en mis trescientos años y nadie ha olido como hueles tú —Zoro inclinó más su rostro hacía el rubio.

Sanji posó su mirada a los labios ajenos y luego al ojo del peliverde. Y sin decir nada, lo besó.

Mismo ósculo fue correspondido con gusto por Zoro, que sujetó del rostro al rubio, besándolo de manera demandante, pero calmada. Las manos ajenas le sujetaron de las muñecas y solo entonces detuvo el beso, para pegar su frente a la ajena, mirándolo con intensidad.

—Créeme cuando te digo que no te dejaré morir.

—Es tan frustrante que confíe en ti tan rápido, Marimo de mierda —masculló Sanji con una mueca y el ceño fruncido, lejos de sentirse molesto, se sentía bien.

Zoro sonrió divertido.

— ¿Y cómo crees que sentí yo cuando me di cuenta que no era capaz de verte muerto sin siquiera conocerte en lo más mínimo?

—Es diferente, yo te estoy confiando mi vida —Sanji suspiró y lo miró atentamente—. Esto es estúpido, pero, ¿puedes abrazarme? —su rostro estaba totalmente serio.

Esas palabras causaron al peliverde un deja vú y no entendió porque, sin embargo, rodeó con sus brazos al rubio; ambos se acostaron así, sin importar la hora del día.

—No quiero que me ocultes cosas, Marimo —dijo Sanji con tono decisivo—, no me gusta enterarme por terceros.

—No te mentí cuando te expliqué lo del vínculo.

—Pero no me dijiste la posibilidad de que yo moriría sino me mordías o algo más me mordía —Sanji lo miró, frunciendo el ceño.

—No lo hice, porque sencillamente no dejaré que eso pase —Zoro sonó tan firme, tan seguro, que el rubio se arrepintió de dudar de él.

—Eso espero, yo tampoco quiero ser mordido por alguien que no seas tú, Marimo idiota —susurró Sanji, sorprendiéndose así mismo de sus palabras. Pero, era la verdad, no quería que nadie que no fuera el peliverde lo mordiera y no solo por el vínculo, sino porque ese vampiro le gustaba mucho.

Oír esas palabras fue un tremendo alivio para Zoro y sonrió, realmente contento por eso, por lo que abrazó más al chico.

—Y tampoco nadie más te tocará.

Como el rubio entendió bien el mensaje, se sonrojó con violencia y apretó los dientes.

—Imbécil…

El peliverde simplemente acentuó su sonrisa.

Sanji no siguió discutiendo, porque el sueño lo venció y terminó quedándose dormido, pese a que no había desayunado. Aunque con tremenda sesión de sexo, mordidas e inyección de hormonas vampíricas en su sistema, el hambre se le había pasado por completo.

Eso fue aprovechado por Zoro y contempló ese rostro dormido. Eres un humano realmente interesante, pero todavía no comprendo porque me atraes tanto, pensó con una sonrisa.

Cerró sus ojos para dormir, cuando un recuerdo le asaltó la mente.


Zoro, idiota, no sabes tratar a una chica —había dicho ella con un puchero en sus labios y el peliverde solamente se rascó el cuello, avergonzado—. Esto es ridículo, pero, ¡abrázame!

Y así lo hizo Zoro, se acercó a ella y la abrazó con fuerza, respirando el dulce olor a vainilla de ese largo cabello dorado. Nunca le gustaron las cosas dulces, pero con ella siempre era una excepción.


El vampiro abrió sus ojos de golpe y regresó su mirada a Sanji, que dormía plácidamente.

Por un momento, fue como si Jina estuviera conmigo, pensó Zoro con la impresión tatuada en su rostro, porque aquellas palabras que el rubio le dijo, sonaron tan similares a las que su anterior pareja le dijo hace tantos años.

Ahora que lo pienso, él tiene ese mismo color de cabello… pero antes de que siguiera especulando más cosas, Zoro volvió a quedarse dormido.


Y eso ha sido todo el día de hoy ewe

¡Finalmente la flor de Sanji fue desabotonada por Zoro!(?) Disfruté mucho escribiéndolo, es un nuevo erotismo este lemon con muchas mordidas y sangre de promedio, asdljask; espero les haya causado la misma sensación que a mí al estar narrándolo xD.

Como han notado, el drama no es demasiado, justo como mencioné al inicio, o bueno, al menos en estos capítulos es así, lol. De todas maneras, el mundo de Zoro esconde muchas cosas que, así como en éste capítulo, se irán revelando (las importantes).

Trataré de actualizar en pocos días, antes de ingresar a clases, que ya me queda menos de una semana :c.

En fin, de verdad espero hayan disfrutado de este capítulo ewe. ¡Y no se olviden de dejarme sus comentarios!

Los adoro, besos.