¡Holi a todos! uwu
Bien, ahora sí no tardé en volver a actualizar esa erótica y sangrienta historia(?). Pero lamentablemente mis vacaciones ya acabaron :c, y por ende ando actualizando todas mis historias porque no sé si continuaré con la misma disponibilidad anterior al estar en clases.
En fin, más cosas son reveladas en éste capítulo, espero lo disfruten xD
/Jueves 21 de Noviembre de 2013/
Jina era una muchachita rebelde, de cuerpo esbelto y alta, era muy hermosa con ese cabello lacio y dorado que llegaba hasta su cadera. Sus ojos eran de un color verde claro y su piel blanca como la nieve; al ser tan bella, era codiciada por muchos hombres, pero solo uno había conquistado su corazón, solo uno le hacía sentir lo que realmente era amar.
Roronoa Zoro, su actual novio de origen japonés. Si sus padres no se opusieron a eso, fue porque el chico era de una familia de renombre y de verdad tenía todas las aptitudes necesarias para ser el jefe de una familia.
Jina y él se conocieron de una manera "típica", porque a ella su ex novio la estaba acosando al estar ebrio y Zoro intervino para salvarla. Aunque ella no actuó como la damisela en problemas, al contrario, se molestó bastante por la intervención del peliverde, alegando que ella no era débil. Sin embargo, contra su voluntad, se vio custodiada por el chico hasta su casa. Y su padre, al enterarse de quien ayudó a su amada hija, no dudó en ir a ofrecer su gratitud y de manera muy conveniente, presentó a Jina.
De alguna manera, pese a la aparente incompatibilidad entre Zoro y Jina, los dos terminaron enamorándose y en una pésima declaración de amor por parte del chico, ambos comenzaron su relación. Sus padres la aprobaron, por supuesto, cada uno de ellos era el candidato perfecto y en ese tiempo, no todos tenían la suerte de enamorarse de la misma persona que sus padres querían.
Zoro trabajaba de herrero en su tiempo libre, porque cuando su padre muriera, él se haría cargo de la empresa de transportes de la ciudad. Y Jina siempre lo iba a ver, dándole el almuerzo, así como pasando las tardes juntos entre besos y abrazos; ellos no siempre se guiaban de la regla social para parejas en esa época, sino que simplemente fluían sin complicaciones, ignorando que cada noche, había alguien vigilándolos en sus paseos.
Después de varios meses, la boda quedó planeada y todo era felicidad, pese a algunas peleas que se suscitaban entre Jina y Zoro, pero sabían manejarlo de tal manera que su estabilidad como pareja era excepcional.
Hasta que un día, Zoro iba acompañando a Jina de regreso a su casa, luego de haber salido a pasear por la ciudad. Ellos, esa pandilla que había estado ganando fama durando las últimas semanas, aparecieron de frente, comandados por el ex novio de ella, Gin.
Zoro era buen peleador, pero desgraciadamente no llevaba consigo sus espadas y aunque logró dejar inconscientes a más de cinco, todavía quedaban otros cinco y tres de ellos se encargó de herirlo con una tremenda cicatriz en el pecho mientras que Gin intentaba violar a Jina con ayuda de otro.
Sin embargo, gracias a que Zoro alcanzó un tubo de metal, logró dejar inconscientes a los tres que lo hirieron y así defender a su Jina, solo que fue demasiado tarde, porque le habían cortado la garganta para que no gritara. Y aunque Zoro hirió a los otros dos, no pudo salvar a su prometida.
—Estoy segura de que nos volveremos a ver, Zoro, mi Zoro… —dijo Jina en apenas un hilo de voz, ya no le quedaba mucho tiempo de vida.
—No, no me dejes…, Jina… ¡Maldita sea! —Zoro inclinó su rostro para pegarlo al ajeno, frunció los labios y con la expresión endurecida por el dolor, lágrimas comenzaron a caer en silencio.
Porque ella había muerto.
Sanji se sentó en la cama, completamente despierto y sus ojos… ¿cristalizados? ¿Estaba a punto de llorar? ¿Por qué? ¿Qué era ese sueño que no comprendía en lo más mínimo? Sus ojos volaron hacía el peliverde, que le miró alarmado cuando se dio cuenta que estaba en un estado completamente ansioso.
— ¿Qué te pasa, Cocinero? —preguntó Zoro, sentándose de igual modo y regañándose así mismo por haber sido tan rudo hace unas horas.
—Tú… tú… —balbuceó Sanji, apretándose la frente con la diestra, mientras sentía como sus caderas dolían, así como sus piernas, pero más era la desesperación que sentía en esos momentos por el sueño que acababa de tener.
Porque era un sueño, ¿verdad? Aun así, joder que eso le había parecido más un recuerdo, como si de su propia vida se tratase, todo eso… Todo eso no sabía cómo explicarlo y su corazón latía desenfrenado.
— ¿"Yo", qué? —inquirió Zoro, alarmado, porque no entendía la desesperación del rubio.
Sanji apretó los dientes, mientras se sujetaba el cabello con la diestra con fuerza, intentando contener esas fuertes emociones que le atacaban. Su cuerpo temblaba y por eso el vampiro lo abrazó con cuidado.
—Dime qué te pasa, carajo —repitió Zoro, ansioso, ¿acaso él era el culpable de eso? ¿Sería esto alguna reacción del vínculo?
Lo único que el muchacho hizo fue verlo directamente a su ojo sano, hasta que por fin, pasados varios minutos, se calmó un poco. Sanji extendió la mano para acariciar la cicatriz del pecho ajeno, temblando ligeramente, no sabía que decir, porque contarle que había soñado con él, que era una mujer y moría viéndolo era algo ilógico, ¿no?
El vampiro se estremeció ante el tacto en esa zona de su cuerpo y le sujetó la mano, para ponerla en el lugar donde debería estar su corazón. Estaba cálido, aunque sus latidos estaban muertos, no el sentimiento, y encontró su mirada con el ojiazul.
—Sanji… —susurró Zoro con una voz aterciopelada.
El nombrado chico suspiró, como le gustaba que ese vampiro le llamara por su nombre y bastó solo eso para poder sentirse mejor.
— ¿Cómo te hiciste esa cicatriz, Marimo? —preguntó Sanji con cierta ansiedad en la voz, pues las imágenes del peliverde herido, casi por morir le inundó la mente.
Ahora quien suspiró fue Zoro y volvió a acostarse en la cama, mirando fijamente el pabellón rojo que cubría la cama, porque definitivamente explicar eso sería traerle miles de recuerdos a la mente. Recuerdos que no quería volver a vivir, ya que su mente era capaz de transformar un recuerdo como si lo estuviera viviendo en esos momentos, pues era una habilidad vampírica.
Y no es que no lo hubiera superado, pero simplemente eso no era algo que le gustara recordar.
—Vuelve a dormir.
— ¿Por qué no me dirás? —insistió Sanji, frunciendo el ceño con obstinación. Necesitaba saberlo, ya que creía supondría más alivio por el sueño que acababa de tener, porque estúpidamente quería comprobar si era verdad. No es que fuera adivino o cosas por el estilo y es por ese mismo motivo tan atípico que quería saberlo.
—No es algo que te importe —repuso Zoro, clavando su mirada oscura en el rubio.
La expresión del rubio se descompuso un poco ante esas palabras, pero sin importar el tono tan serio del peliverde, no apartó su mirada azul del rostro ajeno.
—Te equivocas, porque a estas alturas si me importan las cosas que tengan que ver contigo, maldición —replicó Sanji para sorpresa del vampiro—. Tú no eres él único que puede reclamarme —¿en verdad estaba diciendo algo como eso? Eran palabras sumamente comprometedoras, pero ciertas.
— ¿Por qué quieres saberlo? —Zoro estaba a la defensiva y no es que no confiara en su humano, no obstante ese tema en sí no era algo que le contara a todo el mundo con facilidad. Sin embargo, tampoco podía engañarse así mismo, cuando hace un par de días atrás estuvo a punto de contárselo.
Suspiró con frustración.
—Yo solo… necesito saberlo —la voz de Sanji volvió a tornarse ansiosa y miró con decisión al contrario.
Y ahí estaba otra vez Zoro, debatiéndose en su interior el hecho de que cuando esos orbes azules le veían de esa manera, no podía negarle lo que quería, ¿por qué? ¿Qué tenía el rubio para tener ese tipo de "poder" con él?
Resultaba irónico siendo que el esclavo era Sanji, no Zoro.
Frunció el ceño, supongo que no puedo negarme simplemente a eso, pensó un poco derrotado.
—Me la hice al estar protegiendo a mi novia —contestó sin ánimo en la voz, como si fuera una voz de un robot.
De alguna manera, saber eso hizo que Sanji sintiera un sentimiento extraño en su pecho; saber que alguien más había estado con el vampiro, que alguien más lo había visto de muchas maneras, que alguien más había visto momentos del peliverde que no podía imaginar… Definitivamente, se sintió celoso del pasado del otro, algo quizá absurdo e infantil, porque era probable que en ese entonces ni siquiera hubiera nacido.
No sabía que decir ahora y tampoco se había dado cuenta de que tenía sujeta las sábanas de la cama con sus manos, apretándola con tanta fuerza que sus venas resaltaron un poco, porque dejando a un lado el ligero dolor que sintió, también la alarma se presentó en su cuerpo. Pues esa respuesta de alguna manera encajó con su sueño, ese sueño que le provocaba un sentimiento incapaz de reconocer.
—No eras tan animal en ese entonces, ya que eras capaz de cuidar a una dama… —Sanji habló por hablar y no era capaz de ver a la cara al vampiro.
Zoro se quedó mirando las manos del rubio que sujetaban con fuerza las sábanas y luego alzó la mirada para encontrarse con la cara ajena cubierta por el dorado cabello. Era capaz de sentir el cambio de ambiente, por esa misma razón ahora no encontraba qué decir.
—Marimo… —llamó Sanji con la voz ligeramente temblorosa, ¿cómo es que un sueño era capaz de afectarlo de tal manera cómo para dejar a un lado esa fingida arrogancia con que siempre hablaba al peliverde? Mierda, pensó y negó— Esto es estúpido, yo… no debería sentirme así…
El peliverde simplemente lo miraba.
¿Por qué demonios estoy diciendo eso? ¿Dónde está mi orgullo?, pensó Sanji, molesto consigo mismo, por lo que apretó los dientes. Tampoco es como si fuera a llorar, que ganas no le faltaban pero no lo haría. Sin embargo, se sentía miserable.
—Ya has compartido tu vida con alguien antes…
—Es lógico, llevo "vivo" más de tres siglos, ¿te molesta? —preguntó Zoro con seriedad. Justo en estos momentos, tenía la necesidad de seguir hablando, de seguirle contando al humano todo, ¿por qué tenía esos deseos infames de aclararle las cosas? Como no obtuvo respuesta del rubio, decidió seguir hablando— Estaba por casarme con ella…, pero al ser una chica muy guapa, era codiciada por muchos hombres —la voz de Zoro adquirió un tono difícil de explicar— y fue uno de ellos quien nos tendió una trampa. Y él se llamaba Gin —ahora sí, su voz se tiñó de odio puro que incluso el rubio se estremeció—; yo fui herido por sus hombres y no pude salvarla a ella… También hubiera muerto de no ser porque Mihawk me encontró y me convirtió —la calma emanaba de sus labios ahora—. Por supuesto, una vez así, no dudé en matar a aquel tipo.
— ¿Bebiste su sangre? —preguntó Sanji torpemente al no tener nada mejor que decir y estar alejando de su persona esa sensación triste de su corazón, aunque por una parte se sentía bien que el peliverde le estuviera contando algunas cosas.
—No regué nada de sangre de ese tipo, solo lo maté a golpes.
— ¿Cómo se llamaba… ella? —Sanji no fue capaz de decir "tu novia", ya bastante difícil era preguntar su nombre, pero tampoco es como si le guardara envidia a la chica, porque su código de caballero no se lo permitía.
—Jina.
Las imágenes del sueño del rubio volvieron a repetirse en su cabeza de manera rápida, que incluso le provocó marearse un poco. ¿Debería decirle algo como eso al vampiro? Tan pronto lo pensó, desechó la idea, porque por más que eso coincidiera con lo que soñó, era algo totalmente ilógico y el Marimo podría pensar que estaba jugando con algo como eso. Así que prefirió guardarse su sueño y suspiró.
— ¿Por qué no querías contarme?
—No suelo contar parte de mi vida a las personas con tanta facilidad, menos este tema —respondió Zoro, teniendo su mirada fija en el rubio—. Pero contigo simplemente tenía que hacerlo.
Sanji se acostó nuevamente e hizo una mueca de dolor, en ese momento sintió un dolor de caderas bastante fuerte, aunque de la misma manera sintió una calidez profunda al oír las últimas palabras del ajeno.
El vampiro en efecto notó que el otro sentía dolor en su cuerpo y no era necesario decir a palabras el motivo de eso.
— ¿Siempre eres así de bruto? —inquirió Sanji con sarcasmo y entrecerrando un poco los ojos, haciendo una mueca— Necesito mis cigarros…
—Fuiste tú quién accedió a esto, Cejitas —dijo Zoro y sin muchas ganas le dio la cajetilla de cigarros al rubio.
Este se la arrebató con brusquedad y sacó un cigarro que prendió con el encendedor que tenía debajo de la almohada.
—Cocinero… ¿tú has tenido… —ahora era Zoro quien necesitaba una respuesta, porque más que curiosidad era lo que sentía ahora— has estado con alguien más? —su expresión estaba indiferente, pero lo miraba.
—Sí —Sanji no se inmutó y le devolvió la mirada con inexpresión—. Ella desapareció sin decirme nada —el recuerdo de aquella muchacha le trajo un retortijón en su pecho, el cual desapareció casi al mismo tiempo cuando la mano del vampiro le sujetó de la cabeza y lo abrazó— ¿Pero qué estás…? —Sanji estaba completamente sorprendido que incluso se sonrojó y frunció el ceño.
—Siento lo mismo —habló Zoro con seriedad.
— ¿Eh? —el corazón de Sanji estaba desbocado por completo y su cigarro seguía entre sus labios.
—No sé si es cosa de este vínculo, pero saber que alguien más ha estado en tu vida me molesta —admitió Zoro con la voz aterciopelada, mas no era capaz de ver la cara del rubio, porque sintió la adrenalina recorrerle el cuerpo la decir eso.
—Marimo —el cabello de Sanji le cubría parte del rostro cuando lo llamó—, quiero saber más de ti, joder.
El peliverde sonrió y aunque en un principio se tensó, ahora se sentía bien.
—Eres un estúpido curioso, pero después de todo eres un humano.
—Ah, sí, muchas gracias, idiota —Sanji puso los ojos en blanco, ofendido, pero correspondiendo al abrazo que el peliverde le daba.
/Viernes 22 de Noviembre de 2013/
Decir que aquel sueño tenía a Sanji intranquilo era quedarse corto, porque solo un día había pasado y las imágenes de ese mismo seguían repitiéndose en su mente, una y otra vez, siendo él incapaz de encontrarle lógica al asunto. Porque no era algo normal, ¿o acaso era parte del vínculo? Ya que pese a que sentía aquel sueño como parte de sus recuerdos —lo que le provocaba más confusión—, era parte del pasado del vampiro, según lo que este le contó.
Con todo eso, era imposible que su mente no dejara de maquinar, por lo que el resto del día anterior se la pasó en la mini cocina personalizada que logró tener en la gran habitación del peliverde y aunque este estuvo diciéndole a cada rato que no era necesario tanta comida debido a que los vampiros no necesitaban comer eso, Sanji hizo algunos postres para las dos bellas vampiresas que conoció. Obviamente, él no fue quien se los llevó. De hecho, eso solo causó que peleara con el peliverde, mas esta vez terminó "perdiendo". Pero es que sino cocinaba, no podría mantener su mente despejada de aquel tonto sueño.
Law le había dado una pomada para el dolor de su cuerpo, realmente sentía como si su cadera se fuera a caer y no fue necesario explicarle las cosas al ojigris.
—Su escándalo se escuchaba hasta mi habitación —había dicho Law, con una completa expresión burlona, de no ser por su seriedad, se hubiera carcajeado de los otros dos chicos colorados.
—Qué lástima que Kid no estaba en ese momento, ¿no? —le replicó Zoro con voz sombría.
Ante eso, Sanji había observado que al vampiro ojigris se le pasó el humor negro con el que los estaba molestando, lo que lo llevó a preguntarse qué pasaba realmente con ese par, según recordaba lo que Robin le dijo ayer. Pero tampoco es que le importara, tenía otra preocupación en su cabeza.
También estaba el hecho de que no había ido a trabajar por el accidente con su pie y ya venía pensando cómo hacerle para regresar y sin dejar de ser mordido.
Por el momento, ahora estaba acostado en la cama, con el cigarro entre sus labios; no podía sentarse del todo bien porque las caderas le dolían horriblemente que incluso se preguntó si en las señoritas así era como les pasaba, lo cual le llevó a pensar que no se merecían un dolor como tal.
—Ero-cook —llamó Zoro mientras salía del baño de la habitación.
Él no era tan despistado o idiota como para no darse cuenta del aire distraído que parecía tener el humano, pero tampoco sabía cómo preguntarle sobre eso. Empezaba a pensar que tenía que ver con que le contara su pasado, como humano, pues aunque el rubio le dijo que tenía curiosidad, no había vuelto a preguntar del tema.
A Sanji casi se le cae el cigarro de la boca cuando fijó sus ojos azules en el cuerpo desnudo del vampiro.
— ¡Te un poco de pudor, maldito cabeza de musgo! —exclamó, tirándole una almohada en la entrepierna— ¡Cúbrete con algo!
— ¿Por qué demonios debo hacerlo si ya me has visto antes desnudo? —inquirió Zoro con el ceño fruncido, tirándole la almohada de regreso.
— ¡Eso es diferente, Marimo sinvergüenza! —Sanji se sonrojó bruscamente al entender a lo que se refería el peliverde y se enfurruñó.
—Hoh, estás rojo como la sangre —comentó Zoro un poco burlón y se acercó a la cama, donde estaba el otro acostado.
— ¡Ni te me acerques, Marimo mierdoso! —Sanji volvió a tirarle la almohada y como pudo se fue hasta el rincón de la cama. No es que fuera un ser inocente, pero eso de alguna manera le provocó pudor, tal vez porque no se acostumbraba a la belleza sobrehumana del peliverde.
Zoro estalló a carcajadas y negó. Se vistió en un par de segundos, quedando con una camiseta de mangas cortas verde oscura sin abotonar —a propósito para molestar al rubio— y un pantalón negro de mezclilla, también calzando un par de botines estilo militar negros.
Pasó una mano por sus cabellos verdes y sus pendientes de oro tintinearon.
—Bien, Cocinero, vámonos.
Sanji le miró con desconfianza una vez el color de su piel regresó a la normalidad, pero su corazón seguía golpeteando su pecho con rapidez que incluso mordía su cigarro inconscientemente.
—Como siempre te quejas que no sales de aquí… —murmuró Zoro con escepticismo— supongo que no está mal que salgas conmigo ahora —se encogió de hombros, restándole importancia, pero la verdad es que tanto Law como Robin le habían reprendido por tener al rubio encerrado. Además, sabía que tenía que regresar al mundo humano tarde o temprano.
El muchacho ojiazul enarcó una ceja.
—Al fin tu cabeza de pasto piensa —Sanji se incorporó con calma, aunque gracias a la pomada del ojigris ya no le dolía tanto el cuerpo, todavía se sentía extraño—. ¿A dónde iremos?
—No te diré, lo verás tú —respondió Zoro y una vez el rubio estuvo de pie, sin pedirle permiso, lo sujetó con fuerza para acomodárselo en el hombro como un costal.
— ¡Estúpido Marimo mierdoso, bájame, puedo caminar! —se quejó Sanji, jalando de la camisa ajena como protesta.
—Si vamos a tu paso tardaremos horas en llegar —explicó Zoro como si fuera lo más obvio del mundo.
— ¡Pero yo no quiero que me cargues, joder!
—No te estoy preguntando, Cejas de remolino —dicho eso, Zoro salió corriendo con una tremenda rapidez, propia de vampiros, de la habitación, pasando por los pasillos oscuros por completo.
La respiración de Sanji se agitó cuando el vampiro lo cambió de posición en la espalda y por inercia se sujetó del cuello ajeno y enrolló sus piernas en la cintura impropia. En aproximadamente un minuto el viaje terminó.
—Iré escalando, así que sujétate bien —notificó Zoro con calma, dándole un apretón a los muslos ajenos.
El rubio se estremeció y chasqueó la lengua, sujetándose con fuerza extrema al otro.
Así que el peliverde dio un salto con toda su fuerza y con su vista tan aguda se impulsó de una roca sobresaliente de aquel gran agujero por el que cayeron hace casi dos semanas. Hizo falta un salto más cuando al fin Zoro estuvo en piso firme, aunque el rubio estaba jadeando por la rapidez con que el otro se movía; todavía no se acostumbraba y tampoco es que quisiera ser cargado siempre, pues incluso tenía los ojos cerrados.
—Ya puedes bajarte.
Sanji abrió los ojos y su mirada se iluminó cuando se encontró frente a un gran lago azul oscuro por la noche, donde se reflejaba la luna llena. Los árboles lo rodeaban, la noche llenaba cada rincón, pero era iluminado también por las estrellas y en lugar de parecer un lugar sombrío por su falta de vida y tanta quietud, el lugar le encantó.
Zoro esperó paciente hasta que el humano bajó de su espalda y lo miró con atención sin decir nada.
—Es un lugar bastante… agradable —murmuró Sanji con una sonrisa apenas visible. Hace momentos atrás que dejó su cigarro tirado.
—Dado que en mi mundo sería peligroso tener a un humano a la intemperie, por eso te he traído aquí.
— ¿Y qué lugar es "aquí", Marimo? —Sanji le miró.
—Estamos en Francia —Zoro no pudo ocultar el suspiro de su voz, ¿por qué lo había llevado a aquel país que tenía todos los recuerdos de su vida humana? La verdad es que no lo entendía, simplemente siguió sus impulsos.
— ¡¿Francia?! ¡¿Cómo mierda hemos llegado tan rápido?! —la expresión de Sanji era incrédula.
—A través del portal que conecta mi mundo con el tuyo —dijo Zoro con simpleza y sin más, se sentó en el césped, flexionó las piernas y recargó sus brazos en las rodillas.
—Tch, ten la maldita amabilidad de explicarme mejor esto, Marimo idiota —replicó Sanji con algo de irritación y de igual modo se sentó al lado del vampiro.
Todavía no entendía cómo es que estar al lado del peliverde le daba tanta calma, cuando en realidad sabía que lo que debía sentir era miedo o terror, pero era imposible sentirlo. No podía, sin importar que cada semana fuera mordido por él. Y sin darse cuenta, suspiró.
—En mi mundo hay una grandiosa hechicera y ella es la encargada de haber hecho los portales en cada clan de mi especie —Zoro miró de reojo al muchacho por el suspiro de este y continuo hablando—. Ese lugar es llamado "La Noche" y la única luz que tenemos es de las estrellas…
— ¿Estrellas? Pero si aquella vez que llegué a la biblioteca se veían dos medias lunas —interrumpió Sanji con el ceño fruncido, desconfiando un poco.
—Las estrellas están tan juntas que parecen dos medias lunas —explicó Zoro, girando el rostro para verlo y se inclinó hacia el ajeno como si fuera a besarlo, pero se detuvo a un milímetro—. No me interrumpas cuando hablo, Cocinero.
—… —Sanji simplemente le fulminó con la mirada y no pudo replicar.
—El caso es que, como no podemos alimentarnos de nuestra propia sangre, esa mujer creó los portarles para ir al mundo humano y tener alimento —el tono de Zoro era indiferente—. Solo los clanes más poderosos tienen un portal en sus mansiones, porque los demás salen por los dos principales que están en una laguna.
—Vaya, así que eres de los importantes… —la impresión de Sanji era fingida, se estaba burlando un poco.
—Porque quien me convirtió es uno de los gobernantes de mi mundo —Zoro apretó un poco los labios en un gesto inconsciente, aun así su voz estaba llena de respeto—. Lo mismo que para Law y Robin; Kid y Nami viven ahí porque fueron convertidos por estos dos.
— ¿Entonces yo viviré también ahí? —esa idea le causó confort de la misma manera que desagrado para Sanji.
—Se supone que debes hacerlo, quieras o no —Zoro le miró con seriedad—; es una de las reglas. Pero tampoco pienso obligarte —desvió la mirada hacia el lago.
Oír eso lleno de calidez el cuerpo del rubio.
— ¿Así que romperás las reglas por mí? —inquirió Sanji con algo de burla, simplemente para no demostrar lo que en verdad causó escucharle a su corazón.
—Por supuesto —Zoro seguía con la mirada en el agua y no dudó en responder.
—Podrían castigarte si los desobedeces… —añadió Sanji en un tono más bajo, sorprendiéndose por lo que le peliverde dijo.
—Dudó mucho se enteren de algo como mi vida.
— ¿Cómo es que llegamos a Francia si estábamos en Tokyo? —preguntó Sanji, cambiando de tema para no preocuparse y tener más complicaciones en su cabeza.
—Ese portal nos lleva a cualquier parte del mundo, Ero-cook —contestó Zoro con calma y volvió a dirigir la mirada al chico—. Por cierto, como tu pie ya está mejor, tal vez debas regresar a tu casa pronto —espetó ocultando el desagrado que esa idea le daba.
—Sí, supongo que tienes razón… —esas palabras salieron casi inaudibles por parte de Sanji, porque la verdad no deseaba irse de ese lugar— Aunque si llegó muy rápido al trabajo después de que dije me zafé el pie, será extraño mi recuperación tan rápida —alegó. ¿En serio estaba buscando pretextos?
—Bueno, eso es verdad —Zoro suspiró y se acostó en el pasto, flexionando los brazos hacía atrás para colocar sus manos debajo de su cabeza y ver el cielo nocturno—. Sin embargo, puedes estar en tu casa hasta que pase otras dos semanas y regreses a trabajar —tan pronto acabó de decir eso, su garganta se incendió, literalmente, porque el deseo de sangre comenzó, ¿por qué demonios me siento así, sí ayer bebí de él?
—Vaya, no sabía que tenías tantos deseos de deshacerte de mí tan rápido, ¿o es por qué no obedecí lo que me dijiste? —para gusto de Sanji, fue demasiado directo, demasiado. Él no quería irse y aunque no lo decía tan claro, su expresión irritada decía eso, y con ese mismo deseo, aquella extraña necesidad de la que se estaba acostumbrando más rápido de lo que debía, apareció nuevamente.
A Zoro le sorprendió aquello, que no dijo nada y solo se dedicó a verlo, ¿él deseaba morderlo ahora o era el rubio quién quería ser mordido? ¿Cómo estaba pasando eso, si se suponía que el plazo era de una semana? O al menos así había sido las dos anteriores.
— ¿Por qué no dices nada, Marimo imbécil? —inquirió Sanji, pero sin verlo, pues su voz salió jadeante y el cabello cubría su rostro— Mierda… maldito Marimo…, yo…. ¡Muérdeme, joder! —y lo admitió, pues es que el dolor y comezón en su cuello era tal que no aguantó. Se sentía como un vil adicto a alguna droga.
—Cocinero… —masculló Zoro, mas no es como si fuera a negarse realmente, porque sus instintos estaban bombardeándolo como una guerra; el olor de la sangre del rubio era tan tentador y en el estado que se encontraba a ahora… ni como negarse. Además, era su naturaleza el alimentarse de sangre.
El vampiro sin pensarlo dos veces, acostó al rubio en el pasto, acomodándose entre las piernas de este. Le sujetó de las muñecas, pero no lo mordió aún. Fijó su único ojo sano en esa mirada azul tan transparente del otro chico e inclinó su rostro para verle más de cerca.
—Muérdeme ya… Marimo estúpido —jadeó Sanji con la respiración acelerada. Tenía una ligera idea del porque esa necesidad había aparecido tan repentinamente, mas no sabía si era verdad, además su razón se estaba nublando, solamente quería sentir al peliverde otra vez. Aceptar eso mientras veía fijamente al vampiro le hizo sentir toda su sangre caliente en su cara y cuello.
Sin embargo, lo que Zoro hizo fue besarlo, impresionando al ojiazul de tal manera que tardó un poco para devolverle el beso. Pero lo hizo y de manera gustosa, aferrándose al cuello de ajeno, mientras su lengua jugaba con la impropia.
Se besaban con una tremenda necesidad que incluso el aire comenzó a faltarles, la diferencia era que el peliverde si podía estar sin este, pero Sanji no, por lo que se separó un poco y su corazón estaba tan acelerado como su respiración.
Por otro lado, el peliverde lo observó con atención y sonrió a la vez que su mirada adquirió un brillo difícil de explicar para el rubio, sin embargo fue capaz de comprender, porque él se sentía de la misma manera. La necesidad era la misma y venía en compañía de algo más.
No fue necesario que Zoro escuchara otra petición del chico, sin más y con un ligero rugido ahogado, enterró sus colmillos en el blanco y suave cuello ajeno, en el momento en que apretó la entrepierna ajena con su rodilla.
— ¡Aaagh…! —Sanji nunca se quejaba por más que le doliera aquella mordida por el placer que le provocaba. Pero esta vez le fue imposible contenerse, pues más que una queja por el dolor con la fuerza con que esos dientes perforaron su piel, un estremecimiento de un sentimiento que no lograba identificar del todo le recorrió el cuerpo. Y aunque no lo conociera, de alguna manera lo comprendía.
¿Deseo? ¿Amor? ¿Necesidad? ¿Mordidas? Era todo eso y más. Zoro y Sanji lo sabían, aunque no lo expresaran en palabras.
Con todo eso, el peliverde desbordaba éxtasis al estar bebiendo de esa dulce sangre del que era adicto, presionando con fuerza sin importarle el causar dolor, porque sabía el rubio lo estaba disfrutando tanto como él. Lo sorprendente, es que ninguno de los dos esperó para ponerse completamente duros; los dos querían que aquel acto del día anterior se repitiera.
La sangre caliente le cayó tan bien a su garganta sedienta, era como si hubiera pasado días en el desierto y por fin tomaba agua.
Mientras Zoro bebía de esa sangre con cierta glotonería, pero con silencio, las manos suaves y tibias del rubio le recorrieron el pecho con lentitud hasta quitarle la camisa por completo, la cual qué bueno estaba desabrochada desde hace rato. Y el vampiro no se hizo esperar, prácticamente arrancó la playera negra ajena y con sus manos apresó los pezones contrario, masajeando la entrepierna de Sanji con la rodilla, quien comenzó a jadear violentamente.
—No dejes de morder…, Ma… Marimo… gaah… —logró decir cuando sintió el peliverde separaba los dientes del cuello.
—Tienes más partes que aún deseo morder, Cocinero pervertido —respondió Zoro con una voz cargada de lujuria y una insana necesidad compartida.
Lamió los orificios del cuello ajeno, besó el pecho de este y se entretuvo con cada pezón varios minutos hasta que llegó al pantalón. Lo desabrochó y dejó salir un suspiró en la piel del vientre ajeno. Sintió como los dedos del ojiazul le jalaron del cabello, por lo que tomando eso como una afirmativa, le quitó el pantalón junto con la ropa interior, mandando a volar las sandalias ajenas.
—Eres un salvaje… —se quejó Sanji con el pulso a mil por hora, mirando cada acción del vampiro.
—Eso te pone más, ¿verdad? —Zoro le sonrió con arrogancia y se inclinó para meterse a la boca ese miembro impropio ya despierto.
— ¡Aah…! Imbécil… —gimió Sanji, mordiéndose los labios para acallar los sonidos de su boca un poco. No es que alguien pudiera verlos, puesto parecían estar en medio de algún bosque, pero quizá por ese mismo silencio es que sus gemidos salían más fuertes.
Aprovechando lo abierto que el chico estaba, Zoro se dedicó a engullir y hacer embestidas con su boca casi por un minuto, aprovechándose del pre seminal ajeno para lubricar dos de sus dedos lo suficiente. El rubio se removió cuando su miembro fue liberado, mas se tapó la boca para no gemir tan audible cuando sintió al mismo tiempo un dedo invasor y una mordida profunda en su muslo.
Mierda, esto se siente tan bien…, pensó Sanji, completamente colorado. Por supuesto que la ligera brusquedad con que el ajeno hacía todo le dolía, pero contrario de dolerle demasiado o molestarle, lo estaba disfrutando por completo. Nunca se hubiera imaginado un placer similar al que estaba sintiendo en estos momentos.
—Mmnghh… —Sanji se mordió sus dedos y cerró los ojos con fuerza cuando un dedo más entró en su ser justo también con una mordida más arriba del muslo, casi en la ingle y que le envió vibraciones dolorosas en todo el cuerpo que le excitó todavía más. Me estoy volviendo un completo masoquista, pensó con el poco de razón que le quedaba. Y bastó solo con ver el ojo del vampiro para darse cuenta que ese hecho le valía una reverenda mierda— Deja de jugar, maldita sea… Gaah…, no soy delicado… Mmngh… —hasta que bajó su mirada fue que se dio cuenta que sus caderas se movían al ritmo de los dedos del peliverde y eso provocó que se sonrojara al extremo, además de que sentía tan jodidamente exquisita esas succiones de su sangre.
—Vaya que eres masoquista —se burló Zoro con la voz ronca, una vez dejó de morder por segunda vez el muslo ajeno. No imaginaba lo delicioso que era beber de ese lugar y no solo del cuello, ¿o tenía que ver con que se trataba del ojiazul y del vínculo?
—Bastardo… —Sanji se calló a mitad de frase, porque el peliverde adentró un dedo más con fuerza y se sujetó del césped con fuerza.
¿Era imaginación de Zoro o la sangre del rubio sabía más dulce de lo normal? No sabía lo que era, pero ese detalle le encantó y resultaba irónico, porque en su vida humana nunca gusto de los dulces ni pasteles ni cosas azucaradas. Incluso ahora como vampiro le desagradaban las sangres demasiadas dulzonas; las prefería amargas y calientes. Sin embargo, con Sanji fue todo lo contrario: su sangre era tan dulce y fresca, como una fruta, además de que era capaz de llenarlo como si fuera una comida completa.
De golpe, el peliverde sacó los tres dedos y luego de bajarse el pantalón negro hasta las rodillas, acomodó la punta de su miembro en la entrada del rubio. Puede que estuviera siendo en parte brusco en esto y estuviera dominado por sus más bajos instintos, pero no quería lastimar al ajeno.
Le acomodó las piernas sobre sus hombros e iba entrar lo más lento posible, de no ser porque las manos de Sanji le sujetaron de la cintura, empujándolo hacia delante y penetrándolo de golpe. En consecuencia, el ojiazul casi se le escapa un grito de placer y dolor, sin embargo Zoro reaccionó rápido y lo calló con un apasionado beso francés, que hacía "honor" al lugar donde estaban.
Sus lenguas bailoteaban en una pelea donde no había ningún ganador y sus salivas se mezclaban de manera deliciosa, haciendo eco de los chapoteos que provocaban las embestidas fuertes del vampiro en la entrada del rubio.
Sanji sentía que se partiría en cualquier momento y lejos de molestarle, pensar ese hecho solo lo excitaba más que si no se controlaba un poco, terminaría corriéndose; se estaba sintiendo como un completo adicto sexual y no es que no tuviera esos mismos deseos que un hombre normal, es solo que esto era mucho más. El dolor que le causaban las penetraciones sin cuidado y bruscas del peliverde lo hacían ansiar más, mucho más. Ese dolor le gustaba insanamente y ahora poco le importaba si tenía que ver con el vínculo o no.
Quien rompió el beso fue Zoro y no para respirar, sino porque de manera fiera enterró sus colmillos en el labio inferior ajeno, fijando su mirada en la azul del chico y comenzó a succionar la sangre de ese lugar tan sensible y suave de tal manera que incluso el líquido escurría por la boca de Sanji. Este lejos de molestarse, simplemente gemía y jadeaba, clavando sus uñas con tanta fuerza en la espalda del vampiro, que si este fuera una ser humano, ya estaría sangrando a chorros de la piel.
Seguían mirándose, pese a que estaban guiados por el placer, cada uno fue capaz de darse cuenta del sentimiento escondido que cada uno tenía en su interior. Ante eso, Zoro aumentó la fuerza con que embestía al ajeno, convirtiendo las embestidas en estocadas; sacaba y metía su falo duro como el granito casi con salvajismo que la entrada del rubio estaba roja.
—No… Aaaghhm, dejes de… morder… —habló Sanji como pudo, apegándose más al cuerpo ajeno, sin dejar de mirar al vampiro que seguía chupándole la sangre de su labio.
Podría devorarlo de tantas maneras, joder…, pensó el peliverde con las oleadas de placer en todo su cuerpo como si fueran serpientes de fuego que le recorrieran la piel. Nunca había probado la sangre de la manera en que la estaba probando ahora y no creyó supiera así, incluso estaba mordiendo con tanta fuerza el labio de Sanji, que la punta de sus colmillos traspasaron ese carnoso labio.
Que los dos se dieran cuenta de eso, los llevó a lo esperado; el rubio arqueó su espalda y no pudo controlar el sonoro gemido que casi lo deja sin voz, terminando por correrse y manchándose. Al mismo tiempo que Zoro dio una estocada final en el punto correcto ajeno y sintió como esas paredes internas lo tragaban dolorosamente mientras que soltaba toda su blanca esencia ahí con prácticamente un gruñido ronco de placer.
Ambos terminaron con las respiraciones agitadas, jadeantes como si de dos animales salvajes se tratasen y Sanji se aferraba al torso ajeno, lo mismo que Zoro a los rubios cabellos del otro y con cuidado salió de esa cavidad anal.
—Ma-marimo bastardo… Eres una bestia —gruñó Sanji todavía con la respiración acelerada y el ceño fruncido, aunque la verdad no estaba molesto, no obstante ya sentía todo su cuerpo entumido por el dolor.
El mencionado chico alzó la mirada, topándose con esos orbes azules tan claros y luego notó que el labio de este seguía sangrando, por lo que con una sonrisa ligera, se inclinó para succionar ese labio inferior de manera suave para que sanara con su saliva. Ese gesto hizo que el rubio se sonrojara y lo mirara con irritación.
—Era lo que tu pediste —susurró Zoro, una vez terminó su "tarea" y rodó su cuerpo para acostarse al lado del rubio, teniéndolo sujeto de la mano.
—No es que no haya querido, idiota, pero… —Sanji frunció los labios, era una sensación extraña que acabando de su orgasmo tan delicioso ahora se sintiera ansioso por lo que iba a decir.
— ¿"Pero"? —apremió Zoro, intentando no alarmarse, ¿habría sido muy rudo? ¿Lo lastimó mucho?
—Pero no quiero regresar a mi casa… —joder que incluso Sanji era capaz de escuchar los latidos de su corazón, además de lo difícil que era estar diciendo eso, porque su orgullo estaba ahí. Sin emargo era la verdad, ya no quería seguir lejos de la gran atracción que siente por el vampiro, añadido también el vínculo.
— ¿Eh? —Zoro se apoyó en su brazo derecho para ver mejor al chico, pero este tenía un brazo sobre su rostro y le impedía ver esos ojos azules.
—Mierda contigo, Marimo mierdoso, no tengo deseos de regresar a mi casa —Sanji rechinó los dientes—. ¡Joder! Quiero quedarme…
Zoro se quedó sin habla y esa calidez le llenó el cuerpo como una explosión; saber eso le hizo feliz.
—Estúpido cocinero.
— ¡Cállate! —¿ahora se estaba burlando de él? Sanji no entendía porque ahora tenía fuertes deseos de abrazar al peliverde.
—Ya te dije que no pienso obligarte a hacer algo que tú no quieras —recordó Zoro y usando su fuerza sobre humana, destapó el rostro ajeno para ver como este se sonrojaba, aunque lo único que hizo fue abrazarlo, sorprendiendo al rubio—. Incluso si tú te ibas de regreso, yo iría contigo —confesó en un susurró.
—… —Sanji abrió los ojos como platos y correspondió al abrazo con el ceño fruncido— Maldito Marimo imbécil, odio que me hagas sentir tan vulnerable con tu puto vínculo —refunfuñó.
Zoro se rio entre dientes.
—No sé si sea cosa del vínculo, Cejas de remolino, pero lo único que sé es que no quiero estar lejos de ti —bien, decir eso no le costó tanto como pensó, aunque ahora estaba serio.
—Este maldito vínculo es extraño… —repuso Sanji sin ver al peliverde por la vergüenza y emoción que le causó oír eso— Aun así, no me arrepiento de que lo hayas hecho.
Ahora el sorprendido fue Zoro, que se sonrojó solo un poco.
—Eso no me hace menos culpable por lo que te he hecho.
—Tal vez, pero tú has dicho que no me dejarás morir, ¿no? —esta vez, Sanji lo miró, ignorando lo mejor que podía el dolor de sus caderas.
El peliverde asintió.
—Vaya, vaya, salir a disfrutar de la madrugada y encontrarse con una pareja en pleno acto sexual no es algo que sucede todos los días, y menos si se trata de un vampiro y un humano —aquella seductora voz femenina tan conocida para el peliverde sonó con una sonrisa—. Pero qué bueno es ver que después de todo ustedes dos sí rompieron la barrera que antes lo separó.
Asdsaldjasldjklassad. Una vez que el lemon inició, no iba a parar(?).
Ah, se me hace tan sexy que Zoro y Sanji follen de esa manera, con mordidas y sangre, sin caer al gore y esas cosas. Es un erotismo que espero a ustedes también les esté gustando xD.
Y, como vieron, finalmente apareció el pasado de Zoro, por lo que pueden hacer sus suposiciones sobre qué esconde Sanji sin saberlo :v. Siempre me ha gustado usar la reencarnación en mis historias, jajaja.
¿Quién creen que es la personita que apareció al final, eh?
¡No se olviden de dejarme sus comentarios, que yo muy felizmente los leeré! ¡Los adoro!
