Disclamer: Es una adaptación, ni los personajes ni la trama son míos. Son de dos autoras geniales, Meyer y Milburne.
Capitulo caliente... quedan ADVERTIDAS... jejejeje
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Bella se despertó al amanecer, Edward dor mía a su lado, sus facciones estaban relajadas. Anhelaba acariciarle, como tantas veces ha ría hecho en el pasado. El leve roce de la yema de un dedo era lo único que Edward había necesitado rara volverse hacia ella, completamente erecto; con sus oscuros ojos brillando de pasión.
Bella se humedeció los labios con la lengua al re cordar las veces que le había saboreado, provocando una reacción en él que había aumentado su propia pasión.
Abrió los ojos y cerró las manos, tan cerca de los muslos de Edward. La tentación estaba ahí, sólo un leve movimiento y le tocaría, sentiría el fluir de su sangre como reacción a la caricia…
Bella, sorprendida, parpadeó cuando, de repente, Edward le agarró la mano y se la llevó a la entre pierna. Edward aún tenía los ojos cerrados y lanzó un gruñido de puro placer cuando los dedos de ella, instintivamente, le exploraron.
—Sí, querida… Así es como me gusta…
A Bella se le secó la garganta al sentir cobrar vida al engordado miembro. Impulsivamente, arrimó el rostro al cuerpo de Edward y le besó los pezones antes de acariciarle el vientre con la lengua. Le sintió tomar aire y contenerlo en los pulmones, le sintió tensar los músculos del vientre mientras ella descen día con su boca hasta tomarle el miembro en ella. Le oyó gemir mientras le conducía al paraíso y tragaba la evidencia.
Edward se estiró lánguidamente antes de capturar los ojos de ella con los suyos.
—Estoy empezando a pensar que quizá debiéra mos prolongar nuestra reconciliación a seis meses, en vez de seis semanas —dijo él con una tentadora sonrisa—. ¿Qué te parece, Bella? ¿Quieres tener una aventura amorosa conmigo antes de que nos divor ciemos?
Bella sabía que se había traicionado a sí misma al hacer lo que acababa de hacer. Le disgustaba que, al cabo de unos segundos de haber alcanzado aquel sumo placer, Edward mencionara el divorcio, recor dándole la precariedad de su puesto en la vida de él. Al final de su relación con él, fuera la que fuese, le esperarían unos papeles que tenía que firmar y sería mejor que no lo olvidara.
—Debes de estar bromeando.
Edward le puso una mano en el hombro para evi tar que ella se diera la vuelta.
—Piénsalo, querida. El sexo entre los dos es bueno. Me vuelves loco de deseo con sólo mirarme de la forma que lo estás haciendo ahora.
—Yo no te estoy mirando de ninguna forma.
—Sí, claro que sí. Me miras con deseo, como si ja más pudieras saciarte de mí.
—Eso son imaginaciones tuyas.
Edward le humedeció los labios con su propia lengua; después, apartó la cabeza para mirar el efecto.
—¿Crees que son imaginaciones mías el temblor de tu cuerpo? —preguntó él cubriéndole un pecho.
—Yo… no estoy temblando.
—¿Crees que son imaginaciones mías la forma como te abres de piernas para que yo pueda hacer esto?
«¡Oh, Dios mío!», exclamó Bella en silencio cuando un largo dedo de Edward la penetró. No podía negar lo que Edward la hacía sentir. Se sintió derretir cuando Edward sustituyó el dedo con su miembro, llenándola y haciéndola gritar de placer.
—¿Son imaginaciones mías el placer que te pro porciono, Bella? —preguntó Edward incrementando el ritmo de sus movimientos.
—No… no… no…
—Entonces, es verdad, ¿no? Es verdad que me de seas con desesperación, ¿verdad, Bella?
—Sí… sí…
Bella se puso tensa cuando él, conteniendo sus movimientos, la mantuvo al borde del precipicio.
—Por favor… por favor… ¡Ya!
Edward la llevó al éxtasis con un profundo empe llón, dejándola después como una muñeca de trapo en sus brazos. Bella sintió el estallido de él dentro de su cuerpo, el aroma del acto sexual embriagán dola.
De nuevo, Bella se arrepintió de haberse traicio nado a sí misma y una profunda tristeza se apoderó de ella.
Por fin, Edward se separó de ella y se levantó de la cama.
—Tengo que irme a trabajar —dijo él—. ¿Quieres que te lleve de paso a la escuela?
Bella se cubrió el cuerpo con la sábana.
—No, iré en tranvía —respondió ella evitando su mirada.
—¿Y tu coche?
—He tenido que venderlo.
Edward frunció el ceño.
—¿Por qué?
Bella se encogió de hombros.
—Necesitaba el dinero para comprar pintura y lienzos.
—Si quieres, puedo proporcionarte un coche, ¿qué me dices?
Bella sacudió la cabeza, aún sin mirarle. Edward se acercó de nuevo a la cama, le alzó la barbilla y la obligó a mirarle a los ojos.
—Haré que te traigan un coche lo antes posible —dijo él—. Puedes disponer de él el tiempo que quie ras.
—No quiero un coche, Edward. No me parece bien —respondió Bella.
Edward se enderezó.
—Considéralo un pago por los servicios prestados —dijo él pasando los ojos por su cuerpo.
Los ojos de Bella echaron chispas de furia.
—Lo que has dicho es repugnante.
Edward arqueó las cejas.
—Pero acertado, ¿no?
—No —respondió ella cerrando las manos en dos puños—. La única razón por la que me he acostado contigo es por…
—¿Por qué, Bella? ¿Por recordar viejos tiempos?
Bella se pasó la lengua por los labios.
—Sabes perfectamente por qué lo he hecho —dijo ella en voz baja.
—Porque no has podido resistirlo, ¿verdad? —Edward esbozó una sonrisa burlona—. Porque eres una mujer a quien le resulta difícil saciarse sexualmente y siempre estás a la búsqueda de alguien con quien acostarte, ¿no?
—No, no es eso en absoluto.
Edward dio un paso en dirección al cuarto de baño.
—No tengo problemas en tenerte ocupada durante las seis próximas semanas, incluso un par de meses; pero, después de eso, nos divorciamos.
—No voy a volver a acostarme contigo —declaró Bella alzando la barbilla con gesto desafiante antes de taparse la cabeza con la sábana.
Edward, riendo, fue al cuarto de baño y cerró la puerta tras de sí.
Después de que Edward se marchara a trabajar y antes de levantarse, una idea acudió a la mente de Bella. La rechazó al instante, no quería pensar, ni por un momento, que Jacob, intencionadamente, hu biera querido destruir su reputación y su matrimo nio. Sin embargo, la idea seguía ahí. Sí, le había ha blado de sus problemas a Jacob en numerosas ocasiones durante los primeros meses de su matrimonio, le había confesado que sospechaba que Edward le era infiel durante sus viajes de trabajo, y Jacob siempre se había mostrado comprensivo con ella. No tenía razón para creer que podría traicionarla cuando llevaba siendo amigo íntimo suyo tanto tiempo.
Pero ya no tenía tanta confianza con Jacob como en el pasado, se recordó a sí misma con pesar. Jacob se había convertido en un extraño, hacía semanas que no sabía nada de él.
Sin embargo, Bella sabía que Jacob tenía dere cho a saber que, en caso de estar embarazada, él era uno de los dos hombres que podían ser el padre de la criatura.
De camino a la escuela, iba a comprar el aparato para hacerse la prueba del embarazo… Y también iba a llamar a Jacob.
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Espero que les guste el capitulo, les dije que iba a ser caliente no... jejeje. Que susto lo que vaya a pasar. O-O.
Las quiero nos vemos pronto.
