¡Eh! xD

Bueno, no recuerdo bien cuando fue la última vez que actualicé, pero nuevamente estoy de regreso por aquí; creo que no ha sido demasiado tiempo como las veces pasada que me he ausentado, jajaja, o eso espero.

Well, éste capítulo es bastante comprometedor(?). No revelaré nada más por aquí, así que les dejo leer sin preocupación xD.

Disfrútenlo.


/Sábado 23 de Noviembre de 2013/

Tan pronto Zoro había reconocido la voz de Madam Syarly—además de ponerse colorado al igual que Sanji—, se movió con la rapidez propia de una vampiro para enfundarse los pantalones y cubrió al rubio con su cuerpo mientras este despotricaba en voz baja y se ponía la camisa del vampiro, pues la de él estaba deshecha.

— ¡¿Qué carajo estás haciendo aquí?! —gruñó Zoro, mirando a la mujer de ojos azul oscuro.

—Yo siempre salgo a caminar a donde yo quiera —respondió Madam Syarly con calma.

— ¡Marimo imbécil, trata con más delicadeza a una dama! —le reprendió Sanji, jalándole el cabello verde al ajeno.

— ¡No me jales, maldita sea, idiota! —Zoro se mostró irritado y de un manotazo nada fuerte, se liberó del jalón ajeno.

—Oh, mira, es el mismo jovencito que conocí en el parque hace más de un mes, ¿no? —se rio Madam, teniendo un cigarrillo delgado.

Y era cierto, Sanji la recordaba, como olvidar a una mujer con semejante belleza sobrehumana, aunque ahora como estaba tan metido en este mundo, se daba cuenta que aquella pelinegra no era humana, sino que era tan vampiro como Robin y Nami. Eso le hizo preguntarse si anteriormente Madam Syarly lo estaba cazando cuando se acercó a él, y como el amante de las mujeres que no dejaría de ser, se emocionó optando una expresión bastante… enamoradiza; seguramente ser mordido por una belleza así…

—Ero-cook, deja de distraerte así —gruñó Zoro, porque hasta el sentía la excitación emanando del rubio.

—Fufu, tu pequeño ratoncito es interesante —se burló Madam Syarly—. Muy diferente al que tenías antes, ¿verdad?

La expresión de Zoro fue un completo poema y Sanji no supo cómo interpretar algo como eso, ¿lo estaba comparando? Sintió de repente que no encajaba ahí, que no lo hacía, pues ese ojo del peliverde pareció viajar en el tiempo.

—Será mejor que te largues, Madam Shyarly —expresó Zoro, con su ojo izquierdo llameando de la más pura amenaza y más que parecer un simple vampiro, parecía un demonio con toda esa energía que salía de su cuerpo.

El chico rubio sintió miedo. Joder, era la primera vez que veía al peliverde tan alterado, ni siquiera con Nami se había puesto así. Y sintió celos, unos celos enormes de solo notar la reacción que aquella señorita llamada Jina, todavía causaba en él.

Era estúpido, no debería sentirse así por una persona que ya no existía y que además, era una dama.

La vampira hechicera sonrió maliciosamente y dio una calada a su cigarro con la más pura elegancia y caminó en dirección hasta Roronoa, pero sin llegar a tocar el límite de éste, ya que sabía lo capaz que podría ser de matarla.

—No te pongas en ese plan, cuando yo únicamente he venido aquí para explicarte algunas cositas —Madam volvió sus facciones serias, aunque sin perder ese toque seductor que la caracterizaba y se llevó el cigarrillo a la boca nuevamente. Sin embargo, como notó la próxima negación del peliverde, añadió rápidamente: —Te interesa. Apuesto a que te preguntas cómo puede existir un chico con un físico similar al de ella, ¿o no? Los dos tienen esos mismo ojos —su sonrisa volvió a aparecer.

—Querida señorita —masculló Sanji, usando toda su voluntad de caballero, para no dejar que la molestia se apoderara de él cuando escuchó esas palabras. Su sangre ardía de forma muy diferente a la de hace unos momentos y encaró a la vampira cuando ésta igualmente le miró—, me duele mucho tener que contradecirla, siendo que usted es la personificación de la belleza misma.

—Vaya, me asombra lo adulador que puedes llegar a ser —Madam Shyarly se mordió el labio, divertida por la respuesta ajena. Notaba bien como el rubio parecía ser un mar de confusiones.

—Es la verdad, una mujer con su clase de belleza, no se ven dos veces en la vida… —Sanji estaba empezando a sonreír como un idiota, mas recordó el punto verdadero del porque habló y sacudió la cabeza, tratando de buscar seriedad— La cosa es que yo no guardo parecido con aquella persona que usted, Mellorine, dice.

En pocas palabras, estaba diciendo que no le hacía gracia que lo comparara con el ex amor del marimo, cuando ahora mismo el peliverde le había dejado en claro que era su presente.

Hasta ese momento, Zoro no había dicho nada, solo se había quedado con la mirada muy fija en la figura del chico de ojos azules. Era cierto, no podía negarlo, Madam Shyarly tenía algo de razón, pero no quería aceptarlo, ¡¿qué se suponía iba a pensar con esto?! ¡¿Qué la mujer que tanto amó y tanto le costó superar, había regresado convertida en un bendito hombre?! ¿Cosa del destino? ¡Patrañas! Esto tenía que ser una mala broma…

Además, la personalidad de Sanji era muy diferente a la de ella… Y sobre todo, las sensaciones que el humano le estaba causando a su persona, era por cómo era, no porque creyera que se parecía a Jina en algún aspecto. Para nada.

— ¡Tú estás loca! —gruñó Zoro, completamente fastidiado y negó— En serio, lárgate de una vez, no necesito que te quedes para jodernos la noche.

Madam Shyarly estalló en suaves carcajadas y se acomodó el cabello con un ademan muy sofisticado, dando varias caladas a su cigarro, para después, tronar sus dedos y el tiempo se cortó. Un breve lapso que serían alrededor de tres minutos o quizá menos, mas gracias a que dos de ahí eran vampiros, podían explotar muy bien ese tiempo e incluso les quedaría de sobra.

—De acuerdo, creo que será mejor que el delicioso humano no se enteré o su relación podría complicarse mucho —dijo con aparente sinceridad y ya tomando las cosas más en serio. Ya me divertí un rato, pensó y luego suspiró—. No intentes atacarme, que sabes tú tienes la de perder —advirtió como si nada, haciendo que el peliverde la mirara de muy mala manera. Sí, había intuido muy bien las próximas intenciones del impropio, aunque tampoco era algo muy difícil de adivinar, tomando en cuenta lo que vino a hacer.

Desgraciadamente, Zoro sabía que ella tenía razón. Sobre todo, porque ahora no se trataba de lo que fuera a pasarle a él, sino también a Sanji; mismo que se había quedado inmóvil y las pupilas dilatadas, mientras seguía mirando a Madam Shyarly.

Éste hecho hizo al vampiro rechinar los dientes en un gesto posesivo.

—Por la mierda, entonces, ¿podrías decirme por qué diablos viniste a perturbar mi noche?

—Una hechicera tan buena como yo, no pierde su tiempo en rituales de innecesarios, ¿sabes? —Madam se llevó una mano a su cadera y dejó de fumar, gesticulando poco a poco, notando como el ajeno no le entendía todavía— Mis excepciones siempre ha sido el grupo de Mihawk y al ver qué tu serías su próximo hijo, no dude en devolverte tu felicidad —la frase que pensaba decir al principio de todo, cambió en el último minuto, cuando se dio cuenta de algo: no tenía por qué decir algo como esto, no ahora, pues parecía no ser necesario.

— ¿Qué se supone significa toda la mierda que me estás diciendo? —el ceño fruncido de Zoro no había desaparecido en ningún momento, mientras la escuchaba. Si bien los vampiros tenían un excelente ingenio, a veces con él no aplicaba siempre, dado que algunas cosas de la vida humana se llegaban a traer a su próxima vida, por decirlo de una manera.

—No lo sé, solo disfruta tú felicidad —Madam Shyarly dio un paso atrás y alzó sus dedos, pero antes de hacer cualquier cosa, volvió a hablar— Aferra tus colmillos a ese chico, Roronoa Zoro, hazlo todo lo que puedas, porque sabes que no solo el vínculo es lo que los une —sonrió y chasqueó nuevamente los dedos, rompiendo ese pequeño hechizo.

Y antes de que el susodicho vampiro hiciera algo, Madam ya se había ido.

—Esa rara mujer, tsk… —Zoro quedó mirando hacía todos los lados y se pasó una mano en la cabeza, sin ver al rubio; se sentía algo avergonzado y le hubiera gritado a la vampira, negando sus palabras sino se hubiera largado así de rápido.

No obstante, el hecho de que no pudiera encarar a Sanji como quisiera, decía mucho y no era precisamente una negación a las palabras de Madam Shyarly.

— ¿A dónde se fue nuestra encantadora invitada? —él pareció ajeno al pequeño lapsus que hubo en el tiempo y no se notaba muy afectado por las palabras que sí logró escuchar de la vampira hechicera, más bien estaba deseoso por poder estar regodeándose con la belleza de ésta.

—Yo que sé que hagan las brujas como ella, Cejas de remolino, mejor cállate y regresemos de una vez antes de que amanezca —resopló Zoro, molesto. No le gustaba como los ojos del rubio brillaban así de fácil por las mujeres bonitas.

Después de todo, Kuroashi Sanji era suyo, nada más, el vínculo de sangre que tenían lo decía, pese a que sentimientos más intensos estaban uniéndose a éste. Mismos que no importaba que tanto querían ignorar los dos, al final, terminarían notándolo como tal.


/Martes 26 de Noviembre del 2013/

Las manos de Sanji estaban agarrándose con gran fuerza de las sabanas de aquella gran cama, perteneciente al peliverde, mientras estaba prácticamente domado por el anterior mencionado.

Sí, estaba abierto de piernas, con la cabeza girada hacía la derecha, recibiendo la placentera y dolorosa mordida del vampiro, así como las embestidas de éste. A estas alturas, luego de llevar aproximadamente tres sesiones de sexo, con todo y mordidas, era para que el cuerpo del rubio estuviera todo entumido y no aguantara más, además que con tanta sangre que llevaba dándole al ajeno, igualmente debería estarse muriendo por todos esos litros perdidos.

Pero no, el muchacho estaba muy vigoroso, casi del mismo modo que el chico con colmillos, que seguía drenándole desde su yugular. De hecho, su cuello y cada parte de su cuerpo estaba repleto de mordidas; Zoro no se había conformado solo con morderle las venas más externas, no, había descendido, había explorado todo cuanto pudo. Y bueno, tampoco es como si al humano eso le desagradara, aún si llegara a sentir dolor por los nuevos lugares que el impropio encontraba.

Incluso la anatomía del ojiazul estaba cubierta con pequeños hilos de sangre que el peliverde dejó al ir cambiando de zona para morder, además del semen y sudor que traía por el sexo rudo que continuaba practicando como una maravillosa rutina de ejercicio.

— ¡Yo… agh…! —Sanji gruñó y arqueó su espalda con fuerza, sintiendo como el vampiro se corría en su interior y bañaba sus paredes intestinales. A él también no le tomó ni cinco segundos sentir otro orgasmo más, liberando esa esencia blanca, a la vez que apretaba la cabeza contraria contra su cuello, como suplicándole al otro que lo mordiera más y más fuerte.

Era un alivio que pese al encuentro con Madam Shyarly, nada en esos dos hubiese cambiado, sobre todo con las cosas que llegó a decir. Cosas que habían tenido a Sanji pensando, pero más que nada, era por los celos que sentía por la comparación hecha sobre "tienen los mismo ojos", y no se necesitaba ser muy listo para entender que se refería a los ojos de la ex pareja de Zoro, dado que éste último ya le había contado algunas cosas de su pasado.

Y definitivamente no iba a aceptar algo como eso, porque si lo creía así, entonces, eso significaría que todo lo que había estado pasando hasta ahora, todo lo que Zoro parecía hacer por él y el bendito vínculo, sería solo por el estúpido parecido con su viejo amor, ¿o no? Con ello, todo se desmoronaría para el rubio, toda su confianza. Y más ahora, que sentía como otros sentimientos peleaban por salir, por darse a conocer; no es que anteriormente no se hubiera dado cuenta que estaban empezando a existir, mas la explicación para ello era el vínculo, así que no tenía por qué preocuparse en nada. Y estos aparecían más notorios cuando se daban las situaciones sexuales con mordidas y esas cosas.

No obstante, la cosa estaba poniéndose seria tanto para Zoro como Sanji, cuando empezaron a sentir, a penas desde ayer, que esas emociones ya no solo estaban presentes de forma tan clara mientras tenían sexo y la sangre estaba de por medio. Tampoco resultaba algo grato de notar, siendo un caso bastante absurdo, por obvias razones y sería estúpido que ninguno de los dos aceptara sentimientos románticos en su relación, teniendo en cuenta que el vínculo ya era algo muy comprometedor; se veían desnudos, dormían juntos, existía placer de muchas maneras en sus acciones y bueno…, la posesividad de Zoro y los celos de Sanji.

Y aun así, el amor parecía ser algo que no cuadraba para ellos todavía, pese a que ciertos ojos más de aquella mansión, ya empezaban a percatarse de ese hecho.

Aunque Madam Shyarly no tenía nada que ver con eso, simplemente las cosas se estaban dando como tenían que darse.


/Viernes 29 de Noviembre del 2013/

Una posición nueva y muy deliciosa, a decir verdad. Y la cama ya no parecía ser una opción al momento de que el deseo no solo de sangre, atacara.

Sanji estaba hirviendo, figurativamente hablando. Estaba encima del peliverde, también invertido, puesto estaba haciéndole una felación que parecía ser su cena de hace días y el ajeno estaba casi del mismo modo. En pocas palabras, un "sesenta y nueve" era lo que practicaban en estos momentos; con el rubio engullendo con potencia el miembro del vampiro, sin importarle que la respiración le faltara, ni que su saliva estuviera escurriéndole mucho o que la garganta llegara a dolerle después por estarse sobre exigiendo para saborear debidamente ese falo hinchado. No, no le importaba.

Y menos aun cuando Zoro dejó de chuparle su erección—para masturbarlo ahora con su mano derecha— y pasar a enterrarle los colmillos en un glúteo sin previo aviso, ni delicadeza.

— ¡…! —Sanji se estremeció de golpe por la acción y terminó mordiendo el pene impropio por el mismo placer que esa mordida le causó.

Qué bueno que el órgano sexual de Zoro era duro, literalmente hablando, o sino, con semejante mordida que le dio el ojiazul, lo hubiese hecho retorcer de dolor como a cualquiera humano.

Como la zona del glúteo donde el vampiro estaba succionando la sangre, estaba cerca del ano de Sanji, éste sintió como su sangre goteó hasta su entrada y movió sus caderas.

Sí, imaginarse eso le calentó todavía más y sus deseos fueron adivinados por el peliverde.

—Sin duda alguna, eres un cocinero pervertido, aghr… —Zoro sonrió ladino, como un tigre dispuesto a terminar de comer. Si bien el otro por el momento dejó de hacerle el sexo oral, sentía la saliva ajena todavía escurrirse por su erección y eso mantenía de muchas maneras su libido.

Aunque nada se comparaba con el simple hecho de saber que Sanji quería ser lubricado con sangre, por los miles infiernos que imaginarlo podría hacerlo correr de una vez. Aunque eso era algo que el orgullo de Zoro no le dejaría hacer.

—S-solo cállate, Marimo mierdoso… Cállate y no te detengas… —la respiración de Kuroashi estaba acelerada por completo. Dios santo, ¿cuándo se había vuelto así de pervertido? En su vida como adulto había hecho muchas cosas en cuanto al sexo, ¿pero esto? Joder… Y lo peor es que no se sentía disgustado.

Las palabras no fueron necesarias, no por ahora. Así que Zoro abrió un poco más la incisión de donde estaba bebiendo la sangre ajena, para que ese mismo líquido escurriera por completo hasta la entrada del rubio. Notó como el humano se retorció ligeramente, por el dolor, por el placer, por ambas cosas… Y metió su lengua a ese lugar, separó bien esos glúteos —luego de volver a hacer más incisiones en ambos para que más sangre saliera— y la lubricación empezó.

Y todo en la mente de Sanji se descontroló por completo. Las preocupaciones se esfumaron, el hecho de que no había vuelto a salir de la habitación dejó de importarle e incluso la negación en su sistema sobre sus otros sentimientos desapareció. Solo quería sentir más, más… ¡Más! Le daba igual si se quedaba toda una eternidad metido en ese agujero si siempre iba a sentir lo mismo; no existía monotonía con el vampiro de cabellos verdes, en lo más mínimo y seguramente la locura que él le causaba no acabaría nunca, para nada. Su vida siendo un humano normal ahora carecía de significado.

Zoro usó su velocidad vampírica y reacomodó las posiciones, una vez terminó de usar su lengua para lubricar la entrada el chico —que no era algo necesario, simple jugueteo sexual— y complacido del sabor que eso tenía, así como de la expresión lasciva de Sanji, junto las muñecas de éste último y las sujetó con una mano, mientras que con la otra, agarró su propio miembro para embarrar su glande de la sangre que salía del recto impropio, provocando un sonido de chapoteó.

El humano gimió y se retorció nuevamente, frunciendo el ceño y le miró entre fulminante y suplicante.

— ¿Quieres esto adentro, con todo y tu sangre ahí, eh? —el ojo de Zoro brilló con el más puro deseo y se inclinó para besar los labios del rubio con frenesí.

— ¡Mngh! —-Sanji iba a responderle algo ofensivo, mas se tragó sus palabras en el ósculo que correspondió de igual forma, sintiendo como más de un fluido embarraba su entrada anal. ¿Acaso existía algún grado para la perversión humana?— ¡Solo… ngh… penétrame ya, Zoro, maldición y no dejes de morderme! —ya no sé si odio todo lo que éste estúpido Marimo provoca en mí… al contrario, yo…

—Como el humano lo desee —Zoro terminó de romper el beso y entonces, lo penetró.

Lo embistió como si llevara meses sin tener sexo y sin cuidado, aun cuando sintió como las paredes del recto ajeno costaron para abrirse por completo. Y el ojiazul casi gritó, porque de lleno, el peliverde había golpeado su punto; era la primera vez que lo hacía así de rápido, algo que sin duda alguna, le encantó y terminó por dejarse llevar.

Por ahora, Zoro tenía completamente dominada la situación, encargándose de embestirlo, mientras probaba otras zonas del cuerpo del mundano. Si bien ya había probado casi todas las partes del cuerpo ajeno que eran capaces de dejar salir la sangre, seguía sin aburrirse; le encantaba, le fascinaba con locura ese bendito líquido, pero sobre todo, amaba más el hecho que tan deliciosa sangre fuera producida por Sanji. Eso era el plato fuerte para todo, fuera cosa del vínculo o no, eso era lo que el vampiro disfrutaba más, eso era lo que tanto lo encendía.

Las penetraciones y mordidas no cesaron en ningún momento. No cambiaron de posición, porque sencillamente el placer que sentían los dos ahora no quería ser detenido por algo tan simple como las posiciones, por lo que continuaban con el misionero, pues lo que Zoro sí hizo, fue terminar de soltar las muñecas de Sanji, por lo que éste terminó sujetándose de sus hombros.

Ambos tenían los labios manchados de sangre y tenían las frentes pegadas, casi cerca de culminar, se veían a los ojos con fijeza, expresando un sinfín de cosas en su cara, tanto de placer, como de otro tipo. Y lo más importante, era la primera vez que ellos hacían algo como eso.

Estaban jadeando, gimiendo, gruñendo y el aliento de ambos se mezclaba, mientras compartían uno que otro beso, corto, por los excesivos sonidos que sus bocas no querían guardarse.

—No puedo… a-aguantar más… ¡…! —Sanji frunció el ceño y sujetó del rostro al vampiro, con mucha fuerza y echó la cabeza hacía atrás.

—Hah… Joder, ¡joder! —Zoro le mordió la barbilla hasta hacerla sangrar, aun con esa pequeña barba que estaba ahí.

Y humano y vampiro, llegaron al orgasmo.

Por alguna razón, Sanji se sentía muy casado y eso que era la primera sesión de sexo en la noche —usualmente lo hacían dos o más veces—, pero mientras los estremecimientos del post orgasmo todavía seguía en su sistema, volvió a mirar a Zoro a los ojos y todavía sin soltarle del rostro, pronunció con los ojos iluminados, una frase que hizo insuperable la sensación que causaba beber sangre para el peliverde.

—M-marimo… Mnhg… Te amo —y sonrió momentáneamente, ahora deslizando sus manos por la espalda ajena, para abrazarlo con fuerza solo unos segundos, pues seguidamente, se quedó dormido.

No obstante, en eso momento, todo se detuvo.

La respiración de Zoro, sus deseos de sangre, los sexuales, su mente, su habla… Todo, todo su mundo se detuvo y cambió por completo, mientras su ojo admiraba el rostro dormido del humano, todavía procesando lo que acababa de escuchar.

Definitivamente, esto era algo que no se esperaba. Y lejos de la aversión que imaginó sentiría cuando el amor volviera a querer aparecer en su puerta, la felicidad por esas palabras, fue lo único que encontró en su sistema.


/Sábado 30 de Noviembre del 2013/

—Parece que Roronoa-ya no pegó un ojo en toda la noche y mucho menos el día —Law dibujó una sonrisa un poco maliciosa, mientras estaba sentado en un sofá perteneciente a la gran biblioteca de esa mansión.

—Algo que es para alegrarnos, ¿no crees? —Robin sonrió suavemente, teniendo entre su diestra una copa de sangre y bebió un poco de esta, relamiéndose los labios con discreción al final— Madam Shyarly me comentó que se los encontró.

La lectura que estaba teniendo Trafalgar dejó de ser poco interesante cuando escuchó aquello último y sus ojos grises volaron a ver a la vampiresa.

— ¿Ella les contó entonces?

Robin negó sutilmente y se cruzó de piernas, manteniendo la comisura de sus labios elevadas.

—No, pareció razonar que era mejor no decir nada.

—Qué bueno que el humo de su cigarro no le nubló el cerebro —Law regresó su mirada al libro, continuando con su lectura, pero no dejó de hablar—. Si lo hubiese hecho, ahora mismo no seríamos testigos de la vida color de rosa de Roronoa-ya.

—El verde de la envidia no te sienta bien, Law —pronunció una voz femenina que acabó con el humor negro del otro vampiro.

—Sucede que el negro es mi color, Nami-ya —Law decidió no enzarzarse en una discusión como si fuera un vil niño, simplemente se hizo el indiferente.

—Y yo pensaba que el rojo te iba —Nami se acercó hasta la vampira pelinegra y se recargó en un hombro de la ajena—. Tal parece no hacen buena combinación, ahora veo porque Kid casi nunca está por aquí —finalizó con una sonrisa.

El eco que causó Law al cerrar el libro fue la única respuesta que obtuvo la vampira pelinaranja, por el momento, porque antes de que el vampiro de ojos grises se fuera, le lanzó una mirada.

—Y yo ahora veo porque en tu vida como humana al violarte te amarraban la boca, Nami-ya —dijo tan frío como el hielo y sonrió de forma sombría.

Robin se incorporó de su lugar para defender a su pelinaranja, pero el pelinegro no se quedó a futuras peleas que no traerían nada productivo, así que salió antes de darle una oportunidad a la primera mencionada. Mientras que, Nami se había quedad con el veneno atascado en su boca.

— ¡Vete al infierno, Trafalgar Law! —graznó.

La vampira de cabello negro suspiró y frunció ligeramente el ceño. Sabía quién era la persona que usualmente generaba éste tipo de conflictos, pero aun así no evitaba querer asesinar a esos que se atrevían a decir ese tipo de cosas a la pelinaranja. Parecía que todavía tenía mucho que trabajar con ella.

Robin no dijo nada y simplemente abrazó a Nami.


La pequeña discusión que llegó a oídos de Zoro no fue la gran cosa, no para él, puesto en la mansión estaban acostumbrados a que Nami llegara con ese tipo de comentarios mordaces que no ayudaban a mantener la paz del "hogar"; que de por sí el lugar ya era algo tenso con la presencia de Kid, entre otras cosas.

Algo que le agradaba mucho de Law, era la facilidad que tenía para dejar callada y/o chispeando a esa arpía de cabellos naranjas.

Sin embargo, ahora mismo no era momento del el peliverde para estar pensando en las cosas positivas que tenía el hecho de ser amigo del vampiro ojigris. Ciertamente, ahora eso era lo de menos, dado que tenía otro "conflicto" entre sus brazos.

Sí, entre sus brazos, porque tenía a Sanji recostado en su regazo y con su mano izquierda le acariciaba el cabello—lo menos tosco que podía— y con su otra extremidad, le tenía abrazado. Estaban tapados con una simple sábana, porque sus cuerpos generaban bastante calor como para sentir frío, al menos uno que pudiera sentir el rubio, pues el vampiro no sufría esos cambios de temperatura.

La cabeza de Zoro no dejaba de repetir la escena justo donde el humano le había dicho esas cortas, pero poderosas palabras.

"Te amo", eso era algo que no había estado en el vocabulario del peliverde desde hace muchísimo tiempo, por todo lo poderoso, ¡hacía siglos de eso! Y antes ni siquiera consideró decirlo siquiera, para nadie: no creía que existiera alguien que volviera a provocarle querer decir algo como eso. En lo más mínimo.

Nadie, ni siquiera sus compañías sexuales o hasta sus mismas presas de antaño. Aunque bueno, tampoco se dio la oportunidad para él de formar un vínculo, porque nadie tenía una sangre tan poderosa, teniendo en cuenta que ya anteriormente llegó a conocer a algún humano con un olor muy atractivo.

La respiración de Sanji era acompasada, tranquila, sin preocupaciones. Y su sueño tan profundo. Por eso, Roronoa aprovechó para entrelazar sus dedos con el cabello ajeno y hacerlo hacía atrás, dejando expuesta la frente ajena. Sonrió de manera inevitable al mirar las cejas como de caracol del muchacho y sin pensarlo, inclinó su rostro para besarle la frente.

Joder, pensó el vampiro cuando se dio cuenta de su acto y se tapó la cara con la misma mano con la que movió el cabello impropio. Se sintió avergonzado. ¿Cuánto tiempo que esa emoción no aparecía? Porque vamos, hablábamos de un maldito vampiro y era tan conocido que ellos de emocionales, no tenían nada, al contrario, su temperamento era frío, sanguinario y arrogante.

¿Acaso todos los vampiros que tenían un vínculo se sentían así? ¿Law lo sentía cuando estaba con Kid? ¿O Robin con Nami? Y ciertamente, Zoro lo creía de sus amigos, porque también era sabedor de otras cosas… no obstante, si pensaba en los demás vampiros… La verdad es que la respuesta para todas esas preguntas sería un "no lo creo".

¿Y entonces? ¿Qué debía hacer con esas emociones golpeando su pecho? Porque de todos modos, tampoco se sentía de hacerse muy digno en ese tema del "amor", no con Sanji por el simple hecho que una parte de la consciencia de Zoro, seguía reclamándole por haber condenado al humano a ese vínculo. Es decir, a ese deseo masoquista de ser mordido, a esa unión forzada al principio, a esa dependencia, pues nada podía garantizarle al cien por ciento que las palabras que el rubio le dijo eran porque lo sentía y no era consecuencia del vínculo.

Así que ahora la duda del peliverde era, ¿todos los humanos actuaban así?

De todos modos, aunque los sentimientos de Sanji fueran naturales por completo, sin que el vínculo tuviera que ver, el vampiro no se creía con derecho de ahora decir profesarle amor al primer mencionado, luego de todas las cosas que le hizo. Porque al final de cuentas, Zoro acabó con la normalidad en la vida del chico y le ocasionó una adicción tremenda, lo condenó.

Se sentía tan culpable por no haber encontrado alguna forma más de salvar a Sanji de Kid aquel día, joder… Solo porque se trataba del "protegido" de Law... Sino, hubiera matado al vampiro pelirrojo, pero tampoco era tan cabrón como para traicionar a su mejor amigo, eso tampoco iba con él.

Si yo no te hubiera marcado, ¿de verdad estarías ahora conmigo, Cocinerucho?, pensó Zoro, soltando un suave suspiro y ahora simplemente acariciándole la mejilla al joven dormido. De manera sorpresiva, Sanji igualmente suspiró y se apegó más al torso ajeno, haciendo parpadear velozmente al vampiro. Ese gesto sonó tan a un "sí" como respuesta.

Bien, no obstante, ¿quién le decía que aceptar los demás sentimientos ajenos al vínculo era lo que debía hacer?

Era una guerra en su interior, maldición. Pues, así como también ahora necesitaba a Sanji cerca de él, asimismo deseaba que existiera una forma de liberarlo de esa dependencia; sentía que le había quitado algo importante al rubio. Y era curioso, porque justo ahora se sentía más culpable que antes. Al inicio, llegó a conformarse a un "ya se acostumbrara" cuando la culpa aparecía, pero ahora no. ¿Se debía a lo mismo?

Sus pensamientos se dispersaron cuando sintió como Sanji empezaba a despertarse y simplemente se quedó observando las acciones de éste.

— ¿Quieres dejar de verme con esa cara de idiota tuya? —le gruñó, tras unos minutos después, cuando se percató del ambiente.

—Tú siempre me ves con la misma cara de imbécil y no me quejo, Cejas de caracol —contestó Zoro, con el ceño ligeramente fruncido, pero aun así, ese semblante de seriedad no desaparecía de su expresión.

Mismo hecho que ocasionó Sanji empezara a sentir ligeramente nervioso. ¿Qué le pasaba al vampiro? Usualmente cuando le decía eso tipo de comentarios molestosos, se ponía a pelear infantilmente hasta que terminaba tirándole cosas a la cara.

Tampoco iba a huir o mostrar su sentimiento de cohibición por cuestión de orgullo, y por eso le regresó la mirada con el gesto un poco irritado, a la vez intentando recordar algo esencial que explicara esa nueva actitud del peliverde. Más, lo único que se le venía a la mente era que anoche tuvieron sexo y probó otra manera morbosa de complacer a ambos—se estremeció al recordarlo—, pero solo, ninguna otra cosa significativa…

"—Marimo… Te amo".

Y estalló todo, por completo. Debió saber que haber dejado atrás esos sueños confusos sobre el peliverde o soñar que era una mujer, era demasiado bueno, pues en cambio, terminó soltando aquellas palabras que parecían ser mucho peor.

Sanji se quedó helado y por unos segundos sintió como la sangre abandonó su cuerpo, aunque posteriormente regresó y cubrió toda su cara, ruborizándolo. Sus ojos se abrieron como platos y su respiración se agitó, del mismo modo que su corazón. Oh, por la misma mierda, joder, joder, joder, ¡oh, por la misma puta mierda, agh! Se golpeó mentalmente.

Quería moverse, quería huir, sintió el deseo de esconderse, pero no podía mover su cuerpo para nada, ni siquiera podía quitar su mirada de Zoro. Maldita sea, ¡¿por qué de su puta boca habían salido esas palabras?! O sea, no es cómo si no fuera precisamente inconsciente de esos otros sentimientos en su ser, ¡¿pero por qué coño tener que decir algo así de fuerte y de sopetón cuando ni él mismo sabía explicar lo que estaba sintiendo como tal?! Juraba que se iba a volver loco y quería moler a golpes al peliverde.

El mencionado vampiro enarcó levemente una ceja y miró de arriba abajo el cuerpo del joven rubio. Al parecer, él ya había comprendido lo que pasó anoche y no podía negar que escuchar como los latidos alocados ajenos eran una maravillosa música para sus oídos.

— ¡DEJA DE MIRARME ASÍ, MALDITO MARIMO! —refunfuñó Sanji, con la expresión fulminante, todavía sonrojado, como un tomate y le tiró la almohada al contrario, empezando a golpearlo con aparente odio. ¡Lo quiero matar, mierda, mierda! Pero se sentía tan vulnerable y expuesto, lo dejaba en claro los desbocados ritmos de su corazón.

No obstante, Zoro le sujetó de las muñecas y acercó su cara hasta el rubio, notando como éste fruncía más el ceño y no dejaba de forcejear.

—Eres un idiota, Cocinerucho.

Ahora Sanji no sabía si estaba colorado por la vergüenza o por el enojo que esa frase le ocasionó.

— ¡CÁLLATE! —logró alzar su pie y con éste empezó a empujar del pecho al vampiro— ¡Suéltame, Marimo mierdoso!

—Estás colorado hasta las orejas —comentó Zoro de modo casual y por los movimientos del momento, sus pendientes de oro, tintinearon.

— ¡Joder, suéltame ya, estúpido cabeza de musgo! —Sanji no podía creer que su sangre todavía no fuera capaz de bajar de su cara. Mierda, ¿por qué su sistema nervioso lo exponía de ésta manera?

Él no quería quedar como un patético humano enamorado de un vampiro. Además, sabía que la imagen de la ex novia del peliverde no era algo que él pudiera reemplazar ni mucho menos borrar.
No porque se menospreciara, sino que era bien sabido que las huellas de una hermosa señorita nunca desaparecían.

—Maldita sea, ¡quédate quieto de una vez, Sanji! —ordenó Zoro, olvidándose momentáneamente del poder que tenían sus palabras gracias al vínculo, sobre todo porque estaba usando el nombre del mundano.

Así que sucedió, el cuerpo y mente de Kuroashi reconoció la orden del dominante del vínculo y mudó por completo e inmóvil, en contra de su voluntad, y no pudo encontrar como resistirse a eso. Simplemente se quedó mirando al peliverde, de forma impresionada unos momentos y luego, furioso porque su voluntad fuera doblegada así.

—Ah… Lo… Lamento eso —Zoro suspiró al percatarse de lo que provocó, pero siguió mostrándose seguro—. No hubiera pasado nada sino hubieses hecho tanto escándalo y me dejaras hablar.

El rubor del rubio ya había empezado a disminuir y pese a que todavía no podía moverse ni hablar, le dedicó al vampiro una mirada asesina. Aunque el aludido peliverde hizo caso omiso de eso, al contrario, le sujetó de la barbilla y luchando contra todos los sentimientos o pensamientos negativos que se oponían para que diera el primer paso, dijo:

— ¿Debo tomar en serio tus palabras de ayer? —más bien, preguntó.

Por alguna razón, Sanji empezó a percibir todavía más atractivo a Zoro y otra vez, el rubor regresó a su cara. Maldita sea, ¿por qué tuvo que decir eso anoche? Le asustaba el modo en que el ajeno estaba tomándose el asunto, ¿lo estaría tomando como algo malo?

Y no podía hacerse el idiota llegando a decir que ese "te amo" fue por el éxtasis de anoche, porque sus sentimientos que bombeaban el ambiente ahora, eran tales, que no podía mentirse a sí mismo.

—S-solo… déjalo pasar, Marimo… —susurró Sanji, recuperando poco a poco el control de su voz y mirando cómo podía al vampiro, sin relajar el ceño.

— ¿De verdad debo hacerlo? —Zoro no cedió a la primera, pese al estar contemplando el actuar del humano, simplemente no quería renunciar. No ahora, que tanto jodido trabajo le costó llegar a aceptar que podía dar el próximo paso, aún con todo lo que tuviera sobre los hombros y las complicaciones que él mismo pensó hace unos momentos, antes de que el ajeno despertara.

—Solo hazlo —Sanji frunció los labios, porque otra vez comenzaba a sentirse nervioso ante la negación tan pobre que estaba haciendo.

—Sanji —nuevamente, Zoro le llamó por su nombre, libre de esos apodos y su mirada se reafirmó sobre el ojiazul.

—… —como lo odiaba, de verdad odiaba el poder que ese vampiro tenía sobre su persona y era peor ahora que Sanji se daba cuenta— Déjalo pasar.

—Sanji —repitió.

—Déjalo pa…

— ¡Sanji, con un demonio!

Y el agua rebaso el límite del vaso.

— ¡Está bien, maldita sea, ya! —gritó, con furia, con impotencia— ¡No quiero que lo olvides, no quiero, estúpido Marimo, idiota! ¡Te odio!

Zoro parpadeó por la declaración impropia, que definitivamente, lejos de llegar a herirle por la última frase ajena, pudo entender el trasfondo de eso y sonrió con satisfacción.

— ¡No sonrías así, joder, que no es nada gracioso, musgo bastardo! —recriminó Sanji— Eres un…

—Es placentero hasta cierto punto —Zoro contemplaba la mirada homicida ajena y se inclinó para besarlo de manera corta y antes de que el humano hablara, agregó: —Porque yo también… Mierda, también… tsk.

Ahora, el sorprendido fue Sanji, aunque solo por unos segundos, pues luego le miró burlón.

— ¿Ves que no es tan fácil, Marimo de mierda?

—Agh, cierra el pico —Zoro le fulminó con la mirada y luego sonrió triunfante—. Así de imbécil te amo.

Ya estaba, lo había dicho y no existía una vuelta atrás, para ninguno de los dos, ahora que aceptaron el hecho de estar enamorados y unidos más allá del vínculo.


/Lunes 2 de Diciembre del 2013/

Otro día como cualquier otro, únicamente que ahora el ambiente de romance parecía hacer mejor la convivencia entre la mayoría de quienes vivían en ese hogar. Puesto a Law se le hacía tan divertido joder con comentarios ocurrentes a Zoro y ver como este llegaba a parecer avergonzado y enfurecido a la vez, no tenía precio. Sí, era un ambiente muy familiar.

Lastimosamente, no todos entraban en ese cuadro, aunque eso no iba precisamente para Nami, ya que incluso ella había terminado metida en esa nueva tradición de "avergüenza a la nueva pareja", aunque sin pasarse de la raya. Parecía que Robin había logrado hablar con ella como se debía.

El problema ahora lo tenía Kid, sí, ese estúpido vampiro pelirrojo que deseaba llevarse la vida de Sanji por el deseo de su sangre; no había llegado en varios días a la mansión y ni siquiera el vampiro ojigris tenía una idea de dónde podría estar.

Por esa razón, en más de una ocasión, Law llegó a sentir celos en su ser, mas solo por unos segundos, porque después de todo, era un vampiro y él no necesitaba sentir otras cosas que no fueran solo para él. Pero era justamente eso, le molestaba tanto que Kid no terminara de ser completamente para él todavía, a pesar de que ya lo había transformado después de que tuvieron ese vínculo. Su relación sucedió de forma tan diferente a la de Zoro y Sanji.

En fin, no era algo que se iba a pasar renegando toda su existencia, dado que tampoco se imaginaba en un mundo como el que esos dos habían creado para ellos solos. Ni siquiera Robin parecía sentirse así.

Se podría decir que los cuatro vampiros y el humano, estaban sentados en los sofás de la biblioteca—lugar que empezaron a frecuentar mucho—, probando un poco de la merienda que Sanji hizo, tras obligar a Zoro a que le comprara los ingredientes y otras cosas. Sabía que los vampiros no tenían la necesidad de comer, pero el chico había insistido en querer complacer a las bellas damas con ese tipo de comida y si sobraba, pues los otros dos chicos podían agarrar.

Era curioso de notar el hecho de que la forma de comportarse entre Zoro y Sanji no hubiera cambiado mucho realmente, luego de que sus sentimientos quedaron expuestos al fin. Es decir, no eran esa clase de pareja que derrocha amor a cada rato, ellos funcionaban más bien con las miradas cómplices y las frases de doble sentido, sin ser sexuales realmente, además de la forma en que coordinaban sus movimientos y al hablar.

Pero de ahí en fuera, su actitud entre ellos era la misma; se insultaban infantilmente o se decían esos típicos apodos entre ellos.

Todo estaba teniendo un ritmo muy bueno, maravilloso, perfecto.

Y en eso estaba el error, porque lo cierto era que nada podía ser así de tranquilo siempre, para nada. O eso fue lo que el vampiro peliverde pensó cuando sintió de pronto el olor de otro vampiro acercarse.

—Cocinerucho, regresemos a la habitación.

— ¡¿Ah?! ¡Claro que no, Cabeza de musgo! Para nada minimizaría mi momento con estas bellezas —respondió Sanji, elogiando con una mirada brillante a las dos vampiresas ahí presentes.

—Es más conveniente que te quedes aquí, Roronoa-ya —gesticuló Law, quien obviamente también se había dado cuenta de aquella visita.

—Tsk… —¿por qué justo ahora?, pensó Zoro y valiéndole pepino si hacía enojar al rubio, se acercó a éste y lo jaló para que se quedara a su lado.

— ¡Marimo idiota, que no ves que…!

—Roronoa, Trafalgar, Nico Robin, cuanto tiempo —saludó una voz profunda y misteriosa, digna de un vampiro antiguo, apagando la queja del humano.

El muchacho de ojos azules contempló como un vampiro nuevo aparecía en la entrada de la biblioteca y como éste, con una rapidez impresionante, se situó en medio de todos, mirándolos con esos ojos dorados que parecían los de un Halcón, que se detuvieron en el mismísimo Sanji, quién aunque se sintió intimidado por esa penetrante mirada, se mostró serio e incluso, frunció el ceño.

—Parece que alguien aquí, no conoce su lugar como el ganado que es —volvió a hablar el mismo vampiro e inesperadamente para todos, se movió hasta aparecer detrás del rubio y olisqueó con discreción.

No se acercó demasiado, pero los bellos de la nuca de Kuroashi se tensaron por tener a un depredador detrás. Y eso que Zoro se movió rápidamente para volver a ocultar con su cuerpo el del humano, a modo de advertencia.

—Mihawk, es raro verte por la mansión —siseó, mostrando ligeramente los colmillos, mientras que el resto de los vampiros miraban expectantes la escena.

—Guarda tus colmillos para otros, Roronoa, yo no pruebo lo que no me pertenece… ni me gusta —Mihawk se mostró solemne, ignorando la actitud defensiva de uno de sus hijos y se sentó en el sofá como si nada.

—Dracule-ya, no es común que dejes al resto solo para venir a tu hogar, ¿o es que quieres pasar un momento familiar? —dijo Law con cierto cinismo, sentándose de igual modo.

—Los rumores corren rápido —Mihawk descansó unos segundos su seria mirada en el ojigris y luego vio una copa de vino, la cual agarró para beber su contenido—, por eso estoy de regreso.

—Siempre es bueno tenerte por aquí de todos modos —comentó ahora Robin, inexpresiva, pero sonando amable de todas maneras. Ella era la única que no expresaba nunca si la mirada del vampiro de ojos dorados la intimidaba o qué.

—Hubiese creído que quién crearía un vínculo más rápidamente fuera Doflamingo y no tú, Roronoa.

El aludido vampiro no dijo nada aún, simplemente continuó mirando a su creador con suma desconfianza. Y no es que siempre hubiese sido su relación así, era solo que la necesidad de proteger a su vulnerable humano en presencia de otros vampiros lo ponía así, en lo que terminaba de procesar que ésta visita era la de uno de su clan y no otro.

Cuestiones del mismo vínculo a decir verdad, aunque Sanji se sentía muy seguro al menos, cosa que no pondría en palabras. Por ahora, simplemente estaba a un lado del peliverde, mudo.

— ¿Hay algo malo con eso? —contestó finalmente Zoro, bufando y relajándose un poco— No hiciste una visita tan dramática cuando fue lo de Law o Robin —recordó.

—Porque ellos tenían otros planes en el final —Mihawk volvió a incorporarse para encarar al vampiro de cabello verde—. Roronoa, debes venir conmigo, yo y el resto de Shichibukai ordenan que te presentes ante el Círculo.


Ay, ay, ay(?). La llegada de Mihawk era necesaria, sobre todo porque él es una parte clave de la historia; si bien había dicho que no metería drama en exceso, pues... Mentí(?). JAJAJA, ok no xD. No es una gran escala del drama a cómo acostumbro, pero ya saben, la tensión siempre es necesario, no siempre es puro sexo :v.

No sé ustedes cómo vieron el "te amo" entre Zoro y Sanji ;A; En mi opinión, no lo considero prematuro, por esa misma razón le pongo fechas a los capítulos para tener una pauta del tiempo y entiendan éste tipo de cosas(?). Espero me de a entender, jajaja.

Bueno, esto ha sido por hoy, espero de verdad les haya gustado el capítulo. ¡Y no duden en dejarme sus comentarios! Los estaré esperando uwu.