Disclamer: Es una adaptación, ni los personajes ni la trama son míos. Son de dos autoras geniales, Meyer y Milburne.

—Hola, Jacob —Bella se apretó el móvil al oído para amortiguar el ruido de los estudiantes que pasaban por el estudio—. Soy yo, Bella.

—Ah, hola, Bella —respondió Jacob—. Iba a llamarte. Quería que fueras tú la primera en recibir la noticia.

—¿Qué noticia?

—Me voy a vivir a Canadá. Me voy a casar. Me iré dentro de un mes más o menos.

—Felicidades. Mi madre mencionó algo respecto a que estabas viéndote con alguien del extranjero. No sabes cuánto me alegro por ti.

—Gracias, Bella —Jacob se aclaró la garganta—. He oído que tú y Edward habéis vuelto.

—Sí. Estoy muy contenta.

—Estupendo. Estupendo.

—Jacob, ¿te parece que podríamos vernos para charlar un rato? ¿Mañana o así?

—Estoy bastante ocupado; ya sabes, planificando la boda y esas cosas…

—Es muy importante —dijo ella—. ¿Y esta noche?

—Escucha, Bella, lo mejor es que lo olvidemos todo. Es agua pasada, ¿de acuerdo?

—Creo que estoy embarazada.

—Eso es maravilloso, Bella —dijo Jacob—. Es absolutamente maravilloso. Me alegro mucho por ti. Siempre has querido tener un hijo.

—Jacob… no lo entiendes —Bella tragó saliva—. Podría ser tuyo…

Se hizo un tenso silencio.

—Jacob, ¿me has oído?

—Sí… Sí, te he oído.

—No sé qué hacer. Estoy muy asustada.

—Bella, no puede ser mío.

—¿Cómo puedes estar tan seguro? —preguntó ella.

—¿De cuántas semanas estás?

—No lo sé, aún no me he hecho siquiera la prueba del embarazo. Lo he estado retrasando. Tengo miedo de decírselo a Edward.

—Deberías ir a que te viera un ginecólogo —dijo él—. Estoy seguro de que me dejará fuera cuando eche las cuentas.

Se hizo otro silencio.

—Jacob, Edward no me ha perdonado. No esta mos juntos otra vez, sólo fingimos estarlo por Emmet y por Anthony.

Bella le explicó la situación y luego añadió:

—Esto va a complicar mucho las cosas. Necesito comprender cómo ocurrió, ya sabes que no recuerdo nada.

—Ya te dije lo que pasó.

—Dímelo otra vez, con todo detalle. No me im porta lo embarazoso que pueda ser. Tengo que com prender qué fue lo que me condujo a…

—Lo siento, pero tengo que dejarte, Bella. Estoy es perando una llamada de Mischa en cualquier momento.

—Jacob, por favor, yo…

—Déjalo ya, Bella —dijo Jacob, interrumpiéndola—. No tiene sentido seguir por este camino. Tengo que dejarte. Adiós.

Bella se quedó mirando a su teléfono móvil, sin comprender su silencio.

La casa estaba muy silenciosa cuando regresó, lo que la hizo sentirse desesperadamente sola.

Subió a la habitación, sacó del bolso la caja con lo necesario para la prueba del embarazo y se la quedó mirando durante unos segundos. Quería saber si estaba embarazada y, al mismo tiempo, olvidarse de todo. Era una cobardía, lo sabía, pero acabó me tiendo la caja en el cajón donde guardaba su ropa in terior, debajo de las prendas de encaje y seda.

Lanzó un suspiro, se acercó a la cama, donde ha bía dejado el bolso y sacó el teléfono móvil.

—Mamá, ¿tienes tiempo para hablar un momento? —preguntó Bella cuando su madre se puso al aparato.

—Ah, me alegro de que hayas llamado, Bella —dijo Renné en tono animado—. Te he llamado hace un rato, pero estabas comunicando. He hablado con Edward para invitaros a que vinierais a cenar esta noche y ha aceptado la invitación.

—Por lo que tengo entendido, no sería la primera vez —comentó Bella con cierta ironía.

—Espero que no estés enfadada porque hayamos seguido viéndonos con él —su madre suspiró—. Edward ha consentido que vuelvas con él y deberías es tar agradecida, aunque no sé cuánto tiempo va a du rar la reconciliación.

A Bella le dio un vuelco el corazón.

—¿Por qué dices eso? —preguntó Bella.

—Ya sabes cómo eres, Bella. Me da miedo que vuelvas a estropear las cosas.

—Gracias por la confianza que tienes en mí, mamá. Es justo lo que a una chica le gusta oírle decir a su madre.

—Bella, no eres insegura, eres inmadura —dijo Renné—. Has tenido todo lo que se puede comprar con dinero y sigue sin ser suficiente para ti. Por el amor de Dios, ¿qué más quieres de nosotros?

Bella sintió unas lágrimas aflorar a sus ojos.

—Lo que quiero es que me aceptéis tal y como soy. ¿Es pedir demasiado?

—Estás diciendo tonterías otra vez, Bella. Tu pa dre y yo hemos hecho lo que hemos podido por apo yarte, pero pareces incapaz de reconocerlo.

—¿Me quieres, mamá? —preguntó ella.

—¿Qué clase de pregunta es ésa?

—La clase de pregunta que una hija insegura siente la necesidad de hacer de vez en cuando.

—Bella, no le encuentro sentido a esta conversa ción —declaró Renné—. De todos modos, claro que te quiero. Eres mi hija.

—¿Y papá, me quiere?

—Bella, por favor, esto es ridículo… :

—¿Me quiere?

—Claro que te quiere.

—Nunca me lo ha dicho. No me lo ha dicho ni una sola vez.

—Ya sabes que tu padre no es expresivo respecto a sus sentimientos —contestó Renné.

—Pero es muy cariñoso con Emmet.

—Sí, pero eso debe de ser porque Emmet es un chico —dijo su madre—. Y ahora, deja de hacer pre guntas tontas. Hasta esta noche, a las siete.

—Mamá…

—Bella, tengo que ir a ver cómo va el asado.

—¿Es una pierna de cordero más importante que tu propia hija?

Renné lanzó un suspiro.

—¿Tienes problemas con Edward?

—No —mintió Bella—. Es sólo que estoy algo sen timental.

«Y creo que estoy embarazada, pero no sé quién es el padre», añadió Bella para sí.

—Edward es un buen hombre, Bella. Muy pocos matrimonios sobreviven después de que la esposa haya sido infiel. Deberías estar muy agradecida, mucho.

—Lo estoy.

—Hasta esta noche. A propósito, los chicos van a venir también. Tu padre va a ir a recogerlos al cole gio —dijo Renné—. Y otra cosa, he preparado tu pos tre preferido.

Bella se pasó una mano por los ojos.

—Gracias, mamá.

Bella dejó escapar un suspiro mientras dirigía la mirada hacia el armario. Tras unos momentos de duda, se acercó al cajón de la ropa interior, sacó la caja que había dejado allí hacía unos minutos y, con ella en la mano, se fue al cuarto de baño.

Edward encontró a Bella en el salón, sentada en el borde de uno de los sofás y mordiéndose lo que le quedaba de las uñas. Al verle, se quitó la mano de la boca y se sonrojó.

—Mamá me ha dicho que te ha llamado para invi tarnos a cenar —dijo ella—. Los chicos también van a ir.

—Sí. Pero si no te apetece ir, pondremos una dis culpa.

—No, es mejor que vayamos —respondió Bella mirando al suelo.

Edward se acercó a ella y le puso una mano en el hombro.

—¿Qué pasa, Bella?

Bella alzó los ojos y le miró.

—Nada. Es sólo que estoy algo cansada y baja de moral.

«Y embarazada». La caja, después de haberse he cho la prueba, estaba en un estante del armario, de bajo de los jerseys. Esperaba que Jane no la en contrara accidentalmente.

Necesitaba tiempo para prepararse antes de de círselo a Edward.

—Te he comprado un coche —dijo Edward, inte rrumpiendo el momentáneo silencio—. Lo van a traer mañana por la mañana a primera hora.

Bella esbozó una sonrisa forzada.

—Gracias… pero no deberías haberte molestado. Estoy acostumbrada al transporte público.

—Preferiría que utilizaras el coche que te he com prado —dijo él—. No me gustaría que los periodistas empezaran a hacer comentarios sobre por qué mi esposa va en tranvía mientras yo dispongo de un co che lujoso y también de chófer cuando quiero.

—Así que es por las apariencias, ¿eh? —dijo ella con amargura.

—Naturalmente —contestó Edward—. Pero lo esta mos haciendo por los chicos, ¿no?

—Sí, tienes razón. En fin, creo que deberíamos ir nos ya —dijo Bella con voz algo ronca—. Mamá se está tomando muchas molestias con la cena y no me gustaría llegar tarde.

Llegaron con algo de retraso a casa de los padres de Bella, pero su padre, Emmet y Anthony habían llegado hacía poco y aún estaban sirviéndose las bebidas.

Emmet se acercó a Bella, una vez que todos tuvie ron una copa en la mano, y le sonrió cariñosamente.

—Estoy feliz. Hace meses que no venía a casa.

—¿Tan mal te encuentras en el internado? —le pre guntó ella con preocupación.

—No —respondió Emmet . Bueno, últimamente las cosas no han ido muy bien, pero se están empezando a arreglar.

Bella lanzó una mirada a Anthony, que parecía es tar siendo amonestado por su tío.

— Anthony no parece muy contento de estar aquí esta noche —comentó ella.

—Ya. Para él es como estar en el campamento enemigo —dijo Emmet—. Siento lo que te dijo la otra noche. A mí me dieron ganas de darle un puñetazo.

—No te preocupes, ahora que Edward y yo esta mos juntos, se le acabará pasando.

Emmet la miró fijamente a los ojos.

—¿Es de verdad, Bells? —preguntó su hermano—. No lo estaréis haciendo por nosotros, para que pase mos los exámenes y esas cosas, ¿verdad?

A Bella le costó un gran esfuerzo mantenerle la mirada a su hermano.

—Emmet, no te preocupes, estamos juntos porque queremos estarlo.

—Eso le he dicho a Anthony, pero él no está conven cido del todo —dijo Emmet.

—¿Cómo crees que podríamos convencerle? —pre guntó Bella.

Emmet se quedó pensativo un momento.

—¿Se os ha ocurrido repetir públicamente los vo tos matrimoniales?

Bella lanzó una mirada en dirección a Edward y le dio un vuelco el corazón al ver que él la estaba mirando también. Al momento, forzó una sonrisa antes de volver a dirigirse a su hermano.

—No hemos hablado de ello, pero quizá debería mos consultarlo con Edward.

—¿Consultar qué conmigo? —preguntó Edward ro deándole la cintura con un brazo.

Emmet le sonrió.

—Estábamos hablando de por qué no repetís los votos matrimoniales.

Edward miró a Bella.

—¿Qué te parece, querida? ¿Te apetece ir de novia por segunda vez?

Bella se humedeció los labios.

—No creo que sea necesario…

—Ya os he dicho que la reconciliación no es de verdad —dijo Anthony uniéndose a ellos—. Bella no lo hará porque, tan pronto como se le presente la ocasión, volverá con su amante.

— Anthony, te he advertido que no hables así a tu tía…

La mirada desafiante de Anthony interrumpió la re primenda de su tío.

—¿Por qué no le miras el teléfono móvil? —sugirió Anthony —. Mira las llamadas que ha hecho y te garan tizo que verás que se ha puesto en contacto con él.

Bella estuvo a punto de desvanecerse en ese ins tante. Presa del pánico, lanzó una mirada a su bolso, donde el teléfono móvil contenía la evidencia.

—Te equivocas —dijo Edward—. No necesito hacer semejante cosa. Confiamos el uno en el otro y he mos dejado él pasado atrás.

—Yo no me fiaría de una cualquiera —dijo Anthony en un susurro que pudo llegar a los oídos de los que estaban a su lado.

—¡La cena está lista! —anunció Renné alegremen te—. Venga, chicos, sentaos.

Edward retuvo a Bella mientras los chicos se sen taban a la mesa.

—Esto no está saliendo como pensábamos —le dijo él en un susurro—. Vamos a tener que esforzarnos algo más.

—¿Qué sugieres que hagamos? —preguntó ella con expresión preocupada.

—No lo sé, pero vamos a tener que hacer algo y pronto —contestó Edward llevándola hacia la mesa.

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Espero que les guste el capitulo, yo también aborrezco a este Edward pero ni modo. Que susto lo que vaya a pasar. O-O.

Las quiero nos vemos pronto.